Tema 48 · Formación y Orientación Laboral
La comunicación en la empresa: proceso, tipos, redes, barreras y control de la información
Epígrafe oficial: La comunicación en la empresa. Niveles, tipos y técnicas de comunicación. Etapas de un proceso de comunicación. La comunicación informal. Dificultades y barreras comunicativas. Redes de comunicación. El control de la información.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. La comunicación: concepto y proceso
- 3. Niveles, tipos y técnicas de comunicación
- 4. Las redes de comunicación
- 5. Dificultades y barreras comunicativas
- 6. El control de la información
- 7. Conclusiones
- 8. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
La comunicación es el sistema nervioso de la empresa. De poco sirven una buena estructura organizativa o unos objetivos bien definidos si la información no fluye adecuadamente entre las personas: las órdenes no llegan, los problemas no se detectan, las ideas no se comparten y los conflictos se enquistan. Se ha dicho, con razón, que organizar es, ante todo, comunicar: sin comunicación no hay coordinación posible y, por tanto, no hay organización. Todas las funciones de la empresa —planificar, dirigir, motivar, controlar, vender— se realizan, en última instancia, a través de la comunicación.
Este tema estudia la comunicación en la empresa en todas sus dimensiones. Analizaremos el concepto y su importancia, las etapas del proceso comunicativo, los niveles y tipos de comunicación (interna y externa, formal e informal, verbal y no verbal) y sus técnicas, las redes por las que circula la información, las barreras que dificultan la comunicación y el modo de superarlas, y el control de la información como recurso estratégico. Es un tema muy relevante para FOL, pues las competencias comunicativas son hoy imprescindibles en cualquier profesión y una de las más valoradas por las empresas, hasta el punto de que muchos problemas laborales que parecen técnicos son, en el fondo, problemas de comunicación mal resueltos.
1. Relación con el currículo
La comunicación es un contenido transversal de FOL y del módulo de Empresa e Iniciativa Emprendedora, y una competencia clave (la competencia en comunicación lingüística) presente en todo el sistema educativo. Es esencial para el desempeño profesional, el trabajo en equipo y la atención al cliente.
- Capacita para comunicarse eficazmente en el entorno laboral: transmitir información con claridad, escuchar, argumentar, atender al cliente y trabajar en equipo.
- Conecta con el trabajo en equipo y las reuniones, con el liderazgo y con la negociación y la resolución de conflictos.
- Desarrolla las competencias en comunicación lingüística, digital, personal y social, y de aprender a aprender.
El reto didáctico es práctico: la comunicación se aprende comunicando. Resultan idóneas las dinámicas (exposiciones, dramatizaciones, simulaciones de entrevistas y reuniones, ejercicios de escucha activa y de comunicación no verbal), que permiten al alumnado desarrollar y evaluar sus propias habilidades comunicativas. El propio ejercicio docente es, además, un modelo permanente de comunicación: el profesorado de FOL enseña a comunicar tanto por lo que dice como por cómo se comunica con su alumnado, de modo que la coherencia entre el mensaje y la práctica resulta especialmente formativa.
2. La comunicación: concepto y proceso
2.1. Concepto e importancia
La comunicación es el proceso mediante el cual se transmite e intercambia información (ideas, órdenes, datos, sentimientos) entre dos o más personas, generando una comprensión compartida. Conviene distinguirla de la mera información: informar es un proceso unidireccional (se transmite un mensaje sin esperar respuesta), mientras que comunicar es bidireccional (implica intercambio, respuesta y comprensión mutua). La verdadera comunicación existe solo cuando el receptor comprende el mensaje y hay retroalimentación.
La comunicación es vital para la empresa por múltiples razones: permite coordinar las tareas y transmitir las órdenes, informar y tomar decisiones con datos fiables, motivar e implicar a los trabajadores, generar un buen clima laboral, resolver conflictos, proyectar la imagen de la empresa y conectar con los clientes y el entorno. Una comunicación deficiente, por el contrario, es fuente de errores, desmotivación, conflictos y pérdida de competitividad. No es casual que las competencias comunicativas figuren siempre entre las más demandadas en los procesos de selección.
Conviene subrayar que la comunicación es un fenómeno inevitable: como formuló Watzlawick en uno de sus axiomas, «es imposible no comunicar», pues incluso el silencio o la ausencia de respuesta transmiten un mensaje. En la empresa, esto significa que la comunicación existe siempre, se gestione o no; la cuestión no es si se comunica, sino si se hace bien o mal. Otro axioma relevante es que toda comunicación tiene un nivel de contenido (lo que se dice) y un nivel de relación (cómo se dice, qué revela sobre la relación entre los interlocutores), de modo que la forma condiciona el sentido tanto como el fondo.
La comunicación es, además, un poderoso instrumento de dirección y de motivación. Un trabajador informado de los objetivos, de la marcha de la empresa y de la importancia de su tarea se siente más implicado y rinde más; por el contrario, la falta de información genera incertidumbre, rumores y desmotivación. Por eso las empresas modernas cuidan cada vez más su comunicación interna, entendida no como un lujo, sino como una herramienta estratégica de gestión de personas, íntimamente ligada al liderazgo y al clima laboral.
2.2. Las etapas del proceso de comunicación
Todo proceso de comunicación, según el modelo clásico de Shannon y Weaver, consta de una serie de elementos y etapas:
- El emisor: quien elabora y envía el mensaje, con una intención.
- La codificación: la traducción de la idea a un código (palabras, gestos, imágenes) comprensible.
- El mensaje: la información codificada que se transmite.
- El canal: el medio físico por el que circula el mensaje (la voz, el papel, el correo electrónico, el teléfono).
- El receptor: quien recibe el mensaje.
- La decodificación: la interpretación del mensaje por el receptor.
- La retroalimentación o feedback: la respuesta del receptor, que convierte la información en comunicación y permite comprobar si el mensaje se ha comprendido.
- El ruido: cualquier perturbación que distorsione el mensaje en cualquier etapa (desde un ruido físico hasta un malentendido).
- El contexto: la situación en que se produce la comunicación, que condiciona su sentido.
- El código: el sistema de signos común a emisor y receptor (un idioma, un argot técnico) que hace posible la codificación y la decodificación; si no es compartido, no hay comunicación.
Un ejemplo sencillo permite ver el proceso en acción: un jefe (emisor) quiere pedir un informe; traduce esa idea a palabras (codificación) y la transmite por correo electrónico (canal) a su colaborador (receptor), que lee e interpreta el mensaje (decodificación) y responde confirmando el plazo (retroalimentación); si el correo llega a la carpeta de spam o contiene una instrucción ambigua (ruido), la comunicación falla. Este esquema, aparentemente obvio, revela que el mensaje sufre dos traducciones —la del emisor al codificar y la del receptor al decodificar— y que en ambas puede perderse o alterarse el significado original.
La comunicación es eficaz cuando el mensaje que llega al receptor coincide con el que quiso transmitir el emisor. Para ello, el mensaje debe estar bien codificado, el canal ser el adecuado y el ruido reducirse al mínimo, y resulta imprescindible la retroalimentación, que permite corregir malentendidos. Cada etapa es una posible fuente de error, de ahí la importancia de cuidar todo el proceso. La comunicación bidireccional (con feedback) es más lenta que la unidireccional, pero mucho más precisa y satisfactoria, por lo que debe favorecerse siempre que la exactitud del mensaje sea importante.
3. Niveles, tipos y técnicas de comunicación
3.1. Comunicación interna y externa
Según con quién se comunique la empresa, se distingue: la comunicación externa, dirigida al entorno (clientes, proveedores, administraciones, sociedad), que abarca la publicidad, las relaciones públicas, la atención al cliente y la comunicación institucional, y que proyecta la imagen de la empresa; y la comunicación interna, la que se produce dentro de la organización, entre sus miembros. Esta última es la que más nos interesa aquí, pues de ella depende el funcionamiento interno, y suele descuidarse pese a su enorme importancia para la motivación y el clima laboral.
La comunicación externa tiene una gran repercusión estratégica, pues de ella depende la imagen corporativa y la reputación de la empresa. Comprende la comunicación comercial (publicidad, promoción, marketing, atención al cliente) orientada a vender, y la comunicación institucional o corporativa (relaciones públicas, patrocinio, comunicación de la RSC, relación con los medios), orientada a construir una imagen favorable. En la era digital, las redes sociales y la web han multiplicado los canales de comunicación externa y han dado voz también a clientes y usuarios, lo que obliga a las empresas a gestionar su reputación online con especial cuidado, pues una crisis de comunicación puede propagarse en minutos y dañar gravemente la imagen construida durante años.
La comunicación interna, por su parte, dispone de numerosos instrumentos: las reuniones, el tablón de anuncios, la intranet y el correo electrónico, la revista o boletín interno, el buzón de sugerencias, las encuestas de clima, los manuales de acogida y las herramientas de mensajería y colaboración. La elección del instrumento adecuado depende del mensaje, la urgencia y el destinatario. Una buena política de comunicación interna combina varios canales y cuida especialmente la comunicación ascendente, la más difícil de lograr y la más valiosa para conocer lo que realmente ocurre en la organización.
3.2. Comunicación formal e informal
Dentro de la comunicación interna, la comunicación formal es la que sigue los canales oficiales establecidos por la estructura de la empresa (el organigrama). Según su dirección, se distinguen tres niveles:
- La comunicación descendente: fluye de los niveles superiores a los inferiores (órdenes, instrucciones, objetivos, normas). Es la más habitual; su riesgo es la sobrecarga o la falta de claridad.
- La comunicación ascendente: fluye de abajo arriba (informes, sugerencias, quejas, resultados). Es más difícil de lograr (por temor o filtros), pero esencial para que la dirección conozca la realidad y para motivar; requiere canales específicos (buzones de sugerencias, encuestas, reuniones).
- La comunicación horizontal o lateral: entre personas del mismo nivel (entre departamentos o compañeros). Facilita la coordinación y el trabajo en equipo, y gana importancia en las estructuras planas.
A estas tres direcciones se añade a veces la comunicación diagonal o transversal, que se produce entre personas de distinto nivel y de distintas áreas (por ejemplo, un técnico de calidad que se comunica directamente con operarios de otro departamento). Es propia de las estructuras matriciales y por proyectos, y agiliza la coordinación al saltarse la cadena jerárquica, aunque debe manejarse con cuidado para no generar confusión de autoridad. El equilibrio entre estos flujos define la salud comunicativa de una organización: predominan las descendentes en las empresas jerárquicas y tradicionales, mientras que las ascendentes, horizontales y diagonales son más intensas en las organizaciones modernas y participativas.
Junto a la formal existe la comunicación informal, que circula por canales no oficiales, al margen del organigrama, y da lugar a la organización informal estudiada en el tema anterior. Su manifestación típica es el rumor (el «radio macuto» o grapevine), que se propaga con enorme rapidez. La comunicación informal es inevitable y puede ser útil (agiliza la información, refuerza la cohesión) o dañina (difunde rumores falsos, genera inquietud). Un buen gestor procura que la comunicación formal sea fluida y transparente, precisamente para que el rumor no ocupe el vacío que aquella deja.
El rumor prospera, en efecto, cuando falta información oficial y sobra incertidumbre: en situaciones de crisis, reestructuraciones o cambios, si la dirección guarda silencio, los trabajadores «rellenan» ese vacío con especulaciones que suelen ser más pesimistas que la realidad. La mejor forma de combatir los rumores dañinos no es prohibirlos —es imposible—, sino anticiparse con una comunicación formal rápida, veraz y transparente. Este principio, bien conocido en la gestión de crisis, confirma que la comunicación formal y la informal no son compartimentos estancos, sino vasos comunicantes.
3.3. Comunicación verbal y no verbal; técnicas
Según el código empleado, la comunicación es verbal (mediante palabras, oral o escrita) y no verbal (mediante gestos, posturas, expresiones, tono de voz, distancia). Se suele afirmar que en la comunicación cara a cara el contenido verbal aporta solo una parte del significado, mientras que el lenguaje no verbal (kinesia, proxémica, paralenguaje) transmite gran parte de las emociones y actitudes; de ahí la importancia de la coherencia entre lo que se dice y cómo se dice. La comunicación escrita deja constancia y permite precisión, pero es más lenta y carece de matices; la oral es rápida y rica en matices, pero volátil.
La elección entre comunicación oral y escrita depende del objetivo. La oral (conversación, teléfono, reunión, videollamada) es adecuada para mensajes que requieren interacción inmediata, matices o persuasión, y permite un feedback instantáneo. La escrita (carta, correo, informe, mensajería) es preferible cuando se necesita dejar constancia, transmitir información compleja o precisa, o llegar a muchos destinatarios a la vez. En la práctica, ambas se combinan: una decisión importante puede acordarse oralmente en una reunión y confirmarse después por escrito, aunando la riqueza de una y la constancia de la otra.
El lenguaje no verbal merece un análisis detenido, pues transmite gran parte del significado, sobre todo el emocional. Comprende la kinesia (los gestos, las expresiones faciales, la mirada, la postura), la proxémica (el uso del espacio y la distancia entre interlocutores) y el paralenguaje (el tono, el volumen, el ritmo y las pausas de la voz). Un mensaje verbal correcto puede quedar desmentido por un lenguaje no verbal incoherente (decir «te escucho» mirando el móvil). Por eso la comunicación eficaz exige coherencia entre ambos planos y, en la comunicación oral, cuidar tanto el qué como el cómo.
Existen técnicas que mejoran la comunicación. La más importante es la escucha activa: escuchar con atención plena, mostrando interés, sin interrumpir ni juzgar, y confirmando que se ha comprendido (parafraseando, preguntando). La asertividad —defender los propios derechos y opiniones respetando los de los demás, sin agresividad ni pasividad— es otra habilidad clave para una comunicación eficaz y respetuosa; se sitúa entre dos estilos ineficaces: el pasivo (que no defiende los propios derechos) y el agresivo (que vulnera los ajenos). A ellas se suman la empatía (ponerse en el lugar del otro), el cuidado del feedback y la adaptación del mensaje al receptor. Estas habilidades sociales son hoy tan valoradas como las técnicas.
4. Las redes de comunicación
Las redes de comunicación son los patrones a través de los cuales fluye la información entre los miembros de un grupo o una organización. El modo en que se conectan las personas condiciona la rapidez, la exactitud y la satisfacción de la comunicación, así como la aparición de líderes y la moral del grupo. Se distinguen dos grandes tipos según el grado de centralización:
- Las redes centralizadas: la información pasa por una persona central que la controla y distribuye. Son las redes en estrella (todos se comunican a través de un centro), en cadena (la información pasa de uno a otro en línea) y en Y. Son rápidas y precisas para tareas sencillas y facilitan el control, pero generan menor satisfacción en los miembros periféricos y saturan al central.
- Las redes descentralizadas: todos los miembros pueden comunicarse entre sí sin pasar por un centro. Son las redes en círculo y, sobre todo, en estrella total o de todos los canales (todos con todos). Son más lentas pero más adecuadas para tareas complejas, generan mayor satisfacción y participación, y favorecen la creatividad.
Los estudios clásicos sobre redes (Bavelas, Leavitt) demostraron estas diferencias: en la red en estrella, la persona central resuelve rápido las tareas simples pero acaba saturada y los demás quedan insatisfechos; en la red de todos los canales, la resolución es más lenta pero la satisfacción y la implicación son mayores, y surge con más facilidad el liderazgo compartido. Conocer estos patrones ayuda al directivo a diseñar conscientemente los flujos de comunicación de su equipo según lo que necesite: rapidez y control, o participación y creatividad.
No hay una red mejor en abstracto: la eficacia de cada red depende de la tarea. Para tareas simples y rutinarias, las redes centralizadas son más eficientes; para tareas complejas que requieren aportaciones de todos, las descentralizadas dan mejores resultados y más satisfacción. Las tendencias organizativas actuales, más planas y participativas, favorecen las redes descentralizadas, y las tecnologías digitales (mensajería, plataformas colaborativas, intranets) las potencian, permitiendo que todos se comuniquen con todos.
5. Dificultades y barreras comunicativas
La comunicación rara vez es perfecta: entre lo que el emisor quiere decir y lo que el receptor entiende se interponen numerosas barreras que distorsionan el mensaje. Suelen clasificarse en:
- Barreras físicas o técnicas: perturbaciones del entorno o del canal (ruido ambiental, mala conexión, distancia, interferencias).
- Barreras semánticas: relacionadas con el significado (uso de tecnicismos, ambigüedades, idiomas o códigos distintos, palabras con varios sentidos).
- Barreras psicológicas o personales: derivadas de las personas (prejuicios, emociones, actitudes defensivas, falta de atención, filtros perceptivos, el estado de ánimo).
- Barreras organizativas: propias de la estructura (exceso de niveles jerárquicos que filtran y distorsionan la información, sobrecarga de mensajes, falta de canales adecuados).
- Barreras fisiológicas: limitaciones sensoriales del emisor o el receptor (problemas de audición o de habla, cansancio) que dificultan la emisión o recepción del mensaje.
Entre las barreras psicológicas, merecen mención especial los filtros perceptivos: cada persona interpreta la realidad según sus experiencias, valores y expectativas, de modo que dos receptores pueden entender de forma distinta un mismo mensaje. La percepción selectiva (oír solo lo que se quiere oír), los estereotipos y los prejuicios hacia el emisor, así como el estado emocional, condicionan poderosamente la interpretación. Ser consciente de estos filtros —propios y ajenos— es el primer paso para comunicarse mejor.
Un ejemplo cotidiano ilustra la acumulación de barreras: una orden que el director transmite oralmente a un mando intermedio, este a un encargado y este a un operario puede llegar completamente distorsionada al final de la cadena (como en el juego del «teléfono estropeado»), por efecto combinado del exceso de niveles (barrera organizativa), de las distintas interpretaciones (barrera semántica) y de la falta de atención o los prejuicios (barrera psicológica). El caso muestra por qué las estructuras con muchos niveles comunican peor y por qué conviene poner por escrito los mensajes importantes.
Para superar estas barreras conviene: simplificar y clarificar el mensaje adaptándolo al receptor, elegir el canal adecuado, fomentar la retroalimentación para comprobar la comprensión, practicar la escucha activa y la empatía, cuidar la coherencia entre lo verbal y lo no verbal, reducir los niveles jerárquicos innecesarios y crear un clima de confianza que anime a comunicarse con libertad. La formación en habilidades comunicativas de directivos y trabajadores es una de las inversiones más rentables para la empresa.
6. El control de la información
En la economía actual, la información se ha convertido en un recurso estratégico de primer orden, tan valioso como los recursos materiales o financieros. Disponer de información relevante, veraz y oportuna es esencial para tomar buenas decisiones, y saber protegerla es vital para la competitividad. El control de la información abarca varias dimensiones.
El sistema de información de la empresa es el conjunto de recursos (personas, equipos, programas, procedimientos) que capta, almacena, procesa y distribuye la información necesaria para la gestión y la toma de decisiones. En primer lugar, la gestión de la información: recogerla, almacenarla, procesarla y ponerla a disposición de quien la necesita en el momento oportuno, tarea de la que se ocupan los sistemas de información de la empresa (con herramientas como los ERP, que integran toda la gestión; los CRM, centrados en la relación con clientes; o el business intelligence y el análisis de datos). Un peligro creciente es la sobrecarga de información (infoxicación): el exceso de datos puede dificultar la decisión tanto como su escasez, por lo que filtrar y priorizar la información relevante es una competencia esencial. En segundo lugar, la seguridad y confidencialidad: proteger la información sensible (datos de clientes, secretos comerciales, know-how) frente a accesos no autorizados, pérdidas o ciberataques, un reto creciente en el entorno digital. En tercer lugar, el cumplimiento de la normativa, en especial la de protección de datos personales (el Reglamento General de Protección de Datos de la UE y la Ley Orgánica 3/2018), que impone obligaciones estrictas sobre el tratamiento de los datos de las personas.
La ciberseguridad se ha convertido en una preocupación de primer orden: los ataques informáticos (phishing, ransomware, robo de datos) pueden paralizar una empresa o comprometer datos sensibles, con graves consecuencias económicas y reputacionales. Proteger la información exige medidas técnicas (copias de seguridad, cifrado, control de accesos), organizativas (protocolos, planes de contingencia) y, sobre todo, formación del personal, pues el factor humano es a menudo el eslabón más débil. La seguridad de la información es hoy responsabilidad de toda la organización, no solo del departamento informático, y forma parte de la cultura preventiva que la empresa debe transmitir a todos sus miembros.
El control de la información plantea, además, cuestiones éticas y de equilibrio: entre la transparencia (informar a trabajadores, clientes y sociedad) y la confidencialidad (proteger lo que debe permanecer reservado); y entre el legítimo control empresarial y el respeto a la intimidad y a los derechos digitales de los trabajadores, reconocidos en el Estatuto de los Trabajadores y en la normativa de protección de datos. La digitalización ha multiplicado la cantidad de información disponible, pero también los riesgos, por lo que gestionarla con criterio y responsabilidad es hoy una competencia empresarial esencial.
7. Conclusiones
La comunicación es el proceso que permite transmitir e intercambiar información en la empresa, y constituye la base de la coordinación y del buen clima laboral. Su proceso consta de una serie de elementos (emisor, codificación, mensaje, canal, receptor, decodificación, retroalimentación y ruido), y es eficaz cuando el receptor comprende lo que el emisor quiso transmitir, para lo que resulta clave la retroalimentación.
La comunicación puede ser interna o externa, formal (descendente, ascendente, horizontal y diagonal) o informal (el rumor), y verbal o no verbal, y se apoya en técnicas como la escucha activa, la asertividad y la empatía. Fluye a través de redes centralizadas o descentralizadas —cuya eficacia depende de la tarea— y se enfrenta a barreras (físicas, semánticas, psicológicas y organizativas) que deben superarse. Por último, la información es hoy un recurso estratégico cuyo control, seguridad y uso responsable —respetando la protección de datos— son esenciales.
La gran conclusión práctica es que la comunicación no es un talento innato reservado a unos pocos, sino un conjunto de habilidades que se pueden aprender y mejorar: escuchar activamente, expresarse con claridad y asertividad, elegir el canal adecuado, dar y recibir feedback y ser conscientes de nuestros propios filtros. Invertir en estas habilidades, tanto en el plano personal como en el organizativo, mejora el clima, la coordinación y los resultados de cualquier empresa.
Para el docente de FOL, formar en competencias comunicativas es una de las aportaciones más valiosas para la empleabilidad del alumnado, pues la comunicación eficaz es hoy imprescindible en cualquier profesión. El tema enlaza con la organización de la empresa y con los temas de equipos, negociación y dirección.
8. Bibliografía y webgrafía
- SHANNON, C. y WEAVER, W.: Teoría matemática de la comunicación (modelo del proceso).
- Reglamento (UE) 2016/679, General de Protección de Datos (RGPD), y Ley Orgánica 3/2018, de Protección de Datos y garantía de los derechos digitales.
- WATZLAWICK, P.: Teoría de la comunicación humana.
- GOLEMAN, D.: Inteligencia emocional (habilidades sociales y comunicación).
- PUCHOL, L.: Dirección y gestión de recursos humanos. Díaz de Santos.
- Agencia Española de Protección de Datos: www.aepd.es.
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Material de repaso 📐
Repasa el tema con el esquema de llaves y las flashcards de recuerdo activo.
Ver esquema de llaves
- 1Concepto y proceso
- Comunicar (bidireccional, con comprensión) ≠ informar (unidireccional)
- Elementos: emisor, codificación, mensaje, canal, receptor, decodificación, feedback, ruido, código, contexto
- Eficaz si el receptor comprende; imprescindible la retroalimentación (Shannon-Weaver; Watzlawick: "es imposible no comunicar")
- 2Niveles y tipos
- Interna vs externa (comercial e institucional; imagen corporativa)
- Formal: descendente, ascendente, horizontal (y diagonal); informal (rumor)
- Verbal (oral/escrita) y no verbal (kinesia, proxémica, paralenguaje)
- 3Técnicas y redes
- Escucha activa, asertividad (vs pasivo/agresivo), empatía, feedback
- Redes centralizadas (estrella, cadena, Y): rápidas, tareas simples
- Redes descentralizadas (círculo, todos los canales): tareas complejas, más satisfacción
- 4Barreras y superación
- Barreras: físicas, semánticas, psicológicas (filtros/prejuicios), organizativas, fisiológicas
- Superar: simplificar, canal adecuado, feedback, escucha activa, clima de confianza
- 5Control de la información
- Información = recurso estratégico; sistemas de información (ERP, CRM, BI)
- Seguridad/confidencialidad, ciberseguridad; RGPD y LO 3/2018
- Equilibrio transparencia/confidencialidad; intimidad y derechos digitales (art. 20 ET)
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