Tema 71 · Administración de Empresas
La balanza de pagos, el arancel de aduanas y las consecuencias aduaneras de la Unión Europea
Epígrafe oficial: La Balanza de Pagos. La Balanza Comercial. La Balanza de Servicios y de Transferencias. La Balanza de Pagos y la reserva de divisas. El Arancel de aduanas. Las consecuencias aduaneras de la Comunidad Europea.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. La balanza de pagos: concepto y estructura
- 3. La cuenta corriente: comercial, servicios, rentas y transferencias
- 4. Cuenta de capital, cuenta financiera y reservas de divisas
- 5. El comercio internacional y el arancel de aduanas
- 6. Las consecuencias aduaneras de la Unión Europea
- 7. Conclusiones
- 8. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
El tema anterior estudió las grandes magnitudes de una economía nacional; entre los componentes del PIB figuraba el saldo exterior (X − M). Este tema profundiza en las relaciones económicas con el exterior, que ninguna economía moderna puede ignorar en un mundo globalizado.
El instrumento que registra esas relaciones es la balanza de pagos. Estudiaremos su estructura —la balanza comercial, la de servicios, la de rentas y la de transferencias—, su relación con las reservas de divisas, el papel del arancel de aduanas como instrumento del comercio internacional y las consecuencias aduaneras de la pertenencia de España a la Unión Europea.
1. Relación con el currículo
El sector exterior es contenido de la materia de Economía de Bachillerato y de módulos como «Gestión administrativa del comercio internacional» y del entorno económico de la familia de Administración y Gestión y de Comercio y Marketing. Desarrolla la competencia de interpretar la balanza de pagos y de gestionar las operaciones de comercio exterior.
Por su vertiente cuantitativa y aplicada, se presta al análisis de datos reales del Banco de España, al cálculo de saldos y a la simulación de operaciones de importación y exportación con su tramitación aduanera. Enlaza con las magnitudes nacionales (tema 70), con el mercado de divisas y con la Unión Europea.
2. La balanza de pagos: concepto y estructura
La balanza de pagos es el registro sistemático de todas las transacciones económicas realizadas entre los residentes de un país y el resto del mundo durante un período (normalmente un año). La elabora, en España, el Banco de España, siguiendo la metodología del Fondo Monetario Internacional. Se registra por el método de la partida doble: cada operación se anota dos veces (un ingreso y un pago), de modo que, contablemente, la balanza de pagos siempre está equilibrada; lo que puede haber es superávit o déficit en cada una de sus sub-balanzas.
La balanza de pagos se estructura en tres grandes cuentas:
- Cuenta corriente: registra los intercambios de bienes, servicios, rentas y transferencias corrientes. Es la más importante para valorar la competitividad de una economía.
- Cuenta de capital: recoge las transferencias de capital (por ejemplo, los fondos estructurales de la UE) y la adquisición de activos no financieros no producidos.
- Cuenta financiera: registra los movimientos de capitales (inversiones, préstamos) y la variación de las reservas. Refleja cómo se financian los saldos de las cuentas anteriores.
Los ingresos (exportaciones, entradas de capital) se anotan con signo positivo y los pagos (importaciones, salidas de capital) con signo negativo; el saldo de cada balanza es la diferencia entre ambos. La partida doble explica por qué el total siempre cuadra: cuando una empresa española exporta un producto por 100, se anota un ingreso de 100 en la balanza comercial (cuenta corriente) y, simultáneamente, la entrada del cobro se registra como un movimiento en la cuenta financiera (aumento de activos frente al exterior). Todo apunte tiene, así, su contrapartida, de modo que la suma de todas las cuentas es cero; el análisis económico se centra en el signo y la magnitud de cada saldo parcial, no en el total, que por construcción está equilibrado.
Dos precisiones metodológicas ayudan a entender la balanza de pagos. La primera es el concepto de residente: no depende de la nacionalidad, sino del centro de interés económico. Es residente toda persona o empresa que desarrolla su actividad en el territorio económico del país de forma duradera (más de un año), de modo que la filial española de una multinacional extranjera es residente en España, y una empresa española que opera de forma permanente en el extranjero es no residente. La segunda es que, aunque en teoría la partida doble garantiza el equilibrio, en la práctica los datos proceden de fuentes distintas y no siempre casan; por eso la balanza incluye una partida de ajuste, «errores y omisiones», que recoge las discrepancias estadísticas y hace que el saldo global cuadre exactamente. Un volumen muy elevado de esta partida es señal de deficiencias en la recogida de la información o, en ocasiones, de movimientos de capital no declarados.
3. La cuenta corriente: comercial, servicios, rentas y transferencias
La cuenta corriente se descompone en cuatro balanzas:
- Balanza comercial o de mercancías: registra las exportaciones e importaciones de bienes (mercancías físicas: automóviles, alimentos, maquinaria). Su saldo es la balanza comercial; hay superávit si se exporta más de lo que se importa y déficit en caso contrario. España suele presentar déficit comercial, sobre todo por la factura energética.
- Balanza de servicios: recoge los intercambios de servicios: turismo (partida en la que España es muy superavitaria), transportes, seguros, servicios financieros, informáticos y a empresas.
- Balanza de rentas (rentas primarias): registra las rentas del trabajo y del capital que cruzan la frontera (salarios de trabajadores transfronterizos, intereses, dividendos y beneficios de las inversiones).
- Balanza de transferencias corrientes (rentas secundarias): recoge las transferencias sin contrapartida, como las remesas de emigrantes, las ayudas o determinadas transferencias con la UE.
La suma de estas cuatro balanzas es el saldo por cuenta corriente, indicador clave de la posición exterior: un superávit significa que el país presta al exterior (genera capacidad de financiación); un déficit, que necesita financiación exterior. La balanza comercial y la de servicios juntas forman la balanza de bienes y servicios, que coincide con el saldo exterior (X − M) del PIB.
Para analizar la balanza comercial se usan indicadores útiles. La tasa de cobertura (exportaciones / importaciones × 100) mide qué porcentaje de las importaciones se financia con exportaciones: una tasa del 100 % indica equilibrio comercial, y por debajo, déficit. El grado de apertura de la economía [(exportaciones + importaciones) / PIB × 100] refleja cuánto depende un país del comercio exterior; España tiene una economía relativamente abierta. El caso español ilustra bien un patrón estructural: un déficit crónico en la balanza comercial (importa energía y bienes de equipo), compensado por un potente superávit en la de servicios, gracias sobre todo al turismo, del que España es una de las primeras potencias mundiales. Este equilibrio explica que, en los últimos años, la cuenta corriente en su conjunto haya sido superavitaria pese al déficit de mercancías, lo que constituye un cambio histórico respecto a las décadas anteriores.
El saldo por cuenta corriente tiene una lectura económica profunda. Un déficit persistente significa que el país consume e invierte más de lo que produce, financiándose con ahorro exterior, lo que va acumulando deuda externa; puede ser sostenible si esa financiación se destina a inversiones productivas, pero peligroso si alimenta un consumo excesivo o una burbuja. Un superávit sostenido, como el que España ha logrado en la última década gracias a la mejora de la competitividad y al turismo, refleja que el país genera ahorro neto que presta al exterior y reduce su endeudamiento. Por eso la posición por cuenta corriente es uno de los grandes indicadores de la salud y la competitividad de una economía, vigilado de cerca por los organismos internacionales y por la propia Unión Europea en el marco de la vigilancia de los desequilibrios macroeconómicos.
4. Cuenta de capital, cuenta financiera y reservas de divisas
La cuenta de capital registra, como se dijo, las transferencias de capital (destacadamente los fondos europeos de cohesión y estructurales que ha recibido España) y otras partidas menores. La suma del saldo por cuenta corriente y por cuenta de capital determina la capacidad (si es positiva) o la necesidad (si es negativa) de financiación de la nación frente al exterior.
La cuenta financiera registra cómo se materializa esa capacidad o necesidad: los movimientos de capitales entre el país y el exterior. Comprende las inversiones directas (adquisición de empresas o creación de filiales, con vocación de permanencia y control), las inversiones de cartera (compra de acciones y bonos sin ánimo de control), las otras inversiones (préstamos y depósitos) y, de forma singular, la variación de las reservas. Las reservas de divisas son los activos de reserva (divisas, oro, derechos especiales de giro) que mantiene el banco central para atender los pagos internacionales y, en su caso, intervenir en el mercado de cambios. Si un país tiene un déficit por cuenta corriente que no logra financiar con entradas de capital, debe recurrir a sus reservas, que disminuyen; un superávit, por el contrario, permite aumentarlas. En la eurozona, la gestión de las reservas y la política cambiaria corresponden al Banco Central Europeo, lo que limita el margen nacional.
Dentro de los movimientos de capital conviene distinguir su naturaleza, porque no todos son igual de deseables. La inversión extranjera directa (IED) —crear o adquirir empresas con vocación de permanencia y control— es la más valiosa: aporta capital estable, tecnología, empleo y acceso a mercados, y no huye a la primera turbulencia. La inversión de cartera (compra de acciones y bonos sin ánimo de control) y, sobre todo, el capital a corto plazo son mucho más volátiles: pueden entrar y salir con rapidez, y su reversión brusca —las llamadas «paradas súbitas» o sudden stops— ha estado en el origen de graves crisis financieras en economías emergentes. Por eso los países valoran especialmente atraer inversión directa, y vigilan que la financiación de su déficit exterior no dependa en exceso de capitales especulativos y fugaces, que hacen la economía más vulnerable.
Existe una estrecha relación entre la balanza de pagos y el tipo de cambio de la moneda. Con tipos de cambio flexibles, un déficit por cuenta corriente tiende a depreciar la moneda (se demandan más divisas para pagar las importaciones que las que se ofrecen), y esa depreciación, al abaratar las exportaciones y encarecer las importaciones, ayuda a corregir el déficit. Históricamente, los países con moneda propia recurrían a la devaluación para ganar competitividad exterior. En la eurozona, sin embargo, España no puede devaluar el euro, por lo que la mejora de la competitividad debe lograrse por la vía de la devaluación interna (contención de costes y precios) y de las ganancias de productividad. Esta pérdida de un instrumento de ajuste es una de las contrapartidas de compartir moneda, compensada por las ventajas de estabilidad y de eliminación del riesgo de cambio.
Ejemplo. Supongamos (en miles de millones) una balanza comercial de −80 (déficit), una de servicios de +100 (superávit, por el turismo), una de rentas de −20 y una de transferencias de −10. El saldo por cuenta corriente es −80 + 100 − 20 − 10 = −10 (déficit). Si la cuenta de capital arroja un saldo de +6 (por fondos europeos), la necesidad de financiación de la nación es −10 + 6 = −4: el país ha gastado 4 más de lo que ha ingresado y debe financiarlo mediante entradas netas de capital o reduciendo sus reservas, lo que registrará la cuenta financiera.
Mientras la balanza de pagos es una magnitud flujo (recoge las operaciones de un año), su reflejo stock es la Posición de Inversión Internacional (PII): el valor, en un momento dado, de los activos que los residentes tienen frente al exterior menos los pasivos (lo que deben al exterior). Los déficits por cuenta corriente acumulados año tras año se traducen en una PII negativa, es decir, en deuda externa neta. España mantiene una PII deudora heredada de los grandes déficits de las décadas anteriores, que los recientes superávits por cuenta corriente están reduciendo poco a poco. Vigilar esta magnitud es tan importante como el saldo anual, porque una posición exterior muy endeudada hace a un país vulnerable ante subidas de los tipos de interés o cambios en la confianza de los inversores internacionales.
5. El comercio internacional y el arancel de aduanas
El comercio internacional —el intercambio de bienes y servicios entre países— beneficia a las economías porque permite la especialización. Ya David Ricardo formuló la teoría de la ventaja comparativa: a un país le conviene especializarse en producir aquello en lo que es relativamente más eficiente e importar lo demás, aunque otro país sea mejor en todo; así, el comercio aumenta la producción y el bienestar globales. Frente a esta lógica librecambista, el proteccionismo defiende limitar las importaciones para proteger la industria nacional, el empleo o sectores estratégicos.
Ejemplo de ventaja comparativa. Supongamos dos países, A y B, que producen vino y tela. Para producir una unidad de vino, A necesita 10 horas de trabajo y B, 12; para una de tela, A necesita 8 horas y B, 9. El país A es más eficiente en ambos bienes (tiene ventaja absoluta). Sin embargo, a A le cuesta relativamente menos producir tela (su coste de oportunidad del vino es alto), y a B le resulta relativamente menos costoso el vino. Si A se especializa en tela y B en vino, y luego comercian, ambos ganan: la producción mundial aumenta y los dos países consiguen más de los dos bienes que si produjeran todo por su cuenta. Esta es la potente conclusión de la ventaja comparativa: el comercio es beneficioso incluso cuando un país es peor en todo, siempre que se especialice en lo que hace comparativamente mejor.
Conviene distinguir la ventaja comparativa de la ventaja absoluta que ya había formulado Adam Smith: un país tiene ventaja absoluta en un bien si lo produce con menos recursos que otro. Smith explicaba el comercio por estas diferencias, pero fue Ricardo quien dio el paso decisivo al demostrar que el comercio beneficia incluso sin ventaja absoluta, gracias a los costes relativos. Las teorías modernas han enriquecido este marco: el modelo de Heckscher-Ohlin explica la especialización por la distinta dotación de factores (cada país exporta los bienes que usan intensivamente el factor del que dispone en abundancia), y las nuevas teorías del comercio explican el enorme comercio intraindustrial entre países similares (que se intercambian variedades del mismo tipo de producto, como automóviles por automóviles) por las economías de escala y la diferenciación. Hoy, además, buena parte del comercio se organiza en cadenas globales de valor, en las que un mismo producto se fabrica por fases en varios países, lo que difumina la distinción tradicional entre lo nacional y lo importado.
El debate entre librecambio y proteccionismo sigue vivo. Entre los argumentos proteccionistas figuran la protección de la industria naciente (dar tiempo a un sector nuevo a madurar), la defensa del empleo frente a la competencia exterior, la seguridad nacional o alimentaria y la respuesta a prácticas desleales (dumping). En su contra se aduce que el proteccionismo encarece los productos, resta eficiencia, invita a represalias comerciales y perjudica sobre todo a los consumidores y a las empresas que importan insumos. El consenso económico es mayoritariamente favorable a un comercio abierto, aunque con reglas que corrijan sus efectos negativos sobre determinados sectores o territorios.
Los instrumentos de protección son varios: los aranceles (impuestos sobre las importaciones), los contingentes o cuotas (límites cuantitativos), las barreras no arancelarias (normas técnicas, sanitarias o administrativas) y las subvenciones a la producción nacional. El arancel de aduanas es el más clásico: un impuesto que grava las mercancías al cruzar la frontera. Puede ser específico (una cantidad fija por unidad), ad valórem (un porcentaje sobre el valor) o mixto. Sus efectos son encarecer el producto importado (lo que reduce su consumo y protege al productor nacional), generar ingresos para el Estado y, como contrapartida, perjudicar al consumidor (paga más) y restar eficiencia global. El comercio mundial se rige por las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que promueve la reducción de barreras y la resolución de conflictos comerciales.
Analizando con más detalle los efectos de un arancel, su imposición eleva el precio interior del bien importado por encima del precio mundial. Como consecuencia, la producción nacional aumenta (los productores locales, protegidos, venden más y a mayor precio), el consumo disminuye (los consumidores pagan más y compran menos), las importaciones se reducen y el Estado recauda el arancel sobre las que subsisten. El resultado neto para el país suele ser una pérdida de eficiencia (lo que los economistas llaman «pérdida irrecuperable de eficiencia»), porque la ganancia de productores y Estado no compensa la pérdida de los consumidores. El contingente produce efectos parecidos sobre el precio y las cantidades, pero la diferencia de precio la capta el importador (no el Estado). Frente a las prácticas desleales, la normativa comercial permite aplicar medidas antidumping y derechos compensatorios. Estos análisis muestran por qué, pese a la persistencia de intereses proteccionistas, la tendencia histórica ha sido hacia la liberalización del comercio.
Esa liberalización se ha canalizado a través de un sistema multilateral de comercio. Tras la Segunda Guerra Mundial se firmó el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, 1947), que mediante sucesivas «rondas» de negociación fue reduciendo los aranceles mundiales. En 1995, el GATT dio paso a la Organización Mundial del Comercio (OMC), con sede en Ginebra, que amplió el ámbito a los servicios y a la propiedad intelectual y creó un mecanismo de solución de diferencias para arbitrar los conflictos comerciales entre países. Sus principios básicos son la no discriminación —la cláusula de «nación más favorecida» (toda ventaja concedida a un país se extiende a los demás) y el «trato nacional» (no discriminar al producto importado frente al nacional)— y la transparencia. En los últimos años, no obstante, el sistema multilateral atraviesa dificultades por el auge de tensiones proteccionistas y de guerras comerciales entre grandes potencias, que recuerdan la vigencia de este debate.
6. Las consecuencias aduaneras de la Unión Europea
Conviene situar la integración europea en una escala de grados de integración económica, de menor a mayor: la zona de libre comercio (se eliminan los aranceles entre los miembros, pero cada uno mantiene su arancel exterior); la unión aduanera (además, se adopta un arancel exterior común); el mercado común (se añade la libre circulación de personas, servicios y capitales); la unión económica (se armonizan las políticas económicas); y la unión económica y monetaria (se comparte una moneda). La Unión Europea ha recorrido toda esta escala: nació como unión aduanera, se convirtió en mercado único en 1993 y culminó con la unión monetaria del euro en 1999-2002. Es, por ello, el proceso de integración más avanzado del mundo.
La pertenencia de España a la Unión Europea desde 1986 tiene consecuencias aduaneras de primer orden, porque la UE es, en su núcleo, una unión aduanera y un mercado único. Las principales son:
- Supresión de las aduanas interiores: entre los Estados miembros no hay aranceles ni aduanas. Las mercancías circulan libremente en el mercado interior (no se habla de «importar» o «exportar» entre países de la UE, sino de adquisiciones y entregas intracomunitarias).
- Arancel Aduanero Común (AAC): frente a los países terceros (no miembros), todos los Estados aplican un mismo arancel exterior, gestionado mediante el TARIC (arancel integrado de la Unión). La política comercial es competencia exclusiva de la UE.
- Las cuatro libertades del mercado único: libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales, que profundizan la integración más allá de lo aduanero.
- La unión monetaria: la mayoría de los socios, entre ellos España, comparten el euro, lo que elimina el riesgo de cambio y los costes de conversión en el comercio intracomunitario, como se vio en el tema del mercado de divisas.
En consecuencia, para una empresa española el comercio con otro país de la UE es, a efectos aduaneros, casi como una operación interior (con particularidades fiscales en el IVA intracomunitario), mientras que el comercio con países terceros sí exige tramitación aduanera y el pago del arancel común. La integración europea ha multiplicado los intercambios y ha hecho de la UE el principal socio comercial de España.
Como consecuencia de ser una unión aduanera, la política comercial frente al resto del mundo es una competencia exclusiva de la Unión Europea, no de cada Estado: es la Comisión Europea quien negocia, en nombre de todos, los acuerdos comerciales internacionales y quien defiende los intereses europeos ante la OMC. La UE ha firmado numerosos acuerdos de libre comercio (con Canadá el CETA, con Japón, con Corea del Sur, o el negociado con Mercosur) que rebajan aranceles y abren mercados a las empresas europeas. Esta unidad de acción da a la Unión un enorme poder de negociación, muy superior al que tendría cualquier Estado por separado. El reverso de la moneda lo ilustra el Brexit: la salida del Reino Unido de la Unión ha supuesto el restablecimiento de fronteras aduaneras y de trámites que durante décadas no existían, encareciendo y ralentizando el comercio, lo que evidencia —por contraste— el valor de pertenecer al mercado único y a la unión aduanera.
En el plano práctico y documental, esta distinción se traduce en dos regímenes. En el comercio con países terceros, las mercancías deben pasar por la aduana y se presenta el Documento Único Administrativo (DUA), liquidándose el arancel común y el IVA a la importación. En el comercio intracomunitario, en cambio, no hay aduana ni DUA; a efectos estadísticos, las empresas que superan ciertos umbrales declaran sus operaciones mediante el sistema Intrastat, y a efectos fiscales se aplica el régimen del IVA intracomunitario (con inversión del sujeto pasivo en muchas operaciones entre empresas). Conocer estos procedimientos es esencial para la gestión administrativa del comercio exterior de cualquier empresa, y constituye una salida profesional relevante para el alumnado de la especialidad.
7. Conclusiones
La balanza de pagos registra todas las transacciones de un país con el exterior y se estructura en cuenta corriente (balanzas comercial, de servicios, de rentas y de transferencias), cuenta de capital y cuenta financiera. La suma de las cuentas corriente y de capital determina la capacidad o necesidad de financiación de la nación, que se materializa en la cuenta financiera y, en su caso, en la variación de las reservas de divisas. El comercio internacional, fundamentado en la ventaja comparativa, se ve condicionado por instrumentos proteccionistas como el arancel de aduanas. Y la pertenencia a la Unión Europea —unión aduanera y mercado único— supone la supresión de las aduanas interiores, un arancel exterior común y las cuatro libertades de circulación.
Para el profesorado de Administración de Empresas, estos contenidos son esenciales para comprender el entorno internacional y la gestión del comercio exterior de la empresa. Con este tema se cierra el bloque macroeconómico; el temario continúa con las herramientas estadísticas del análisis económico y empresarial.
Didácticamente, el tema se presta a analizar una balanza de pagos real publicada por el Banco de España e identificar si el país tiene capacidad o necesidad de financiación, o a simular el efecto de un arancel sobre el precio final de un producto importado y sobre las cantidades intercambiadas. El Brexit ofrece, además, un caso muy cercano para comprender qué supone reintroducir aduanas y controles entre economías que antes estaban plenamente integradas en el mercado único.
8. Bibliografía y webgrafía
- Reglamento (UE) n.º 952/2013, por el que se establece el Código Aduanero de la Unión.
- Fondo Monetario Internacional: Manual de Balanza de Pagos y Posición de Inversión Internacional (MBP6).
- Samuelson, P. A. y Nordhaus, W. D.: Economía; y Tugores, J.: Economía internacional.
- Manuales de Economía de Bachillerato y de Gestión administrativa del comercio internacional (familias de Administración y Gestión y de Comercio y Marketing).
- Webgrafía: Banco de España, Balanza de Pagos (bde.es); Agencia Tributaria, Aduanas (sede.agenciatributaria.gob.es); Organización Mundial del Comercio (wto.org) y Comisión Europea, Fiscalidad y Unión Aduanera (taxation-customs.ec.europa.eu).
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Material de repaso 📐
Repasa el tema con el esquema de llaves y las flashcards de recuerdo activo.
Ver esquema de llaves
- 2La balanza de pagos
- Registro de transacciones residentes ↔ resto del mundo (Banco de España, metodología FMI) · PARTIDA DOBLE → total siempre equilibrado; hay saldos por sub-balanza
- 3 cuentas: CORRIENTE · CAPITAL · FINANCIERA · ingresos (+) / pagos (−)
- 3La cuenta corriente
- COMERCIAL (mercancías/bienes; España déficit por energía) · SERVICIOS (turismo superávit) · RENTAS (primarias: trabajo/capital) · TRANSFERENCIAS (secundarias: remesas)
- Saldo cuenta corriente: superávit = presta al exterior; déficit = necesita financiación · comercial+servicios = X−M del PIB
- 4Capital, financiera y reservas
- Cuenta CAPITAL (fondos UE) · corriente + capital = CAPACIDAD (+) o NECESIDAD (−) de financiación de la nación
- Cuenta FINANCIERA: inversiones directas / cartera / otras + variación de RESERVAS (divisas, oro, DEG del banco central)
- Ej.: comercial −80, servicios +100, rentas −20, transf. −10 → cta. corriente −10; +capital 6 → necesidad −4 · flujo=BP / stock=Posición de Inversión Internacional
- 5-6Arancel y aduanas UE
- Comercio internacional: VENTAJA COMPARATIVA (Ricardo) → especializarse aunque otro sea mejor en todo · librecambio vs PROTECCIONISMO
- Instrumentos: ARANCEL (impuesto a importaciones: específico/ad valórem), contingentes, barreras no arancelarias · efectos: sube precio, protege producción, perjudica consumidor · OMC
- Grados de integración: zona libre comercio → UNIÓN ADUANERA → mercado común → unión económica → unión monetaria
- UE: sin aduanas interiores (adquisiciones/entregas intracomunitarias, Intrastat) · Arancel Aduanero Común (TARIC) frente a terceros (DUA) · 4 libertades + euro
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