Tema 57 · Lengua Castellana y Literatura
El movimiento romántico y sus repercusiones en España
Epígrafe oficial: El movimiento romántico y sus repercusiones en España.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción: la revolución del yo
- 1. Relación con el currículo
- 2. El concepto y el movimiento romántico europeo
- 3. Las repercusiones en España: llegada y polémica
- 4. La poesía romántica: Espronceda
- 5. El teatro romántico: el género estrella
- 6. La prosa romántica: novela histórica, costumbrismo y Larra
- 7. Balance y proyección
- 8. Aplicación didáctica
- 9. Conclusión
- Esquema
- Bibliografía
0. Introducción: la revolución del yo
Si el siglo XVIII sometió el genio a las reglas (temas 55 y 56), el Romanticismo rompe las reglas para liberar al genio. Es la primera gran revolución de la modernidad literaria: la proclamación del yo, de la libertad y del sentimiento contra la razón, el buen gusto y el universalismo neoclásicos. Todo cambia de signo: donde el Neoclasicismo ponía la norma, el Romanticismo pone la originalidad; donde la mesura, la pasión; donde el modelo antiguo y común, el genio nacional y la Edad Media redescubierta.
El enunciado del tema pide algo preciso: no solo el Romanticismo español, sino el movimiento europeo y sus repercusiones en España. Por eso el tema se ordena en dos tiempos: primero, el movimiento como fenómeno internacional —nacido en Alemania e Inglaterra, triunfante en Francia—; después, su llegada tardía a una España que, entre el absolutismo y el exilio, no lo recibe en plenitud hasta la década de 1834-1844. Y llega con una fórmula que Victor Hugo hizo célebre y que resume su doble cara, estética y política: «el romanticismo no es más que el liberalismo en literatura». En España esa ecuación se cumple al pie de la letra, porque el Romanticismo entra de la mano de los liberales desterrados que vuelven al morir Fernando VII.
Como recorrido, el tema abarca tres planos que conviene tener presentes desde el principio: el concepto (qué es el Romanticismo y en qué se opone al Neoclasicismo), el movimiento europeo (Alemania, Inglaterra, Francia) y la repercusión española (la llegada, la polémica, y las obras en verso, teatro y prosa). Y a lo largo de todo él vale una advertencia crítica: el Romanticismo español no es un bloque homogéneo ni una simple copia de lo europeo, sino un fenómeno con dos almas y con raíces propias, cuya interpretación —importación tardía o tradición autóctona— sigue debatiéndose. Explicarlo es, también, tomar partido con matices en ese debate.
1. Relación con el currículo
Este tema ocupa un lugar singular en el currículo LOMLOE de Lengua Castellana y Literatura, y conviene subrayarlo porque es una idea de fondo. Verificado verbatim en el BOE (RD 243/2022, Bachillerato), el saber básico de Lengua Castellana y Literatura I (1.º de Bachillerato) fija como lectura la de «clásicos de la literatura española desde la Edad Media hasta el Romanticismo, inscritos en itinerarios temáticos o de género». El Romanticismo es, por tanto, el límite superior explícito del gran arco de lecturas históricas que el decreto ordena: de la Edad Media (tema 42) al Romanticismo (este tema) se extiende el itinerario nombrado, y a partir del Realismo (tema 58) el currículo de segundo lo cubre ya como «del siglo XIX a la actualidad».
🔎 Un matiz de precisión que evita el error: la palabra «Romanticismo» aparece cuatro veces en todo el RD 243/2022, pero tres son de materias artísticas (Dibujo Artístico y Fundamentos Artísticos: «del Neoclasicismo… el Romanticismo y el origen de la modernidad»). Dentro de Lengua Castellana y Literatura es la única mención, y es la que marca ese límite. Los autores (Espronceda, Zorrilla, Larra, Bécquer) no se nombran: el anclaje es el itinerario y el enfoque intertextual.
Didácticamente, esto convierte el tema en la bisagra del currículo literario: cierra el recorrido de los clásicos y abre la modernidad. Y ofrece, como se verá, uno de los materiales más agradecidos del aula: el Don Juan Tenorio, teatro vivo que aún se representa cada año.
2. El concepto y el movimiento romántico europeo
2.1. Qué es el Romanticismo
El Romanticismo es un movimiento total —estético, ideológico y vital— que se opone punto por punto al Neoclasicismo. Sus rasgos nucleares, compartidos por toda la crítica, son: el subjetivismo e individualismo (el yo como centro y medida); la primacía del sentimiento y la imaginación sobre la razón; el ansia de libertad —artística, política y moral—; la rebeldía y la exaltación de los héroes marginales; la naturaleza como proyección del alma (el paisaje tempestuoso o nocturno como estado de ánimo); el nacionalismo y el historicismo, con el redescubrimiento de la Edad Media y de lo popular; la evasión en el tiempo y el espacio; lo sublime; el binomio amor-muerte; y la angustia vital o «mal del siglo». La palabra misma procede de romance (los romans o relatos caballerescos medievales): «romántico» significó primero «propio de los libros de caballerías», fabuloso y novelesco.
En el fondo de todos esos rasgos late un mismo cambio de cosmovisión. El hombre neoclásico confiaba en una razón universal y en unas reglas válidas para todos; el hombre romántico descubre que la verdad de cada uno es única, histórica y sentida, y que ninguna norma puede sustituir a la experiencia personal. De ahí que el Romanticismo sea, a la vez, una estética (la libertad de formas), una ideología (el liberalismo, el nacionalismo) y una actitud vital (la del yo insatisfecho que choca con el mundo). El artista deja de ser un artesano que imita modelos para convertirse en un genio que crea desde su interior, y el «yo» —antes velado por el decoro— pasa a ocupar el centro de la obra. Esa es la revolución de fondo: no un cambio de gusto, sino un cambio en el modo de entender al ser humano.
2.2. La cuna alemana
Alemania es la cuna del movimiento. Su fase prerromántica es el Sturm und Drang («Tempestad e ímpetu», hacia 1770-1785), con el Goethe y el Schiller jóvenes: de esos años es Las desventuras del joven Werther de Goethe (1774), arquetipo del héroe sentimental y del suicidio por amor. El Romanticismo pleno cristaliza hacia 1798 en el «círculo de Jena», en torno a la revista Athenäum y a los hermanos Schlegel; sobre el sustrato del idealismo (Fichte, Schelling), Friedrich Schlegel define la poesía romántica como una «poesía universal progresiva» que aspira a fundir géneros, poesía y filosofía. De ese círculo es Novalis, con sus Himnos a la noche y la «flor azul», símbolo del anhelo (Sehnsucht).
El Werther de Goethe conviene retenerlo, porque fue el primer gran fenómeno europeo de identificación con un héroe literario: la historia del joven que se quita la vida por un amor imposible provocó una oleada de sentimentalismo —y, según la leyenda, de suicidios imitativos— por toda Europa, y fijó de una vez el modelo del héroe romántico incomprendido y desdichado. Alemania aportó, así, no solo la teoría (la antítesis clásico/romántico, la poesía como fusión total), sino también los arquetipos sentimentales que encarnarían después el Byron inglés y el Espronceda español.
🔎 Matiz. El Werther (1774) y el Sturm und Drang son prerrománticos, no Romanticismo pleno: este arranca hacia 1798 con Jena. Y fue A. W. Schlegel quien sistematizó la antítesis clásico/romántico (lecciones de Viena, 1808), que Madame de Staël difundiría por Europa.
2.3. Inglaterra
En Inglaterra, la primera generación son los «poetas de los lagos» (Lake Poets): Wordsworth, Coleridge y Southey. Su obra fundacional son las Baladas líricas (Lyrical Ballads, 1798), de Wordsworth y Coleridge, que se abre con La balada del viejo marinero. La segunda generación es la de los grandes rebeldes: Lord Byron (1788-1824), creador del «héroe byroniano» —orgulloso, solitario, marcado por una culpa—, muerto en Grecia luchando por su independencia; Shelley y Keats. Y en la novela, Walter Scott (1771-1832) crea el género de la novela histórica, de enorme influencia en toda Europa.
El héroe byroniano merece detenerse, porque marcará a toda la literatura romántica europea, y a la española: es el individuo excepcional y orgulloso, misterioso y solitario, arrastrado por un pasado culpable y en rebeldía contra las normas sociales y aun divinas. Byron encarnó ese tipo también en su vida —el viajero apasionado, el escándalo, la muerte en Grecia por su independencia—, y de él descienden en línea directa el pirata y el estudiante de Espronceda. La novela histórica de Scott, por su parte, no fue un pasatiempo: al reconstruir con detalle un pasado nacional, respondía al historicismo romántico —la idea de que cada pueblo tiene un espíritu propio que se manifiesta en su historia— y alimentó en España tanto la novela como el teatro y el romance de asunto medieval.
🔎 Dos trampas. (1) El famoso «Prefacio»-manifiesto de las Lyrical Ballads no está en la edición de 1798 (que solo llevaba un breve «Advertencia»): lo añadió Wordsworth en la 2.ª edición (1800). (2) La primera novela histórica de Scott es Waverley (1814), no Ivanhoe (1819), que es la más famosa pero posterior.
2.4. Francia
En Francia, el Romanticismo llega algo después pero con enorme fuerza. Lo preparan Chateaubriand (Atala, 1801; René, 1802, que encarna el «mal del siglo») y Madame de Staël, que introduce el Romanticismo alemán con De l'Allemagne (una obra que Napoleón mandó secuestrar y destruir, y que solo se publicó en Londres en 1813). La lírica la inaugura Lamartine (Meditaciones poéticas, 1820). Y su gran caudillo es Victor Hugo: su Prefacio de Cromwell (1827) es el manifiesto del drama romántico —la estética de la mezcla de lo grotesco y lo sublime, y el rechazo de las unidades de tiempo y lugar—, y el estreno de Hernani (1830) desató la célebre «batalla de Hernani» entre románticos y clásicos, que consagró el triunfo del movimiento.
Francia aporta además el nombre de la enfermedad del siglo. El «mal du siècle» —la melancolía, el hastío, la desazón vital de una juventud que se siente sobrar en un mundo sin ideales— queda prefigurado en el René de Chateaubriand y lo bautiza Alfred de Musset en La confesión de un hijo del siglo (1836). Es un sentimiento que recorrerá toda la literatura romántica europea, y que en España tomará el rostro trágico del suicidio de Larra. La importancia de Francia para el caso español es doble: muchos emigrados liberales pasaron su destierro en París, y de allí trajeron, junto a la ideología, la fórmula misma del drama romántico que triunfaría en Madrid.
🔎 Precisiones de nota. (1) La frase «el romanticismo… no es más que el liberalismo en literatura» es del prefacio de Hernani (1830), no del de Cromwell. (2) El Prefacio de Cromwell no abole las tres unidades: rechaza las de tiempo y lugar, pero conserva la de acción como la única razonable.
3. Las repercusiones en España: llegada y polémica
3.1. Un Romanticismo tardío y breve
El Romanticismo llega a España tarde y dura poco: su plenitud se concentra en la década de 1834-1844, de La conjuración de Venecia al Don Juan Tenorio. La causa del retraso es política: el absolutismo de Fernando VII (1814-1833), con su censura y la persecución de los liberales, cerró el país al aire nuevo de Europa. Todo cambia cuando Fernando VII muere (29 de septiembre de 1833) y, con la amnistía, regresan del exilio los liberales.
La introducción del movimiento puede seguirse en tres etapas. La primera es teórica y de signo conservador: la querella calderoniana de Cádiz (1814-1820). La segunda es la difusión moderada a través de la prensa: la revista El Europeo (Barcelona, 1823-1824), donde Aribau y López Soler, con unos exiliados italianos, divulgan la teoría romántica. Y la tercera es la práctica y de signo liberal: el regreso de los emigrados y los estrenos de 1834-1835, que consagran el movimiento en la escena. Entre la primera idea y el triunfo median, pues, veinte años: el Romanticismo español no nace de golpe en 1833, sino que se incuba durante dos décadas.
3.2. La querella calderoniana
Las ideas románticas, sin embargo, habían entrado antes, y por una puerta inesperada. Hacia 1814-1820 estalla en Cádiz la «querella calderoniana»: el comerciante alemán Johann Nikolas Böhl de Faber —católico y tradicionalista— defiende, adaptando las ideas de A. W. Schlegel, el teatro nacional de Calderón y del Siglo de Oro (sus Vindicaciones de Calderón son de 1820). Frente a él, los liberales José Joaquín de Mora y Alcalá Galiano defienden la preceptiva neoclásica.
🔎 La gran paradoja que premia el tribunal. En la querella, los papeles están invertidos respecto al tópico: es el conservador (Böhl) quien defiende el Romanticismo (histórico, cristiano, monárquico), y son los liberales quienes defienden el Neoclasicismo. La ecuación «Romanticismo = liberalismo» es posterior (años 30). Por eso se habla de un «primer Romanticismo reaccionario» (Guillermo Carnero). Otra trampa asociada: Böhl de Faber fue el padre —no el esposo— de Cecilia Böhl, «Fernán Caballero»; su esposa fue Frasquita Larrea.
3.3. Los emigrados y las dos almas
El Romanticismo que triunfa en 1834 lo traen los emigrados liberales que vuelven de Londres y París (Vicente Llorens lo estudió en Liberales y románticos). De ahí que el movimiento español tenga dos almas: la tradicional, histórica y cristiano-conservadora (Böhl, y luego Zorrilla, con su recreación del pasado nacional y religioso), y la liberal, revolucionaria y exaltada (Espronceda, Larra), la del individualismo y la rebeldía. Es un esquema clásico y útil, aunque la crítica lo matiza.
Esas dos almas no son solo dos estéticas: son dos maneras de entender España, y en ellas se adivina ya la fractura que atravesará el siglo. El Romanticismo tradicional mira al pasado nacional y católico —el Siglo de Oro, la Edad Media cristiana, las leyendas— como fuente de identidad; el liberal mira al futuro —la libertad, el progreso, la crítica— y hace de la rebeldía su bandera. Zorrilla y Espronceda, casi coetáneos, son los dos rostros de esa España que empieza a partirse en dos. Por eso el Romanticismo español no es un mero capítulo literario: es también el momento en que la literatura se hace expresión de un conflicto ideológico que llega hasta hoy.
🔎 El debate de los precursores (nivel élite). Frente a la visión tradicional (E. A. Peers: un Romanticismo importado en 1833, tardío y breve), Russell P. Sebold sostiene que el Romanticismo español tiene raíces dieciochescas propias: las Noches lúgubres de Cadalso (hacia 1771) serían ya plenamente románticas, y el «fastidio universal» de Meléndez (tema 55) es el nombre español del mal du siècle. Exponer este debate —importación frente a raíz autóctona— es lo que distingue una respuesta de nota.
4. La poesía romántica: Espronceda
La lírica romántica se reconoce por su polimetría (varios metros en un mismo poema), el retorno del romance y de los metros populares, y unos temas de libertad, rebeldía, marginación, muerte y amor imposible, dichos en tono exaltado sobre un fondo de naturaleza nocturna y tempestuosa. Su cumbre es José de Espronceda (1808-1842), el «Byron español».
De Espronceda son las Canciones, que cantan a los marginados y rebeldes: la Canción del pirata (aparecida en la revista El Artista en 1835), El mendigo, El reo de muerte, El verdugo y A Jarifa en una orgía. El pirata es el emblema del ideal romántico de libertad absoluta: «Que es mi barco mi tesoro, / que es mi Dios la libertad, / mi ley, la fuerza y el viento, / mi única patria, la mar». Y son suyos los dos grandes poemas narrativo-filosóficos del Romanticismo español: El estudiante de Salamanca (1840), historia del donjuán rebelde don Félix de Montemar —«segundo don Juan Tenorio»— y de su víctima, Elvira; y El diablo mundo (1840-1841), poema filosófico inacabado en cuyo interior se engasta el Canto a Teresa, elegía desgarrada a Teresa Mancha, la mujer amada y perdida.
Conviene leer despacio el emblema del tema. La Canción del pirata no canta a un delincuente, sino a una idea: la libertad absoluta. El pirata no tiene rey, ni ley, ni patria, ni Dios más que su propio deseo, y por eso su barco navega feliz sobre un mar que es imagen de esa libertad sin fronteras. Es la formulación más pura del individualismo romántico. Y el Canto a Teresa es su reverso: si el pirata es la libertad exultante, el Canto es el dolor de haberlo perdido todo —el amor, la ilusión, la fe—, escrito con una sinceridad que rompe el molde retórico. Espronceda advirtió que el lector podía saltárselo, porque nada tiene que ver con el resto del poema: es la confesión de una herida personal incrustada en una fábula filosófica. Entre esos dos polos —la libertad soñada y el desengaño vivido— se mueve toda la poesía romántica.
🔎 Trampas frecuentes. (1) El verso es «Con diez cañones por banda», no «cien» (que es la corrupción popular). (2) Elvira (la heroína de El estudiante de Salamanca) no es Teresa (la amada real del Canto a Teresa); son mujeres, personajes y obras distintos. (3) El Canto a Teresa pertenece a El diablo mundo, no a El estudiante.
Junto a Espronceda, la otra vertiente —la histórica— la representa el Duque de Rivas con sus Romances históricos (1841), que recuperan el molde del romance para narrar episodios del pasado nacional. Es el mismo gesto historicista que anima la novela de Scott o el teatro del sino: rescatar la voz de la tradición (el romance viejo, tema 45) y ponerla al servicio de la nueva sensibilidad. Antes, ya en el destierro, Rivas había publicado El moro expósito (1834), cuyo prólogo —de Alcalá Galiano— pasa por el primer gran manifiesto del Romanticismo español.
La segunda generación, ya posromántica e intimista (hacia 1850-1870), la forman Gustavo Adolfo Bécquer (las Rimas, póstumas de 1871) y Rosalía de Castro. Su lírica depurada e íntima es la raíz de la poesía española moderna, pero su estudio pleno corresponde al tema de la renovación de la lírica de fin de siglo (tema 61): aquí basta situarlos como el cierre intimista del Romanticismo y el puente hacia el siglo XX.
5. El teatro romántico: el género estrella
El género donde el Romanticismo español dio sus frutos más característicos fue el teatro. El drama romántico es la negación misma del teatro neoclásico (tema 55): rompe las tres unidades, mezcla lo trágico y lo cómico y la prosa y el verso (polimetría), se divide en jornadas o actos variables, y gira en torno a un héroe misterioso —de origen desconocido, rebelde, marcado por un destino o «sino» fatal— y a un amor absoluto y trágico, sobre una ambientación medieval o legendaria y una escenografía espectacular.
Sus obras clave se estrenan en apenas una década:
- La conjuración de Venecia (Martínez de la Rosa, 1834), drama histórico en prosa, pieza pionera y moderada.
- Don Álvaro o la fuerza del sino (Duque de Rivas, 22 de marzo de 1835, Teatro del Príncipe), la obra emblemática —el «Hernani español»—: cinco jornadas que alternan prosa y verso, el héroe de origen incierto perseguido por un sino implacable que lo arrastra a la catástrofe.
- El trovador (Antonio García Gutiérrez, 1836), que consagró de golpe a su joven autor y sería la base de Il trovatore de Verdi.
- Los amantes de Teruel (Hartzenbusch, 1837), sobre la vieja leyenda de los amantes que mueren de amor.
- Don Juan Tenorio (José Zorrilla, 1844, Teatro de la Cruz), «drama religioso-fantástico en dos partes», la obra más popular del teatro español.
Don Álvaro merece un comentario, porque condensa la poética del drama romántico. Su protagonista es un héroe de origen misterioso (se sospecha su sangre inca y mestiza), noble y virtuoso, enamorado de Leonor; pero una fuerza superior —el «sino», el destino ciego— encadena una desgracia tras otra: mata sin querer al padre de Leonor, después a uno de sus hermanos en un duelo, y al final, cuando el otro hermano, agonizante, apuñala a la propia Leonor para lavar la honra familiar, Don Álvaro, desesperado, se arroja a un abismo. No hay culpa moral: hay fatalidad. Esa sustitución de la responsabilidad trágica clásica por un destino absurdo e implacable es profundamente romántica, y escandalizó a los neoclásicos tanto como la mezcla de tonos —la obra abre con una escena costumbrista y risueña en una Sevilla popular— y la ruptura de todas las unidades. Don Álvaro es a España lo que Hernani a Francia: el estreno que consuma el triunfo del nuevo teatro.
🔎 El contraste que más premia el tribunal: los dos Don Juan. El Don Juan Tenorio de Zorrilla es la reescritura romántica del mito que fundó Tirso de Molina (tema 53). Y la diferencia es decisiva: el don Juan barroco de Tirso (El burlador de Sevilla) se condena —la estatua del Comendador lo arrastra al infierno—, mientras que el don Juan romántico de Zorrilla se salva por el amor de doña Inés, que lo redime en el último instante. Es la condenación barroca frente a la redención romántica: el amor como fuerza salvadora es la clave del Romanticismo. De la escena del sofá es el verso más famoso del teatro español: «¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, / que en esta apartada orilla / más pura la luna brilla / y se respira mejor?».
🔎 Precisiones. Don Álvaro (1835) es la consagración del drama romántico, no el primero (le preceden La conjuración de Venecia y el Macías de Larra, ambos de 1834). El Tenorio se estrenó en el Teatro de la Cruz (no en el Príncipe) y en marzo de 1844: lo de representarlo en noviembre (por Todos los Santos) es una tradición posterior, no la fecha de estreno. Y el célebre verso se recuerda popularmente como «¿No es verdad…?», pero el texto de Zorrilla dice «¿No es cierto…?».
La estructura del Tenorio explica su fuerza y su sentido. La primera parte es el don Juan tradicional, seductor y espadachín, que en una noche gana su apuesta con don Luis, rapta a doña Inés de un convento y mata a su padre, el Comendador. La segunda, años después, es la novedad romántica: don Juan, ante las estatuas de sus víctimas, es invitado a cenar por el difunto Comendador, y cuando el infierno lo reclama, el alma ya salvada de doña Inés intercede por él y lo redime en el último instante. El amor —no la ley ni la venganza— tiene la última palabra. Ahí está la lectura romántica del mito: el burlador barroco era un caso cerrado de justicia divina; el de Zorrilla es un pecador al que el amor rescata. Por eso el Tenorio caló tan hondo en el público español y se hizo tradición nacional: promete que ni el peor de los hombres está perdido si alguien lo ama de veras.
6. La prosa romántica: novela histórica, costumbrismo y Larra
La prosa romántica cultiva sobre todo dos formas. La novela histórica, a la manera de Walter Scott, evade al lector a un pasado medieval y legendario: son de esta corriente El doncel de don Enrique el Doliente de Larra (1834) y, sobre todo, El señor de Bembibre de Enrique Gil y Carrasco (1844), ambientada en el Bierzo con la disolución de los templarios de fondo, tenida por la crítica como la mejor novela histórica del Romanticismo español. Y el costumbrismo —el artículo que retrata tipos y usos sociales—, con la tríada de Larra («Fígaro»), Mesonero Romanos («El Curioso Parlante», Escenas matritenses) y Estébanez Calderón («El Solitario», Escenas andaluzas): el costumbrismo tratado en profundidad como género de prosa de ideas en el tema 56, y cuya vertiente descriptiva y moderada tiende ya un puente hacia el Realismo (tema 58).
Las dos formas responden a los dos impulsos del Romanticismo. La novela histórica encarna la evasión: huir de un presente prosaico hacia un pasado medieval de castillos, templarios y amores imposibles. El costumbrismo, en cambio, encarna la observación: fijar los tipos y las costumbres del propio tiempo antes de que desaparezcan, con una mirada entre nostálgica y crítica. Y precisamente ese hábito de observar la realidad contemporánea, que en Mesonero es amable y en Larra es demoledor, será la semilla de la que germine la novela realista de la segunda mitad de siglo (temas 58-59): el costumbrismo es el eslabón que une el Romanticismo con el Realismo.
Pero la figura central del Romanticismo español, más allá de un género, es Mariano José de Larra (1809-1837). En él coinciden el escritor romántico por antonomasia y su símbolo: el liberal desengañado que, tras el fracaso de sus ideales y un amor imposible, se suicida de un pistoletazo el 13 de febrero de 1837, a los 27 años. Su muerte es el emblema del «mal del siglo» español, la angustia vital de una generación. Y encierra una escena que resume el relevo generacional: en su entierro, un joven llamado José Zorrilla leyó unos versos elegíacos y se consagró de golpe como poeta. El romántico que se mata lanza, sobre su tumba, al que llevará el Romanticismo a su apogeo popular.
Larra reúne, mejor que nadie, las contradicciones del Romanticismo español. Fue liberal y desengañado del liberalismo; costumbrista que retrataba España para corregirla y romántico que se destruyó al no poder cambiarla; escritor lucidísimo y hombre desesperado. En sus artículos —«Vuelva usted mañana», «El día de difuntos de 1836»— late la misma angustia que en el suicidio: la de un país que no acaba de nacer a la modernidad y la de un individuo que no cabe en él. Por eso es la figura puente del tema: pertenece al Romanticismo por su vida y su muerte, y a la historia del ensayo (tema 56) por su obra. En él, el «mal del siglo» europeo se hace diagnóstico español.
7. Balance y proyección
El Romanticismo fue breve, pero su huella es inmensa: es la primera modernidad de la literatura española. De él arranca casi todo lo que sigue. Su vertiente intimista (Bécquer, Rosalía) alumbra la lírica moderna: Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y los poetas del 27 reconocerán en Bécquer a su padre. Su costumbrismo descriptivo prepara la novela realista (temas 58-59). Su gran mito, el Don Juan de Zorrilla, se hace patrimonio nacional y sigue vivo en los escenarios. Y su rebeldía —la del pirata de Espronceda, la del Larra desengañado— inaugura la figura moderna del escritor como conciencia crítica y como individuo enfrentado a su sociedad. El Romanticismo enseñó a la literatura española a decir «yo», y ese «yo» ya no se callaría.
8. Aplicación didáctica
El tema tiene un anclaje curricular firme (apartado 1) y materiales inmejorables para el aula.
- El límite del arco de lecturas. Conviene hacer consciente al alumnado de que el Romanticismo cierra el gran recorrido de los «clásicos desde la Edad Media» que manda el currículo: es la ocasión de mirar atrás y recomponer el itinerario (del Cid a Espronceda), y de mirar adelante, hacia la literatura contemporánea.
- Don Juan Tenorio, teatro vivo. Es el material estrella: una obra que aún se representa cada noviembre, en verso memorable, con una escena (la del sofá) que engancha. La lectura dramatizada de un fragmento y su comparación con el Don Juan de Tirso (tema 53) hacen tangible la diferencia entre el Barroco y el Romanticismo: condena frente a redención.
- El itinerario del héroe rebelde o del mito de Don Juan. El currículo pide «itinerarios temáticos o de género»: el del héroe romántico (el pirata de Espronceda, el don Álvaro del sino, el Montemar del Estudiante) o el del mito de Don Juan (de Tirso a Zorrilla, y aun a Espronceda) son itinerarios perfectos para leer comparando.
- Larra y la actualidad. Sus artículos, ya trabajados como ensayo (tema 56), permiten enlazar el Romanticismo con el pensamiento crítico: la sátira de un país que no se moderniza sigue interpelando al alumnado de hoy.
La evaluación será competencial: reconocer los rasgos del Romanticismo en un texto, interpretar el mito de Don Juan, comparar dos épocas. La perspectiva de género tiene aquí una figura mayor en Rosalía de Castro, y una lectura crítica de la mujer romántica (Elvira, doña Inés) como víctima o como redentora, que conviene problematizar.
9. Conclusión
El movimiento romántico fue una revolución europea que proclamó la libertad del yo contra las reglas, y que en España —tras el largo cierre del absolutismo— prendió tarde pero con fuerza, de la mano de los liberales que volvían del destierro. En apenas una década (1834-1844) dio una poesía de rebeldía y de angustia (Espronceda), un teatro de pasión y de sino (Don Álvaro, Don Juan Tenorio) y una prosa de historia y de crítica (la novela histórica, el costumbrismo, Larra). Con él la literatura española entra en la modernidad, y por eso el currículo lo escoge como frontera del arco de sus clásicos: hasta aquí llega la tradición; desde aquí empieza lo contemporáneo. El Romanticismo es, a la vez, el final de un camino y el principio de otro —y esa doble condición, de cierre y de umbral, es exactamente lo que hay que saber explicar—. Y no es casual que el currículo lo escoja como frontera: en el Romanticismo, por primera vez, la literatura española suena ya moderna, cercana, nuestra; de ahí en adelante todo lo que venga —el Realismo, el 98, la vanguardia— nace de esta misma raíz rebelde y sentimental.
Esquema
EL MOVIMIENTO ROMÁNTICO Y SUS REPERCUSIONES EN ESPAÑA
│
├─ 0. IDEA EJE: la 1.ª REVOLUCIÓN de la modernidad literaria
│ · el YO, la libertad, el sentimiento contra la razón/las reglas (Neoclasicismo, T55)
│ ⭐ Hugo: "el romanticismo no es más que el liberalismo en literatura" (⚠ Préface d'HERNANI)
│
├─ 1. CURRÍCULO ⭐ (verificado BOE, RD 243/2022): el Romanticismo = LÍMITE SUPERIOR del arco lector
│ · "clásicos de la literatura española desde la Edad Media HASTA EL ROMANTICISMO, en itinerarios"
│ · única "Romanticismo" en LCL (las otras 3, de materias artísticas) · es la BISAGRA del currículo
│
├─ 2. EL MOVIMIENTO EUROPEO
│ · rasgos: subjetivismo · sentimiento>razón · libertad/rebeldía · naturaleza=alma ·
│ historicismo/Edad Media · evasión · mal del siglo · amor-muerte
│ · ALEMANIA (cuna): Sturm und Drang (⚠ PRErromántico; Werther 1774) → Jena 1798, Schlegel,
│ Novalis (flor azul)
│ · INGLATERRA: Lake Poets, Lyrical Ballads 1798 (⚠ el Prefacio es de 1800, no 1798) ·
│ Byron · Walter Scott novela histórica (⚠ Waverley 1814 la 1.ª, no Ivanhoe)
│ · FRANCIA: Chateaubriand (René) · Mme de Staël (De l'Allemagne, 1813) · Hugo Prefacio de
│ Cromwell 1827 (⚠ conserva la unidad de ACCIÓN) → batalla de Hernani 1830
│
├─ 3. REPERCUSIONES EN ESPAÑA
│ · TARDÍO y BREVE (auge 1834-1844); retraso por Fernando VII (†29-sep-1833)
│ · ⚠⚠ QUERELLA CALDERONIANA (Cádiz 1814-20): el CONSERVADOR Böhl defiende el Romanticismo,
│ los LIBERALES (Mora) el Neoclasicismo (INVERTIDO) → "1.er romanticismo reaccionario" (Carnero)
│ ⚠ Böhl = PADRE (no esposo) de Fernán Caballero
│ · los EMIGRADOS liberales (vuelven en 1834) traen el Romanticismo liberal
│ · DOS ALMAS: tradicional/cristiana (Böhl, Zorrilla) vs liberal/exaltada (Espronceda, Larra)
│ · ⚠ precursores (Sebold): raíces DIECIOCHESCAS (Cadalso, Noches lúgubres ~1771) vs importación (Peers)
│
├─ 4. POESÍA: ESPRONCEDA ("Byron español")
│ · polimetría, romance, marginados · Canción del pirata (El Artista 1835; ⚠ "DIEZ cañones") ·
│ El estudiante de Salamanca (1840, Félix de Montemar/Elvira) · El diablo mundo (INACABADO,
│ Canto a Teresa a Teresa Mancha) ⚠ Elvira≠Teresa
│ · Duque de Rivas, Romances históricos 1841
│ · 2.ª gen. POSromántica intimista: Bécquer (Rimas póstumas 1871), Rosalía → a fondo en T61
│
├─ 5. TEATRO (género estrella): ruptura de unidades, héroe del SINO, prosa+verso
│ · La conjuración de Venecia (1834) · DON ÁLVARO O LA FUERZA DEL SINO (Rivas, 22-mar-1835,
│ consagración) · El trovador (García Gutiérrez 1836) · Los amantes de Teruel (Hartzenbusch 1837)
│ · DON JUAN TENORIO (Zorrilla, 1844, T. de la Cruz) ⚠⚠ SE SALVA por doña Inés vs Tirso (T53)
│ que se CONDENA · "¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor…" (⚠ popular "verdad")
│
├─ 6. PROSA: novela histórica (Gil y Carrasco, El señor de Bembibre 1844, la mejor) · costumbrismo
│ (Larra/Mesonero/Estébanez, T56) · LARRA figura central, †suicidio 13-feb-1837, símbolo del mal del siglo
│
├─ 7. PROYECCIÓN: 1.ª modernidad · Bécquer→lírica del XX · costumbrismo→Realismo · mito de Don Juan
│
└─ 8. DIDÁCTICA: el límite "hasta el Romanticismo" · Don Juan Tenorio teatro vivo (noviembre) ·
itinerario del héroe rebelde / del mito de Don Juan · perspectiva de género (Rosalía)
Bibliografía
- Peers, E. Allison. Historia del movimiento romántico español.
- Llorens, Vicente. El Romanticismo español y Liberales y románticos.
- Sebold, Russell P. Trayectoria del romanticismo español y Cadalso: el primer romántico europeo de España.
- Navas Ruiz, Ricardo. El Romanticismo español.
- Carnero, Guillermo. Los orígenes del romanticismo reaccionario español.
- Zavala, Iris M. (coord.). Romanticismo y Realismo (vol. 5 de la Historia y crítica de la literatura española, dir. F. Rico).
- Montesinos, José F. Costumbrismo y novela.
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