Tema 72 · Lengua Castellana y Literatura
La literatura en lengua catalana, gallega y vasca
Epígrafe oficial: La literatura en lengua catalana, gallega y vasca: obras mas relevantes y situación actual.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción: las otras literaturas de España
- 1. Relación con el currículo
- 2. La España plurilingüe
- 3. La literatura catalana
- 4. La literatura gallega
- 5. La literatura vasca
- 6. La situación actual
- 7. Aplicación didáctica
- 8. Conclusión
- Esquema
- Bibliografía
0. Introducción: las otras literaturas de España
España es un país plurilingüe. Junto al castellano —lengua común y oficial del Estado— conviven otras lenguas que son también oficiales en sus respectivas comunidades y que poseen, cada una, una literatura propia, rica y a veces gloriosa. Tres de ellas cuentan con una tradición literaria de primer orden: la catalana, la gallega y la vasca. Este tema las estudia, en sus obras más relevantes y en su situación actual, como lo que son: parte esencial e irrenunciable del patrimonio cultural común.
La propia Constitución de 1978 consagra esa realidad. Su artículo 3 declara el castellano lengua oficial del Estado, reconoce que «las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas» y proclama que «la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Estudiar estas literaturas no es, pues, una curiosidad: es reconocer la pluralidad constitutiva de la cultura española.
Las tres literaturas comparten un perfil histórico semejante, hecho de esplendor, silencio y renacimiento. Las tres conocieron una Edad de Oro o un gran momento medieval (deslumbrante en el caso gallego y el catalán); las tres sufrieron después siglos de decadencia como lenguas de cultura, arrinconadas por el castellano; y las tres protagonizaron, desde el siglo XIX, un renacimiento —la Renaixença catalana, el Rexurdimento gallego, el despertar vasco— que las devolvió a la alta literatura. Y las tres viven hoy, tras la recuperación democrática, un momento de plenitud y normalidad.
El recorrido del tema será, por eso, el mismo para cada una: su Edad Media o sus orígenes, su decadencia, su renacimiento decimonónico, su desarrollo en el siglo XX y su situación actual. Trataremos primero la literatura catalana (3), después la gallega (4) y por último la vasca (5), para cerrar con una valoración de conjunto de su situación presente (6). Es un tema amplio, pero de una gran coherencia interna.
El tema mantiene, además, estrechas conexiones con el resto del temario. La lírica galaico-portuguesa enlaza con la lírica tradicional y su recuperación (tema 71) y con los orígenes de la poesía peninsular; la novela caballeresca del Tirant, con los libros de caballerías y el Quijote; Ausiàs March, con la poesía del Siglo de Oro que lo imitó; y la reflexión sobre las lenguas de España, con los temas de sociolingüística y variación (la realidad plurilingüe, el bilingüismo, las lenguas en contacto). Es, pues, un tema transversal, que conviene enlazar con los demás y que corona, muy oportunamente, el temario.
Conviene subrayar su importancia. Conocer estas literaturas —aunque el opositor se examine en castellano— es parte de la formación de todo profesor de Lengua y Literatura, porque forman con la castellana un mismo sistema literario ibérico que se ha influido mutuamente sin cesar: la lírica gallega marcó la poesía castellana medieval; Cataluña dio a la Corona de Aragón su gran literatura; el euskera guarda el enigma de la lengua más antigua de Europa. Ignorarlas sería mutilar la imagen de nuestra cultura. Enseñarlas, en cambio, educa en el respeto a la diversidad y en el orgullo de un patrimonio compartido.
1. Relación con el currículo
Este tema exige, otra vez, una lectura honrada del currículo LOMLOE, porque su encaje es matizado. Verificado en el propio texto del BOE (el RD 217/2022 de la ESO y el RD 243/2022 del Bachillerato), en la materia de Lengua Castellana y Literatura la diversidad lingüística de España SÍ es un saber básico —y muy destacado—, pero las literaturas catalana, gallega y vasca NO se nombran como contenido de esta materia.
En efecto, el bloque de saberes «Las lenguas y sus hablantes» dedica una atención expresa al plurilingüismo de España, a las lenguas que en ella se hablan, a las variedades dialectales y al respeto de los derechos lingüísticos. El currículo quiere que el alumnado conozca y aprecie esa pluralidad y combata los prejuicios. Esa es la puerta natural del tema: no la historia literaria de cada lengua, sino la realidad plurilingüe como valor.
📖 «Las lenguas de España: origen, distribución geográfica y nociones básicas. Diferencias entre plurilingüismo y diversidad dialectal.» — RD 217/2022 (ESO), Lengua Castellana y Literatura, saberes básicos del bloque «Las lenguas y sus hablantes». Y la competencia específica 1 pide «apreciar la diversidad lingüística del mundo… y la realidad plurilingüe y pluricultural de España».
Ahora bien, conviene ser preciso: los términos «catalana», «gallega» o «vasca» no aparecen en el currículo de Lengua Castellana y Literatura, y su bloque de «Educación literaria» se refiere a «la literatura española». El estudio propiamente literario de estas lenguas corresponde a las materias de Lengua Cooficial y Literatura de cada comunidad autónoma (Lengua Catalana, Gallega o Vasca y su Literatura), no a la de Lengua Castellana. En el Bachillerato, además, el bloque plurilingüe se enriquece con conceptos como el de lenguas minorizadas y el de sostenibilidad lingüística.
📖 «Desarrollo sociohistórico y situación actual de las lenguas de España. […] Lenguas minoritarias y lenguas minorizadas. La sostenibilidad lingüística.» — RD 243/2022 (Bachillerato), Lengua Castellana y Literatura I, bloque «Las lenguas y sus hablantes». El concepto de lengua minorizada es la clave para entender la historia de las tres literaturas de este tema.
La conclusión es doble. Como contenido escolar de Lengua Castellana, el tema aporta sobre todo el marco del plurilingüismo y el valor de la diversidad; el detalle de cada literatura pertenece a otras materias. Pero como cultura del propio docente —que es lo que el temario de oposición evalúa—, conocer estas tres literaturas es imprescindible: forman, con la castellana, el sistema literario de España, y ningún profesor de Lengua y Literatura puede ignorarlas. El tema une, así, un contenido curricular (la diversidad) con una exigencia de formación integral.
2. La España plurilingüe
Para situar el tema conviene partir de un hecho: España es, por historia y por Constitución, un país plurilingüe. Además del castellano —lengua común de todos los españoles y oficial del Estado—, en varias comunidades autónomas son también oficiales sus lenguas propias: el catalán (en Cataluña, las Islas Baleares y, con la denominación de valenciano, en la Comunidad Valenciana), el gallego (en Galicia) y el euskera (en el País Vasco y parte de Navarra); a ellas se suma el aranés (variedad del occitano), oficial en Cataluña. Existen, además, otras hablas sin estatuto de cooficialidad (el asturiano o bable, el aragonés).
Esa pluralidad no es una anomalía, sino una riqueza amparada por la norma suprema. El artículo 3 de la Constitución de 1978, tras declarar el castellano lengua oficial del Estado y el deber de conocerlo y el derecho a usarlo, reconoce la cooficialidad de «las demás lenguas españolas» en sus comunidades y proclama que «la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Cada una de esas lenguas ha desarrollado, a lo largo de los siglos, una literatura propia que forma parte de ese patrimonio.
Hablar, pues, de «literatura española» en sentido amplio es hablar de un sistema de literaturas que conviven en la península y que se han influido sin cesar. No son compartimentos estancos: la lírica galaico-portuguesa marcó la poesía castellana de los orígenes; la literatura catalana dio a la Corona de Aragón su gran cultura medieval; y las tres, en su renacimiento decimonónico, dialogaron con los movimientos europeos y peninsulares de su tiempo. Ignorarlas empobrecería la imagen de la cultura española; conocerlas, aunque sea en sus hitos, la completa.
Conviene insistir en esa influencia mutua, porque desmiente la idea de literaturas aisladas. En la Edad Media, toda la península —Castilla incluida— poetizó en gallego; el Tirant catalán se leyó y tradujo por toda Europa; y los grandes poetas del Siglo de Oro castellano imitaron a Ausiàs March. En el siglo XIX, la Renaixença y el Rexurdimento dialogaron con el Romanticismo europeo y peninsular. Y en el XX, autores como Espriu o Rosalía se leen hoy en castellano y forman parte del imaginario común. Las literaturas de España no son compartimentos estancos, sino vasos comunicantes de una misma cultura ibérica.
Como se ha adelantado, las tres literaturas que aquí estudiamos comparten un mismo ritmo histórico, que conviene tener presente como esquema:
- Un gran momento medieval o fundacional: deslumbrante en el caso gallego (la lírica galaico-portuguesa, la gran poesía peninsular del momento) y en el catalán (el Segle d'Or, con Llull, Ausiàs March y el Tirant); más tardío y modesto en el vasco (los primeros textos impresos del siglo XVI).
- Una larga decadencia (siglos XVI-XVIII): las tres lenguas retroceden como vehículo de alta cultura, arrinconadas por el prestigio del castellano; es la Decadència catalana, los Séculos Escuros gallegos.
- Un renacimiento en el siglo XIX: la Renaixença catalana, el Rexurdimento gallego y el despertar cultural vasco, ligados al Romanticismo y al auge de las conciencias regionales.
- Una plenitud contemporánea: tras el paréntesis de la Guerra Civil y el franquismo (que las persiguió), la democracia y la cooficialidad han permitido su normalización y una literatura moderna, traducida y premiada.
Es útil, además, distinguir entre «literatura española» y «literaturas de España». En sentido estricto, «literatura española» designa la escrita en castellano (o español), que es la lengua común; pero «literaturas de España» (o «literaturas hispánicas», en plural) abarca todas las que se han escrito en el territorio del Estado, en cualquiera de sus lenguas. La crítica moderna prefiere este enfoque plural e integrador, que no jerarquiza las lenguas y reconoce a cada literatura su dignidad. Es también el que adopta este tema: no una literatura «central» y unas «periféricas», sino un sistema de literaturas hermanas.
Ese paralelismo no es casual: responde a una misma historia de lenguas que, tras un esplendor, quedaron sin Estado ni corte propios y hubieron de reconquistar, siglo a siglo, su lugar en la alta cultura. Y explica por qué se estudian juntas en un mismo tema, pese a sus enormes diferencias: porque comparten el destino de las literaturas en lengua minorizada y la hazaña común de haber sobrevivido y renacido. Veámoslas ahora una a una.
3. La literatura catalana
La literatura catalana es la más extensa y continuada de las tres, y la única que conoció una auténtica Edad de Oro medieval con obras de proyección europea. Escrita en toda la antigua Corona de Aragón (Cataluña, Valencia, Baleares), tuvo su cima en el siglo XV, sufrió después la Decadència y renació con fuerza en el XIX. Es hoy una literatura plena, con una industria editorial potente y autores de éxito internacional.
3.1. La Edad Media: el Segle d'Or
La prosa literaria catalana nace con una figura excepcional: Ramon Llull (mallorquín, h. 1232-1316), el «doctor iluminado». Escritor total —en catalán, latín, árabe y occitano—, fue el primero en emplear una lengua romance para la filosofía y la ciencia. Su obra es inmensa: la novela Llibre d'Evast e Blaquerna (que incluye el místico Llibre d'amic e amat), el Llibre de les bèsties (dentro del Fèlix o Llibre de meravelles) y su ambicioso «Art» combinatorio (la Ars magna), un método para demostrar racionalmente las verdades y convertir a los infieles. Llull hizo del catalán una lengua de pensamiento cuando las demás lenguas vulgares apenas balbuceaban.
La vida de Llull fue tan novelesca como su obra: cortesano convertido hacia los treinta años, se hizo misionero y sabio, aprendió árabe, viajó por el Mediterráneo predicando a musulmanes y judíos y soñó con un método —su «Art»— capaz de demostrar con la razón las verdades de la fe y unir a las religiones. Escribió centenares de obras. Su Llibre d'amic e amat —trescientas sesenta y cinco breves sentencias místicas, una para cada día del año— es una joya de la literatura espiritual europea, comparable a la de los grandes místicos. Llull no solo fundó una lengua literaria: le dio, de golpe, una cumbre.
La Edad Media catalana dio, además, cimas en todos los géneros. En la historiografía, las quatre grans Cròniques (de Jaume I, Bernat Desclot, Ramon Muntaner y Pere el Cerimoniós), el mejor conjunto historiográfico de la Europa medieval. En la poesía, la gran voz de Ausiàs March (valenciano, 1400-1459), que rompe con la lengua y los tópicos provenzales de los trovadores y escribe una lírica culta, grave e introspectiva sobre el amor y la muerte (Cants d'amor, Cants de mort, Cant espiritual). En la prosa humanística, Bernat Metge con Lo somni (1399).
Las quatre grans Cròniques son un caso único en la Europa medieval. Dos de ellas están escritas por los propios reyes: el Llibre dels fets de Jaume I el Conquistador, que narra en primera persona sus conquistas de Mallorca y Valencia, y la Crònica de Pere el Cerimoniós. La de Ramon Muntaner, soldado y aventurero, cuenta con brío las hazañas de la Compañía Catalana de almogávares por el Mediterráneo oriental. Son a la vez historia y gran literatura, escritas en una prosa viva y directa, y un testimonio del poderío de la Corona de Aragón en los siglos XIII y XIV.
Ausiàs March merece detenerse. Reunió su obra en tres grandes ciclos —los Cants d'amor, los Cants de mort (a la muerte de la amada) y el Cant espiritual (un desgarrado diálogo con Dios)— y en ellos analiza el amor con una hondura moral y una sinceridad ásperas, lejos ya de los adornos convencionales de los trovadores. Su famoso «Veles e vents…» compara el amor con una travesía por un mar de tormentas. Fue admirado e imitado por los grandes poetas del Siglo de Oro castellano —Garcilaso, Boscán— y es la voz mayor de la lírica catalana medieval. Con él, el catalán alcanza una poesía de pensamiento a la altura de la mejor de Europa.
Y, sobre todo, la Edad Media catalana produjo una de las grandes novelas de la literatura universal: Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell, impresa en Valencia en 1490. Es una novela caballeresca realista y llena de humanidad —su héroe no es un caballero fantástico, sino un hombre que come, ama y muere—, que Cervantes elogió en el Quijote (I, 6), salvándola de la quema y llamándola, por su estilo, de los mejores libros del mundo. Junto a ella, la anónima Curial e Güelfa completa el esplendor de una narrativa que hizo del siglo XV el Segle d'Or de las letras catalanas, con Valencia como gran foco.
Tirant lo Blanc merece su fama. Frente a los libros de caballerías fantásticos (los que enloquecieron a don Quijote), la novela de Martorell es verosímil y humana: su héroe gana batallas con estrategia, no con magia; se enamora, siente miedo, enferma y muere en la cama, no en combate. Hay en ella humor, erotismo y una viva pintura de la vida cortesana. Por eso Cervantes, que se burlaba del género, la salvó de la quema en el escrutinio de la biblioteca de don Quijote y elogió su «estilo». Es una de las primeras novelas modernas de Europa, y una cima de la prosa catalana medieval que conviene conocer bien.
Ese conjunto —Llull, las Cròniques, Ausiàs March, Metge, el Tirant— hace del siglo XV catalán uno de los momentos más altos de toda la literatura europea medieval, y el único caso, entre las tres literaturas de este tema, de una auténtica Edad de Oro con obras maestras en todos los géneros. Que después viniera la Decadència no debe hacer olvidar aquella cima: cuando el catalán renació en el siglo XIX, tenía a sus espaldas una tradición clásica propia a la que volver los ojos. Ninguna otra lengua peninsular, salvo el castellano, puede exhibir un patrimonio medieval semejante.
3.2. De la Decadència a la Renaixença
Entre los siglos XVI y XVIII, el catalán vive la Decadència: sigue hablándose, pero retrocede como lengua de alta literatura, arrinconado por el prestigio del castellano (la lengua del Siglo de Oro y de la corte). El gran renacimiento, la Renaixença, llega en el siglo XIX. Su texto simbólico es la oda La Pàtria de Bonaventura Carles Aribau (1833), y su institución emblemática, la restauración de los Jocs Florals de Barcelona en 1859 (un certamen poético de origen medieval). 🔎 Los Jocs Florals se restauran, no se crean.
La Renaixença (el «Renacimiento») fue mucho más que un movimiento literario: fue la recuperación de la conciencia cultural catalana, paralela al despertar de las nacionalidades en toda la Europa romántica. Volver a escribir en catalán —y no en castellano— era, en sí mismo, una declaración: la de que aquella lengua arrinconada volvía a ser digna de la alta literatura. De la poesía culta, el movimiento se extendió pronto a la prosa, el teatro, la prensa y la vida pública, y sentó las bases de la pujante cultura catalana del siglo XX. En pocas décadas, el catalán pasó de lengua «doméstica» a lengua de cultura plena.
La Renaixença dio pronto grandes autores. En poesía, el sacerdote Jacint Verdaguer, autor de dos epopeyas —L'Atlàntida (1877) y Canigó (1886)—, considerado el gran poeta nacional. En teatro, Àngel Guimerà, con dramas de enorme éxito (Terra baixa, 1897, traducida a más de una decena de lenguas). Y en novela, Narcís Oller, que aclimató el realismo y el naturalismo. A comienzos del siglo XX, el Modernisme renueva las letras con la poesía de Joan Maragall (Cant espiritual) y la narrativa rural de Víctor Català —seudónimo de la escritora Caterina Albert—, cuya novela Solitud (1905) es una obra maestra. Le seguirá el Noucentisme, más clasicista y urbano, de Eugeni d'Ors, Josep Carner y Carles Riba.
Conviene fijar bien estas figuras. Jacint Verdaguer, sacerdote y poeta genial, dio a la Renaixença su gran voz épica y religiosa, y su prestigio fue inmenso. Àngel Guimerà llevó el teatro catalán a un éxito europeo: su Terra baixa —el drama rural del pastor Manelic— se representó en medio mundo e inspiró óperas y películas. Y Joan Maragall, ya en el Modernisme, teorizó la «paraula viva» (la palabra espontánea y sincera) y escribió, en su Cant espiritual, uno de los poemas religiosos más intensos de la lengua. Con ellos, en una sola generación, el catalán recuperó la plenitud literaria perdida.
En la novela, la Renaixença culminó con Narcís Oller, que aclimató al catalán el realismo y el naturalismo europeos (Balzac, Zola) y retrató la Barcelona burguesa de su tiempo: su gran obra, La febre d'or, narra la fiebre especuladora de la Bolsa. Con Oller, el catalán demostró que servía también para la gran novela moderna, y no solo para la poesía o el teatro histórico. La Renaixença dejaba así una literatura completa, con todos los géneros cultivados, lista para el esplendor del siglo XX.
El Noucentisme (de los «novecentistas», los hombres del nuevo siglo) marcó, hacia 1906, un giro. Frente al vitalismo y el ruralismo del Modernisme, propuso una estética clasicista, urbana y ordenada (el ideal del seny, la mesura catalana), al servicio de un proyecto de modernización del país. Su ideólogo fue Eugeni d'Ors, «Xènius», con su Glosari y su novela La Ben Plantada (1911); y sus grandes poetas, Josep Carner —el «príncep dels poetes» catalanes— y Carles Riba, extraordinario poeta y traductor de los clásicos griegos. El Noucentisme profesionalizó la cultura catalana y le dio instituciones sólidas (el Institut d'Estudis Catalans y la normativa de Pompeu Fabra).
🔎 Precisiones que el tribunal vigila. Ausiàs March es valenciano (no «de Cataluña»). El Tirant se imprimió en 1490 y Cervantes lo elogió (no lo criticó). Víctor Català es el seudónimo masculino de una mujer, Caterina Albert. Y no confundir el Modernisme (Maragall, Víctor Català) con el Noucentisme (d'Ors, Carner, Riba): son estéticas opuestas.
3.3. El siglo XX y la actualidad
El siglo XX es de gran riqueza. En prosa, Josep Pla (El quadern gris), maestro absoluto del género. En poesía, Salvador Espriu, cuya obra La pell de brau (1960) es una alegoría crítica de la España de la posguerra y un alegato por la convivencia de sus pueblos (🔎 es poesía, no novela). Y en la novela, la gran figura es Mercè Rodoreda, cuya La plaça del Diamant (1962) —la vida de una mujer humilde, Natàlia, con la Guerra Civil de fondo— es la novela catalana más leída y traducida del siglo, una obra maestra universal. A su lado, Pere Calders (el gran cuentista) o Llorenç Villalonga (Bearn).
Mercè Rodoreda es, probablemente, la mayor narradora catalana de todos los tiempos. La plaça del Diamant —contada por Natàlia, «Colometa», una mujer sencilla del barrio barcelonés de Gràcia, cuya vida queda arrasada por la Guerra Civil— es una obra maestra de la voz narrativa: todo el drama de una época se filtra a través de la conciencia de una mujer que no acaba de entender lo que le pasa. Escrita en el exilio y publicada en 1962, se ha traducido a más de treinta lenguas y es hoy un clásico universal, prueba de que una literatura «pequeña» puede dar obras de alcance mundial.
Conviene recordar en qué condiciones se escribió todo esto. El franquismo prohibió el uso público del catalán y su enseñanza, y durante años apenas se pudo publicar en esta lengua; muchos de sus mejores autores escribieron en el exilio (Rodoreda, Pere Calders en México) o para los cajones. Que en esas circunstancias se produjeran obras como La plaça del Diamant o la poesía de Espriu es una prueba de la resistencia de una cultura que se negó a morir. La recuperación de la democracia no hizo sino liberar una energía literaria que nunca se había apagado del todo.
Merecen una palabra más dos gigantes. Josep Pla, con su prosa exacta, irónica y sensorial, hizo de la mirada sobre lo cotidiano —el paisaje, la comida, los tipos del Ampurdán— alta literatura; El quadern gris, diario de su juventud, es su obra maestra y un clásico europeo del género. Y Salvador Espriu, desde el mundo mítico de «Sinera» (Arenys al revés), convirtió el dolor de la posguerra en una poesía grave y simbólica; su libro La pell de brau (1960) es un alegato dolorido por la convivencia de los pueblos de «Sepharad» —nombre poético de España—, y lo convirtió en una de las voces morales de su tiempo.
Tras la recuperación de la democracia, la literatura catalana vive un momento de plenitud, con una potente industria editorial y autores de proyección internacional: el cuentista Quim Monzó, o el novelista Jaume Cabré, cuya Jo confesso (Yo confieso, 2011) se ha traducido a más de treinta lenguas. El máximo galardón, el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes, corona cada año una trayectoria.
El panorama actual es amplio y diverso. Junto a Monzó y Cabré escriben con éxito autores como Baltasar Porcel, la desaparecida Montserrat Roig —cronista de la Barcelona del siglo XX— o el poeta Miquel Martí i Pol, cuyos versos, sencillos y hondos, se han hecho canción popular. La literatura catalana tiene, además, una vigorosa tradición de novela histórica, de género y de literatura infantil y juvenil, y sus obras se traducen con normalidad al castellano y a las grandes lenguas. Es un sistema literario maduro y autosuficiente, con sus editoriales, sus premios, sus revistas y su público fiel.
En cuanto a su situación actual, el catalán es la lengua cooficial con más hablantes de España (del orden de varios millones), y presenta una particularidad única: es la lengua oficial exclusiva de un Estado, Andorra. Se habla, además de en Cataluña, en la Comunidad Valenciana (con la denominación de valenciano), las Baleares, la Franja de Aragón, el Rosellón (Francia) y la ciudad de l'Alguer (Cerdeña, Italia). Cuenta con academia propia (el Institut d'Estudis Catalans), medios de comunicación y una enseñanza plenamente normalizada. Es, con diferencia, la más vigorosa de las tres.
4. La literatura gallega
La literatura gallega encierra una de las mayores paradojas de las letras peninsulares: la lengua que dio a la Edad Media su cima lírica —hasta el punto de que los propios reyes de Castilla poetizaban en ella— cayó luego en siglos de silencio como lengua de cultura, hasta renacer, ya en el siglo XIX, de la mano de una mujer, Rosalía de Castro. Esplendor, oscuridad y resurrección: ese es el ritmo de su historia.
4.1. La Edad Media: la lírica galaico-portuguesa
Entre los siglos XIII y XIV, el gallego-portugués fue la gran lengua de la lírica en la península: en ella compusieron trovadores de toda la Corona de Castilla, y hasta un rey como Alfonso X, que escribía su prosa en castellano, hizo sus versos en gallego. Es uno de los grandes momentos de la poesía europea medieval, comparable al de los trovadores provenzales. Esta lírica se conserva en tres grandes cancioneros (el da Ajuda, el da Vaticana y el da Biblioteca Nacional de Lisboa, o Colocci-Brancuti) y se reparte en tres géneros:
- Cantigas de amigo: las más originales y autóctonas. De voz femenina —una muchacha canta a su madre o a sus amigas el amor por su «amigo» (su amado)—, con paralelismo y leixaprén (tema 71), y un mundo de símbolos naturales (el mar, la fuente, el ciervo).
- Cantigas de amor: de voz masculina y modelo provenzal: el poeta expresa su amor sufriente por una dama (la coita de amor), según el código del amor cortés.
- Cantigas de escarnio e maldizer: las satíricas. La de escarnio es sátira velada e indirecta (por el equívoco); la de maldizer, sátira directa y con nombre.
Las cantigas de escarnio e maldizer merecen una mención especial, porque revelan una faceta inesperada de esta lírica: la sátira. Con humor a menudo grueso y una libertad sorprendente, los trovadores se burlaban de nobles avaros, de damas, de otros poetas o de las costumbres de su tiempo. La distinción técnica que el tribunal suele pedir es esta: en la de escarnio, la burla es indirecta y velada (por el equívoco, sin nombrar a la víctima); en la de maldizer, es directa y con destinatario reconocible. Junto a la delicadeza de las cantigas de amigo, este humor mordaz muestra la enorme riqueza de registros de la escuela galaico-portuguesa.
Entre los trovadores brillan dos nombres de la ría de Vigo. Martín Codax, autor de siete cantigas de amigo sobre el mar de Vigo (seis de ellas conservan la música, gracias al Pergamiño Vindel, hallado por azar en 1914 y hoy en la Morgan Library de Nueva York). Y Mendinho, del que sobrevive una sola cantiga, pero una obra maestra: la muchacha que, en la ermita de San Simión, se ve cercada por las olas mientras espera a su amigo.
📖 «Sedia-m'eu na ermida de San Simion / e cercaron-mi as ondas, que grandes son, / eu atendendo meu amigo, / eu atendendo meu amigo!» — cantiga única de Mendinho. En pocos versos, con la marea que sube y aísla a la joven, logra una imagen inolvidable de la angustia y la espera amorosas. Es una de las cumbres de la lírica medieval europea.
Otros muchos trovadores enriquecieron esta lírica. Pero Meogo es célebre por el símbolo del ciervo (el amado) que enturbia el agua de la fuente donde la muchacha se lava; Airas Nunes, clérigo, cultivó todos los géneros; y a ellos se suma un sinfín de nombres recogidos en los grandes cancioneros. Esta poesía comparte con la lírica tradicional castellana (tema 71) el simbolismo del agua, la fuente y el ciervo, la voz femenina y las técnicas del paralelismo y el leixaprén: es un mismo mundo poético que floreció, antes que en ningún otro lugar de la península, en gallego.
Capítulo aparte, dentro de esta poesía, son las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio: más de cuatrocientas composiciones marianas —unas narrativas (los milagros de la Virgen), otras de loor—, escritas también en gallego-portugués y acompañadas de música y miniaturas. Son un monumento de la cultura del siglo XIII. 🔎 Ojo: no son cantigas de amigo ni de amor, sino un cancionero religioso.
Las Cantigas de Santa María son, además, un monumento musical y artístico único: sus códices conservan la notación de las melodías —una de las mayores colecciones de música medieval que existen— y centenares de miniaturas que retratan, con detalle, la vida cotidiana del siglo XIII. Reúnen, así, poesía, música y pintura en una obra total, promovida por el propio rey Alfonso X, que se presenta en ellas como trovador de la Virgen. Son la prueba de hasta qué punto el gallego-portugués era, en aquel siglo, la lengua natural de la lírica, incluso para un rey de Castilla.
La importancia de esta lírica medieval es capital: durante casi dos siglos, el gallego-portugués fue la lengua poética de gran parte de la península, del mismo modo que el provenzal lo era en el sur de Francia. Que hoy asociemos el gallego a una lengua «pequeña» no debe hacernos olvidar que tuvo un momento de hegemonía cultural absoluta, y que de aquella escuela salieron formas y símbolos que nutrieron después la lírica de toda Iberia. Es una de las grandes glorias no ya de Galicia, sino de la literatura española y europea en su conjunto.
4.2. Séculos Escuros y Rexurdimento
Tras aquel esplendor vinieron los Séculos Escuros (siglos XVI-XVIII): el gallego, arrinconado por el castellano, casi desaparece como lengua escrita y de cultura, y queda reducido al uso oral del pueblo. Apenas hay literatura culta. En el siglo XVIII, ilustrados como el Padre Sarmiento y el Padre Feijoo defendieron y estudiaron el gallego, aunque escribieron su obra mayor en castellano.
Los Séculos Escuros son el reverso del esplendor medieval, y su causa fue política: al integrarse Galicia plenamente en la Corona de Castilla y castellanizarse su nobleza y su Iglesia, el gallego perdió sus usos cultos y quedó como lengua solo hablada, de los campesinos y las gentes humildes. Durante tres siglos apenas se imprime nada en gallego. Pero la lengua no murió: siguió viva en la voz del pueblo, en sus cantigas, sus cuentos y sus refranes (tema 71), guardada como una brasa bajo la ceniza. De esa reserva oral —y no de una tradición escrita, que se había roto— habría de renacer, en el siglo XIX, la literatura gallega.
El gran renacimiento, el Rexurdimento, llega en el siglo XIX y tiene una fecha fundacional: 1863, cuando Rosalía de Castro publica Cantares gallegos, el libro que devuelve al gallego la dignidad literaria y abre su edad contemporánea. Rosalía —la gran voz de la poesía gallega— cantó la tierra, la emigración, la saudade y el dolor de los humildes; a Cantares gallegos siguió Follas novas (1880), más íntimo y hondo. 🔎 Su libro En las orillas del Sar (1884) está escrito en castellano, no cuenta como literatura gallega.
La figura de Rosalía de Castro (1837-1885) desborda la historia gallega: es una de las grandes poetas de la literatura europea del siglo XIX. En Cantares gallegos dio voz al pueblo gallego, a sus cantos y a su tierra; en Follas novas, más íntimo y sombrío, cantó la saudade —esa melancolía sin objeto, tan gallega—, el dolor de la emigración y la condición de las mujeres del campo, las «viudas de vivos» que quedaban solas cuando los hombres marchaban a América. Su poesía, de una modernidad asombrosa, une la raíz popular y una honda subjetividad. No es casual que el Día das Letras se celebre en la fecha de su libro: Rosalía es el Rexurdimento.
Con Rosalía forman la gran tríada del Rexurdimento otros dos poetas, ambos con obra capital en 1880-1886: Manuel Curros Enríquez (Aires da miña terra, 1880, de tono social y anticlerical) y Eduardo Pondal (Queixumes dos pinos, 1886, de aliento céltico y bardo; de su poema «Os pinos» salió la letra del himno gallego). En memoria de aquel arranque, la Real Academia Galega instituyó en 1963 —centenario de Cantares gallegos— el Día das Letras Galegas, que cada 17 de mayo dedica a un autor. 🔎 No confundir 1863 (el libro de Rosalía) con 1963 (el Día das Letras).
Los otros dos grandes del Rexurdimento tienen perfiles muy distintos. Manuel Curros Enríquez fue el poeta cívico y combativo, anticlerical y progresista, que cantó la injusticia y las desdichas del pueblo gallego y sufrió por ello persecución. Eduardo Pondal, en cambio, cultivó una poesía de bardo, de aliento céltico y tono épico, que buscaba dar a Galicia un mito de origen; de su poema «Os pinos» salió la letra del himno gallego. Entre los tres —la intimidad de Rosalía, la denuncia de Curros, la épica de Pondal— fundaron una tradición poética completa y devolvieron al gallego, en una sola generación, la mayoría de edad literaria.
El Rexurdimento fue una de las grandes hazañas culturales del siglo XIX peninsular: en pocas décadas, una lengua que había estado tres siglos sin apenas literatura escrita recuperó la voz y produjo, con Rosalía, a una poeta de talla europea. Y lo hizo, significativamente, apoyándose en la tradición oral —los cantares, las cantigas— que el pueblo había conservado (tema 71). El renacimiento gallego demuestra que una lengua puede resucitar literariamente si conserva su raíz popular y encuentra a los autores capaces de elevarla de nuevo a la alta cultura.
4.3. El siglo XX y la actualidad
El siglo XX consolidó la recuperación. Las Irmandades da Fala (1916) defendieron el uso del gallego; y la revista Nós (1920) dio nombre a la gran Xeración Nós, que elevó el gallego a lengua de alta cultura y de pensamiento: Vicente Risco, Ramón Otero Pedrayo y, sobre todo, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao —escritor, dibujante y político, autor de Sempre en Galiza (1944), la «biblia» del galleguismo—. En la poesía, la vanguardia de Manuel Antonio (De catro a catro, 1928).
La Xeración Nós quiso hacer del gallego una lengua universal, capaz de expresar la ciencia, el pensamiento y el arte europeos, y no solo el mundo rural. Ramón Otero Pedrayo, gran prosista y polígrafo, y Vicente Risco, ensayista y teórico del galleguismo, dieron al gallego una prosa intelectual moderna; y Castelao, la figura más querida, unió en su persona el arte, la literatura y el compromiso político. A su lado, el Seminario de Estudos Galegos (1923) investigó de forma científica la cultura del país. Con ellos, el gallego dejó de ser solo la lengua de la poesía para convertirse también en lengua de pensamiento.
La Guerra Civil y el franquismo cortaron el proceso, pero la cultura gallega resistió, sobre todo desde el exilio y desde la editorial Galaxia (1950). En la posguerra destacan la prosa mágica y fabuladora de Álvaro Cunqueiro (Merlín e familia, 1955), la fuerza de Eduardo Blanco Amor (A esmorga, 1959) y la poesía social de Celso Emilio Ferreiro (Longa noite de pedra, 1962), cuyo título mismo es una metáfora de la dictadura.
Conviene retener algunos hitos de ese siglo XX. En poesía, la vanguardia tuvo su obra maestra en De catro a catro (1928) de Manuel Antonio, singladura marinera y creacionista; y la poesía social de la posguerra encontró su símbolo en Longa noite de pedra (1962) de Celso Emilio Ferreiro, cuyo título —«larga noche de piedra»— nombra la opresión de la dictadura. En narrativa, junto a Cunqueiro brilla Eduardo Blanco Amor, cuya novela A esmorga (1959) —una noche de juerga que acaba en tragedia— hubo de publicarse primero en el exilio de Buenos Aires, por la censura. La cultura gallega resistió, en buena medida, gracias a la emigración americana.
Un rasgo peculiar de la cultura gallega es el peso de la emigración. Durante el franquismo, fue en Buenos Aires —la «quinta provincia» gallega, con cientos de miles de emigrantes— donde pudo publicarse y representarse lo que en Galicia estaba prohibido: allí editó Castelao Sempre en Galiza y allí se dio a conocer buena parte de la literatura gallega del exilio. La diáspora americana fue, así, un refugio de la lengua y la cultura, y explica que muchas obras capitales vieran la luz al otro lado del Atlántico. La saudade del emigrante —tema mayor desde Rosalía— es, a la vez, la circunstancia que salvó buena parte de esta literatura.
Desde la democracia, la literatura gallega vive una etapa de plenitud. Con el Estatuto de Autonomía (1981) y la Lei de Normalización Lingüística (1983), el gallego es lengua cooficial, de enseñanza y de edición, con su autoridad normativa (la Real Academia Galega). La narrativa actual ha dado nombres de proyección internacional, como Manuel Rivas (¿Que me queres, amor?, 1995, de donde procede La lengua de las mariposas; O lapis do carpinteiro, 1998) o Xosé Luís Méndez Ferrín. Con todo, la situación sociolingüística es delicada: pese a la vitalidad de su literatura, el uso habitual del gallego retrocede de forma preocupante entre los más jóvenes, lo que constituye hoy su mayor reto.
Un símbolo de esa vitalidad es el Día das Letras Galegas, cada 17 de mayo: una jornada en que toda Galicia celebra su literatura y dedica homenajes, publicaciones y actos a un autor escogido por la Real Academia Galega. Pocas culturas tienen una fiesta literaria tan arraigada y popular. Es la mejor prueba de que, pese a las dificultades sociolingüísticas, el gallego sigue siendo para muchos motivo de orgullo e identidad, y de que su literatura goza de un reconocimiento social que ya quisieran para sí lenguas mucho mayores. La partida por el futuro del gallego se juega, sobre todo, en la transmisión a los más jóvenes.
La narrativa gallega actual es, con todo, vigorosa y variada. Junto a Manuel Rivas —su autor más internacional, cuyas historias de la Guerra Civil y de la Galicia rural han conmovido a lectores de todo el mundo— destacan Xosé Luís Méndez Ferrín, gran renovador de la prosa y la poesía, Suso de Toro o la poeta Chus Pato. Se cultivan con fuerza el relato, la novela negra y la literatura infantil y juvenil. El gallego cuenta hoy con todo lo que necesita una lengua de cultura —editoriales, premios, enseñanza, una Academia—; su reto no es ya literario, sino social: que las nuevas generaciones lo sigan hablando.
5. La literatura vasca
La literatura vasca —la escrita en euskera— es la más singular de las tres, y también la de trayectoria más difícil. Su historia está marcada por dos rasgos únicos: la naturaleza excepcional de su lengua y la tardanza y escasez de su literatura culta, que solo en el siglo XX, con la unificación de la lengua, alcanzó plena madurez. Es, por eso, la más joven de las literaturas peninsulares, y a la vez la que descansa sobre la lengua más antigua.
5.1. La lengua y la tradición oral
El euskera es una lengua aislada: no se ha podido demostrar su parentesco con ninguna otra lengua del mundo. Es la única lengua preindoeuropea que sobrevive en Europa occidental —ya se hablaba antes de la llegada de los pueblos indoeuropeos—, y su origen sigue siendo un enigma para la lingüística. 🔎 Es más exacto llamarla «lengua aislada» o «la única preindoeuropea superviviente» que «la lengua más antigua de Europa», etiqueta mítica que la ciencia matiza. Esa singularidad, y la falta durante siglos de una lengua escrita unificada, condicionan toda su literatura.
Sobre el origen del euskera se han propuesto muchas hipótesis —parentescos con lenguas caucásicas, con el íbero, con lenguas africanas—, pero ninguna se ha podido demostrar: es una lengua aislada, un enigma que fascina a la lingüística. Sí parece claro que se hablaba en la península mucho antes de la llegada del latín y de las lenguas romances, y que ha sobrevivido en su reducto durante milenios. Esa antigüedad, y el hecho de haber resistido a la romanización y a la presión posterior del castellano, la han convertido en un poderoso símbolo de identidad, con el que su literatura mantiene una relación especialmente estrecha.
Precisamente por esa debilidad de lo escrito, la literatura vasca ha tenido siempre una riquísima dimensión oral. Su manifestación más viva y característica es el bertsolarismo (bertsolaritza): el arte de improvisar y cantar en público, sin acompañamiento musical, estrofas (los bertsos) sujetas a una métrica, una rima y una melodía fijas, a menudo sobre un tema propuesto en el momento. Los bertsolaris compiten en campeonatos multitudinarios y gozan de enorme prestigio popular. Es una tradición plenamente viva —un caso admirable de literatura oral en pleno siglo XXI— y una seña de identidad de la cultura vasca.
El bertsolarismo es hoy un fenómeno social de primer orden. Los grandes campeonatos (el Bertsolari Txapelketa Nagusia) llenan pabellones con miles de espectadores que siguen, en silencio y con pasión, cómo los bertsolaris improvisan versos sobre temas que se les proponen en el momento, con una agilidad y un ingenio asombrosos. Es una prueba viva de que la literatura oral (la del tema 71) no es cosa del pasado: en euskera goza de una salud extraordinaria, y en 2009 Maialen Lujanbio se convirtió en la primera mujer en ganar la txapela (la boina de campeona). Une la tradición más antigua con la vida cultural más actual.
5.2. De Etxepare al euskera unificado
El primer libro impreso en euskera es tardío: Linguae Vasconum Primitiae («Primicias de la lengua de los vascos»), de Bernat Etxepare, publicado en 1545: una colección de poemas —religiosos, amorosos, autobiográficos y en loor del propio euskera— con la que el autor reivindica orgullosamente su lengua como apta para la letra impresa. Poco después, Joanes Leizarraga tradujo el Nuevo Testamento (1571) por encargo de la reina calvinista de Navarra, Juana de Albret (🔎 el Nuevo Testamento, no la Biblia entera); y en 1643, Pedro de Axular firmó con Gero («Después») la cumbre de la prosa clásica vasca.
Es significativo que el primer libro impreso en euskera sea, a la vez, una reivindicación de la lengua: Etxepare incluye un poema —el «Kontrapas»— en el que anima al euskera a «salir al mundo» y a ocupar su lugar entre las lenguas impresas. Esa conciencia de la dignidad de la propia lengua, y la voluntad de darle una literatura, atraviesa toda la historia de las letras vascas y explica su tenacidad. Frente a la falta de un Estado, una corte o una lengua unificada, unos pocos hombres —clérigos casi siempre— fueron sosteniendo, siglo a siglo, el hilo de una literatura escrita que parecía siempre a punto de romperse.
Los otros dos textos fundacionales nacieron, curiosamente, del lado norte (el País Vasco francés) y de la religión. La traducción del Nuevo Testamento por Joanes Leizarraga (1571), encargada por la reina calvinista de Navarra, fue un esfuerzo enorme por dar al euskera una prosa culta y unificada, en plena Reforma. Y el Gero de Pedro de Axular (1643), tratado moral de la escuela de Sara, es la gran obra de la prosa clásica vasca: una lengua rica, precisa y hermosa que se tomaría después como modelo. Fueron esos escritores del norte, y no una corte inexistente, quienes mantuvieron encendida la llama de la letra impresa en euskera.
Pero, tras esos hitos, la literatura culta vasca fue durante siglos escasa: la dispersión en dialectos, la ausencia de una lengua común y la falta de un gran centro cultural o cortesano lo impidieron. El renacimiento (el Euskal Pizkundea) llega a finales del siglo XIX, tras las guerras carlistas y con el auge del nacionalismo; en 1919 se funda Euskaltzaindia (la Real Academia de la Lengua Vasca). La lírica de preguerra da nombres notables —Lizardi (José María Aguirre), Lauaxeta (Esteban Urkiaga, fusilado en 1937) y Orixe (Nicolás Ormaetxea, autor del poema épico Euskaldunak)—, y Domingo Agirre es tenido por el «padre de la novela vasca» (Garoa, 1912).
El destino trágico de algunos de estos autores refleja el de la propia cultura vasca en el siglo XX. Lauaxeta (Esteban Urkiaga), poeta de gran finura, fue fusilado por los sublevados en 1937, en plena Guerra Civil, cuando apenas tenía treinta y dos años. Otros marcharon al exilio, y la lengua y su literatura sufrieron una dura represión durante el franquismo. Que, pese a todo, el euskera lograra pocos años después su unificación y su renacimiento literario da la medida de la tenacidad de un pueblo empeñado en conservar su palabra. La historia de la literatura vasca es, más que ninguna otra, una historia de supervivencia.
El hecho decisivo, sin embargo, es del siglo XX: la creación del euskera unificado, el euskara batua, acordado por Euskaltzaindia en el congreso de Arantzazu en 1968, sobre la ponencia del gran lingüista Koldo Mitxelena. Por fin el euskera disponía de una lengua estándar común, escrita, apta para la enseñanza y la alta literatura: la condición que le había faltado durante cuatro siglos. Casi al tiempo, Gabriel Aresti renovaba la poesía con su poesía social (Harri eta herri, «Piedra y pueblo», 1964), y «Txillardegi» escribía la primera novela moderna, existencial e introspectiva (1957). La literatura vasca contemporánea acababa de nacer.
Cuesta exagerar la importancia del batua. Sin una lengua común, el euskera estaba condenado a seguir siendo un mosaico de dialectos orales, incapaz de sostener una enseñanza, unos medios y una literatura modernas; cada autor escribía en su variante y para un público reducido. El acuerdo de 1968 —fruto del rigor de Koldo Mitxelena y del consenso de la Academia— dio al euskera, por fin, un estándar escrito con el que educar a los niños en las ikastolas, publicar libros y periódicos y competir en el mundo cultural contemporáneo. Fue, en cierto modo, el verdadero nacimiento del euskera como lengua de cultura plena, y la base de todo lo que vino después.
📖 «Nire aitaren etxea defendituko dut» («Defenderé la casa de mi padre») — Gabriel Aresti, Harri eta herri (1964). El verso, convertido en símbolo, expresa la voluntad de defender la lengua y la cultura propias frente a todo, aun a costa de quedarse solo. Es uno de los poemas más citados de la literatura vasca.
Gabriel Aresti y «Txillardegi» encarnan el nuevo rumbo de los años cincuenta y sesenta. Aresti llevó a la poesía vasca el compromiso social y un lenguaje directo, urbano y combativo, muy alejado del ruralismo anterior; su Harri eta herri fue una sacudida. Txillardegi (José Luis Álvarez Enparantza), lingüista y militante, escribió con Leturiaren egunkari ezkutua (1957) la primera novela moderna en euskera: una obra existencial e introspectiva, en la línea de la narrativa europea del momento, que probaba que el euskera podía contar la interioridad del hombre contemporáneo. Con ellos, y con el batua a la vuelta de la esquina, la literatura vasca entró de lleno en la modernidad.
5.3. La actualidad
Con el batua, la red de ikastolas (escuelas en euskera) y la cooficialidad, la literatura vasca vive desde entonces una etapa de expansión. Su figura mayor y de más proyección internacional es Bernardo Atxaga (José Irazu Garmendia), cuya colección de relatos Obabakoak (1988) —un mundo imaginario, Obaba, entre lo rural y lo universal— obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en 1989 y ha sido traducida a decenas de lenguas. 🔎 La obra es de 1988 y el premio, de 1989; es el Premio Nacional (no el Cervantes). Junto a él, Kirmen Uribe (Premio Nacional de Narrativa 2009 por Bilbao-New York-Bilbao), Ramón Saizarbitoria o Anjel Lertxundi.
El caso de Atxaga ilustra bien el momento de la literatura vasca. Formado en la generación que hizo suyo el batua, ha demostrado que en euskera se puede escribir una literatura plenamente moderna y universal: Obabakoak —a la vez colección de cuentos y reflexión sobre el arte de narrar— dialoga con Borges y con la tradición europea desde un pequeño mundo rural imaginario. Su éxito, dentro y fuera de España, abrió la puerta a toda una generación de narradores que hoy publican en euskera con normalidad y se traducen al castellano y a otras lenguas. La literatura vasca ha dejado de ser una promesa para ser una realidad consolidada.
Tras Atxaga, una nueva generación ha consolidado la narrativa vasca. Kirmen Uribe obtuvo el Premio Nacional de Narrativa (2009) con Bilbao-New York-Bilbao, una novela que entreteje memoria familiar y reflexión; y autores como Ramón Saizarbitoria o Anjel Lertxundi gozan de gran prestigio. Es notable que estos autores escriban en euskera y alcancen, en traducción, un reconocimiento estatal e internacional: la mejor prueba de que una literatura escrita en una lengua minoritaria, si tiene calidad, puede universalizarse. El euskera ha ganado, en apenas medio siglo, una modernidad literaria que parecía imposible.
La situación del euskera es, sin embargo, compleja por su fragmentación territorial y jurídica. Es plenamente cooficial en la Comunidad Autónoma del País Vasco, pero en Navarra lo es solo en la zona vascófona (según una zonificación legal), y en el País Vasco francés carece de estatuto oficial. Esa desigualdad, y una base de hablantes relativamente pequeña, hacen que su normalización dependa mucho del sistema educativo (las ikastolas y los modelos de enseñanza en euskera). Con todo, el balance de las últimas décadas es de recuperación: el número de vascohablantes jóvenes ha crecido gracias a la escuela, invirtiendo una tendencia que parecía irreversible.
En cuanto a su situación actual, el euskera es cooficial con el castellano en la Comunidad Autónoma del País Vasco (Estatuto de Gernika, 1979) y, en Navarra, en su zona vascófona; se habla también en el País Vasco francés, sin estatuto oficial. Ronda los 800.000 hablantes. La unificación y la enseñanza en euskera han hecho posible una literatura moderna y traducida, aunque opera en un mercado lector reducido y muy dependiente de las ayudas y la traducción. Y la tradición oral del bertsolarismo sigue, como se ha dicho, más viva que nunca. Del casi silencio de siglos, el euskera ha pasado a tener una literatura plena: una de las mayores hazañas culturales recientes.
La literatura vasca ofrece, en suma, un caso único en Europa: el de una lengua antiquísima y aislada que, tras siglos de literatura escrita escasa pero con una riquísima tradición oral, ha construido en apenas medio siglo —gracias al batua, a la escuela y a autores como Aresti o Atxaga— una literatura moderna, traducida y reconocida. Y lo ha hecho sin renunciar a su raíz oral: el bertsolarismo, esa poesía improvisada y cantada que llena pabellones, prueba que en euskera lo más antiguo y lo más nuevo conviven con naturalidad. Es una de las aventuras culturales más admirables del mundo contemporáneo.
6. La situación actual
Vale la pena mirar en conjunto la situación actual de las tres literaturas, porque el enunciado del tema lo pide expresamente y porque su presente comparte luces y sombras. La gran transformación se produjo con la democracia: la Constitución de 1978 y los Estatutos de Autonomía reconocieron la cooficialidad de las tres lenguas, y sendas leyes de normalización lingüística (en Cataluña, Galicia y el País Vasco, en los años ochenta) las devolvieron a la enseñanza, la administración, los medios y la vida pública. De la persecución franquista se pasó, en pocos años, a la normalidad.
El resultado es que las tres cuentan hoy con los instrumentos de una lengua de cultura plena: una academia normativa (el Institut d'Estudis Catalans, la Real Academia Galega, Euskaltzaindia), un sistema de enseñanza propio, una industria editorial, medios de comunicación y premios literarios de prestigio. Sus literaturas gozan de vitalidad: se traducen a otras lenguas, obtienen galardones estatales (el Premio Nacional de Narrativa ha recaído en obras en catalán, gallego y euskera) e internacionales, y dan autores leídos en todo el mundo, como el catalán Jaume Cabré, el gallego Manuel Rivas o el vasco Bernardo Atxaga.
Pero su salud sociolingüística es desigual y no está exenta de amenazas. El catalán es, con diferencia, el más robusto: la lengua cooficial con más hablantes (varios millones), con una sociedad y una edición potentes, y hasta lengua oficial única de un Estado (Andorra). El gallego, pese a la fuerza de su literatura, sufre un preocupante retroceso del uso habitual, sobre todo entre los jóvenes y en las ciudades, que hoy es su mayor reto. Y el euskera, con una base de hablantes más pequeña (en torno a los 800.000), ha logrado en cambio, gracias al batua y a las ikastolas, una notable expansión escolar y literaria desde una situación de partida muy frágil.
Todas comparten, en el fondo, los desafíos de las literaturas en lengua minorizada: un mercado lector reducido, la dependencia de las ayudas públicas y la competencia del castellano (y del inglés) en el consumo cultural. La traducción —entre ellas y hacia el castellano y las grandes lenguas— es, por eso, un puente vital que les permite llegar a más lectores sin renunciar a su lengua. Su futuro depende, en buena medida, de la transmisión a las nuevas generaciones y del prestigio social de cada lengua.
Un factor cada vez más decisivo es la traducción. Gracias a ella, una novela escrita en gallego, catalán o euskera puede llegar a millones de lectores en castellano y en las grandes lenguas del mundo sin que su autor renuncie a escribir en la suya. Los grandes premios estatales (el Premio Nacional de Narrativa o de Poesía) y las ayudas a la traducción reconocen y difunden esta literatura, y han hecho posible que autores como Atxaga, Rivas o Cabré sean leídos internacionalmente. La traducción es hoy el gran puente que permite a las literaturas en lengua propia ser, a la vez, fieles a su lengua y universales.
Merece la pena subrayar un contraste histórico: hoy, por primera vez en siglos, las tres lenguas gozan de oficialidad, enseñanza reglada y protección legal, algo que sus grandes autores del pasado —Rosalía, Verdaguer, Etxepare— no conocieron. La generación actual de escritores en catalán, gallego y euskera es la primera que puede formarse, publicar y ser leída en su lengua con plena normalidad institucional. Que ese marco favorable coexista, sin embargo, con presiones sociolingüísticas reales (la globalización, el peso del castellano y del inglés) define la paradoja del presente: nunca estas literaturas tuvieron tantos medios, y nunca sus lenguas afrontaron una competencia tan fuerte.
Con todo, el balance es de un optimismo prudente. Que tres lenguas que estuvieron arrinconadas —una casi muda durante siglos, otra reducida al uso oral, otra dispersa en dialectos— produzcan hoy literatura de primer nivel, traducida y premiada, es una conquista cultural notable y una de las expresiones más ricas del pluralismo español. La diversidad literaria de España goza, en conjunto, de mejor salud que nunca; conservarla y transmitirla es tarea de todos.
7. Aplicación didáctica
Aunque la materia se imparta en castellano, este tema ofrece una ocasión inmejorable para educar en el respeto y el aprecio de la diversidad lingüística y cultural de España, uno de los grandes objetivos del currículo. La clave didáctica es presentar estas literaturas no como algo ajeno o exótico, sino como parte del patrimonio común y en constante diálogo con la literatura castellana.
- Leer en traducción. Muchas obras cumbre están espléndidamente traducidas al castellano (Tirant lo Blanc, la poesía de Rosalía de Castro, Obabakoak): leer fragmentos permite conocerlas y descubrir su calidad sin barrera de lengua.
- Tender puentes. Conectar estas literaturas con la castellana que el alumno estudia: la lírica galaico-portuguesa con la lírica tradicional (tema 71), Ausiàs March o el Tirant con el Siglo de Oro, Rosalía con el Romanticismo. Se ve así que forman un mismo sistema.
- Aprovechar el cine y la música. Películas como La lengua de las mariposas (sobre un cuento de Manuel Rivas) o la canción de autor en catalán, gallego y euskera acercan estas culturas de forma viva.
- Atender a la diversidad del aula. En un centro puede haber alumnado de estas comunidades o hablante de estas lenguas: su presencia es una riqueza que puede aportar textos, canciones y saberes.
- Celebrar las efemérides. El Día das Letras Galegas (17 de mayo) u otras jornadas culturales son ocasiones idóneas para acercar estas literaturas al conjunto del alumnado.
El tema conecta, de lleno, con la educación en valores y con la competencia ciudadana. Trabajarlo educa el respeto a la pluralidad —lingüística, cultural, identitaria— que la Constitución protege, y combate los prejuicios que a veces han rodeado a estas lenguas. Hace comprender que ninguna lengua es «mejor» que otra, que todas son vehículo de alta cultura y que la diversidad es una riqueza que nos pertenece a todos, no un problema. Es, en suma, una lección de convivencia.
Una secuencia posible: (1) situar en un mapa las lenguas de España y su historia; (2) leer en traducción una selección de textos de las tres literaturas (una cantiga, un fragmento del Tirant, un poema de Rosalía, un cuento de Atxaga); (3) comparar temas y formas con la literatura castellana coetánea; (4) investigar, en grupos, la situación actual de cada lengua y su literatura; y (5) valorar, en un debate, la riqueza del plurilingüismo. Es un proyecto competencial que integra literatura, lengua, historia y educación cívica.
Una actividad especialmente fértil es la comparación directa de textos. Poner al lado una cantiga de amigo, una jarcha y un villancico castellano (tema 71) hace ver, mejor que cualquier explicación, que las tres comparten la voz femenina, el tema amoroso y los símbolos: son un mismo tronco lírico. Del mismo modo, leer un fragmento del Tirant junto a uno del Quijote, o un poema de Rosalía junto a otro de Bécquer, revela el diálogo constante entre las literaturas peninsulares. Comparar, más que yuxtaponer, es la clave didáctica del tema: no tres literaturas ajenas, sino una gran conversación de siglos.
La evaluación será competencial: situar las tres literaturas en su historia, reconocer sus obras y autores mayores, interpretar un texto en traducción y valorar la diversidad lingüística de España. Y el tema deja una huella de ciudadanía difícil de igualar: la de un país que es más rico precisamente porque habla y escribe en varias lenguas, todas ellas suyas.
8. Conclusión
Las literaturas catalana, gallega y vasca son tres grandes voces de la cultura de España, con siglos de historia y obras de valor universal. Lejos de ser apéndices de la literatura castellana, son literaturas plenas, con su propia tradición, sus clásicos y su presente vivo; y forman, con la castellana, el rico concierto de la cultura española, uno de los patrimonios plurilingües más notables de Europa.
Conviene retener el mapa común de las tres: un gran momento medieval o fundacional (el esplendor de la lírica gallega, el Siglo de Oro catalán, los primeros textos vascos), una larga decadencia como lenguas de cultura, un renacimiento en el siglo XIX (Renaixença, Rexurdimento, despertar vasco) y una plenitud contemporánea tras la recuperación de la democracia y la cooficialidad. Y sus cimas: en catalán, Llull, Ausiàs March, el Tirant, Verdaguer, Rodoreda; en gallego, las cantigas, Rosalía de Castro, la Xeración Nós, Cunqueiro, Rivas; en vasco, Etxepare, el euskara batua, Aresti, Atxaga.
Ese recorrido encierra una lección profunda: la de la extraordinaria resistencia de estas lenguas y literaturas, capaces de renacer una y otra vez tras siglos de silencio. Que el gallego que había casi desaparecido como lengua escrita produjera a Rosalía; que el catalán arrinconado diera a Rodoreda; que el euskera, disperso en dialectos, alcanzara con el batua una literatura moderna y a Atxaga, prueba la fuerza indomable de la palabra propia de un pueblo. Ninguna imposición logró apagarlas.
Para el opositor, y para el futuro docente, el tema recuerda que la literatura española es, en rigor, plural: que se ha escrito y se escribe en varias lenguas, todas ellas patrimonio común, y que conocerlas —siquiera en sus grandes hitos y en traducción— es parte de una formación literaria completa y de una ciudadanía respetuosa con la diversidad. La riqueza lingüística de España, dice la Constitución, es un patrimonio «objeto de especial respeto y protección»; hacerlo efectivo empieza en el aula.
Enseñar estas literaturas es, en definitiva, ensanchar el mapa de lo propio: descubrir que junto al Cid y a Cervantes están Ausiàs March y el Tirant, que junto a Machado está Rosalía, que junto a Lorca está Atxaga. Es entender España como lo que es —una comunidad de culturas— y celebrar, en vez de temer, la pluralidad de sus voces. Pocas lecciones son hoy más necesarias.
Esquema
LA LITERATURA EN LENGUA CATALANA, GALLEGA Y VASCA
│
├─ 0-2. MARCO: España PLURILINGÜE (art. 3 CE: castellano oficial + «demás lenguas
│ españolas» cooficiales; la riqueza lingüística = «patrimonio cultural»). Las tres
│ comparten ritmo: esplendor medieval -> DECADENCIA (ss. XVI-XVIII) -> RENACIMIENTO
│ (s. XIX) -> plenitud democrática. 🚨 CURRÍCULO (BOE): el plurilingüismo SÍ es saber
│ de LCL (bloque «Las lenguas y sus hablantes»), pero las LITERATURAS catalana/gallega/
│ vasca NO se nombran (son de las materias de Lengua Cooficial). Es cultura del docente
│
├─ 3. CATALANA. EDAD MEDIA (Segle d'Or, s. XV): Ramon LLULL (prosa; Blaquerna, Llibre
│ d'amic e amat), les quatre grans Cròniques (Jaume I), AUSIÀS MARCH (🚨 VALENCIANO;
│ Veles e vents), Bernat Metge; «TIRANT LO BLANC» de Joanot Martorell (impreso 1490;
│ 🚨 Cervantes lo ELOGIA, Quijote I,6). RENAIXENÇA (s.XIX): Aribau «La Pàtria» (1833),
│ Jocs Florals (restaurados 1859), Verdaguer, Guimerà (Terra baixa). Modernisme
│ (Maragall; VÍCTOR CATALÀ = Caterina Albert, MUJER) ≠ Noucentisme (d'Ors, Riba).
│ s.XX: Josep Pla, ESPRIU (La pell de brau, POESÍA), RODOREDA («La plaça del Diamant»
│ 1962). Actual: Monzó, CABRÉ. La cooficial con MÁS hablantes; oficial única de Andorra
│
├─ 4. GALLEGA. EDAD MEDIA = ESPLENDOR: la LÍRICA GALAICO-PORTUGUESA (ss. XIII-XIV), gran
│ lengua poética peninsular. 🚨 Cantiga de AMIGO (voz FEMENINA, autóctona) vs de AMOR
│ (masculina, provenzal) vs de ESCARNIO/MALDIZER (sátira). MARTÍN CODAX y MENDINHO
│ (medievales, ría de Vigo); Cantigas de Santa María de Alfonso X (~400, marianas).
│ SÉCULOS ESCUROS (XVI-XVIII). REXURDIMENTO: ROSALÍA DE CASTRO «Cantares gallegos»
│ (1863), Curros, Pondal (himno). 🚨 Día das Letras = 1963 (centenario). s.XX: Xeración
│ NÓS (Castelao), Galaxia, Cunqueiro. Actual: Manuel RIVAS. 🔎 uso en retroceso
│
├─ 5. VASCA. EUSKERA = lengua AISLADA (no indoeuropea). Oral: BERTSOLARISMO (vivo).
│ 1.er libro impreso: ETXEPARE «Linguae Vasconum Primitiae» (1545); Leizarraga (NT,
│ 1571); Axular «Gero» (1643). Escasez culta -> Pizkundea (Euskaltzaindia 1919;
│ Lauaxeta FUSILADO 1937). 🚨 EUSKARA BATUA (unificado) = 1968 (Arantzazu, Mitxelena):
│ nace la literatura moderna. Aresti «Harri eta herri» (1964). ATXAGA «OBABAKOAK»
│ (1988; 🚨 Premio Nacional 1989, NO Cervantes). ~800.000 hablantes
│
├─ 6. SITUACIÓN: las 3 cooficiales, con academia (IEC, RAG, Euskaltzaindia), enseñanza,
│ edición y premios. Desiguales: catalán robusto, gallego en retroceso, euskera en
│ recuperación por la escuela. Reto común: mercado pequeño + TRANSMISIÓN a los jóvenes
│
├─ 7. DIDÁCTICA: leer en TRADUCCIÓN, tender PUENTES con lo castellano (T71), respeto a la
│ DIVERSIDAD; el Día das Letras. Educación en valores y ciudadanía
└─ 8. CONCLUSIÓN: 3 literaturas PLENAS; la resistencia de las lenguas; España = comunidad
de CULTURAS. ⚠ Valle/Lorca (teatro) = T65; el Cid = T42; la lírica tradicional = T71
Bibliografía
- Constitución Española de 1978, artículo 3 (lenguas de España). Real Decreto 217/2022 (ESO, BOE-A-2022-4975) y Real Decreto 243/2022 (Bachillerato, BOE-A-2022-5521): saberes de Lengua Castellana y Literatura, bloque «Las lenguas y sus hablantes».
- RIQUER, M. de; COMAS, A.; MOLAS, J., Història de la literatura catalana, Barcelona, Ariel.
- Ediciones de Tirant lo Blanc (Martorell), Ausiàs March, Ramon Llull; RODOREDA, M., La plaça del Diamant; ESPRIU, S., La pell de brau.
- TARRÍO VARELA, A., Literatura galega, Vigo, Xerais; VILAVEDRA, D., Historia da literatura galega.
- Ediciones de las Cantigas de Santa María (Alfonso X), del Cancioneiro galaico-portugués; CASTRO, R. de, Cantares gallegos y Follas novas; RIVAS, M., ¿Que me queres, amor?
- MICHELENA (MITXELENA), L., Historia de la literatura vasca; JUARISTI, J., Literatura vasca, Madrid, Taurus.
- ETXEPARE, B., Linguae Vasconum Primitiae (1545); ARESTI, G., Harri eta herri; ATXAGA, B., Obabakoak.
- Instituciones y recursos: Institut d'Estudis Catalans, Real Academia Galega, Euskaltzaindia; Institut Ramon Llull, Etxepare Euskal Institutua.
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