Tema 58 · Lengua Castellana y Literatura
Realismo y naturalismo en la novela del siglo XIX
Epígrafe oficial: Realismo y naturalismo en la novela del siglo XIX.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción: de la evasión a la observación
- 1. Relación con el currículo
- 2. El Realismo europeo
- 3. El Naturalismo: Zola y la novela experimental
- 4. El Realismo español: arranque y primera generación
- 5. Las cumbres: Clarín y Pardo Bazán
- 6. La técnica narrativa
- 7. Balance y proyección
- 8. Aplicación didáctica
- 9. Conclusión
- Esquema
- Bibliografía
0. Introducción: de la evasión a la observación
Si el Romanticismo (tema 57) fue la literatura del yo y de la evasión —el pasado legendario, la naturaleza tempestuosa, el sueño—, el Realismo es la reacción contraria: la literatura de la observación de la realidad contemporánea y cotidiana. Hacia mediados del siglo XIX, el escritor deja de mirar su alma para mirar la sociedad que lo rodea —la burguesía, la ciudad, el dinero, la política, el matrimonio—, y lo hace con vocación de objetividad, como quien levanta acta. Una fórmula sencilla resume el cambio y sus tres grados: el romántico mira su alma; el realista mira por la ventana; el naturalista mira por el microscopio.
El género que encarna esa mirada es la novela, y no por casualidad: solo un relato amplio, de muchos personajes y muchas tramas, puede abarcar el retrato de una sociedad entera. Por eso el Realismo es también la segunda gran edad de la novela española, tras la del Siglo de Oro (Cervantes y la picaresca, tema 49), después del largo eclipse del género en el siglo XVIII. En apenas tres décadas —de la Restauración de 1874 al fin de siglo— España produce, con Galdós, Clarín y Pardo Bazán, un puñado de novelas que están entre las mejores de su literatura.
El tema exige, además, distinguir con precisión dos movimientos que se suelen confundir: el Realismo (observar y reproducir la realidad con verosimilitud) y el Naturalismo (su radicalización «científica», que añade el determinismo y el método experimental de Zola). No son sinónimos ni el uno precede al otro: el Naturalismo es una evolución posterior del método realista, y en España, además, llega atenuado. Explicar bien esa diferencia es la clave del tema.
El recorrido, por tanto, es doble y ordenado: primero el marco europeo (el Realismo de Balzac y Flaubert, el Naturalismo de Zola), donde se forjan el concepto y las técnicas; después su versión española (del arranque en la transición costumbrista a las cumbres de Clarín y Pardo Bazán), con su rasgo distintivo: un Realismo de raíz nacional y un Naturalismo templado por el catolicismo. Y por debajo de todo late una convicción que define la época: que la literatura no es evasión, sino conocimiento —una forma de comprender y de juzgar la sociedad en que se vive—.
1. Relación con el currículo
Este tema tiene, en el currículo LOMLOE, una posición simétrica a la del Romanticismo, y conviene subrayarla. Si el Romanticismo (tema 57) cerraba el arco de lecturas de Lengua Castellana y Literatura I (1.º de Bachillerato: «desde la Edad Media hasta el Romanticismo»), el Realismo abre el de Lengua Castellana y Literatura II (2.º). Verificado en el BOE (RD 243/2022), el saber básico de 2.º fija la «lectura de obras relevantes de la literatura española del último cuarto del siglo XIX y de los siglos XX y XXI, inscritas en itinerarios temáticos o de género, en torno a tres ejes: (1) la Edad de Plata de la cultura española (1875-1936); (2) guerra civil, exilio y dictadura; (3) literatura contemporánea».
🔎 El matiz de oro. El Realismo y el Naturalismo del último cuarto del siglo XIX —La Regenta (1884-85), Los pazos de Ulloa (1886), el Galdós maduro— son, por tanto, el punto de entrada de la literatura moderna en el currículo de 2.º de Bachillerato, dentro del primer eje, la «Edad de Plata (1875-1936)». Es un dato que suele errarse: LCL II no empieza en el 98 o el Modernismo, sino en la novela realista del último cuarto de siglo. Los autores (Galdós, Clarín, Pardo Bazán) no se nombran; el anclaje es el período y el eje.
Didácticamente, esto convierte el tema en el umbral de todo lo contemporáneo: con él arranca la literatura que el alumnado de 2.º va a leer, y la novela realista ofrece, como se verá, materiales inmejorables (fragmentos, adaptaciones audiovisuales) para ese comienzo.
2. El Realismo europeo
2.1. Concepto y contexto
El Realismo es un movimiento autoconsciente que cristaliza en Francia en los años 1850 (el pintor Courbet titula Le Réalisme su pabellón de 1855; Champfleury y Duranty le dan nombre y programa). Sus rasgos son la observación objetiva de la realidad contemporánea, la verosimilitud, la atención a la sociedad burguesa, la descripción minuciosa de ambientes y personajes, el análisis psicológico y social y, con frecuencia, el narrador omnisciente. Todo ello se apoya en el clima intelectual del positivismo (Auguste Comte), el auge de la ciencia y el ascenso de una burguesía que quiere verse retratada.
El giro respecto al Romanticismo es total, punto por punto. Donde el romántico buscaba la evasión (el pasado, lo exótico, el sueño), el realista busca el presente y lo cercano; donde aquel exaltaba el yo, este observa la sociedad; donde primaba el sentimiento, ahora prima la razón y el dato; donde el estilo era exaltado y retórico, ahora se busca la naturalidad y la precisión. El escritor ya no es un genio incomprendido, sino un observador casi científico que estudia su época. Y hay una razón histórica: la burguesía, que ha triunfado política y económicamente, quiere una literatura a su medida —que hable de su mundo, sus negocios, sus matrimonios y sus salones—, y la encuentra en la novela realista, que es, ante todo, la epopeya de la clase media.
2.2. Francia, cuna del Realismo
Los fundadores son anteriores al movimiento como escuela. Stendhal (1783-1842), en Rojo y negro (1830), dejó la divisa más célebre del género —«una novela es un espejo que se pasea a lo largo de un camino»—, que refleja lo mismo el azul del cielo que el barro de los charcos. Honoré de Balzac (1799-1850) concibió el proyecto más ambicioso: La Comedia humana, un ciclo de casi cien novelas trabadas por la reaparición de personajes, con el que quiso ser el «secretario» que levantara acta de la sociedad de su tiempo —«la sociedad francesa iba a ser el historiador, yo no debía ser más que el secretario»—. Y Gustave Flaubert (1821-1880) llevó la novela a su perfección con Madame Bovary (1857), la historia de Emma, la mujer de provincias que se destruye por querer vivir las pasiones de las novelas románticas (el «bovarismo»): con ella impuso la impersonalidad del narrador y el estilo indirecto libre.
Conviene detenerse en Madame Bovary, porque fija el modelo de toda la novela realista. Emma Bovary es una mujer de provincias casada con un médico mediocre que, alimentada de lecturas románticas, sueña con una vida de pasiones y lujos que la realidad le niega; sus adulterios y sus deudas la arrastran a la ruina y al suicidio. De ese desajuste entre lo soñado y lo vivido nace el «bovarismo», uno de los grandes conceptos de la crítica: la falsificación de la propia vida por el exceso de literatura. Pero la novedad de Flaubert no está en el asunto, sino en la forma: el narrador desaparece, no juzga ni comenta —«el autor, en su obra, debe ser como Dios en el universo: presente en todas partes y visible en ninguna», escribió—, y deja que sea la propia realidad, minuciosamente descrita, la que hable. Es la revolución de la objetividad: la novela deja de ser el sermón de un autor y se convierte en un espejo impasible.
🔎 Tres trampas que premia el tribunal. (1) Flaubert fue absuelto en el proceso de 1857 por Madame Bovary, no condenado: el condenado ese año fue Baudelaire por Las flores del mal. (2) Madame Bovary se publicó por entregas en 1856; 1857 es el año del libro y del juicio. (3) La célebre frase «Madame Bovary soy yo» es apócrifa: no consta en su correspondencia, así que no debe citarse como suya.
2.3. Las otras grandes novelas
El Realismo es un fenómeno europeo. En Inglaterra, Charles Dickens retrata con ternura y denuncia social la Inglaterra industrial (Oliver Twist, David Copperfield). Y en Rusia, la novela alcanza una hondura moral y psicológica sin igual: Tolstói (Guerra y paz, Anna Karénina) y Dostoievski (Crimen y castigo, Los hermanos Karamázov). La novela rusa será decisiva, además, en la crisis del Realismo a fin de siglo, cuando su «espiritualismo» ofrezca una salida al positivismo agotado.
Importa la comparación de las tres tradiciones. La novela francesa es sobre todo social y analítica (la sociedad como sistema: Balzac, Zola); la inglesa es más sentimental y moralizante (Dickens conmueve para reformar); la rusa es la más metafísica y religiosa (Dostoievski hace de la novela un drama del alma y del mal). El Realismo español, como se verá, participa de las tres: tiene la ambición social de los franceses, la ternura de los ingleses y, en su fase final, el vuelco espiritual de los rusos. No es, pues, una copia, sino una síntesis con voz propia, cuyo centro es un novelista —Galdós— comparable a los mayores de Europa.
3. El Naturalismo: Zola y la novela experimental
El Naturalismo no es lo contrario del Realismo, sino su extremo «científico». Su creador y teórico es Émile Zola (1840-1902), que en su manifiesto La novela experimental (Le roman expérimental, 1880) propuso aplicar a la novela el método de la medicina experimental de Claude Bernard: el novelista sería un científico que estudia los temperamentos humanos como el fisiólogo estudia la materia. De ahí su doctrina central, el determinismo: el ser humano está determinado por su herencia biológica, por el medio social en que vive y por el momento histórico —los «tres factores»—. Los temas naturalistas son, en consecuencia, los del cuerpo y la miseria: el alcoholismo, la herencia patológica, la sexualidad, las clases bajas y la marginación.
La analogía con la medicina es literal en Zola: propuso que bastaba con «sustituir la palabra médico por la palabra novelista» para convertir el método de Claude Bernard en una poética. El novelista plantearía una hipótesis (un temperamento, una tara), colocaría a sus personajes en un medio determinado y observaría cómo la herencia y el ambiente los conducen inexorablemente a su destino, como el fisiólogo observa una reacción en el laboratorio. Sobre el papel, era la ambición de hacer de la literatura una ciencia de la sociedad. En la práctica —y aquí está la contradicción que hay que saber señalar—, el experimento es imposible: el novelista no observa una realidad independiente, sino que inventa a sus personajes y decide su destino; su «laboratorio» es su imaginación. El Naturalismo es, así, menos una ciencia que una estética —la del feísmo, el determinismo y la denuncia— disfrazada con el prestigio de la ciencia de su tiempo.
La obra que encarna el método es el ciclo Les Rougon-Macquart (veinte novelas, 1871-1893), «historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio», donde la herencia es el principio que enlaza el árbol genealógico: de él son La taberna (L'Assommoir, 1877, el alcoholismo obrero), Naná (1880) y Germinal (1885, la huelga de los mineros del carbón). Zola coronó su vida con el compromiso cívico: su carta «¡Yo acuso!» (J'accuse, 1898), en defensa de Dreyfus, es el emblema del intelectual moderno.
🔎 Los matices decisivos. (1) Los tres factores —herencia, medio, momento— no son de Zola, sino de Hippolyte Taine («la raza, el medio y el momento»), que Zola hereda y adapta. (2) El «método experimental» es más metáfora que ciencia: el novelista no puede experimentar sobre unos personajes que él mismo inventa; Zola confunde observación con experimentación, y la crítica premia señalarlo. (3) Y el propio Zola concede la subjetividad al definir la obra de arte como «un rincón de la creación visto a través de un temperamento»: la objetividad naturalista es un programa, no un hecho. Diferencia Realismo/Naturalismo: el Realismo observa y reproduce; el Naturalismo añade la tesis determinista, el método científico, el materialismo filosófico, el «feísmo» (lo feo, lo fisiológico) y la denuncia social.
El Naturalismo tiene, además, una dimensión social y política que conviene subrayar. Al fijarse en las clases bajas, en la fábrica y en la mina —territorios que el Realismo burgués apenas había pisado—, la novela naturalista se convierte en denuncia: Germinal, con su huelga de mineros del carbón, es una de las grandes novelas sociales del siglo, y su título —el mes «germinal» del calendario revolucionario— anuncia la germinación de un mundo nuevo. El determinismo, que en teoría debería llevar al pesimismo y a la resignación (si todo está determinado, nada puede cambiarse), convive en Zola con una fe casi épica en el progreso y la justicia. Esa tensión entre el fatalismo del método y el compromiso del hombre es una de las contradicciones fecundas del Naturalismo, y explica que un movimiento nacido de la ciencia acabara alimentando la conciencia social de toda una época.
4. El Realismo español: arranque y primera generación
4.1. De la transición al realismo pleno
El Realismo español nace del costumbrismo romántico (tema 57), del que hereda la observación descriptiva de tipos y ambientes. La obra que marca el paso es La gaviota (1849) de Fernán Caballero —seudónimo de Cecilia Böhl de Faber, hija del Böhl de la querella calderoniana—, tenida por la primera novela de transición del costumbrismo al Realismo. Un poco después, Pedro Antonio de Alarcón escribe la deliciosa novela corta El sombrero de tres picos (1874) y varias novelas de tesis conservadora.
La deuda con el costumbrismo explica por qué el Realismo español tardó y por qué tuvo un sello propio. El cuadro de costumbres (Mesonero, Larra, tema 57) había enseñado ya a observar y describir tipos y ambientes de la realidad inmediata; a la novela realista solo le faltaba ampliar ese cuadro estático hasta convertirlo en una historia con argumento, análisis y evolución. De ahí que las primeras novelas —La gaviota, las de Pereda— conserven aún un fuerte poso costumbrista y moralizante, más atentas a pintar un mundo que a construir una intriga. El paso decisivo —del cuadro a la novela, de la descripción a la interpretación— lo darán Galdós y Clarín. El Realismo español no es, por tanto, un injerto extranjero, sino el fruto maduro de una tradición nacional de observación que venía del artículo de costumbres.
🔎 Precisiones. La gaviota es novela de transición, no realista plena (Montesinos la lee como costumbrista y moralizante); se escribió originalmente en francés y se publicó traducida. Y «Fernán Caballero» es una mujer, Cecilia Böhl de Faber, que no debe confundirse con su padre, el hispanista Johann Nikolaus Böhl.
4.2. La generación de 1868
El Realismo pleno florece bajo la Restauración (1874: pronunciamiento de Sagunto; Alfonso XII desde 1875), que da a la burguesía el orden estable en que mirarse. Sus autores forman la llamada «generación de 1868» (la de la revolución de la Gloriosa): Galdós, Pereda, Valera, Alarcón y, algo después, Clarín y Pardo Bazán. Dos de ellos representan las dos tentaciones opuestas del Realismo:
- José María de Pereda (1833-1906) encarna el regionalismo montañés y la novela de tesis tradicionalista: sus cimas son Sotileza (1885, la vida marinera de Santander) y Peñas arriba (1895, la montaña), donde el paisaje y las costumbres se subordinan a una tesis antiliberal.
- Juan Valera (1824-1905) representa el polo contrario, el idealismo esteticista y el «arte por el arte»: su Pepita Jiménez (1874), novela epistolar y psicológica sobre un seminarista que descubre el amor, rechaza tanto la tesis como el «documento» naturalista en nombre de la belleza.
La figura central de la generación es Benito Pérez Galdós (1843-1920), el gran novelista del siglo; pero, por su magnitud, se estudia en su tema propio (tema 59), y aquí basta situarlo como el eje en torno al cual gira toda la novela realista española.
Merece la pena reparar en que Pereda y Valera representan los dos peligros entre los que el Realismo debía navegar. Pereda, al someter la observación a una tesis ideológica (la superioridad moral del campo tradicional sobre la ciudad liberal), roza la novela de propaganda: su realismo es más de paisaje que de análisis. Valera, al contrario, al poner la belleza por encima de todo y desdeñar el «documento», roza el esteticismo evasivo: su realismo es más de estilo que de sociedad. Entre la tesis de uno y el esteticismo del otro se abre el espacio del gran Realismo —el de Galdós y Clarín—, que consigue ser a la vez objetivo y hondo, retrato social y análisis de conciencias. Comprender a Pereda y a Valera es, por tanto, comprender por contraste qué hizo grande a la novela realista española.
5. Las cumbres: Clarín y Pardo Bazán
5.1. Clarín y «La Regenta»
Leopoldo Alas «Clarín» (1852-1901) fue el crítico más temido de su tiempo y un maestro del cuento, pero su gloria descansa en una sola novela: La Regenta (dos tomos, 1884 y 1885), una de las cumbres de la narrativa española. Su protagonista, Ana Ozores, es una mujer casada, sensible e insatisfecha —comparable a Emma Bovary— que se debate entre dos seducciones en la asfixiante ciudad provinciana de Vetusta (trasunto de Oviedo): la espiritual, del Magistral don Fermín de Pas, y la carnal, del donjuán liberal don Álvaro Mesía. Sobre esa historia de adulterio soñado, Clarín construye una sátira coral de toda una sociedad y un prodigio de análisis psicológico mediante el estilo indirecto libre. Su primera frase es célebre: «La heroica ciudad dormía la siesta».
La Regenta es mucho más que un adulterio de provincias. Es el retrato de una ciudad entera —la clerecía, la aristocracia ociosa, la política de casino, la beatería— que aplasta a una mujer superior a su medio. Ana Ozores no cae por vicio, sino por asfixia: casada sin amor con un hombre bondadoso pero pueril, sin hijos, sin ocupación y sin nadie que la entienda, oscila entre el misticismo y el deseo porque Vetusta no le ofrece ninguna otra salida. Su drama es, en el fondo, el de la mujer sin destino en una sociedad que solo le permite ser esposa devota o pecadora. Y el gran instrumento de Clarín para contarlo es el estilo indirecto libre, que le permite meterse en la conciencia de cada personaje —de Ana, del Magistral ambicioso, del donjuán vanidoso— y a la vez mantener sobre todos ellos una ironía demoledora. Por eso La Regenta se compara con Madame Bovary, pero la desborda: donde Flaubert traza un caso, Clarín levanta el fresco de una España provinciana entera.
🔎 Cuatro trampas de La Regenta. (1) Clarín nació en Zamora (1852), no en Oviedo: Oviedo es solo el modelo de Vetusta y la ciudad donde murió. (2) La novela son dos tomos (I-1884, II-1885), editados en Barcelona. (3) Ana es «la Regenta» por ser esposa de don Víctor Quintanar, ex regente de la Audiencia jubilado, no por ejercer ella cargo alguno. (4) Fermín de Pas es el Magistral (un canónigo, el poder real de la diócesis), no el obispo. Y Clarín solo escribió dos novelas: La Regenta y Su único hijo (1891); su otra cima está en el cuento (¡Adiós, Cordera!, 1892).
5.2. Pardo Bazán y el naturalismo español
Emilia Pardo Bazán (1851-1921) fue quien introdujo el debate del Naturalismo en España, con la serie de artículos La cuestión palpitante (en La Época, 1882-1883; en libro, 1883, con prólogo de Clarín). Y lo aplicó en su obra maestra, Los pazos de Ulloa (1886), y su continuación La madre naturaleza (1887): el retrato de la decadencia de una casa hidalga gallega y de la barbarie del campo. Aristócrata, feminista y primera mujer catedrática de universidad, fue una figura excepcional.
🔎 El naturalismo español es atenuado, y este es el matiz clave del tema. A diferencia del de Zola —materialista, determinista y ateo—, el español es católico y espiritualista, y conserva el libre albedrío. Pardo Bazán, en La cuestión palpitante, hace la distinción decisiva: acepta el Naturalismo como método (la observación, el documento, la técnica) pero rechaza su filosofía (el determinismo que niega el alma y la libertad). Por eso puede hablarse de un naturalismo «a la española». El único que se acerca al Zola pleno es Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), con su ciclo valenciano (La barraca, 1898; Cañas y barro, 1902).
La figura de Pardo Bazán tiene, además, un valor que va más allá de la novela: fue una pionera en un mundo cerrado a las mujeres. Escritora prolífica y polémica, crítica literaria de primera fila, introductora de las corrientes europeas, aristócrata que hizo de su condición una plataforma para reclamar la educación y la libertad de la mujer, sufrió el desdén y hasta el escándalo de una sociedad que no le perdonaba su talento ni su independencia (La cuestión palpitante llegó a costarle la separación matrimonial). Que fuera la primera catedrática de universidad, en 1916 —con un nombramiento que parte del claustro impugnó—, resume a la vez su mérito y la resistencia que hubo de vencer. Leerla hoy es también recuperar una voz de mujer en un canon dominado por hombres, y por eso su obra es una puerta natural para la perspectiva de género en el aula.
6. La técnica narrativa
El Realismo no es solo un contenido (la sociedad contemporánea): es un conjunto de técnicas narrativas que la novela española lleva a su perfección.
- El narrador omnisciente: el narrador «demiurgo» que todo lo sabe —el pasado, el interior y el porvenir de sus personajes— y que a menudo comenta la acción (narrador «intruso»). El Naturalismo aspirará, en cambio, al narrador impersonal: es una tensión interna del propio movimiento.
- La descripción minuciosa de ambientes y personajes, que sitúa al individuo en su medio (según el principio de Taine) y produce lo que Barthes llamó el «efecto de realidad»: el detalle en apariencia superfluo cuya función es hacernos creer «esto es real».
- El estilo indirecto libre, la gran aportación técnica del Realismo: funde la voz del narrador y el pensamiento del personaje —conserva la tercera persona y el pasado, pero adopta las palabras y la mirada del personaje, sin verbo introductor ni comillas—. Es el instrumento de la ironía realista (Flaubert, Clarín) y la clave de la objetividad moderna del relato.
- El diálogo verosímil, que individualiza a los personajes por su forma de hablar (registro, sociolecto); Galdós es maestro en caracterizar por la lengua.
- La distinción entre la novela de tesis (que demuestra una idea previa) y la novela de observación (que reproduce la realidad sin subordinarla a una demostración): una oposición central para entender la evolución del propio Galdós.
🔎 No confundir. El estilo indirecto libre (tercera persona, pasado, con mediación del narrador) no es el monólogo interior (primera persona, presente, transcripción directa de la conciencia, ya del siglo XX). Flaubert perfeccionó el estilo indirecto libre, no lo inventó (es anterior: Cervantes, Jane Austen), y el propio término lo acuñó el lingüista Charles Bally en 1912, mucho después de las novelas.
Conviene entender bien la gran aportación, el estilo indirecto libre, porque es lo que distingue una respuesta de nota. Frente al estilo directo (que reproduce las palabras entre comillas: «Ana pensó: “no lo soporto”») y al estilo indirecto (que las subordina: «Ana pensó que no lo soportaba»), el estilo indirecto libre funde ambas voces sin marca alguna: «¿Cómo iba a soportarlo un día más?». La pregunta es de Ana —su angustia, su léxico—, pero la enuncia el narrador, en tercera persona y en pasado. El lector oye a la vez al personaje y al narrador, y esa doble audición produce dos efectos capitales: la intimidad (entramos en la conciencia sin salir del relato) y la ironía (el narrador puede dejar que el personaje se retrate a sí mismo, y sonreír por encima de él). Por eso es la técnica que hace moderna a la novela: sustituye el juicio explícito del autor por la presentación objetiva de las conciencias.
La novela realista es, además, inseparable del periodismo y del folletín: casi todos los grandes realistas fueron periodistas, y la novela por entregas —heredada del folletín romántico— creó el gran público lector que la novela realista depuró. La prensa, que difundía las novelas por capítulos, impuso incluso rasgos técnicos —la intriga sostenida, el final de suspense de cada entrega— que la gran novela supo aprovechar sin caer en el mero folletín.
7. Balance y proyección
El Realismo fue la segunda gran edad de la novela española, y su legado es doble. Por un lado, dejó un puñado de obras maestras —La Regenta, Los pazos de Ulloa, Fortunata y Jacinta— que fijaron el modelo de la gran novela social y psicológica. Por otro, su propia crisis abrió el camino a lo que vendría. Hacia 1890, agotados el positivismo y el determinismo, la novela gira hacia el «espiritualismo» bajo el influjo de los rusos: se advierte en el último Galdós (Nazarín, 1895; Misericordia, 1897) y en Clarín. Y la generación siguiente, la del 98 (temas 60-61), reaccionará abiertamente contra el objetivismo descriptivo del Realismo: Unamuno bautizará sus relatos como «nivolas» —en Niebla (1914)— para marcar la ruptura, suprimiendo la descripción, el ambiente y el narrador omniscente en favor del diálogo y del personaje agónico. El Realismo, así, no solo es una cima: es el suelo del que nace, por reacción, la novela del siglo XX.
Conviene, para cerrar el balance, valorar con justicia lo que el Realismo consiguió. Devolvió a la novela española la ambición que había tenido con Cervantes y que el siglo XVIII casi había perdido; creó personajes que forman ya parte del imaginario colectivo (Ana Ozores, Fortunata); y demostró que la literatura podía ser, a la vez, arte y documento, belleza y conocimiento de la sociedad. Sus limitaciones —el exceso descriptivo, el didactismo de algunas novelas de tesis, la confianza ingenua en la objetividad— son las que la generación siguiente le reprochará; pero incluso esa reacción prueba su importancia: no se reacciona contra lo que no importa. Un siglo después, la novela realista sigue siendo el modelo con el que se mide la ambición de contar una sociedad, y sus grandes obras se leen, se estudian y se adaptan sin descanso.
8. Aplicación didáctica
El tema es el umbral del currículo de 2.º de Bachillerato (apartado 1) y ofrece materiales excelentes.
- El punto de entrada de lo contemporáneo. Conviene hacer consciente al alumnado de que con la novela realista del último cuarto del XIX empieza la literatura moderna que va a leer: es el arranque del itinerario de 2.º, dentro de la «Edad de Plata».
- Leer un fragmento. El arranque de La Regenta (la descripción de Vetusta) o un retrato de personaje permiten observar in situ las tres técnicas del tema: el narrador omnisciente, la descripción minuciosa y el estilo indirecto libre.
- Texto e imagen. La novela realista ha sido muy adaptada: Buñuel llevó al cine a Galdós (Nazarín, Tristana), y TVE produjo series memorables (Fortunata y Jacinta, Los pazos de Ulloa, La Regenta). Comparar un pasaje con su versión audiovisual enseña qué es «lo narrativo» y acerca la materia a los formatos del alumnado.
- El análisis social. El Realismo se presta a leer la literatura como documento de una sociedad (las clases, el papel de la mujer, el dinero, la religión), y a discutir qué de aquello sigue vigente.
La evaluación será competencial: reconocer las técnicas realistas en un texto, distinguir Realismo de Naturalismo, interpretar la novela como retrato social. La perspectiva de género tiene aquí figuras y temas propios: Emilia Pardo Bazán (feminista, primera catedrática) y la lectura crítica de la mujer insatisfecha (Ana Ozores, Emma Bovary) como víctima de una sociedad que le niega salidas.
9. Conclusión
El Realismo y el Naturalismo devolvieron a la novela su gran ambición cervantina: contar el mundo entero, con sus clases, sus conflictos y sus conciencias. Nacido como reacción contra la evasión romántica, el Realismo enseñó a mirar la sociedad con objetividad; el Naturalismo llevó esa mirada al extremo científico del determinismo, aunque en España se atemperara con el peso del alma y de la libertad. De ese esfuerzo salió la segunda edad de oro de la novela española —Galdós, Clarín, Pardo Bazán—, y de su crisis, por reacción, la novela del siglo XX. Por eso el currículo lo escoge como umbral de lo contemporáneo: aquí, en la Vetusta de Clarín y en los pazos de Pardo Bazán, empieza la literatura que todavía nos explica. Del romántico que miraba su alma al realista que mira la sociedad hay toda la distancia que va del sueño a la conciencia crítica —y esa conquista de la mirada es lo que hay que saber explicar.
Esquema
REALISMO Y NATURALISMO EN LA NOVELA DEL SIGLO XIX
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├─ 0. IDEA EJE: de la EVASIÓN (Romanticismo) a la OBSERVACIÓN de la realidad contemporánea
│ ⭐ el romántico mira su alma · el realista mira por la ventana · el naturalista por el microscopio
│ · la NOVELA = el género del retrato social · 2.ª gran edad de la novela española (tras el Quijote)
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├─ 1. CURRÍCULO ⭐ (verificado BOE, RD 243/2022): ESPEJO del T57
│ · si el Romanticismo CERRABA LCL I ("hasta el Romanticismo"), el Realismo ABRE LCL II
│ · "literatura del ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX y de los ss. XX-XXI… eje 1: EDAD DE PLATA (1875-1936)"
│ ⚠ LCL II NO empieza en el 98/Modernismo, sino en la novela realista del último cuarto = punto de entrada
│
├─ 2. EL REALISMO EUROPEO (cristaliza en Francia, años 1850; base: positivismo de Comte)
│ · STENDHAL (Rojo y negro 1830): "la novela es un espejo que se pasea por un camino"
│ · BALZAC (La Comedia humana, ~90 novelas, reaparición de personajes): "yo, el secretario"
│ · FLAUBERT (Madame Bovary 1857): impersonalidad + estilo indirecto libre + "bovarismo"
│ ⚠ ABSUELTO (el condenado en 1857 fue Baudelaire) · ⚠ folletín 1856/libro 1857 · ⚠ "c'est moi" APÓCRIFA
│ · Dickens (Inglaterra) · Tolstói, Dostoievski (Rusia → la crisis finisecular)
│
├─ 3. EL NATURALISMO: ZOLA, radicalización "científica" del Realismo
│ · Le roman expérimental (1880) sobre Claude Bernard · DETERMINISMO: herencia+medio+momento
│ ⚠ los 3 factores son de TAINE ("raza, medio, momento"), no de Zola
│ · Les Rougon-Macquart (20 novelas 1871-93: L'Assommoir, Naná, Germinal) · J'accuse 1898
│ ⚠ el "método experimental" es metáfora, no ciencia (no se experimenta sobre lo inventado)
│ · Realismo vs Naturalismo: el 2.º AÑADE tesis determinista + materialismo + feísmo + denuncia
│
├─ 4. EL REALISMO ESPAÑOL: arranque y 1.ª generación
│ · transición: Fernán Caballero (=Cecilia Böhl), La gaviota 1849 (⚠ transición, escrita en francés) · Alarcón
│ · Restauración 1874 · "generación de 1868"
│ · PEREDA (regionalismo/tesis: Sotileza 1885, Peñas arriba 1895) · VALERA (idealismo: Pepita Jiménez 1874)
│ · GALDÓS = figura central → SU TEMA PROPIO (T59), aquí solo mención
│
├─ 5. LAS CUMBRES
│ · CLARÍN (⚠ n. ZAMORA 1852): LA REGENTA (2 t., 1884-85, Barcelona), Ana Ozores/Vetusta(Oviedo),
│ Fermín de Pas ⚠ el MAGISTRAL no el obispo / Álvaro Mesía · "La heroica ciudad dormía la siesta"
│ ⚠ solo 2 novelas (+ Su único hijo 1891); maestro del CUENTO
│ · PARDO BAZÁN: La cuestión palpitante (1882-83) introduce el debate · Los pazos de Ulloa 1886
│ ⭐ NATURALISMO ESPAÑOL ATENUADO (católico, libre albedrío): acepta el MÉTODO, rechaza la FILOSOFÍA
│ · Blasco Ibáñez (el más zoliano: La barraca 1898, Cañas y barro 1902)
│
├─ 6. LA TÉCNICA: narrador omnisciente/intruso · descripción ("efecto de realidad", Barthes) ·
│ ⭐ ESTILO INDIRECTO LIBRE (la gran aportación; ⚠ ≠ monólogo interior; Flaubert lo perfecciona,
│ el término es de Bally 1912) · diálogo verosímil · novela de TESIS vs de OBSERVACIÓN · folletín/prensa
│
├─ 7. PROYECCIÓN: 2.ª edad de la novela · crisis finisecular (~1890, espiritualismo, los rusos) →
│ el 98 reacciona · la NIVOLA de Unamuno (Niebla 1914) contra el Realismo
│
└─ 8. DIDÁCTICA: el umbral de LCL II · leer el arranque de La Regenta (las 3 técnicas) · texto/imagen
(Buñuel, series de TVE) · el análisis social · perspectiva de género (Pardo Bazán, Ana Ozores)
Bibliografía
- Montesinos, José F. Introducción a una historia de la novela en España en el siglo XIX, Galdós y Costumbrismo y novela.
- Oleza, Juan. La novela del siglo XIX: del parto a la crisis de una ideología.
- Sobejano, Gonzalo. Estudios y edición de La Regenta.
- Baquero Goyanes, Mariano. La novela naturalista española: Emilia Pardo Bazán.
- Pattison, Walter T. El naturalismo español. Historia externa de un movimiento literario.
- Beser, Sergio. Leopoldo Alas, crítico literario.
- Zavala, Iris M. (coord.). Romanticismo y Realismo (vol. 5 de la Historia y crítica de la literatura española, dir. F. Rico).
- Auerbach, Erich. Mimesis; Barthes, Roland. El efecto de realidad.
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