Tema 70 · Administración de Empresas
La riqueza nacional, el PIB, la renta nacional y las cuentas nacionales
Epígrafe oficial: La Riqueza Nacional. El Producto Nacional. El producto nacional: PIB. PNB. PNN. Renta Nacional. La distribución de la Renta. Las Cuentas Nacionales.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. La riqueza nacional y la producción
- 3. El Producto Interior Bruto (PIB)
- 4. Del PIB a la renta nacional: PNB, PNN y RN
- 5. La distribución de la renta
- 6. Las cuentas nacionales
- 7. Conclusiones
- 8. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
Tras el análisis microeconómico del tema anterior, cambiamos de escala para adentrarnos en la macroeconomía: el estudio de la economía en su conjunto mediante magnitudes agregadas. La más importante es la que mide cuánto produce un país, que sirve para valorar su nivel de actividad, compararlo con otros y en el tiempo, y orientar la política económica.
Este tema estudia la riqueza nacional y el producto nacional: qué es el PIB y cómo se calcula; su relación con otras magnitudes (PNB, PNN, renta nacional); cómo se distribuye la renta entre los ciudadanos; y cómo se registra todo ello en las cuentas nacionales. Es un tema de gran carga cuantitativa, que desarrollamos con fórmulas y ejemplos numéricos.
1. Relación con el currículo
La macroeconomía y la contabilidad nacional son contenido de la materia de Economía de Bachillerato y de módulos de «Economía de la empresa» y del entorno económico de la familia de Administración y Gestión. Desarrollan la competencia de interpretar los indicadores económicos (PIB, renta per cápita, desigualdad) y de analizar la coyuntura y el entorno de la empresa.
Por su carácter cuantitativo, se presta al cálculo de magnitudes, a la lectura de datos reales del INE y a la elaboración e interpretación de gráficos (evolución del PIB, curva de Lorenz). Enlaza con el objeto de la Economía y con el sistema fiscal y la redistribución.
2. La riqueza nacional y la producción
La riqueza nacional es el conjunto de bienes y activos de que dispone un país en un momento dado: los recursos naturales, las infraestructuras, el capital productivo (fábricas, maquinaria), las viviendas, los activos financieros netos frente al exterior y, en un sentido amplio, el capital humano. Es una magnitud stock: se mide en un instante determinado, como una fotografía del patrimonio del país.
Frente a ella, la producción y la renta son magnitudes flujo: se refieren a lo generado durante un período (normalmente un año), como una película. La distinción stock/flujo es esencial: la riqueza es el patrimonio acumulado; la renta, lo que ese patrimonio y el trabajo generan cada año. Ambas se relacionan: la parte de la renta que no se consume se ahorra y se invierte, incrementando la riqueza o capital del país. La macroeconomía se ocupa sobre todo de las magnitudes flujo, y en particular del producto nacional, que mide el valor de todo lo producido por una economía en un año.
La medición de estas magnitudes agregadas no es un mero ejercicio estadístico: es lo que permite diagnosticar el estado de una economía y adoptar decisiones. Con ellas se calcula el crecimiento económico, se comparan países, se fijan las aportaciones a la Unión Europea, se diseñan los presupuestos y se evalúan las políticas. Sin una buena contabilidad nacional, gobernar la economía sería como pilotar sin instrumentos. De ahí la importancia de definir con rigor cada magnitud y de conocer cómo se relacionan entre sí, que es el objeto de este tema.
Conviene precisar la composición de la riqueza o patrimonio nacional. Se distingue el capital no financiero o real —que a su vez comprende los activos producidos (viviendas, otras construcciones e infraestructuras, maquinaria y equipos, existencias) y los activos no producidos (el suelo, los recursos naturales)— y el capital financiero neto frente al exterior, es decir, la diferencia entre los activos financieros que el país posee en el extranjero y los pasivos que mantiene con él (magnitud que recoge la Posición de Inversión Internacional). A ellos suele añadirse, en un sentido amplio, el capital humano (los conocimientos y capacidades de la población), que aunque no figura en la contabilidad patrimonial tradicional es hoy uno de los principales determinantes de la prosperidad. La riqueza nacional aumenta con la inversión neta (formación de capital menos amortizaciones) y con los descubrimientos o revalorizaciones, y disminuye con el desgaste, el agotamiento de recursos o las catástrofes.
3. El Producto Interior Bruto (PIB)
El Producto Interior Bruto (PIB) es el valor de mercado de todos los bienes y servicios finales producidos en el interior de un país durante un período (generalmente un año). Cada término de la definición es relevante:
- Valor de mercado: se valoran a los precios a los que se venden, lo que permite sumar bienes heterogéneos.
- Bienes y servicios finales: solo se computan los productos finales, no los intermedios (que se incorporan a otros), para evitar la doble contabilización. Alternativamente, se suma el valor añadido en cada fase.
- Producidos: se incluye lo producido en el año, no la reventa de bienes de segunda mano ni las meras transacciones financieras.
- En el interior: cuenta lo producido dentro de las fronteras del país, con independencia de la nacionalidad de los factores (criterio «interior», frente al «nacional»).
El PIB puede calcularse por tres métodos que, por definición, dan el mismo resultado (identidad fundamental de la contabilidad nacional):
- Método de la producción o del valor añadido: suma el valor añadido bruto de todas las ramas de actividad (valor de la producción menos consumos intermedios), más los impuestos netos sobre los productos.
- Método del gasto o de la demanda: suma los componentes de la demanda final: PIB = C + I + G + (X − M), donde C es el consumo de las familias, I la inversión (formación bruta de capital), G el gasto público y (X − M) las exportaciones menos las importaciones (saldo exterior).
- Método de la renta o de los ingresos: suma las rentas generadas en la producción: salarios (remuneración de asalariados), excedente bruto de explotación (beneficios, intereses, rentas) e impuestos netos sobre la producción.
Ejemplo del valor añadido (evitar la doble contabilización). Supongamos una cadena: un agricultor vende trigo a un molino por 100 €; el molino vende harina a una panadería por 180 €; la panadería vende pan a los consumidores por 250 €. Si sumáramos las tres ventas (100 + 180 + 250 = 530) contaríamos varias veces el mismo valor. Lo correcto es sumar el valor añadido de cada fase: el agricultor añade 100 (no tiene consumos intermedios), el molino 180 − 100 = 80, y la panadería 250 − 180 = 70. El valor añadido total es 100 + 80 + 70 = 250 €, que coincide exactamente con el valor del bien final (el pan): esa es la aportación de esta cadena al PIB.
Ejemplo (método del gasto). Si en un país el consumo privado es de 600, la inversión de 200, el gasto público de 150, las exportaciones de 100 y las importaciones de 80 (en miles de millones de euros), el PIB es 600 + 200 + 150 + (100 − 80) = 970. Conviene distinguir el PIB nominal (a precios corrientes del año) del PIB real (a precios constantes de un año base), que elimina el efecto de la inflación y permite medir el crecimiento real. La relación entre ambos es el deflactor del PIB: deflactor = (PIB nominal / PIB real) × 100. Por ejemplo, si el PIB nominal es 1.050 y el real 1.000, el deflactor es 105, lo que indica que los precios han subido un 5 %. El crecimiento del PIB real es el indicador por excelencia de la marcha de una economía, y su caída durante dos trimestres consecutivos define técnicamente una recesión.
Merece la pena detenerse en los componentes del gasto, porque muestran de qué depende la actividad económica. El consumo (C) de las familias es el mayor componente (en torno al 55-60 % del PIB en España) y depende sobre todo de la renta disponible. La inversión (I) o formación bruta de capital —construcción, bienes de equipo, existencias— es el componente más volátil y el motor del crecimiento a largo plazo, pues aumenta la capacidad productiva; depende de las expectativas y del tipo de interés. El gasto público (G) recoge el consumo e inversión de las administraciones (no las transferencias, que no son producción). Y el saldo exterior (X − M) o exportaciones netas mide la aportación del comercio con el extranjero: es positivo si el país exporta más de lo que importa. Comprender estos componentes es esencial para analizar la coyuntura y para entender las políticas de demanda (fiscal y monetaria) con que se intenta estabilizar la economía.
El PIB total no dice mucho por sí solo si no se relaciona con la población. El PIB per cápita (PIB dividido por el número de habitantes) es el indicador más usado para aproximar el nivel de vida medio y para comparar países. Ahora bien, para que la comparación internacional sea correcta no basta con convertir a una moneda común mediante el tipo de cambio, porque los precios difieren de un país a otro: se utiliza la paridad de poder adquisitivo (PPA), que corrige esas diferencias de precios y refleja lo que realmente se puede comprar con esa renta. Otra distinción útil es la que separa el PIB observado del PIB potencial —el que la economía produciría utilizando plenamente sus factores sin generar inflación—; la diferencia entre ambos es la brecha de producción (output gap), que indica si la economía está sobrecalentada (brecha positiva) o infrautilizada, con capacidad ociosa y paro (brecha negativa). Estos matices son esenciales para un diagnóstico riguroso de la coyuntura.
Desde el lado de la oferta, el PIB puede desglosarse por sectores productivos, lo que ofrece una radiografía de la estructura económica del país: el sector primario (agricultura, ganadería, pesca), el secundario (industria y construcción) y el terciario (los servicios). En las economías avanzadas, como la española, el sector servicios es con diferencia el mayoritario (en torno a las tres cuartas partes del PIB y del empleo), mientras que el peso del primario es reducido; este proceso de terciarización es característico del desarrollo económico. Conocer la composición sectorial del PIB y su evolución ayuda a entender la especialización productiva de un territorio, su exposición a los distintos ciclos y sus necesidades de política económica.
4. Del PIB a la renta nacional: PNB, PNN y RN
A partir del PIB se obtienen otras magnitudes mediante tres ajustes sucesivos, según tres criterios:
- Interior o nacional: el Producto Nacional Bruto (PNB) mide lo producido por los factores nacionales, estén donde estén. Se pasa del PIB al PNB sumando las rentas netas de los factores nacionales en el exterior (rentas que los residentes obtienen fuera menos las que los extranjeros obtienen dentro): PNB = PIB + rentas netas del exterior.
- Bruto o neto: el Producto Nacional Neto (PNN) descuenta del PNB la depreciación o amortización del capital (el desgaste de la maquinaria e infraestructuras): PNN = PNB − amortizaciones. Lo «neto» refleja mejor la producción realmente disponible sin mermar el capital.
- Precios de mercado o coste de los factores: los precios de mercado incluyen los impuestos indirectos y excluyen las subvenciones. Para obtener lo que realmente reciben los factores productivos —la Renta Nacional (RN)— se resta del PNN a precios de mercado los impuestos indirectos y se suman las subvenciones: Renta Nacional = PNN a coste de los factores = PNN(pm) − impuestos indirectos + subvenciones.
Ejemplo encadenado. Partiendo de un PIB a precios de mercado de 970, si las rentas netas del exterior son +20, el PNB = 970 + 20 = 990. Si las amortizaciones son 90, el PNN = 990 − 90 = 900. Y si los impuestos indirectos son 80 y las subvenciones 10, la Renta Nacional = 900 − 80 + 10 = 830. De la renta nacional se derivan, con nuevos ajustes, la renta personal (la que llega a las familias, tras restar beneficios no distribuidos y cotizaciones y sumar transferencias) y la renta personal disponible (renta personal menos impuestos directos), que es la que las familias destinan al consumo y al ahorro. La renta per cápita (renta nacional dividida por la población) es el indicador habitual del nivel de vida medio, aunque no informa de cómo se reparte.
Conviene resumir la lógica de estas conversiones, que responde a tres preguntas independientes. Primera: ¿lo producido dentro del país (interior, PIB) o por sus factores nacionales (nacional, PNB)? La diferencia son las rentas netas del exterior. Segunda: ¿antes (bruto) o después (neto) de reponer el desgaste del capital? La diferencia es la amortización. Tercera: ¿a los precios que paga el comprador (precios de mercado) o a lo que reciben los factores (coste de factores)? La diferencia son los impuestos indirectos menos las subvenciones. Combinando estos tres criterios se obtiene cualquiera de las magnitudes de la contabilidad nacional. Así, la identidad macroeconómica básica establece que, en una economía, la producción genera unas rentas equivalentes que, a su vez, se destinan a un gasto de igual cuantía: producción = renta = gasto. Esta triple igualdad es la que fundamenta que el PIB pueda calcularse indistintamente por los métodos de la producción, la renta o el gasto.
La identidad «producción = renta = gasto» se visualiza muy bien con el flujo circular de la renta, el modelo básico que representa cómo circula la actividad económica entre los agentes. En su versión más simple, las familias aportan a las empresas los factores productivos (trabajo, capital, tierra) y reciben a cambio unas rentas (salarios, intereses, beneficios, alquileres); con esas rentas, las familias gastan comprando los bienes y servicios que las empresas producen, cerrando el círculo. Así, el mismo valor recorre la economía sucesivamente como producción, como renta y como gasto. Al modelo se incorporan después el sector público (que detrae impuestos e inyecta gasto y transferencias), el sistema financiero (que canaliza el ahorro hacia la inversión) y el sector exterior (exportaciones e importaciones). Este esquema, sencillo pero potente, permite entender de un vistazo por qué las tres formas de medir el PIB han de coincidir y cómo se interrelacionan los agentes de una economía.
5. La distribución de la renta
El estudio de la renta no acaba en su cuantía total: importa también cómo se reparte. Se distinguen dos enfoques:
- Distribución funcional: cómo se reparte la renta entre los factores productivos según su naturaleza: los salarios (rentas del trabajo), los beneficios, intereses y rentas de la tierra (rentas del capital y de la propiedad). La proporción de la renta que va a los salarios se conoce como participación de las rentas del trabajo.
- Distribución personal: cómo se reparte la renta entre las personas o los hogares, con independencia del origen de sus rentas. Es la que mide la desigualdad.
Para medir la desigualdad de la distribución personal se emplean instrumentos como la curva de Lorenz —que representa el porcentaje acumulado de renta que corresponde a cada porcentaje acumulado de población, ordenada de menor a mayor; cuanto más alejada de la diagonal de equidistribución, mayor la desigualdad— y el índice de Gini, un número entre 0 y 1 (o 0 y 100) que resume esa desigualdad: 0 indica igualdad perfecta (todos tienen la misma renta) y 1, la máxima desigualdad (una persona concentra toda la renta). También se usan indicadores como la ratio S80/S20 (renta del 20 % más rico entre la del 20 % más pobre) o la tasa de riesgo de pobreza. El Estado corrige la desigualdad mediante la política redistributiva: los impuestos progresivos (quien más gana, más paga) y las transferencias y prestaciones sociales (pensiones, subsidios, sanidad y educación públicas), que reducen la desigualdad de la renta de mercado.
La desigualdad tiene, además, una dimensión social y ética de primer orden. Una distribución muy desigual puede frenar el crecimiento (limita el consumo y el acceso a la educación de amplias capas), generar tensiones sociales y erosionar la cohesión. Por eso el Estado del bienestar europeo se construyó, en buena medida, como un mecanismo de redistribución que garantiza a todos unos servicios y unas rentas mínimas. El debate económico y político sobre el grado deseable de redistribución —cuánta desigualdad es aceptable y a qué coste de eficiencia— es una de las grandes cuestiones de la economía normativa, en la que confluyen los datos y los valores. Interpretar correctamente los índices de desigualdad (un Gini de 0,25 refleja un país muy igualitario, típico de los nórdicos; uno de 0,50 o más, una fuerte desigualdad, propia de algunos países en desarrollo) es una competencia básica de la ciudadanía.
Estrechamente ligada a la desigualdad está la pobreza, que conviene medir con precisión. Se distingue la pobreza absoluta —carecer de los recursos mínimos para cubrir las necesidades básicas, criterio propio de los países en desarrollo— de la pobreza relativa, que es la que se maneja en los países avanzados y se define en relación con el nivel de vida del entorno. El umbral de riesgo de pobreza se fija habitualmente en el 60 % de la renta mediana del país: quien vive en un hogar con renta inferior está en riesgo de pobreza. En la Unión Europea se emplea, además, el indicador AROPE (At Risk of Poverty or Social Exclusion), más completo, que combina el riesgo de pobreza monetaria, la privación material y social severa y la baja intensidad de empleo del hogar. Estos indicadores, que publica el INE a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida, permiten dirigir mejor las políticas sociales y evaluar su eficacia, y muestran que crecimiento y reducción de la pobreza no siempre van de la mano.
6. Las cuentas nacionales
Las cuentas nacionales o Contabilidad Nacional son el registro sistemático y ordenado de la actividad económica de un país en un período, elaborado con criterios contables homogéneos. Es la «contabilidad de la nación»: recoge la producción, la renta, el gasto, el ahorro, la inversión y las relaciones con el exterior de todos los sectores institucionales (hogares, empresas, sector público y resto del mundo). En España la elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), y en Europa se rige por un marco metodológico común, el Sistema Europeo de Cuentas (SEC 2010), que garantiza la comparabilidad entre países. De ella se obtienen las grandes magnitudes vistas (PIB, PNB, renta nacional) y numerosos indicadores.
La contabilidad nacional organiza la economía en sectores institucionales —las sociedades no financieras (empresas), las instituciones financieras, las administraciones públicas, los hogares y las instituciones sin fines de lucro, más el resto del mundo— y describe sus operaciones mediante una secuencia de cuentas encadenadas: la cuenta de producción (que llega al valor añadido y al PIB), la de generación y distribución de la renta (cómo la producción se convierte en rentas), la de utilización de la renta (consumo y ahorro), la de capital (inversión) y la financiera (préstamos y activos). A ellas se añaden las tablas input-output (o de origen y destino), que muestran las relaciones entre las distintas ramas productivas. Este entramado ofrece una radiografía completa y coherente de la economía y es la base sobre la que se diseña y evalúa la política económica.
La contabilidad nacional se elabora con distinta periodicidad. La Contabilidad Nacional Anual ofrece las cifras definitivas y detalladas, mientras que la Contabilidad Nacional Trimestral (CNTR) permite seguir la coyuntura casi en tiempo real; el INE difunde primero un avance y después datos que se van revisando a medida que se dispone de más información, de modo que las cifras del PIB no son inmutables sino que se corrigen. Una identidad fundamental que la contabilidad nacional pone de relieve es que, para el conjunto de la economía, el ahorro financia la inversión: lo que las familias, empresas y sector público no consumen se canaliza —a través del sistema financiero y, en su caso, del ahorro exterior— hacia la formación de capital. Cuando el ahorro nacional no basta para financiar la inversión interna, el país recurre al ahorro del resto del mundo (déficit exterior); cuando sobra, lo presta al exterior. Esta conexión entre ahorro, inversión y sector exterior enlaza directamente con el tema siguiente, dedicado a la balanza de pagos.
Con todo, el PIB y la contabilidad nacional tienen limitaciones importantes como medida del bienestar: no recogen la economía sumergida ni la producción no destinada al mercado (el trabajo doméstico o el voluntariado); no descuentan los daños ambientales ni el agotamiento de recursos naturales; no reflejan la distribución de la renta ni la calidad de vida, el ocio o la salud. Por eso se han propuesto indicadores complementarios, como el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la ONU (que combina renta, educación y esperanza de vida), los indicadores de bienestar y de sostenibilidad, o medidas de la economía verde. El PIB sigue siendo el indicador central de la actividad económica, pero debe interpretarse junto a otros para valorar el verdadero progreso de una sociedad.
Esta última idea conduce a la distinción entre crecimiento económico y desarrollo económico. El crecimiento es el aumento cuantitativo de la producción de un país (el incremento del PIB real), y suele medirse por la tasa de variación del PIB o de la renta per cápita. El desarrollo, en cambio, es un concepto más amplio y cualitativo: implica no solo producir más, sino mejorar las condiciones de vida —salud, educación, igualdad, sostenibilidad, libertades—. Un país puede crecer sin desarrollarse si ese crecimiento no se traduce en bienestar para la mayoría o se logra a costa del medio ambiente. Por eso el objetivo de la política económica no es solo el crecimiento, sino un desarrollo sostenible e inclusivo, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030. Para el análisis empresarial, estas magnitudes definen el entorno macroeconómico: la fase del ciclo (expansión o recesión), la renta disponible de los clientes y las expectativas condicionan directamente las ventas y las decisiones de inversión de cualquier empresa.
7. Conclusiones
La riqueza nacional es el patrimonio (stock) de un país, mientras que la producción y la renta son flujos anuales. El PIB —valor de los bienes y servicios finales producidos en el interior de un país en un año— se calcula por los métodos de la producción, el gasto (C + I + G + X − M) y la renta, y se distingue en nominal y real mediante el deflactor. A partir de él, mediante ajustes por el criterio interior/nacional, bruto/neto y precios de mercado/coste de factores, se obtienen el PNB, el PNN y la renta nacional. La distribución de esa renta —funcional y personal— se mide con la curva de Lorenz y el índice de Gini y se corrige con la política redistributiva. Todo se registra en las cuentas nacionales (INE, SEC 2010), un instrumento imprescindible pese a las limitaciones del PIB como medida del bienestar.
Para el profesorado de Administración de Empresas, estas magnitudes permiten interpretar el entorno macroeconómico en el que opera la empresa. El tema siguiente completará la visión macroeconómica abierta con el estudio de las relaciones económicas con el exterior: la balanza de pagos.
En el aula, estas magnitudes se trabajan muy bien con datos reales del INE y de Eurostat: comparar el PIB per cápita de varias comunidades autónomas o países, calcular una tasa de crecimiento real a partir del PIB nominal y el deflactor, o interpretar el índice de Gini de España frente al de la Unión Europea convierten un contenido aparentemente abstracto en un análisis crítico y motivador del entorno económico en el que vivirá y trabajará el alumnado.
8. Bibliografía y webgrafía
- Samuelson, P. A. y Nordhaus, W. D.: Economía; y Mankiw, N. G.: Macroeconomía.
- Reglamento (UE) n.º 549/2013, relativo al Sistema Europeo de Cuentas Nacionales y Regionales (SEC 2010).
- Mochón, F.: Economía. Teoría y política; y manuales de Economía de Bachillerato.
- Webgrafía: Instituto Nacional de Estadística, Contabilidad Nacional (ine.es); Banco de España (bde.es); Eurostat (ec.europa.eu/eurostat) y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, IDH (undp.org).
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Material de repaso 📐
Repasa el tema con el esquema de llaves y las flashcards de recuerdo activo.
Ver esquema de llaves
- 2Riqueza nacional y producción
- RIQUEZA nacional = patrimonio del país (STOCK, una foto) · producción/renta = FLUJO (una película, por período)
- Se relacionan: renta no consumida → ahorro → inversión → aumenta la riqueza/capital · identidad producción = renta = gasto
- 3El PIB
- PIB = valor de mercado de los bienes/servicios FINALES producidos en el INTERIOR en un período · evitar doble contabilización (valor añadido)
- 3 métodos (mismo resultado): PRODUCCIÓN (valor añadido) · GASTO (PIB = C + I + G + (X−M)) · RENTA (salarios + EBE + impuestos netos)
- Ej. valor añadido: trigo 100 + molino 80 + panadería 70 = 250 (= valor del pan) · ej. gasto: 600+200+150+(100−80)=970
- PIB NOMINAL (precios corrientes) vs REAL (precios constantes) · deflactor = (nominal/real)×100 · recesión = 2 trimestres de caída
- 4PNB, PNN y Renta Nacional
- Interior vs nacional: PNB = PIB + rentas netas del exterior
- Bruto vs neto: PNN = PNB − amortizaciones (desgaste del capital)
- Precios mercado vs coste factores: RENTA NACIONAL = PNN(pm) − impuestos indirectos + subvenciones
- Ej.: PIB 970 → PNB 990 → PNN 900 → RN 830 · renta personal → disponible (− impuestos directos) · renta per cápita
- 5-6Distribución de la renta y cuentas nacionales
- Distribución FUNCIONAL (entre factores: salarios/beneficios) vs PERSONAL (entre hogares → desigualdad)
- Medida: CURVA DE LORENZ + ÍNDICE DE GINI (0 igualdad ↔ 1 desigualdad máxima) · S80/S20 · redistribución: impuestos progresivos + transferencias
- Cuentas nacionales = contabilidad de la nación (INE, SEC 2010) · sectores institucionales + cuentas encadenadas + tablas input-output
- Limitaciones del PIB: no mide economía sumergida, no-mercado, daños ambientales ni distribución → IDH y otros indicadores
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