
Consejo del día
Mide tu estudio por temas dominados, no por horas sentado. La silla no aprueba; el repaso sí.

Consejo del día
Mide tu estudio por temas dominados, no por horas sentado. La silla no aprueba; el repaso sí.
Prácticos · Tema 16
Pulsa “Ver solución” en cada pregunta para desplegar el guion de respuesta. Intenta redactar primero tu propia respuesta. Leer el tema desarrollado →
Supuestos de entrenamiento, de elaboración propia, escritos con el formato y la extensión del examen real. Los enunciados oficiales, transcritos de las convocatorias de cada comunidad, están en los exámenes de Pedagogía Terapéutica.
Supuesto de detección en Educación Infantil
Aula de 4 años. La tutora traslada su preocupación por Nerea. Describe que se acerca muchísimo al papel cuando dibuja, que ladea la cabeza hacia la derecha para mirar los cuentos, que en el patio tropieza y se muestra temerosa —especialmente los días nublados y al entrar del patio al aula—, que no saluda a las familias hasta que le hablan y que se cansa y se enfada en las fichas de grafomotricidad. La tutora ha empezado a corregirle la postura para que «no se acerque tanto» y ha reducido su participación en el rincón de plástica «para que no se agobie». No hay diagnóstico previo ni informe médico. Analice el caso y proponga la actuación.
Un tribunal espera que en este supuesto se hagan dos cosas antes que ninguna otra, y que se hagan en este orden: derivar y corregir lo que el centro está haciendo mal. Empezar por proponer adaptaciones curriculares es el error clásico: todavía no sabemos qué le pasa a esta niña.
Este apartado es el que más puntúa, porque demuestra que se sabe interpretar y no solo enumerar. Ninguna de las conductas descritas es un capricho: todas son estrategias o consecuencias previsibles de una pérdida visual.
La conclusión que hay que escribir con todas las letras: lo que la tutora describe como problemas de conducta y de torpeza es un cuadro coherente de sospecha de discapacidad visual. No hay que tratarlas una a una: hay que buscar la causa común.
La regla de oro del apartado de identificación: ante un signo de alerta visual, lo primero no es una adaptación curricular, es una derivación. Hay que descartar lo médico y lo óptico antes que nada. En concreto:
Y conviene decir por qué esto es urgente y no puede esperar al final de curso: por el art. 71.3 de la LOE, la atención se inicia «desde el mismo momento en que dicha necesidad sea identificada», y por el art. 4.3 de la Orden EDU/849/2010 —referencia estatal, de ámbito de gestión del Ministerio: Ceuta y Melilla—, desde la detección, «sea cual fuere su edad», con el objeto de «prevenir y evitar la aparición de secuelas». Es una etapa de máxima plasticidad: cada mes cuenta.
Este apartado es el que distingue, porque exige criticar una práctica bienintencionada:
No hace falta esperar al diagnóstico para mejorar las condiciones, porque son medidas que no perjudican a nadie y benefician a todo el grupo:
Conviene cerrar señalando el itinerario, que demuestra que se conoce el sistema: evaluación psicopedagógica por el servicio de orientación —art. 74.2 de la LOE, oyendo e informando preceptivamente a la familia—, evaluación funcional de la visión, y solicitud de intervención del equipo específico de atención educativa a personas con discapacidad visual de la ONCE, en el marco del convenio con la Administración educativa, si se cumplen los criterios.
Errores que hundirían la respuesta: proponer una adaptación curricular significativa —no hay ningún dato que la justifique y la capacidad de aprender está intacta—; interpretar el enfado como problema de conducta; dar por bueno que se le retire de las tareas visuales; y no derivar.
Supuesto de baja visión y rendimiento fluctuante
Ander, 2.º de Primaria, tiene un informe oftalmológico que indica agudeza visual de 0,2 en ambos ojos con corrección, patología estable, sin restricción de campo. La tutora refiere que «cuando quiere, ve»: a primera hora trabaja bien y a partir de la tercera sesión se distrae, apoya la cabeza y no termina las tareas. Copia de la pizarra con muchísimos errores y a menudo pide al compañero que le diga lo que pone. Tiene una lupa que le proporcionó el equipo específico y que guarda en la mochila sin usar. Analice la situación y elabore la respuesta educativa.
La clave del supuesto está en desmontar la interpretación de la tutora. La frase «cuando quiere, ve» es exactamente el malentendido más frecuente con el alumnado de baja visión, y contestarla bien es lo que resuelve el caso. Hay tres fenómenos detrás, y ninguno es motivacional.
Un alumno con baja visión hace un esfuerzo sostenido para extraer información de un estímulo degradado. Ese esfuerzo es acumulativo: rinde bien a primera hora y mal a última. Apoyar la cabeza y distraerse no son señales de desinterés, son signos de fatiga. Es un dato objetivo, no una impresión, y obliga a repartir la carga.
Aquí está la precisión técnica que un tribunal busca. Copiar de la pizarra es una tarea de distancia intermedia, que es la peor atendida de todas: se piensa en el libro (cerca) y se olvida el encerado. Y la lupa no sirve para eso: es una ayuda de cerca.
Las soluciones correctas son organizativas y baratas: autorizar explícitamente que se levante y se acerque a la pizarra —y normalizarlo ante el grupo, para que no sea un privilegio ni un estigma—; y sobre todo darle en la mano lo que hay en la pizarra, en papel o en su tableta. Copiar del encerado no es un objetivo de aprendizaje: es un medio, y en su caso un medio muy caro que consume la energía visual que necesita para lo demás.
Contestar esto bien vale mucho, porque casi todo el mundo se limita a decir «hay que insistir en que la use». Las causas reales suelen ser:
Con estos datos —agudeza 0,2, patología estable, campo íntegro— no procede adaptación curricular significativa ni braille. Su capacidad de aprender está intacta y la respuesta es de acceso. Proponer otra cosa sería confundir barrera con déficit.
La medida de mayor rendimiento del supuesto no es material: es informar al equipo docente, con indicaciones concretas y verificables —dónde se sienta, con qué luz, qué cuerpo de letra, cuánto tiempo de más, qué hacer al proyectar— y desmontar la lectura motivacional. Si esas condiciones solo se cumplen con la tutora, no están implantadas.
Supuesto de ceguera congénita en Educación Infantil
Elena, 5 años, se escolariza este curso en el segundo ciclo de Educación Infantil procedente de otra localidad. Presenta ceguera total de origen congénito por retinopatía de la prematuridad; nació con 27 semanas y 890 gramos. Camina con inseguridad y base amplia, con episodios de balanceo cuando está sin actividad. Su lenguaje oral es muy bueno, con vocabulario amplio, y llama la atención de los adultos por lo bien que habla. Come y se viste con ayuda total de la familia. En el aula permanece la mayor parte del tiempo sentada en su silla y no se desplaza sola. Elabore el plan de actuación.
El enunciado da cinco datos y cada uno apunta a un foco de trabajo. Un tribunal valora que se organicen así, y muy especialmente que no se dé por buena la impresión sobre el lenguaje.
El dato de 27 semanas y 890 gramos no está puesto por casualidad. La retinopatía de la prematuridad es la causa más habitual de ceguera infantil en los países desarrollados, y con esos antecedentes es frecuente que existan otras secuelas asociadas. Por tanto, la primera actuación es una valoración global y actualizada: motora, cognitiva, auditiva y de salud. Escribir esto demuestra criterio clínico y evita el error contrario, el ensombrecimiento diagnóstico —atribuir a la ceguera todo lo que ocurre—.
Aquí está la clave y la mayoría de las respuestas la fallan. Que Elena hable muy bien es una fortaleza real, pero no garantiza que sepa lo que dice. En ceguera congénita son esperables los verbalismos: palabras cuyo referente no se ha experimentado. Puede hablar del cielo, de las nubes o de un caballo sin ninguna representación detrás.
La actuación no es corregir su lenguaje ni prohibir esas palabras —sería absurdo y empobrecedor—, sino dotarlas de contenido: experiencia directa siempre que sea posible, analogías con lo que sí puede percibir, y explicación explícita de lo que no sea accesible. Y la comprobación correcta no es pedirle que lo diga, sino que lo aplique o lo manipule.
La consecuencia de no verlo: se da su nivel por bueno, y en Primaria «falla de repente» en geometría, en ciencias y en todo lo que exige representación. No falla de repente: nunca se comprobó que las palabras tuvieran contenido.
La inseguridad, la base amplia y el quedarse sentada tienen una explicación común: falta el señuelo visual que motiva el desplazamiento, y el espacio le resulta hostil porque se golpea. La respuesta:
El balanceo en los ratos sin actividad es una estereotipia o «blindismo», y su explicación más aceptada es la autoestimulación en contextos de baja actividad y escasa estimulación externa. No se corrige prohibiéndolo: eso suprime la conducta y deja intacta la causa. Se interviene enriqueciendo el entorno y aumentando la actividad —el dato del enunciado es preciso: aparece cuando está sin actividad—, ofreciendo alternativas motrices y, más adelante, enseñando dónde resulta socialmente aceptable. Importa porque penaliza socialmente más que la propia ceguera.
Que coma y se vista con ayuda total a los cinco años es el dato más preocupante del enunciado a medio plazo, y responde a la causa número uno de este alumnado: la sobreprotección. Las habilidades de la vida diaria se aprenden por imitación, luego no se aprenden solas. Hay que decir con claridad que esto es contenido escolar en Infantil, trabajarlo por pasos con ayuda que se desvanece, y —esencial— acordarlo con la familia: si en el aula se le exige autonomía y en casa se le hace todo, gana la casa.
No es «tocar cosas»: es construir tacto activo. La mano en reposo apenas percibe; informa la mano que explora con método, y explorar con método no es espontáneo, se enseña. De ahí se sigue el trabajo de discriminación de texturas, formas y tamaños, coordinación bimanual y seguimiento de líneas y relieves, que es la base de un futuro aprendizaje del braille. En lo auditivo, localización de fuentes sonoras y discriminación, que serán su principal fuente de información a distancia.
Detalle que vale un punto y que casi nadie escribe: a una niña ciega no se le anticipa la jornada con imágenes. Se le anticipa con el objeto que representa la actividad —la cuchara para la comida, la esponja para el aseo—: es la agenda de objetos.
Que los compañeros se nombren al hablar, avisen al llegar y al irse y verbalicen lo que hacen; que los adultos hablen antes de tocar y no usen lenguaje deíctico —«esto de aquí» no significa nada—, lo que beneficia a todo el grupo. Aprovechar además que en Infantil todos los momentos de la jornada tienen carácter educativo (art. 11.1 del RD 95/2022) y que la atención individualizada es la pauta ordinaria (art. 13.1).
Solicitud de intervención del equipo específico de la ONCE por convenio con la Administración educativa; evaluación psicopedagógica por el servicio de orientación con audiencia preceptiva de la familia (art. 74.2 de la LOE); y modalidad de escolarización ordinaria, que es la regla en este alumnado salvo discapacidades asociadas que lo desaconsejen (art. 74.1).
Supuesto de pérdida progresiva: la decisión que no se puede aplazar
Marc cursa 5.º de Primaria. Diagnóstico de retinosis pigmentaria. El informe oftalmológico indica agudeza visual de 0,6 en el mejor ojo y campo visual reducido a 12 grados, con pronóstico de pérdida progresiva. En el aula lee sin dificultad aparente y sus calificaciones son buenas. Sin embargo, tropieza con las mochilas del pasillo, no localiza a sus amigos en el patio, ha dejado de jugar al fútbol y en las excursiones se agarra al brazo de un compañero. Sus padres piden «no agobiarlo con cosas de ciegos, que ve perfectamente». Elabore su respuesta.
Este caso separa a quien ha entendido el tema de quien ha memorizado clasificaciones, y lo hace con dos ideas: agudeza y campo son independientes, y en una pérdida progresiva la decisión correcta se toma antes de que sea necesaria.
Con 0,6 de agudeza, Marc discrimina detalles casi con normalidad: por eso lee sin dificultad y saca buenas notas. Con 12 grados de campo tiene una visión en túnel: no ve lo que hay alrededor de aquello a lo que mira. De ahí, y no de la torpeza ni de la desgana, salen todos los demás datos del enunciado.
Conviene traducir cada conducta, que es donde se gana la pregunta:
Y la observación que remata el análisis: la afirmación de los padres —«ve perfectamente»— es cierta y es irrelevante. Ve perfectamente lo que mira. El problema es todo lo demás.
Este es el núcleo del supuesto y hay que sostenerlo con argumentos, porque implica contradecir a la familia. En una pérdida progresiva:
El aval normativo del seguimiento está en el art. 74.3 de la LOE, que ordena que «al finalizar cada curso se evaluará el grado de consecución de los objetivos establecidos de manera individual para cada alumno», evaluación que permitirá «modificar la atención educativa prevista, así como el régimen de escolarización»; y en el art. 4.5 de la Orden EDU/849/2010: las decisiones «se revisarán periódicamente, tomando las medidas pertinentes para su mejora». En una pérdida progresiva, revisar no es una formalidad: es lo que evita llegar tarde.
La postura de los padres es comprensible y hay que tratarla como tal: detrás de «no agobiarlo con cosas de ciegos» hay miedo y duelo anticipado, no negligencia. La estrategia:
Ninguna adaptación curricular significativa: su competencia es buena y su capacidad, intacta. Tampoco ampliar el material, que es el error automático: su problema no es el tamaño, es el campo, y ampliar le obliga a más desplazamientos de mirada dentro de un campo diminuto, es decir, lo empeora. Este detalle es de los que más impresionan en un tribunal.
Diseñe un programa de estimulación visual
Iker, 3 años, primer curso del segundo ciclo de Educación Infantil, presenta baja visión severa por atrofia del nervio óptico. La evaluación funcional indica que reacciona a la luz, fija la mirada en estímulos grandes y muy contrastados a corta distancia, sigue objetos si se mueven despacio y en horizontal, y no discrimina formas ni reconoce imágenes. La familia pregunta si «la vista se le puede recuperar con ejercicios». Diseñe el programa de estimulación visual y explique qué responder a la familia.
Empezar por la pregunta de la familia no es un rodeo: es lo correcto, porque si esa expectativa no se ajusta, el programa acabará leído como un fracaso.
Hay que distinguir dos cosas y decirlas con claridad:
Y hay que añadir la corrección del mito, que en esta conversación aparece siempre: la visión no se gasta por usarla. Lo que impide desarrollarla es no usarla. Por tanto, nada de «que no fuerce la vista» y nada de retirarle tareas visuales.
La evaluación funcional lo sitúa con precisión en la secuencia de Barraga. Reacciona a la luz, fija y sigue: está trabajando funciones ópticas —control fisiológico de la musculatura ocular, respuesta a la luz, fijación, seguimiento, enfoque, convergencia—, que en el desarrollo típico se establecen en los tres primeros meses. No discrimina formas ni reconoce imágenes: aún no ha entrado en las funciones óptico-perceptivas —discriminación de forma, tamaño y color, relaciones espaciales, coordinación visomotora, reconocimiento e identificación—, que se desarrollan aproximadamente entre los cuatro y los veinticuatro meses.
Precisión imprescindible: hablamos de edad de desarrollo visual, no cronológica. Que Iker tenga tres años y trabaje funciones ópticas básicas no es infantilizarlo: es empezar donde está. Lo que sí hay que cuidar es que el material sea adecuado a sus tres años, no a su nivel visual.
Este apartado marca la diferencia entre un programa de manual y uno aplicable. En Infantil no hace falta sesión de laboratorio: el art. 11.1 del RD 95/2022 establece que «todos los momentos de la jornada tienen carácter educativo» y el art. 13.1 hace de la atención individualizada la pauta ordinaria. Ejemplos concretos:
El programa lo diseña y supervisa el equipo específico de la ONCE, y lo aplican a diario la tutora, el PT y la familia: eso es lo que lo hace viable, porque el equipo no está en el centro todos los días. Registro sistemático de respuestas —a qué distancia, con qué tamaño, con qué contraste, cuánto tiempo aguanta— y revisión periódica, conforme al art. 4.5 de la Orden EDU/849/2010.
El indicador de éxito que hay que nombrar no es «ha mejorado la vista», sino usa más su visión y en más situaciones. Y una advertencia final para la familia: si Iker deja progresivamente de mirar y pide más ayuda, eso es un fracaso del programa, no del niño.
Supuesto de discapacidad visual cerebral
Un tutor de 3.º de Primaria solicita valoración para Aitana. Refiere que «no atiende», que «a veces ve y a veces no», que se pierde en las fichas con muchos dibujos, que rinde peor por la tarde, que no reconoce a compañeros en el patio pero sí distingue detalles pequeños en su mesa, y que si se le habla mientras mira algo deja de mirarlo. Ha sido derivada previamente con sospecha de TDAH. El informe oftalmológico es normal. Analice el caso.
La clave del supuesto está en un dato que suele leerse al revés: que el informe oftalmológico sea normal no descarta un problema visual. Existe una causa de discapacidad visual que no está en el ojo: la discapacidad visual cerebral o de origen cortical, en la que el ojo funciona y el problema está en el procesamiento de la información visual. Es una causa relevante en la infancia, especialmente asociada a daño perinatal.
Hay que ir dato por dato, porque es lo que demuestra el razonamiento:
Y de aquí sale la lectura correcta de la sospecha inicial: el perfil de la discapacidad visual cerebral es exactamente el que se etiqueta como falta de atención o de esfuerzo. No significa que el TDAH quede descartado —pueden coexistir—, pero sí que no se puede cerrar el caso sin explorar la vía visual.
Tienen la ventaja de que no perjudican a nadie y de que, si la hipótesis es correcta, el cambio se nota en semanas:
Análisis crítico de un informe psicopedagógico
Se le presenta el informe psicopedagógico de un alumno de 4.º de Primaria con ceguera congénita. Contiene, entre otros, estos elementos: (a) «Agudeza visual: no valorable. Ceguera total»; (b) se ha aplicado una escala de inteligencia completa, incluidas las pruebas manipulativas, con resultado de «capacidad intelectual límite»; (c) «Presenta buen nivel de lenguaje oral, por lo que no se aprecian dificultades de comprensión»; (d) se propone «adaptación curricular significativa en todas las áreas»; (e) no consta evaluación funcional de la visión ni observación en el recreo; (f) no consta intervención del equipo específico; (g) no consta entrevista con la familia. Identifique los errores y proponga cómo debería rehacerse.
Este formato —analizar un documento— aparece en las convocatorias y se contesta mejor error por error, con la corrección al lado y, cuando la haya, la norma que se ha incumplido. Conviene además ordenar por gravedad, no por el orden del enunciado.
Aplicar las pruebas manipulativas de una escala de inteligencia a un alumno con ceguera total y concluir «capacidad intelectual límite» es un error de método con consecuencias muy serias. La mayoría de las pruebas estandarizadas están baremadas con población vidente y contienen ítems visuales: el resultado es inválido. Lo que se ha medido es su ceguera, no su inteligencia —y se ha medido dos veces, porque además le ha bajado la media global—.
Corrección: usar únicamente pruebas o partes adaptadas y no baremadas con ítems visuales, complementadas con evaluación del nivel conceptual en situaciones reales, y hacer constar expresamente en el informe qué instrumentos no son aplicables y por qué. La ceguera no afecta a la capacidad intelectual; afecta a la cantidad y al tipo de experiencia.
«Buen nivel de lenguaje oral, por lo que no se aprecian dificultades de comprensión» es un salto lógico injustificado y muy frecuente. En ceguera congénita son esperables los verbalismos: palabras cuyo referente no se ha experimentado. Su excelente memoria verbal puede enmascarar lagunas conceptuales importantes.
Corrección: comprobar el nivel conceptual pidiéndole que aplique o manipule, no que defina. Y explorar específicamente los conceptos que dependen de experiencia visual: espaciales, de escala, de color y todo lo inaccesible al tacto.
No hay ningún dato que la justifique, y además se apoya en el resultado inválido del error 1. En discapacidad visual sin discapacidades asociadas, la respuesta es de acceso: la capacidad de aprender está intacta y lo que falta es información. Proponer una significativa en todas las áreas confunde barrera con déficit y, en la práctica, rebaja la expectativa de todo su itinerario.
Además, procedimentalmente: la significativa exige evaluación psicopedagógica previa bien hecha (art. 8.2 de la Orden EDU/849/2010), y esta no lo está. Y conviene recordar el art. 17.3 del RD 157/2022: la adaptación no puede convertirse en el motivo que impida promocionar, «sin que este hecho pueda impedirles promocionar de ciclo o etapa».
El informe se queda en el dato clínico. Aun en ceguera total hay que valorar si existe percepción de luz o de bultos, porque ese resto —aunque no sirva para leer— sí sirve para orientarse y se entrena. Darlo por inútil es un error habitual. Y el producto que el profesorado necesita no es un número, sino la lista de condiciones en las que este alumno funciona mejor.
En este alumnado la observación sistemática no es un instrumento de segunda: es el principal. Y el recreo es donde se ve la verdad —participación real, «soledad en compañía», autonomía en los desplazamientos—. Un informe sin patio no ha evaluado lo que más va a condicionar su escolaridad. Faltan igualmente la autonomía personal, la orientación y movilidad y el manejo de tecnología y ayudas, con la distinción entre lo que sabe usar y lo que usa realmente.
Es una laguna llamativa: la valoración del alumnado con ceguera se realiza en colaboración con el equipo específico de atención educativa a personas con discapacidad visual, en el marco del convenio entre la ONCE y la Administración educativa. Son quienes aportan la valoración funcional, el braille, la orientación y movilidad y la tiflotecnología. Sin ellos, el informe carece de la parte técnica que le da sentido.
Además de una pérdida de información imprescindible —qué hace realmente en casa, qué grado de autonomía tiene, qué expectativas hay—, es un incumplimiento normativo: el art. 74.2 de la LOE exige que «serán preceptivamente oídos e informados los padres, madres o tutores legales del alumnado».
Supuesto de inclusión social: el alumno que está solo en el patio
Bruno, 4.º de Primaria, ceguera total congénita, escolarizado en el centro desde Infantil. Su rendimiento académico es bueno y su lenguaje excelente. La tutora observa que en el recreo permanece habitualmente junto a la pared o hablando con la maestra de guardia; que sus compañeros son amables con él pero no lo incluyen en los juegos; que nadie le invita a cumpleaños; y que él dice que «prefiere estar tranquilo». En las sesiones de trabajo cooperativo suele quedarse con el papel de secretario mientras los demás manipulan. Diseñe un plan de intervención.
La primera decisión de la respuesta es no aceptar la explicación fácil. Que Bruno diga que «prefiere estar tranquilo» es, con mucha probabilidad, una racionalización de una exclusión que no sabe resolver. Y que los compañeros sean «amables pero no lo incluyan» es la definición exacta de la «soledad en compañía»: está presente y está solo. Un tribunal valora mucho que se identifique esto y no se dé el caso por benigno.
Enumerarlas es lo que permite intervenir, porque cada una tiene una respuesta distinta:
Y añádase un cuarto factor, más incómodo: el aprendizaje incidental de lo social tampoco se produce. Bruno no ha visto nunca cómo se entra en un grupo, cómo se pide un turno o qué cara hay que poner. Nadie se lo ha enseñado porque nadie enseña eso: se aprende mirando.
Es contenido del currículo específico, y hay que enseñarlo como se enseña cualquier otro contenido: con instrucción directa, modelado, ensayo y práctica en situación real.
Esta es la parte que suele faltar en las respuestas y es la más eficaz, porque el problema no está solo en Bruno:
El detalle del enunciado es preciso y hay que interpretarlo: Bruno acaba de secretario porque es el rol que no exige manipular, y porque es lo cómodo para el grupo y para el docente. El resultado es que participa sin hacer, que es una forma elegante de exclusión.
La corrección: rotación obligatoria de roles —también manipulador, también portavoz, también coordinador— y adaptación del material para que pueda desempeñarlos: piezas con relieve o contraste táctil, referencias fijas en la mesa, y descripción verbal por parte del grupo. Y una consigna para el docente que resume el apartado: si un alumno siempre tiene el mismo rol, el problema no es suyo.
Lo de los cumpleaños no es anecdótico: la vida social de un niño de diez años ocurre en gran parte fuera del horario escolar. Aquí procede trabajar con las familias —facilitar que se le invite, ofrecer a las familias pautas sencillas—, orientar hacia actividades extraescolares accesibles y hacia las asociaciones y actividades de la ONCE, donde además encontrará iguales con su misma experiencia, que es una necesidad real y no un sustituto de la inclusión.
Con indicadores observables y no impresiones: con quién está en el patio y cuánto tiempo, cuántas iniciativas de interacción parten de él, cuántas parten de los compañeros, en qué juegos participa, si es invitado fuera del centro. Y la pregunta de control: ¿esto funciona cuando no hay ningún adulto pendiente? Si no, no está resuelto.
Organice la evaluación funcional de la visión en el centro
El equipo específico de atención educativa a personas con discapacidad visual ha realizado la evaluación funcional de la visión de una alumna de 1.º de Primaria con baja visión y ha remitido su informe al centro. La jefa de estudios le pide a usted, como maestro de Pedagogía Terapéutica, que explique al claustro qué es esa evaluación, en qué se diferencia del informe del oftalmólogo y qué se va a hacer con ella. Prepare esa intervención.
El enunciado pide explicar al claustro, así que el registro importa: frases cortas, ejemplos concretos y, sobre todo, terminar en indicaciones que cada docente pueda aplicar el lunes. Una intervención que se quede en teoría no habrá servido.
La frase que conviene dejar dicha en el claustro, porque es la que cambia la práctica: el número del oftalmólogo no nos dice qué hacer el lunes; la evaluación funcional, sí. Y su fundamento es que capacidad visual y funcionamiento visual son cosas distintas: la primera la fija la patología, la segunda depende del aprendizaje y mejora con entrenamiento.
Este es el punto central de la intervención. El resultado no es un número: es una lista de condiciones en las que esta alumna ve mejor. Merece la pena contrastarlo con un ejemplo:
Aquí está la función del PT, que es traducir el informe a práctica de aula. Un informe que se queda en el cajón del tutor no ha cambiado nada. Los acuerdos, concretos y verificables:
Conviene cerrar deshaciendo dos malentendidos que aparecen siempre en un claustro:
Que se avise de cualquier cambio: de aula, de mobiliario, de tipo de material o de horario. Y que se comunique lo que no funcione, porque la evaluación funcional no es un documento cerrado: se revisa, como obliga el art. 4.5 de la Orden EDU/849/2010.
Supuesto de familia: «no le hagas forzar la vista»
En la reunión de seguimiento, la familia de una alumna de 1.º de Primaria con baja visión moderada expone lo siguiente: que en casa le leen ellos los deberes «para que no se canse»; que le han quitado la tableta y limitan la lectura «para que no gaste vista»; que no quieren que use el atril ni la lupa en clase «porque los demás niños se van a reír»; y que prefieren que se siente al fondo «para que no se sienta distinta». La tutora está desconcertada. Prepare la respuesta a la familia y las decisiones que se derivan.
La tentación es contestar «eso está mal». No funciona, y además desaprovecha el caso. Lo que un tribunal valora es que se identifique qué hay detrás de cada petición —en las cuatro hay amor y miedo, no negligencia—, se dé la información técnica correcta y se cierre con acuerdos concretos.
Lo que hay detrás: ven que se cansa y quieren protegerla. La fatiga visual que observan es real, y conviene decírselo, porque valida su observación.
Lo que hay que corregir: la solución elegida le quita la práctica lectora justo cuando la está construyendo. A este ritmo, la brecha lectora crecerá cada curso y en tercero será atribuida a «falta de esfuerzo».
La alternativa: no eliminar la lectura, sino cambiar sus condiciones —contraste, atril, luz dirigida, tramos cortos con descansos— y repartir: una parte la lee ella, otra en audio, otra la leen juntos. La distinción clave que hay que trasladar: se reduce la cantidad, no el nivel.
Es la creencia central del caso y la que hay que desmontar con más claridad, porque de ella dependen las otras: la visión no se gasta por usarla. Usar el resto visual no lo deteriora; lo que impide desarrollarlo es no usarlo. Las patologías evolucionan por su cuenta, no por el uso.
Y hay que añadir la consecuencia positiva, que es la que convence: el funcionamiento visual mejora con entrenamiento —es la aportación de Barraga—, de modo que cuanto más y mejor use su visión, mejor la usará. Retirarle tareas visuales le está quitando entrenamiento.
Sobre la tableta en concreto: es, además, una de sus mejores ayudas. Permite ampliar, cambiar el contraste, usar polaridad inversa —letra clara sobre fondo oscuro, que alivia el deslumbramiento— y regular el brillo. Es una ayuda técnica, no un entretenimiento. Lo que sí procede acordar es el uso: para qué, cuánto rato y con qué configuración.
Lo que hay detrás es una preocupación legítima y bien fundada: las ayudas se ven, y a partir de cierta edad marcan. No conviene despacharla.
Lo que hay que corregir: retirar las ayudas no evita la diferencia, la agrava, porque lo que acabará viéndose es que no sigue el ritmo, que copia del compañero o que no termina. Y el atril, en particular, no es una ayuda óptica: es lo que le permite acercarse al papel sin destrozarse la espalda, que es su estrategia natural.
La alternativa: normalizar —material de este tipo disponible para quien lo quiera, presentación natural ante el grupo, sin ceremonia— y elegir ayudas discretas cuando sea posible: la tableta hace lo que la videolupa y no marca, porque es lo que llevan todos. Y un principio que hay que dejar dicho: una ayuda que la alumna no quiere usar no es una ayuda; se trabaja la aceptación, no se obliga.
Es la petición más fácil de contestar y la que hay que contestar con más firmeza. La ubicación de su mesa se decide por la luz y por la distancia, no por el orden de lista ni por discreción. Sentarla al fondo no la hace igual: la deja sin acceso, que es exactamente lo contrario de la inclusión.
Merece la pena formularlo así ante la familia: tratar igual a quien parte de una situación desigual no produce igualdad, produce exclusión. La inclusión no consiste en que nadie note nada: consiste en que pueda participar de verdad.
Conviene nombrarlo, con cuidado y sin reproche, porque es el riesgo número uno de este alumnado. Cada cosa que se le hace es una oportunidad de aprender que se le quita, y el efecto se acumula: llega a Secundaria con buena información y sin autonomía. Este mensaje se transmite mejor con una pregunta que con una advertencia: ¿qué hace hoy sola que hace seis meses le hacíamos?
Cierre que conviene tener preparado: los padres no están equivocados en lo que observan —se cansa, y las ayudas se ven—; están equivocados en la solución. Reconocer lo primero es lo que permite corregir lo segundo.
Pregunta corta
Diferencie agudeza visual y campo visual, y explique por qué hay que dar siempre los dos datos.
La agudeza es la capacidad de discriminar detalles; el campo, la porción de espacio que se percibe con la mirada quieta, medida en grados. Son independientes y producen alumnos opuestos: con retinosis pigmentaria puede haber agudeza excelente y campo de 10 grados —lee sin problema y choca con las sillas, así que su necesidad prioritaria es movilidad, no material ampliado—; en una maculopatía ocurre lo contrario. Decir «tiene un 0,2 de visión» sin decir el campo es no haber dicho casi nada. Y en el caso de pérdida de campo, ampliar el material lo empeora.
Pregunta corta
Enuncie los requisitos de afiliación a la ONCE.
Poseer la nacionalidad española y disponer, en ambos ojos, de al menos uno de estos dos requisitos: agudeza visual igual o inferior a 0,1 obtenida con la mejor corrección óptica posible, o campo visual reducido a 10 grados o menos. Dos precisiones: la exigencia es en ambos ojos —quien conserva un ojo sano no cumple el criterio, aunque tenga necesidades reales que la escuela debe atender igual—; y la afiliación exige un examen oftalmológico por un profesional autorizado por la entidad.
Pregunta corta
¿Es lo mismo «ceguera legal» que ceguera para la OMS?
No, y confundirlas es la fuente del malentendido más dañino en la escuela. La ceguera legal en España se sitúa en 0,1 de agudeza (equivalente a 6/60), que es el criterio de afiliación a la ONCE; la ceguera de la OMS en la CIE-11 empieza por debajo de 3/60. La española es, por tanto, más amplia: hay personas afiliadas a la ONCE que para la OMS tienen deficiencia grave y no ceguera, y que ven bastante. De ahí el error habitual de dar todo en braille a quien podía leer en tinta con apoyos.
Pregunta corta
Distinga capacidad visual y funcionamiento visual, y diga cuál decide la respuesta educativa.
La capacidad visual es lo que el ojo puede hacer y la determina la patología: la escuela no la modifica. El funcionamiento visual —o eficiencia visual— es cómo usa la persona la visión que tiene, y depende del aprendizaje, de la experiencia y de la motivación: eso sí se modifica. La respuesta educativa la decide el segundo, no el primero: dos alumnos con idéntico 0,1 pueden rendir de forma radicalmente distinta según hayan aprendido a mirar o no. Por eso no basta el informe oftalmológico y hace falta evaluación funcional de la visión.
Pregunta corta
Un padre le dice que su hija «no debe forzar la vista». ¿Qué le responde?
Que la visión no se gasta por usarla. Usar el resto visual no lo deteriora, y en cambio no usarlo sí impide desarrollarlo: las patologías evolucionan por su cuenta, no por el uso. Es más, el funcionamiento visual mejora con entrenamiento —la tesis de Barraga—, así que retirarle tareas visuales le está quitando entrenamiento. Dos correcciones prácticas se siguen de aquí: acercarse mucho al papel no es un vicio, es una estrategia —aumenta el tamaño de la imagen en la retina—, y por tanto no se corrige, se facilita con un atril.
Pregunta corta
¿Qué es el aprendizaje incidental y qué consecuencia pedagógica tiene?
Es todo lo que un niño aprende cada día sin que nadie se lo enseñe, por el simple hecho de estar presente y mirar: que la maestra ha fruncido el ceño, cómo se abre un armario, qué hace la gente cuando entra alguien. En el niño ciego no se produce. La consecuencia es la frase que resume el tema: lo que los demás aprenden por casualidad, a él hay que enseñárselo a propósito. Y explica que muchas lagunas que aparecen en Primaria no sean de capacidad ni de esfuerzo, sino huecos de experiencia que nadie ha rellenado.
Pregunta corta
Defina «verbalismo» y explique cómo se interviene.
Es el uso de palabras cuyo referente no se ha experimentado: palabras sin contenido detrás. Un alumno ciego puede hablar con soltura del arcoíris o de un rascacielos sin ninguna representación de ellos. No se interviene prohibiendo esas palabras —sería absurdo y empobrecedor—: se dotan de contenido con experiencia directa, analogías con lo que sí percibe y explicación explícita de lo inaccesible. Y la comprobación correcta no es pedirle que lo diga, sino que lo aplique o lo manipule, porque su buena memoria verbal enmascara lagunas conceptuales.
Pregunta corta
¿Qué son los blindismos y cómo se intervienen?
Son estereotipias frecuentes en personas ciegas —balanceo, presión sobre los ojos, movimientos repetitivos de manos o cabeza—, y su explicación más aceptada es la autoestimulación en contextos de baja actividad y escasa estimulación externa. No se corrigen prohibiéndolas: eso suprime la conducta y deja intacta la causa. Se interviene enriqueciendo el entorno y aumentando la actividad —aparecen sobre todo en los ratos muertos—, ofreciendo alternativas motrices y enseñando dónde resultan socialmente aceptables. Importan porque penalizan socialmente más que la propia ceguera.
Pregunta corta
¿Qué observó Fraiberg sobre la permanencia del objeto en el niño ciego?
Que llega más tarde —lo que deja de sonar y de tocarse ha desaparecido de verdad— y, sobre todo, que la permanencia del objeto social (la figura de apego) se adquiere antes que la del objeto físico. Documentó además que el retraso motor no afecta a los hitos posturales sino a los de desplazamiento, y que alcanza también a la motricidad fina. Traducción educativa: sonorizar los objetos, avisar cuando se retiran, dejar que los busque, y usar el propio cuerpo del adulto como primer objeto permanente.
Pregunta corta
¿Qué es la escala Leonhardt y qué la hace una referencia?
Es la Escala de desarrollo de niños ciegos de 0 a 2 años, elaborada por Mercè Leonhardt y editada por la ONCE en 1992, con revisión posterior. Evalúa control postural y motricidad, sentido auditivo, comunicación, sentido táctil, desarrollo cognitivo y hábitos. Lo que la hace referencia es que rechaza expresamente la comparación con niños videntes: no dice si el niño ciego va retrasado respecto de un vidente, sino cómo evoluciona según sus propias pautas. Es justo el criterio correcto, frente al error de aplicar pruebas baremadas con población vidente.
Pregunta corta
Describa la estructura de atención educativa de la ONCE.
Los Equipos Específicos de Atención Educativa a personas con discapacidad visual son los que actúan en el terreno: asesoran al centro, intervienen con el alumno y aportan material. Su composición es multiprofesional —maestros, técnicos de rehabilitación, psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales e instructores de tiflotecnología—. Dependen estructuralmente de los cinco Centros de Recursos Educativos (CRE): Alicante, Barcelona, Madrid, Pontevedra y Sevilla. Actúan por convenio entre la ONCE y todas las Administraciones educativas autonómicas. Y el matiz que evita idealizarlo: atienden por zonas y con periodicidad, así que lo que enseñan un día lo sostiene el centro los demás.
Pregunta corta
Enumere las variables que se manejan en el aula para aprovechar el resto visual y diga cuál es la más rentable.
Iluminación, contraste, tamaño, distancia y tiempo —más una condición: el orden visual—. La más rentable y la peor aprovechada es el contraste: negro sobre blanco mate, pauta gruesa, nada de fotocopias grises ni de texto sobre fotografía; el tiposcopio resuelve a la vez contraste, deslumbramiento y pérdida de línea. El tamaño, en cambio, está sobrevalorado y tiene coste: a más aumento, menos campo y menos distancia de trabajo, y ampliar un original malo solo da una mancha más grande. Regla: antes de ampliar, mejorar el contraste y limpiar el original. Y ojo con la iluminación: en fotofobia —frecuente en el albinismo— hace falta menos luz y filtros, no más.