
Consejo del día
Mide tu estudio por temas dominados, no por horas sentado. La silla no aprueba; el repaso sí.

Consejo del día
Mide tu estudio por temas dominados, no por horas sentado. La silla no aprueba; el repaso sí.
Prácticos · Tema 17
Pulsa “Ver solución” en cada pregunta para desplegar el guion de respuesta. Intenta redactar primero tu propia respuesta. Leer el tema desarrollado →
Supuestos de entrenamiento, de elaboración propia, escritos con el formato y la extensión del examen real. Los enunciados oficiales, transcritos de las convocatorias de cada comunidad, están en los exámenes de Pedagogía Terapéutica.
Supuesto de aula: alumna ciega en Primaria
Sara cursa 3.º de Primaria en un centro ordinario. Ceguera total congénita. Lee y escribe en braille con máquina Perkins, con un nivel de competencia curricular equivalente al de su grupo salvo en Matemáticas, donde presenta dificultades en geometría y en el cálculo escrito. El centro cuenta con la intervención del equipo específico de la ONCE dos veces al mes. El equipo docente refiere que «no saben cómo darle las fichas» y que en las últimas evaluaciones se le han entregado los exámenes en tinta para que se los leyera la maestra de PT. Elabore la respuesta educativa.
Un tribunal espera este orden y penaliza invertirlo: primero acceso, después metodología, y solo al final currículo. Y espera además que se detecte lo que el enunciado deja caer: el examen leído por la maestra de PT es una mala práctica, no una adaptación. Empezar por ahí demuestra criterio.
Sara no tiene menos capacidad de aprender: tiene menos información disponible y la recibe por otra vía. Por tanto las adaptaciones son de acceso, y no procede ninguna significativa —su competencia es equivalente a la del grupo—. Las dificultades en Matemáticas hay que analizarlas antes de calificarlas de desfase: en geometría y en cálculo escrito son exactamente las esperables por el canal, no por capacidad.
a) Al espacio. Ubicación cerca de la puerta y con recorrido despejado; mesa amplia, porque la Perkins y los volúmenes en braille ocupan mucho —un libro en braille son varios tomos—; sitio fijo y accesible para su material, al que pueda llegar sola; enchufe cerca; orden estable del aula y aviso de cualquier cambio.
b) Al material. Transcripción a braille del material escrito, relieve para lo gráfico, maquetas y objetos reales para lo tridimensional, y versión digital accesible cuando proceda. Con la regla que resuelve la queja del equipo docente: el material adaptado se entrega a la vez que el ordinario.
c) A la información oral y visual del aula. Es gratis y es lo que más rinde: verbalizar todo lo que se escribe o se proyecta —la regla espejo de la discapacidad auditiva: aquí todo lo visual se duplica en verbal—; desterrar el lenguaje deíctico («esto de aquí» no significa nada para ella), lo que beneficia a todo el grupo; nombrar a quien habla; y anticipar vocabulario y contenido.
d) Al tiempo. La lectura braille es más lenta y estrictamente secuencial —no hay vistazo a una página—. Por tanto: tiempo adicional y reducción de cantidad, no de nivel. Y algo que casi nadie escribe: hay que enseñarle explícitamente a localizar información en un texto, destreza que el vidente resuelve mirando.
Esta frase es el núcleo del supuesto y hay que tratarla como un problema de organización, no de recursos. La respuesta:
Aquí está la parte técnica del supuesto.
Que la maestra de PT le lea el examen en tinta es un error por tres motivos, y enumerarlos es lo que puntúa: elimina su autonomía, introduce un intermediario que puede sesgar sin querer con la entonación o el ritmo, y no evalúa lo mismo que a sus compañeros, porque escuchar y leer no son la misma tarea cognitiva. Lo correcto:
Además del currículo ordinario, Sara necesita braille, orientación y movilidad, habilidades de la vida diaria, tiflotecnología y habilidades sociales explícitas. Tiene respaldo expreso en el art. 24.3.a) de la Convención de la ONU, ratificada por España en 2008.
El reparto: el equipo específico aporta braille, movilidad, vida diaria, tiflotecnología y material adaptado; el PT adapta materiales con antelación, apoya el currículo en lo que depende de representación visual, enseña estrategias, coordina y asesora; el tutor coordina al equipo docente —art. 13.2 del RD 157/2022— y responde del clima del grupo; y cada docente de área aplica en su materia lo acordado, que no es delegable.
Y la advertencia sobre los tiempos: el equipo específico va dos veces al mes. Por tanto, lo que ellos enseñan un día lo tiene que sostener el centro los demás. Un plan que dependa de sus visitas está mal diseñado.
Ninguna adaptación significativa, ningún apoyo sistemático fuera del aula —el art. 7.4 de la Orden EDU/849/2010, referencia estatal del ámbito de gestión del Ministerio —Ceuta y Melilla—, ordena aplicar los apoyos «preferentemente dentro del grupo de clase»— y ninguna reducción de objetivos en Matemáticas: lo que hay que cambiar son los instrumentos, no las metas.
Adapte una sesión de Matemáticas sin sacar al alumno del grupo
4.º de Primaria. Sesión de Matemáticas sobre clasificación de cuadriláteros y cálculo de perímetros. La actividad prevista consiste en: (1) proyección de una lámina con distintos cuadriláteros para identificarlos; (2) ficha individual en la que hay que unir cada figura con su nombre y colorear los paralelogramos; (3) medición con regla de las figuras de la ficha y cálculo del perímetro; y (4) puesta en común en la pizarra. En el aula hay un alumno con ceguera total, lector de braille. Adapte la sesión.
La respuesta mediocre adapta la ficha y deja la sesión igual. La buena hace dos cosas: identifica qué es lo esencial del aprendizaje —clasificar cuadriláteros por sus propiedades y calcular perímetros— y comprueba que ninguna de las cuatro actividades, tal como están, permite alcanzarlo por vía táctil. Y luego rediseña de forma que el alumno haga lo mismo que el grupo, no algo paralelo.
Con un criterio explícito: entre dos soluciones equivalentes se elige la menos segregadora, y siempre que se pueda, lo que resuelve al alumno ciego se ofrece a todo el grupo, que es DUA puro.
(1) Identificación de cuadriláteros → material manipulativo para todos. Se sustituye la proyección como única fuente por un juego de figuras en volumen o en relieve sobre la mesa: el alumno ciego con las suyas, y el resto del grupo también, porque manipular mejora el aprendizaje de todos. La proyección se mantiene, pero se acompaña de descripción verbal sistemática: «este cuadrilátero tiene los cuatro lados iguales y los cuatro ángulos rectos», y no «este de aquí».
(2) Unir y colorear → clasificar y justificar. Se cambia el formato conservando el objetivo:
(3) Medir y calcular perímetros → instrumento adaptado y método.
(4) Puesta en común → verbalización obligatoria. El docente dice en voz alta todo lo que escribe en la pizarra; se pide a los compañeros que describan sus figuras al presentarlas, lo que obliga a todos a usar vocabulario geométrico preciso y beneficia al grupo entero; y el alumno ciego interviene en igualdad, con sus figuras delante.
Es la parte que separa una respuesta teórica de una aplicable:
Los criterios de evaluación son los mismos: reconocer y clasificar cuadriláteros y calcular perímetros. Lo que cambia es el instrumento —manipulación y explicación oral o en braille en lugar de ficha gráfica—, con la cobertura del art. 14.6 del RD 157/2022. No hay adaptación significativa en toda la sesión, y conviene decirlo explícitamente al final: es la conclusión que el tribunal quiere leer.
Supuesto organizativo: el material que siempre llega tarde
Centro de Primaria con un alumno de 5.º con ceguera total, lector de braille, escolarizado allí desde Infantil. En la reunión de seguimiento, la familia expone que su hijo recibe los materiales adaptados «con dos o tres semanas de retraso», que en muchas unidades el libro adaptado llega cuando el tema ya ha terminado, y que en las últimas semanas ha empezado a decir que «para qué va a ir a clase si no tiene nada que hacer». El equipo docente responde que ellos van dando lo que pueden y que no siempre saben con antelación qué van a trabajar. Analice la situación y proponga la solución.
La clave del supuesto está en no aceptar la explicación del equipo docente ni buscar la solución en más material. En esta discapacidad, la adaptación casi nunca falla por falta de recursos: falla por falta de antelación. Y la frase del alumno —«para qué voy a ir a clase»— no es una queja adolescente: es la consecuencia previsible de dos cursos recibiendo el material tarde, y hay que tratarla como el dato más grave del enunciado.
Hay que decirla sin rodeos porque es incómoda y es la verdadera: transcribir a braille, elaborar un relieve o conseguir un libro adaptado lleva días o semanas. Eso obliga al equipo docente a decidir con antelación qué va a dar, y esa es la parte que el centro no está haciendo. «No siempre sabemos con antelación qué vamos a trabajar» no es una circunstancia inevitable: es una forma de programar que deja fuera a este alumno.
Conviene enunciarlo como principio: la antelación no es una exigencia burocrática, es la condición material para que el alumno esté dentro.
El protocolo arregla el futuro; queda reparar el presente:
Reconocer el problema sin defensividad —tienen razón—, comprometer el protocolo con fechas, y fijar una revisión con fecha cerrada con un indicador objetivo y no discutible: ¿recibe el material a la vez que los demás? Si la respuesta sigue siendo no, el protocolo no funciona, por mucho que se haya aprobado.
Plan de acogida: llega en septiembre un alumno ciego
En junio, la dirección del centro comunica que en septiembre se incorporará a 1.º de Primaria un alumno con ceguera total procedente de otra localidad, lector iniciado en braille, que viene con informe del equipo específico de la ONCE de su zona. La jefa de estudios le pide, como maestro de Pedagogía Terapéutica, un plan de acogida con lo que hay que tener preparado antes del inicio de curso. Elabórelo.
Lo que se evalúa aquí no es saber qué es la ceguera: es saber qué hay que tener hecho antes de que el alumno cruce la puerta. Por eso la respuesta debe ser un plan con tareas, responsables y momentos, no una descripción. Y conviene abrirlo con la razón de fondo: en esta discapacidad, lo que no está preparado en septiembre no se resuelve en octubre, porque adaptar lleva semanas.
Un plan de acogida que no incluya solicitar los libros en junio y acordar el protocolo de anticipación está incompleto por muy detallado que sea el resto: son las dos únicas cosas que, si no se hacen ahora, no tienen arreglo en septiembre.
Educación Física: el alumno que se queda con el silbato
Un maestro de Educación Física plantea que en su grupo de 4.º de Primaria hay un alumno con ceguera total y que, por seguridad, lo tiene como ayudante: toca el silbato, cuenta los puntos y avisa de los cambios de actividad. Añade que el alumno «está encantado» y que la familia no ha puesto ninguna pega. Analice la situación y proponga una alternativa concreta para una sesión de juegos de invasión.
El maestro no actúa de mala fe y eso conviene reconocerlo, porque si la respuesta suena a reproche no cambiará nada. Pero hay que desmontar sus dos argumentos —la seguridad y que el alumno «está encantado»— y sostener una alternativa concreta. Un supuesto así no se aprueba con principios: se aprueba con una sesión.
Antes de la sesión:
Durante la sesión:
Y la propuesta que cambia el marco: introducir el goalball —deporte específico de personas ciegas, que se juega con balón sonoro y antifaz— como contenido para todo el grupo. El efecto es doble y hay que explicarlo: es un contenido curricular legítimo, y por una vez el alumno ciego juega en igualdad o con ventaja, lo que hace por su posición en el grupo más que diez sesiones de sensibilización. La condición es que se presente como un deporte más, no como «el juego de él».
Este apartado importa, porque el supuesto se resuelve en una conversación:
Inicio del braille: diseñe el plan de lectoescritura
Aroa comienza 1.º de Primaria. Ceguera total congénita, escolarizada desde los 3 años en el mismo centro. Ha trabajado prerrequisitos con el equipo específico y su nivel de lenguaje oral es bueno. El equipo docente plantea dos dudas: si conviene esperar «a que madure un poco» antes de iniciar el braille, dado que el proceso es más lento, y si tiene sentido que aprenda braille «ahora que existen los lectores de pantalla». Conteste a ambas y diseñe el plan de lectoescritura.
La lectoescritura braille se inicia a la vez que la de sus compañeros, y hay tres razones para decirlo con rotundidad:
Lo que sí procede es comprobar los prerrequisitos antes de arrancar, y saber enumerarlos: tacto activo —la mano que explora con método, que no es espontánea y se enseña—, discriminación táctil fina y de puntos y su posición relativa, destreza y coordinación bimanual, seguimiento de líneas en relieve sin perderse, conceptos espaciales básicos —arriba, abajo, derecha, izquierda—, conciencia fonológica y motivación por lo escrito.
Es la confusión más extendida hoy y conviene contestarla con una frase clara: escuchar no es leer.
Y el respaldo normativo, que zanja la discusión: el art. 24.3.a) de la Convención de la ONU, derecho interno desde 2008, obliga a «facilitar el aprendizaje del Braille, la escritura alternativa... y habilidades de orientación y de movilidad». No es una opción metodológica del centro.
Marco: el método Braitico de la ONCE, cuyo módulo para esta edad es Brailleo (4-5 a 7-8 años), enseñanza de la lectoescritura propiamente dicha; el siguiente será Superbraille 4.0 (7-8 a 12-13), de eficacia lectoescritora. Que el método arranque en el nacimiento —módulo Manitas, 0-2— confirma que esto empieza mucho antes de 1.º.
La escritura: desde el primer momento con máquina Perkins, y hay que saber por qué. La Perkins tiene nueve teclas —seis, una por punto del cajetín, más espaciador, retroceso y cambio de línea— y se escribe en el mismo sentido en que se lee. La pauta y el punzón, en cambio, obligan a escribir de derecha a izquierda y en espejo, porque el relieve se forma en la cara opuesta, y hay que dar la vuelta al papel para leer. Para una principiante esa carga cognitiva es enorme y rompe la asociación lectura-escritura. Por eso hoy se empieza por la máquina. La pauta llegará después, por lo que es buena: portátil, barata y silenciosa, para anotar y etiquetar.
La lectura: técnica correcta desde el principio —las dos manos, con los índices, movimiento suave y continuo—, porque corregir vicios adquiridos —leer con un dedo, «rascar» el punto, retroceder constantemente— es mucho más difícil que enseñarlos bien. Progresión de discriminación y reconocimiento, después palabras y frases, y desde muy pronto textos con sentido, no solo ejercicios.
Fluidez y comprensión: es donde más se abandona. Aprender el código no es leer; hace falta trabajo sistemático de velocidad y de comprensión, y enseñanza explícita de cómo localizar información en un texto, porque el braille es estrictamente secuencial y no permite el vistazo.
Este apartado es el que suele faltar y el que más se nota:
La enseñanza específica del braille corresponde al equipo específico; el PT refuerza, adapta materiales, prepara el entorno y coordina; la tutora integra la lectoescritura en el área de Lengua y responde del clima del grupo. Seguimiento con indicadores concretos —técnica de lectura, velocidad, comprensión, autonomía en la Perkins, uso espontáneo del braille— y revisión periódica conforme al art. 4.5 de la Orden EDU/849/2010.
Cuidado con el material: doblar, mojar o apilar mal un documento braille lo destruye. Es un detalle práctico pequeño que conviene incluir, porque revela experiencia real.
Análisis crítico de una prueba escrita
Se le presenta la prueba de evaluación de Ciencias Sociales de 5.º de Primaria que el equipo docente pretende aplicar a un alumno con ceguera total. Contiene: (1) «Observa el mapa y señala las comunidades autónomas del norte»; (2) «Une con flechas cada río con su vertiente»; (3) «Colorea de azul los mares que rodean la Península»; (4) un texto de doce líneas con tres preguntas de comprensión; (5) «Fíjate en la gráfica de barras y di qué comunidad tiene más población»; y (6) una pregunta de desarrollo sobre el relieve peninsular. La prueba se entregará en braille, transcrita el día anterior, con el mismo tiempo que al resto. Identifique los problemas y proponga la prueba adaptada.
La clave del supuesto está en detectar que el centro ha hecho lo más costoso —transcribir— y ha omitido lo esencial: revisar si los ítems miden aprendizaje o miden visión. Una prueba en braille con ítems visuales sigue siendo inaccesible, solo que ahora en relieve. Y el criterio que hay que aplicar ítem por ítem es uno: ¿este ítem evalúa el contenido o evalúa el acceso? Si evalúa el acceso, invalida la prueba.
Problema: exige lectura de un mapa que no existe en su formato, y «señalar» es una respuesta gráfica.
Adaptación: mapa en relieve, preparado con antelación y —esto es lo que puntúa— simplificado: un mapa táctil con toda la información del visual es ilegible. Aquí, solo los límites autonómicos, con leyenda en braille y orientación fija. Y la respuesta se da enumerando por escrito, no señalando. Alternativa igual de válida: reformular a «enumera las comunidades autónomas que tienen costa en el mar Cantábrico», que evalúa exactamente el mismo conocimiento sin depender del soporte gráfico.
Y una advertencia previa imprescindible: si se le da un mapa en relieve, tiene que haber trabajado antes con mapas en relieve. Leer un plano táctil no es intuitivo y se enseña. Estrenarlo en un examen es garantizar el fracaso.
Problema: es una tarea gráfica pura. En braille no hay flechas.
Adaptación: reformular a emparejamiento por escrito —«escribe al lado de cada río su vertiente»—, o a una tarea de clasificación. El contenido evaluado es idéntico; solo cambia el formato de respuesta.
Problema: doblemente inválido. Es gráfico y, además, el color no es evaluable en un alumno ciego.
Adaptación: eliminar o sustituir por «nombra los mares que rodean la Península y di dónde está cada uno». Y conviene añadir la observación de fondo: colorear nunca fue el aprendizaje, fue el formato. Este ítem demuestra que buena parte de lo que se evalúa por costumbre no evalúa nada.
Es el único ítem correcto de la prueba, y conviene decirlo —un análisis crítico que no reconoce lo que está bien pierde credibilidad—. Solo requiere el ajuste general de tiempo.
Problema: inaccesible.
Adaptación: se puede dar en relieve, pero aquí lo mejor es una tabla de datos en braille, y saber decirlo es un detalle de criterio: para extraer un dato preciso —qué comunidad tiene más población— la tabla es más eficaz que el relieve. El relieve sirve para captar tendencias y formas; la tabla, para leer valores. Elegir según lo que se evalúa, y no por automatismo, es lo que distingue.
Correcto en su formulación, con dos ajustes: tiempo —escribir en braille o en teclado es más lento— y posibilidad de respuesta oral o grabada si es su forma habitual de trabajo.
Y la conclusión que el tribunal quiere leer, escrita explícitamente: ninguna de estas adaptaciones es significativa. Son de acceso, evalúan los mismos criterios y no alteran ni la calificación ni la promoción.
Baja visión en 6.º: el alumno que rechaza sus ayudas
Iván cursa 6.º de Primaria. Baja visión por atrofia óptica, agudeza 0,15, patología estable. Dispone de atril, lupa con soporte, tableta con cámara y textos en macrotipo. Desde principio de curso ha dejado de usar el atril y la lupa en clase, guarda la tableta y pide a los compañeros que le digan lo que pone en la pizarra. Sus calificaciones han bajado y ha empezado a decir que «no necesita nada especial». El curso que viene pasa a Secundaria. Analice y proponga la intervención.
El error sería tratarlo como incumplimiento y «exigir que use las ayudas». En la preadolescencia, el rechazo a lo que se ve es un fenómeno esperable y comprensible, y hay un principio que conviene enunciar de entrada: una ayuda que el alumno no quiere usar no es una ayuda. Pero conviene además no romantizarlo: hay causas técnicas que también hay que descartar.
Antes de hablar de aceptación, comprobar cuatro cosas —y este orden puntúa, porque casi todo el mundo va directo a lo emocional:
a) Con él, que es lo principal. A esta edad la intervención se hace con el alumno, no sobre él:
b) Con el grupo y el equipo docente.
c) Con la familia: explicar que el rechazo es esperable, evitar el enfrentamiento en casa por el uso de las ayudas —convertirlo en conflicto lo consolida— y mantener la coherencia en lo que sí se ha acordado.
Este apartado es el que muchos olvidan y aquí es lo más importante, porque el enunciado lo pone expresamente:
Ciegos con discapacidades asociadas: cuándo sí procede la significativa
Nahia tiene 8 años y está escolarizada en un aula de educación especial de un centro ordinario. Presenta ceguera total por retinopatía de la prematuridad —nació con 26 semanas—, discapacidad intelectual y una alteración motora que le permite caminar con apoyo. No ha adquirido lectoescritura y su comunicación es funcional mediante palabras sueltas y gestos. La familia pregunta cuándo va a empezar con el braille. Elabore la respuesta educativa y conteste a la familia.
Todo el tema 17 se construye sobre un principio —la respuesta es de acceso porque la capacidad de aprender está intacta— y este supuesto es precisamente la excepción. Saber ver eso, y saber decir por qué, es lo que se evalúa. Y el enunciado da la pista: 26 semanas. La retinopatía de la prematuridad es la causa más habitual de ceguera infantil en países desarrollados y se asocia con frecuencia a otras secuelas; aquí el alumno rara vez presenta «solo» discapacidad visual.
Hay que contestar con honestidad y sin cerrar puertas, y esto es lo delicado del supuesto:
Merece un apartado propio porque es lo que un tribunal valora en pluridiscapacidad: el riesgo de infravalorar. Cuando concurren ceguera y discapacidad intelectual es fácil atribuir a la segunda lo que es consecuencia de la primera —o al revés—, y bajar las expectativas de todo. Dos reglas:
Equipo específico de la ONCE —valoración funcional, aunque haya ceguera total conviene comprobar si hay percepción de luz, porque incluso eso sirve para orientarse—, orientación, fisioterapia, Audición y Lenguaje, PT y familia, con un plan único y compartido: en pluridiscapacidad el riesgo mayor es que cada profesional trabaje su parcela y nadie tenga la vista del conjunto.
Organice el uso de la tiflotecnología en el centro
El equipo específico ha dotado a un alumno de 5.º de Primaria con ceguera total de un ordenador con revisor de pantalla y línea braille, y ha impartido formación inicial al alumno. Tres meses después, el alumno apenas lo usa: dice que «va más rápido con la Perkins», el profesorado no sabe qué hacer con los archivos que genera, en el aula de informática no está instalado el revisor, y la plataforma digital que usa el centro no se maneja con teclado. La jefa de estudios le pide un plan. Elabórelo.
El enunciado describe una situación muy común: se entrega tecnología y se da por resuelto el acceso. Lo que se evalúa es detectar que una ayuda entregada no es una ayuda implantada, y que aquí han fallado el entorno, la formación continuada y la accesibilidad de los recursos del centro. Conviene abrirlo así.
Aprender a manejar un revisor de pantalla no se hace en unas sesiones: implica memorizar decenas de comandos, navegar sin ratón, gestionar archivos y moverse por documentos y web solo con el teclado. Y hay una fase intermedia inevitable que hay que nombrar, porque es exactamente donde está el alumno: al principio va MÁS LENTO que con sus herramientas de siempre. Si nadie lo acompaña en ese valle, abandona.
Plan: formación continuada con el equipo específico, con objetivos por trimestre; práctica diaria breve dentro de tareas reales, no en sesiones aisladas; y —clave— mecanografía al tacto si no la domina, que es la puerta de entrada a todo lo demás.
Hay que darle la razón en el dato y discutirle la conclusión, y esto es lo que mejor puntúa del supuesto:
Es un problema de procedimiento, no de tecnología, y se resuelve en una reunión:
Es el más grave, porque anula todo lo demás, y es responsabilidad del centro:
Merece un apartado propio porque suele considerarse prescindible frente a la voz, y no lo es. La voz sirve para comprender, pero la ortografía, la puntuación y las fórmulas se aprenden leyendo. Un alumno que solo usa síntesis de voz tiende a arrastrar problemas ortográficos que después nadie sabe explicar. Por eso la línea braille debe usarse para leer con detalle —revisar lo que uno ha escrito, trabajar un texto, una fórmula— y la voz para lo demás. Es la misma idea que sostiene todo el tema: escuchar no es leer.
Y para el trabajo científico, conviene nombrar EDICO, el editor científico de la ONCE: permite editar matemáticas, física y química con editor lineal, vista gráfica —que muestra la fórmula tal como la ve un vidente— y vista braille de la línea en curso. Es decir, alumno y profesor trabajan sobre la misma fórmula, cada uno en su código.
Con indicadores observables y no impresiones: qué tareas hace ya con el ordenador, cuánto tarda comparado con hace un trimestre, si gestiona sus archivos solo, si accede a los materiales sin ayuda y si lo usa por iniciativa propia. Ese último es el que de verdad informa.
Pregunta corta
¿Qué tipo de adaptaciones predominan en el alumnado con discapacidad visual y por qué?
Las DE ACCESO, no las significativas. La discapacidad visual no afecta a la capacidad de aprender, afecta a la cantidad y al tipo de información disponible: por tanto la adaptación restituye la información, no rebaja lo que se espera. La regla operativa: ante cualquier contenido, la pregunta no es «¿podrá con esto?» sino «¿por qué vía le llega esto completo y a tiempo?». Quien propone de entrada una significativa confunde barrera con déficit.
Pregunta corta
¿En qué orden se adoptan las medidas y dónde está escrito?
DUA → acceso → metodológicas no significativas → significativas. El art. 7.7 de la Orden EDU/849/2010 ordena aplicarlas «desde las más generales a las más extraordinarias», y el art. 7.4 añade que se aplicarán «preferentemente dentro del grupo de clase». El art. 5.4 del RD 157/2022 manda que las medidas organizativas, metodológicas y curriculares «se regirán por los principios del Diseño Universal para el Aprendizaje», y el art. 16.5 enumera los mecanismos empezando por «el apoyo en el grupo ordinario». Un tribunal penaliza invertir el orden: proponer la significativa sin haber resuelto el acceso delata que no se entiende la lógica del sistema.
Pregunta corta
Describa el cajetín braille.
Seis puntos en dos columnas de tres: 1-2-3 en la izquierda de arriba abajo y 4-5-6 en la derecha. Es el signo generador, y sus combinaciones dan 63 signos; la 64.ª posibilidad —el cajetín vacío— funciona como espacio. Como 63 no bastan para alfabeto, números, mayúsculas, puntuación y símbolos científicos, el sistema usa signos previos o prefijos (de número, de mayúscula) que modifican lo que viene detrás. De ahí que un carácter en tinta no equivalga siempre a un cajetín y que un texto braille ocupe mucho más —los varios volúmenes de un libro—.
Pregunta corta
Diferencie la pauta y el punzón de la máquina Perkins.
En la pauta el relieve se forma en la cara opuesta del papel, así que se escribe de derecha a izquierda y en espejo, y para leer hay que dar la vuelta a la hoja. La Perkins tiene nueve teclas —seis, una por punto del cajetín, que se pulsan a la vez, más espaciador, retroceso y cambio de línea— y se escribe en el mismo sentido en que se lee, con más velocidad y mejor calidad del punto. Por eso hoy se enseña a escribir desde el primer momento con la Perkins: facilita la asociación lectura-escritura, que el espejo de la pauta rompe. La pauta no se abandona: es portátil, barata y silenciosa, y sirve para anotar y etiquetar.
Pregunta corta
¿Qué es Braitico y cuáles son sus módulos?
Es el método de la ONCE para la alfabetización y la competencia lectoescritora braille, y recorre el proceso desde el nacimiento hasta la madurez lectora en cuatro módulos: Manitas (0-2 años, habilidades previas al braille), A punto (2 a 4-5, prelectura y preescritura), Brailleo (4-5 a 7-8, la lectoescritura propiamente dicha) y Superbraille 4.0 (7-8 a 12-13, eficacia lectoescritora). Que arranque en el nacimiento confirma la prioridad de la atención temprana, y demuestra que el braille no se aprende «después» de la lectura: es la lectura, por el canal táctil.
Pregunta corta
¿Quién fija en España las normas del braille?
La Comisión Braille Española (CBE), órgano de la ONCE que ostenta en España la máxima autoridad para fijar las normas de uso y desarrollo del sistema. Establece los criterios de transcripción, las normas de elaboración de material en relieve —mapas, planos, señales, pictogramas— y su Pleno aprueba las signografías oficiales de uso en España. En signografía matemática, la referencia es el Código Matemático Unificado, aprobado para la lengua castellana en Montevideo, junio de 1987, y renovado en 2023 por el Consejo Iberoamericano del Braille con un código unificado para Iberoamérica.
Pregunta corta
Diferencie el horno fúser del thermoform.
HORNO FÚSER con PAPEL MICROCÁPSULA: el papel es fototermosensible; se dibuja sobre él con rotulador o se imprime o fotocopia en tinta, y al pasar por el horno las zonas entintadas reaccionan al calor y adquieren relieve. Su virtud es la rapidez: es el recurso para adaptar algo hoy. THERMOFORM: reproduce en relieve a partir de una matriz —papel, cartón, metal o madera— obteniendo copias en lámina de plástico; alcanza temperaturas altas, así que la matriz debe resistir el calor. Sirve para producir varias copias resistentes del mismo material.
Pregunta corta
Enumere los criterios de un buen material en relieve.
Simplificar sin falsear —lo que sobra estorba más que lo que falta; un relieve saturado es ilegible—; contrastar texturas y no más de tres o cuatro por lámina; tamaño suficiente, porque el dedo tiene menos resolución que el ojo y un detalle que se ve no siempre se toca; leyenda en braille y orientación fija conocida por el alumno. Y el criterio decisivo: hay que comprobarlo tocándolo, con los ojos cerrados, antes de dárselo — un relieve que se entiende mirándolo puede ser incomprensible al tacto. Añádase que leer un plano táctil no es intuitivo: se enseña, empezando por el espacio conocido.
Pregunta corta
¿La tecnología hace innecesario el braille?
No, y confundirlo es hoy el error más extendido: escuchar no es leer. La síntesis de voz da acceso a la información, pero la ortografía, la puntuación, la estructura del texto y las fórmulas se aprenden LEYENDO; quien solo usa voz arrastra problemas ortográficos que nadie sabe explicar. Por eso la línea braille no es prescindible: es la que permite leer con detalle, revisar lo escrito y trabajar una fórmula. La respuesta correcta son las dos cosas, cada una para su tarea. Y hay respaldo normativo: el art. 24.3.a) de la Convención de la ONU obliga a «facilitar el aprendizaje del Braille».
Pregunta corta
¿Qué ítems de una prueba escrita hay que eliminar o sustituir siempre?
Los que evalúan visión y no contenido: «observa la imagen y…», «une con flechas», «colorea», «señala en el mapa mudo». No miden el aprendizaje: miden el acceso, y mantenerlos invalida la prueba. Se sustituyen conservando el objetivo —enumerar en vez de señalar, emparejar por escrito en vez de unir con flechas, marcar con textura en vez de colorear—. Y el resto del ajuste: prueba en su formato y a la vez que los demás, tiempo adicional, formato de respuesta a su elección e instrucciones completas por escrito. Cobertura: arts. 14.6 y 16.6 del RD 157/2022. Nada de esto es una adaptación significativa.
Pregunta corta
¿Por qué falla el cálculo escrito en columna y cómo se resuelve?
Porque la escritura braille es lineal: no se pueden alinear cifras verticalmente ni «bajar la llevada» como en tinta. No es un problema del alumno, es estructural del código. Se resuelve con la caja de aritmética en los primeros cursos —piezas encajadas en una cuadrícula, que devuelve la alineación vertical—, con el ábaco, con el cálculo mental —muy desarrollado en este alumnado y que conviene explotar— y con la máquina Perkins conforme avanza la etapa. Y para el trabajo científico posterior, EDICO, el editor científico de la ONCE.
Pregunta corta
¿Qué hace accesible o inaccesible un centro para un alumno ciego?
Recorridos despejados y estables, sillas metidas, mochilas recogidas y puertas abiertas o cerradas, nunca entreabiertas —el canto queda a la altura de la cara y el bastón no lo detecta—; señalización de contraste en escalones y aristas; señalización táctil y en braille; atención a los obstáculos volados a la altura de la cabeza, que el bastón tampoco detecta; aviso de cualquier cambio; y protocolo de evacuación con responsable asignado. La frase que lo resume: la accesibilidad de un centro se destruye con una silla mal puesta — no se arregla con una obra, sino con una rutina compartida por todo el claustro.