Tema 50 · Lengua Castellana y Literatura
El Quijote
Epígrafe oficial: El Quijote
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción: el Quijote como conjunto de novedades
- 1. Relación con el currículo
- 2. Cervantes: la vida que está en el libro
- 3. Las dos partes y el apócrifo de Avellaneda
- 4. El propósito y lo que lo desborda
- 5. La estructura: las tres salidas
- 6. Don Quijote y Sancho: la pareja que se transforma
- 7. Las técnicas de la modernidad
- 8. Por qué es la primera novela moderna
- 9. Las interpretaciones: de la risa al símbolo
- 10. Proyección universal
- 11. Tratamiento didáctico
- 12. Conclusión
- Esquema
- Bibliografía
0. Introducción: el Quijote como conjunto de novedades
El Quijote es el libro más importante de la literatura española y uno de los más influyentes de la literatura universal, y por eso mismo es el más difícil de explicar en una oposición: el riesgo no es quedarse corto, sino hablar cuarenta y cinco minutos sin decir nada que no esté en la contraportada —«un hidalgo que enloquece leyendo libros de caballerías y sale a deshacer entuertos con su escudero Sancho»—. Como con La Celestina (tema 46), la salida es no resumir el argumento, sino plantear la obra por lo que la hace inagotable: es un conjunto de novedades tan radicales que con ella, se suele decir, nace la novela moderna.
La respuesta corta a «¿por qué importa el Quijote?» no es «porque critica los libros de caballerías» —eso es solo su punto de partida—. Es que en él, por primera vez, la realidad se cuenta desde varios puntos de vista a la vez, los personajes evolucionan en lugar de repetirse, el libro habla de sí mismo y de su propia condición de libro, y lo sublime y lo cómico, lo culto y lo popular conviven en la misma página. Ninguna de esas cosas existía antes reunida. Contar cuáles son y cómo funcionan es el objeto de este tema.
1. Relación con el currículo
Conviene situarlo con la misma honradez de los temas anteriores. El currículo LOMLOE de Lengua Castellana y Literatura —el Real Decreto 217/2022 (ESO) y el Real Decreto 243/2022 (Bachillerato)— es competencial y no nombra ni la obra ni el autor: las voces «Cervantes», «Quijote» y «novela» tienen cero apariciones en la materia (verificado en el XML del BOE; las contadas apariciones de «novela» del decreto están en Literatura Universal, materia distinta). El currículo prescribe la lectura de clásicos inscritos en itinerarios temáticos o de género, con enfoque intertextual, y —en Bachillerato I— «clásicos de la literatura española desde la Edad Media hasta el Romanticismo».
Ahora bien, aquí conviene un matiz de realismo: aunque el decreto estatal no lo nombre, el Quijote es la obra que con más seguridad figura, ya de manera expresa, en los decretos autonómicos y en los itinerarios lectores de cualquier centro; ninguna programación de literatura española lo omite. La cuestión, por tanto, no es si se lleva al aula, sino cómo: y la respuesta que da nivel es hacerlo por su valor de fundación de la novela y como estación de itinerarios (la locura y la cordura, la ficción y la realidad, el ideal y el mundo), no como una lectura obligatoria que se despacha con un resumen de capítulos.
2. Cervantes: la vida que está en el libro
No hace falta una biografía completa de Miguel de Cervantes Saavedra, pero sí los datos que están dentro del Quijote, porque la obra se nutre de una vida excepcional. Cervantes fue bautizado en Alcalá de Henares el 9 de octubre de 1547 (la fecha del nacimiento, el 29 de septiembre, día de San Miguel, es tradición, no dato de archivo) y murió en Madrid el 22 de abril de 1616 (fue enterrado el 23 —el Día del Libro conmemora el entierro, no la muerte— en el convento de las Trinitarias Descalzas). 🔎 Un mito que conviene desmentir: no murió el mismo día que Shakespeare; el 23 de abril inglés seguía el calendario juliano, y además Cervantes murió el 22.
Tres experiencias marcaron su obra. Combatió en la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), a bordo de la galera La Marquesa, donde recibió tres heridas de arcabuz que le dejaron la mano izquierda anquilosada: de ahí «el manco de Lepanto». 🔎 «Manco» no significa «sin mano»: conservó la mano, inutilizada. Cervantes tuvo siempre por un honor aquella herida, ganada «en la más alta ocasión que vieron los siglos». De regreso a España fue cautivo en Argel (1575-1580, cinco años, cuatro intentos de fuga, rescatado por los frailes trinitarios), experiencia que reaparece en la Historia del cautivo del propio Quijote. Y estuvo preso —probablemente en la Cárcel Real de Sevilla, hacia 1597— cuando concibió su obra: en el prólogo dirá que el libro «se engendró en una cárcel». Soldado, cautivo, recaudador, preso y escritor tardío (publicó el Quijote con cerca de sesenta años): esa vida de fracasos y grandeza está en la mirada compasiva e irónica de su novela.
Su obra es amplia y de todos los géneros: la novela pastoril La Galatea (1585), las Novelas ejemplares (1613, doce novelas cortas), el Viaje del Parnaso (1614), las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados (1615), y la novela bizantina Los trabajos de Persiles y Sigismunda (póstuma, 1617). En teatro dejó una tragedia de juventud, La Numancia, y entremeses maestros como El retablo de las maravillas. Pero su vida entera cabe en un solo título.
3. Las dos partes y el apócrifo de Avellaneda
El Quijote no es un libro, sino dos, publicados con diez años de diferencia, y entre ambos se cruza un tercero, falso, que cambió la historia de la literatura. Es una de las claves del tema.
3.1. La Primera parte (1605)
La Primera parte se titula El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (con la ortografía de la época, «Quixote»). Se imprimió en Madrid, por Juan de la Cuesta —el impresor—, a costa de Francisco de Robles —el librero que la financió—, en 1605; consta de 52 capítulos. 🔎 Un matiz de rigor: aunque la portada diga 1605, la tasa y el privilegio se firmaron a finales de 1604 en Valladolid (donde residía entonces la corte de Felipe III); el libro salió a la venta en enero de 1605. Su éxito fue fulgurante e inmediato: ese mismo año Juan de la Cuesta hizo dos ediciones y aparecieron ediciones piratas en Lisboa y Valencia; don Quijote y Sancho se volvieron enseguida figuras de fiesta y máscara. En 1612, Thomas Shelton lo tradujo al inglés, la primera traducción a cualquier lengua.
3.2. El apócrifo de Avellaneda (1614)
En 1614, cuando Cervantes andaba escribiendo su continuación, apareció un Quijote falso: el Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, firmado por un tal Alonso Fernández de Avellaneda, «natural de la villa de Tordesillas», con pie de imprenta de Tarragona, 1614. 🔎 Es un dato que hay que tener clarísimo, porque es error grave equivocarlo: el apócrifo aparece entre la Primera parte auténtica (1605) y la Segunda auténtica (1615), no después. Y su prólogo insultaba a Cervantes con saña —lo llamaba viejo, manco, preso y envidioso de Lope de Vega—. 🔎 La identidad de Avellaneda sigue siendo un enigma nunca resuelto: se han propuesto decenas de candidatos (el más citado hoy es Jerónimo de Pasamonte, según Martín de Riquer, pero sin prueba documental); dar por seguro cualquier nombre es un error. Lo importante es la consecuencia literaria: aquel agravio precipitó y condicionó el final de la Segunda parte de Cervantes.
3.3. La Segunda parte (1615) y su respuesta
La Segunda parte apareció en 1615 (Madrid, Juan de la Cuesta, a costa de Robles; 74 capítulos). 🔎 Y aquí un matiz que casi ningún manual señala y que un tribunal premia: el título cambia de «ingenioso hidalgo» (1605) a «ingenioso caballero» (1615) —don Quijote, armado caballero burlescamente en la Primera parte, «asciende» en el título—. Cervantes convirtió el agravio de Avellaneda en materia de su propia obra, con una genialidad sin precedentes: hacia el capítulo II, 59, don Quijote y Sancho oyen hablar del libro falso, lo leen y, indignados de verse retratados infielmente, don Quijote decide no ir a Zaragoza —adonde había acudido el falso Quijote— y desviarse a Barcelona precisamente para desmentir al impostor. Más aún: en II, 72, Cervantes «roba» un personaje de Avellaneda —don Álvaro Tarfe— y lo hace declarar y firmar ante la justicia que el verdadero don Quijote es el suyo, no el del apócrifo. La ficción se defiende de otra ficción dentro de la ficción: es ya, en pleno 1615, metaliteratura.
4. El propósito y lo que lo desborda
El propósito declarado del Quijote es claro y conviene citarlo: en el prólogo de 1605, el «amigo» le dice a Cervantes que «todo él es una invectiva contra los libros de caballerías» y que la obra no busca «más que a deshacer la autoridad y cabida que en el mundo… tienen los libros de caballerías», hasta «derribar la máquina mal fundada destos caballerescos libros». El punto de partida es, pues, una parodia: un pobre hidalgo, don Alonso Quijano, enloquece de tanto leer aquellas «fingidas y disparatadas historias», se cree caballero andante y sale a imitarlas, con resultados cómicos y apaleamientos.
Pero —y esta es la clave— la obra desbordó su propósito. Lo que empezó como una burla se convirtió, por el camino, en algo infinitamente mayor: en una reflexión sobre la relación entre la literatura y la vida, sobre hasta qué punto los libros modelan lo que somos y lo que deseamos; en un retrato de toda una sociedad (ventas, caminos, duques, galeotes, moriscos, pastores); y en la creación de dos de los personajes más vivos de la literatura. Cervantes salió a matar un género y acabó fundando otro. Por eso reducir el Quijote a «una crítica de los libros de caballerías» es quedarse en la cáscara: eso es lo que la obra se propuso, no lo que es.
5. La estructura: las tres salidas
La obra se organiza en torno a tres salidas de don Quijote de su aldea. 🔎 Conviene no confundirlas con las dos partes (es error frecuente):
- Primera salida (Primera parte, capítulos 1-5): don Quijote sale solo, es armado caballero de forma burlesca en una venta que él toma por castillo, y regresa apaleado. Es un preludio breve.
- Segunda salida (Primera parte, capítulos 7-52): ya con Sancho Panza como escudero. Aquí están las aventuras más famosas —los molinos de viento que toma por gigantes (capítulo 8), los rebaños, los batanes, el yelmo de Mambrino—, entreveradas de novelas interpoladas (El curioso impertinente, la Historia del cautivo) y de historias pastoriles y amorosas (Grisóstomo y Marcela; Cardenio y Dorotea en Sierra Morena). Termina con don Quijote enjaulado, de vuelta a casa.
- Tercera salida (toda la Segunda parte, 1615): de nuevo con Sancho, hacia Aragón y Cataluña, hasta Barcelona, donde don Quijote es derrotado por el Caballero de la Blanca Luna (el bachiller Sansón Carrasco disfrazado, II, 64), lo que le obliga a volver a su aldea; allí recobra la cordura, reniega de los libros de caballerías y muere cristianamente como Alonso Quijano el Bueno.
Hay una diferencia de construcción entre las dos partes que conviene señalar. La Primera (1605) es más episódica y admite esas novelas «sueltas» ajenas a la trama. La Segunda (1615) es más unitaria y profunda: el propio narrador, Cide Hamete, se disculpa (II, 44) por las interpolaciones anteriores y ciñe el relato a sus protagonistas, ahondando en su psicología. Cervantes aprendió, escribiendo, a hacer novela.
6. Don Quijote y Sancho: la pareja que se transforma
El protagonista se presenta en uno de los arranques más célebres de la literatura: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor». Adviértase, ya en esa primera frase, la novedad: no hay un reino fabuloso ni un héroe de linaje, sino un lugar cualquiera («de cuyo nombre no quiero acordarme»), un tiempo reciente («no ha mucho») y un hidalgo pobre de la más modesta condición —Alonso Quijano—, con su rocín flaco. La literatura entra por primera vez en lo cotidiano y verosímil: es el mundo real, no el de las caballerías, el que va a llenar el libro.
La mayor creación del libro son sus dos protagonistas, y lo nuevo en ellos es doble. Primero, que forman una pareja dialógica: don Quijote (el idealismo, la lectura, la locura sublime) y Sancho (el realismo, el refrán, el sentido común y el hambre) no son un amo y un criado, sino dos maneras de estar en el mundo que se necesitan y se contradicen en un diálogo continuo que es el verdadero motor del libro. Segundo, y decisivo: 🔎 los personajes evolucionan, algo que la literatura anterior no hacía (sus héroes eran fijos). En una fórmula célebre de Salvador de Madariaga (Guía del lector del Quijote, 1926), a lo largo de la obra se produce la «quijotización de Sancho» y la «sanchificación de don Quijote»: el escudero se va contagiando del idealismo de su amo (llega a gobernar su ínsula con sabiduría) mientras el caballero se va serenando y volviendo más pragmático y humano, hasta recobrar la cordura para morir. Se han transformado el uno al otro, hablando. Es la primera vez que unos personajes de novela tienen una biografía interior.
Y un matiz que un tribunal premia y que corrige el tópico: 🔎 la locura de don Quijote es selectiva, «entreverada» de lucidez. Solo desvaría en materia caballeresca; en todo lo demás es un hombre cultísimo y sensato, capaz de pronunciar el discurso de la Edad de Oro (I, 11), el de las Armas y las Letras (I, 37-38) o los sabios consejos a Sancho antes de gobernar la ínsula (II, 42-43). Reducir el Quijote a «el loco que confunde molinos con gigantes» es el error de manual más común: los molinos son un episodio entre cientos, y don Quijote es, casi siempre, el personaje más lúcido del libro.
7. Las técnicas de la modernidad
Lo que hace del Quijote la primera novela moderna no es su tema, sino sus técnicas. Tres son decisivas.
7.1. El perspectivismo: el baciyelmo
En el Quijote, la realidad se ve distinta según quién la mira. Donde don Quijote ve gigantes, Sancho ve molinos (I, 8); y donde don Quijote ve el yelmo de Mambrino, el barbero ve su bacía de afeitar. En la disputa (I, 44-45), Sancho acuña una palabra genial para zanjarla: el «baciyelmo» —bacía y yelmo a la vez—. Y don Quijote enuncia el principio: «esto que a ti te parece bacía de barbero me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa». Es lo que Leo Spitzer llamó el «perspectivismo lingüístico» del Quijote (1948; con antecedente en Américo Castro). 🔎 Un matiz de nivel: el perspectivismo no es un «todo vale» relativista; no disuelve la verdad, sino que muestra que la realidad admite varias miradas y que el lenguaje puede componer lo que los hechos separan. Esa idea —que no hay un único punto de vista sobre el mundo— es el fundamento de la novela moderna.
El caso supremo de ese perspectivismo es Dulcinea del Toboso. La «señora de sus pensamientos» no es, en la realidad del libro, sino una labradora del Toboso, Aldonza Lorenzo, a la que don Quijote transfigura en princesa por pura voluntad idealizadora: Dulcinea no aparece nunca «de verdad» en la obra, existe solo como creación de su enamorado. Y en la Segunda parte, Sancho, incapaz de presentarla, hace creer a don Quijote que una tosca aldeana es Dulcinea «encantada» (II, 10). Ese encantamiento de Dulcinea —que Auerbach convirtió en el centro de su análisis del Quijote— invierte el perspectivismo anterior: ahora es la realidad más vulgar la que se impone a los ojos de don Quijote y le desmiente el ideal. La dama perfecta es, a la vez, la prueba del poder de la ficción para crear y de su fragilidad ante el mundo.
7.2. Dialogismo y mezcla de estilos
El Quijote es un libro hecho de muchas voces. El teórico ruso Mijaíl Bajtín lo puso como ejemplo capital del dialogismo y de la heteroglosia (la convivencia de muchos lenguajes sociales dentro de la obra: el habla caballeresca arcaizante de don Quijote, el refranero popular de Sancho, la lengua de los pastores, de los duques, de los galeotes). 🔎 Precisión terminológica que premia el tribunal: el término «polifonía» lo acuñó Bajtín para Dostoievski, no para Cervantes; para el Quijote lo riguroso es hablar de dialogismo y heteroglosia. A ello se une la mezcla de estilos —lo sublime y lo cómico, lo culto y lo vulgar en la misma página—, que Erich Auerbach analizó en Mímesis como un rasgo capital de la modernidad literaria.
7.3. La metaficción: Cide Hamete Benengeli
La novedad técnica más audaz es la metaficción: el Quijote es un libro que habla de sí mismo como libro. En el capítulo I, 9, un «segundo autor» cuenta que ha encontrado en el mercado de Toledo un manuscrito árabe, la Historia de don Quijote escrita por el historiador Cide Hamete Benengeli, y que ha contratado a un morisco para traducirlo. La obra queda así atribuida a una cadena de autores —el historiador árabe, el traductor, el editor—, y el narrador Cide Hamete es presentado, con ironía, como poco fiable («los moros son mentirosos»), lo que siembra la duda sobre la verdad de lo narrado. Es una parodia de la falsa historicidad de los libros de caballerías (que también fingían ser crónicas verdaderas), pero es mucho más: es un juego sobre la verdad de la ficción. Y culmina en la Segunda parte, donde —como se vio— los personajes han leído la Primera parte (Sansón Carrasco se lo cuenta, II, 3) y saben que son famosos, y conocen el apócrifo de Avellaneda y reaccionan contra él. Los personajes de un libro que saben que están en un libro: la modernidad del Quijote es, ante todo, interna.
8. Por qué es la primera novela moderna
Reuniendo lo anterior puede sostenerse, con matiz, la gran valoración del tema. 🔎 «El Quijote es la primera novela moderna» es un tópico crítico de amplio consenso, no un dato indiscutible, y conviene presentarlo así: atribuido y argumentado. Lo sostienen Ortega, Lukács, Foucault (Las palabras y las cosas, 1966, ve en el Quijote el umbral entre dos épocas del saber) y Kundera, entre muchos; y se apoya en rasgos concretos: el perspectivismo, la ironía, la evolución psicológica de los personajes, la mezcla de estilos, la metaficción y el diálogo. Frente a esta tesis, hay quien sitúa el «nacimiento de la novela» en otra genealogía —Ian Watt (The Rise of the Novel, 1957) lo lleva a la Inglaterra del siglo XVIII, con Defoe y Richardson—, y se citan como «rivales» del Quijote la propia Celestina, el Lazarillo o La princesa de Clèves. Lo prudente y lo que da nivel: sostener la primacía del Quijote con sus rasgos, y reconocer que es una valoración argumentada, no un hecho cerrado.
En qué consiste, en definitiva, esa modernidad: en que el Quijote es la primera obra que entiende que la realidad no es unívoca (perspectivismo), que los seres humanos cambian (evolución de los personajes), que la ficción puede pensar sobre sí misma (metaficción) y que todos los tonos y lenguajes caben en un mismo libro (mezcla de estilos y dialogismo). Eso es, exactamente, lo que hará la novela durante los cuatro siglos siguientes. Cervantes no escribió la primera novela: escribió el molde de todas.
9. Las interpretaciones: de la risa al símbolo
Pocas obras han sido leídas de maneras tan distintas, y conocer esa historia es materia de sobresaliente. 🔎 El eje es esta oposición: la lectura cómica frente a la lectura simbólica.
Durante los siglos XVII y XVIII, el Quijote se leyó como lo que en su superficie es: un libro cómico y burlesco, una sátira divertidísima de los libros de caballerías, un caballero ridículo al que se apalea. Esta —lo demostró Anthony Close (The Romantic Approach to Don Quixote, 1978)— fue la lectura histórica, la de los propios contemporáneos de Cervantes, y no una lectura «ingenua». La lectura grave y simbólica la inventó el Romanticismo alemán hacia 1800: los hermanos Schlegel vieron en el Quijote la «novela romántica» por excelencia y la fuente de la ironía romántica; Schelling lo leyó como «lo real en lucha con lo ideal» y llamó a sus personajes mitos eternos; y de ahí nació la imagen que hoy tenemos por natural: don Quijote como héroe trágico del ideal, derrotado por la realidad prosaica. Es esencial no cometer el anacronismo de atribuir esa lectura sublime a la intención de Cervantes: es recepción romántica, no propósito del autor.
En España, esa lectura simbólica fructificó en el «quijotismo» de comienzos del siglo XX, con dos hitos opuestos que conviene contrastar. Miguel de Unamuno, en Vida de don Quijote y Sancho (1905, en el tricentenario de la Primera parte), leyó el Quijote contra Cervantes —al que rebajó a mero cronista que no entendió a su criatura— y convirtió a don Quijote en un Cristo español, símbolo de la fe y la locura sublime frente a la razón. José Ortega y Gasset hizo lo inverso en sus Meditaciones del Quijote (1914, su primer libro, donde formula el «yo soy yo y mi circunstancia»): meditó sobre el libro de Cervantes y sobre la estructura del género, viendo en el Quijote la fundación de la novela moderna. Unamuno separa a don Quijote de Cervantes; Ortega los reúne. Ambos, muy de su tiempo, pensaban con el Quijote el «problema de España».
10. Proyección universal
La huella del Quijote en la literatura universal no tiene igual. Fue el modelo confeso de la novela europea: Fielding subtituló su Joseph Andrews (1742) «escrito a imitación de la manera de Cervantes»; Flaubert admiraba a Cervantes, y su Madame Bovary (1857) —la mujer a la que las novelas leídas le deforman la percepción de la vida— es una forma de quijotismo (el «bovarismo», término que no acuñó Flaubert sino Jules de Gaultier); Dostoievski concibió al príncipe Mishkin de El idiota (1868) como «un don Quijote», el hombre bueno que resulta ridículo (antes, Turguéniev había opuesto en 1860 los dos tipos eternos, «Hamlet y don Quijote»). Y la metaficción que Cervantes inauguró llega hasta el «Pierre Menard, autor del Quijote» de Borges (1939), el cuento en que un escritor reescribe, palabra por palabra, el mismo Quijote, que sin embargo significa algo distinto: la prueba definitiva de que Cervantes había inventado no solo una novela, sino un modo de pensar la literatura. De Fielding a García Márquez, de Sterne a Kafka, la novela moderna es, en buena medida, una larga nota al pie del Quijote.
11. Tratamiento didáctico
El Quijote plantea en el aula un reto peculiar: es una obra larga y lingüísticamente exigente, y el mayor riesgo es que el alumnado la reciba como un monumento aburrido que hay que reverenciar. La clave didáctica, conforme al enfoque por itinerarios del currículo (apartado 1), es seleccionar y conectar, no leerlo entero:
- Itinerario de la ficción y la realidad. Un recorrido que enlace un episodio del Quijote (los molinos, el baciyelmo, el retablo de maese Pedro) con relatos, películas o series actuales sobre personajes que confunden ficción y vida o sobre puntos de vista enfrentados. El alumnado descubre que el perspectivismo cervantino explica el mundo de hoy (las «versiones» de un mismo hecho).
- Don Quijote y Sancho como pareja. Trabajar el diálogo entre idealismo y realismo mediante la dramatización de fragmentos: dar voz a los dos personajes es entender que el libro es, ante todo, una conversación.
- El humor. Recuperar la lectura cómica (apartado 9): el Quijote es, antes que un símbolo, un libro divertidísimo. Reírse con él es el mejor camino para quererlo, y desmonta la solemnidad que aleja al alumnado.
La evaluación debe ser competencial: no medir si el alumno resume el argumento, sino si interpreta un episodio, reconoce el perspectivismo o la ironía, compara el Quijote con obras actuales y disfruta de su lectura. Y una atención a la diversidad y a la lengua: las ediciones adaptadas y las antologías de episodios permiten que todo el alumnado acceda a la obra, y el Quijote —con su defensa de la libertad, su compasión con los vencidos y su humor— es un texto que interpela a cualquier lector de cualquier época.
12. Conclusión
El Quijote no se agota en su argumento —un hidalgo que enloquece leyendo y sale al mundo a imitar a los caballeros andantes— porque su grandeza no está ahí, sino en el conjunto de novedades con que Cervantes, saliendo a parodiar los libros de caballerías, acabó inventando la novela moderna: el perspectivismo (la realidad admite muchas miradas), la evolución de los personajes (don Quijote y Sancho se transforman el uno al otro hablando), la metaficción (un libro que sabe que es un libro y que se defiende del Quijote falso de Avellaneda dentro de sus propias páginas) y la mezcla de todos los tonos y todas las voces. Se publicó en dos partes separadas por diez años y por un apócrifo; se leyó primero con risa y luego como símbolo trágico del ideal; y se convirtió en el modelo de toda la narrativa posterior, de Fielding a Flaubert, de Dostoievski a Borges. Enseñar el Quijote es, por eso, enseñar el momento exacto en que la literatura aprendió a mirar el mundo desde más de un sitio a la vez —y a reírse, con ternura, de sus propios sueños—. No es casualidad que sea uno de los libros más traducidos y editados de la historia: en él, la novela se reconoce a sí misma.
Esquema
EL QUIJOTE │ ├─ 0. IDEA: no resumir el argumento; es un CONJUNTO DE NOVEDADES = │ nace la NOVELA MODERNA (perspectivismo + evolución + metaficción + mezcla) │ ├─ 1. CURRÍCULO (verificado XML BOE): Cervantes/Quijote/novela = 0 en LCL │ PERO el decreto autonómico SÍ suele nombrarlo · itinerarios + intertextual │ ├─ 2. CERVANTES (Alcalá, bautizado 9-oct-1547 – Madrid 22-abr-1616, entierro 23) │ · LEPANTO 1571: mano izquierda ANQUILOSADA (⚠ manco ≠ sin mano) "el manco" │ · CAUTIVERIO Argel 1575-80 (5 años, 4 fugas, trinitarios) → Hª del cautivo │ · "se engendró en una cárcel" (Sevilla h.1597) · ⚠ NO murió con Shakespeare │ · obra: Galatea (1585) · Novelas ejemplares (1613) · Persiles (póstumo 1617) │ ├─ 3. DOS PARTES + AVELLANEDA (⚠ el apócrifo va ENTRE medias) │ ├─ 1ª parte: "El ingenioso HIDALGO..." Madrid, Juan de la Cuesta (impresor), │ │ a costa de Robles (librero), 1605, 52 caps. Tasa 1604 Valladolid. 2 eds. │ │ Cuesta 1605 + piratas · Shelton inglés 1612 │ ├─ AVELLANEDA: "Segundo tomo..." Tarragona 1614. Prólogo insulta a Cervantes. │ │ Identidad = ENIGMA (Pasamonte/Riquer, sin prueba) │ └─ 2ª parte: "El ingenioso CABALLERO..." 1615, 74 caps. (⚠ hidalgo→caballero) │ reacción: II,59 desvío Zaragoza→Barcelona; II,72 Álvaro Tarfe (robado) declara │ ├─ 4. PROPÓSITO Y LO QUE LO DESBORDA │ · declarado: "invectiva contra los libros de caballerías" (prólogo 1605) │ · desbordó: salió a matar un género y FUNDÓ otro (la novela) │ ├─ 5. TRES SALIDAS (⚠ no confundir con las DOS partes) │ 1ª solo (I,1-5, apaleado) · 2ª con Sancho (I,7-52, molinos I,8, novelas │ interpoladas) · 3ª toda la 2ª parte (Barcelona, Caballero de la Blanca Luna │ II,64, recobra juicio y muere). 1ª parte episódica / 2ª unitaria (Cide Hamete │ se disculpa II,44) │ ├─ 6. DON QUIJOTE + SANCHO: pareja DIALÓGICA que EVOLUCIONA │ · "quijotización de Sancho" / "sanchificación de don Quijote" (Madariaga 1926) │ · ⚠ locura SELECTIVA/entreverada (Edad de Oro I,11; Armas y Letras I,37-38; │ consejos a Sancho II,42-43). NO es "solo los molinos" │ ├─ 7. TÉCNICAS DE LA MODERNIDAD │ ├─ PERSPECTIVISMO: molinos/gigantes (I,8); BACIYELMO (I,44-45; Spitzer 1948, │ │ antecedente A. Castro) · no es relativismo, es coexistencia de miradas │ ├─ DIALOGISMO/heteroglosia (Bajtín; ⚠ "polifonía" = Dostoievski, no Quijote) + │ │ mezcla de estilos (Auerbach, Mímesis) │ └─ METAFICCIÓN: Cide Hamete Benengeli, manuscrito árabe hallado (I,9), traductor │ morisco, narrador poco fiable · 2ª parte: personajes han leído la 1ª (II,3) │ ├─ 8. PRIMERA NOVELA MODERNA (⚠ VALORACIÓN, no dato; atribuir: Ortega, Lukács, │ Foucault 1966, Kundera; contrapunto Ian Watt 1957 = novela inglesa XVIII) │ ├─ 9. INTERPRETACIONES: CÓMICA (XVII-XVIII, la histórica, Close 1978) vs SIMBÓLICA │ (Romanticismo alemán h.1800: Schlegel, Schelling; ⚠ NO es intención de Cervantes) │ · quijotismo: Unamuno 1905 (CONTRA Cervantes, Quijote-Cristo) vs Ortega 1914 │ (SOBRE el libro, "yo soy yo y mi circunstancia") │ ├─ 10. PROYECCIÓN: Fielding (Joseph Andrews 1742) · Flaubert/bovarismo (1857) · │ Dostoievski (El idiota 1868) · Borges (Pierre Menard 1939) │ ├─ 11. DIDÁCTICA: itinerario ficción/realidad · la pareja dialógica dramatizada · │ recuperar el HUMOR · evaluación competencial · ediciones adaptadas └─ 12. CONCLUSIÓN: la novela aprende a mirar el mundo desde más de un sitio a la vez
Bibliografía
- Rico, Francisco (dir.): edición del Quijote del Instituto Cervantes (Crítica / RAE), con sus estudios y notas.
- Murillo, Luis Andrés (ed.): Don Quijote de la Mancha. Madrid, Castalia.
- Canavaggio, Jean: Cervantes (biografía de referencia). Madrid, Espasa.
- Close, Anthony: The Romantic Approach to Don Quixote (1978) (historia crítica de las interpretaciones).
- Madariaga, Salvador de: Guía del lector del Quijote (1926) (la quijotización y la sanchificación).
- Spitzer, Leo: «Perspectivismo lingüístico en el Quijote»; y Auerbach, Erich: Mímesis (cap. «La Dulcinea encantada»).
- Unamuno, Miguel de: Vida de don Quijote y Sancho (1905); y Ortega y Gasset, José: Meditaciones del Quijote (1914).
- Reales Decretos 217/2022 (ESO) y 243/2022 (Bachillerato), currículo de Lengua Castellana y Literatura, y el de la comunidad autónoma correspondiente.
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