Tema 49 · Lengua Castellana y Literatura
La novela en los siglos de oro. El Lazarillo de Tormes. La novela picaresca
Epígrafe oficial: La novela en los siglos de oro. El Lazarillo de Tormes. La novela picaresca.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción: idealización frente a realismo
- 1. Relación con el currículo
- 2. La novela en los Siglos de Oro: el mapa de los géneros
- 3. El Lazarillo de Tormes
- 4. La novela picaresca como género
- 5. Crítica y proyección europea
- 6. Tratamiento didáctico
- 7. Conclusión
- Esquema
- Bibliografía
0. Introducción: idealización frente a realismo
La narrativa de los Siglos de Oro se entiende mejor desde una oposición que la vertebra: la idealización frente al realismo. A un lado, un abanico de géneros que ofrecen mundos perfectos —el heroísmo de los libros de caballerías, el amor y la naturaleza de la novela pastoril, la pasión analizada de la sentimental, el enemigo ennoblecido de la morisca, las castas aventuras de la bizantina—. Al otro, una línea nueva y desengañada que muestra el hambre, la miseria y la lucha por sobrevivir: la picaresca, inaugurada por el Lazarillo de Tormes (1554). Entre ambas orillas, y superándolas a las dos, se alza el Quijote, que tiene tema propio (el 50).
El hilo de este tema es esa tensión, y una fórmula la resume: la caballería sueña, la pastoril suspira, la picaresca desengaña. Pero conviene enunciar desde ya la tesis de fondo, porque es lo que da altura: la picaresca no es solo «el realismo» frente a «la fantasía». Es la invención de una manera nueva de contar —la autobiografía en primera persona de un don nadie, determinado por su origen, que sirve a muchos amos y cuenta su propia vida para justificarse— que resultó ser una de las raíces de la novela moderna. Del Lazarillo al Guzmán, y de ahí a Europa entera, esa voz en primera persona no ha dejado de resonar. Contar cómo nace es el objeto del tema.
1. Relación con el currículo
Como en los temas anteriores, conviene situarlo con honradez, verificando la norma y no la memoria. El currículo LOMLOE de Lengua Castellana y Literatura —el Real Decreto 217/2022 (ESO) y el Real Decreto 243/2022 (Bachillerato)— es competencial y no nombra ni la obra, ni el género, ni el periodo: las voces «Lazarillo», «picaresca», «pícaro», «novela», «Siglo de Oro», «Cervantes» y «Quijote» tienen cero apariciones en la materia (las únicas cuatro de «novela» de todo el decreto están en Literatura Universal, materia distinta y optativa, y son usos genéricos: «cuento y novela», «novela de formación», «novela policíaca»). El decreto ni siquiera emplea la palabra «novela» al hablar de literatura en Lengua Castellana.
Lo que sí prescribe es un modo de leer: la lectura de clásicos inscritos en itinerarios temáticos o de género, con enfoque intertextual, y —en Lengua Castellana y Literatura I de Bachillerato— «clásicos de la literatura española desde la Edad Media hasta el Romanticismo, inscritos en itinerarios temáticos o de género». El Lazarillo entra por esa puerta con naturalidad: como estación de un itinerario del antihéroe, de la honra o de la voz autobiográfica, no como «obra del temario». Decirlo así —con las voces exactas y advirtiendo lo que el decreto no dice— es más fuerte, y verificable, que atribuirle una nómina de obras que no contiene.
2. La novela en los Siglos de Oro: el mapa de los géneros
2.1. La trampa terminológica: «novela» no significaba lo de hoy
Antes del mapa, una advertencia que un tribunal premia y que evita el error más común del tema. 🔎 En los Siglos de Oro, «novela» no significaba lo que hoy. Las ficciones largas en prosa se llamaban «libros» —libros de caballerías, libros de pastores—; la palabra «novela» (del italiano novella, la de Boccaccio) designaba el relato breve a la italiana. Por eso, cuando Cervantes escribe en el prólogo de sus Novelas ejemplares (1613) que es «el primero que he novelado en lengua castellana», no está negando que existieran el Amadís o el Lazarillo: reivindica haber sido el primero en cultivar la novela corta original en español. Confundir los dos sentidos de «novela» —el moderno y el áureo— es el fallo que más delata a quien ha estudiado de resumen.
2.2. La línea idealizante
Los géneros idealizantes ofrecen, cada uno, un mundo perfecto:
- Libros de caballerías. Su obra emblemática es el Amadís de Gaula. 🔎 Conviene la precisión: Garci Rodríguez de Montalvo no lo «escribió»; refundió un Amadís medieval del siglo XIV (ya citado por el canciller Ayala), corrigió sus tres libros, añadió un cuarto y compuso su continuación, Las sergas de Esplandián. La edición conservada más antigua es la de Zaragoza, Jorge Coci, 1508 —no «la primera edición»: hubo impresiones anteriores perdidas (hacia 1496)—. El Amadís desató una moda editorial arrolladora durante el siglo XVI; contra ese exceso reaccionará el Quijote.
- Novela sentimental. Analiza la pasión amorosa en clave de amor cortés. Su cumbre es la Cárcel de amor de Diego de San Pedro (Sevilla, 1492). 🔎 Pero el género no nace con él: lo inicia Juan Rodríguez del Padrón con el Siervo libre de amor (hacia 1439, ya visto en el tema 44); San Pedro es la cima, no el fundador.
- Novela pastoril. Pastores idealizados que cantan sus amores en un locus amoenus (enlaza con la égloga, tema 47). La abre Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor (Valencia, hacia 1558-1559), con sus continuaciones (la Diana enamorada de Gil Polo, 1564). También Cervantes empezó por aquí: su ópera prima fue La Galatea (Alcalá, 1585).
- Novela bizantina o de aventuras peregrinas. Amores castos separados por naufragios y viajes, a imitación de la Historia etiópica de Heliodoro. La gran muestra española es el Persiles y Sigismunda de Cervantes, obra póstuma (1617): firmó su dedicatoria el 19 de abril de 1616 y murió tres días después.
- Novela morisca. Idealiza al enemigo (la maurofilia): el moro noble y galante. Su joya es la anónima Historia del Abencerraje y la hermosa Jarifa (varias versiones hacia 1561-1565; la más lograda, la del Inventario de Antonio de Villegas, 1565), que circuló incluso interpolada dentro de la Diana. Después, las Guerras civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita (1595).
2.3. La novela corta a la italiana
Mención aparte merece la novela corta, y su obra maestra son las Novelas ejemplares de Cervantes (Madrid, Juan de la Cuesta, 1613): doce novelas breves —de La gitanilla a El coloquio de los perros— que la crítica agrupa en idealizantes, realistas y mixtas. Con ellas Cervantes aclimata al español la novella italiana con materia y arte propios, y de ahí su reivindicación de haber sido «el primero que he novelado en lengua castellana». (Adviértase que La tía fingida, que a veces se le atribuye, no forma parte de la colección.) Algunas de estas novelas —Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros— dialogan con la picaresca, aunque Cervantes no escriba picaresca pura, como se verá.
2.4. La línea realista: aquí entra la picaresca
Frente a todo ese universo idealizado, a mediados del siglo XVI aparece, sin ruido y sin nombre de autor, un librito que cuenta la vida de un pregonero hijo de un molinero ladrón. No hay héroes ni pastores: hay hambre. El Lazarillo de Tormes inaugura la línea realista de la narrativa áurea, que fructificará medio siglo después en el género picaresco. A ella se dedica el resto del tema.
3. El Lazarillo de Tormes
Como La Celestina (tema 46), el Lazarillo se entiende mejor no como una obra cerrada, sino como un conjunto de problemas: no sabemos con certeza cuándo se imprimió por primera vez, ni quién lo escribió, y su sentido último se discute. Recorrer esos problemas es más útil que resumir el argumento.
3.1. El problema textual: las cuatro ediciones de 1554
La obra se titula La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. Se conservan cuatro ediciones de 1554, en cuatro ciudades: Burgos (Juan de Junta), Amberes (Martín Nucio, la única con varios ejemplares), Alcalá de Henares (Salcedo, con colofón de 26 de febrero de 1554) y Medina del Campo (hermanos Del Canto). 🔎 Dos datos de rigor que cazan al opositor:
- La de Medina del Campo se descubrió en 1992, emparedada en una casa de Barcarrota (Badajoz) —la llamada «Biblioteca de Barcarrota», presumiblemente oculta por un converso—, y su facsímil se publicó en 1996. Los manuales anteriores a esa fecha hablan de «tres ediciones»: son cuatro.
- Ninguna de las cuatro es la príncipe. Todas derivan, por errores comunes, de un arquetipo perdido; la de Alcalá se declara «segunda impresión» e incorpora seis interpolaciones ajenas al original (las célebres «profecías» del ciego). Francisco Rico sitúa la príncipe hacia 1552-1553, como hipótesis razonada, no como dato documentado.
3.2. El anonimato y las atribuciones
El Lazarillo se publicó anónimo, y el anonimato es doble: por cautela ante un contenido anticlerical y erasmista que pronto sería prohibido, y —sobre todo— como recurso literario, porque la ficción es una autobiografía escrita por el propio Lázaro: el «autor» interno es el personaje. Las principales atribuciones, ninguna probada, conviene conocerlas con su fecha y su proponente:
- Fray Juan de Ortega (jerónimo): la apunta fray José de Sigüenza en su Historia de la Orden de San Jerónimo (1605), que dice haberse hallado el borrador en su celda.
- Diego Hurtado de Mendoza: la propone Valerio Andrés Taxandro (1607); fue la atribución «de manual» durante siglos, reavivada por Mercedes Agulló con un documento de 2010, aún no concluyente.
- Alfonso de Valdés (secretario de Carlos V, del círculo erasmista): defendida por Rosa Navarro Durán desde 2002; exigiría datar la obra antes de 1532.
- Sebastián de Horozco: propuesta circunstancial, por coincidencias temáticas.
🔎 La conclusión que da nivel: dar por autor «seguro» a Diego Hurtado de Mendoza —la vieja respuesta de manual— es un error. Todas las candidaturas descansan en testimonios tardíos, circunstanciales o estilísticos, se contradicen entre sí y algunas exigen dataciones incompatibles. El consenso académico mantiene la obra como anónima: lo que se premia es saber quién propuso cada nombre, no elegir uno.
3.3. La forma: la carta, «Vuestra Merced» y el «caso»
La forma es la clave de todo, y es una genialidad. El Lazarillo es una carta-relación autobiográfica, en primera persona, dirigida a un «Vuestra Merced» (un personaje de rango superior, protector del arcipreste) que había pedido a Lázaro que le contara «el caso» «muy por extenso». Lázaro obedece contando toda su vida, retrospectivamente, desde el punto de llegada que él llama «la cumbre de toda buena fortuna».
🔎 Y aquí está la clave estructural que más penaliza un tribunal si se yerra: «el caso» no es, en abstracto, «la vida de Lázaro». Es la situación final concreta: los rumores sobre la mujer de Lázaro, amancebada con el arcipreste de San Salvador, cuya honra Lázaro consiente y pregona a cambio de acomodo. Toda la autobiografía es la justificación de ese caso ante Vuestra Merced: Lázaro explica su vida entera —el hambre, los amos, el aprendizaje— para hacer entender cómo ha llegado a aceptar su deshonra como «buena fortuna». Esa estructura circular —el final ilumina el principio— es lo que convierte una sarta de anécdotas en una novela, y es la gran aportación de Francisco Rico al entender la obra (La novela picaresca y el punto de vista).
3.4. Estructura, tratados y amos
La obra consta de un prólogo y siete tratados de extensión muy desigual (el III, el del escudero, es el más largo; el IV, el VI y el VII son brevísimos). 🔎 Los epígrafes que encabezan cada tratado son, casi con seguridad, editoriales (de los impresores), no del autor: la obra es una carta continua. Los amos a los que sirve Lázaro dibujan un descenso a la sociedad de su tiempo:
- Tratado I: el ciego, que le enseña la crueldad del mundo (el toro de piedra, la jarra de vino) y lo despierta a la astucia.
- Tratado II: el clérigo de Maqueda, avarísimo, con quien Lázaro pasa el hambre más extrema (el arcaz de los panes).
- Tratado III: el escudero, pobre pero obsesionado con la honra, al que Lázaro acaba manteniendo con lo que mendiga: la inversión más amarga y humana del libro.
- Tratados IV a VII: el fraile de la Merced, el buldero (vendedor de bulas, con su estafa magistral), el capellán (con quien Lázaro es aguador y ahorra) y el alguacil, tras el cual obtiene el «oficio real» de pregonero de Toledo.
Dos escenas del tratado I merecen recordarse, porque son el despertar de Lázaro y muestran cómo la obra enseña a través de la anécdota. Nada más entrar al servicio del ciego, este le manda arrimar el oído a un toro de piedra del puente de Salamanca para oír «un gran ruido dentro dél»; cuando el niño lo hace, el ciego le estampa la cabeza contra la piedra y le suelta la máxima que ordena todo el libro: «Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo». Ahí nace la astucia de Lázaro. La segunda es especular: Lázaro horada por debajo el jarro de vino del ciego y bebe a hurtadillas por el agujerito, hasta que el amo, sospechando, deja caer el jarro sobre su cara y le rompe los dientes. Amo y criado se enseñan mutuamente a engañar: el Lazarillo no describe el mundo, lo dramatiza en escenas que el lector no olvida.
Adviértase un dato revelador: cinco de los amos o valedores de Lázaro son eclesiásticos (el clérigo, el fraile, el buldero, el capellán y, al final, el arcipreste). No es casual.
3.5. Los temas
Los grandes temas del Lazarillo:
- El hambre (tratados I-III): motor de la acción y gran igualador; el ingenio de Lázaro nace de la necesidad.
- La honra: encarnada en el escudero (que prefiere pasar hambre a trabajar) y, sobre todo, invertida en el desenlace, donde Lázaro alcanza su «cumbre» precisamente renunciando a la honra. La obra desmonta el código del honor mostrándolo como una farsa que solo pueden permitirse los que no pasan hambre.
- El anticlericalismo de raíz erasmista: los cinco eclesiásticos encarnan la avaricia, la hipocresía y la estafa, en la línea de la crítica de Erasmo a la religión externa y sin caridad.
- El ascenso social irrisorio y el determinismo del medio: Lázaro «medra», sí, pero hasta un puesto vil y a costa de su deshonra. No hay redención social.
- La ironía y el perspectivismo del narrador, que cuenta su infamia con la naturalidad de quien la considera un éxito: el lector entiende mucho más de lo que Lázaro confiesa.
3.6. La novedad: qué inaugura
La novedad del Lazarillo —y la razón de que abra este tema— es que inaugura una manera de contar sin precedentes: la autobiografía de un don nadie. Por primera vez, el protagonista de una obra literaria no es un héroe, un caballero ni un pastor, sino un ser humano de la más baja condición que cuenta su propia vida en su propia voz. Y por primera vez ese personaje se hace a lo largo del relato: Lázaro no es el mismo al principio (niño inocente) que al final (adulto cínico); el ambiente y el hambre lo han modelado. Esa idea —que el carácter es producto de la experiencia y de la sociedad— es una de las semillas de la novela moderna, y la recogerá, transformada, el Quijote (tema 50). Conviene medir el alcance: antes del Lazarillo, la literatura contaba las hazañas de los que estaban arriba; con él, por primera vez, toma la palabra el que está abajo, y lo hace sin pedir perdón, con una voz propia, irónica y llena de dobleces. Esa voz autobiográfica del marginado —capaz de hacernos ver el mundo desde su rincón— es un hallazgo que la novela europea explotará durante siglos. 🔎 Un matiz que da nivel: la palabra «pícaro» no aparece en el Lazarillo —Lázaro es un «mozo de muchos amos», no un delincuente—; el término, y con él la etiqueta «novela picaresca», son retrospectivos.
3.7. La censura y las continuaciones
El destino editorial de la obra confirma su carga crítica. Fue prohibida por el Índice de libros prohibidos del inquisidor general Fernando de Valdés (1559), por su sátira anticlerical. Y en 1573 reapareció expurgada como «Lazarillo castigado», edición de Juan López de Velasco que amputa enteros el tratado IV (el fraile) y el V (el buldero) y suprime frases del II: fue la única versión que circuló legalmente en España hasta el siglo XIX. Hubo, además, dos continuaciones distintas que conviene no confundir: una anónima (Amberes, 1555), fantástica, en la que Lázaro se transforma en atún y vive aventuras submarinas; y la de Juan de Luna (París, 1620), realista y anticlerical.
4. La novela picaresca como género
4.1. Los rasgos del género
La novela picaresca es un género de rasgos muy definidos, que conviene enumerar con precisión:
- Forma autobiográfica fingida. El pícaro narra su propia vida en primera persona. 🔎 Es pseudo-autobiografía, no autobiografía real: un recurso que crea una doble perspectiva —el pícaro-narrador, que juzga su pasado desde un presente ya conocido, y el pícaro-actor que lo vivió—. Es la clave del género según Rico: la unidad nace del punto de vista, no de una trama trabada.
- Origen vil y genealogía deshonrosa. El pícaro nace de padres sin honra (ladrones, alcahuetas, ascendencia conversa): es el antihéroe que invierte al caballero idealizado.
- Servicio a amos sucesivos. El «mozo de muchos amos» arma una estructura episódica, itinerante y abierta (una «sarta» de episodios), que permite la sátira de todos los estamentos y deja la novela sin cierre necesario (de ahí las continuaciones).
- Determinismo. El pícaro aspira a medrar, pero su origen y su ambiente lo condenan: no asciende de verdad. 🔎 Matiz importante: no es el determinismo naturalista del siglo XIX, y no excluye la redención espiritual (en el Guzmán hay conversión religiosa final). La condena es social, no necesariamente moral.
- Sátira social de todos los estamentos y realismo desengañado —aunque estilizado: no es «realismo fotográfico», sino sátira moral con caricatura y, en Quevedo, conceptismo—.
- Intención moral desigual. 🔎 No todo el género moraliza por igual: el Guzmán es un sermón continuo («atalaya de la vida humana»); el Buscón prescinde del moralismo y prima el ingenio. Atribuir el mismo didactismo a todas las picarescas es error.
4.2. El Guzmán de Alfarache: el que constituye el género
Si el Lazarillo es el precursor, la obra que constituye el género —le da masa crítica, éxito y hasta nombre— es el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán: la Primera parte (Madrid, 1599) y la Segunda parte, «atalaya de la vida humana» (Lisboa, 1604). Su éxito fue arrollador —más de veinte ediciones en pocos años— y europeo (se tradujo pronto: The Rogue, de James Mabbe, 1622). 🔎 Es el Guzmán, no el Lazarillo, el que internacionaliza la picaresca y consagra el término «pícaro»: Alemán tituló su obra Atalaya de la vida humana, y fue el público quien la rebautizó «el pícaro».
El Guzmán añade al modelo del Lazarillo el gran ingrediente moral: su protagonista es un galeote arrepentido que cuenta su vida desde la conversión, como atalaya (mirador) desde la que juzga el mundo; las digresiones son sermones. Es el «atalayismo»: pesimismo desengañado dentro de la moral contrarreformista (pecado, libre albedrío, posibilidad de conversión). Un dato de contexto que conecta con el tema 50: entre la primera y la segunda parte apareció una segunda parte apócrifa (Valencia, 1602, firmada «Mateo Luján de Sayavedra»), a la que Alemán respondió incorporando y «matando» al usurpador dentro de su relato —el precedente exacto del caso de Avellaneda con el Quijote—.
4.3. El Buscón de Quevedo
La tercera cumbre es la Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos de Francisco de Quevedo. 🔎 Con las fechas hay que ser preciso, porque es trampa: se compuso hacia 1603-1608 (con retoques posteriores) y circuló manuscrita durante dos décadas, pero no se publicó hasta 1626 (Zaragoza, sin permiso del autor, que nunca la reconoció). El Buscón es el reverso del Guzmán: ningún moralismo, sino ingenio conceptista puro, caricatura y deshumanización satírica. Su determinismo es social y conservador —el origen y la sangre condenan a Pablos, cuyo intento de ascender es imposible y ridículo—, y se cifra en la única sentencia moral del libro, en su cierre: «nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres». Donde el Guzmán predica, el Buscón se ríe.
4.4. Las demás picarescas
El género dio muchas más obras, algunas atípicas, y conviene tenerlas situadas:
- La pícara Justina (Francisco López de Úbeda, 1605): la primera protagonista pícara mujer, aunque es más una miscelánea satírico-erudita que una picaresca de hambre.
- Vida del escudero Marcos de Obregón (Vicente Espinel, 1618): atípica, con un protagonista escudero digno, casi alter ego del autor, de tono memorialístico y sereno, sin el origen vil ni el hambre canónicos.
- El diablo cojuelo (Vélez de Guevara, 1641), en la frontera del género.
- Estebanillo González (Amberes, 1646): la cima y a la vez la disolución del género, posible autobiografía real de un bufón de la Guerra de los Treinta Años que renuncia a toda honra y sobrevive haciendo reír.
4.5. ¿Funda el Lazarillo el género?
Con todo lo anterior puede responderse a la pregunta clásica del tema, y hacerlo con matiz es lo que distingue una respuesta de sobresaliente. 🔎 Decir sin más que «el Lazarillo funda la novela picaresca en 1554» es impreciso. Entre 1554 y 1599 no hubo ni una sola imitación: durante cuarenta y cinco años el Lazarillo fue una obra aislada. Es el éxito del Guzmán (1599) el que crea la conciencia de género y hace releer el Lazarillo retrospectivamente como cabeza de serie. Por eso la crítica —Claudio Guillén, Francisco Rico, Fernando Lázaro Carreter— habla de precursor y de un género construido a posteriori. La imagen la fijó Lázaro Carreter: el Lazarillo «habría podido ser una golondrina aislada» sin el «auxilio victorioso» del Guzmán. Formulación fina: el Lazarillo inaugura el modelo; el Guzmán constituye el género.
5. Crítica y proyección europea
Dos asuntos cierran el tema con altura. El primero, una lectura crítica influyente y discutida: la de Américo Castro, que en La realidad histórica de España (1954) y De la edad conflictiva (1961) vinculó la picaresca —junto con la ascética y la mística— a la casta conversa y al drama de la honra y la limpieza de sangre: la picaresca sería la mirada resentida y marginal del converso sobre una sociedad obsesionada con el linaje. 🔎 Es una hipótesis interpretativa, no un hecho, y hay que presentarla como tal: se le ha reprochado generalizar (dar por converso todo espíritu crítico del Siglo de Oro), y un contraargumento que un tribunal valora es que Quevedo, autor del Buscón, era cristiano viejo y militantemente antijudío, lo que complica leer su obra como «resentimiento converso». La matizaron Bataillon y Márquez Villanueva.
El segundo, la proyección europea, que no es un calco sino una transformación (filiación y ruptura a la vez). La picaresca española se tradujo y se imitó por toda Europa: en Alemania, el Simplicissimus de Grimmelshausen (1668) lleva el molde al horror de la Guerra de los Treinta Años; en Inglaterra, tras las tempranas traducciones (el Lazarillo por Rowland en 1576, el Guzmán por Mabbe en 1622), la herencia picaresca desemboca —perdiendo ya la redención religiosa— en la novela de Defoe (Moll Flanders, 1722), que Ian Watt situó, con su «realismo formal», en el arranque de la novela moderna; y en Francia, el Gil Blas de Santillana de Lesage (1715-1735). 🔎 Sobre este último, una precisión que distingue: Gil Blas es obra original francesa, ambientada en España y nutrida de fuentes españolas (Espinel), no una novela española ni la traducción de un original perdido —la vieja «polémica de hispanidad» (Voltaire, el Padre Isla, que la «restituyó» a España en 1787) está hoy descartada—.
Un caso aparte, y muy revelador, es el de Cervantes. Dialogó con la picaresca —Rinconete y Cortadillo retrata el hampa sevillana; El coloquio de los perros es la vida de un perro contada por él mismo— pero no escribió picaresca pura, y su distancia ilumina el género por contraste: Cervantes rompe la autobiografía cerrada (sus pícaros no monologan su vida entera para justificarse), niega el determinismo (sus personajes son libres, pueden elegir su camino) y rechaza el moralismo machacón del Guzmán. Donde Mateo Alemán sermonea, Cervantes deja que sus criaturas vivan. Esa libertad es justamente la que separa la picaresca —un género de tesis— del camino que Cervantes abría hacia la novela moderna (tema 50).
6. Tratamiento didáctico
Ya se vio (apartado 1) que el currículo no nombra la obra ni el género y trabaja por itinerarios con enfoque intertextual. El Lazarillo es, para ese enfoque, una obra idónea, por dos razones: es breve y de lengua accesible, y plantea temas vivos (la desigualdad, el hambre, la honra, la voz del que no cuenta). Tres propuestas:
- Itinerario del antihéroe. De Lázaro a un personaje actual de baja condición que cuenta su vida (una autobiografía contemporánea, una canción, una serie): comparar cómo la voz en primera persona del que está abajo construye una mirada crítica sobre la sociedad. El alumnado descubre que la picaresca inventó algo que sigue vivo.
- El «caso» como enigma. Trabajar el Lazarillo desde el final: leer primero el tratado VII, entender «el caso», y releer la obra entera como su justificación. Es una lección práctica de estructura narrativa y de punto de vista (por qué importa quién cuenta y desde dónde).
- Idealización frente a realismo. Contrastar un fragmento caballeresco o pastoril con uno del Lazarillo: dos maneras opuestas de mirar el mundo. Conecta con la lírica idealizada (tema 47) y con la tipología narrativa (tema 26).
La evaluación debe ser competencial: no medir si el alumno recita las cuatro ediciones de 1554, sino si interpreta la ironía del narrador, si reconoce la estructura del «caso», si compara la mirada realista con la idealizante y si crea una voz autobiográfica propia. Y una atención expresa a la diversidad y a la mirada crítica: el Lazarillo es una invitación a pensar sobre la pobreza, la desigualdad y la hipocresía social con quinientos años de perspectiva —un texto que interpela directamente al alumnado de hoy—.
7. Conclusión
La narrativa de los Siglos de Oro se despliega entre la idealización —caballerías, pastoril, sentimental, morisca, bizantina— y el realismo desengañado que inaugura la picaresca; y por encima de ambas se alza el Quijote, que las abraza y las supera (tema 50). En ese mapa, el Lazarillo de Tormes (1554) es un hito fundacional: un librito anónimo, prohibido y amputado por la Inquisición, que inventó la autobiografía del don nadie —la voz en primera persona de un ser humano de la más baja condición que cuenta su vida para justificar su deshonra— y con ella una de las raíces de la novela moderna. El género propiamente dicho, sin embargo, no nace con él, sino con el Guzmán de Alfarache (1599), que lo constituye, lo moraliza y lo lleva a Europa; el Lazarillo era, hasta entonces, una golondrina aislada. Del Guzmán al Buscón, y de ahí a Grimmelshausen, a Defoe y a Lesage, la voz del pícaro no ha dejado de contar el mundo desde abajo. Enseñar el Lazarillo es, por eso, enseñar el momento en que la literatura española aprendió a mirar la realidad sin idealizarla —y a darle la palabra al que nunca la había tenido—.
Esquema
LA NOVELA EN LOS SIGLOS DE ORO · EL LAZARILLO · LA PICARESCA
│
├─ 0. EJE: IDEALIZACIÓN vs REALISMO
│ "la caballería sueña, la pastoril suspira, la picaresca DESENGAÑA"
│ tesis: la picaresca inventa la autobiografía del DON NADIE = raíz de la novela moderna
│
├─ 1. CURRÍCULO (verificado XML BOE): Lazarillo/picaresca/pícaro/novela/Cervantes/Quijote
│ = 0 en LCL (las 4 de "novela" en Lit. Universal) · itinerarios + enfoque intertextual
│
├─ 2. MAPA DE LA NOVELA ÁUREA
│ ├─ ⚠ TRAMPA: "novela" áurea = relato BREVE (novella); las largas = "libros"
│ │ Cervantes "el primero que he novelado" = novela CORTA
│ ├─ IDEALIZANTE: caballerías (Amadís, ed. conservada + antigua Zaragoza 1508,
│ │ Montalvo REFUNDIÓ, no escribió) · sentimental (Cárcel de amor 1492; funda
│ │ Rodríguez del Padrón) · pastoril (Diana h.1559; Galatea 1585) ·
│ │ bizantina (Persiles 1617, Heliodoro) · morisca (Abencerraje, Villegas 1565)
│ ├─ NOVELA CORTA: Novelas ejemplares (1613, DOCE)
│ └─ REALISTA: la picaresca (Lazarillo)
│
├─ 3. EL LAZARILLO ("La vida de Lazarillo... fortunas y adversidades", anónimo)
│ ├─ TEXTO: 4 ediciones de 1554 (Burgos, Amberes, Alcalá, MEDINA=hallada 1992
│ │ emparedada en Barcarrota); NINGUNA es la príncipe (perdida, h.1552-53)
│ ├─ AUTOR: ANÓNIMO. Atribuciones (ninguna segura): Ortega (Sigüenza 1605),
│ │ Hurtado de Mendoza (Taxandro 1607), Alfonso de Valdés (Navarro Durán), Horozco
│ ├─ FORMA: carta autobiográfica a "Vuestra Merced" que pidió "el caso"
│ │ ⚠ EL CASO = triángulo final (mujer + arcipreste de San Salvador), NO "su vida"
│ │ toda la autobiografía JUSTIFICA el caso (Rico, "punto de vista")
│ ├─ ESTRUCTURA: prólogo + 7 tratados (epígrafes = editoriales); amos: ciego,
│ │ clérigo, ESCUDERO (III, el + largo, honra), fraile, buldero, capellán, alguacil
│ │ → pregonero. CINCO valedores eclesiásticos
│ ├─ TEMAS: hambre · honra (invertida en el final) · anticlericalismo erasmista ·
│ │ ascenso irrisorio/determinismo · ironía-perspectivismo
│ ├─ NOVEDAD: autobiografía del don nadie; el personaje SE HACE. ⚠ "pícaro" NO
│ │ aparece en el texto (etiqueta retrospectiva)
│ └─ CENSURA: Índice de Valdés 1559; "Lazarillo castigado" (López de Velasco 1573,
│ AMPUTA IV y V) · continuaciones: anón. Amberes 1555 (atún) ≠ Juan de Luna 1620
│
├─ 4. LA PICARESCA (género)
│ ├─ RASGOS: pseudo-autobiografía (doble perspectiva, Rico) · origen vil/antihéroe ·
│ │ amos sucesivos (sarta, abierta) · determinismo (social, NO naturalista; cabe
│ │ redención espiritual) · sátira · realismo desengañado · moral DESIGUAL
│ ├─ GUZMÁN DE ALFARACHE (Mateo Alemán, 1599 + 1604 "atalaya"): CONSTITUYE el género,
│ │ lo internacionaliza, consagra "el pícaro". Apócrifo 1602 (Luján de Sayavedra) =
│ │ precedente de Avellaneda
│ ├─ EL BUSCÓN (Quevedo): compuesto h.1603-08, PUBLICADO 1626. Sin moral, conceptismo.
│ │ "nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres"
│ ├─ OTRAS: Pícara Justina (1605, 1.ª mujer) · Marcos de Obregón (1618, atípica) ·
│ │ Estebanillo González (1646, cima y disolución)
│ └─ ⚠ ¿funda el Lazarillo? NO sin matiz: 45 años sin imitaciones → el GUZMÁN
│ constituye el género; Lazarillo = "golondrina aislada" (Lázaro Carreter)
│
├─ 5. CRÍTICA Y PROYECCIÓN
│ ├─ Américo Castro: converso/honra/limpieza de sangre (1954, 1961) = HIPÓTESIS
│ │ discutida (contra: Quevedo cristiano viejo antijudío)
│ └─ EUROPA (filiación Y ruptura): Simplicissimus (1668) · Moll Flanders (1722, Watt
│ "realismo formal") · Gil Blas (Lesage 1715-35, original FRANCÉS, no español)
│ └─ Cervantes DIALOGA con la picaresca (Rinconete, Coloquio) pero NO la escribe pura
│
├─ 6. DIDÁCTICA: itinerario del antihéroe · el "caso" como enigma (leer desde el final) ·
│ idealización vs realismo · evaluación competencial
└─ 7. CONCLUSIÓN: el Lazarillo enseña a mirar la realidad sin idealizarla y a dar la
palabra al que no la tenía
Bibliografía
- Rico, Francisco: La novela picaresca y el punto de vista. Barcelona, Seix Barral (estudio canónico del género); y su edición del Lazarillo (Cátedra, Letras Hispánicas).
- Lázaro Carreter, Fernando: «Lazarillo de Tormes» en la picaresca. Barcelona, Ariel.
- Guillén, Claudio: «Toward a Definition of the Picaresque», en Literature as System (1971).
- Alborg, Juan Luis: Historia de la literatura española, t. II (Época barroca). Madrid, Gredos.
- Rico, Francisco (dir.): Historia y crítica de la literatura española, vols. 2 y 3 (Siglos de Oro). Barcelona, Crítica.
- Castro, Américo: De la edad conflictiva. Madrid, Taurus (la tesis conversa, para conocerla y discutirla).
- Watt, Ian: The Rise of the Novel (1957) (para la proyección hacia la novela moderna).
- Reales Decretos 217/2022 (ESO) y 243/2022 (Bachillerato), currículo de Lengua Castellana y Literatura, y el de la comunidad autónoma correspondiente.
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