Tema 41 · Formación y Orientación Laboral
Los sistemas económicos y la economía de mercado. Estructuras de mercado, precios, agentes y sectores
Epígrafe oficial: Los sistemas económicos y la economía de mercado. Estructuras de mercado y formas de competencia. El sistema de precios: principios fundamentales. Los sujetos o unidades de decisión económica. Tipos básicos de agentes económicos. Los sectores económicos.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. Los sistemas económicos
- 3. Estructuras de mercado y formas de competencia
- 4. El sistema de precios: principios fundamentales
- 5. Los sujetos o unidades de decisión económica
- 6. Los sectores económicos
- 7. Conclusiones
- 8. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
Toda sociedad se enfrenta al mismo problema: recursos escasos frente a necesidades ilimitadas. Para resolverlo debe organizar la producción, la distribución y el consumo de los bienes, y la forma concreta en que lo hace constituye su sistema económico. Como vimos en el tema anterior, la escasez obliga a elegir; el sistema económico es el conjunto de instituciones, reglas y mecanismos con que cada comunidad decide, coordina esas elecciones y reparte lo producido.
A lo largo de la historia se han ensayado respuestas muy distintas: desde la tradición (se produce lo que siempre se ha producido) hasta la autoridad (un plan central decide) o el mercado (millones de decisiones descentralizadas se coordinan mediante los precios). En este tema estudiaremos los grandes modelos —economía de mercado, planificación central y economía mixta—, las estructuras de mercado y las formas de competencia, el sistema de precios como mecanismo coordinador, los agentes que toman decisiones y los sectores en que se organiza la actividad. Es un tema central del bloque de economía de Formación y Orientación Laboral, porque describe el marco en el que operan el trabajo y la empresa.
1. Relación con el currículo
El estudio de los sistemas económicos y del funcionamiento del mercado es un contenido nuclear del módulo de FOL y, sobre todo, del de Empresa e Iniciativa Emprendedora, así como de los ciclos de la familia de Administración y Gestión. Sin comprender cómo se coordinan las decisiones económicas es imposible entender la empresa, el empleo o la política económica.
- Permite interpretar el entorno económico (los precios, la competencia, el papel del Estado) y situar en él la actividad empresarial y laboral.
- Conecta con el mercado de trabajo (que es un mercado más, con su oferta y su demanda) y con la iniciativa emprendedora.
- Desarrolla las competencias matemática, digital y de ciudadanía económica, y educa el espíritu crítico ante los debates sobre mercado y Estado.
El reto didáctico consiste en hacer comprensibles conceptos abstractos (competencia, monopolio, precios) con ejemplos cercanos —el precio de la vivienda, las telecomunicaciones, la energía— y con datos reales de fuentes solventes (INE, Banco de España, CNMC, Eurostat), evitando tanto la ingenuidad como el dogmatismo.
2. Los sistemas económicos
2.1. Concepto y las tres preguntas
Un sistema económico es el conjunto de instituciones, normas y relaciones mediante las cuales una sociedad organiza la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios, resolviendo el problema de la escasez. Todo sistema, sea cual sea su forma, debe dar respuesta a tres preguntas fundamentales:
- ¿Qué producir? Qué bienes y servicios, y en qué cantidad. Con recursos limitados, producir más de un bien exige producir menos de otro (coste de oportunidad).
- ¿Cómo producir? Con qué técnicas y con qué combinación de factores (más trabajo o más capital, tecnología intensiva o artesanal).
- ¿Para quién producir? Cómo se distribuye lo producido entre los miembros de la sociedad; es la cuestión del reparto de la renta y la riqueza.
La diferencia entre los sistemas está en quién responde a estas preguntas y cómo lo hace: el mercado (decisiones descentralizadas coordinadas por los precios), la autoridad (un plan central) o una combinación de ambos. Cada opción implica un equilibrio distinto entre eficiencia (producir mucho con pocos recursos), equidad (un reparto justo) y libertad (la capacidad de elegir de los individuos), tres valores que con frecuencia entran en tensión.
Conviene subrayar que no existe el sistema «perfecto»: cada modelo prioriza unos valores a costa de otros. El debate político y económico gira, en buena medida, en torno a qué combinación de mercado y Estado ofrece los mejores resultados en cada contexto histórico. Por eso el estudio de los sistemas no es una cuestión meramente teórica, sino la base para entender los grandes debates públicos de nuestro tiempo.
2.2. El sistema de economía de mercado
El sistema de economía de mercado o capitalismo se basa en la propiedad privada de los medios de producción, la libertad de empresa y de elección, y la coordinación de las decisiones a través del mercado y los precios. Nadie planifica el conjunto: son los millones de decisiones individuales de consumidores y productores, guiadas por el afán de beneficio y la competencia, las que determinan qué, cómo y para quién se produce.
Su fundamento teórico se remonta a Adam Smith (La riqueza de las naciones, 1776) y a la célebre metáfora de la mano invisible: cada individuo, al perseguir su propio interés, es conducido «como por una mano invisible» a promover el interés general, aunque no se lo proponga. El mercado actúa así como un mecanismo espontáneo de coordinación: los precios transmiten la información sobre la escasez y la demanda, e incentivan a producir lo que la sociedad más valora.
Sus ventajas son notables: gran eficiencia en la asignación de recursos, fuerte incentivo a innovar y a mejorar (para ganar clientes y beneficios), amplia libertad de elección y una notable capacidad de adaptación a los cambios. Sin embargo, el mercado presenta fallos que impiden que por sí solo alcance resultados socialmente óptimos:
- Desigualdad en el reparto de la renta: el mercado remunera según la aportación y la propiedad, no según la necesidad, y tiende a generar concentración.
- Externalidades: costes o beneficios que recaen en terceros y que el precio no recoge (la contaminación es la más típica).
- Bienes públicos: la seguridad, la defensa o el alumbrado no los produce el mercado porque nadie puede ser excluido ni cobrado individualmente.
- Tendencia a la formación de monopolios y prácticas que restringen la competencia.
- Inestabilidad: los ciclos económicos, con fases de expansión y de crisis, y el paro que conllevan.
Estos fallos justifican, según la mayoría de las escuelas, la intervención del sector público para corregirlos, lo que conduce a la economía mixta que veremos más adelante.
2.3. El sistema de planificación central
En el sistema de planificación central o de economía planificada, característico de los antiguos países socialistas, el Estado es propietario de los medios de producción y una autoridad central de planificación responde a las tres preguntas mediante planes (los célebres planes quinquenales soviéticos): fija qué se produce, con qué técnicas y a qué precios, y distribuye la renta. El mercado queda sustituido por el plan.
Sus objetivos declarados eran la equidad (reducir las desigualdades) y la estabilidad (evitar el paro y las crisis). Sin embargo, la experiencia histórica reveló graves inconvenientes: enorme ineficiencia (es imposible que un plan procese la información de millones de bienes y agentes), falta de incentivos para innovar y esforzarse, rigidez ante los cambios, aparición de escasez de unos bienes y excedentes de otros, y pérdida de libertades económicas y políticas. El economista Von Mises ya anticipó el «problema del cálculo económico»: sin precios de mercado, la planificación carece de la información necesaria para asignar bien los recursos.
La caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la URSS (1991) marcaron el fracaso histórico de este modelo en su forma pura. Hoy apenas subsiste en países como Corea del Norte, mientras que China o Vietnam han evolucionado hacia sistemas mixtos con amplios espacios de mercado, aunque conservando un fuerte control estatal. La conclusión ampliamente compartida es que la coordinación puramente centralizada resulta inviable en economías complejas.
2.4. El sistema de economía mixta
El sistema de economía mixta es el que predomina hoy en el mundo, y en particular en la Unión Europea y en España. Combina el mercado como mecanismo principal de asignación con una intervención del Estado destinada a corregir los fallos del mercado, garantizar servicios esenciales y redistribuir la renta. Ni mercado puro ni plan puro, sino una combinación variable de ambos.
El sector público desempeña en él varias funciones: produce bienes y servicios públicos (educación, sanidad, justicia, infraestructuras), regula la actividad (defensa de la competencia, protección del consumidor, medio ambiente, legislación laboral), redistribuye la renta mediante impuestos y prestaciones (el Estado del bienestar) y desarrolla políticas macroeconómicas para estabilizar la economía (frente al paro, la inflación o las crisis). Esta orientación tiene además respaldo constitucional: el artículo 38 de la Constitución reconoce la libertad de empresa «en el marco de la economía de mercado», mientras el artículo 128 subordina toda la riqueza al interés general y el 131 permite la planificación de la actividad económica.
Dentro de la economía mixta caben modelos muy diversos según el grado de intervención: desde el modelo liberal o anglosajón (Estado más reducido, mayor peso del mercado) hasta el modelo social o continental europeo y el nórdico (Estado del bienestar amplio, alta protección social y presión fiscal elevada). El debate sobre el tamaño y el papel del Estado —dónde situar el equilibrio entre eficiencia y equidad— es uno de los grandes ejes de la política económica contemporánea, y explica buena parte de las diferencias entre partidos y entre países.
3. Estructuras de mercado y formas de competencia
Un mercado es toda institución o mecanismo que pone en contacto a compradores (demanda) y vendedores (oferta) de un bien o servicio para intercambiarlo a un precio. La estructura de mercado describe sus características —sobre todo el número de empresas y su poder para influir en el precio— y determina la forma de competencia. Los criterios para clasificarlas son el número de oferentes y demandantes, el grado de homogeneidad del producto, la existencia de barreras de entrada y el grado de información de los agentes. Distinguimos cuatro grandes tipos, que van de la máxima a la mínima competencia.
Las barreras de entrada son el factor que más condiciona la estructura de un mercado, porque determinan si nuevas empresas pueden incorporarse y disputar el negocio a las existentes. Pueden ser legales (patentes, licencias, concesiones, requisitos administrativos), tecnológicas (necesidad de una tecnología o un conocimiento difíciles de imitar), económicas (grandes inversiones iniciales o economías de escala que hacen inviable competir a pequeña escala) o comerciales (marcas muy asentadas y fidelidad del cliente). Cuanto más altas son las barreras, menor es la competencia y mayor el poder de mercado de las empresas instaladas; de ahí que la política de defensa de la competencia vigile no solo las conductas, sino también las fusiones que puedan reducir artificialmente el número de competidores.
3.1. La competencia perfecta
La competencia perfecta es un modelo teórico ideal que sirve de referencia para valorar los mercados reales. Se caracteriza por cuatro rasgos: (1) gran número de compradores y vendedores, ninguno con capacidad para influir en el precio; (2) producto homogéneo (idéntico, indiferente de quién lo venda); (3) libertad de entrada y salida del mercado, sin barreras; y (4) información perfecta de todos los agentes.
En este mercado, la empresa es precio-aceptante: acepta el precio que fija el mercado (el punto de equilibrio entre oferta y demanda) y solo decide la cantidad que produce. Ninguna empresa puede vender más caro (perdería todos sus clientes) ni le interesa vender más barato. A largo plazo, la libre entrada hace que los beneficios extraordinarios desaparezcan y las empresas obtengan solo un beneficio «normal». Es el modelo más eficiente: se produce al menor coste y el precio refleja fielmente ese coste. En la realidad casi no existe en estado puro (algunos mercados agrícolas o financieros se aproximan), pero es la vara de medir de la eficiencia de los demás.
3.2. El monopolio
El monopolio es el extremo opuesto: existe una única empresa que ofrece un producto sin sustitutos próximos, protegida por fuertes barreras de entrada. La empresa monopolista tiene poder de mercado: es precio-decisor y puede fijar un precio superior y una cantidad inferior a los de competencia, obteniendo beneficios extraordinarios a costa del consumidor y de la eficiencia (genera una «pérdida de eficiencia» social).
Las causas de un monopolio pueden ser el control de un recurso o de una tecnología, una patente, una concesión legal del Estado o la existencia de un monopolio natural: sectores donde, por sus enormes costes fijos, resulta más eficiente que produzca una sola empresa (redes de distribución de agua, electricidad, ferrocarril). Por sus efectos perjudiciales, los monopolios están vigilados y regulados: en España, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y, en la UE, la Comisión Europea velan por la defensa de la competencia, prohíben los abusos de posición dominante y controlan las concentraciones.
3.3. El oligopolio
En el oligopolio, unas pocas empresas dominan el mercado y controlan la mayor parte de la oferta (banca, energía, telecomunicaciones, carburantes, grandes superficies). Su rasgo distintivo es la interdependencia: las decisiones de cada empresa (precio, publicidad, lanzamientos) afectan a las demás y provocan sus reacciones, por lo que cada una debe anticipar el comportamiento de sus rivales. El análisis de estas decisiones estratégicas es objeto de la teoría de juegos.
El oligopolio puede derivar en dos comportamientos opuestos. Cuando las empresas compiten con fuerza (guerras de precios, innovación, publicidad), el consumidor se beneficia. Pero también pueden coludir o pactar —repartirse el mercado o fijar precios— formando un cártel, práctica prohibida por la legislación de defensa de la competencia por su carácter abusivo. La CNMC sanciona con severidad estos acuerdos. Con frecuencia aparece una empresa líder que fija el precio y el resto la sigue (liderazgo de precios), lo que produce cierta rigidez en los precios.
3.4. La competencia monopolística
La competencia monopolística es la estructura más frecuente en la realidad y combina rasgos de las anteriores: hay muchas empresas (como en competencia perfecta), pero cada una vende un producto diferenciado (por marca, calidad, diseño, servicio o localización), lo que le confiere un pequeño «monopolio» sobre su versión del producto y cierto poder para fijar el precio. Son ejemplos la restauración, la ropa, la peluquería o los pequeños comercios.
La diferenciación —y la publicidad que la sostiene— es el arma competitiva central: permite fidelizar clientes y cobrar algo más que la competencia. Como hay libertad de entrada, a largo plazo los beneficios extraordinarios tienden a desaparecer, pero el mercado ofrece al consumidor variedad y capacidad de elección, a costa de cierta ineficiencia (precios algo superiores y capacidad productiva no plenamente utilizada). La siguiente tabla resume las cuatro estructuras.
- Competencia perfecta: muchas empresas, producto homogéneo, sin poder de mercado, sin barreras.
- Competencia monopolística: muchas empresas, producto diferenciado, poco poder de mercado, sin apenas barreras.
- Oligopolio: pocas empresas, producto homogéneo o diferenciado, poder de mercado alto e interdependencia, barreras notables.
- Monopolio: una empresa, producto sin sustitutos, máximo poder de mercado, fuertes barreras.
4. El sistema de precios: principios fundamentales
En una economía de mercado, el precio es la pieza clave que coordina las decisiones de millones de agentes sin necesidad de una autoridad que lo dirija. El sistema de precios es el mecanismo por el que los precios, formados por el libre juego de la oferta y la demanda, transmiten información y orientan las decisiones de producción y consumo. Es, en palabras de Hayek, un extraordinario sistema de comunicación que sintetiza en una sola cifra —el precio— una información dispersa e inabarcable.
El precio cumple tres funciones esenciales, que constituyen sus principios fundamentales:
- Función de información: el precio informa a la vez a productores y consumidores sobre la escasez relativa de cada bien. Un precio alto señala que el bien es escaso o muy demandado; uno bajo, lo contrario. Nadie necesita conocer las causas: el precio resume toda la información relevante.
- Función de incentivo o de estímulo: el precio orienta las decisiones. Un precio elevado incentiva a las empresas a producir más de ese bien (mayor beneficio) y a los consumidores a comprar menos (o buscar sustitutos); un precio bajo, lo contrario. Así se ajustan de forma automática la producción y el consumo.
- Función de asignación (o de reparto): el precio distribuye los recursos hacia donde son más valorados y reparte los bienes entre quienes están dispuestos y pueden pagarlos. Los recursos fluyen hacia las actividades más rentables, que son —en principio— las que la sociedad más demanda.
Cuando el precio sube porque un bien escasea, envía tres mensajes simultáneos: a los productores, «produce más»; a los consumidores, «consume menos o busca alternativas»; y a los inversores, «este sector es atractivo». Ese ajuste espontáneo es lo que Adam Smith describió como la mano invisible. Por eso las intervenciones sobre los precios (precios máximos como el tope al alquiler o al gas, precios mínimos como el salario mínimo o los precios agrarios de garantía) deben manejarse con cautela: aunque persiguen fines legítimos, distorsionan las señales y pueden generar escasez (si el precio máximo está por debajo del de equilibrio) o excedentes (si el precio mínimo está por encima), como estudiaremos con el análisis de oferta y demanda del tema siguiente.
5. Los sujetos o unidades de decisión económica
Los agentes económicos o unidades de decisión son los sujetos que adoptan decisiones económicas y participan en la actividad. Se distinguen tres tipos básicos, que se relacionan entre sí en los mercados (de bienes y servicios y de factores) a través de un flujo circular de la renta que estudiaremos en el tema 43. Analicémoslos.
5.1. Las economías domésticas
Las economías domésticas o familias son las unidades básicas de consumo y las propietarias de los factores productivos. Desempeñan un doble papel. Por un lado, en el mercado de factores ofrecen su trabajo, su capital (ahorros) y sus recursos naturales a las empresas, y a cambio obtienen rentas (salarios, intereses, alquileres, dividendos). Por otro, en el mercado de bienes y servicios utilizan esas rentas para consumir; la parte de la renta que no consumen la ahorran.
Su objetivo es maximizar la utilidad o satisfacción con una renta limitada, distribuyendo su presupuesto entre consumo y ahorro y entre los distintos bienes. Las decisiones de consumo y ahorro de las familias son un motor fundamental de la economía: el consumo privado representa en torno al 55-60 % del PIB español, de modo que la confianza de los hogares influye decisivamente en el crecimiento.
5.2. Las empresas
Las empresas son las unidades básicas de producción. Demandan factores productivos a las familias (contratan trabajo, alquilan locales, piden capital) y los combinan para producir bienes y servicios que ofrecen en el mercado. Su objetivo característico es la maximización del beneficio (la diferencia entre ingresos y costes), aunque hoy se reconocen también objetivos de crecimiento, cuota de mercado, responsabilidad social y sostenibilidad.
La empresa es el agente innovador por excelencia y el que asume el riesgo de la actividad. Al buscar el beneficio, mejora productos y procesos, crea empleo y genera riqueza. Estudiaremos con detalle su concepto, elementos, objetivos y clasificación en los temas de empresa que siguen a este bloque.
5.3. El sector público
El sector público o Estado (en sentido amplio: Administración central, autonómica y local, y la Seguridad Social) es el tercer gran agente. Interviene en la economía con múltiples funciones: produce bienes y servicios públicos (educación, sanidad, defensa, justicia, infraestructuras); regula la actividad económica (defensa de la competencia, normativa laboral, medioambiental, de consumo); redistribuye la renta mediante impuestos y prestaciones (el Estado del bienestar); y estabiliza la economía con políticas macroeconómicas.
Para financiarse, el sector público obtiene ingresos —sobre todo impuestos— y realiza gastos (inversión, prestaciones, salarios públicos), plasmados en los Presupuestos Generales del Estado. Su peso es enorme: el gasto público equivale en España a en torno al 45 % del PIB. El sector público interactúa con familias y empresas cobrándoles impuestos, pagándoles prestaciones y salarios, y comprándoles bienes y servicios, cerrando así el circuito económico.
A estos tres agentes internos se añade, en una economía abierta, el sector exterior: el conjunto de agentes de otros países con los que se realizan intercambios (exportaciones e importaciones) y movimientos de capital. Su análisis, junto con la balanza de pagos y la integración en la Unión Europea, se aborda en el tema 45.
6. Los sectores económicos
La actividad económica se organiza tradicionalmente en tres sectores, según la naturaleza de la producción, a los que la economía contemporánea añade con frecuencia un cuarto:
- Sector primario: actividades que obtienen recursos directamente de la naturaleza —agricultura, ganadería, pesca, silvicultura y actividades extractivas como la minería—. Fue el sector dominante en las economías tradicionales.
- Sector secundario o industrial: actividades que transforman las materias primas en productos elaborados —industria, construcción y producción de energía—. Su desarrollo caracterizó la Revolución Industrial y la etapa de crecimiento del siglo XX.
- Sector terciario o servicios: actividades que no producen bienes materiales, sino servicios —comercio, transporte, turismo, hostelería, sanidad, educación, banca, administración—. Es el sector dominante en las economías desarrolladas.
- Sector cuaternario (a veces distinguido): servicios muy especializados basados en el conocimiento y la tecnología —I+D+i, telecomunicaciones, información, alta consultoría—, motor de la economía digital.
La evolución de una economía muestra una terciarización progresiva: a medida que crece la renta, el peso del sector primario disminuye, el secundario alcanza un máximo y luego se estabiliza, y el terciario crece sin cesar. En España, el sector servicios aporta en torno al 74 % del PIB y del empleo, la industria y la construcción alrededor del 22-23 %, y el sector primario apenas un 3 %, lo que refleja una economía plenamente terciarizada y avanzada.
Los sectores son interdependientes: ninguno funciona aislado. La industria (secundario) necesita las materias primas del primario y los servicios de transporte, financiación o comercialización del terciario; y el sector servicios, a su vez, presta apoyo tanto al primario como al secundario. Esta interdependencia sectorial —analizada mediante las tablas input-output de Leontief— explica que una crisis en un sector se transmita a los demás, y que la especialización productiva de un país determine su vulnerabilidad y su potencial de crecimiento. En economías avanzadas se difumina, además, la frontera entre industria y servicios (la «servitización» de la industria).
7. Conclusiones
Todo sistema económico es la respuesta de una sociedad a las tres preguntas básicas —qué, cómo y para quién producir— en un contexto de escasez. Frente a la planificación central, fracasada históricamente por su ineficiencia y su falta de incentivos, y frente al mercado puro, aquejado de fallos (desigualdad, externalidades, monopolios, inestabilidad), la mayoría de los países ha adoptado una economía mixta que combina la eficiencia del mercado con la intervención correctora del Estado. España, en el marco de la Unión Europea y de su Constitución, se inscribe en este modelo.
El mercado coordina las decisiones a través del sistema de precios, que informa, incentiva y asigna los recursos. Sus resultados dependen de la estructura del mercado, que va de la eficiente competencia perfecta al perjudicial monopolio, pasando por el oligopolio y la competencia monopolística —las más habituales—, lo que justifica la existencia de organismos de defensa de la competencia. En este marco actúan los agentes económicos —familias, empresas y sector público— y se organiza la actividad en sectores interdependientes, con una clara tendencia a la terciarización.
Para el docente de FOL, este tema aporta las claves para que el alumnado comprenda el entorno económico en el que se desenvolverán como trabajadores, consumidores y emprendedores, y para formar una ciudadanía económica crítica, capaz de participar con criterio en los grandes debates sobre el papel del mercado y del Estado. Se conecta directamente con el tema anterior sobre la economía como ciencia y prepara el estudio del funcionamiento concreto del mercado en el tema siguiente.
8. Bibliografía y webgrafía
- Constitución Española de 1978, arts. 38, 128 y 131 (libertad de empresa e intervención pública en la economía).
- Ley 15/2007, de 3 de julio, de Defensa de la Competencia.
- SMITH, A.: La riqueza de las naciones (1776).
- SAMUELSON, P. A. y NORDHAUS, W. D.: Economía. McGraw-Hill.
- MANKIW, N. G.: Principios de Economía. Paraninfo/Cengage.
- MOCHÓN, F.: Economía. Teoría y política. McGraw-Hill.
- Instituto Nacional de Estadística (INE): www.ine.es (Contabilidad Nacional; peso de los sectores).
- Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC): www.cnmc.es.
- Banco de España: www.bde.es.
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Material de repaso 📐
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Ver esquema de llaves
- 1Sistema económico y las 3 preguntas
- Instituciones y normas para organizar producción, distribución y consumo ante la escasez
- Qué producir / cómo producir / para quién producir
- Tensión entre eficiencia, equidad y libertad
- 2Los sistemas económicos
- Economía de mercado: propiedad privada, precios, mano invisible (Smith); fallos del mercado
- Planificación central: Estado + plan; ineficiencia y falta de incentivos (fracaso, 1989)
- Economía mixta: mercado + Estado corrector; modelo de la UE y España (arts. 38, 128, 131 CE)
- 3Estructuras de mercado
- Competencia perfecta: muchas empresas, producto homogéneo, precio-aceptante, eficiente
- Monopolio: una empresa, sin sustitutos; monopolio natural; regulado por la CNMC
- Oligopolio: pocas empresas interdependientes; cárteles prohibidos
- Competencia monopolística: muchas empresas, producto diferenciado (la más frecuente)
- 4El sistema de precios
- Precio formado por oferta y demanda coordina decisiones sin autoridad central
- 3 funciones: información (escasez), incentivo (produce/consume) y asignación (reparto)
- Precios máximos → escasez; precios mínimos → excedentes
- 5Agentes y sectores
- Agentes: familias (consumo y factores), empresas (producción) y sector público
- Sector exterior en economía abierta
- Sectores: primario (~3 %), secundario (~22 %), terciario (~74 %) y cuaternario; interdependencia
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