Tema 55 · Lengua Castellana y Literatura
La literatura española en el siglo XVIII
Epígrafe oficial: La literatura española en el siglo XVIII.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción: el siglo de la reforma y el buen gusto
- 1. Relación con el currículo
- 2. El marco: la Ilustración española y sus instituciones
- 3. La estética neoclásica: Luzán y las reglas del buen gusto
- 4. El ensayo y la prosa de ideas: Feijoo, Cadalso, Jovellanos
- 5. La poesía: rococó, fábula y sensibilidad
- 6. El teatro: de los autos prohibidos a «El sí de las niñas»
- 7. Balance y proyección: el XVIII como raíz del XIX
- 8. Aplicación didáctica
- 9. Conclusión
- Esquema
- Bibliografía
0. Introducción: el siglo de la reforma y el buen gusto
Si el Barroco (temas 51 a 53) quiso admirar —deslumbrar con la dificultad, la agudeza y el exceso—, el siglo XVIII quiere corregir. Es el siglo en que la literatura española se pone al servicio de la reforma: escribir deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en un instrumento de mejora colectiva. La divisa del siglo es una vieja fórmula de Horacio que ahora se toma al pie de la letra: enseñar deleitando. La belleza se subordina a la utilidad, la imaginación a la razón, el genio individual a las reglas y al buen gusto.
Conviene deshacer de entrada el tópico más pesado que arrastra el tema. Durante mucho tiempo se enseñó que el XVIII español fue un siglo estéril, afrancesado y de paréntesis, un valle entre las cumbres del Siglo de Oro y del Romanticismo. Esa imagen no es un dato: es una construcción del siglo XIX, de raíz romántica y nacionalista, que la crítica moderna ha desmontado por completo —en el plano histórico, Jean Sarrailh (1954) y Richard Herr (1958); en el literario, Russell P. Sebold, Nigel Glendinning, José Miguel Caso González y Francisco Aguilar Piñal, cuya Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII (diez volúmenes) demuestra, con las cifras en la mano, que el siglo produjo muchísimo—. Y «afrancesado» es impreciso: los ilustrados fueron con frecuencia patriotas (Forner, Cadalso), recuperaron la tradición áurea y medieval, y su neoclasicismo tuvo raíz tanto italiana y clásica como francesa.
Para ordenar un siglo tan variado, la crítica (Joaquín Arce, Caso González) distingue cuatro corrientes que —esto es lo importante— no se suceden como etapas estancas, sino que conviven y se solapan: la pervivencia barroca o posbarroco (hasta mediados de siglo: Torres Villarroel); el rococó (poesía ligera y anacreóntica); el neoclasicismo propiamente dicho (el centro doctrinal del siglo); y una sensibilidad prerromántica que germina en su último tercio. El hilo de este tema es precisamente esa paradoja final: la misma razón reformadora que combatió los excesos del Barroco, cuando se vuelca sobre el sentimiento, acaba engendrando su contrario. El siglo XVIII enseña a España a pensar en prosa y termina enseñándole a sentir.
1. Relación con el currículo
Conviene decirlo con precisión, porque es un rasgo del tema: la literatura del siglo XVIII no tiene anclaje nominal en el currículo de Lengua Castellana y Literatura de la LOMLOE. Verificado en el texto del BOE (RD 217/2022, de ESO, y RD 243/2022, de Bachillerato), los nombres de Feijoo, Cadalso, Jovellanos y Moratín no aparecen ni una sola vez en todo el articulado de ambos decretos; tampoco «fábula». La palabra «Ilustración» sale seis veces en Bachillerato, pero ninguna en Lengua Castellana: dos son «ilustración» en el sentido de dibujo (Dibujo Artístico) y las demás remiten a la Ilustración filosófica (la griega, Hobbes, la Escuela de Fráncfort), es decir, a Filosofía e Historia de la Filosofía. «Neoclasicismo» aparece dos veces, las dos en Historia del Arte.
El anclaje, por tanto, no es un autor, sino un enfoque y un tipo de texto. Son tres las puertas:
- El itinerario histórico de los clásicos. Bachillerato manda la «lectura de clásicos de la literatura española desde la Edad Media hasta el Romanticismo, inscritos en itinerarios temáticos o de género». El siglo XVIII cae de lleno dentro de ese arco: es el tramo inmediatamente anterior al Romanticismo, la bisagra que este tema explica.
- El ensayo como tipo de texto. El currículo de Bachillerato pide leer y producir «ensayo académico» y «ensayo literario». El siglo XVIII es, precisamente, el siglo que funda el ensayo moderno en España (Feijoo, Cadalso, Jovellanos): el tema ofrece los modelos históricos de un tipo de texto que el alumnado debe aprender a escribir.
- El enfoque intertextual y el patrimonio literario, que autorizan a leer estas obras poniéndolas en diálogo con las de otras épocas (la fábula esópica, la sátira, el teatro de reglas del tema 54).
El tema, así, se enseña menos como una lista de autores que como el nacimiento del espíritu crítico y de la prosa de ideas, que es una competencia central del currículo.
2. El marco: la Ilustración española y sus instituciones
2.1. El reformismo borbónico
El siglo se abre con un cambio de dinastía. Tras la Guerra de Sucesión (concluida en la Paz de Utrecht, 1713) reina el primer Borbón, Felipe V (1700-1746), que impone con los Decretos de Nueva Planta un Estado centralizado. Le siguen Fernando VI (1746-1759) y, sobre todo, Carlos III (1759-1788), antes rey de Nápoles y emblema del despotismo ilustrado: la reforma se hace «desde arriba», por decreto real, sin revolución burguesa (la divisa proverbial «todo para el pueblo, pero sin el pueblo» resume bien el modelo). Cierra el siglo Carlos IV (1788-1808), cuyo reinado, ensombrecido por la Revolución francesa, frena el impulso reformista.
Carlos III gobierna con ministros ilustrados —Esquilache, cuyo Motín (marzo de 1766) precipita su caída, y luego Aranda, Campomanes y Floridablanca—. De su reinado son la expulsión de los jesuitas (Pragmática de 1767) y el fomento de las Sociedades Económicas de Amigos del País, motor de la reforma agraria y educativa: la primera fue la Real Sociedad Bascongada (1765, nacida de la tertulia de los «Caballeritos de Azcoitia»); la Matritense es de 1775. La renovación, además, no fue un simple préstamo francés tardío: ya a fines del XVII los «novatores» (Juan de Cabriada, con su Carta filosófica médico-química de 1687) reclamaban la ciencia moderna, antes del predominio francés.
2.2. Las academias y las instituciones de la lengua
El afán de fijar y ordenar cristaliza en instituciones que todavía nos rigen. La más importante para nuestra materia es la Real Academia Española, fundada en 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena —las primeras juntas se celebran en su casa y el libro de actas arranca el 3 de agosto de 1713—, sobre el modelo de la Académie française (1635). Su emblema, un crisol al fuego, lleva el lema «Limpia, fija y da esplendor».
🔎 Matiz que premia el tribunal. La Academia se funda en 1713; lo de 1714 es la real cédula de Felipe V (3 de octubre) que le da carácter oficial. Conviene distinguir fundación (1713) de aprobación real (1714): dar «1714» como fecha de fundación es el error más común.
La RAE emprende de inmediato su gran obra lexicográfica: el Diccionario de Autoridades, en seis tomos publicados entre 1726 y 1739, así llamado porque documenta cada voz con autoridades literarias. Siguen la Orthographía (1741) y la Gramática (1771).
🔎 Matiz. El Diccionario de Autoridades no es el primer diccionario del español: el primer diccionario monolingüe es el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias (1611). Autoridades es el primero de la Academia y el primero que documenta con citas; y son seis tomos, no cinco, hasta 1739.
Se crean también la Real Biblioteca Pública (proyecto de 1711, abierta al público el 1 de marzo de 1712, con un privilegio de entrega de ejemplares que anticipa el depósito legal) y la Real Academia de la Historia (erigida por Real Decreto de 1738 a partir de una tertulia). 🔎 Cuidado: la Biblioteca no se llama «Biblioteca Nacional» hasta 1836, cuando deja de ser de la Corona y pasa al Estado; atribuir a Felipe V la fundación de la «Biblioteca Nacional» con ese nombre es un anacronismo.
2.3. Las polémicas y la prensa: dos Ilustraciones
El siglo discute apasionadamente sobre sí mismo, y la gran discusión es la polémica de la ciencia española. Su fase aguda la desata, en 1782, el francés Nicolas Masson de Morvilliers en el artículo «Espagne» con una pregunta hiriente: «¿Qué se debe a España? Y desde hace dos siglos, desde hace cuatro, desde hace diez, ¿qué ha hecho por Europa?». Las respuestas fueron varias: Cavanilles (1784), el abate Denina en la Academia de Berlín (1786) y, sobre todo, Juan Pablo Forner, con su Oración apologética por la España y su mérito literario (1786), ligada a un premio de la RAE.
🔎 Dos matices de oro. (1) El artículo de Masson no está en la famosa Encyclopédie de Diderot y d'Alembert, sino en la Encyclopédie méthodique de Panckoucke (tomo de la Géographie moderne), obra distinta y posterior. (2) La polémica no fue solo España contra el extranjero: la Oración de Forner dividió a los propios ilustrados. Los reformistas más críticos (Cañuelo en El Censor, Centeno en El Apologista Universal) la juzgaron una apología complaciente y retrógrada. Hay, pues, dos Ilustraciones dentro de España: la que defiende el pasado nacional y la que quiere reformarlo sin contemplaciones.
El vehículo de todo esto es una prensa naciente y combativa, hija del Spectator inglés de Addison y Steele: el Diario de los Literatos de España (1737-1742), primer periódico crítico, que reseñó la Poética de Luzán; El Pensador de Clavijo y Fajardo (desde 1762), cuya campaña contribuyó a la prohibición de los autos; El Censor (1781-1787), el más audaz y reformista; y el Correo de Madrid (o «de los Ciegos»), donde se publicarían, ya póstumas, las Cartas marruecas y las Noches lúgubres de Cadalso.
3. La estética neoclásica: Luzán y las reglas del buen gusto
La doctrina literaria del siglo se llama neoclasicismo. Conviene precisar el concepto, porque es la clave teórica del tema: es una estética normativa fundada en la imitación de la naturaleza según la razón y el buen gusto, tomando como modelos a los clásicos grecolatinos (y a los clásicos franceses del XVII). Sus principios son el decoro, la verosimilitud, la separación de géneros, las tres unidades en el teatro, la claridad, el orden y la mesura, y una finalidad didáctico-moral. Se opone punto por punto al Barroco: frente a la mezcla de géneros de la comedia nueva de Lope (tema 52), la exuberancia culterana y la inverosimilitud, propone regularidad, naturalidad, contención y utilidad.
🔎 Matiz. No conviene usar «neoclasicismo» e «Ilustración» como sinónimos: la Ilustración es un movimiento intelectual (razón, crítica, utilidad, reforma); el neoclasicismo, una estética. Se solapan, pero no coinciden: no todo ilustrado es neoclásico estricto, y en el siglo conviven además el posbarroco y el rococó.
3.1. Ignacio de Luzán y «La Poética» (1737)
El texto que codifica esa doctrina en España es La Poética, o reglas de la poesía en general y de sus principales especies, de Ignacio de Luzán (Zaragoza, 1702 - Madrid, 1754). Un dato biográfico decide el sentido del tratado: Luzán se educó en Italia y perteneció a academias arcádicas italianas, de modo que su clasicismo tiene raíz italiana, no francesa.
La obra tiene dos ediciones muy distintas, y confundirlas es un error de bulto: la primera es de 1737 (Zaragoza), aún ecléctica y con elogios al Siglo de Oro; la segunda, de 1789, es póstuma (a cargo de un editor) y endurece el rigor neoclásico, recorta esos elogios y llega a reproducir íntegro el Arte nuevo de Lope para refutarlo. El «Luzán dogmático» de los manuales es, en parte, obra del editor póstumo.
Estructurada en cuatro libros (esencia de la poesía; utilidad y deleite; poesía dramática; poesía épica), La Poética defiende que la poesía es imitación de la naturaleza conforme a la razón, con el fin horaciano de utilidad y deleite —aut prodesse volunt aut delectare poetae, «los poetas quieren ser útiles o deleitar»—, y que su ideal es unir ambas cosas: omne tulit punctum qui miscuit utile dulci, «se lleva el aplauso quien mezcla lo útil con lo dulce». En el teatro exige las tres unidades —de acción, tiempo y lugar— y el decoro.
🔎 Dos matices que caen en el examen. (1) Verdad frente a verosimilitud: para Luzán, en la escena manda lo verosímil (lo probable, lo creíble), no la verdad histórica; el distractor típico invierte la jerarquía. (2) Las tres unidades son acción, tiempo y lugar (no «tema, lugar y personaje»), y afectan solo a la poesía dramática.
🔎 Matiz de fondo (Menéndez Pelayo, Sebold). Es falso el tópico de que «Luzán es el Boileau español» o que La Poética deriva de Boileau. El recuento de sus fuentes demuestra el predominio de las autoridades italianas —sobre todo Muratori y su Della perfetta poesia italiana (1706)— y grecolatinas (Aristóteles, Horacio) sobre las francesas, que van en tercer lugar. Boileau (tema 54) influye, pero como fuente secundaria.
3.2. El «buen gusto» y el triunfo tardío de las reglas
El concepto estético capital del siglo es el buen gusto: la facultad de conocer y juzgar rectamente la belleza, guiada por la razón y las reglas pero apoyada en una aptitud natural. Tiene, de nuevo, genealogía italiana (Muratori, Riflessioni sopra il buon gusto, 1708) y un precedente español en Gracián (tema 51). Y admite un matiz revelador: el propio Feijoo introdujo el «no sé qué» (en el Teatro crítico, 1734), una belleza que escapa a las reglas —reconocimiento, dentro del racionalismo, de que el gusto tiene algo de inefable—.
Importa subrayar que el triunfo de las reglas fue tardío en la práctica: la doctrina se fija en 1737, pero el neoclasicismo no se impone en la escena hasta el último tercio del siglo, con la militancia de Nicolás Fernández de Moratín y la culminación de El sí de las niñas (1806); la edición de Luzán que de verdad circula es la póstuma de 1789. Entre la teoría y la práctica median dos generaciones.
4. El ensayo y la prosa de ideas: Feijoo, Cadalso, Jovellanos
Si hay un género que el XVIII hace suyo, ese es el ensayo y la prosa de ideas: el cauce natural de un siglo que quiere pensar, criticar y reformar. Tres nombres lo jalonan.
4.1. Feijoo: la batalla contra el «error común»
Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), monje benedictino y catedrático de Oviedo, es el gran divulgador del primer XVIII. Su obra son dos vastas colecciones: el Teatro crítico universal —cuyo subtítulo lo dice todo: «Discursos varios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes»—, en ocho tomos (1726-1739) más un Suplemento (1740), y las Cartas eruditas y curiosas, en cinco tomos (1742-1760). Su método es combatir el «error común» y la superstición con la experiencia y la razón frente al principio de autoridad (el magister dixit), divulgando la ciencia moderna (Bacon, Newton). Su discurso «Defensa de las mujeres» (1726) reivindica la igualdad intelectual y moral de la mujer —no su superioridad—, y es hoy uno de los textos más citados del siglo.
🔎 Matiz. Feijoo no es exactamente «el Montaigne español»: no escribe el ensayo introspectivo del francés («yo mismo soy la materia de mi libro»), sino «discursos» y «cartas» de prosa objetiva, didáctica y divulgativa. Su materia es el error que refuta, no su propio yo: es ensayo en sentido amplio. Y su escepticismo es metódico y ortodoxo (benedictino en la fe, crítico solo en la filosofía natural): combate supersticiones, no la religión.
4.2. Cadalso: el ensayo, la sátira y la melancolía
José Cadalso (Cádiz, 1741 - Gibraltar, 1782), militar de carrera, reúne en su obra las tres caras del siglo. La ensayística: las Cartas marruecas, noventa cartas construidas sobre un perspectivismo de raíz montesquiana (las Cartas persas, 1721): el joven marroquí Gazel observa España, su maestro Ben-Beley comenta desde Marruecos y el español desengañado Nuño —alter ego de Cadalso— tercia. El tema es la decadencia de España juzgada con crítica patriótica: su ideal es el «hombre de bien», y critica por igual el falso pundonor casticista y el afrancesamiento del petimetre. La sátira: Los eruditos a la violeta (1772), burla de la erudición superficial. Y la melancolía prerromántica: las Noches lúgubres, diálogo entre Tediato y el sepulturero Lorenzo, sobre el modelo de las Night Thoughts de Young.
🔎 Dos matices. (1) Composición frente a publicación: las Cartas marruecas se escriben hacia 1773-1774, pero se publican póstumas —Cadalso murió en 1782—, por entregas en el Correo de Madrid en 1789 y en libro en 1793; fecharlas en 1789 como si fueran de escritura es un error. (2) Cadalso no defiende el casticismo: critica simétricamente los dos extremos. Su muerte, además, tiene fecha y circunstancia que conviene precisar: el 27 de febrero de 1782, en el Gran Sitio de Gibraltar, por el impacto de un casco de granada, apenas quince días después de ascender a coronel.
4.3. Jovellanos: la prosa reformista
Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744 - Puerto de Vega, 1811), magistrado y ministro, es el gran prosista de la reforma ilustrada. Su obra son informes, memorias y elogios al servicio de la reforma: el Informe sobre la Ley Agraria (1795), redactado para la Sociedad Económica Matritense, propone —con el liberalismo económico de Adam Smith— remover los «estorbos» al progreso agrario (mayorazgos, manos muertas, privilegios de la Mesta); la Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos (terminada en 1790), sobre el teatro; y el Elogio de Carlos III (1788). Cultivó también el teatro sentimental —El delincuente honrado— y la poesía (las sátiras «A Arnesto»). Su destino encarna el fracaso final de la Ilustración: ministro de Gracia y Justicia, fue después encarcelado en el castillo de Bellver (1801-1808).
🔎 Matiz. En el título de la Memoria, la palabra «policía» significa buen orden, regulación administrativa (el police dieciochesco), no un cuerpo de seguridad. Y el Informe es un dictamen, no una ley aprobada.
5. La poesía: rococó, fábula y sensibilidad
5.1. Meléndez Valdés y las escuelas poéticas
La cumbre lírica del siglo es Juan Meléndez Valdés (1754-1817), de nombre arcádico «Batilo», que ganó un premio de la RAE con una égloga en 1780. Su trayectoria resume las corrientes del siglo en tres fases: la anacreóntica y rococó (poesía ligera, sensual y mitológica, de cupidos, rosas y palomas), luego la poesía filosófica y social ilustrada, y al fin la sensibilidad prerromántica. En torno a él se organiza la segunda escuela salmantina (Fray Diego González «Delio», Iglesias de la Casa; catalizada por Cadalso «Dalmiro»), de tono íntimo y horaciano; frente a ella, la segunda escuela sevillana (Arjona, Lista, Reinoso, Blanco White), más retórica y clasicista, con Herrera (tema 47) por modelo.
🔎 Matiz. La anacreóntica no es el neoclasicismo didáctico-moral de Iriarte o Jovellanos, sino poesía de puro deleite; y Meléndez no es «solo» un poeta rococó: evoluciona desde ahí hasta rozar lo prerromántico. Encasillarlo como mero anacreóntico es un tópico.
5.2. La fábula: Samaniego e Iriarte
El género que mejor encarna el ideal de enseñar deleitando es la fábula, y el siglo tiene dos fabulistas mayores y rivales. Félix María de Samaniego (1745-1801), ilustrado vasco y socio fundador de la Bascongada, publicó sus Fábulas en verso castellano —la primera entrega en 1781— escritas para los alumnos del Seminario de Vergara, con fuentes en Esopo, Fedro y La Fontaine. Tomás de Iriarte (1750-1791) respondió con sus Fábulas literarias (1782), setenta y seis fábulas de deliberada variedad métrica cuyo asunto es la literatura misma: emancipó la fábula de la moral general para hacerla arma de crítica literaria.
🔎 La trampa clásica del tema. Suele decirse que «Samaniego copió a Iriarte»: es falso. Samaniego publicó antes (1781) que Iriarte (1782). El equívoco nace de que Iriarte se llamó a sí mismo autor de las «fábulas enteramente originales»: pero eso se refiere a la originalidad del asunto (fábulas inventadas y sobre literatura), no a la prioridad cronológica, que es de Samaniego. Y «original» no equivale a «mejor»: la crítica valora a Samaniego por su naturalidad y su gracia narrativa. La rivalidad fue triple, además: Iriarte había quedado segundo tras «Batilo» en el certamen de 1780 y atacó a Meléndez, y Forner lo satirizó en El asno erudito (1782).
Sus moralejas se han hecho proverbiales: «Aunque se vista de seda, / la mona mona se queda» (Iriarte, «La mona»); «No anheles impaciente el bien futuro; / mira que ni el presente está seguro» (Samaniego, «La lechera»).
5.3. La sensibilidad prerromántica
En el último tercio del siglo aflora una poesía de la sensibilidad: melancolía, poesía sepulcral y nocturna, ruinas, lo sublime. Su figura mayor es Nicasio Álvarez de Cienfuegos (1764-1809), discípulo de Meléndez en Salamanca, de sentimiento exaltado y léxico innovador, que murió en el exilio, deportado por los franceses por su oposición patriótica.
⭐ El debate crítico (matiz de nota). El término «prerromanticismo» está en litigio, y saberlo es lo que distingue a un opositor. Russell P. Sebold lo impugnó: el Romanticismo no se «prepara» desde fuera, sino que germina dentro del propio siglo XVIII (continuidad orgánica); habla de un «primer romanticismo español» (hacia 1770-1800) y llega a llamar a Cadalso «el primer romántico europeo de España». Sebold sitúa el «fastidio universal» —el nombre español del dolor romántico— en la elegía de Meléndez «A Jovino: el melancólico» (1794). Caso González va más lejos y pide suprimir el rótulo por ambiguo. El tribunal premia exponer la polémica, no dar «prerromanticismo» por un dato neutro.
🔎 Cuidado con un emparejamiento. «A Jovino, el melancólico» es de Meléndez Valdés, dirigida a Jovellanos (cuyo nombre arcádico era Jovino), no de Jovellanos.
6. El teatro: de los autos prohibidos a «El sí de las niñas»
6.1. La polémica y la prohibición de los autos (1765)
El teatro fue el campo de batalla de la reforma, porque era el espectáculo popular por excelencia. La crítica ilustrada denunció el teatro barroco tardío (comedias de magia, de santos, autos) como inverosímil e ineducativo. El episodio simbólico es la prohibición de la representación de los autos sacramentales, por Real Cédula de Carlos III de 1765, culminación de una campaña previa (Luzán; los Discursos de Montiano; Clavijo en El Pensador; los Desengaños al teatro español de Nicolás Fernández de Moratín, 1762-63).
🔎 Dos matices. (1) Se prohíbe representarlos, no leerlos ni imprimirlos: Calderón (tema 53) sigue siendo la cumbre literaria del género. (2) La cédula de 1765 precede a la presidencia del conde de Aranda en el Consejo de Castilla (1766), de modo que atribuirle a Aranda la prohibición es impreciso.
6.2. La tragedia neoclásica: «Raquel» y su paradoja
La tragedia fue el género más ambicionado y el menos logrado. Su obra más celebrada es Raquel, de Vicente García de la Huerta (1734-1787), estrenada en Madrid en 1778, sobre la judía de Toledo y Alfonso VIII. Encierra la paradoja más instructiva del siglo: es neoclásica en la forma (respeta las tres unidades, el decoro, la acción única, y está en romance endecasílabo, un metro de raíz nacional) pero nacional y casticista en el asunto y en el espíritu, y fue un éxito clamoroso de público. Huerta fue, de hecho, un neoclásico heterodoxo y antifrancés que compiló el Theatro Hespañol (1785-86) en defensa del teatro áureo, desatando la polémica con los reformistas.
6.3. Leandro Fernández de Moratín y la comedia
Donde el neoclasicismo teatral triunfa de verdad es en la comedia, y su maestro es Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), «Inarco Celenio», hijo del anterior Nicolás. Su modelo de comedia lo define él mismo con una fórmula que es todo un credo neoclásico: «La comedia es la imitación en diálogo […] de un suceso acaecido en un lugar y en pocas horas entre personas particulares, por medio del cual […] resultan puestos en ridículo los vicios y errores comunes en la sociedad, y recomendadas por consiguiente la verdad y la virtud». Utilidad moral, verosimilitud e imitación de la «verdad»: esa es su poética.
Sus dos obras capitales son La comedia nueva o el café (estrenada en 1792, en prosa), sátira del mal teatro popular a través del desdichado dramaturgo don Eleuterio, y El sí de las niñas, su obra maestra: compuesta en 1801 y estrenada el 24 de enero de 1806 (Teatro de la Cruz), también en prosa, con veintiséis representaciones seguidas de éxito. Doña Francisca («Paquita», de dieciséis años), a quien su madre codiciosa, doña Irene, quiere casar con el maduro don Diego (de cincuenta y nueve), ama en realidad a don Carlos, que resulta ser sobrino de don Diego; y don Diego, en un gesto de razón y bondad, renuncia y consiente la boda de los jóvenes. La obra critica el matrimonio concertado y la educación mendaz de la mujer, como declara don Diego: «Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación».
🔎 Tres matices que se examinan. (1) No confundir a los dos Moratines: los Desengaños (1762-63) son de Nicolás, el padre; La comedia nueva y El sí son de Leandro, el hijo. (2) El sí de las niñas se estrenó en 1806, nunca antes, y no debe confundirse con El viejo y la niña (1790), obra anterior del propio Moratín sobre el mismo tema. (3) Respeta escrupulosamente las tres unidades (enlace con el tema 54): una sola acción (un matrimonio), un solo tiempo (una noche, unas diez horas) y un solo lugar (una sala de una posada en Alcalá de Henares).
6.4. El sainete: Ramón de la Cruz
Frente al teatro reformado y afrancesado, el gusto popular encontró su cauce en el sainete. Ramón de la Cruz (1731-1794) escribió más de cuatrocientos, piezas breves y vivísimas de costumbres madrileñas (majos, majas, petimetres) que renuevan el entremés áureo y cultivan el majismo castizo. 🔎 Importa el matiz: Ramón de la Cruz no es un neoclásico, sino justamente la reacción castiza y popular, criticada por los neoclásicos (entre ellos Moratín padre) por «halagar el gusto del vulgo». Y a su lado hay que situar la comedia sentimental o lacrimosa, el «tercer género» entre comedia y tragedia (raíces francesas en La Chaussée y Diderot), cuyo ejemplo español canónico es El delincuente honrado de Jovellanos.
7. Balance y proyección: el XVIII como raíz del XIX
El balance del siglo desmiente el tópico de la esterilidad. El XVIII español legó el instrumento del pensamiento moderno: fundó el ensayo y la prosa de ideas, creó las instituciones de la lengua (la Academia, el diccionario, la gramática), profesionalizó la figura del escritor y puso en circulación el espíritu crítico —la desconfianza ante el «error común», la primacía de la experiencia, la exigencia de utilidad social—.
Y su proyección es doble y aparentemente contradictoria. Por un lado, el ideario ilustrado (la razón, la reforma, la educación, la crítica) desemboca en el liberalismo del XIX y en las Cortes de Cádiz. Por otro —y esta es la gran conclusión del tema—, la propia sensibilidad dieciochesca engendra el Romanticismo: la tesis de Sebold sostiene que no hay un «prerromanticismo» que prepare desde fuera, sino un primer romanticismo que crece dentro del siglo (Cadalso, Cienfuegos, el Meléndez tardío). El XIX, así, no reniega del XVIII: lo continúa por sus dos caras. La razón ilustrada se hace política liberal; la melancolía ilustrada se hace poesía romántica.
8. Aplicación didáctica
Como el siglo carece de anclaje nominal en el currículo (apartado 1), su tratamiento didáctico se apoya en lo que el decreto sí manda: el ensayo como tipo de texto, el itinerario de clásicos y el enfoque intertextual.
- El ensayo, del modelo histórico a la producción propia. Es el gancho más firme: leer un fragmento breve de Feijoo (el «desengaño de un error común») o una Carta marrueca de Cadalso sirve de modelo para que el alumnado escriba su propio ensayo argumentativo (enlaza con el tema 30) sobre un «error común» de nuestro tiempo (un bulo, una superstición viral). Se enseña el espíritu crítico ilustrado practicándolo: alfabetización mediática y pensamiento crítico.
- La fábula como texto competencial. La fábula (Samaniego, Iriarte) es un texto breve, narrativo y con moraleja, ideal para trabajar la lectura inferencial (extraer la enseñanza), la métrica sencilla y la reescritura creativa (inventar una fábula sobre un valor actual). Su brevedad la hace muy inclusiva.
- Un itinerario intertextual: «razón contra sentimiento». El siglo se presta a un itinerario que atraviesa el tema: enfrentar un texto de la razón (una fábula de Iriarte, una escena de El sí de las niñas) a uno de la sensibilidad (una Noche lúgubre de Cadalso), para que el alumnado descubra que los dos conviven en el mismo siglo, e incluso en el mismo autor. Es la mejor manera de comprender, sin memorizarla, la paradoja que ordena el tema.
- El teatro, dramatizado. El sí de las niñas admite lectura dramatizada de una escena (la renuncia de don Diego), que ancla su tema —la libertad de la mujer para decidir— en un debate perfectamente vigente.
La evaluación será competencial: no medir la memorización de fechas, sino la capacidad de producir un ensayo, interpretar una fábula y reconocer las dos almas del siglo. La perspectiva de género (la «Defensa de las mujeres» de Feijoo, la crítica de la educación femenina en Moratín) atraviesa el tema con naturalidad.
9. Conclusión
La literatura española del siglo XVIII es la de un país que decide pensarse a sí mismo. Bajo el signo del buen gusto y la utilidad, subordinó la belleza a la reforma y creó los instrumentos —el ensayo, el espíritu crítico, las instituciones de la lengua— con que la modernidad iba a trabajar. Ni fue un siglo estéril ni un mero paréntesis afrancesado: fue el siglo que enseñó a España a discutir en prosa. Y su mayor grandeza es su paradoja: la misma razón que combatió los excesos del Barroco, al inclinarse sobre la melancolía de Cadalso y de Cienfuegos, encendió sin saberlo la mecha del Romanticismo. Por eso este tema no cierra una época: abre la siguiente (temas 57 y siguientes), y explica, mejor que ningún otro, cómo se pasa de admirar a corregir, y de corregir a sentir.
Esquema
LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII
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├─ 0. IDEA EJE: el siglo de la REFORMA y el BUEN GUSTO
│ · Barroco = admirar → XVIII = corregir ("enseñar deleitando")
│ · belleza < utilidad · imaginación < razón · genio < reglas
│ ⭐ paradoja: la razón, volcada en el SENTIMIENTO, engendra el Romanticismo
│ · tres corrientes SIMULTÁNEAS: posbarroco · rococó · neoclasicismo · sensibilidad
│ ⚠ tópico "estéril/afrancesado/paréntesis" = invento del XIX (Sarrailh, Herr, Sebold)
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├─ 1. CURRÍCULO (verificado en el BOE)
│ · Feijoo/Cadalso/Jovellanos/Moratín/"fábula" = 0 en LCL y en TODO el decreto
│ · anclajes: clásicos "hasta el Romanticismo" · el ENSAYO como tipo de texto · intertexto
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├─ 2. MARCO: la Ilustración y sus instituciones
│ · Borbones: Felipe V → Fernando VI → CARLOS III (despotismo ilustrado) → Carlos IV
│ · Sociedades Económicas (Bascongada 1765 · Matritense 1775) · jesuitas 1767
│ · RAE 1713 (⚠ cédula real 1714) · Dicc. de Autoridades 6 t. 1726-1739
│ │ (⚠ 1.er dicc. monolingüe = Covarrubias 1611)
│ · Real Biblioteca 1712 (⚠ "Nacional" solo desde 1836) · RAH 1738
│ · POLÉMICA de la ciencia española: Masson 1782 (⚠ Encyclopédie MÉTHODIQUE, no Diderot)
│ │ → Forner, Oración apologética 1786 → ⭐ DOS Ilustraciones (El Censor la ataca)
│ · prensa: Diario de los Literatos · El Pensador · El Censor · Correo de Madrid
│
├─ 3. NEOCLASICISMO: Luzán, La Poética (1737; ⚠ 2.ª ed. PÓSTUMA 1789, más dura)
│ · mímesis + razón + buen gusto + verosimilitud + 3 unidades + utilidad/deleite (Horacio)
│ ⚠ verdad < VEROSIMILITUD · 3 unidades = acción/tiempo/lugar, solo en el teatro
│ ⚠ NO "el Boileau español": fuentes ITALIANAS (Muratori) y clásicas > francesas
│ · buen gusto (Muratori; Gracián) + el "no sé qué" de Feijoo · triunfo TARDÍO (1806)
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├─ 4. ENSAYO (género rey)
│ · FEIJOO (benedictino): Teatro crítico 8 t. 1726-1739 + Cartas eruditas 5 t. 1742-1760
│ │ · contra el "error común" · "Defensa de las mujeres" 1726 (igualdad)
│ │ ⚠ no es el Montaigne introspectivo: escribe "discursos"
│ · CADALSO (†sitio Gibraltar, 27-feb-1782): Cartas marruecas (perspectivismo Gazel/
│ │ Ben-Beley/Nuño, ⚠ escritas ~1774, PÓSTUMAS 1789) · Eruditos a la violeta 1772 ·
│ │ Noches lúgubres (Tediato) ⚠ critica casticismo Y afrancesamiento
│ · JOVELLANOS: Informe Ley Agraria 1795 (Adam Smith) · Memoria espectáculos 1790
│ │ (⚠ "policía"=buen orden) · El delincuente honrado · preso en Bellver 1801-08
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├─ 5. POESÍA
│ · Meléndez Valdés "Batilo": anacreóntica/rococó → filosófica → sensible
│ · escuelas: salmantina (Delio, Batilo; Cadalso) · sevillana (Lista, Blanco White)
│ · FÁBULA: ⚠ Samaniego ANTES (1781) que Iriarte (1782); Iriarte "originales"=asunto
│ │ Samaniego (Vergara, esópica) · Iriarte (Fábulas literarias, sobre la literatura)
│ · sensibilidad: Cienfuegos · ⭐ Sebold: "primer romanticismo" (no "prerromanticismo")
│ ⚠ "A Jovino, el melancólico" es de MELÉNDEZ, no de Jovellanos
│
├─ 6. TEATRO
│ · autos: prohibida la REPRESENTACIÓN 1765 (⚠ no la lectura; ⚠ antes de Aranda)
│ · tragedia: RAQUEL, Huerta 1778 → PARADOJA (forma neoclásica / asunto casticista)
│ · comedia: LEANDRO Moratín (hijo) ⚠≠Nicolás (padre, Desengaños 1762-63)
│ │ · La comedia nueva 1792 (prosa) · EL SÍ DE LAS NIÑAS estreno 1806 (prosa)
│ │ · 3 unidades (posada de Alcalá, una noche) · matrimonio desigual / educación
│ · sainete: RAMÓN DE LA CRUZ (⚠ NO neoclásico: reacción castiza) · comedia lacrimosa
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├─ 7. PROYECCIÓN: el XVIII, raíz doble del XIX
│ · razón ilustrada → liberalismo (Cádiz) · melancolía → Romanticismo (Sebold)
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└─ 8. DIDÁCTICA: el ensayo (modelo→producción) · la fábula · itinerario "razón vs sentimiento"
· perspectiva de género (Feijoo, Moratín) · evaluación competencial
Bibliografía
- Aguilar Piñal, Francisco. Introducción al siglo XVIII y Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII.
- Arce, Joaquín. La poesía del siglo ilustrado.
- Caso González, José Miguel (coord.). Ilustración y Neoclasicismo (vol. 4 de la Historia y crítica de la literatura española, dir. F. Rico).
- Glendinning, Nigel. Historia de la literatura española. El siglo XVIII y Vida y obra de Cadalso.
- Sebold, Russell P. El rapto de la mente. Poética y poesía dieciochescas, Cadalso: el primer romántico europeo de España y Trayectoria del romanticismo español.
- Andioc, René. Teatro y sociedad en el Madrid del siglo XVIII.
- Álvarez Barrientos, Joaquín. Los hombres de letras en la España del siglo XVIII.
- Sarrailh, Jean. La España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII; Herr, Richard. España y la revolución del siglo XVIII.
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