Qué es el EIR: guía completa del examen y las plazas 2027
El EIR no es una oposición: es la prueba selectiva de acceso a la Formación Sanitaria Especializada de Enfermería. Un único examen tipo test de 200 preguntas —más 10 de reserva— con cuatro opciones y una sola correcta, que se responde en cuatro horas y media. Cada acierto suma 3 puntos, cada fallo resta 1 y el blanco no vale nada. El examen pesa el 90 % de la nota final y el expediente del Grado el 10 %. Con esa nota se ordena a todo el mundo en una lista única —el número de orden— y, por ese orden, cada persona elige especialidad y unidad docente hasta que se acaban las plazas. En la convocatoria en curso hay 2.341 plazas de Enfermería, el examen es el 23 de enero de 2027 y el plazo de inscripción va del 1 al 14 de septiembre de 2026.
Si has llegado hasta aquí es probable que estés en uno de dos sitios: acabas de terminar el Grado y alguien te ha dicho que «hay que hacer el EIR», o llevas años trabajando en planta y has decidido que quieres una especialidad. Los dos casos son muy distintos y esta guía sirve para los dos, pero conviene avisar de una cosa desde el principio: sobre el EIR se escribe mucho copiando lo que se dice del MIR, y hay diferencias que cambian los cálculos. Aquí no hemos copiado nada. Está escrito con la orden de convocatoria abierta —la Orden SND/854/2026, publicada en el BOE el 10 de agosto de 2026— y con los veintitrés exámenes oficiales delante. Cada dato dice de dónde sale, y cuando algo no lo hemos podido verificar, lo decimos en lugar de rellenarlo.
Datos clave del EIR
| Qué es | Prueba selectiva de acceso a la Formación Sanitaria Especializada de Enfermería |
|---|---|
| Quién lo convoca | Ministerio de Sanidad, una vez al año, en la misma orden que las otras seis titulaciones |
| Convocatoria en curso | Orden SND/854/2026, de 4 de agosto (BOE de 10 de agosto de 2026) |
| Solicitudes | Del 1 al 14 de septiembre de 2026 (10 días hábiles, telemático) |
| Fecha del examen | 23 de enero de 2027. Llamamiento a las 13:00 y ejercicio a partir de las 14:00 (una hora antes en Canarias) |
| Formato | 200 preguntas + 10 de reserva · 4 opciones · 4 h 30 min |
| Corrección | Acierto +3 · Fallo −1 · Blanco 0 |
| Peso | Ejercicio 90 % · Expediente académico 10 % |
| Plazas de Enfermería | 2.341 (2.257 de titularidad pública y 84 de centros privados) |
| Especialidades convocadas | Seis, de las siete que existen sobre el papel |
| Turno de discapacidad | 234 plazas |
| Cupo sin residencia legal en España | 23 plazas |
| Tasa | 23,33 € (la de Enfermería; la de Medicina es distinta) |
| Puntuación mínima para elegir plaza | Superior a cero puntos |
| Duración de la residencia | Dos años en las seis especialidades |
Todas las cifras de esta tabla están leídas en el texto de la Orden SND/854/2026, salvo la duración de la residencia, que sale de los programas formativos de cada especialidad. Si estás leyendo esto después del verano de 2027, comprueba la orden nueva: estos números cambian todos los años.
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¿Qué es el EIR exactamente?
El EIR es el examen con el que se accede a las especialidades de Enfermería. Sus siglas significan Enfermero Interno Residente, y describen bastante bien lo que viene después: quien saca plaza pasa a ser residente en una unidad docente acreditada, con contrato, sueldo y guardias, durante dos años.
Es una prueba única, estatal y anual, que convoca el Ministerio de Sanidad en la misma orden que las otras seis titulaciones sanitarias. Se hace el mismo día, a la misma hora y con el mismo reglamento que el MIR, aunque con su propio cuestionario. Todo lo que decide se decide ahí: no hay fase de oposición y concurso, ni entrevista, ni prueba práctica, ni valoración de la experiencia laboral. Un test, una mañana, y una lista.
Esa lista es lo que de verdad importa y conviene entenderla antes de seguir. Con la nota final —el examen y el expediente— se ordena a todas las personas presentadas de la primera a la última, y ese puesto es el número de orden. Después, en el acto de adjudicación, cada una elige por riguroso orden entre las plazas que quedan libres. No se elige entre las que había: entre las que quedan. Quien va en el puesto 1.500 elige después de que hayan elegido mil cuatrocientas noventa y nueve personas, y lo que a ella le llegue depende de lo que las anteriores hayan decidido.
Por qué no es una oposición (y por qué eso lo cambia todo)
Merece la pena detenerse aquí porque es el malentendido que más caro sale. En una oposición hay un número de plazas y hay un aprobado: si superas la nota de corte y quedas dentro, entras; si no, te quedas fuera y el año siguiente vuelves a empezar. En el EIR no funciona así.
En el EIR no hay aprobado ni suspenso. Hay un orden. La única frontera que la convocatoria pone es que para participar en la elección de plaza hace falta una puntuación superior a cero puntos, y eso es un listón bajísimo: basta con acertar algo más de lo que se falla. Todo lo demás es posición relativa. No compites contra un temario ni contra una nota: compites contra las demás personas que se presentan ese día.
La consecuencia práctica es doble y conviene tenerla clara desde el primer día de estudio. La primera es que subir un punto no vale lo mismo en todas partes: en la zona media de la tabla, donde se acumula casi todo el mundo, un puñado de netas puede moverte cientos de puestos, mientras que en la cola apenas se mueve nada. La segunda es que tu nota, sola, no te dice nada. Un 130 puede ser un número de orden magnífico o mediocre según cómo le haya ido al resto. Por eso desconfía de quien te prometa que «con X netas entras en Y»: nadie sabe eso hasta que se publican los resultados.
¿Compensa presentarse al EIR?
Es la pregunta que hay debajo de todas las demás y casi nadie la aborda de frente, así que vamos a intentarlo con lo que se puede saber y diciendo lo que no.
Lo primero, el orden de magnitud. Hay 2.341 plazas y hay muchísima más gente presentándose que plazas: la cola de números de orden supera de largo los cuatro mil quinientos solo en las especialidades que más aguantan. No hay una cifra oficial publicada de cuánta gente obtiene número de orden en Enfermería —lo explicamos más abajo—, así que cualquiera que te dé un porcentaje exacto de «probabilidad de sacar plaza» se lo está inventando. Lo que sí se puede decir sin exagerar es que no es una prueba que se saque sin prepararla, y que ir «a ver qué pasa» es una manera cara de perder un sábado de enero.
Lo segundo es el coste real, que tiene tres partidas muy distintas. La tasa son 23,33 €, es decir, nada. La preparación puede ir de cero euros —exámenes anteriores y manuales de la carrera— hasta lo que cuesta una academia. Y la tercera partida es la que de verdad pesa y casi nunca se contabiliza: el tiempo. Seis meses de estudio serio compatibilizados con turnos es una temporada dura, y dos años de residencia después son dos años cobrando de residente en vez de con la nómina que ya tienes si llevas tiempo trabajando.
Y aquí está el cálculo honesto, que depende mucho de dónde estés. Si acabas de terminar el Grado, la decisión es fácil: el coste de oportunidad es bajo, tienes el temario reciente y la especialidad te abre puertas que después cuesta mucho más abrir. Si llevas años trabajando en planta, el cálculo cambia: renuncias a estabilidad durante dos años a cambio de un título cuya rentabilidad depende bastante de tu comunidad autónoma y del ámbito que elijas. No es una obviedad, y merece pensarse con números propios.
Lo que sí conviene descartar del razonamiento son dos argumentos malos que se oyen mucho. Uno es «hazlo porque hay que hacerlo»: no hay que hacerlo, hay excelentes profesionales sin especialidad. Y el otro es «no lo hagas porque la especialidad no está reconocida en mi comunidad»: eso es cierto en algunos sitios hoy, pero es una foto de un panorama que se está moviendo, y decidir tu carrera entera con la foto de este año es tan arriesgado como decidirla ignorándola.
Un examen, siete carreras: MIR, EIR, FIR, PIR, BIR, QIR y RFIR
La Formación Sanitaria Especializada no es cosa solo de medicina. La misma orden convoca siete pruebas hermanas, una por titulación de acceso, y todas se examinan el mismo día con el mismo reglamento:
- MIR — Medicina. La más grande con diferencia: 9.676 plazas.
- EIR — Enfermería. La segunda: 2.341 plazas.
- FIR — Farmacia.
- PIR — Psicología.
- BIR — Biología.
- QIR — Química.
- RFIR — Radiofísica hospitalaria.
Entre las siete suman 12.850 plazas en la convocatoria en curso, y de esas, más de tres cuartas partes son de Medicina. Que Enfermería sea la segunda no debería consolar demasiado: la distancia entre la primera y la segunda es enorme, y eso tiene un efecto muy concreto sobre la vida del opositor al EIR que casi nunca se cuenta.
El efecto es este: casi todo el material, el vocabulario y las «reglas» que circulan por internet están hechos para el MIR. Las academias grandes son de MIR, los simuladores de nota son de MIR, los conversores de netas a número de orden son de MIR. Y muchas de esas reglas no valen aquí. El MIR y el EIR comparten la corrección y el calendario, pero no comparten ni el número de especialidades, ni la forma del embudo, ni —lo veremos— la información que el Ministerio publica al final. Si te acostumbras a razonar con datos del MIR, vas a tomar decisiones con la calculadora de otra prueba.
Las seis especialidades… y la séptima, que existe en el BOE pero no en la realidad
Las especialidades de Enfermería las creó el Real Decreto 450/2005, de 22 de abril. Su artículo 2 enumera siete:
- Enfermería Obstétrico-Ginecológica (Matrona)
- Enfermería de Salud Mental
- Enfermería Geriátrica
- Enfermería del Trabajo
- Enfermería de Cuidados Médico-Quirúrgicos
- Enfermería Familiar y Comunitaria
- Enfermería Pediátrica
Cuenta las que aparecen en la convocatoria y verás que son seis. Falta la quinta. Enfermería de Cuidados Médico-Quirúrgicos existe en el Real Decreto desde 2005 y nunca ha llegado a tener programa formativo aprobado, de modo que jamás se ha convocado una sola plaza. Veinte años después sigue igual: es la especialidad de la enfermería hospitalaria de agudos —la de quirófano, la de la UCI, la de urgencias, la de la planta de medicina interna— y es justamente la que no puede estudiarse por esta vía.
Lo decimos aquí porque es una pregunta real y recurrente, y porque casi ninguna guía la responde. Si tu vocación está en el hospital de agudos, el EIR no tiene hoy una puerta para ti con ese nombre. Lo que sí existe es entrar por otra de las seis, y en particular por Familiar y Comunitaria o por Geriátrica, que rotan por unidades hospitalarias. No es lo mismo, y conviene saberlo antes de decidir, no después.
Las seis que sí se convocan son estas, con la orden que aprobó su programa formativo:
| Especialidad | Programa formativo | Duración |
|---|---|---|
| Obstétrico-Ginecológica (Matrona) | Orden SAS/1349/2009, de 6 de mayo | 2 años |
| Geriátrica | Orden SAS/3225/2009, de 13 de noviembre | 2 años |
| Familiar y Comunitaria | Orden SAS/1729/2010, de 17 de junio | 2 años |
| Pediátrica | Orden SAS/1730/2010, de 17 de junio | 2 años |
| Salud Mental | Orden SPI/1356/2011, de 11 de mayo | 2 años |
| Del Trabajo | Su propio programa formativo | 2 años |
El caso de Salud Mental tiene su historia: durante años fue la única especialidad de Enfermería que duraba un solo año, y la orden de 2011 la equiparó a las demás. Desde entonces las seis son de dos años a jornada completa, que es la mitad de lo que dura la residencia más corta de Medicina.
De dónde viene el EIR
El EIR es bastante más joven que el MIR y su historia explica muchas de sus rarezas. La formación especializada de enfermería empezó por una puerta muy estrecha: durante décadas hubo dos especialidades con formación reglada por esta vía, la de Matrona y la de Salud Mental, y solo esas dos se convocaban.
Se ve en el propio archivo. El examen más antiguo que servimos es el de la convocatoria 2000, y su orden de convocatoria dice literalmente que se convoca «para iniciar los programas de formación de las especialidades de Enfermería Obstétrico-Ginecológica (Matrona) y de Enfermería de Salud Mental». Nada más. Quien quisiera especializarse en pediatría, en geriatría o en comunitaria no tenía por dónde.
El Real Decreto 450/2005 es el que rompe eso y crea las siete especialidades. Pero un real decreto no basta: cada especialidad necesita su programa formativo aprobado por orden ministerial, y esos fueron llegando entre 2009 y 2011, uno a uno. Por eso el EIR de la convocatoria 2011 —examen de enero de 2012— es el primero que se parece al de hoy, con las seis especialidades en juego. Y por eso, también, la especialidad que se quedó sin programa sigue sin él: no había ningún mecanismo automático que la arrastrara.
Conviene detenerse un momento en aquel examen de 2000, porque explica cosas del EIR de hoy. Se celebró un sábado 4 de noviembre, en otoño, con cien preguntas de cinco opciones y dos horas para hacerlas: la mitad de examen que ahora en menos de la mitad de tiempo. Y solo abría la puerta a dos especialidades. Quien mire la lista de exámenes de esta web y vea que el más antiguo es de 2000 y que salta a 2002 no está viendo un hueco nuestro, sino el momento en el que el EIR se mudó de calendario.
Esa mudanza —de otoño del año de la convocatoria a enero del siguiente— es también lo que explica el desfase de nombres que despista a todo el mundo, y que sigue vivo veinticinco años después: la convocatoria lleva un año y el examen el siguiente.
Por encima de todo eso está el edificio general: la Ley 44/2003 de ordenación de las profesiones sanitarias, el Real Decreto 183/2008, que determina y clasifica las especialidades y regula la formación, el Real Decreto 1146/2006, que crea la relación laboral especial de residencia —el contrato con el que trabajarás—, y el Real Decreto 589/2022, que es el reglamento vigente del acceso y al que la orden de convocatoria se remite constantemente. Si algún día te topas con una duda rara que la convocatoria no resuelve, casi siempre está en ese último.
¿Quién puede presentarse al EIR?
El requisito es más simple de lo que la gente teme: hay que tener un título que habilite para el ejercicio de la profesión de enfermera o enfermero en España. Eso incluye tanto el Grado en Enfermería como la antigua Diplomatura, que sigue habilitando exactamente igual.
Lo que no se pide es tan importante como lo que se pide, porque casi todo el mundo da por hecho alguna de estas cosas:
- No hace falta experiencia laboral. Ni suma ni resta. Puedes presentarte el mismo año en que terminas.
- No hay límite de edad ni de número de convocatorias a las que te presentas.
- No hace falta un máster, ni un experto, ni ningún posgrado. No puntúan. Lo único que puntúa además del examen es el expediente del Grado.
- No hay que elegir especialidad al inscribirte. La especialidad se elige al final, en el acto de adjudicación, y con el número de orden en la mano.
Ese último punto es una de las mejores noticias del sistema y mucha gente no la aprovecha: puedes prepararte el examen sin haber decidido a qué te vas a dedicar, y decidirlo cuando ya sepas qué puedes permitirte elegir. Lo que sí conviene es llegar a ese día con las cuentas hechas, no improvisando delante de una pantalla con un cronómetro.
El 10 % del expediente: el punto que ya no puedes tocar
La nota final se compone del ejercicio, que vale el 90 %, y del expediente académico del Grado, que vale el 10 %. Ese diez por ciento genera dos reacciones extremas y las dos son equivocadas.
La primera es despreciarlo. Diez puntos sobre cien no son una anécdota: en la zona donde se amontona la gente, la diferencia entre un expediente de notable y uno justito puede valer más que un par de preguntas bien contestadas, y llega gratis. La segunda reacción, la contraria, es angustiarse por él. Si ya has terminado la carrera, ese número está cerrado y no hay nada que hacer, así que darle vueltas es tiempo restado al examen, que es lo único que todavía puedes mover.
Conviene entender además cómo se traduce el expediente a puntos, porque no es una regla de tres directa: la orden establece un factor de corrección que reescala las medias para que la conversión sea comparable entre universidades. El resultado práctico es que las diferencias entre expedientes se comprimen bastante. Si estás en el último curso del Grado y lees esto a tiempo, la lectura útil es simple: cada convocatoria que apruebas con buena nota te está poniendo una décima en la mochila del EIR.
Enfermeras formadas fuera: homologación y el cupo de 23 plazas
Si tu título es de fuera de España, la primera pregunta no es del EIR sino del título: para presentarte necesitas un título que habilite para ejercer aquí, lo que en la práctica significa tenerlo homologado o reconocido antes del final del plazo de solicitudes. Ese trámite es lento y va por su cuenta, así que empezarlo en septiembre es empezarlo tarde.
La convocatoria en curso reserva además un cupo de 23 plazas de Enfermería para personas que no tienen residencia legal en España, condicionado a que exista convenio con su país. Son 23 sobre 2.341, es decir, menos del uno por ciento: es una vía real pero muy estrecha, y conviene leerse la orden entera antes de contar con ella.
Hay también un turno de personas con discapacidad, con 234 plazas reservadas en Enfermería. Ese sí es un cupo grande —uno de cada diez— y exige acreditar el grado de discapacidad en los términos que la propia orden fija.
El calendario de la convocatoria, paso a paso
El punto que más despistes provoca no es ninguna fecha concreta, sino el desfase entre los dos años que conviven en todo esto. Una convocatoria lleva el año en que se convoca, pero el examen se celebra en enero del año siguiente y la plaza se ocupa después. La «convocatoria 2026» es el examen del 23 de enero de 2027. Cuando leas por ahí «EIR 2027», casi siempre se están refiriendo al examen, no a la orden.
| Hito | Cuándo |
|---|---|
| Se publica la orden de convocatoria | 10 de agosto de 2026 |
| Plazo de solicitudes | Del 1 al 14 de septiembre de 2026 |
| Pago de la tasa (23,33 €) | Dentro del plazo de solicitudes |
| Listas de admitidos y excluidos, y subsanación | Otoño de 2026 |
| Ejercicio | 23 de enero de 2027, llamamiento a las 13:00 |
| Plantilla provisional y reclamaciones | Días siguientes al examen |
| Plantilla definitiva y resultados | Semanas siguientes |
| Elección y adjudicación de plazas | Primavera de 2027 |
| Toma de posesión | Tras la adjudicación |
Las fechas del examen y de las solicitudes están en la orden; las de resultados y adjudicación no vienen con día concreto en el texto, así que aquí van como periodo y no como fecha. Cuando el Ministerio las publique, conviene fiarse de esas y no de un calendario copiado de un año anterior.
Dos avisos prácticos sobre el plazo de solicitudes, que es donde se cometen los errores más caros y más tontos. Son diez días hábiles, no dos semanas naturales, y el trámite es telemático: dejarlo para el último día significa jugársela con una web que ese día va a estar saturada. Y la tasa hay que pagarla dentro del plazo; una solicitud presentada sin abonar la tasa acaba en la lista de excluidos, que es una manera especialmente amarga de perder un año.
¿Cómo es el examen del EIR por dentro?
Un cuadernillo, una hoja de respuestas y cuatro horas y media. Dentro hay 210 preguntas: 200 que puntúan y 10 de reserva, que solo entran a contar si alguna de las 200 se anula. Todas son de opción múltiple con cuatro alternativas y una sola correcta, y no hay preguntas de desarrollo, ni de emparejar, ni de verdadero o falso.
Del total, un puñado va vinculado a imágenes: fotografías, gráficas, tiras de electrocardiograma, radiografías o resultados de laboratorio que se entregan en un cuadernillo aparte. En los veintitrés exámenes que tenemos cargados hay 60 preguntas con imagen, y su peso ha ido creciendo con los años. No son un adorno: suelen ser preguntas de aplicación, de las que separan a quien ha visto un paciente de quien solo ha visto un temario.
El estilo del EIR merece un párrafo propio porque sorprende a quien llega esperando un examen de medicina. Hay bastante clínica, sí, pero hay muchísimo cuidado: proceso enfermero, diagnósticos NANDA, escalas de valoración, modelos y teóricas, gestión, legislación sanitaria, ética, salud pública y comunitaria, investigación y estadística. Un porcentaje muy alto de las preguntas no pregunta qué le pasa al paciente, sino qué hace la enfermera. Quien prepara el EIR como si fuera un MIR pequeño llega al examen con la mitad del temario sin tocar.
Cómo está hecha una pregunta del EIR
Leyendo tres mil quinientas seguidas, los moldes se repiten, y reconocerlos ahorra segundos que valen mucho al final de la mañana. Hay básicamente cinco.
El más común es el dato directo: una cifra, un plazo, una definición, un mecanismo. «¿Cuál es el intervalo de conservación de la mayoría de las vacunas?», «¿qué microorganismo causa la mayoría de las infecciones urinarias?». Se sabe o no se sabe, se contesta en quince segundos y no admite razonamiento. Son las que deciden el examen por acumulación.
El segundo es el caso clínico corto: dos o tres líneas con una persona, una edad y unos signos, y una pregunta sobre qué hacer o qué sospechar. Aquí sí se razona, y la clave casi siempre está en un detalle que parece decorativo —la edad, un antecedente, el hecho de que esté en diálisis— y que es en realidad el que descarta tres opciones.
El tercero es la pregunta negativa: «señale la opción INCORRECTA», «todas son ciertas EXCEPTO». Son trampas de lectura más que de conocimiento, y son responsables de una parte importante de los fallos evitables. La costumbre que funciona es subrayar el «no» o el «excepto» en cuanto aparece, antes de leer las opciones.
El cuarto es la pregunta con imagen, que en los últimos años ha ganado peso. Un electrocardiograma, una lesión cutánea, una gráfica, un dispositivo. No suelen ser difíciles si has visto la imagen alguna vez, e imposibles si no; por eso conviene hacerlas todas de los exámenes anteriores, que es donde están.
Y el quinto, el que más se subestima, es la pregunta de ordenar o clasificar: qué va antes en la secuencia de lavado de manos, qué estadio corresponde a esa úlcera, qué nivel de esa escala. El EIR adora las escalas —Norton, Braden, Glasgow, Bristol, Silverman, Apgar, Barthel—, y saberlas de memoria da preguntas regaladas cada año.
El día del examen: lo que sí y lo que no
El llamamiento es a las 13:00 —a las 12:00 en Canarias, en hora local— y el ejercicio empieza a partir de las 14:00. Llegar tarde al llamamiento significa quedarse fuera, sin más matices, así que el margen conviene tomárselo en serio: la sede se conoce con semanas de antelación y merece la pena mirar cómo se llega antes de esa mañana.
Se entra con el DNI o pasaporte en vigor y con la documentación que la convocatoria pida. Los dispositivos electrónicos están prohibidos, y ahí entran también el reloj inteligente y los auriculares, no solo el móvil. Sobre el resto de detalles —qué se puede llevar a la mesa, si hay descanso, cómo se marca la hoja— manda siempre el texto de la orden y las instrucciones que se entregan en la sede, que se leen en voz alta antes de empezar.
Una recomendación que no está en ninguna norma pero que se agradece: cuatro horas y media son muchas horas. Come antes, lleva agua y ten un plan de reparto del tiempo hecho de casa. Doscientas preguntas en 270 minutos son ochenta segundos por pregunta, y ese número conviene haberlo interiorizado ensayando exámenes completos, no descubrirlo el día bueno.
Cómo repartir las cuatro horas y media
Ochenta segundos de media no significa ochenta segundos por pregunta. Significa que unas se resuelven en veinte y otras en tres minutos, y que el trabajo consiste en que las de tres minutos no se coman a las de veinte segundos. El método que mejor aguanta es el de dos pasadas, y conviene ensayarlo con exámenes completos hasta que salga solo.
En la primera pasada se recorre el examen entero contestando únicamente lo que se sabe o lo que se resuelve rápido, y marcando en el cuadernillo —con un signo, no con una redacción— las que hay que pensar. Nada de atascarse: si una pregunta no se ha resuelto en un minuto, se marca y se sigue. El objetivo es llegar al final con la mayoría contestada y con un mapa de lo que queda. Eso, además de ganar tiempo, hace algo psicológicamente importante: quita el miedo a no llegar, que es lo que hace tomar malas decisiones en la última hora.
En la segunda pasada se vuelve a las marcadas, ahora con la calma de saber cuánto tiempo queda por pregunta pendiente. Aquí es donde se razona, se descartan opciones y se aplica lo que ya sabes: en cuanto puedes tachar una, contestas. Y aquí es también donde aparece un fenómeno útil: algunas preguntas del examen contienen la respuesta de otras, porque un enunciado posterior da un dato que aclara uno anterior. Solo lo aprovecha quien ha visto el examen entero antes de decidir.
La tercera cosa es reservar los últimos veinte minutos para dos tareas que no son pensar: pasar a limpio lo que falte en la hoja de respuestas y comprobar que no hay desplazamiento. Marcar la respuesta de la 87 en la casilla de la 88 y arrastrar el error hasta el final es un desastre completamente evitable y ocurre todos los años. Si contestas directamente en la hoja según avanzas, comprueba el número cada bloque de veinte.
Sobre cambiar una respuesta ya marcada, la creencia popular dice que la primera intuición suele ser la buena. Conviene matizarlo: cambiar por nervios, no; cambiar porque has recordado un dato o porque otra pregunta te ha aclarado algo, sí. La diferencia no es la intuición, es si ha aparecido información nueva.
¿Cómo se calcula la nota del EIR?
Aquí es donde más gente se hace un lío, así que vamos por partes.
Lo primero es la puntuación directa: cada acierto suma 3, cada fallo resta 1 y las que dejas en blanco no suman ni restan. Con 200 preguntas, el máximo teórico son 600 puntos.
Lo segundo son las netas, que es la moneda en la que habla todo el mundo. Como el fallo resta un tercio de lo que vale un acierto, cada tres fallos se comen un acierto: las netas son los aciertos menos un tercio de los fallos, o lo que es lo mismo, la directa dividida entre tres. Cuando alguien te diga «he hecho 120», está hablando de netas.
Vale la pena hacer una cuenta entera, porque los números sorprenden. Imagina que contestas 180 preguntas y dejas 20 en blanco, y que de esas 180 aciertas 130 y fallas 50. Tu directa son 130 × 3 = 390 menos 50 = 340 puntos, y tus netas, 340 ÷ 3 = 113,3. Fíjate en lo que han costado esos cincuenta fallos: se han comido dieciséis aciertos y medio. Y fíjate también en lo otro: las veinte que dejaste en blanco no te han restado nada, pero si en diez de ellas hubieras podido descartar una opción, en promedio habrías ganado puntos por contestarlas.
Ese es el cálculo que conviene tener interiorizado antes de entrar al examen, porque el día bueno no hay tiempo de hacerlo. Prueba con tus propios números:
Qué nota te sale
Sobre las 200 preguntas que califica el ejercicio de hoy. Acierto +3, fallo -1, en blanco 0.
40
Puntuación directa
320 de 600
Netas
106,67 de 200
Sobre el máximo
53,3 %
Las netas son la moneda en la que se habla: cada tres fallos se comen un acierto, así que son los aciertos menos un tercio de los fallos. Es el mismo número que la directa dividida entre tres, y por eso conviene manejarlo: cuando alguien dice «he hecho ciento diez», está hablando de netas.
La nota del ejercicio son 90 de los 100 puntos de la convocatoria: los otros 10 salen de tu expediente académico, y eso aquí no se calcula. El ejercicio pesa el 90 % y el expediente el 10 %.
Y lo tercero, que es lo que casi nadie explica bien: esa no es tu nota final. La convocatoria transforma la puntuación directa en una escala sobre 90 puntos aplicando un factor de corrección, y le suma hasta 10 puntos de expediente. Es decir, tu número en la lista sale de una nota que ni siquiera es la que acabas de calcular.
Sobre eso conviene ser honesto, porque es justo donde otras webs te ofrecen una certeza que no tienen. No publicamos un conversor de netas a número de orden, y no es un olvido. Para hacerlo bien haría falta la distribución de notas de toda la gente presentada, y en Enfermería el Ministerio no publica ese agregado. Los conversores que circulan están hechos con datos de alumnos de una academia, que no son una muestra de nada. Preferimos decirte que no lo sabemos antes que darte un número inventado sobre el que vas a decidir dos años de tu vida.
¿Conviene contestar cuando dudas? La respuesta es aritmética, no opinión
Esta es la pregunta que más se repite y tiene una respuesta exacta, no una recomendación.
Con cuatro opciones y una sola correcta, si contestas totalmente al azar aciertas una de cada cuatro veces. Sobre cuatro preguntas respondidas a ciegas, en promedio aciertas una (+3) y fallas tres (−3). El resultado es exactamente cero, que es lo mismo que dejarlas en blanco. Contestar al azar en el EIR de hoy no te perjudica: es neutro.
Y a partir de ahí, todo lo que sea saber algo juega a tu favor. Si consigues descartar una sola opción, tus posibilidades pasan de una entre cuatro a una entre tres, y el valor esperado se vuelve positivo. Si descartas dos, mucho más. Por eso la regla razonable es: si puedes tachar aunque sea una opción, contesta. Dejar en blanco solo tiene sentido cuando la pregunta te resulta tan ajena que ni siquiera puedes descartar nada, y aun entonces te da igual.
Conviene subrayar el «de hoy», porque este cálculo no siempre fue así. Hasta el examen de 2015 el EIR tenía cinco opciones y el fallo seguía restando uno: ahí el azar puro tenía un valor esperado de −0,2 por pregunta, es decir, negativo. Aquella era una prueba en la que arriesgar salía caro, y de ahí viene el consejo de «no contestes si no lo sabes» que todavía repite gente que se examinó hace quince años. Ese consejo caducó cuando el examen pasó a cuatro opciones.
Cómo se reclama una pregunta
Después del examen se publica una plantilla provisional de respuestas y se abre un plazo para impugnar preguntas. Cualquier persona presentada puede hacerlo, y no cuesta nada más que el rato de escribirlo bien.
Lo que se reclama es la pregunta, no tu respuesta: se pide que se anule porque está mal formulada, porque tiene dos opciones válidas, porque ninguna lo es, o porque la respuesta señalada contradice la bibliografía de referencia. Y ahí está la clave de que una reclamación prospere o no: una impugnación sin fuente es una opinión. Las que funcionan citan la guía, el protocolo o el manual concreto, con edición y página.
Después llega la plantilla definitiva, que es la que se aplica. Si una pregunta se anula, entra en su lugar la primera de reserva, y por eso el cuadernillo trae diez de más. Es un mecanismo elegante: el examen sigue valiendo 200 preguntas aunque alguna se caiga.
Cómo se escribe una impugnación que sirva
Una impugnación es un texto corto y técnico, no una queja. Las que prosperan se parecen todas y tienen cuatro partes.
Primero, el número de la pregunta y de la versión del cuadernillo, porque el Ministerio publica varias versiones con las preguntas en distinto orden y una impugnación que no dice cuál es la suya obliga a adivinar. Segundo, qué se pide exactamente: la anulación de la pregunta, o el cambio de la respuesta válida por otra. Son cosas distintas y conviene no mezclarlas. Tercero, el motivo, en una frase: dos opciones válidas, ninguna válida, enunciado incompleto o ambiguo, o respuesta contraria a la evidencia vigente. Y cuarto, y es lo único que de verdad decide, la fuente: la guía, el protocolo o el manual, con autoría, año y página o apartado.
La fuente tiene que ser de referencia y tiene que ser vigente. Citar unos apuntes de clase o una web no sirve; citar una guía clínica actualizada, un documento de consenso de una sociedad científica, una norma en vigor o el manual de referencia de la materia, sí. Y ojo con el matiz temporal, que es donde caen muchas impugnaciones razonables: si tu fuente es posterior a la fecha en que se cerró el examen, el argumento pierde fuerza, porque el tribunal escribió con lo que había entonces.
Impugna aunque no estés seguro de ganar. No hay penalización, no cuesta nada más que el rato, y una anulación beneficia a todo el mundo que la falló, no solo a ti. Lo que no tiene sentido es impugnar en bloque veinte preguntas que simplemente no sabías: eso resta credibilidad al escrito entero y hace perder tiempo a quien lo lee.
¿Qué entra en el EIR? El temario que no existe
No hay temario. Esto no es una manera de hablar: el Ministerio no publica un programa de temas para el EIR. La convocatoria no dice de qué se examina, y la respuesta implícita es «del Grado en Enfermería, entero».
Para quien viene de otras oposiciones, esto es desconcertante y hasta angustioso, porque desaparece la única cosa que en cualquier otro proceso viene dada: la lista de lo que hay que saber. Y como el vacío se llena solo, internet está lleno de repartos «orientativos» que nadie ha contado y que se copian unos a otros año tras año.
Nosotros lo hemos contado. Hemos clasificado a mano, una por una, las 3.491 preguntas de los veintitrés exámenes oficiales que servimos, y esto es lo que sale:
Las 24 materias del EIR, por lo que pesan de verdad
Medido sobre las 3.491 preguntas de los 23 exámenes oficiales que tenemos cargados, todas clasificadas a mano.
- Fundamentos y Metodología Enfermera338 · 9,7 %
- Enfermería Comunitaria y Salud Pública262 · 7,5 %
- Enfermería de Salud Mental223 · 6,4 %
- Materno-Infantil y Obstétrico-Ginecológica206 · 5,9 %
- Gestión y Legislación Sanitaria191 · 5,5 %
- Investigación, Estadística y Epidemiología168 · 4,8 %
- Microbiología y Enfermedades Infecciosas168 · 4,8 %
- Farmacología167 · 4,8 %
- Enfermería Pediátrica162 · 4,6 %
- Digestivo y Endocrino159 · 4,6 %
- Cardiovascular151 · 4,3 %
- Nutrición y Dietética151 · 4,3 %
- Anatomía y Fisiología146 · 4,2 %
- Neurología y Órganos de los Sentidos136 · 3,9 %
- Enfermería Geriátrica121 · 3,5 %
- Cuidados Críticos y Urgencias117 · 3,4 %
- Respiratorio105 · 3,0 %
- Nefrourología103 · 3,0 %
- Oncohematología87 · 2,5 %
- Enfermería Quirúrgica y Perioperatoria77 · 2,2 %
- Piel, Heridas y Úlceras76 · 2,2 %
- Ética y Bioética75 · 2,1 %
- Musculoesquelético y Traumatología56 · 1,6 %
- Cuidados Paliativos46 · 1,3 %
Conviene mirarlo dos veces antes de decidir por dónde se empieza. Las cinco primeras materias se llevan el 35 % de todo lo que ha caído, y la que más pesa no es ninguna de las clínicas: es fundamentos y metodología enfermera. El EIR pregunta muchísimo por cómo se cuida —proceso enfermero, diagnósticos, modelos, escalas de valoración— y bastante menos de lo que se teme por patología de libro de medicina.
Ese reparto no es una opinión sobre lo que debería caer: es lo que ha caído. Y da un par de sorpresas que conviene aprovechar. La primera es la que ya se ve arriba: el bloque de fundamentos y metodología es el más grande de todos, por delante de cualquier materia clínica. Proceso enfermero, valoración, diagnósticos, planificación de cuidados y modelos teóricos son, medidos, lo que más pesa. La segunda es que salud pública, comunitaria, gestión, legislación, investigación y estadística suman muchísimo entre todas: son las materias que todo el mundo deja para el final y que, sumadas, valen más que cualquier especialidad clínica por separado.
La lectura práctica es incómoda pero clara: si tienes seis meses y empiezas por cardiología porque te da miedo, estás optimizando mal. Empieza por donde más pesa, y deja lo que te asusta para cuando el suelo esté puesto.
Los cinco bloques del EIR, y qué hay dentro de cada uno
Las veinticuatro materias se agrupan en cinco bloques, y mirarlo así ayuda a decidir el orden de estudio mejor que la lista larga. Estos son, con lo que pesa cada uno sobre el total de las 3.491 preguntas:
| Bloque | Preguntas | Peso | Qué hay dentro |
|---|---|---|---|
| Enfermería médico-quirúrgica | 1.067 | 30,6 % | Digestivo y endocrino, cardiovascular, neurología y sentidos, críticos y urgencias, respiratorio, nefrourología, oncohematología, quirúrgica y perioperatoria, piel y úlceras, musculoesquelético |
| Bases del cuidado | 970 | 27,8 % | Fundamentos y metodología enfermera, microbiología e infecciosas, farmacología, nutrición y dietética, anatomía y fisiología |
| Ciclo vital | 758 | 21,7 % | Salud mental, materno-infantil y obstétrico-ginecológica, pediátrica, geriátrica, cuidados paliativos |
| Salud pública y comunidad | 430 | 12,3 % | Comunitaria y salud pública, investigación, estadística y epidemiología |
| Profesión | 266 | 7,6 % | Gestión y legislación sanitaria, ética y bioética |
La primera lectura de esa tabla es tranquilizadora: la clínica pesa menos de un tercio. La segunda es la que de verdad importa. Bases del cuidado casi iguala a toda la médico-quirúrgica, y dentro de ella una sola materia —fundamentos y metodología enfermera, con 338 preguntas— pesa más que cardiología y respiratorio juntas. Si tuvieras que elegir un único sitio por donde empezar, es ese, y no porque sea agradecido, sino porque es el más grande.
Y hay un tercer bloque que se subestima de forma sistemática. Entre salud pública y comunidad (12,3 %) y profesión (7,6 %) suman casi el 20 % del examen: cuarenta preguntas de doscientas. Son epidemiología, indicadores, programas de salud, tipos de estudio, estadística básica, legislación sanitaria, gestión de cuidados, calidad y ética. Es un bloque que casi nadie estudia con ganas y que tiene una propiedad rarísima entre las materias del EIR: es finito y es rentable. Un mes bien empleado en estadística y legislación deja cerradas preguntas que en clínica te costarían tres.
Cómo construirte el temario que el Ministerio no publica
Ya que no hay programa oficial, hay que fabricarse uno, y aquí es donde la mayoría se pierde: o se abre el manual del Grado por el principio y se estudia en orden alfabético de aparatos, o se compra un temario de academia y se acepta su reparto sin preguntarse de dónde sale.
Hay una tercera vía más sensata, que es dejar que los exámenes escriban el temario. El procedimiento es este y no lleva más de una tarde:
- Coge tres exámenes recientes completos —los de 2024, 2025 y 2026 valen— y clasifica cada pregunta en la materia a la que pertenece. Al terminar tendrás seiscientas preguntas repartidas en veinticuatro montones de tamaños muy distintos.
- Mira los montones grandes y anota de qué hablan por dentro. No «fundamentos», sino «etapas del proceso enfermero», «taxonomía NANDA-NIC-NOC», «escalas de valoración funcional», «úlceras por presión: clasificación y prevención». Ese segundo nivel de detalle es tu temario real.
- Marca lo que se repite entre los tres años. Lo que aparece en los tres es núcleo duro y hay que sabérselo sí o sí; lo que aparece en uno solo es periferia y puede esperar.
Cuando termines vas a tener entre cuarenta y sesenta epígrafes, no doscientos, y ese es el punto. El EIR parece infinito porque el Grado es infinito, pero el examen pregunta por un subconjunto bastante estable, y ese subconjunto se puede escribir en tres folios. Todo lo que estudies fuera de esos tres folios es, literalmente, tiempo prestado a otra cosa.
Si prefieres saltarte la tarde de clasificar, en el buscador de preguntas ya están las 3.491 etiquetadas por materia, y puedes filtrar por la que quieras y leer de un tirón todo lo que ha caído de ella en veintitrés exámenes. Es exactamente el mismo ejercicio, pero hecho.
Cómo se estudia cada bloque (y qué pide cada uno)
Los cinco bloques no se estudian igual, y tratarlos con el mismo método es una de las razones por las que el rendimiento se estanca. Cada uno tiene una forma de preguntar y por tanto una forma de prepararse.
Bases del cuidado (27,8 %)
Es el bloque que decide el examen, y dentro de él manda fundamentos y metodología enfermera, con 338 preguntas: la materia más preguntada de todas. Aquí caen el proceso enfermero y sus etapas, las taxonomías NANDA, NIC y NOC, los modelos y las teóricas —Henderson, Orem, Roy, Peplau, Nightingale, Benner—, y las escalas de valoración.
Es un bloque de precisión terminológica: la diferencia entre un diagnóstico de riesgo y uno real, entre un objetivo y una intervención, entre un factor relacionado y una característica definitoria. El EIR juega constantemente con esas fronteras, y por eso aquí funciona mejor hacer preguntas que leer: el matiz solo se fija cuando fallas una y ves por qué.
Las teóricas merecen un truco propio, porque se confunden con facilidad: en vez de memorizar biografías, asocia a cada una una sola palabra —Henderson, necesidades; Orem, autocuidado; Roy, adaptación; Peplau, relación; Nightingale, entorno; Benner, pericia—. Con esa palabra se resuelve la mayoría de las preguntas, porque casi todas piden identificar el modelo por su idea central.
La farmacología (167 preguntas) y la microbiología (168) se estudian al revés: son de volumen y repetición. Aquí no hay matiz que entender, hay listas que consolidar, y funcionan las tarjetas y el repaso espaciado. Y la nutrición (151) tiene una particularidad muy rentable: sus preguntas son extraordinariamente repetitivas entre años, así que hacer todas las que han caído te cubre casi toda la materia.
Enfermería médico-quirúrgica (30,6 %)
Es el bloque más grande, pero está repartido en diez materias, así que ninguna de ellas es enorme por separado: la mayor, digestivo y endocrino, son 159 preguntas de tres mil quinientas. Eso significa que se avanza a trozos y que se puede cerrar un aparato en pocos días.
El estilo aquí es de caso clínico corto y cuidado asociado. Rara vez se pregunta un mecanismo fisiopatológico puro; casi siempre se pregunta qué vigilas, qué signo te alarma, qué complicación esperas o qué le explicas al paciente. Por eso conviene estudiar cada patología con esa cuadrícula en la cabeza —qué es, cómo se manifiesta, qué vigilo, qué hago, qué le enseño— en vez de con la del manual de medicina.
Dos materias de este bloque están infravaloradas y son puntos casi regalados. Piel, heridas y úlceras (76 preguntas) es muy sistemática: clasificación de úlceras por presión, escalas de riesgo, tipos de apósito y para qué sirve cada uno. Y cuidados críticos y urgencias (117) se apoya mucho en algoritmos que se pueden memorizar tal cual: soporte vital, triaje, manejo del paciente politraumatizado.
Ciclo vital (21,7 %)
Cinco etapas de la vida y sus cuidados. Aquí sorprende el peso de salud mental (223 preguntas), que es la tercera materia más preguntada de todo el examen y a la que casi nadie dedica el tiempo que merece. Se pregunta mucho de trastornos, de relación terapéutica y de psicofármacos, pero también de conceptos que se dan por sabidos y no lo están: qué es exactamente un delirium, qué distingue una crisis de angustia de otra cosa, qué mide cada escala.
Materno-infantil (206) y pediátrica (162) son bloques con muchísima cifra: semanas de gestación, puntuaciones, calendarios, percentiles, dosis por kilo. Es material que se olvida solo, así que conviene estudiarlo tarde y repasarlo a menudo, no al revés.
Y cuidados paliativos, con solo 46 preguntas, es la materia más pequeña del examen y aun así merece un fin de semana: es finita, se pregunta siempre lo mismo —control de síntomas, últimos días, comunicación, duelo— y quien la lleva mira esas preguntas con tranquilidad mientras el resto improvisa.
Salud pública y comunidad (12,3 %)
Aquí está investigación, estadística y epidemiología (168 preguntas), que es la materia que más miedo da y la más agradecida de todas. La razón es simple: es cerrada. Tipos de estudio, medidas de frecuencia y de asociación, sesgos, validez de una prueba diagnóstica, tipos de muestreo, medidas de centralización y dispersión, contraste de hipótesis. Son quince o veinte conceptos, no cien, y una vez entendidos no se olvidan porque se razonan.
El error típico es intentar memorizarla. No se memoriza: se entiende una vez y después se practica con preguntas hasta que los nombres dejan de asustar. Dos tardes bien empleadas en sensibilidad, especificidad y valores predictivos rinden más que dos semanas de cualquier aparato.
La otra mitad, comunitaria y salud pública (262 preguntas, la segunda materia más grande del examen), va de programas de salud, promoción, prevención en sus distintos niveles, educación para la salud, vacunas y atención familiar. Es muy conceptual y muy dada a las clasificaciones: quién es quién en la participación comunitaria, qué es cada nivel de prevención, qué modelo explica qué.
Profesión (7,6 %)
Gestión, legislación, calidad y ética. Es el bloque más pequeño y el que más se abandona, y tiene una propiedad que lo hace especialmente rentable en el último mes: es el que menos se olvida, porque son marcos y no datos sueltos. La Ley General de Sanidad, la Ley 44/2003, la autonomía del paciente y el consentimiento informado, el Código Deontológico, los principios bioéticos, los modelos de calidad, las funciones directivas.
Un aviso concreto sobre la legislación, porque es donde más material caducado circula: las normas se reforman. Estudiar leyes con apuntes de hace cinco años es una forma silenciosa de aprender cosas falsas. Si tienes dudas, la fuente es el BOE consolidado, que es gratis y está a un clic.
Las preguntas anuladas: 54 en veintitrés exámenes
De las preguntas que hemos cargado, 54 fueron anuladas por la Comisión Calificadora. Se conservan y se pueden leer, pero no se juegan: una pregunta anulada no tiene respuesta correcta, así que ponerla en un test sería puntuar el azar.
Vale la pena leer unas cuantas, porque enseñan a mirar un enunciado con desconfianza. Los motivos por los que una pregunta cae son casi siempre los mismos: dos opciones que son verdad a la vez, una respuesta que ha quedado desfasada porque la guía clínica cambió entre que se escribió el examen y se celebró, un enunciado al que le falta un dato imprescindible para poder decidir, o una errata que cambia el sentido. Reconocer esos patrones el día del examen no te da la respuesta, pero sí te dice cuándo estás perdiendo el tiempo en una pregunta que probablemente se caiga.
Fíjate además en la distribución, que dice algo sobre el propio examen: hay años con doce anuladas y años con ninguna. No es casualidad. Los exámenes con más preguntas y más presión de impugnación son los que más caen: el de 2017, con 225 preguntas, se dejó doce por el camino; los de los años de cien preguntas apenas perdieron ninguna.
Cómo exprimir un examen antiguo
Un examen anterior da mucho más de lo que la mayoría le saca, que es una nota y un rato de mal humor. Hecho bien, cada examen antiguo se puede usar tres veces y con tres propósitos distintos.
La primera vez, como simulacro: entero, cronometrado, sin mirar nada, en las condiciones más parecidas a las reales que puedas montarte. Eso da un número, y el número solo sirve para comparar contigo mismo dentro de dos meses.
La segunda vez, como material de estudio, y esta es la que casi nadie hace. Al día siguiente, con la plantilla delante, se repasa pregunta a pregunta y se clasifica cada fallo en una de tres cajas: no lo sabía, lo sabía y lo leí mal, o dudé y elegí mal. Las tres cajas se arreglan con cosas distintas —estudiar, frenar al leer, y trabajar el descarte— y meterlas en el mismo saco es lo que hace que se repitan año tras año.
La tercera vez, por materias, meses después: se rehacen solo las preguntas del bloque que acabas de estudiar, mezcladas con las de otros años. Ahí ya no se mide el examen, se mide si el bloque está cerrado.
Y una advertencia sobre los exámenes anteriores a 2016: tienen cinco opciones, así que la sensación de dificultad y el cálculo de riesgo no son los de hoy. Sirven perfectamente como material de contenido, pero no como simulacro de la prueba actual.
Lo que el EIR repite
Los tribunales reutilizan. Cruzando los veintitrés exámenes hemos encontrado ocho preguntas que han caído dos veces, algunas con años de diferencia y con el enunciado prácticamente idéntico.
Ocho sobre tres mil quinientas no es una estrategia de estudio, y sería deshonesto vendértelo como tal: nadie aprueba el EIR memorizando preguntas repetidas. Pero sí dice algo útil sobre cómo piensa quien redacta el examen. Lo que se repite no son las rarezas, sino los conceptos nucleares: la escala que todo el mundo debería conocer, el plazo que se pregunta siempre, el mecanismo de acción que no puede fallar. Cuando veas una pregunta que ya has visto, no celebres la coincidencia: toma nota de que ese concepto es de los que el examen considera irrenunciables.
Hay además un fenómeno más frecuente que la repetición literal y bastante más aprovechable: el concepto que vuelve con otra ropa. El mismo contenido preguntado desde otro ángulo, con otro caso o cambiando la dirección de la pregunta. El sulfato de magnesio en la eclampsia, por ejemplo, ha caído varias veces con enunciados distintos; el signo de Trousseau y la hipocalcemia, también; y la corrección de la gasometría aparece año tras año con otras cifras. Si haces los veintitrés exámenes, esas repeticiones encubiertas las vas a reconocer solo, y valen mucho más que las ocho literales.
La conclusión práctica es la misma que atraviesa toda esta guía: los exámenes anteriores no son un simulacro, son el programa. Es el único sitio donde está escrito qué considera exigible el tribunal, y lo está veintitrés veces.
Siete preguntas que hemos retirado (y por qué te lo contamos)
Esto no lo vas a encontrar en ninguna otra web y creemos que deberías saberlo antes de fiarte de nosotros o de nadie.
Al preparar los veintitrés exámenes hemos encontrado siete preguntas en las que la respuesta que da por buena la fuente oficial es falsa, y en las que la verdadera está entre las alternativas. No son opiniones discutibles: son casos como el de un lactante varón primogénito de quince días con vómitos no biliosos —el retrato de manual de una estenosis hipertrófica de píloro— en el que la clave señala «infección urinaria», teniendo la estenosis en la lista. O el reservorio del carbunco, donde la clave dice «excrementos de los animales» y la respuesta es el suelo, que también figura entre las opciones.
Ante eso hay dos salidas y las dos son malas. Servir la pregunta tal cual significa enseñar algo falso a alguien que va a cuidar pacientes. Corregir la clave por nuestra cuenta significa arrogarnos una autoridad que no tenemos y, además, prepararte para un examen que no es el que te van a poner. Hemos elegido una tercera: retirarlas, y dejar escrito en el propio archivo por qué. Preferimos que te falte una pregunta a que te sobre una respuesta inventada.
Que existan siete casos así en tres mil quinientas preguntas también te dice algo sobre el examen: es una prueba escrita por personas, con prisa, y de vez en cuando se equivoca. Si el día de la plantilla provisional estás segurísimo de una respuesta que no coincide con la oficial, puede que no te estés equivocando tú. Ahí es donde sirve una impugnación bien escrita.
Las 2.341 plazas
La convocatoria en curso oferta 2.341 plazas de Enfermería. De ellas, 2.257 son de centros de titularidad pública y 84 de centros privados acreditados, un detalle que casi nadie menciona y que conviene mirar: son plazas de formación reales, con el mismo título al final, pero en un centro con otro régimen.
Dentro de ese total hay dos reservas: 234 plazas del turno de personas con discapacidad y 23 del cupo de personas sin residencia legal en España. Las plazas de los cupos que no se cubren se acumulan al turno libre.
El reparto por especialidad de esta convocatoria concreta viene en el cuadro del anexo de la orden, que es un PDF de tablas. Como no hemos podido leerlo con la fiabilidad que exigimos para publicar una cifra, aquí no vas a encontrar ese desglose inventado. Lo que sí tenemos, y es más útil de lo que parece, es el reparto real de la convocatoria anterior, con lo que ocurrió de verdad en la adjudicación.
Hasta qué número de orden llegó cada especialidad
Aquí está el dato que de verdad se busca, y merece una explicación antes de mirarlo. No existe una «nota de corte» del EIR en el sentido en que existe en una oposición. Lo que existe es el número de orden en el que se agotó cada especialidad, que es una cosa distinta y bastante más informativa.
Las seis especialidades, de la más disputada a la más holgada
Convocatoria 2026, la última con la adjudicación cerrada. Son 2.277 plazas en total.
- Enfermería Obstétrico-Ginecológica (Matrona)477 plazas · se agotó hacia el número 1.127
- Enfermería Pediátrica275 plazas · se agotó hacia el número 1.706
- Enfermería Familiar y Comunitaria964 plazas · se agotó hacia el número 3.010
- Enfermería del Trabajo107 plazas · se agotó hacia el número 3.100
- Enfermería de Salud Mental355 plazas · se agotó hacia el número 3.634
- Enfermería Geriátrica99 plazas · se agotó hacia el número 4.501
Lo que se ve de un vistazo es que el embudo del EIR no tiene la forma que casi todo el mundo imagina. Enfermería Obstétrico-Ginecológica es la especialidad que antes se agota —hacia el número 1.127— pese a ser la segunda con más plazas, y Enfermería Geriátrica aguanta hasta el 4.501 con apenas 99. Dicho de otro modo: el número de plazas no predice lo difícil que es entrar; lo que manda es cuánta gente la pone primera.
Los cortes son el número de orden más alto en el que todavía constaban plazas libres de esa especialidad en la convocatoria anterior. La adjudicación va por turnos, así que el dato salta de bloque en bloque: sirve para ver la forma del embudo, no para calcular tu número.
La forma de ese embudo es lo que conviene mirar dos veces, porque desmonta la intuición. Matrona es con diferencia la más disputada pese a tener 477 plazas, la segunda mayor oferta: se agota hacia el número 1.127. Y Geriátrica aguanta hasta el 4.501 con solo 99 plazas. El número de plazas no predice lo difícil que es entrar: lo que manda es cuánta gente la pone en primer lugar.
Dos cautelas sobre estas cifras, y las dos están medidas, no supuestas. La primera es que la adjudicación va por turnos, no de uno en uno: dentro de un mismo turno todo el mundo ve el mismo estado, así que el dato salta de bloque en bloque y es orientativo. La segunda es que el dato no es monótono: hay renuncias, y una especialidad puede volver a tener plazas libres en un número posterior al que parecía su final. Leyéndolo mal, Familiar y Comunitaria parecía agotarse en el 2.755 cuando en el 3.001 aún le quedaban 55 plazas.
Cómo se leen estos números sin hacerse daño
Un corte no es una promesa ni una amenaza: es la foto de lo que ocurrió un año concreto con una oferta concreta. Se mueve, y se mueve por cosas que no controlas: si el año que viene se ofertan cien plazas más de una especialidad, su corte se desplaza; si de repente esa especialidad se pone de moda, se desplaza en sentido contrario.
Dicho eso, hay una manera útil de usarlos y una manera de hacerse daño. La útil es mirar las distancias relativas, que sí son bastante estables: que Matrona se agote unos dos mil quinientos puestos antes que Geriátrica no es cosa de un año, es la forma del embudo. Con eso se puede decidir con la cabeza fría si tu objetivo exige un año más de preparación o si hay alternativas que te sirven.
La manera de hacerse daño es convertir el corte en un examen que aprobar. «Necesito el 1.127» no es un objetivo accionable, porque no depende solo de ti: depende de cuánta gente se presente y de cómo le vaya. Un objetivo accionable es «quiero llegar a enero con los cinco bloques cerrados y seis exámenes completos hechos», que sí está en tu mano y que además es lo que produce el número.
Y una cosa que no vas a encontrar aquí: el percentil al que corresponde cada corte. Para calcularlo haría falta saber cuánta gente obtuvo número de orden en Enfermería, y ese agregado el Ministerio no lo publica. En el MIR sí se puede dar porque ahí el dato existe en el comunicado oficial de resultados. Inventar el denominador para enseñar un porcentaje bonito sería darte una expectativa falsa sobre tu futuro profesional.
Las seis especialidades, una por una
Como la especialidad se elige al final, mucha gente llega a esa pantalla sin haberlo pensado de verdad. Merece la pena hacerlo antes, con calma, y sabiendo que la decisión tiene dos caras: qué quieres hacer y qué te vas a poder permitir con tu número.
Enfermería Obstétrico-Ginecológica (Matrona). Es la más demandada con diferencia y la que antes se agota, pese a ser la segunda con más plazas: 477 y corte hacia el 1.127. Es también la más reconocible desde fuera, con un ámbito propio muy definido —embarazo, parto, puerperio, salud sexual y reproductiva, ginecología— y con una autonomía profesional que pocas especialidades sanitarias tienen. Esa combinación de identidad clara y salida laboral es lo que explica la demanda. Si es tu objetivo, conviene asumir desde el primer día que el listón está muy alto y que repetir convocatoria es frecuente.
Enfermería Pediátrica. 275 plazas y corte hacia el 1.706, la segunda más disputada. Cubre desde la neonatología y la hospitalización infantil hasta la pediatría de atención primaria, con su programa del niño sano, sus vacunas y su educación a las familias. Es una especialidad con mucha vocación detrás y con un componente de comunicación —con el niño y con quien lo acompaña— que no todo el mundo tiene ganas de trabajar.
Enfermería Familiar y Comunitaria. Es la que más plazas ofrece con diferencia, 964, casi la mitad del total, y se agota hacia el 3.010. Su terreno es el centro de salud, el domicilio y la comunidad: crónicos, prevención, promoción, programas de salud, atención a la familia. Por volumen de plazas es la que hace de suelo del sistema, y por eso mismo es la que más gente elige sin que fuera su primera opción. Conviene mirarla con menos prejuicio del habitual: es donde está creciendo el papel de la enfermera con más claridad.
Enfermería de Salud Mental. 355 plazas y corte hacia el 3.634. Unidades de hospitalización, centros de salud mental comunitarios, infanto-juvenil, adicciones. Es la especialidad en la que la relación terapéutica es la técnica principal, y eso la hace muy distinta del resto: aquí no se mide una constante, se sostiene un vínculo. Fue la única que duraba un año hasta que en 2011 se equiparó a las demás.
Enfermería del Trabajo. 107 plazas y corte hacia el 3.100. Es la más desconocida y la que menos se parece a las demás: se trabaja en servicios de prevención y en vigilancia de la salud de las personas trabajadoras, con un componente importante de epidemiología laboral, ergonomía y legislación. Tiene una particularidad que atrae a mucha gente con años de planta: horarios estables y otra manera de entender la carrera.
Enfermería Geriátrica. Solo 99 plazas, la oferta más pequeña, y sin embargo la que más aguanta: llega hasta el 4.501. Es la paradoja más útil de toda la tabla. Con una población que envejece a la velocidad a la que lo hace la española, es difícil pensar en un ámbito con más futuro, y aun así es la que menos gente pone en primer lugar. Si tu número no da para lo que soñabas, esta es la especialidad que más merece una segunda mirada antes de descartarla.
La elección de plaza: el número de orden lo es todo
El acto de adjudicación es telemático y va por riguroso número de orden. Cuando te llega el turno, eliges entre lo que queda: especialidad y unidad docente concreta, con su hospital o su centro de salud.
Y ahí aparece la decisión que más gente se encuentra sin haberla pensado: especialidad o ciudad. Las plazas están repartidas por toda España, y las comunidades pequeñas ofertan tan pocas de algunas especialidades que querer una cosa concreta cerca de casa puede costar cientos de puestos. Con seis especialidades y un mapa disperso, esa combinación se agota antes de lo que parece.
Prepara el día de la elección con la misma seriedad que el examen. Haz tu lista larga, ordenada de verdad, con muchas más opciones de las que crees que vas a necesitar, y decide de antemano qué pesa más: si el nombre de la especialidad o el sitio donde vas a vivir dos años. Improvisar delante de la pantalla, con un cronómetro y con la familia opinando por teléfono, es como se toman las peores decisiones de esta carrera.
La residencia: qué pasa cuando sacas plaza
Sacar plaza no es aprobar un examen: es firmar un contrato. La figura es la relación laboral especial de residencia, regulada por el Real Decreto 1146/2006, y trae consigo cosas concretas.
Eres personal en formación y a la vez trabajador: cobras un salario, cotizas, tienes vacaciones y haces guardias. El contrato es anual y se prorroga con la evaluación positiva de cada año. Y hay un detalle que sorprende a mucha gente y que es una pregunta clásica del propio examen: en el contrato de residencia no puede establecerse periodo de prueba. Tiene su lógica, porque el acceso ya ha sido por una prueba selectiva estatal con número de orden; someter además a un periodo de prueba sería una segunda criba sobre una selección ya hecha.
La formación dura dos años en las seis especialidades y se organiza por rotaciones, con un tutor asignado y una evaluación anual. Al terminar se obtiene el título de especialista, que es un título oficial del Ministerio y que no caduca.
Sobre el sueldo no vamos a darte una cifra, porque depende de la comunidad autónoma, del año de residencia y de las guardias que hagas, y una cifra media serviría para poco. Lo que sí conviene saber es que las retribuciones no son homogéneas entre comunidades y que ese es uno de los factores que, en la práctica, mueve las elecciones de plaza tanto como el prestigio del centro.
Cómo son esos dos años por dentro
La residencia no es un curso: es trabajo supervisado. Se organiza por rotaciones —periodos en distintos servicios o dispositivos, con objetivos definidos en el programa formativo de tu especialidad— y cada residente tiene un tutor asignado, que es la figura responsable de que la formación ocurra de verdad y no se disuelva en cubrir huecos de plantilla.
Al final de cada año hay una evaluación anual, y de ella depende que se prorrogue el contrato. Es una evaluación de verdad, con informes de los responsables de cada rotación, y la negativa tiene consecuencias reguladas —desde la recuperación de un periodo hasta la extinción— que están en el Real Decreto 183/2008.
Hay una tensión que conviene nombrar, porque se la encuentra todo el mundo y sorprende menos si se ha leído antes: la que existe entre ser alumno y ser mano de obra. Un residente tiene contrato y cubre servicio, y en unidades con la plantilla justa la presión hacia lo segundo es constante. El programa formativo y el tutor son precisamente las herramientas que existen para defender lo primero, y conviene conocerlas desde el primer mes en lugar de descubrirlas cuando ya se han perdido tres rotaciones.
Y una nota sobre después. El título de especialista es oficial y no caduca, pero conviene saber que en Enfermería la especialidad no funciona como en Medicina: no todos los puestos exigen el título y en varias comunidades la creación de categorías profesionales específicas ha ido muy por detrás de la creación de las especialidades. Esto está cambiando y depende mucho del territorio, pero es una pregunta que merece la pena hacerse antes de elegir, no después de terminar.
¿Cómo se prepara el EIR?
Con la particularidad de siempre: sin temario oficial que seguir, la preparación se organiza alrededor de los exámenes anteriores. No como complemento, sino como columna vertebral.
El motivo es que los exámenes son la única definición operativa de qué entra. Nadie ha publicado el programa, pero veintitrés exámenes son veintitrés muestras de lo que el tribunal considera exigible, con su nivel de profundidad y su estilo. Cuando hayas hecho unos cuantos completos dejarás de preguntarte «¿esto entra?», porque lo sabrás.
Un plan que funciona, en tres movimientos:
- Primero, medir. Haz un examen completo y cronometrado antes de estudiar nada. Duele, y por eso casi nadie lo hace, pero te da tu línea de base y te dice por dónde empezar de verdad en lugar de por donde te apetece.
- Después, cubrir por peso. Estudia siguiendo el reparto medido, no el orden del libro. Las materias que más pesan primero.
- Al final, simular. Los últimos dos meses, exámenes completos con el reloj puesto. La resistencia de cuatro horas y media se entrena, y el día bueno no se improvisa.
Y una advertencia sobre lo que consume tiempo sin dar nada: subrayar apuntes bonitos, buscar el manual definitivo, ver vídeos y hacer resúmenes de resúmenes. Todo eso da sensación de trabajo. Lo que mueve la nota es hacer preguntas y entender por qué fallaste, que es exactamente lo que no apetece.
Estudiar el EIR trabajando a turnos
Conviene decirlo porque es la situación de una parte enorme de quienes se presentan, y casi ninguna guía la contempla: mucha gente prepara el EIR con un contrato de planta, turnos rotatorios y noches. Los planes de estudio de ocho horas diarias no están escritos para eso y seguirlos solo sirve para sentirse en falta todos los días.
Lo que funciona con turnos no es estudiar más, es estudiar de una manera distinta. Tres ideas concretas. La primera es separar el trabajo pesado del ligero: los días libres, temario nuevo y exámenes cronometrados; los días de turno, solo repaso y preguntas sueltas, que se pueden hacer en veinte minutos y en el móvil. La segunda es no planificar por días sino por bloques: «esta semana cierro fundamentos» aguanta un cambio de turno, «el martes estudio esto» no. Y la tercera es aceptar que después de una noche no se estudia: dormir es parte del plan, no una renuncia.
Un plan de seis meses, mes a mes
Esto no es un plan sagrado, es un esqueleto razonable que puedes ajustar. Está pensado para empezar en agosto y llegar al examen de enero, y reparte el esfuerzo por peso medido y no por costumbre.
| Mes | Qué se hace | Por qué |
|---|---|---|
| Agosto | Un examen completo cronometrado, sin estudiar nada. Clasificar los fallos por materia. | Es tu línea de base. Sin ella estudias por intuición durante seis meses. |
| Septiembre | Bases del cuidado: fundamentos y metodología, farmacología, nutrición, microbiología. | Es casi el 28 % del examen y el bloque que sostiene todo lo demás. |
| Octubre | Médico-quirúrgica: los aparatos, empezando por digestivo-endocrino, cardiovascular y neurología. | El bloque más grande, 30,6 %, pero también el más divisible: se avanza a trozos. |
| Noviembre | Ciclo vital: salud mental, materno-infantil, pediátrica, geriátrica y paliativos. | 21,7 % y muy rentable: son materias con preguntas muy repetitivas entre años. |
| Diciembre | Salud pública, investigación y estadística, gestión, legislación y ética. Un examen completo a mitad de mes. | Casi el 20 % junto, es finito y casi nadie lo estudia. Aquí se sacan puntos baratos. |
| Enero | Solo exámenes completos y repaso de fallos. Nada de temario nuevo. | La resistencia de cuatro horas y media se entrena, y el temario nuevo a última hora no cuaja. |
Dos cosas que este calendario da por supuestas y conviene explicitar. La primera es que cada bloque se cierra haciendo preguntas de ese bloque, no leyéndolo: si terminas farmacología y no has hecho las ciento sesenta y siete preguntas de farmacología que han caído, no has terminado farmacología. La segunda es que los fallos se guardan: una lista de lo que has fallado, revisada cada dos semanas, vale más que cualquier resumen, porque es tu temario personal de lo que todavía no sabes.
Y si empiezas más tarde —en octubre, en noviembre— la tentación es comprimir el plan. No lo comprimas: recórtalo. Es mejor llevar tres bloques sólidos y dos flojos que cinco a medias, porque en un test lo que sabes a medias se falla igual que lo que no sabes.
Si sale mal
Puede pasar, y pasa mucho. Conviene tener el mapa antes de necesitarlo.
Lo primero: no hay límite de convocatorias. Puedes presentarte los años que quieras, y repetir es lo más normal del mundo, sobre todo si vas a por una especialidad muy demandada. Lo segundo: si tu número de orden no te llega para lo que querías, tienes una decisión que tomar y no hay respuesta correcta. Coger una plaza que no era la primera opción es perfectamente razonable —tendrás un título de especialista— y renunciar para volver a intentarlo también lo es, si tienes claro a qué te dedicas mientras tanto.
Y una tercera vía que mucha gente no conoce: cuando alguien no toma posesión o renuncia, quedan plazas vacantes que se reofertan. No es un plan, pero conviene estar atento al final del proceso en vez de darlo por cerrado el día de la adjudicación.
Si decides repetir, el mejor consejo es también el más difícil de seguir: no vuelvas a estudiar igual. Repetir el mismo método un año más suele dar la misma nota. Empieza por hacer el examen que acabas de vivir con la plantilla delante, en frío, y mira dónde se te fue: en lo que no sabías, en lo que sabías y fallaste por lectura, o en el tiempo.
Cómo ha cambiado el examen en veintiséis años
Aquí conviene ir con cuidado, porque es la parte donde más se repite información caducada. Estos son los cambios, leídos en la orden de convocatoria de cada año:
| Convocatorias | Preguntas que puntúan | Opciones | Duración |
|---|---|---|---|
| 2000 a 2011 (exámenes de 2000 a 2012) | 100 (+10 de reserva) | 5 | 2 horas |
| 2012 (examen de 2013) | 160 | 5 | 3 h 30 min |
| 2013 (examen de 2014) | 180 | 5 | 4 horas |
| 2014 (examen de 2015) | 200 | 5 | 4 h 30 min |
| 2015 a 2018 (exámenes de 2016 a 2019) | 225 | 4 | 5 horas |
| 2021 en adelante (exámenes de 2022 a 2026) | 200 | 4 | 4 h 30 min |
Hay tres cosas que sacar de esa tabla. La primera es que el EIR se ha duplicado: quien se examinó en 2005 hizo cien preguntas en dos horas, la mitad de examen que hoy en menos de la mitad de tiempo. La segunda es que el cambio de cinco a cuatro opciones ocurrió en el examen de 2016, y con él cambió toda la estrategia de riesgo que explicábamos antes. Y la tercera, la que más despistes provoca al practicar con exámenes viejos: si haces el EIR de 2012 con el criterio de hoy, estás haciendo un examen de cinco opciones con la cabeza puesta en cuatro.
Faltan además dos huecos por explicar, y preferimos hacerlo nosotros a que los descubras contando exámenes.
El primero es que no existe un EIR 2001. El examen de la convocatoria 2000 se celebró el sábado 4 de noviembre de 2000, porque aquellos años el EIR tenía calendario propio y el ejercicio caía en otoño del mismo año de la convocatoria. Desde la convocatoria 2001 pasó a enero o febrero del año siguiente, y ese desplazamiento dejó el hueco. Cuando veas una lista de exámenes que incluye un «EIR 2001», o está mal etiquetada o se ha inventado el año.
El segundo hueco es nuestro, no del calendario: no tenemos cargados los exámenes de 2019, 2020 y 2021. Esos años se celebraron con normalidad —el de 2021, con la pandemia de por medio—, pero no hemos conseguido una fuente que cumpla el listón que nos exigimos para publicarlos, que es dos transcripciones independientes que coincidan. Preferimos que falten tres exámenes a servirte uno con respuestas sin confirmar. El día que aparezca la fuente, se cargan.
Los cinco errores que más caros salen
No son errores de conocimiento, son de método, y por eso duelen más: se pagan igual que no saber, pero se podían haber evitado gratis.
Estudiar en el orden del libro. Los manuales del Grado están ordenados por aparatos porque así se enseña anatomía y fisiología, no porque así caiga el examen. Empezar por el principio significa dedicar el primer mes a lo que pesa un cuatro por ciento y llegar a diciembre sin haber abierto metodología enfermera, que pesa el diez.
Dejar los exámenes para el final. Es el error más extendido y el más caro. Los exámenes anteriores no son el examen final de la preparación: son el material de estudio. Quien los guarda «para cuando me lo sepa todo» descubre en enero que llevaba seis meses estudiando cosas que no se preguntan y sin haber entrenado el formato.
No cronometrar nunca. Hacer preguntas sueltas sin reloj entrena el conocimiento pero no la prueba. Ochenta segundos por pregunta durante cuatro horas y media es un ejercicio físico, y el día del examen se nota quién ha entrenado la resistencia y quién solo ha entrenado la memoria.
Confundir haber leído con saber. Leer un tema deja una sensación de familiaridad que el cerebro confunde con conocimiento, y esa confusión se rompe en cuanto hay cuatro opciones parecidas delante. La única forma de saber si te lo sabes es intentar recuperarlo sin mirar: preguntas, tarjetas, explicárselo a alguien. Subrayar no vale.
Compararse con el compañero de biblioteca. Las netas de otra persona no dicen nada de las tuyas, porque no habéis hecho el mismo examen ni en las mismas condiciones. Y en un sistema donde lo que cuenta es la posición relativa, esa comparación además envenena: lo único que puedes controlar es lo que tú sabes en enero.
Seis ideas equivocadas que conviene tirar
«Si no lo sabes, no contestes.» Falso desde 2016. Con cuatro opciones y −1 por fallo, el azar puro vale exactamente cero, y en cuanto puedes descartar una opción, contestar es rentable. Ese consejo era correcto cuando el examen tenía cinco opciones.
«El EIR es un MIR más fácil.» No es más fácil ni es un MIR. Es otro examen, con otro peso de materias y con muchísima más metodología enfermera, gestión, comunitaria y ética. Prepararlo con material de medicina deja fuera lo que más pesa.
«Los másteres puntúan.» No. Ni los másteres, ni los cursos, ni la experiencia laboral. Solo el examen y el expediente del Grado.
«Con X netas sacas número.» Nadie lo sabe hasta que salen los resultados, porque el número de orden depende de cómo le haya ido a todo el mundo ese año. Quien te da esa cifra te está dando una estimación de academia.
«Hay que elegir especialidad al inscribirse.» No: se elige al final, con el número de orden en la mano. Es una de las mejores características del sistema.
«Matrona es la que más plazas tiene, así que será más fácil.» Es justo al revés. Con 477 plazas es la segunda mayor oferta y aun así la primera que se agota, hacia el número 1.127. La demanda pesa más que la oferta.
Los veintitrés exámenes, gratis y con explicación
Todo lo que hemos contado aquí sale de un archivo que puedes usar. En la sección de EIR están los veintitrés exámenes oficiales con sus 3.491 preguntas, y se pueden jugar de tres maneras: el examen completo como simulacro fiel, con la duración y la penalización reales de ese año; un test a tu medida por materias; o el repaso de lo que has fallado.
Lo que nos parece que marca la diferencia es lo que hay detrás de cada pregunta. Las 3.491 llevan una explicación escrita a mano, no generada: ninguna se limita a repetir la respuesta correcta, todas dicen además por qué falla la que probablemente marcaste. Esa es la parte que de verdad se lee, porque es la única que aparece cuando fallas, y es exactamente donde casi todo el material del mercado se queda en «la respuesta correcta es la B».
Todas las preguntas están además clasificadas a mano por materia —de ahí sale el reparto que has visto más arriba— y las que llevaban imagen en el cuadernillo la conservan. Y no hay que registrarse para nada de esto: es gratis, sin cuenta y sin correo.
Una última cosa, que es la que nos piden con más frecuencia. Si estudias con nuestros temas, puedes subrayar el texto en seis colores y el subrayado se guarda solo y te sigue del ordenador al móvil; y puedes descargar el tema entero en PDF, con tus subrayados en su color. El botón del principio de esta guía usa ese mismo motor, así que si prefieres leerla en papel o sin conexión, ya la tienes.
Glosario rápido del EIR
| FSE | Formación Sanitaria Especializada. El sistema entero, con sus siete titulaciones. |
|---|---|
| Netas | Aciertos menos un tercio de los fallos. La moneda en la que se habla de la nota. |
| Directa | Puntuación bruta: 3 por acierto, −1 por fallo. Es el triple de las netas. |
| Número de orden | Tu puesto en la lista única. Determina cuándo eliges. |
| Factor de corrección | La transformación que convierte la puntuación directa en la escala sobre 90 puntos. |
| Unidad docente | El centro acreditado donde se hace la residencia. Se elige junto con la especialidad. |
| Plantilla provisional | Las respuestas que el Ministerio publica antes de resolver las impugnaciones. |
| Preguntas de reserva | Las diez que solo puntúan si se anula alguna de las 200. |
| Turno de discapacidad | Cupo reservado dentro de la misma convocatoria. En Enfermería, 234 plazas. |
| Vacantes | Plazas que quedan libres tras la adjudicación y se reofertan. |
Y ahora, lo único que hay que hacer
Si después de todo esto sigues buscando por dónde empezar, y la respuesta es más aburrida de lo que te gustaría: haz un examen completo, entero y cronometrado, antes de estudiar nada.
Va a salir mal, y ese es el objetivo. Lo que consigues con eso son tres cosas que ninguna guía te puede dar: sabes de verdad de qué va el examen, sabes cuánto te falta y sabes por dónde empezar. A partir de ahí todo es más fácil de decidir, porque dejas de estudiar por intuición.
Después, dos meses de trabajo por materias siguiendo el peso medido, y otra medición. Y así hasta enero. No hay más secreto, y quien te venda uno te está vendiendo algo.
Enlaces de interés (todos oficiales)
- Orden SND/854/2026, de 4 de agosto — la convocatoria en curso, con las plazas, las fechas, la tasa y las reglas del ejercicio.
- Real Decreto 450/2005, sobre especialidades de Enfermería — el que crea las siete especialidades.
- Real Decreto 183/2008 — determina y clasifica las especialidades y regula la formación.
- Real Decreto 1146/2006 — la relación laboral especial de residencia: tu contrato.
- Ministerio de Sanidad — sede electrónica, solicitudes y resultados.
Y si quieres empezar por lo práctico, los veintitrés exámenes están aquí, con su explicación pregunta a pregunta.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el EIR?
Es la prueba selectiva de acceso a la Formación Sanitaria Especializada de Enfermería: un examen tipo test de 200 preguntas con cuatro opciones que convoca el Ministerio de Sanidad una vez al año. Con la nota se ordena a todas las personas presentadas en una lista única y, por ese orden, cada una elige especialidad y unidad docente.
¿Cuándo es el examen del EIR 2027?
El 23 de enero de 2027, con llamamiento a las 13:00 y ejercicio a partir de las 14:00 (una hora antes en Canarias, en hora local). El plazo de solicitudes va del 1 al 14 de septiembre de 2026. Así consta en la Orden SND/854/2026.
¿Cuántas plazas hay de EIR?
2.341 plazas de Enfermería en la convocatoria en curso: 2.257 de centros de titularidad pública y 84 de centros privados acreditados. Dentro de ese total hay 234 plazas reservadas al turno de personas con discapacidad y 23 al cupo de personas sin residencia legal en España.
¿Cómo se corrige el EIR y cuánto resta un fallo?
Cada acierto suma 3 puntos, cada fallo resta 1 y las preguntas en blanco no puntúan. En la práctica, cada tres fallos se comen un acierto. El ejercicio vale el 90 % de la nota final y el expediente académico del Grado el 10 % restante.
¿Conviene contestar una pregunta del EIR si no la sé?
Si puedes descartar al menos una opción, sí. Con cuatro opciones y un punto de penalización, contestar totalmente al azar tiene un valor esperado de exactamente cero, igual que dejarla en blanco; en cuanto tachas una alternativa, contestar pasa a ser rentable. El consejo contrario venía de cuando el examen tenía cinco opciones, hasta 2015.
¿Cuántas especialidades de Enfermería se pueden hacer por el EIR?
Seis: Obstétrico-Ginecológica (Matrona), Salud Mental, Geriátrica, del Trabajo, Familiar y Comunitaria y Pediátrica. El Real Decreto 450/2005 creó siete, pero Enfermería de Cuidados Médico-Quirúrgicos nunca ha llegado a tener programa formativo aprobado y no se convoca.
¿Cuánto dura la residencia de Enfermería?
Dos años a jornada completa en las seis especialidades. Salud Mental duró un año hasta que la Orden SPI/1356/2011 la amplió y la equiparó a las demás.
¿Hace falta experiencia o un máster para presentarse al EIR?
No. Solo se exige un título que habilite para ejercer la profesión de enfermera o enfermero en España, es decir, el Grado o la antigua Diplomatura. Ni la experiencia laboral ni los másteres ni los cursos puntúan: la nota sale del examen y del expediente del Grado.
¿Qué entra en el EIR si no hay temario?
No existe un programa oficial: se examina del Grado entero. Medido sobre las 3.491 preguntas de los veintitrés exámenes oficiales, lo que más pesa son fundamentos y metodología enfermera, seguidos de enfermería comunitaria y salud pública y de salud mental. Las materias de gestión, legislación, investigación y estadística suman mucho más de lo que la mayoría espera.
¿Cuánto cuesta presentarse al EIR?
La tasa de derechos de examen para Enfermería es de 23,33 euros en la convocatoria en curso, y se paga dentro del plazo de solicitudes. El resto del coste depende de cómo te prepares: se puede hacer con los exámenes anteriores y los manuales del Grado sin gastar nada más, o con academia. El coste que casi nadie contabiliza y que más pesa es el tiempo.
¿Se puede repetir el EIR? ¿Hay límite de convocatorias?
No hay límite: puedes presentarte los años que quieras y repetir es muy frecuente, sobre todo si vas a por una especialidad muy demandada como Matrona. Tampoco hay límite de edad. Y si tu número de orden no te llega, existe además la posibilidad de que queden plazas vacantes que se reofertan cuando alguien renuncia o no toma posesión.
¿Qué diferencia hay entre el EIR y el MIR?
Comparten la convocatoria, el día del examen, las reglas de corrección y el reparto 90/10 entre ejercicio y expediente, pero son pruebas distintas. El MIR tiene 9.676 plazas y 47 especialidades; el EIR, 2.341 plazas y seis especialidades. Y el contenido no se parece: el EIR pregunta muchísima metodología enfermera, gestión, comunitaria y ética, materias que en el MIR no existen. Preparar el EIR con material de MIR deja fuera lo que más pesa.
¿Cuántas preguntas hay que acertar para sacar plaza en el EIR?
No hay un número. La convocatoria solo exige una puntuación superior a cero puntos para poder participar en la elección de plaza, y a partir de ahí todo es posición relativa: el número de orden depende de cómo le haya ido al resto de las personas presentadas ese año. Cualquiera que te dé una cifra concreta de netas necesarias te está dando una estimación, no un dato.
¿Hasta qué número de orden llegó cada especialidad?
En la última convocatoria con adjudicación cerrada, Matrona se agotó hacia el número 1.127, Pediátrica hacia el 1.706, Familiar y Comunitaria hacia el 3.010, del Trabajo hacia el 3.100, Salud Mental hacia el 3.634 y Geriátrica hacia el 4.501. Son cifras orientativas: la adjudicación va por turnos y hay renuncias que devuelven plazas.
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