Tema 13 · Lengua Castellana y Literatura
Relaciones semánticas entre las palabras: hiponimia, sinonimia, polisemia, homonimia y antonimia. Los cambios de sentido
Epígrafe oficial: Relaciones semánticas entre las palabras: hiponimia, sinonimia, polisemia, homonimia y antonimia. Los cambios de sentido.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. La semántica y sus unidades
- 3. Las relaciones semánticas
- 4. Los cambios de sentido
- 5. Implicaciones didácticas
- 6. Conclusiones
- 7. Esquema
- 8. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
Si el tema 12 estudiaba la forma de las palabras, este estudia su significado: el territorio de la semántica léxica. Su tesis de fondo ya quedó sembrada en el tema 10: el significado no vive aislado sino en red: cada palabra significa lo que las vecinas le dejan (el valor saussureano), y esa red se teje con relaciones precisas que el título enumera: la jerarquía (hiponimia), la equivalencia (sinonimia), la oposición (antonimia) y las dos formas de la multiplicidad —una palabra con varios sentidos (polisemia) o varias palabras vestidas igual (homonimia)—, con su cortejo de ambigüedades y juegos.
La segunda mitad del tema añade la dimensión del tiempo: los significados cambian. «Retrete» fue un cuarto retirado cualquiera; «álgido» significó frío; «villano», habitante de villa; «ratón» corría solo por los campos. El cambio semántico es la parte más viva de la historia de la lengua (temas 7 y 12: los neologismos de sentido) y la más ordenada de lo que parece: tiene causas catalogables (Ullmann), mecanismos universales (la metáfora y la metonimia: los mismos que la retórica y la lingüística cognitiva estudian: temas 2 y 33) y consecuencias medibles (ampliaciones, restricciones, mejoras y degradaciones de significado, con el eufemismo como su motor social más productivo).
Es, además, un tema de presencia garantizada en las pruebas: la práctica de Madrid 2025 pedía exactamente «la diferencia entre polisemia y homonimia homógrafa con ejemplos del fragmento»: el desarrollo que sigue está pensado para que esa pregunta —y sus hermanas— no tengan secretos.
1. Relación con el currículo
En el marco LOE-LOMLOE (RD 217/2022 y 243/2022), las relaciones semánticas son saber explícito del bloque de Reflexión sobre la lengua en toda la ESO (sinonimia, antonimia, polisemia, campos: base de los ejercicios de vocabulario y de los criterios sobre precisión léxica) y del Bachillerato (semántica y cambio). Conexiones:
- Con la comprensión lectora: inferir significados por el contexto (la desambiguación de la polisemia es la microdestreza lectora por excelencia) y por las relaciones (el hiperónimo como definidor natural).
- Con la producción: la precisión (elegir el cohipónimo exacto), la variación (sinonimia y hiperonimia como mecanismos de cohesión: tema 25) y el registro (las connotaciones: tema 10).
- Con la literatura: metáfora y metonimia como figuras (tema 33) y como mecanismos cotidianos (Lakoff: tema 2): el puente lengua-literatura más transitado.
- Con la alfabetización mediática (tema 5): eufemismos, encuadres y manipulación semántica.
Contribuye a la CCL (léxico preciso y rico), a la competencia plurilingüe (falsos amigos: relaciones semánticas entre lenguas) y al pensamiento crítico (la semántica del discurso público).
2. La semántica y sus unidades
La semántica (término de Bréal, 1897, su fundador moderno) estudia el significado. Sus unidades operativas, en la tradición estructural europea (Pottier, Greimas, Coseriu): el sema o rasgo mínimo de significado; el semema, el haz de semas de una acepción (silla = ‘con respaldo’ + ‘para una persona’ + ‘con patas’ + ‘para sentarse’); el archisemema, los semas comunes a un campo (asiento), léxicamente realizado en el archilexema (paralelo exacto del archifonema: tema 11: la arquitectura estructural otra vez). El análisis componencial descompone así los campos semánticos (tema 12) en matrices de rasgos: método potente para vocabulario (definir por oposición: ¿qué sema separa taburete de silla?) aunque con límites conocidos: los significados reales tienen fronteras difusas y estructura de prototipo (Rosch: tema 2: el gorrión es más pájaro que el pingüino), y el uso añade siempre connotaciones: los valores asociados (afectivos, sociales, ideológicos) que se suman a la denotación objetiva (hogar frente a vivienda; los ejemplos de connotación cultural del tema 5: Barthes). Complétese el utillaje con el triángulo semiótico (Ogden y Richards): símbolo-concepto-referente: el significado no es la cosa (por eso podemos hablar de unicornios) sino el concepto socialmente convencionalizado (temas 1 y 3).
Dos distinciones más completan el mapa del significado. Primera: significado léxico (el de las palabras «llenas»: sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios: remite al mundo) frente a significado gramatical (el de las «vacías» o funcionales: preposiciones, conjunciones, morfemas flexivos: remite al sistema: tema 12): la semántica léxica de este tema se ocupa del primero. Segunda: la tipología de Leech, que descompone el «significado» global en siete capas: el conceptual o denotativo (el núcleo), el connotativo (asociaciones del referente), el social o estilístico (lo que la palabra delata de registro y dialecto: tema 10), el afectivo (la actitud del hablante), el reflejo (la contaminación por otras acepciones: por eso los tabúes irradian), el colocativo (el sabor de las compañías habituales: tema 12) y el temático (el reparto informativo en la oración: tema 24). La lista parece académica pero es un bisturí práctico: cuando un alumno pregunta «¿qué diferencia hay entre esposa y mujer, si significan lo mismo?», la respuesta técnica es: en el significado conceptual, ninguna; en el social, el afectivo y el colocativo, toda.
El banco de pruebas de toda esta teoría es la definición lexicográfica, que tiene su propia tipología: la hiperonímica o aristotélica (género próximo + diferencia específica: la canónica, imposible sin la hiponimia del 3.1), la sinonímica (definir por equivalente: económica pero circular si se abusa: el célebre círculo vicioso de los diccionarios), la extensional (por enumeración de miembros), la funcional (por el uso: «que sirve para...») y la morfosemántica de los derivados («acción y efecto de...»). Evaluar definiciones —del DLE, de los compañeros, de un modelo de IA— con esta rejilla es de los ejercicios más completos del tema: exige dominar a la vez relaciones semánticas, precisión y metalenguaje.
3. Las relaciones semánticas
3.1. Hiponimia, hiperonimia, meronimia
La hiponimia es la relación de inclusión jerárquica: el significado del hipónimo (clavel) contiene el del hiperónimo (flor) más semas específicos; los hipónimos de un mismo hiperónimo son cohipónimos (clavel, rosa, tulipán). La relación organiza el léxico en taxonomías (ser vivo > animal > ave > gorrión) que son la columna de las definiciones (definir = hiperónimo + diferencias: «silla: asiento con respaldo...») y de la cohesión textual (la referencia con hiperónimos: «compró un clavel... la flor»: tema 25). Prueba operativa: «X es un tipo de Y». Distíngase de la meronimia, la relación parte-todo («X es parte de Y»: dedo/mano, rueda/coche), que no es inclusión de significados sino de referentes, y que alimenta la metonimia (4.2). Rendimiento didáctico inmediato: los mapas conceptuales del vocabulario, el juego de las definiciones y el diagnóstico de la pobreza léxica (el alumno que solo maneja hiperónimos vagos: cosa, hacer: tema 10). Las jerarquías hiponímicas tienen además vida institucional: son la espina dorsal de los tesauros documentales, de las ontologías y de recursos como WordNet (la gigantesca red léxica computacional organizada por relaciones semánticas, con su versión española), que hoy alimentan buscadores y procesamiento del lenguaje: cuando el alumno usa un buscador que «entiende» que perro recupera páginas sobre animales, está cosechando hiponimia aplicada. Y conviene el matiz antropológico: las taxonomías populares (folk taxonomies) no coinciden con las científicas (la fresa botánica no es una baya; el tomate jurídico-culinario no es la fruta del botánico): la lengua clasifica el mundo con criterios de uso, no de laboratorio, y ese desajuste es en sí mismo materia de reflexión deliciosa.
3.2. La sinonimia
La sinonimia es la identidad (o alta semejanza) de significado entre significantes distintos. La cuestión teórica clásica: ¿existe la sinonimia total (intercambiables en todo contexto sin cambio alguno)? La respuesta mayoritaria: es rarísima o inexistente (la lengua no financia lujos: si dos formas conviven, se especializan), y lo normal es la sinonimia parcial, diferenciada por matices catalogables: denotativos (semas no idénticos: listo/inteligente), connotativos (perro/chucho), de registro (esposa/mujer/señora; morir/fallecer/palmar: tema 10), dialectales (los geosinónimos: coche/carro/auto; el DAMER como atlas: tema 9), de colocación (rebanada solo de pan: tema 12) y de época (arcaísmos: otrora/antaño). La sinonimia referencial (misma referencia, distinto significado: el lucero del alba / Venus) pertenece más bien a la pragmática. Didácticamente, el trabajo útil no es la lista de sinónimos «equivalentes» sino el matiz: elegir entre delgado, esbelto, flaco, escuálido y enjuto es una lección de semántica, registro y estilo en una sola palabra. La sinonimia es también un recurso textual y estilístico: la variatio que evita la repetición (con su exceso corregible: la «sinonimomanía» periodística del «el máximo mandatario» por no repetir «el presidente»), la sustitución cohesiva (tema 25) y la herramienta profesional del tesauro o diccionario de ideas afines (Casares: su Diccionario ideológico, el camino «de la idea a la palabra»): enseñar a usarlo —y a desconfiar de él: ningún sinónimo es gratis— es enseñar escritura.
3.3. La antonimia y la oposición
La oposición de significados admite tipología precisa (Lyons), y el examen la agradece: complementarios (la negación de uno implica el otro, sin grados: vivo/muerto, par/impar), antónimos propiamente dichos o graduales (extremos de una escala con términos medios: frío/caliente, grande/pequeño: admiten muy, más... y su negación no implica el contrario: no frío ≠ caliente) e inversos o recíprocos (la misma relación mirada desde el otro extremo: comprar/vender, padre/hijo, encima/debajo). Añádanse las oposiciones direccionales (subir/bajar) y la autoantonimia o enantiosemia (una palabra con sentidos opuestos: alquilar —dar y tomar—, sancionar —aprobar y castigar—, huésped históricamente): curiosidad rentable. La antonimia es además morfológica cuando la fabrica la derivación (tema 12: prefijos negativos: posible/imposible) y textual cuando la crea el contexto (los contrastes del discurso). En el aula: escalas graduables (helado-frío-tibio-templado-caliente-ardiente) como ejercicio simultáneo de semántica y precisión. La oposición rinde además en la retórica y la pragmática: la lítotes niega el contrario para afirmar con atenuación («no poco esfuerzo», «no es tonto»: cortesía e ironía del tema 6 servidas por la antonimia), y la literatura explota el choque de contrarios en la antítesis («es hielo abrasador, es fuego helado») y su fusión imposible en el oxímoron (silencio atronador, dulce amargura: la mística y el petrarquismo viven de él: temas 47-48): otra vez la semántica como cantera de figuras (tema 33).
3.4. Polisemia y homonimia
Las dos formas de la multiplicidad significante-significado, y la distinción más preguntada del tema. La polisemia: una palabra (un solo origen) con varias acepciones relacionadas, producto del cambio semántico acumulado (banco: asiento → entidad —de los banqueros medievales y su banca—; banco de peces es otra historia: homonimia); es el estado natural de todo el léxico frecuente (economía lingüística: reutilizar significantes) y el diccionario la presenta como una entrada con acepciones numeradas. La homonimia: dos (o más) palabras de orígenes distintos cuyos significantes han confluido: homógrafos si coinciden también en la grafía (vino ‘bebida’ < vinum / vino ‘llegó’ < venit; haya árbol/haya de haber; sobre preposición/sobre ‘cubierta postal’) y solo homófonos si suenan igual pero se escriben distinto (vaca/baca, hola/ola, tuvo/tubo... multiplicados por el seseo y el yeísmo: casa/caza, calló/cayó: temas 7 y 11: ¡la ortografía otra vez!); el diccionario les da entradas separadas (vino1, vino2). Los criterios de distinción: el etimológico (el fiable: orígenes distintos = homonimia), el de la conciencia del hablante (¿siente relación entre las acepciones?) y el de la categoría gramatical; los casos límite (la polisemia tan alejada que se percibe como homonimia) son discutibles y conviene decirlo. Rendimiento compartido: la ambigüedad léxica (fuente de malentendidos: tema 6, y de titulares desafortunados) y su explotación deliberada: la dilogía o silepsis del chiste, la publicidad (tema 5) y el conceptismo áureo (Quevedo: tema 51): la semántica como cantera del ingenio.
Precisión final que evita confusiones de examen: la ambigüedad (dos sentidos discretos: el banco del parque o el de la esquina) no debe confundirse con la vaguedad (un solo sentido de límites borrosos: ¿cuántos granos hacen un montón?, ¿desde qué estatura se es alto?): la polisemia y la homonimia producen ambigüedad; los graduales y los prototipos, vaguedad. El test clásico: la elipsis con zeugma fuerza la lectura única («Juan tiene un banco y María otro» no puede mezclar el asiento y la entidad sin chiste), mientras la vaguedad la tolera. Y recuérdese la ambigüedad no léxica —la estructural («vi al ladrón con los prismáticos»: tema 2) y la de ámbito—, que el comentario sintáctico retomará: distinguir de qué ambigüedad se habla es medio análisis.
4. Los cambios de sentido
4.1. Las causas del cambio
¿Por qué cambian los significados? La taxonomía clásica de Ullmann ordena las causas: lingüísticas (el contagio en la cadena: la negación francesa pas; las elipsis del 4.2), históricas (el referente cambia y la palabra se queda: pluma —de ave a estilográfica a digital—, coche —de caballos—, ratón informático: los historicismos y neologismos de sentido del tema 12), sociales (el trasvase entre grupos: la generalización de tecnicismos —histeria, alergia, quantum— y la especialización de voces comunes en las jergas: masa en albañilería y en física) y psicológicas (la expresividad, la búsqueda de énfasis y, sobre todo, el tabú: las áreas prohibidas —muerte, sexo, funciones corporales, lo sagrado, hoy también lo social— que fuerzan la sustitución eufemística permanente: 4.3). Este catálogo causal es la mitad «historia» del tema; la otra mitad es el «cómo».
Nota de actualidad imprescindible: el cambio semántico se ha acelerado y hecho visible en la cultura digital. Las redes resemantizan en meses lo que antes tardaba generaciones: literal (‘exactamente’ → mero intensificador), random (‘aleatorio’ → ‘raro, cualquiera’), tóxico (de la química a las relaciones), viral (de la medicina al contenido), historia (‘relato’ → formato efímero), nube, muro, seguir, me gusta: cada interfaz reetiqueta el diccionario; y hasta la inteligencia artificial genera su propio vocabulario resemantizado (alucinar ‘inventar datos un modelo’, entrenar, prompt). Para el aula es una mina doble: los alumnos son testigos y agentes del cambio (pueden datar acepciones que el DLE aún no registra) y el fenómeno demuestra en vivo toda la teoría del tema: metáforas (nube), metonimias (me gusta sustantivado), restricciones (historia) y la vieja verdad de Bréal: el significado es un ser vivo con la salud del uso.
4.2. Los mecanismos: metáfora, metonimia, elipsis, etimología popular
Los mecanismos del cambio son asociaciones: por semejanza de significados, la metáfora: la gran fábrica léxica: las metáforas muertas o lexicalizadas pueblan el diccionario (la pata de la mesa, el ojo de la aguja, la hoja de papel, el ratón, la nube, el corazón del problema) y confirman a Lakoff (tema 2): la metáfora no es adorno sino cognición: cuando el aula «descubre» que media lengua es metáfora fósil, la lección de semántica se vuelve revelación. Por contigüidad de referentes, la metonimia y su caso particular la sinécdoque: el efecto por la causa (ganarse el pan), el continente por el contenido (tomar una copa), el autor por la obra (leer a Cervantes), el lugar por el producto (un rioja, un jerez), la parte por el todo (cien cabezas de ganado) y la marca por el objeto (una aspirina, un clínex: lexicalización de marcas: tema 5). Por contigüidad en la cadena, la elipsis semántica: el adjetivo hereda el significado del grupo ((teléfono) móvil, (ordenador) portátil, (cerveza) caña, (vino) tinto). Y por asociación de significantes, la etimología popular: el hablante remotiva una forma opaca acercándola a otra conocida (vagamundo por vagabundo, destornillarse de risa por desternillarse, esparatrapo: el mecanismo de las «cocretas» del tema 10, aquí con cambio de sentido asociado: altozano, nigromancia ‘magia negra’). Cuatro mecanismos, una didáctica: cada palabra es un pequeño caso detectivesco resoluble con el Corominas (tema 12). Añádase el mecanismo externo: el préstamo semántico o calco de sentido (tema 8), hoy masivo desde el inglés: palabras españolas que adoptan una acepción de su parónimo inglés: agresivo ‘emprendedor’ (aggressive), ignorar ‘no hacer caso’ (to ignore), romance ‘idilio’, doméstico ‘nacional’ (vuelos domésticos), bizarro ‘extraño’ (bizarre: cuando en español significaba ‘valiente, gallardo’), asumir ‘suponer’ (to assume): cada uno es un pleito normativo en curso (el DPD condena unos, el uso consagra otros) y un ejercicio perfecto: ¿enriquecimiento o empobrecimiento?, ¿quién decide y cuándo? La respuesta del tema 10 (la norma sigue al uso culto con retardo) encuentra aquí su banco de pruebas más activo.
4.3. Las consecuencias; eufemismo y disfemismo
Las consecuencias del cambio se miden en dos ejes. En la extensión: ampliación de significado (el hiperónimo gana campo: faena —del latín facienda ‘cosas por hacer’— a cualquier trabajo; armario —de arma— a mueble general) o restricción (súbdito, doctrina: y el caso escolar: ordenador ‘el que ordena’ → solo la máquina). En la valoración: ennoblecimiento (mejora: ministro ‘sirviente’ → alto cargo; caballero ‘el del caballo’ → cortesía) o degradación o peyoración (villano ‘de la villa’ → malvado; siniestro ‘izquierdo’ → funesto; y la serie tristemente sistemática de la degradación de los femeninos: cortesana, fulana, verdulera frente a sus masculinos: la semántica como registro del sesgo social: temas 3 y 10). El motor social mayor es la pareja eufemismo/disfemismo: la sustitución atenuante del término tabú (pasar a mejor vida, invidente, ajuste de plantilla, daños colaterales: del tabú clásico al político-económico: tema 5) y su reverso agresivo (palmarla, matasanos). Fenómeno clave: la rueda del eufemismo (Pinker: euphemism treadmill): el eufemismo se contamina del estigma del referente y exige reemplazo (retrete → váter → servicio → aseo → lavabo...; las denominaciones sucesivas de la discapacidad): demostración empírica de que cambiar la palabra sin cambiar la realidad solo pone el contador a cero: la lección crítica que cierra el tema.
Un último concepto redondea la mirada histórico-social: la palabra-testigo (mot-témoin, de Matoré): la voz cuyo ascenso o mutación condensa un cambio de época. Rastrear cuándo y cómo se cargaron de su sentido actual palabras como libertad, revolución, romántico, clase, consumidor, usuario, sostenible o algoritmo es hacer historia social con material léxico; y su reverso didáctico es inmediato: pedir al alumnado las palabras-testigo de su generación (cringe, hype, influencer, IA) y justificar la elección es el mejor examen posible de este tema: obliga a manejar mecanismos, consecuencias y contexto en un solo argumento.
5. Implicaciones didácticas
- Vocabulario en red: mapas de campos con hiperónimos y cohipónimos; el juego de las definiciones (hiperónimo + diferencias) y el «tabú» (definir sin la palabra): la hiponimia como músculo definitorio.
- El matiz como objetivo: series sinonímicas ordenadas por registro y connotación (morir/fallecer/palmar), escalas antonímicas graduables; revisión léxica de borradores sustituyendo proformas por cohipónimos precisos.
- Polisemia/homonimia con diccionario: ¿una entrada o dos? Investigar casos (banco, vino, sobre) en el DLE y el Corominas; caza de dilogías en chistes, titulares y publicidad (el corpus infinito del tema 5).
- Detectives del cambio semántico: biografías de palabras (álgido, villano, azafata, retrete) con el DCECH; el ejercicio estrella: rastrear la metáfora muerta en una página cualquiera (¿cuántas «patas», «ojos» y «corazones» hay?).
- Eufemismos a examen: glosario crítico del eufemismo público (económico, bélico, administrativo) y la rueda del eufemismo con casos históricos: semántica y ciudadanía (temas 3 y 5).
- Interlengua: falsos amigos del inglés/francés (actually, constipé) y de las lenguas del aula: las relaciones semánticas entre lenguas como contenido plurilingüe.
6. Conclusiones
El tema ha cartografiado el significado en sus dos dimensiones. En sincronía: el léxico como red de relaciones formalizables: la jerarquía hiponímica que organiza taxonomías y definiciones, la sinonimia siempre parcial y llena de matices (denotación, connotación, registro, geografía), la oposición antonímica con su tipología (complementarios, graduales, inversos) y la doble multiplicidad de polisemia (una palabra, sentidos emparentados) y homonimia (palabras distintas confluidas), con la etimología como juez y la ambigüedad como precio y como juego. En diacronía: el cambio de sentido como proceso ordenado: causas (lingüísticas, históricas, sociales, psicológicas: el tabú), mecanismos (metáfora y metonimia como motores universales, elipsis, etimología popular) y consecuencias (ampliación/restricción, ennoblecimiento/degradación), con el eufemismo y su rueda como crónica social del vocabulario.
Para el aula, la doble moraleja: el vocabulario no se aprende por listas sino por redes y matices (la palabra exacta como victoria diaria), y el significado es historia y sociedad condensadas: en cada cambio de sentido hay una metáfora que triunfó, un tabú que empujó o un prejuicio que dejó huella. Enseñar semántica es, a la vez, afinar la precisión del alumno y darle el detector de los usos interesados de las palabras: pocas parcelas de la materia unen tan bien filología y ciudadanía. Y ante el tribunal, el tema ofrece un cierre elegante: es de los pocos del temario que un examinador puede comprobar en el acto, pidiendo al opositor que aplique sus categorías a cualquier palabra de la sala: quien distingue en segundos la polisemia de «tribunal», las connotaciones de «oposición» y la metonimia de «la sala decide» demuestra que la teoría se ha hecho oficio.
7. Esquema
RELACIONES SEMÁNTICAS Y CAMBIO DE SENTIDO
│
├─ 1. SEMÁNTICA (Bréal 1897) Y UNIDADES
│ ├─ SEMA (rasgo) → SEMEMA (acepción) → archisemema/ARCHILEXEMA
│ │ (asiento) · análisis componencial (matrices de campos)
│ ├─ Límites: PROTOTIPOS (Rosch) · DENOTACIÓN vs CONNOTACIÓN
│ ├─ Léxico vs gramatical · LEECH: 7 significados (conceptual,
│ │ connotativo, social, afectivo, reflejo, colocativo, temático)
│ └─ Triángulo semiótico (Ogden-Richards): símbolo-concepto-referente
│
├─ 2. RELACIONES
│ ├─ HIPONIMIA: inclusión jerárquica (clavel ⊂ flor) · cohipónimos ·
│ │ taxonomías → DEFINICIÓN (hiperónimo + diferencias) y cohesión
│ │ · MERONIMIA (parte-todo: dedo/mano) → alimenta la metonimia
│ ├─ SINONIMIA: total (rarísima) vs PARCIAL: matices denotativos,
│ │ connotativos (perro/chucho), de registro (morir/fallecer/palmar),
│ │ GEOSINÓNIMOS (coche/carro/auto), de colocación, de época
│ ├─ ANTONIMIA (Lyons): COMPLEMENTARIOS (vivo/muerto) · GRADUALES
│ │ (frío/caliente: escala, muy/más) · INVERSOS (comprar/vender,
│ │ padre/hijo) · direccionales · enantiosemia (alquilar, sancionar)
│ │ · morfológica (in-) y textual
│ └─ POLISEMIA (1 origen, acepciones relacionadas: banco asiento→entidad;
│ UNA entrada) vs HOMONIMIA (orígenes distintos confluidos:
│ vino/vino; entradas separadas): HOMÓGRAFOS (haya/haya, sobre) y
│ HOMÓFONOS (vaca/baca; +seseo/yeísmo: casa/caza) · criterio
│ ETIMOLÓGICO · ambigüedad → DILOGÍA (chiste, publicidad, Quevedo)
│ AMBIGÜEDAD (sentidos discretos; test del zeugma) ≠ VAGUEDAD
│ (límites borrosos: ¿alto?) · tesauros y WordNet · folk taxonomies
│
├─ 3. CAMBIOS DE SENTIDO
│ ├─ CAUSAS (Ullmann): lingüísticas (contagio) · históricas (pluma,
│ │ coche, ratón: el referente cambia) · sociales (tecnicismo
│ │ generalizado: histeria; voz común especializada) · psicológicas
│ │ (expresividad; TABÚ: muerte, sexo, cuerpo, lo social)
│ ├─ MECANISMOS: METÁFORA (semejanza: pata de mesa, ojo de aguja,
│ │ nube: metáforas muertas = Lakoff fósil) · METONIMIA/SINÉCDOQUE
│ │ (contigüidad: tomar una copa, leer a Cervantes, un rioja,
│ │ cien cabezas, una aspirina) · ELIPSIS ((teléfono) móvil,
│ │ (cerveza) caña) · ETIMOLOGÍA POPULAR (vagamundo, esparatrapo)
│ └─ CONSECUENCIAS: extensión: AMPLIACIÓN (faena, armario) /
│ RESTRICCIÓN (ordenador) · valoración: ENNOBLECIMIENTO
│ (ministro, caballero) / DEGRADACIÓN (villano, siniestro; el
│ sesgo de los femeninos: fulana) · EUFEMISMO/DISFEMISMO
│ (invidente / matasanos) · RUEDA DEL EUFEMISMO (retrete→váter→
│ servicio→aseo): cambiar la palabra no cambia la realidad
│ CAMBIO ACELERADO digital: literal, random, tóxico, viral,
│ nube, alucinar (IA) · PALABRA-TESTIGO (Matoré): revolución,
│ sostenible, algoritmo… y las de cada generación
│
└─ 4. DIDÁCTICA: mapas de campos y juego de definiciones · series de
matiz (registro/connotación) · ¿una entrada o dos? (DLE+Corominas) ·
caza de dilogías (chistes, titulares) · biografías de palabras ·
glosario crítico del eufemismo público · falsos amigos (plurilingüe)
8. Bibliografía y webgrafía
- Bréal, M., Essai de sémantique, Hachette, París.
- Coseriu, E., Principios de semántica estructural, Gredos, Madrid.
- Espinosa Elorza, R. M., «El cambio semántico», en E. de Miguel (ed.), Panorama de la lexicología, Ariel.
- Gutiérrez Ordóñez, S., Introducción a la semántica funcional, Síntesis, Madrid.
- Lakoff, G. y Johnson, M., Metáforas de la vida cotidiana, Cátedra, Madrid.
- Lyons, J., Semántica, Teide, Barcelona.
- Pottier, B., Lingüística general, Gredos, Madrid.
- Salvador, G., Semántica y lexicología del español, Paraninfo, Madrid.
- Ullmann, S., Semántica. Introducción a la ciencia del significado, Aguilar, Madrid.
- Corominas, J. y Pascual, J. A., DCECH, Gredos (las biografías de las palabras).
- RAE y ASALE, DLE (el tratamiento de polisemia y homonimia en las entradas).
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