Tema 3 · Lengua Castellana y Literatura
Lenguaje y pensamiento
Epígrafe oficial: Lenguaje y pensamiento.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. El problema y sus respuestas clásicas
- 3. Determinismo y relativismo lingüístico
- 4. Perspectivas actuales
- 5. Implicaciones didácticas: hablar y escribir para aprender
- 6. Conclusiones
- 7. Esquema
- 8. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
¿Pensamos porque hablamos o hablamos porque pensamos? ¿Puede existir un pensamiento sin palabras? ¿Ven el mundo de manera distinta quienes hablan lenguas distintas? El tema de las relaciones entre lenguaje y pensamiento es uno de los más antiguos de la reflexión occidental —los griegos usaban una sola palabra, logos, para decir «palabra» y «razón»— y, a la vez, uno de los más vivos de la ciencia cognitiva contemporánea, que lo ha convertido en un campo de experimentación empírica de primera línea.
La cuestión no es un lujo especulativo para la clase de Lengua: es su fundamento profesional. Si el lenguaje fuera un mero ropaje exterior del pensamiento, enseñar lengua sería enseñar etiqueta; si, como sostienen Vygotski y buena parte de la psicología actual, el lenguaje es también instrumento del pensar —herramienta con la que planificamos, razonamos, recordamos y nos regulamos—, entonces enseñar lengua es, literalmente, enseñar a pensar. De esa segunda visión nacen las pedagogías del «hablar y escribir para aprender», la centralidad de la competencia en comunicación lingüística en todo el currículo y la vieja intuición escolar de que quien no domina las palabras tampoco acaba de dominar las ideas.
El desarrollo ordenará el problema en tres tiempos. Primero, las respuestas clásicas: identificación conductista, prioridad piagetiana del pensamiento, interdependencia vygotskiana. Después, el gran debate del siglo XX: el relativismo lingüístico de Sapir y Whorf, su descrédito, su sorprendente rehabilitación experimental parcial y la réplica universalista. Por último, las perspectivas actuales (cognición social, lenguaje interior, metáfora conceptual, lenguaje e ideología) y su traducción didáctica en el aula de Secundaria.
1. Relación con el currículo
En el marco de la LOE-LOMLOE (Ley Orgánica 2/2006, modificada por la Ley Orgánica 3/2020), del Real Decreto 217/2022 (ESO) y del Real Decreto 243/2022 (Bachillerato), el tema conecta con el currículo por varias vías:
- La competencia en comunicación lingüística se define en el Perfil de salida no solo como destreza comunicativa, sino como instrumento para «construir conocimiento» y «tomar conciencia del propio aprendizaje»: es la tesis vygotskiana hecha norma.
- Los saberes de Reflexión sobre la lengua promueven la conciencia metalingüística, que es pensamiento sobre el lenguaje: la forma más escolar del vínculo entre ambos.
- El bloque de Comunicación incluye la detección de usos discriminatorios y manipuladores del lenguaje: presupone que las palabras moldean representaciones mentales y sociales (epígrafe 4.4).
- En Bachillerato, la materia de Filosofía aborda el mismo problema desde su ángulo, lo que abre proyectos interdisciplinares (el mito de la caverna lingüística, la neolengua orwelliana en las lecturas).
El tema fundamenta además metodologías transversales: el trabajo oral estructurado (debate, exposición), la escritura epistémica (escribir para entender, no solo para comunicar) y la atención al lenguaje académico de todas las materias, clave del éxito escolar según la investigación sobre alfabetización académica. Contribuye a la CCL, a la competencia personal y de aprender a aprender (autorregulación verbal) y a la ciudadana (crítica del discurso manipulador).
2. El problema y sus respuestas clásicas
2.1. El planteamiento filosófico: del logos a Humboldt
La tradición occidental arranca con una ambigüedad fecunda: el griego lógos nombra a la vez el discurso y la razón. Platón definió el pensamiento como «diálogo interior del alma consigo misma» (Sofista), anticipando la noción moderna de lenguaje interior, y Aristóteles fijó la posición que dominaría durante siglos: las palabras son símbolos de las afecciones del alma, distintas en cada pueblo, mientras que los conceptos son comunes a todos los hombres: el lenguaje viste un pensamiento previo y universal. Esta subordinación instrumentalista la comparten los racionalistas modernos (la gramática general de Port-Royal, 1660: la gramática como espejo de la lógica universal) y pervive hoy en el universalismo chomskiano.
El vuelco llega con el romanticismo alemán. Herder (Ensayo sobre el origen del lenguaje, 1772) sostiene que razón y lenguaje nacen juntos: sin lenguaje no hay reflexión. Wilhelm von Humboldt da la formulación clásica: cada lengua no es un ergon (producto) sino una enérgeia (actividad) que encierra una «visión del mundo» (Weltansicht) propia; la lengua es «el órgano formativo del pensamiento», y sus diferencias no son de sonidos sino de perspectivas. De Humboldt descienden tanto la estilística idealista como, por vía americana, el relativismo de Sapir y Whorf. Quedan así dibujadas, desde el origen, las dos posiciones extremas que la psicología del siglo XX pondrá a prueba: el lenguaje como ropaje del pensamiento y el lenguaje como su molde.
2.2. La identificación: el conductismo
La primera psicología científica del lenguaje, el conductismo, disolvió el problema identificando los términos: para John B. Watson (1913), el pensamiento no es más que habla subvocal, lenguaje sin sonido: «pensamos con la laringe». La mente, inobservable, se reducía a conducta encubierta. La hipótesis tenía el mérito de ser comprobable y fue refutada con elegancia: en 1947, Smith y colaboradores se paralizaron farmacológicamente con curare (respiración asistida) y comprobaron que, con la musculatura del habla completamente inactiva, seguían pensando, comprendiendo y recordando. Pensar no es (solo) mover la laringe. La versión sofisticada del conductismo, la Verbal Behavior de Skinner (1957), que explicaba el lenguaje como conducta operante moldeada por refuerzos, cayó bajo la crítica de Chomsky (1959), que mostró su incapacidad para explicar la creatividad y la adquisición infantil. Con todo, el conductismo dejó una herencia aprovechable: la atención al habla privada como fenómeno real y medible, que Vygotski reinterpretaría genialmente.
2.3. La prioridad del pensamiento: Piaget
Jean Piaget representa la posición opuesta: el pensamiento precede al lenguaje y no depende de él. La inteligencia nace de la acción: en el estadio sensoriomotor (0-2 años) el niño construye esquemas prácticos sin palabra alguna; el lenguaje aparece al final de ese período como una manifestación más de la función simbólica o semiótica (junto al juego simbólico, la imitación diferida y el dibujo), y su desarrollo refleja el desarrollo cognitivo, no lo causa. Prueba piagetiana clásica: los progresos operatorios (conservación, seriación) no se aceleran entrenando el vocabulario correspondiente; primero se conquista la operación, luego se habla de ella. En este marco interpretó Piaget el habla egocéntrica del preescolar (ese hablar solo, en voz alta, mientras juega): sería un síntoma del egocentrismo intelectual infantil, incapacidad de adoptar el punto de vista ajeno, destinada simplemente a desaparecer con la socialización del pensamiento (hacia los 7 años).
2.4. La interdependencia: Vygotski y el lenguaje interior
La respuesta más influyente hoy es la del psicólogo soviético Lev S. Vygotski (Pensamiento y lenguaje, 1934). Su tesis genética: pensamiento y lenguaje tienen raíces distintas (hay inteligencia prelingüística en el bebé y en los antropoides, y «habla» preintelectual en el balbuceo), pero hacia los dos años sus curvas se cruzan y se produce el acontecimiento decisivo de la ontogenia humana: el pensamiento se hace verbal y el habla se hace intelectual. Desde entonces existe una formación nueva, el pensamiento verbal, cuya unidad de análisis es el significado de la palabra (que es a la vez habla y generalización, es decir, pensamiento).
Su reinterpretación del habla egocéntrica es hoy la aceptada: lejos de ser un residuo egocéntrico, es habla para uno mismo con función planificadora y autorreguladora (aumenta cuando la tarea se complica), y no desaparece: se interioriza, convirtiéndose en lenguaje interior, esa voz mental abreviada y predicativa con la que pensamos. La dirección del desarrollo es, pues, del exterior social al interior individual: primero la función aparece entre personas (interpsicológica), luego dentro del niño (intrapsicológica): es la ley de doble formación, y su corolario pedagógico, la zona de desarrollo próximo (ZDP): la distancia entre lo que el alumno hace solo y lo que hace con ayuda; la buena enseñanza es la que actúa en esa zona, y el lenguaje (del profesor, de los iguales) es el andamiaje (término de Bruner) con que se construye el pensamiento. Añádase su distinción entre conceptos espontáneos (cotidianos, aprendidos por uso) y científicos (escolares, aprendidos por definición y sistema), que se fecundan mutuamente: exactamente lo que hace la clase de Lengua cuando convierte el saber implícito del hablante en gramática reflexiva.
3. Determinismo y relativismo lingüístico
3.1. La hipótesis Sapir-Whorf
La herencia de Humboldt fructificó en la lingüística antropológica americana. Edward Sapir escribió que los mundos en que viven sociedades distintas son «mundos distintos, no el mismo mundo con etiquetas distintas»; su discípulo Benjamin Lee Whorf, ingeniero químico y lingüista aficionado genial, radicalizó la idea estudiando el hopi: cada lengua encierra una metafísica implícita; la gramática no expresa el pensamiento, sino que lo programa («diseccionamos la naturaleza según líneas trazadas por nuestras lenguas nativas»). Es el llamado principio de relatividad lingüística. Se distinguen canónicamente dos versiones: el determinismo fuerte (la lengua determina el pensamiento: lo que no puedo decir no lo puedo pensar) y el relativismo débil (la lengua influye en ciertos procesos cognitivos: percepción, memoria, atención). La versión fuerte está refutada: la traducción es posible, los conceptos nuevos se aprenden, los sordos prelocutivos piensan, y las afirmaciones de Whorf sobre el hopi («lengua sin tiempo») resultaron empíricamente falsas (Malotki, 1983). El debate científico real es sobre la versión débil.
3.2. La evidencia experimental: colores, espacio, número, género
El campo de pruebas clásico es el color, porque el espectro es un continuo físico que las lenguas trocean de forma dispar. Berlin y Kay (1969) hallaron, contra el relativismo, fuertes universales: los términos básicos de color siguen una jerarquía implicacional (si una lengua tiene tres, son negro, blanco y rojo…), y Eleanor Rosch mostró que los dani de Nueva Guinea, con solo dos términos, categorizaban los colores focales como los angloparlantes. Pero la investigación posterior matizó el cuadro: los hablantes de ruso, que distinguen léxicamente dos azules (goluboi/sinii), discriminan más rápido los tonos que cruzan esa frontera (Winawer et al., 2007), y el efecto desaparece bajo interferencia verbal: la lengua actúa como un resaltador en línea de la percepción, no como su molde absoluto.
Resultados análogos en otros dominios. Espacio: hablantes de lenguas con marcos de referencia absolutos (puntos cardinales en vez de izquierda/derecha, como el guugu yimithirr australiano o el tzeltal maya) mantienen una orientación geocéntrica constante y resuelven tareas espaciales de manera distinta (Levinson). Número: los adultos pirahã, cuya lengua carece de numerales exactos, fallan en tareas de cantidad exacta por encima de tres (Gordon, Frank): el léxico numérico parece ser una tecnología cognitiva que amplifica capacidades innatas aproximativas. Género gramatical: hablantes de español y alemán atribuyen cualidades distintas a los mismos objetos según su género en cada lengua (la llave: «dorada, pequeña» en español; «duro, pesado» en alemán, donde es masculino) (Boroditsky). Tiempo y aspecto: la codificación gramatical influye en cómo se atiende a los eventos; Slobin lo resumió en su neo-whorfianismo moderado: no «lenguaje y pensamiento» en abstracto, sino «pensar para hablar» (thinking for speaking): cada lengua entrena a sus hablantes a atender, mientras hablan, a las categorías que obligatoriamente codifica.
El dominio del tiempo merece mención aparte, porque las lenguas lo conceptualizan mediante metáforas espaciales distintas. Los hablantes de mandarín, que disponen (junto a las horizontales) de metáforas verticales para el tiempo (el mes «de arriba» es el pasado), muestran en algunos experimentos sesgos verticales al ordenar eventos; y los aymara de los Andes ofrecen el caso más citado: como lo conocido es lo visible, sitúan el pasado delante (a la vista) y el futuro detrás (a la espalda), y su gestualidad lo confirma: señalan hacia delante al hablar de los antepasados. Otro tanto ocurre con la evidencialidad: lenguas como el quechua o el turco obligan a marcar gramaticalmente la fuente de la información (visto, oído, inferido), lo que entrena una atención sistemática al origen de lo que se afirma: una «gramática del rigor informativo» que a cualquier profesor de comentario de texto le gustaría instalar en sus alumnos. Todos estos efectos, nótese bien, son sesgos y hábitos atencionales, no barreras: cualquier hablante puede aprender los conceptos de cualquier lengua; lo que cambia es qué distinciones vienen de serie y cuáles hay que activar con esfuerzo.
3.3. La réplica universalista: Chomsky, Fodor, Pinker
Frente al relativismo, el universalismo cognitivo sostiene que el pensamiento es previo e independiente de las lenguas históricas. Chomsky: bajo la diversidad superficial late una Gramática Universal; las lenguas son variaciones paramétricas de una misma facultad. Jerry Fodor dio la versión filosófica más nítida: pensamos en un lenguaje del pensamiento (mentalés), un código representacional innato y universal; las lenguas naturales solo lo traducen. Steven Pinker (El instinto del lenguaje, 1994) popularizó la crítica al whorfianismo: la «venerable tontería» del esquimal con incontables palabras para la nieve, la confusión entre lengua y pensamiento en los relatos periodísticos, y la evidencia de pensamiento sin lenguaje (bebés que computan cantidades, primates que razonan, pacientes afásicos con inteligencia preservada, pensamiento visual de científicos y artistas: el propio Einstein se describía pensando en imágenes). La posición sensata que hoy comparte la mayoría: ni determinismo ni indiferencia: existe pensamiento no lingüístico y universales cognitivos robustos, y a la vez la lengua materna sesga, habitúa y amplifica procesos cognitivos concretos, especialmente cuando hay que categorizar deprisa, memorizar o atender selectivamente.
4. Perspectivas actuales
4.1. Adquisición, cognición social y teoría de la mente
La psicolingüística evolutiva actual sitúa el vínculo lenguaje-pensamiento en la cognición social. Para Tomasello, el lenguaje no arranca de una gramática innata sino de dos conquistas cognitivas previas: la atención conjunta (bebé y adulto atendiendo juntos a un objeto, hacia los 9-12 meses) y la lectura de intenciones: comprender al otro como agente intencional. Sobre ese suelo, el niño construye el léxico y las construcciones gramaticales por uso y generalización. A su vez, el lenguaje devuelve el favor al pensamiento social: el dominio de las completivas («Juan cree que…») predice el éxito en tareas de teoría de la mente (falsa creencia): la sintaxis de la subordinación parece ser el vehículo con que representamos las mentes ajenas. Los estudios con sordos confirman el papel del acceso temprano a una lengua (oral o signada): los niños sordos con acceso tardío al lenguaje se retrasan específicamente en teoría de la mente, no por sordera sino por falta de conversación.
4.2. Lenguaje interior, funciones ejecutivas y cerebro
La línea vygotskiana ha florecido en la investigación sobre el lenguaje interior (inner speech): esa voz mental participa en la memoria de trabajo (el «bucle fonológico» de Baddeley), en la planificación, en el autocontrol (los niños que se hablan a sí mismos resuelven mejor tareas ejecutivas) y hasta en la lectura silenciosa. Su alteración se asocia a fenómenos clínicos (rumiación, alucinaciones auditivas entendidas como habla interior no reconocida). La neurolingüística añade el mapa: las afasias muestran una relativa disociación entre lenguaje y pensamiento (pacientes con afasia grave que conservan razonamiento no verbal, cálculo o música), lo que refuta la identificación simple; pero también muestran interacciones finas: la pérdida de categorías léxicas específicas altera la categorización correspondiente. En conjunto: el pensamiento no es lenguaje, pero el lenguaje es su órgano amplificador: convierte la cognición en objeto manipulable, comunicable y acumulable (la cultura como «trinquete» que no retrocede, en imagen de Tomasello).
Un eslabón imprescindible entre Vygotski y la neurociencia actual es su discípulo Alexander Luria, doble pionero. Como psicólogo histórico-cultural, dirigió en los años treinta las célebres expediciones a Uzbekistán: campesinos no escolarizados tendían a resolver los silogismos apelando a su experiencia práctica («no he estado allí: no puedo saberlo»), mientras que bastaban uno o dos años de alfabetización para que aceptaran razonar sobre premisas verbales abstractas; conclusión: ciertas formas «superiores» de razonamiento no son un don natural, sino un producto de la escolarización y de la escritura: el aula fabrica pensamiento, literalmente. Como fundador de la neuropsicología, describió cómo el lenguaje regula la conducta (el niño pequeño obedece la orden verbal antes de poder dársela a sí mismo) y cómo las lesiones frontales rompen precisamente esa función directiva del habla: el paciente comprende la instrucción pero no logra que gobierne su acción. Ambas líneas convergen en la misma tesis: entre el cerebro y el pensamiento maduro media la cultura, y el vehículo de esa mediación es el lenguaje.
4.3. La lingüística cognitiva: metáfora y categorización
Desde la lingüística, el puente más transitado hoy entre lengua y pensamiento es la metáfora conceptual (Lakoff y Johnson, 1980): sistemas metafóricos convencionales (EL TIEMPO ES DINERO: gastar, ahorrar, perder el tiempo; LA DISCUSIÓN ES UNA GUERRA) estructuran la manera cotidiana de razonar sobre dominios abstractos a partir de la experiencia corporal (embodiment). Experimentos de framing lo confirman: describir la delincuencia como «bestia» o como «virus» cambia las políticas que los sujetos proponen (Thibodeau y Boroditsky). Junto a la metáfora, la categorización por prototipos (Rosch) y los marcos (Fillmore; en el debate público, Lakoff: «no pienses en un elefante») muestran que elegir las palabras es elegir el mapa mental del interlocutor. Para la clase de Lengua, este epígrafe es oro didáctico: el comentario de metáforas de la prensa o de la publicidad es análisis del pensamiento social en directo.
4.4. Lenguaje, pensamiento y sociedad: la palabra como poder
Si las palabras orientan el pensamiento, controlar las palabras es una forma de poder. La literatura lo vio antes que la ciencia: la neolengua de Orwell en 1984 es el experimento mental del determinismo (reducir el diccionario para hacer impensable la disidencia), refutado en su versión fuerte pero verosímil en la débil: sin palabras, ciertas ideas no desaparecen, pero se vuelven más costosas de pensar y de compartir. De ahí el interés del análisis de los eufemismos y disfemismos (daños colaterales, flexibilización del mercado), del lenguaje de la publicidad y la propaganda, de los debates sobre lenguaje inclusivo (donde chocan la evidencia de los sesgos del masculino genérico en la interpretación y las consideraciones gramaticales sobre la economía del sistema: un debate excelente para el aula, tratable con datos y sin dogmas) y del análisis crítico del discurso (Van Dijk, Fairclough). También aquí se inscribe la reflexión de Walter Ong (Oralidad y escritura): la escritura no es mera transcripción, sino una tecnología que reestructura el pensamiento: hace posible la lista, la definición, el análisis lineal, la ciencia; una razón más para que enseñar a escribir sea enseñar a pensar.
5. Implicaciones didácticas: hablar y escribir para aprender
Del recorrido teórico se siguen consecuencias operativas para el aula de Secundaria:
- Hablar para pensar: si el pensamiento se construye primero entre personas (Vygotski), el aula debe ser una comunidad de diálogo estructurado: debates con roles, tertulias dialógicas, pensamiento en voz alta del profesor como modelado; la interacción no es el ruido de la clase, es su motor.
- Escribir para aprender (writing to learn): la escritura epistémica —resúmenes, explicaciones, diarios de aprendizaje— obliga a reorganizar el conocimiento (el modelo de transformar el conocimiento frente a decir el conocimiento, de Bereiter y Scardamalia) y mejora la comprensión en todas las materias.
- Lenguaje académico: el éxito escolar depende del dominio del registro académico (nominalizaciones, conectores lógicos, precisión léxica); hacerlo explícito es una política de equidad, pues es el registro que menos se aprende en casa (Bernstein y la discusión sobre códigos, leída hoy sin determinismo de clase).
- Conciencia metalingüística y vocabulario: enseñar palabras es enseñar conceptos (Vygotski: conceptos científicos); un programa serio de vocabulario (familias, matices, etimología) es un programa de desarrollo intelectual.
- Autorregulación verbal: enseñar a los alumnos a usar el habla privada y las autoinstrucciones en tareas complejas (planificar un comentario, revisar un texto), especialmente valioso con alumnado con TDAH.
- Crítica del discurso: talleres de metáforas del framing, eufemismos y desinformación como educación del pensamiento (alfabetización mediática de la LOMLOE).
Una última derivada, especialmente pertinente en aulas cada vez más diversas: el bilingüismo. La investigación contemporánea ha desmentido el viejo prejuicio de que dos lenguas «estorban» al pensamiento: los bilingües gestionan de continuo la activación de dos sistemas, y ese entrenamiento se ha asociado a ventajas en control atencional y flexibilidad cognitiva (Bialystok), aunque el tamaño del efecto se discute hoy con sano escepticismo. Lo que nadie discute son las ventajas metalingüísticas: quien vive entre dos lenguas descubre antes la arbitrariedad del signo, compara estructuras y desarrolla conciencia sobre el propio hablar; ni las culturales. Para el profesor de Lengua Castellana en comunidades bilingües o con alumnado alófono, la conclusión operativa es tratar las otras lenguas del aula como capital cognitivo (comparación interlingüística, traducción pedagógica, translanguaging controlado) y no como interferencia: exactamente lo que la LOMLOE consagra con la competencia plurilingüe.
6. Conclusiones
El estado de la cuestión puede resumirse en tres tesis. Primera: pensamiento y lenguaje no son lo mismo: hay cognición sin palabras (bebés, animales, afásicos, imágenes mentales) y el conductismo que los identificaba está refutado. Segunda: tampoco son independientes: desde que sus líneas se cruzan en la infancia (Vygotski), el lenguaje se convierte en el gran instrumento del pensamiento —lenguaje interior, memoria verbal, conceptos científicos, teoría de la mente— y cada lengua concreta sesga y entrena hábitos cognitivos reales, como muestra la mejor investigación neo-whorfiana sobre el color, el espacio, el número o el género gramatical. Tercera: la relación es bidireccional y está socialmente mediada: el pensamiento se construye en la conversación antes de habitar la cabeza, y quien administra las palabras públicas (medios, publicidad, poder) administra en parte los pensamientos disponibles; de ahí que la educación lingüística sea también educación cívica.
Para el profesor de Lengua Castellana y Literatura, la moraleja es un programa de trabajo: su materia no es una asignatura más, sino la infraestructura cognitiva de todas las demás. Cada palabra nueva, cada estructura dominada, cada texto comprendido o escrito con rigor amplía literalmente lo que sus alumnos pueden pensar. Pocas ideas justifican mejor la dignidad de la especialidad ante un tribunal, y ante un aula.
7. Esquema
LENGUAJE Y PENSAMIENTO
│
├─ 1. PLANTEAMIENTO CLÁSICO
│ ├─ Grecia: LOGOS = palabra y razón · Platón: pensar = diálogo interior
│ ├─ Aristóteles/Port-Royal: lenguaje ROPAJE de un pensamiento universal
│ └─ Herder/HUMBOLDT: lengua = enérgeia, «visión del mundo»,
│ «órgano formativo del pensamiento» → lenguaje como MOLDE
│
├─ 2. RESPUESTAS PSICOLÓGICAS
│ ├─ IDENTIFICACIÓN (conductismo): Watson, pensamiento = habla subvocal
│ │ Refutación: experimento del curare (1947) · Chomsky vs Skinner (1959)
│ ├─ PRIORIDAD DEL PENSAMIENTO (Piaget): inteligencia nace de la ACCIÓN;
│ │ lenguaje = parte de la función simbólica; habla egocéntrica = síntoma
│ └─ INTERDEPENDENCIA (VYGOTSKI, 1934): raíces distintas → se cruzan (~2 años)
│ → PENSAMIENTO VERBAL · habla egocéntrica = planificadora →
│ se interioriza en LENGUAJE INTERIOR · ley de doble formación
│ (inter → intrapsicológico) · ZDP y andamiaje (Bruner) ·
│ conceptos espontáneos vs científicos
│
├─ 3. RELATIVISMO LINGÜÍSTICO
│ ├─ Sapir-Whorf: metafísica implícita de cada lengua (hopi)
│ │ FUERTE (determinismo): refutada (traducción, Malotki, sordos)
│ │ DÉBIL (influencia): objeto del debate actual
│ ├─ EVIDENCIA: color (Berlin-Kay y Rosch = universales; PERO ruso
│ │ goluboi/sinii = discriminación más rápida) · espacio (Levinson,
│ │ marcos absolutos) · número (pirahã: numerales = tecnología
│ │ cognitiva) · género gramatical (Boroditsky) · tiempo (mandarín
│ │ vertical; aymara: pasado DELANTE) · evidencialidad (quechua) ·
│ │ Slobin: «pensar para hablar» → sesgos y hábitos, no barreras
│ └─ UNIVERSALISMO: Chomsky (GU) · Fodor (mentalés) · Pinker (instinto;
│ pensamiento sin lenguaje: bebés, afásicos, imágenes)
│ → SÍNTESIS: ni determinismo ni indiferencia; la lengua SESGA y AMPLIFICA
│
├─ 4. PERSPECTIVAS ACTUALES
│ ├─ Cognición social (Tomasello): atención conjunta, intenciones;
│ │ completivas → teoría de la mente (falsa creencia; sordos tardíos)
│ ├─ Lenguaje interior: bucle fonológico, funciones ejecutivas, autocontrol
│ │ Afasias: disociación relativa lenguaje/pensamiento
│ │ LURIA: Uzbekistán (alfabetización → silogismo) · función
│ │ directiva del habla (lesiones frontales)
│ ├─ Cognitivismo: METÁFORA CONCEPTUAL (Lakoff-Johnson), embodiment,
│ │ framing (bestia/virus), prototipos, marcos
│ └─ Lenguaje y PODER: neolengua (Orwell), eufemismos, lenguaje inclusivo
│ (debate con datos), ACD (Van Dijk) · Ong: la ESCRITURA reestructura
│ el pensamiento
│
└─ 5. DIDÁCTICA: hablar para pensar (diálogo estructurado) · escribir para
aprender (Bereiter-Scardamalia) · lenguaje académico = equidad ·
vocabulario = conceptos · autorregulación verbal · crítica del discurso ·
bilingüismo = capital cognitivo (ventaja metalingüística; plurilingüe)
8. Bibliografía y webgrafía
- Boroditsky, L., «How language shapes thought», Scientific American (2011).
- Bruner, J., Acción, pensamiento y lenguaje, Alianza, Madrid.
- Deutscher, G., El prisma del lenguaje, Ariel, Barcelona.
- Fodor, J., El lenguaje del pensamiento, Alianza, Madrid.
- Lakoff, G. y Johnson, M., Metáforas de la vida cotidiana, Cátedra, Madrid.
- Luria, A. R., Conciencia y lenguaje, Visor, Madrid.
- Ong, W., Oralidad y escritura, FCE, México.
- Piaget, J., Seis estudios de psicología, Labor, Barcelona.
- Pinker, S., El instinto del lenguaje, Alianza, Madrid.
- Tomasello, M., Los orígenes culturales de la cognición humana, Amorrortu, Buenos Aires.
- Vygotski, L. S., Pensamiento y lenguaje, Paidós, Barcelona.
- Whorf, B. L., Lenguaje, pensamiento y realidad, Barral, Barcelona.
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