Tema 10 · Lengua Castellana y Literatura
La lengua como sistema. La norma lingüística. Las variedades sociales y funcionales de la lengua
Epígrafe oficial: La lengua como sistema. La norma lingüística. Las variedades sociales y funcionales de la lengua.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. La lengua como sistema
- 3. La norma lingüística
- 4. Las variedades sociales (diastráticas)
- 5. Las variedades funcionales (diafásicas)
- 6. Implicaciones didácticas
- 7. Conclusiones
- 8. Esquema
- 9. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
Este tema cierra el ciclo sociolingüístico del temario (temas 7-10) atando sus tres cabos teóricos: la lengua como sistema (la herencia estructuralista: qué es eso que varía), la norma (quién decide, y con qué título, qué es «correcto») y las variedades sociales y funcionales: las dos dimensiones de la variación que faltaban tras la geográfica (temas 7 y 9): la diastrática (quién habla: el sociolecto) y la diafásica (en qué situación: el registro), según la terminología de Coseriu que el tema exige manejar con soltura.
El tema tiene un centro conceptual delicado y rentable: la palabra norma significa dos cosas que conviene no confundir jamás delante de un tribunal. En sentido descriptivo (Coseriu), norma es lo que una comunidad realiza normalmente de entre lo que el sistema permite; en sentido prescriptivo, es el conjunto de usos que una autoridad codifica como correctos: la norma culta estándar. La primera es un hecho; la segunda, una convención social útil (garantiza la intercomunicación culta y el acceso igualitario a los ámbitos formales) pero histórica y revisable: la RAE ha cambiado de opinión mil veces, y esa mutabilidad es parte del contenido del tema.
Sobre ese fondo, el desarrollo describe la estratificación social de la lengua (sociolectos, jergas, argot, lenguaje juvenil, el continuo culto-vulgar) y su estratificación situacional (registros, del coloquial descrito por Briz a los tecnolectos), con la adecuación como criterio integrador y una tesis didáctica constante: el objetivo de la clase de Lengua no es sustituir la variedad del alumno, sino ampliar su repertorio hasta que domine, también, el estándar culto que la sociedad le va a exigir.
1. Relación con el currículo
En el marco LOE-LOMLOE (RD 217/2022 y 243/2022), el tema desarrolla saberes explícitos de todos los cursos:
- En «Las lenguas y sus hablantes»: la diferencia entre los rasgos propios de las variedades dialectales, sociales y de registro, y la reflexión sobre los prejuicios asociados (aquí, los de clase: tan activos como los territoriales).
- En «Comunicación»: la adecuación del registro a la situación comunicativa (ya fundamentada en el tema 6) y los géneros de los distintos ámbitos (coloquial, académico, administrativo).
- En «Reflexión sobre la lengua»: el contraste entre usos y la consulta de fuentes normativas (diccionarios, gramáticas, el DPD): el currículo pide expresamente enseñar a resolver dudas con las obras académicas.
- En Bachillerato: el estándar, la norma y las variedades como contenido sistemático, con el análisis de textos de distintos registros en la PAU.
La conexión competencial es plena: CCL (adecuación y corrección como dimensiones evaluables de toda producción), competencia personal y social (el registro como habilidad de inserción) y ciudadana (la crítica del clasismo lingüístico). Y una responsabilidad profesional específica: el profesor de Lengua es el administrador escolar de la norma culta, y este tema le da el marco para administrarla sin dogmatismo y sin demagogia.
2. La lengua como sistema
2.1. Sistema, valor y niveles
Que la lengua es un sistema —y no un saco de palabras— es la tesis fundadora de la lingüística moderna (Saussure, tema 2): un conjunto solidario de unidades definidas negativamente por sus oposiciones («en la lengua no hay más que diferencias»): el valor de cada pieza depende de las demás (el imperfecto español vale lo que vale porque existe el indefinido; sheep vale distinto que mouton porque el inglés tiene además mutton). El sistema se organiza en niveles jerarquizados: el fonológico (los fonemas y sus rasgos: unidades sin significado que distinguen significados: tema 11), el morfosintáctico (monemas, palabras, sintagmas, oraciones: temas 12 y 14-22) y el léxico-semántico (el léxico y sus relaciones de sentido: tema 13), articulados por la doble articulación (Martinet, tema 1) y recorridos por los dos ejes saussureanos: las relaciones sintagmáticas (combinación en la cadena) y paradigmáticas (oposición en el sistema: lo que pudo aparecer y no apareció). Dos precisiones enriquecen el cuadro clásico: el sistema no es cerrado ni homogéneo (la sociolingüística variacionista demostró que la variación está estructurada: no todo vale, pero valen varias cosas a la vez: Labov, tema 2), y no es estático: es «un sistema en movimiento» donde las asimetrías (casillas vacías, oposiciones aisladas) son el motor interno del cambio (la economía de Martinet).
2.2. Sistema, norma y habla: Coseriu
La pieza teórica central del tema es la tríada de Eugenio Coseriu, que refina la pareja saussureana lengua/habla intercalando un nivel intermedio. El sistema es el conjunto de oposiciones funcionales: lo que la lengua permite (sus casillas, sus procedimientos: es un sistema de posibilidades). La norma (en sentido coseriano, descriptivo) es la realización colectiva y tradicional del sistema: lo que la comunidad dice normalmente, de entre lo posible. El habla es la realización individual concreta. El ejemplo canónico: el sistema español permite formar el plural en -s o -es; la norma dice cafés (aunque el sistema permitiría cafeses, que de hecho aparece en el habla popular); permite derivar decidido → decisión y también *decidición (sistemático pero anormal). La norma coseriana explica así los huecos entre lo gramaticalmente posible y lo socialmente realizado, y da estatuto teórico a un hecho crucial: hay tantas normas (descriptivas) como comunidades: la norma culta madrileña, la popular sevillana, la culta bonaerense... Sobre esa pluralidad opera la selección que llamamos norma estándar: el puente perfecto hacia el epígrafe siguiente.
3. La norma lingüística
3.1. Los dos sentidos de «norma»: lo normal y lo correcto
Distingamos con bisturí. La norma descriptiva (lo normal: Coseriu) es un hecho observable: cómo habla efectivamente cada comunidad. La norma prescriptiva (lo correcto) es una selección valorada: de entre las normas descriptivas existentes, una comunidad histórica eleva una (la de los grupos cultos urbanos, típicamente) a modelo común codificado: el estándar. La corrección, por tanto, no es una propiedad natural de las formas («cafés» no es intrínsecamente mejor que «cafeses»): es una convención social con función real: garantizar la intercomunicación supradialectal, la escuela común, la administración y el acceso igualitario a los registros de poder. El error simétrico doble que el docente debe evitar: el purismo (confundir la convención con una esencia y estigmatizar al hablante no estándar como ignorante o degenerado) y el populismo lingüístico (negar la utilidad del estándar y privar a los alumnos, precisamente a los de menos capital cultural, de la herramienta de acceso: la crítica de la paradoja la hizo la propia sociolingüística educativa).
3.2. La estandarización y sus instituciones
El estándar se fabrica: el modelo clásico de Haugen describe las cuatro fases: selección de la variedad base (para el español, el castellano toledano-madrileño de la corte, con el hito de la norma alfonsí), codificación (ortografía, gramática, diccionario: Nebrija 1492 como pionero; la RAE desde 1713 con su Diccionario de Autoridades, su Ortografía —1741— y su Gramática —1771—), elaboración funcional (capacitar la lengua para todos los usos: ciencia, derecho, técnica: la terminología) y aceptación social (escuela, administración, medios). Para el español actual, la institución es plural: la RAE y la ASALE con su política panhispánica (tema 9): el estándar es hoy pluricéntrico (normas cultas nacionales convergentes) y sus códigos, mancomunados (Ortografía 2010, NGLE, DLE, DPD). Conviene conocer el ecosistema completo: la FundéuRAE para el español urgente de los medios, los libros de estilo, y el hecho de que la fuerza normativa real la ejercen tanto la escuela y los medios como los códigos: una norma que nadie sigue es papel mojado (la aceptación de Haugen es la fase decisiva).
La perspectiva histórica añade espesor (y nombres citables). Antes de la Academia, la codificación fue empresa de particulares ilustres: Nebrija (1492) y su Ortografía (1517); el Diálogo de la lengua de Juan de Valdés (h. 1535), primera gran reflexión sobre el buen uso («escribo como hablo»); el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias (1611), primer diccionario monolingüe extenso de una lengua vulgar europea; y la fijación práctica que ejercieron la imprenta y los clásicos del Siglo de Oro (el «uso de los buenos autores» como criterio). La RAE heredó y sistematizó ese caudal (el Diccionario de Autoridades, 1726-1739, documentaba cada voz con citas clásicas: de ahí su nombre), pero tampoco después ha tenido el monopolio: el Diccionario de uso del español de María Moliner (1966), obra titánica de una sola autora, o el Diccionario de dudas de Manuel Seco han sido para generaciones de hablantes cultos autoridades tan reales como la oficial. Lección para el aula: la norma es una conversación histórica entre academias, lexicógrafos, escritores, maestros y hablantes, no un decreto.
3.3. Corrección, adecuación y cambio
Dos ideas operativas cierran el bloque. Primera: la corrección es relativa a la norma estándar, pero la calidad comunicativa global se mide por la adecuación (tema 6): un coloquialismo no es «incorrecto» en la conversación familiar; una forma estándar puede ser inadecuada (pedante) en ella. Corrección y adecuación son criterios distintos y complementarios, y así deben evaluarse en el aula. Segunda: la norma cambia, porque sigue (con retardo prudente) al uso culto: la historia académica está llena de condenas levantadas: palabras admitidas (almóndiga estuvo y salió; toballa duerme en el diccionario como vulgarismo antiguo; murciégalo resiste como forma etimológica), grafías reformadas (la Ortografía de 2010 y la polémica de «solo» sin tilde, matizada en 2023), construcciones reevaluadas por el DPD y la NGLE. Enseñar la norma como proceso vivo —con sus fuentes de consulta, sus cambios y sus debates— forma usuarios autónomos; enseñarla como tabla eterna forma dogmáticos inseguros.
Una nota de época completa el cuadro: la norma tiene hoy ejecutores automáticos. Correctores ortográficos y gramaticales, autocompletado y asistentes de escritura con inteligencia artificial aplican (su versión de) el estándar millones de veces por minuto, con efectos dobles que el aula debe tematizar: democratizan la corrección superficial (nunca fue tan fácil no cometer faltas) y a la vez desplazan la autoridad hacia herramientas opacas que no siempre aciertan (falsos positivos, sesgos hacia variantes mayoritarias, aplanamiento del estilo) y que pueden atrofiar la reflexión si se usan sin criterio. Formar al alumno para auditar a su corrector —saber cuándo acierta, cuándo no y por qué— es la versión contemporánea de enseñar la norma.
4. Las variedades sociales (diastráticas)
4.1. Los factores: instrucción, edad, género, profesión
Las variedades diastráticas o sociolectos correlacionan la variación con la estructura social (Labov y el variacionismo: tema 2). Los factores mayores: el nivel de instrucción (el mejor predictor: define el continuo culto/popular y el acceso al estándar; la vieja «clase social» se operativiza hoy como nivel educativo y ocupación), la edad (cada generación marca su habla: el lenguaje juvenil como sociolecto transitorio pero perpetuamente renovado; los cambios en curso se leen en el «tiempo aparente» comparando generaciones), el género (la investigación clásica —Labov, Trudgill— atribuyó a las mujeres mayor orientación al prestigio manifiesto y el liderazgo de los cambios «desde abajo», y los estudios de interacción describieron patrones asimétricos de interrupción y gestión del turno; todo ello se relee hoy como efecto de redes sociales, roles y mercado lingüístico más que de esencias, contra la caricatura del «genderlect»; el debate aplicado sobre el lenguaje inclusivo, ya presentado en el tema 3, pertenece a este epígrafe como caso vivo de conflicto entre cambio social y sistema), la profesión (los tecnolectos y jergas del epígrafe siguiente) y la procedencia (rural/urbana; la inmigración interior y exterior crea sociolectos de contacto). Bernstein y sus códigos (restringido/elaborado) merecen mención crítica: describió diferencias reales de socialización lingüística escolar, pero su lectura deficitaria está superada: las variedades populares son sistemas completos (Labov lo demostró con el inglés vernáculo afroamericano), y la tarea escolar es añadir registros, no «reparar» déficits.
4.2. Jergas, argot y lenguaje juvenil
Precisiones terminológicas rentables. Jerga es la variedad de un grupo social o profesional: las jergas profesionales (médica, jurídica, marinera, docente) son tecnolectos con función referencial (precisión) y también gremial (identidad, opacidad involuntaria para el lego). Argot (o jerga en sentido estricto) designa las variedades de grupos que buscan deliberadamente la opacidad y la cohesión: históricamente, las hablas de la marginalidad: la germanía de los delincuentes áureos (documentada en Quevedo y en los romances de germanía), el caló gitano como fuente del argot común (chorar, currar, molar, chungo), las hablas carcelarias y del trapicheo (talego, maderos), en constante filtración hacia la lengua coloquial general (el argot de ayer es el coloquialismo de hoy: cate, chaval). El lenguaje juvenil comparte mecanismos con el argot (identidad generacional, renovación rapidísima, creatividad): acortamientos (insti, finde), sufijación expresiva (-ata, -eta: bocata, fumeta), préstamos del inglés gamer y de las redes (crush, random, shippear), resemantizaciones intensificadoras (literal, en plan, brutal), y hoy una novedad sociolingüística real: se difunde globalmente por las redes y la música (tema 9), nivelando el habla juvenil panhispánica. Actitud docente: describirlo con curiosidad (es creatividad morfológica en vivo) y enseñar su lugar situacional (adecuación), no perseguirlo.
4.3. Niveles de lengua y vulgarismos
La tradición escolar ordena el eje diastrático en niveles: culto (dominio pleno del estándar y sus registros: riqueza léxica, sintaxis elaborada, corrección sostenida), medio o popular (estándar funcional con desviaciones ocasionales) y vulgar: el nivel caracterizado por los vulgarismos, desviaciones del estándar estigmatizadas, catalogables por niveles: fónicos (metátesis: cocreta, Grabiel; reducción: pa, na; adición: amoto, arradio; cambio vocálico: sigún, medecina), morfológicos (analogías verbales: andé, conducí, hicistes; la 2.ª persona -s: vinistes; me se/te se; habemos por somos/estamos), sintácticos (concordancias erróneas: habían muchos —¡extendidísimo y no por ello estándar!—, dequeísmo y queísmo, laísmo/loísmo severos, anacolutos) y léxico-semánticos (confusiones: preveer, andar por ir en contextos cultos; impropiedades). Matiz profesional imprescindible: «vulgar» describe estigmatización social, no defecto cognitivo ni moral del hablante; muchos vulgarismos son evoluciones tan «lógicas» como las que triunfaron (andé es analógico como lo fue anduve en su día), y varios viajan hacia la aceptación. El docente los trabaja como lo que son: rasgos que delatan registro y nivel, con coste social real que el alumno debe conocer para poder elegir.
5. Las variedades funcionales (diafásicas)
5.1. El continuo de los registros
Las variedades diafásicas o registros dependen de la situación (tema 6: campo, tenor, modo). No son casillas discretas sino un continuo de formalidad (del íntimo al solemne: Joos distinguió cinco grados) cruzado por el canal (oral/escrito, con el continuo digital intermedio) y por la especialización temática. La regla de oro ya formulada: no hay registros malos, hay registros fuera de lugar; y la medida del hablante culto no es hablar siempre formal, sino conmutar sin costura. La relación con el eje diastrático es asimétrica e importa: el hablante culto dispone de todo el repertorio (puede bajar al coloquial y al vulgar expresivo a voluntad); el hablante de nivel vulgar no puede subir: su variedad social limita sus registros: exactamente el déficit de repertorio que la escuela existe para corregir.
El instrumento teórico más fino para ordenar este continuo lo aportaron Koch y Oesterreicher: la distinción entre el canal (medio fónico o gráfico) y la concepción del discurso, que se mueve entre la inmediatez comunicativa (privacidad, confianza, copresencia, espontaneidad: el polo coloquial) y la distancia comunicativa (publicidad, desconocimiento, diferido, planificación: el polo formal). El cruce libera las casillas contraintuitivas que la vieja ecuación oral=informal / escrito=formal no explicaba: hay escritura de la inmediatez (la carta íntima ayer, el wasap hoy: gráfico pero concepcionalmente hablado) y oralidad de la distancia (la conferencia, el informativo: fónico pero concepcionalmente escrito). El modelo es oro didáctico para el aula digital: explica por qué el chat «se escribe como se habla», por qué eso no es una degeneración sino una casilla del sistema, y por qué el trabajo escolar consiste en llevar al alumno también a las casillas de la distancia (la exposición oral formal, la escritura planificada) que la vida digital no le regala.
5.2. El registro coloquial
El español coloquial es el registro mejor descrito (grupo Val.Es.Co. de Antonio Briz): no es «hablar mal» sino un registro con sus constantes: planificación sobre la marcha (sintaxis concatenada, rodeos, reinicios y anacolutos funcionales), tono informal (confianza, cotidianidad), y sus rasgos: deixis exuberante y elipsis (contexto compartido), orden pragmático (tematizaciones: «el libro, ¿lo tienes?»), intensificación (un frío que pela, superlativos expresivos) y atenuación corteses (tema 6), léxico general y proforma (cosa, hacer, tema), fraseología y humor, turnos rápidos con solapamientos cooperativos. Su estudio dignifica lo que el alumno ya domina y permite enseñarlo como objeto (transcribir y analizar una conversación real es una práctica reveladora) y como contraste para construir el registro formal: la traducción coloquial↔formal es de los ejercicios más eficaces de la materia.
5.3. Los registros especializados
En el extremo formal, los lenguajes de especialidad o tecnolectos: el científico-técnico (univocidad terminológica, definición, nominalización, impersonalidad, ordenación lógica: base de la lengua académica escolar: CALP, tema 8), el jurídico-administrativo (fórmulas y arcaísmos, futuro de subjuntivo residual —«si lo hubiere»—, párrafos-oración, cortesía institucional), célebre por su opacidad hasta generar el movimiento de lenguaje claro (derecho a comprender: las administraciones se comprometen a redactar comprensible: excelente tema de taller), el periodístico y el publicitario (tema 5), y el literario como registro que juega con todos (tema 33). Cada uno es, para el aula, un género de lectura y escritura con sus convenciones enseñables; y su conjunto define la meta de la etapa: un egresado capaz de entender un prospecto, una sentencia resumida, un artículo científico divulgativo y un poema: eso, y no otra cosa, es dominar los registros.
6. Implicaciones didácticas
- El repertorio como meta explícita: presentar al alumnado el mapa de variedades (dialecto-sociolecto-registro) y su posición en él; el objetivo formulado en positivo: añadir el estándar culto y los registros formales al repertorio, sin renunciar a nada.
- Consulta normativa como hábito: talleres con DLE, DPD y NGLE en línea (¿se dice «habían muchos»?, ¿«solo» lleva tilde?): resolver dudas con fuentes, citando; la norma como servicio consultable, no como vara.
- Traducción entre registros: reescrituras sistemáticas (el wasap → la reclamación; la charla → la exposición); análisis de «naufragios» de registro reales (correos de alumnos a profesores) con humor y sin escarnio.
- El coloquial como objeto: transcripción y análisis de conversación real (rasgos de Briz); el lenguaje juvenil como corpus de morfología creativa (acortamientos, sufijos); glosario diacrónico del argot (de la germanía al trap): la variación social como historia viva.
- Vulgarismos con método: inventario por niveles y explicación lingüística (analogía, economía) junto al coste social: información, no humillación; especial tacto con rasgos de la variedad familiar del alumno.
- Lenguaje claro: taller de reescritura de un texto administrativo real a lenguaje claro: registro, ciudadanía y escritura de precisión en un solo proyecto.
7. Conclusiones
El tema ha trenzado tres hilos. La lengua es un sistema de oposiciones en varios niveles, pero un sistema abierto, variable y en movimiento, cuya realización social ordenó Coseriu con la tríada sistema/norma/habla: entre lo que la lengua permite y lo que el individuo dice está lo que la comunidad suele decir. Sobre esa pluralidad de normas descriptivas opera la norma prescriptiva: la selección y codificación de un estándar (Haugen; para el español, hoy pluricéntrico y panhispánico) cuya corrección es convención útil, histórica y cambiante, complementaria de la adecuación y jamás excusa para el estigma. Y esa lengua común vive estratificada en variedades sociales (sociolectos, jergas, argot, niveles, con el vulgarismo como desviación estigmatizada) y funcionales (el continuo de registros, del coloquial de Briz a los tecnolectos y su corrección democrática, el lenguaje claro).
La síntesis profesional cabe en dos frases que el opositor puede hacer suyas: describir sin estigmatizar, y equipar sin recortar. Describir: toda variedad es sistema, y el análisis (no el prejuicio) es la mirada del especialista. Equipar: el estándar y los registros formales son la herramienta de igualdad que la escuela debe a todos sus alumnos, precisamente porque no todos la reciben en casa. Entre ambas se juega, a diario, la ética de la clase de Lengua.
8. Esquema
SISTEMA, NORMA Y VARIEDADES SOCIALES/FUNCIONALES
│
├─ 1. LA LENGUA COMO SISTEMA
│ ├─ Saussure: oposiciones y VALOR («solo diferencias») · ejes
│ │ sintagmático/paradigmático · niveles: fonológico,
│ │ morfosintáctico, léxico-semántico · doble articulación
│ ├─ Sistema ABIERTO y variable (Labov: heterogeneidad ordenada) y
│ │ en movimiento (asimetrías → cambio; economía de Martinet)
│ └─ COSERIU: SISTEMA (lo posible) / NORMA (lo normal: cafés, no
│ *cafeses ni *decidición) / HABLA (lo individual)
│ → tantas normas descriptivas como comunidades
│
├─ 2. LA NORMA
│ ├─ DOS SENTIDOS: descriptiva (lo normal) vs PRESCRIPTIVA (lo correcto
│ │ = selección codificada: el ESTÁNDAR) · corrección = convención
│ │ útil (intercomunicación, acceso igualitario), no esencia
│ ├─ Estandarización (HAUGEN): selección (castellano cortesano) →
│ │ codificación (Nebrija 1492; RAE 1713: Autoridades, Ortografía,
│ │ Gramática) → elaboración → ACEPTACIÓN (la fase decisiva)
│ │ Precedentes: Valdés (Diálogo, «escribo como hablo») ·
│ │ COVARRUBIAS (Tesoro 1611) · no monopolio: MOLINER (DUE 1966), Seco
│ │ Hoy: pluricéntrico panhispánico (ASALE) + FundéuRAE + escuela/medios
│ └─ Corrección ≠ ADECUACIÓN (criterios complementarios) · la norma
│ CAMBIA (admisiones, Ortografía 2010, «solo» 2023) · evitar
│ purismo Y populismo lingüístico
│
├─ 3. VARIEDADES SOCIALES (DIASTRÁTICAS): sociolectos
│ ├─ Factores: INSTRUCCIÓN (el mayor) · edad (tiempo aparente) ·
│ │ género (prestigio; relectura por redes) · profesión · procedencia
│ │ Bernstein (códigos): leído SIN teoría del déficit (Labov)
│ ├─ JERGA profesional (tecnolectos: precisión + gremio) · ARGOT
│ │ (opacidad: germanía áurea, caló → chorar, currar, molar) ·
│ │ LENGUAJE JUVENIL (insti, bocata, crush, en plan; hoy global)
│ └─ NIVELES: culto / medio / vulgar · VULGARISMOS por planos:
│ fónicos (cocreta, amoto) · morfológicos (andé, vinistes, me se)
│ · sintácticos (habían muchos, dequeísmo, laísmo) · léxicos
│ (preveer) → estigma social, no defecto cognitivo
│
├─ 4. VARIEDADES FUNCIONALES (DIAFÁSICAS): registros
│ ├─ CONTINUO de formalidad (Joos: 5 grados) × canal × especialización
│ │ · culto = TODO el repertorio; vulgar = registros limitados
│ │ → la escuela amplía repertorios
│ │ KOCH-OESTERREICHER: medio (fónico/gráfico) ≠ concepción
│ │ (INMEDIATEZ ↔ DISTANCIA): el wasap = escritura de la inmediatez;
│ │ la conferencia = oralidad de la distancia
│ ├─ COLOQUIAL (Briz/Val.Es.Co.): planificación sobre la marcha,
│ │ deixis y elipsis, orden pragmático, intensificación/atenuación,
│ │ proformas (cosa), fraseología, turnos rápidos
│ └─ ESPECIALIZADOS: científico-técnico (término unívoco,
│ nominalización → CALP) · jurídico-administrativo (fórmulas,
│ hubiere → LENGUAJE CLARO) · periodístico/publicitario · literario
│
└─ 5. DIDÁCTICA: mapa de variedades y meta = repertorio · consulta DLE/DPD/
NGLE como hábito · traducción entre registros · coloquial como objeto
(transcripciones) · vulgarismos con método y tacto · taller de
lenguaje claro → describir sin estigmatizar, equipar sin recortar
9. Bibliografía y webgrafía
- Briz, A., El español coloquial: situación y uso, Arco Libros; El español coloquial en la conversación, Ariel.
- Coseriu, E., «Sistema, norma y habla», en Teoría del lenguaje y lingüística general, Gredos.
- Haugen, E., «Dialect, Language, Nation», American Anthropologist, 68 (1966).
- Hernández Alonso, C. (coord.), Historia y presente del español de América (para las normas cultas).
- Labov, W., Modelos sociolingüísticos, Cátedra, Madrid.
- López Morales, H., Sociolingüística, Gredos, Madrid.
- Lorenzo, E., El español de hoy, lengua en ebullición, Gredos, Madrid.
- Méndez Guerrero, B. y otros (eds.), materiales del grupo Val.Es.Co. (valesco.es).
- Moreno Fernández, F., Principios de sociolingüística y sociología del lenguaje, Ariel; Qué español enseñar, Arco Libros.
- RAE y ASALE, Diccionario panhispánico de dudas; Nueva gramática; Ortografía (2010); Libro de estilo de la lengua española (2018).
- Seco, M., Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, Espasa.
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