Tema 46 · Formación y Orientación Laboral
La empresa: elementos, objetivos, clasificación y áreas funcionales
Epígrafe oficial: La empresa. Elementos. Objetivos. Criterios de clasificación de las empresas. Las áreas funcionales de la empresa.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. Concepto y elementos de la empresa
- 3. Los objetivos de la empresa
- 4. Criterios de clasificación de las empresas
- 5. Las áreas funcionales de la empresa
- 6. Conclusiones
- 7. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
La empresa es la protagonista de la actividad económica. Como vimos en el bloque de economía, es el agente que produce los bienes y servicios, demanda los factores productivos, crea empleo y genera la mayor parte de la riqueza. Comprender qué es una empresa, cómo se organiza y qué persigue es, por tanto, imprescindible para entender el mundo del trabajo en el que se integrará el alumnado de Formación Profesional.
La palabra «empresa» evoca a la vez la acción de emprender —acometer algo que entraña dificultad— y la organización que la lleva a cabo. Ambos sentidos están presentes en el fenómeno económico que estudiamos: toda empresa nace de una iniciativa que asume riesgos con la esperanza de una recompensa, y se materializa en una organización de recursos y personas. Este doble carácter, emprendedor y organizativo, recorre todo el tema.
Este tema abre el bloque de la empresa del temario de Formación y Orientación Laboral. Estudiaremos el concepto de empresa y su naturaleza como sistema, sus elementos (los recursos que la componen), sus objetivos (desde el clásico beneficio hasta la creación de valor y la responsabilidad social), los criterios para clasificar la enorme variedad de empresas existentes y, finalmente, las áreas funcionales en las que se organiza su actividad. Se trata de un tema fundamental, que sienta las bases de los temas posteriores sobre organización, dirección, financiación y creación de empresas.
1. Relación con el currículo
El estudio de la empresa es un contenido central del módulo de Empresa e Iniciativa Emprendedora (EIE), presente en todos los ciclos formativos, y del módulo de FOL. Aporta al alumnado el marco para comprender la realidad empresarial en la que trabajará y para desarrollar su espíritu emprendedor.
- Capacita para comprender la empresa como el entorno en el que se desarrollará la vida laboral y para valorar la opción del autoempleo y el emprendimiento.
- Conecta con la iniciativa emprendedora y el autoempleo y con el área de recursos humanos.
- Desarrolla las competencias de iniciativa y espíritu emprendedor, la digital y la de aprender a aprender.
El reto didáctico consiste en acercar la realidad empresarial con ejemplos concretos (empresas conocidas y del entorno), visitas, simulaciones (empresas simuladas, viveros) y el análisis de casos, de modo que el alumnado perciba la empresa como una realidad viva y próxima, y no como un concepto abstracto. El fundamento constitucional está en la libertad de empresa del artículo 38 de la Constitución.
Este contenido conecta, además, con la competencia emprendedora, una de las competencias clave definidas por la Unión Europea (el marco EntreComp), y con el objetivo, recogido en la normativa educativa, de fomentar el espíritu emprendedor del alumnado. No se trata solo de formar futuros empresarios, sino de desarrollar en todos los estudiantes actitudes de iniciativa, creatividad, asunción de riesgos y capacidad para transformar ideas en acciones, cualidades valiosas tanto para emprender como para desempeñarse por cuenta ajena.
2. Concepto y elementos de la empresa
2.1. Concepto y la empresa como sistema
La empresa puede definirse como la unidad económica de producción que combina un conjunto de factores (humanos, materiales, financieros y técnicos), bajo la dirección y coordinación del empresario, para producir bienes o servicios destinados al mercado, con el fin de obtener un beneficio y asumiendo un riesgo. De esta definición se desprenden sus rasgos esenciales: es una unidad de producción, combina factores, tiene una organización y una dirección, se orienta al mercado y persigue objetivos asumiendo riesgos.
El enfoque más útil para entenderla es el de la empresa como sistema: un conjunto de elementos interrelacionados entre sí y con su entorno, que persigue unos objetivos comunes. Como sistema, la empresa es abierta (se relaciona con su entorno, del que recibe entradas y al que entrega salidas), global (el todo es más que la suma de las partes: existe sinergia) y autorregulada (se adapta mediante mecanismos de control). Dentro del sistema-empresa se distinguen varios subsistemas (funcionales: aprovisionamiento, producción, comercial, financiero, de recursos humanos y de dirección), que se corresponden en buena medida con las áreas funcionales.
Como sistema abierto, la empresa está condicionada por su entorno, que suele dividirse en dos niveles. El entorno general (o macroentorno) afecta a todas las empresas de un territorio y comprende los factores político-legales, económicos, socioculturales, tecnológicos, ecológicos y demográficos —el conocido análisis PESTEL—. El entorno específico (o microentorno) afecta a las empresas de un sector concreto e incluye a los clientes, los proveedores, los competidores y los intermediarios; para analizarlo es clásico el modelo de las cinco fuerzas de Porter (competidores, entrantes potenciales, productos sustitutivos, poder de proveedores y poder de clientes). Comprender el entorno es imprescindible para la estrategia empresarial.
El pensamiento sobre la empresa ha generado diversas teorías. La teoría clásica (Taylor, Fayol) se centró en la organización científica del trabajo; la teoría de las relaciones humanas (Mayo) descubrió la importancia de los factores sociales y psicológicos; la teoría de sistemas concibió la empresa como el conjunto interrelacionado que hemos descrito; y la moderna teoría de los recursos y capacidades sostiene que la ventaja competitiva de una empresa reside en sus recursos valiosos, raros e inimitables (con frecuencia intangibles, como el conocimiento o la marca). Esta última explica por qué empresas de un mismo sector obtienen resultados muy distintos.
Una pregunta aparentemente sencilla —¿por qué existen las empresas y no se organiza todo a través del mercado?— fue respondida por Ronald Coase con la teoría de los costes de transacción: acudir al mercado para cada tarea (buscar, negociar, contratar, controlar) tiene costes, y cuando estos son elevados resulta más eficiente internalizar esas actividades dentro de una organización jerárquica, la empresa. La empresa existe, pues, porque coordina ciertas actividades de forma más barata que el mercado. Este enfoque, que valió a Coase el Premio Nobel, ilumina decisiones tan actuales como externalizar (outsourcing) o producir internamente, presentes cada día en la gestión empresarial.
La empresa cumple, además, importantes funciones en la economía: produce bienes y servicios que satisfacen necesidades, crea empleo y genera rentas (salarios), añade valor a los recursos (transforma inputs en outputs de mayor valor), asume el riesgo de la actividad económica y fomenta la innovación y el progreso técnico. Por todo ello es una institución clave, no solo económica, sino también social.
La empresa puede contemplarse desde varias dimensiones o realidades complementarias. En su dimensión económica es una unidad de producción que combina factores para crear valor; en su dimensión jurídica, un conjunto de relaciones (contratos, propiedad, personalidad jurídica) reguladas por el Derecho mercantil y laboral; en su dimensión sociológica, una organización de personas con su propia cultura y relaciones de poder; y en su dimensión técnica, un conjunto de procesos y tecnologías. Distinguir estas dimensiones ayuda a comprender la riqueza y la complejidad de una realidad que no se agota en su definición económica.
2.2. Los elementos de la empresa
Toda empresa se compone de un conjunto de elementos que el empresario combina. Suelen agruparse así:
- El elemento humano o personas: los trabajadores (que aportan su trabajo), los propietarios o socios (que aportan el capital) y los administradores o directivos (que gestionan). Es el elemento más importante y diferenciador.
- Los elementos materiales o bienes: el capital fijo (bienes duraderos: edificios, maquinaria, instalaciones, equipos) y el capital circulante (bienes que se consumen o transforman: materias primas, existencias, dinero).
- Los elementos inmateriales o intangibles: cada vez más decisivos, como la marca, la reputación, la cartera de clientes, el conocimiento (know-how), las patentes o la cultura empresarial.
- La organización: el conjunto de relaciones de autoridad, coordinación y comunicación que da estructura a los demás elementos. La aporta el empresario y es la que convierte un mero conjunto de recursos en un sistema.
Desde el punto de vista contable, los elementos materiales e inmateriales integran el patrimonio de la empresa, que es el conjunto de bienes (lo que posee), derechos (lo que le deben) y obligaciones (lo que debe). La diferencia entre lo que tiene y lo que debe constituye su patrimonio neto o riqueza. Esta representación del patrimonio, y su análisis mediante el balance y las ratios, se estudia en detalle en los temas de funcionamiento económico y análisis contable de este mismo bloque, pero conviene retenerla desde ahora como la traducción económica de los elementos de la empresa.
Mención aparte merece el empresario, elemento coordinador. Su concepto ha evolucionado: del empresario-propietario capitalista del siglo XIX se pasó, con las grandes sociedades, a la separación entre propiedad (accionistas) y control (directivos profesionales). La teoría económica ha destacado distintas funciones del empresario: la de asumir el riesgo (Knight), la de innovar (el empresario innovador de Schumpeter, que introduce nuevos productos o procesos en un proceso de «destrucción creativa») y la de descubrir oportunidades. Hoy conviven grandes empresarios corporativos con la figura del emprendedor, que crea su propio proyecto.
La separación entre propiedad y control da lugar a la teoría de la agencia: los directivos (agentes) pueden perseguir objetivos propios (crecimiento, poder, retribución) distintos de los de los propietarios (principal), lo que genera costes de supervisión y exige mecanismos de gobierno corporativo (consejos de administración, incentivos, auditoría) para alinear los intereses. Esta cuestión es central en las grandes sociedades cotizadas y ha ganado relevancia tras diversos escándalos empresariales, que impulsaron códigos de buen gobierno y una mayor transparencia. En la pyme y en la empresa familiar, por el contrario, propiedad y gestión suelen coincidir, con otras problemáticas propias (la sucesión, la profesionalización).
3. Los objetivos de la empresa
¿Para qué existe una empresa? La respuesta tradicional es la maximización del beneficio (la diferencia entre ingresos y costes), que sigue siendo un objetivo central: sin beneficio, la empresa no sobrevive a largo plazo. Conviene precisar que el beneficio no debe confundirse con la rentabilidad: el beneficio es una cifra absoluta, mientras que la rentabilidad lo relaciona con los recursos empleados. Se distinguen la rentabilidad económica (beneficio respecto del activo total, mide la eficiencia de las inversiones) y la rentabilidad financiera (beneficio respecto de los fondos propios, mide el rendimiento para los propietarios). Una empresa puede tener mucho beneficio y poca rentabilidad si ha necesitado muchísimos recursos para lograrlo. Dicho esto, el objetivo del beneficio se ha matizado y enriquecido:
- La maximización del valor de la empresa para sus propietarios (el valor de mercado, la riqueza de los accionistas) se considera hoy un objetivo más completo que el beneficio a corto plazo, pues incorpora el largo plazo y el riesgo.
- La supervivencia y el crecimiento: muchas empresas priorizan consolidarse, ganar cuota de mercado o crecer, aun a costa de beneficios inmediatos.
- Los objetivos sociales y la responsabilidad social corporativa (RSC): la empresa como agente que debe atender también a su impacto social y ambiental (sostenibilidad, buen gobierno, criterios ESG).
En el logro de sus objetivos, la empresa persigue ser a la vez eficaz (alcanzar los objetivos propuestos) y eficiente (lograrlos con el menor consumo posible de recursos). Un indicador clave de la eficiencia es la productividad, que relaciona la producción obtenida con los factores empleados; su aumento es la principal fuente de competitividad y de mejora del nivel de vida a largo plazo. Distinguir eficacia, eficiencia y productividad es esencial para evaluar correctamente la gestión de cualquier organización, y evita el error de confundir «hacer muchas cosas» con «hacerlas bien y a buen coste».
La visión moderna reconoce que en la empresa confluyen distintos grupos de interés o stakeholders (propietarios, trabajadores, clientes, proveedores, Estado, comunidad), cada uno con sus objetivos, que la dirección debe conciliar. Esta perspectiva contrasta con la clásica shareholder (centrada solo en el accionista) y refleja una concepción más amplia del papel de la empresa en la sociedad. Los objetivos, además, deben ser coherentes entre sí y suelen ordenarse jerárquicamente: la misión (la razón de ser de la empresa), la visión (lo que aspira a ser) y los valores, de los que se derivan los objetivos estratégicos, tácticos y operativos.
La responsabilidad social corporativa (RSC) merece un desarrollo por su creciente importancia. Consiste en la integración voluntaria, por parte de la empresa, de preocupaciones sociales y ambientales en su actividad y en sus relaciones con los grupos de interés, más allá de sus obligaciones legales. Carroll la representó como una pirámide de responsabilidades: económicas (ser rentable), legales (cumplir la ley), éticas (actuar con justicia) y filantrópicas (contribuir a la comunidad). Hoy se articula en torno a los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU. La RSC no es mera imagen: cada vez más, los consumidores, los inversores y los trabajadores valoran el comportamiento responsable, de modo que la sostenibilidad se ha convertido también en una fuente de competitividad.
Conviene subrayar que los objetivos de una empresa pueden entrar en conflicto: maximizar el beneficio a corto plazo puede chocar con la inversión en I+D o con la calidad del empleo; el crecimiento acelerado puede comprometer la rentabilidad. La dirección debe equilibrar estos objetivos y establecer prioridades. Además, los objetivos deben cumplir ciertos requisitos para ser útiles: han de ser claros, medibles, alcanzables, coherentes y con un horizonte temporal definido (el conocido criterio SMART), de modo que puedan servir de guía a la acción y de referencia para el control de resultados.
4. Criterios de clasificación de las empresas
Existe una enorme variedad de empresas, desde el autónomo que trabaja solo hasta la multinacional con miles de empleados en decenas de países. Para ordenar esa diversidad y poder estudiarla se emplean distintos criterios de clasificación, que no son excluyentes: una misma empresa se sitúa a la vez en varias categorías (por ejemplo, una pyme industrial, privada, de ámbito nacional y con forma de sociedad limitada). Los principales criterios son:
- Según el sector económico o actividad: empresas del sector primario (agrícolas, ganaderas, pesqueras, extractivas), del secundario (industriales, de construcción) y del terciario (comerciales y de servicios).
- Según su tamaño (por número de trabajadores, volumen de negocio o activo): microempresas (menos de 10 trabajadores), pequeñas (10-49), medianas (50-249) y grandes (250 o más). Las tres primeras forman las pymes, que en España representan más del 99 % del tejido empresarial y la mayor parte del empleo.
- Según la propiedad del capital: privadas (capital de particulares), públicas (del Estado o entes públicos), mixtas (capital público y privado) y de economía social (cooperativas, sociedades laborales).
- Según el ámbito geográfico: locales, regionales, nacionales y multinacionales (que operan en varios países).
- Según la forma jurídica: empresario individual (autónomo), sociedades personalistas (colectiva, comanditaria), sociedades capitalistas (sociedad de responsabilidad limitada —SL— y sociedad anónima —SA—) y sociedades de economía social (cooperativas, laborales). La forma jurídica determina la responsabilidad, el capital mínimo y la fiscalidad, y se relaciona con la iniciativa emprendedora y el autoempleo.
- Según el destino de la producción: empresas de producción de bienes (que fabrican productos) o de prestación de servicios; y, dentro de las comerciales, mayoristas y minoristas.
La diferencia entre empresario individual y sociedad tiene consecuencias prácticas de primer orden. El empresario individual responde de las deudas del negocio con todo su patrimonio, presente y futuro (responsabilidad ilimitada), mientras que en las sociedades capitalistas (SL, SA) la responsabilidad de los socios se limita al capital aportado, protegiendo su patrimonio personal. A cambio, constituir una sociedad exige un capital mínimo, trámites y una tributación distinta (el Impuesto sobre Sociedades, frente al IRPF del autónomo). Elegir bien la forma jurídica es, por ello, una de las primeras y más importantes decisiones de quien emprende.
Merecen atención especial algunas categorías. Las empresas de economía social (cooperativas, sociedades laborales, mutualidades, centros especiales de empleo) anteponen las personas y el fin social al capital, con principios de gestión democrática y reparto equitativo; están reconocidas por la Ley 5/2011 de Economía Social y tienen un peso notable en el empleo. Las empresas multinacionales operan en varios países mediante filiales, buscando mercados, costes o recursos, y son protagonistas de la globalización. Los grupos de empresas reúnen bajo un control común varias sociedades (matriz y filiales). Y la franquicia es una fórmula de expansión en la que el franquiciador cede a los franquiciados su marca y su modelo de negocio a cambio de una contraprestación.
Esta clasificación no es meramente académica: el tamaño y la forma jurídica condicionan las obligaciones contables, fiscales y laborales de la empresa, su acceso a la financiación y a las ayudas, y su forma de organizarse. Por eso es esencial que el futuro trabajador o emprendedor sepa identificar ante qué tipo de empresa se encuentra.
El tejido empresarial español ofrece un retrato revelador: está dominado por las pymes y, dentro de ellas, por las microempresas, muchas sin asalariados (autónomos). Este predominio de la pequeña dimensión tiene ventajas (flexibilidad, cercanía al cliente) pero también inconvenientes (menor productividad, dificultades de financiación e internacionalización, menor inversión en I+D). Por eso las políticas económicas suelen incluir medidas de apoyo a las pymes y de fomento del crecimiento empresarial, un objetivo relevante para la competitividad del país y para la calidad del empleo que se genera.
5. Las áreas funcionales de la empresa
La actividad de la empresa se organiza en áreas funcionales o departamentos, agrupaciones de tareas homogéneas que se corresponden con los subsistemas de la empresa. Una forma influyente de ver cómo se relacionan estas áreas es la cadena de valor de Porter, que descompone la empresa en actividades primarias (logística de entrada, operaciones, logística de salida, marketing y ventas, y servicio posventa) y actividades de apoyo (infraestructura, recursos humanos, tecnología y aprovisionamiento); el margen es la diferencia entre el valor generado y el coste de realizarlas. La ventaja competitiva surge de desempeñar estas actividades mejor o de forma más barata que los rivales. Aunque su número y denominación varían según el tamaño y el sector, las cuatro áreas clásicas son:
- El área de aprovisionamiento y producción (u operaciones): se encarga de comprar los materiales necesarios, gestionar los almacenes y las existencias, y transformar los factores en productos o servicios. Persigue producir con la calidad requerida, al menor coste y en los plazos previstos, y toma decisiones sobre la tecnología, la capacidad, la localización y la organización del proceso productivo. La gestión eficiente de las existencias (con modelos como el just in time) y de la logística es hoy una fuente decisiva de competitividad.
- El área comercial o de marketing: se ocupa de conocer el mercado y las necesidades de los clientes, y de vender los productos. Gestiona las políticas de producto, precio, distribución y comunicación (las «cuatro pes» del marketing mix). Es la que conecta la empresa con el mercado y, en un entorno saturado, la orientación al cliente y la marca resultan cruciales para diferenciarse y fidelizar.
- El área financiera: se encarga de obtener los recursos financieros necesarios (financiación) al menor coste y de decidir su inversión del modo más rentable, así como de la contabilidad y el control económico. Responde a las dos grandes preguntas financieras: cómo financiarse (con fondos propios o ajenos) y en qué invertir (seleccionando los proyectos más rentables y menos arriesgados). De su acierto depende, en buena medida, la supervivencia de la empresa, pues muchos negocios viables fracasan por problemas de liquidez o de financiación.
- El área de recursos humanos: gestiona el elemento humano (selección, contratación, formación, retribución, motivación, prevención de riesgos, relaciones laborales). Su importancia crece a medida que las personas se reconocen como el activo más valioso.
A estas cuatro áreas clásicas se añaden, según la empresa, otras de creciente peso: el área de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), motor de la competitividad en la economía del conocimiento; el área administrativa, que da soporte documental y de gestión a todas las demás; y funciones transversales como la calidad, la logística o los sistemas de información. La digitalización está transformando profundamente todas ellas, con herramientas de gestión integrada (los sistemas ERP), el comercio electrónico o el análisis de datos.
Cada área funcional se corresponde con salidas profesionales concretas y con módulos y ciclos formativos específicos, lo que la hace especialmente relevante para la orientación del alumnado de FP. Conocer las áreas de la empresa ayuda al estudiante a comprender dónde podrá desempeñar su profesión, qué competencias se le exigirán y cómo su trabajo se integra en un conjunto mayor. Es, además, un conocimiento útil para quien aspire a emprender, pues deberá cubrir —él mismo o con ayuda— todas estas funciones desde el primer día.
Estas áreas no funcionan de forma aislada, sino coordinadas por la dirección, que fija los objetivos generales y armoniza el trabajo de todas ellas (planificación, organización, gestión y control). La coordinación entre áreas es esencial: de nada sirve producir mucho si el área comercial no vende, o vender mucho si la financiera no puede financiar el crecimiento. En las empresas pequeñas, varias de estas funciones las asume una misma persona; en las grandes, se despliegan en departamentos especializados con numerosos puestos, como se estudia en el tema siguiente, dedicado a la organización empresarial.
6. Conclusiones
La empresa es la unidad económica de producción que combina factores, bajo una organización y dirección, para producir bienes y servicios con el fin de obtener beneficio asumiendo un riesgo. Entendida como sistema abierto y global, integra elementos humanos, materiales, inmateriales y organizativos, coordinados por el empresario, cuya función esencial es asumir el riesgo e innovar (Schumpeter).
La comprensión de la empresa como sistema, con sus elementos, subsistemas y su relación con el entorno, permite superar una visión parcial y captar su verdadera complejidad. Sus objetivos han evolucionado del clásico beneficio hacia la creación de valor y la responsabilidad social, en atención a los distintos grupos de interés. La enorme variedad de empresas se ordena mediante criterios (sector, tamaño —con el papel central de la pyme—, propiedad, ámbito y forma jurídica), y su actividad se estructura en áreas funcionales (aprovisionamiento y producción, comercial, financiera y de recursos humanos) coordinadas por la dirección.
Conviene, por último, no perder de vista que la empresa es una realidad dinámica: nace, crece, se transforma y a veces desaparece, en constante adaptación a un entorno cambiante marcado hoy por la globalización, la digitalización y la sostenibilidad. Formar al alumnado en la comprensión de la empresa no es transmitirle una fotografía estática, sino dotarle de las claves para entender —y en su caso protagonizar— esa transformación permanente, ya sea como trabajador cualificado, como directivo o como emprendedor.
Para el docente de FOL, este tema es la puerta de entrada al conocimiento de la empresa, indispensable tanto para quien se incorpore a ella como trabajador como para quien decida emprender. Sienta las bases del resto del bloque, que profundizará en la organización, la comunicación, la dirección, la financiación y la creación de empresas.
7. Bibliografía y webgrafía
- Constitución Española de 1978, art. 38 (libertad de empresa).
- Real Decreto Legislativo 1/2010, de 2 de julio, texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital.
- BUENO CAMPOS, E.: Curso básico de economía de la empresa. Un enfoque de organización. Pirámide.
- PÉREZ GOROSTEGUI, E.: Economía de la empresa. Editorial Universitaria Ramón Areces.
- SCHUMPETER, J. A.: Teoría del desenvolvimiento económico (función innovadora del empresario).
- Ministerio de Industria y Turismo (datos de pymes): www.mincotur.gob.es.
- Instituto Nacional de Estadística (DIRCE, directorio de empresas): www.ine.es.
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Material de repaso 📐
Repasa el tema con el esquema de llaves y las flashcards de recuerdo activo.
Ver esquema de llaves
- 1Concepto y empresa como sistema
- Unidad económica de producción que combina factores para el mercado (beneficio + riesgo)
- Sistema abierto, global (sinergia) y autorregulado; subsistemas; entorno general (PESTEL) y específico (Porter)
- Teorías: clásica, relaciones humanas, sistemas, recursos y capacidades; Coase (costes de transacción)
- 2Elementos y empresario
- Humanos, materiales (capital fijo/circulante), inmateriales (marca, know-how) y organización
- Patrimonio = bienes + derechos − obligaciones
- Empresario: riesgo (Knight), innovación (Schumpeter); teoría de la agencia y gobierno corporativo
- 3Objetivos de la empresa
- Beneficio → maximización del valor, supervivencia/crecimiento, RSC
- Stakeholders vs shareholder; misión/visión/valores; objetivos SMART
- Eficacia, eficiencia y productividad; rentabilidad económica y financiera; RSC (Carroll, ESG, ODS)
- 4Criterios de clasificación
- Sector (primario/secundario/terciario); tamaño (micro/pequeña/mediana/grande; pyme >99 %)
- Propiedad (privada/pública/mixta/economía social); ámbito (local a multinacional)
- Forma jurídica: individual (resp. ilimitada) vs sociedad (SL/SA, resp. limitada)
- 5Áreas funcionales
- Aprovisionamiento y producción, comercial (marketing mix 4P), financiera, RRHH
- Coordinadas por la dirección; cadena de valor de Porter
- Otras: I+D+i, administración, calidad, logística; digitalización (ERP)
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