Tema 23 · Lengua Castellana y Literatura
El texto como unidad comunicativa. Su adecuación al contexto. El discurso
Epígrafe oficial: El texto como unidad comunicativa. Su adecuación al contexto. El discurso.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. De la oración al texto: la lingüística del texto
- 3. El texto como unidad comunicativa
- 4. La adecuación al contexto
- 5. El discurso
- 6. Rendimiento: el comentario y la producción de textos
- 7. Implicaciones didácticas
- 8. Conclusiones
- 9. Esquema
- 10. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
Con este tema el temario cambia de escala. Los temas 14 a 17 describieron la gramática de la oración; los temas 18 a 22, las funciones comunicativas que la atraviesan. Pero nadie se comunica con oraciones sueltas: nos comunicamos con textos: una conversación, una noticia, una receta, una novela, un examen de oposición. El texto es la unidad comunicativa real, y su estudio (la lingüística del texto, nacida en los años setenta) supuso para la disciplina lo que el paso del átomo a la molécula para la química: las propiedades del conjunto (coherencia, adecuación, sentido) no se dejan reducir a la suma de sus oraciones. Un puñado de oraciones perfectamente gramaticales puede no ser un texto; y un texto puede estar hecho de una sola palabra (¡Socorro!: tema 17, el enunciado no oracional).
El tema articula tres nociones que el enunciado oficial encadena con precisión: el texto como unidad (qué lo define, qué propiedades lo constituyen, cómo se estructura), la adecuación como su propiedad pragmática (el ajuste al contexto: registro, intención, destinatario, género) y el discurso como el texto en acción social (el proceso comunicativo completo, los géneros discursivos, el análisis crítico). Es, además, el tema bisagra del temario entero: hacia atrás recoge la pragmática (tema 6), el registro (tema 10) y las funciones (temas 18-22); hacia delante funda los temas 24 y 25 (coherencia y cohesión: las otras dos propiedades) y las tipologías textuales (temas 26-30). Dominarlo es tener el mapa del bloque.
1. Relación con el currículo
La LOMLOE es un currículo textual de arriba abajo. Las competencias específicas de Lengua Castellana y Literatura (Real Decreto 217/2022) no piden analizar oraciones: piden comprender, interpretar y producir textos orales, escritos y multimodales de los ámbitos personal, social y educativo, con adecuación a la situación comunicativa: la terminología de este tema es la letra misma del currículo. Los saberes básicos incluyen la reflexión sobre la adecuación (registro, propósito, destinatario), los géneros discursivos como molde de la producción y las estrategias de comprensión que la psicología textual fundamenta (tema 32). La evaluación competencial se hace con textos: situaciones de aprendizaje que piden producir un género real (reclamación, exposición, debate) para una audiencia real, y las rúbricas de producción escrita se organizan universalmente por propiedades textuales: adecuación, coherencia, cohesión y corrección (el modelo escolar que popularizó Cassany y que este tema fundamenta teóricamente).
En Bachillerato (Real Decreto 243/2022), el comentario de texto es el género académico central y las pruebas de acceso lo consagran: caracterizar un texto (ámbito, género, registro, intención, tipología) es aplicar este tema entero en dos párrafos. La dimensión crítica añade el análisis del discurso: detectar la ideología en el discurso mediático y publicitario (tema 5) es una competencia explícita del Perfil de salida, y su instrumental (quién habla, desde dónde, para qué, con qué silencios) procede del análisis crítico del discurso que cierra este tema.
2. De la oración al texto: la lingüística del texto
La gramática tradicional y el estructuralismo se detuvieron en la oración: más allá, se pensaba, empieza la libertad del estilo. Tres constataciones derribaron ese techo. Primera: hay fenómenos inexplicables dentro de la oración: los pronombres que remiten a otras oraciones (Juan llegó tarde. Nadie LO esperaba: la anáfora, tema 24), los conectores que enlazan párrafos (sin embargo, por tanto: temas 20-22 y 25), el artículo que distingue lo ya mencionado (un hombre... el hombre), los tiempos verbales que se correlacionan a través del relato (tema 19). Segunda: la gramaticalidad no garantiza la textualidad: «Mi tía toca el piano. El piano tiene teclas. Las teclas pueden ser de marfil...» encadena oraciones impecables sin construir texto (no progresa: tema 24). Tercera: la unidad comunicativa real es el texto completo: hablamos por géneros, no por oraciones (Bajtín, punto 5.1).
La disciplina tuvo, además, una precursora milenaria que conviene reivindicar en el examen: la retórica clásica fue una lingüística del texto avant la lettre: la inventio buscaba el contenido (macroestructura), la dispositio lo ordenaba (superestructura: exordio, narración, argumentación, peroración), la elocutio lo vestía (microestructura y registro), y el orador calculaba audiencia y ocasión (adecuación) antes que ninguna figura. Que la teoría del texto del siglo XX redescubriera con nombres nuevos el instrumental de Aristóteles y Quintiliano es una lección de humildad disciplinar que los tribunales agradecen. El precedente moderno inmediato fue el análisis distribucional del discurso de Z. Harris (1952), que dio nombre a la disciplina aunque con método puramente formal; el giro comunicativo lo dieron los años setenta.
La lingüística del texto nace en esa década (van Dijk, Texto y contexto; Beaugrande y Dressler, Introducción a la lingüística del texto; antes, Halliday y Hasan habían inventariado la cohesión del inglés en 1976; en España la introducen Bernárdez y Casado Velarde) como gramática de esa unidad superior, y pronto confluye con la pragmática (tema 6) y el análisis del discurso (punto 5.2) en una ciencia del lenguaje en uso. Conviene deslindar el trío terminológico que el enunciado del tema pone en juego: el enunciado es la unidad mínima de comunicación (tema 17: oracional o no); el texto es la unidad comunicativa completa, el producto verbal estructurado (oral o escrito: un refrán de siete palabras o el Quijote); el discurso es el texto contemplado como proceso y práctica social: texto más contexto, emisión más interpretación (Benveniste llamó discours a la lengua asumida por un hablante frente al récit impersonal: la enunciación, tema 20). La escuela usa los tres casi como sinónimos; el opositor debe poder distinguirlos y explicar por qué casi siempre da igual y a veces no.
3. El texto como unidad comunicativa
Definición operativa (sobre Bernárdez): el texto es la unidad lingüística comunicativa fundamental, producto de la actividad verbal humana, de carácter social, caracterizada por su cierre semántico y comunicativo y por su coherencia, formada a partir de la intención comunicativa del hablante y estructurada mediante reglas propias del nivel textual. Tres notas la resumen: el texto es comunicativo (existe para significar en una situación, no para ejemplificar gramática), pragmático (nace de una intención y se interpreta en un contexto) y estructurado (tiene organización interna en todos los niveles). Su tamaño es irrelevante: PROHIBIDO FUMAR es un texto completo (intención, contexto, cierre); tres tomos pueden serlo también. Lo que decide no es la extensión sino la clausura: el texto se percibe como un todo con principio y fin.
3.1. Las normas de textualidad
El inventario canónico de propiedades es el de Beaugrande y Dressler: siete normas de textualidad sin las cuales un artefacto verbal no funciona como texto. Dos son internas (centradas en el material verbal): la cohesión, la conexión superficial entre los componentes (los mecanismos gramaticales y léxicos del tema 25: repetición, anáfora, elipsis, conectores) y la coherencia, la conexión profunda de sentido (la continuidad y progresión del contenido: tema 24). Cinco son pragmáticas: la intencionalidad (el texto responde a un propósito del emisor: informar, convencer, obligar: temas 6 y 20), la aceptabilidad (el receptor debe poder reconocerlo como texto relevante: la cooperación de Grice, tema 6), la informatividad (el equilibrio entre lo previsible y lo nuevo: un texto todo conocido aburre, todo nuevo se vuelve ilegible: la progresión temática del tema 24 lo administra), la situacionalidad (la pertinencia respecto de la situación: el cartel PROHIBIDO FUMAR significa distinto en un hospital y en una gasolinera) y la intertextualidad (todo texto se interpreta sobre otros textos: el género que lo moldea, las citas y parodias que lo habitan: de la nota a pie al meme, tema 5). Las siete normas dan el guion perfecto del comentario: preguntarse por cada una ante cualquier texto real es un análisis completo sin casillas vacías.
3.2. Unidades y estructuras del texto
Entre el enunciado y el texto median unidades intermedias: el párrafo (unidad gráfica y de sentido de lo escrito: un subtema o un movimiento por párrafo; su didáctica es oro: el párrafo caótico se diagnostica con este tema) y la secuencia (Adam): bloques prototípicos (narrativo, descriptivo, argumentativo, explicativo, dialogal) que se combinan en textos reales heterogéneos: una novela narra, describe y dialoga; la secuencia dominante define la tipología (temas 26-30), pero casi ningún texto es puro.
La arquitectura global la describió van Dijk con tres estructuras. La microestructura: la trama local de proposiciones y sus relaciones (lo que los temas 24-25 detallan). La macroestructura: el contenido global, el tema del texto, que el lector construye aplicando macrorreglas: supresión (descartar lo accesorio), generalización (sustituir series por el concepto que las engloba) y construcción (integrar secuencias en un hecho global): hacer un resumen es ejecutar macrorreglas, y de golpe la actividad escolar más rutinaria (resume el texto) revela su fundamento cognitivo (tema 32: la comprensión ES construir la macroestructura). Y la superestructura: el esquema formal convencional del género, independiente del contenido: la noticia tiene pirámide invertida, el cuento tiene planteamiento-nudo-desenlace, la instancia tiene expone-solicita (temas 27-28): moldes que el lector experto reconoce y el aprendiz debe adquirir. La tríada es el instrumental de análisis textual más citado de la didáctica: resumen (macro), esquema del género (super), comentario de mecanismos (micro).
4. La adecuación al contexto
La adecuación es la propiedad pragmática por excelencia: el ajuste del texto a su situación comunicativa. Un texto puede ser coherente, cohesionado y correcto, y sin embargo inadecuado: el registrador que responde a un wasap de su hijo con «En contestación a su atenta consulta...» produce un texto impecable y ridículo. La adecuación se descompone en ajustes simultáneos. Al destinatario: conocimientos previos supuestos (no se explica igual la fotosíntesis a un niño que a un tribunal), relación social (tú/usted: tema 6; cortesía: tema 20), lengua y variedad compartidas (tema 10). A la intención (tema 6: informar, persuadir, obligar, agradar) y al género elegido para cumplirla (una condolencia no admite el molde del anuncio). A la situación: el registro (formal/informal, tema 10) según el modelo hallidayano de campo (tema tratado: cotidiano o especializado), tenor (relación entre interlocutores) y modo (canal oral/escrito/multimodal: tema 4). Y a las normas sociales: tabú y eufemismo (tema 13), lo decible en cada ámbito, la corrección política y sus debates (tema 10).
El contexto no es solo el decorado del texto: el texto se ancla en él mediante mecanismos gramaticales precisos que los temas anteriores han descrito y que aquí se integran: la deixis (yo-aquí-ahora: temas 6 y 19) cose el enunciado a su situación (un cartel de SE VENDE pegado a un balcón es interpretable; fotografiado y descontextualizado, no); las presuposiciones y el saber compartido (tema 20) calibran cuánto hay que decir y cuánto se da por sabido (el fallo de cálculo produce textos pesados o crípticos: la informatividad del punto 3.1); y los marcos de conocimiento (los guiones y esquemas de la psicología cognitiva: tema 32) completan lo no dicho (el lector de «pidió la cuenta y dejó propina» reconstruye el restaurante entero sin que nadie lo nombre). La adecuación incluye, pues, una aritmética invisible: decidir qué parte del sentido pone el texto y qué parte pone el contexto, y esa decisión cambia con cada destinatario: la divulgación científica es exactamente el arte de recalcular ese reparto (tema 5).
La adecuación es también el capítulo donde la variación lingüística (temas 7-10) se vuelve destreza: el hablante competente no es el que siempre habla formal, sino el que cambia de registro a voluntad (el repertorio verbal de la sociolingüística: tema 8); la inadecuación por exceso (el pedante) es tan real como por defecto (el coloquialismo en la instancia). Para el aula, esto tiene una consecuencia liberadora que conviene explicitar: ningún registro es malo en sí; cada uno tiene su territorio, y la escuela no viene a sustituir la lengua del alumno sino a ampliarle el armario. La evaluación de la adecuación se pregunta: ¿quién habla a quién, para qué, dónde, en qué género, y el texto lo respeta? Cinco preguntas que caben en una rúbrica de una línea y contienen toda la pragmática aplicada.
5. El discurso
Si el texto es el producto, el discurso es el proceso: la práctica social completa de producir e interpretar textos en contexto. La distinción (que la bibliografía usa con geometría variable: para unos autores discurso = texto + contexto; para otros, texto = registro escrito del discurso; para Benveniste, discurso = enunciación subjetiva frente a historia) importa menos que lo que añade: mirar el texto como acción social situada, con agentes, instituciones, poder e historia.
5.1. Los géneros discursivos
La noción central es la de género discursivo (Bajtín): los tipos relativamente estables de enunciados que cada esfera de la actividad humana elabora. No hablamos «en general»: hablamos en géneros (la consulta médica, el examen, la tertulia, el contrato, el chiste), y cada género fija temas posibles, estructura composicional (la superestructura de van Dijk) y estilo (el registro esperable). Bajtín distinguió géneros primarios (los de la comunicación inmediata: la conversación, la carta, la nota) y secundarios (los elaborados y mediados: la novela, el ensayo, el discurso científico), que absorben y transforman a los primarios (la novela engulle cartas, diálogos y noticias: la intertextualidad hecha arquitectura). La consecuencia didáctica es enorme y el currículo la asume: se enseña a leer y escribir géneros, no prosa abstracta; la progresión escolar es una progresión de géneros (de la nota al ensayo), y cada disciplina escolar es también un paquete de géneros que aprender (el problema de matemáticas, el comentario de mapa, el informe de laboratorio: la lengua como herramienta transversal, tema 1).
Los ámbitos discursivos ordenan el mapa que el currículo maneja: el ámbito personal (conversación, mensajería, diario), el social o público (medios: tema 5; administración: temas 27-28), el académico o educativo (exposición, examen, trabajo monográfico) y el literario (temas 33 y siguientes), con el profesional asomando en Bachillerato (currículum, carta de motivación, correo formal). Cada ámbito impone sus géneros, sus registros y sus rituales: la competencia comunicativa plena (tema 1) es la movilidad entre ámbitos.
La teoría de los géneros permite además leer con rigor la revolución digital (temas 4 y 5): los llamados nuevos géneros (el hilo, el post, el mensaje de voz, el videotutorial, el directo, el meme) son en su mayoría transformaciones bajtinianas de géneros viejos (el hilo desciende del artículo por entregas; el mensaje de voz, de la carta hablada; el meme, de la caricatura con leyenda), pero con propiedades genuinamente nuevas: hibridación de códigos (multimodalidad: tema 4), audiencia colapsada (el mismo texto llega a la abuela y al jefe: el context collapse que arruina el cálculo de adecuación y explica tantos incendios de redes), permanencia y buscabilidad (lo dicho queda y reaparece: la conversación escrita ya no es efímera) y participación (el texto se comenta, se remezcla, se responde: la intertextualidad acelerada). Para el aula, estos géneros no son el enemigo del ensayo sino su gimnasio contemporáneo: analizar por qué un wasap malinterpretado estalló (deixis rota, ironía sin entonación, audiencia mal calculada) es enseñar adecuación con el corpus que el alumnado lleva en el bolsillo.
5.2. El análisis del discurso
El análisis del discurso es la disciplina que estudia esas prácticas: del análisis conversacional (turnos, pares adyacentes: tema 6) y la etnografía de la comunicación (Hymes: tema 1) al análisis crítico del discurso (Fairclough, van Dijk, Wodak), que examina cómo el discurso construye y reproduce poder e ideología: qué se nombra y qué se silencia, quién aparece como agente y quién como paciente (la pasiva y la nominalización como anestesia de la responsabilidad: «se produjeron cargas» frente a «la policía cargó»: tema 15 aplicado a la ética), qué metáforas organizan el debate (la inmigración como «ola» o «avalancha»: tema 13), qué voces se citan y cuáles no (tema 17: el discurso referido como poder). Para Secundaria, el análisis crítico es la versión adulta de la educación mediática del tema 5: el alumnado que sabe preguntar a un texto quién habla, desde dónde, a quién beneficia y qué calla tiene un detector de manipulación que ningún verificador externo sustituye. El tema se cierra así donde empezó el temario: la lengua como práctica social (tema 1), ahora con instrumental de análisis completo.
6. Rendimiento: el comentario y la producción de textos
Este tema es el protocolo del comentario de texto. La caracterización inicial que las pruebas piden (tipo de texto, ámbito, género, registro, intención) es la aplicación directa de sus categorías, y conviene fijar el orden de preguntas: primero la situación (¿quién, a quién, dónde, cuándo, por qué medio?), luego la intención y el género (¿qué pretende y qué molde usa?), después las propiedades (¿es adecuado? ¿cómo progresa? ¿cómo se cohesiona?) y solo al final la microestructura (léxico, sintaxis, figuras). El error clásico del comentario adolescente (empezar contando el contenido, o cazar metáforas sin marco) se corrige con este protocolo: del contexto al texto, de lo global a lo local. Para la producción, el tema aporta la lista de control previa a la escritura (¿para quién escribo?, ¿en qué género?, ¿con qué registro?) que los modelos procesuales de composición (tema 32: planificar-textualizar-revisar) sitúan en la fase de planificación, y la rúbrica de las cuatro propiedades (adecuación, coherencia, cohesión, corrección) para la revisión: el ciclo completo de la escritura madura.
Y un espejo final que el opositor no debe desaprovechar: su propio examen es un género discursivo, con superestructura esperada (introducción que sitúe, desarrollo por epígrafes, conclusión que cierre), registro académico, destinatario experto (el tribunal, que lee decenas de ejercicios: la informatividad y la legibilidad cotizan) e intención evaluable (demostrar dominio y criterio, no acumular datos). Aplicar al ejercicio las categorías del tema (¿es adecuado al lector-tribunal?, ¿progresa con orden?, ¿respeta el molde del género «tema de oposición»?) es la forma más rentable de estudiarlo: la teoría del texto, autoaplicada.
7. Implicaciones didácticas
La primera implicación es de principio: trabajar con textos reales y completos, no con oraciones descontextualizadas ni fragmentos ad hoc: si el texto es la unidad comunicativa, es también la unidad didáctica natural, y la gramática se enseña mejor al servicio de textos que la necesitan (todo el ciclo 18-22 lo ha ido mostrando). Secuencias contrastadas: el taller de la inadecuación: reescribir el mismo contenido para destinatarios y géneros distintos (la fiesta contada al grupo de amigos, a la familia y en una instancia al ayuntamiento) y diagnosticar versiones inadecuadas ajenas (el wasap notarial, la instancia coloquial); el resumen con macrorreglas explícitas (subrayar lo suprimible, generalizar series, construir el hecho global: el resumen deja de ser intuición y se vuelve método evaluable); la silueta del género: reconocer superestructuras en blanco (¿qué texto tiene esta forma?) y rellenarlas (la noticia, la receta, la instancia); la caza de las siete normas sobre un texto real (¿dónde está la intertextualidad de este anuncio?); y el detector crítico: comparar cómo dos medios nombran el mismo hecho (agentes, pasivas, metáforas: punto 5.2) como iniciación al análisis crítico del discurso. La evaluación usa la rúbrica de propiedades para la producción y el protocolo de caracterización para la comprensión; la atención a la diversidad se beneficia del andamiaje por géneros (plantillas de superestructura, listas de control) y de la legitimación de todos los registros de partida (punto 4: ampliar el armario, no vaciarlo). El alumnado alófono, además, suele dominar géneros y rituales discursivos de su cultura que el aula puede comparar (cómo se saluda, se pide o se reclama por escrito en cada tradición): la adecuación es cultural antes que gramatical, y hacerla visible convierte la diversidad del grupo en corpus de primera mano y en ocasión de interculturalidad real, no decorativa.
8. Conclusiones
El tema 23 funda el bloque textual del temario: define el texto como unidad comunicativa (comunicativo, pragmático, estructurado; con sus siete normas de textualidad y sus tres estructuras de van Dijk), la adecuación como el ajuste pragmático al contexto (destinatario, intención, género, registro: la variación hecha destreza) y el discurso como la práctica social del texto (géneros discursivos de Bajtín, ámbitos, análisis crítico). Su rendimiento es doble y máximo: hacia la teoría, es el marco que ordena los temas 24 a 32 (coherencia, cohesión, tipologías, destrezas); hacia el aula, es el fundamento del enfoque comunicativo entero: enseñar lengua es enseñar a producir y comprender textos adecuados en los géneros que la vida social exige. Para el opositor, además, es un tema autorreferente: el examen que escribirá es un género discursivo con su superestructura, su registro y su tribunal como destinatario: pocas veces estudiar un tema es, a la vez, ensayar su aplicación.
9. Esquema
TEMA 23 · TEXTO, ADECUACIÓN, DISCURSO
│
├─ DE LA ORACIÓN AL TEXTO
│ ├─ Fenómenos supraoracionales: anáfora, conectores, artículo,
│ │ correlación de tiempos (T19, T24, T25)
│ ├─ Gramaticalidad ≠ textualidad (oraciones sueltas sin texto)
│ └─ Lingüística del texto (años 70): van Dijk, Beaugrande-Dressler,
│ Halliday-Hasan; en España: Bernárdez, Casado Velarde
│ └─ ENUNCIADO (unidad mínima) / TEXTO (producto completo) /
│ DISCURSO (proceso + contexto; Benveniste)
│
├─ EL TEXTO (Bernárdez: comunicativo, pragmático, estructurado;
│ tamaño irrelevante: clausura)
│ ├─ 7 NORMAS (Beaugrande-Dressler)
│ │ ├─ internas: COHESIÓN (T25) y COHERENCIA (T24)
│ │ └─ pragmáticas: INTENCIONALIDAD, ACEPTABILIDAD (Grice T6),
│ │ INFORMATIVIDAD (dado/nuevo), SITUACIONALIDAD,
│ │ INTERTEXTUALIDAD (género, cita, parodia, meme T5)
│ ├─ Unidades: enunciado → párrafo → SECUENCIA (Adam; dominante
│ │ → tipologías T26-30) → texto
│ └─ ESTRUCTURAS (van Dijk): MICRO (trama local) /
│ MACRO (tema global; macrorreglas: suprimir, generalizar,
│ construir = RESUMEN) / SUPER (esquema del género:
│ pirámide invertida, expone-solicita)
│
├─ ADECUACIÓN (propiedad pragmática)
│ ├─ Al destinatario (saberes, relación, tú/usted T6, cortesía T20)
│ ├─ A la intención y al género
│ ├─ A la situación: REGISTRO (campo/tenor/modo, Halliday T10)
│ ├─ A las normas sociales (tabú T13)
│ └─ Competencia = CAMBIAR de registro (repertorio T8); ningún
│ registro es malo en sí: ampliar el armario
│
├─ DISCURSO (texto como práctica social)
│ ├─ GÉNEROS DISCURSIVOS (Bajtín): tipos estables por esfera;
│ │ primarios (conversación) / secundarios (novela, ensayo);
│ │ se enseña a leer/escribir GÉNEROS
│ ├─ Ámbitos: personal, social/público (T5, T27-28), académico,
│ │ literario (T33+), profesional
│ └─ ANÁLISIS DEL DISCURSO: conversacional (T6), etnografía
│ (Hymes T1), CRÍTICO (Fairclough, van Dijk): agencia y
│ pasiva («se produjeron cargas»), metáforas (T13),
│ voces citadas (T17): detector de manipulación (T5)
│
├─ COMENTARIO: protocolo del contexto al texto (situación →
│ intención/género → propiedades → microestructura); producción:
│ planificación + rúbrica adecuación/coherencia/cohesión/corrección
│
└─ DIDÁCTICA: textos reales completos; taller de la inadecuación;
resumen con macrorreglas; silueta del género; caza de las 7
normas; detector crítico (dos medios, mismo hecho)
10. Bibliografía y webgrafía
- BEAUGRANDE, R. de y DRESSLER, W.: Introducción a la lingüística del texto. Ariel.
- VAN DIJK, T. A.: La ciencia del texto y Texto y contexto. Paidós / Cátedra.
- HALLIDAY, M. A. K. y HASAN, R.: Cohesion in English. Longman.
- BERNÁRDEZ, E.: Introducción a la lingüística del texto. Espasa-Calpe.
- CASADO VELARDE, M.: Introducción a la gramática del texto del español. Arco/Libros.
- ADAM, J.-M.: Les textes: types et prototypes. Nathan.
- BAJTÍN, M.: El problema de los géneros discursivos (en Estética de la creación verbal). Siglo XXI.
- CALSAMIGLIA, H. y TUSÓN, A.: Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso. Ariel.
- CASSANY, D.: Describir el escribir y (con LUNA, M. y SANZ, G.) Enseñar lengua. Paidós / Graó.
- FAIRCLOUGH, N.: Language and Power. Longman.
- VAN DIJK, T. A.: Ideología y discurso. Ariel.
- Real Decreto 217/2022 y Real Decreto 243/2022 (currículos de ESO y Bachillerato). BOE.
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