Tema 7 · Lengua Castellana y Literatura
Las lenguas de España. Formación y evolución. Sus variedades dialectales
Epígrafe oficial: Las lenguas de España. Formación y evolución. Sus variedades dialectales.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. La formación del mapa lingüístico peninsular
- 3. Las lenguas de España: evolución e individualización
- 4. Los dialectos históricos: astur-leonés y navarro-aragonés
- 5. Las variedades dialectales del castellano
- 6. El marco jurídico del plurilingüismo
- 7. Implicaciones didácticas
- 8. Conclusiones
- 9. Esquema
- 10. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
España es una realidad plurilingüe: en su territorio conviven una lengua común, el castellano o español, tres lenguas cooficiales de gran vitalidad (catalán/valenciano, gallego y euskera), una cuarta cooficial en su valle (el aranés), dos dialectos históricos que nunca llegaron a normalizarse plenamente (astur-leonés y navarro-aragonés) y un abanico de variedades dialectales del castellano que va del habla montañesa al canario. Ese mapa no es un accidente administrativo: es el sedimento de tres mil años de historia lingüística, y entenderlo exige contar una película que empieza antes de Roma y no ha terminado.
El tema tiene tres actos claramente marcados por su título. La formación: cómo sobre un mosaico de lenguas prerromanas se impuso el latín, cómo ese latín se fragmentó en romances y por qué uno de ellos, el castellano, acabó extendiéndose sobre los demás. La evolución: la historia particular de cada lengua, con sus esplendores medievales, sus siglos oscuros y sus renacimientos contemporáneos. Y las variedades dialectales: la diversidad interna del propio castellano, que un profesor de Lengua debe describir con rigor y valorar sin prejuicios, porque en su aula se sientan hablantes de todas ellas.
Pocas materias del temario exigen tanto equilibrio: el tema es filología, pero también convivencia. La descripción debe ser exacta (qué es lengua, qué es dialecto histórico, qué es variedad meridional: categorías distintas que el examen exige distinguir) y la valoración, la propia de la sociolingüística moderna: todas las variedades son sistemas lingüísticos de pleno derecho; su desigual fortuna social es historia y política, no mérito lingüístico. Sobre ese doble raíl —rigor y respeto— se construye el desarrollo.
1. Relación con el currículo
En el marco de la LOE-LOMLOE y de los Reales Decretos 217/2022 (ESO) y 243/2022 (Bachillerato), este tema alimenta directamente el bloque de saberes «Las lenguas y sus hablantes», presente en todos los cursos: la biografía lingüística del alumnado, el mapa de la diversidad lingüística de España (y del mundo), la diferencia entre plurilingüismo individual y social, la reflexión sobre prejuicios y estereotipos lingüísticos y el respeto a la diversidad como riqueza. En Bachillerato se retoma con mayor densidad histórica (orígenes y evolución de las lenguas de España, variedades del español).
- Conecta con la competencia plurilingüe del Perfil de salida (valorar y aprovechar los repertorios lingüísticos propios y ajenos) y con la ciudadana (el plurilingüismo como hecho constitucional: art. 3 CE).
- Enlaza con otros temas del temario: bilingüismo y diglosia (tema 8), español de América (tema 9), variedades sociales y funcionales (tema 10) y literatura en catalán, gallego y vasco (tema 72).
- Los decretos autonómicos concretan el tratamiento según el territorio: en comunidades con lengua propia, la materia se coordina con la de esa lengua (proyectos lingüísticos de centro, tratamiento integrado de lenguas).
El tema fundamenta, además, una actitud profesional: el docente de Lengua es el principal agente contra los prejuicios lingüísticos (que «hablar andaluz» sea descuido, que el euskera sea «imposible», que el valenciano «no sea catalán» o sí lo sea según quién lo diga): todos ellos analizables, y desmontables, con los datos de este tema.
2. La formación del mapa lingüístico peninsular
2.1. Las lenguas prerromanas y el sustrato
A la llegada de los romanos (218 a. C.), la península era un mosaico lingüístico. En el este y sur, el ibero, lengua no indoeuropea de escritura semisilábica descifrada en su lectura (Gómez-Moreno) pero no en su significado; en la Meseta y el oeste, lenguas celtas (el celtibérico, documentado en bronces como los de Botorrita) y otras indoeuropeas como el lusitano; en el suroeste, el enigmático tartesio; en el nordeste pirenaico, el antecesor del euskera (el aquitano, documentado en epigrafía latina), única lengua prerromana superviviente; y en las costas, colonias de fenicios (púnico) y griegos (Emporion). De este fondo procede el sustrato: la influencia de la lengua vencida sobre la vencedora. Sus huellas seguras son sobre todo léxicas (voces prerromanas como barro, vega, páramo, izquierda —esta con concurso vasco—, manteca, perro, arroyo) y toponímicas (Segovia, Coimbra del celta; Elche del ibero); más discutidas son las fonéticas, aunque se ha atribuido a sustrato (vasco o vascoide) la pérdida de F- inicial latina del castellano (farina > harina) y su sistema de cinco vocales. Prudencia metodológica que el tribunal aprecia: el sustrato explica menos de lo que el aficionado cree, pero algo explica.
2.2. La romanización y el latín hispánico
La romanización (218 a. C.-19 a. C. en lo militar; siglos más en lo cultural) impuso el latín como lengua de administración, ejército, comercio y prestigio; las lenguas prerromanas, salvo el vasco, se extinguieron en unos pocos siglos. El latín que arraigó fue el latín vulgar —el hablado, no el literario—, con matices propios del latín hispánico: cierto arcaísmo (Hispania se romanizó pronto y conservó voces que el latín central renovó: cansar de campsare, cueva de cova, hablar de fabulari frente al parlare galo), dialectalismos itálicos meridionales (de los colonos oscos: quizá el paso -MB- > -m- del catalán y aragonés no, pero sí voces) y selecciones léxicas características (comedere > comer frente a manducare > manger/mangiare; fabulari frente a parlare; quaerere «querer» con cambio semántico). Sobre ese latín operaron las tendencias evolutivas generales (pérdida de cantidad vocálica, colapso de la declinación, orden SVO, artículo) que transformarían la lengua de Roma en los romances peninsulares.
2.3. Los superestratos: germánico y árabe
Las invasiones del siglo V trajeron pueblos germánicos (suevos, vándalos, alanos y, sobre todo, visigodos), que no impusieron su lengua (romanizados ellos mismos, la abandonaron pronto) pero dejaron un superestrato apreciable: léxico bélico y social (guerra, tregua, espía, guardar, robar, ganar, ropa, jabón?, aspa), antroponimia riquísima (Fernando, Álvaro, Rodrigo, Elvira, Gonzalo) y el sufijo -engo (abolengo, realengo). Mucho mayor fue el impacto del árabe tras el 711: cerca de ocho siglos de presencia y una cultura superior durante buena parte de ellos convirtieron el árabe (con el beréber) en superestrato y adstrato del romance. El resultado: unos 4.000 arabismos (la segunda fuente del léxico español tras el latín): agricultura (acequia, noria, alberca, azúcar, algodón, zanahoria, aceite... con su artículo al- aglutinado), ciencia (álgebra, cifra, cénit, alquimia), administración y guerra (alcalde, alguacil, aduana, alférez, atalaya), vivienda (alcoba, azotea, albañil), más el sufijo -í (alfonsí, marroquí), la interjección ojalá (wa-šā' Allāh) y una toponimia densísima (Guadalquivir, Guadalajara, Medina, Alcalá, La Mancha). En la sintaxis y fonología del romance, en cambio, su huella fue mínima: préstamo cultural masivo, no mezcla estructural. En el sur peninsular, los cristianos arabizados hablaron el mozárabe (mejor: romance andalusí), el romance más arcaizante, documentado en las jarchas (cancioncillas romances al final de moaxajas árabes y hebreas, siglos XI-XII: el primer testimonio literario romance peninsular), extinguido con el avance de la Reconquista y las repoblaciones.
2.4. Los romances primitivos y los primeros testimonios
Entre los siglos VIII y X, el latín hablado del norte peninsular cristalizó en un abanico de romances primitivos dispuestos de oeste a este: gallego-portugués, astur-leonés, castellano (nacido en un rincón oriental de la vieja Cantabria, la Castella «tierra de castillos»), navarro-aragonés y catalán, con el mozárabe al sur y el vasco como isla no romance. El castellano nació como variedad periférica e innovadora: donde sus vecinos vacilaban, él resolvía con decisión (F- > h- aspirada y luego muda: farina > harina; -CT- > ch: nocte > noche frente a nueite/nit; -LY- > j: muliere > mujer frente a muller; diptongación fija ue, ie sin las vacilaciones uo/ua aragonesas; pérdida de -MB- > m: palomba > paloma). La imagen clásica de Menéndez Pidal: la cuña castellana que, avanzando con la Reconquista, se hincó entre el leonés y el aragonés hasta romper la continuidad dialectal del norte.
Los primeros testimonios escritos del romance hispano son objeto de matiz filológico reciente: las célebres Glosas Emilianenses y Silenses (tradicionalmente fechadas en el siglo X-XI; anotaciones romances —y dos en vasco las emilianenses— a textos latinos) se consideran hoy navarro-aragonesas más que castellanas, y les disputan la antigüedad documentos como la Nodicia de kesos leonesa (h. 980) o los cartularios de Valpuesta (con escrituras desde el siglo IX de romance ya reconocible). Lo seguro: hacia el año 1000 el romance aflora por doquier bajo la costra latina de los documentos; y con el Cantar de Mio Cid (h. 1200; tema 42) y la prosa de Alfonso X (tema 44), el castellano alcanza su mayoría de edad literaria y cancilleresca.
3. Las lenguas de España: evolución e individualización
3.1. El castellano o español
La historia externa del castellano es la de una expansión: de dialecto comarcal a lengua de un reino (Castilla, con la primacía político-militar de la Reconquista), de lengua de un reino a lengua común peninsular (los procesos repobladores; la unión dinástica; la koiné niveladora que el propio avance produjo: el andaluz y el español atlántico nacen de esa nivelación) y de ahí a lengua universal (América: tema 9). Hitos internos y normativos: la norma alfonsí (siglo XIII: primera estandarización ortográfica y prosística), la Gramática de Nebrija (1492, primera de una lengua vulgar europea), el reajuste de las sibilantes de los siglos XVI-XVII (que separa para siempre la fonología del norte —distinción /s/-/θ/— y la de Andalucía y América —seseo—; y convierte la x/j medieval en la jota velar), la fundación de la RAE (1713: «limpia, fija y da esplendor»; hoy en política panhispánica con la ASALE) y la escolarización y los medios como grandes niveladores contemporáneos. Sobre los nombres: castellano y español son sinónimos (la propia Constitución usa el primero; la RAE prefiere el segundo para el conjunto); en este tema, «castellano» sirve además para oponer la lengua común a las demás lenguas de España, todas igualmente «españolas».
3.2. El catalán/valenciano
El catalán se formó en los condados carolingios de la Marca Hispánica (por eso su fisonomía galorrománica: vecindad estructural con el occitano: pérdida de vocales finales: paret, nit; no diptongación de Ĕ, Ŏ: terra, porta) y se expandió con la Corona de Aragón hacia Valencia y Baleares (siglo XIII), dibujando sus dos grandes bloques: oriental (Barcelona, Girona, Baleares: vocal neutra [ə]) y occidental (Lleida, Tortosa, Valencia). Su Edad Media fue de esplendor: cancillería real, Ramon Llull (fundador de la prosa culta), Ausiàs March, el Tirant lo Blanc; tras los siglos de Decadència (castellanización de las élites; Decretos de Nueva Planta, 1707-1716), la Renaixença del XIX (Aribau, Verdaguer, los Jocs Florals) preparó la codificación moderna: las Normes ortogràfiques (1913) y la gramática de Pompeu Fabra, con el Institut d'Estudis Catalans (1907) como academia. El valenciano es el nombre que el Estatuto valenciano da a la lengua propia; la filología (y la Acadèmia Valenciana de la Llengua, creada en 1998, junto a los tribunales) sostiene la unidad de la lengua compartida con Cataluña y Baleares, con normativa propia consensuada (Normes de Castelló, 1932). Hoy el catalán es cooficial en Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares, se habla además en la Franja aragonesa, Andorra (donde es única oficial), el Rosellón francés y L'Alguer (Cerdeña), y cuenta con unos diez millones de hablantes: la lengua minoritaria más robusta de Europa occidental.
3.3. El gallego
El gallego comparte cuna con el portugués: el gallego-portugués medieval, vehículo de la más refinada lírica peninsular de los siglos XIII-XIV (las cantigas de amigo, de amor y de escarnio; las Cantigas de Santa María de Alfonso X: hasta el rey de Castilla componía lírica en gallego). La separación política (independencia de Portugal) escindió el dominio: el portugués siguió su curso como lengua de Estado; el gallego entró en los Séculos Escuros (XVI-XVIII: lengua oral del pueblo, sin cultivo escrito), hasta el Rexurdimento del XIX, con Rosalía de Castro (Cantares gallegos, 1863, fecha fundacional), Curros Enríquez y Pondal. En el siglo XX, las Irmandades da Fala y el Grupo Nós preceden a la institucionalización: la Real Academia Galega (1906) y, con el Estatuto de 1981, la cooficialidad y la norma conjunta RAG-ILG (con un debate «reintegracionista» —aproximar la escritura al portugués— que conviene conocer). Rasgos de identidad frente al castellano: conservación de F- (fariña), diptongos decrecientes (ei, ou: leite, pouco), ausencia de diptongación de Ĕ/Ŏ (terra, porta), gheada y seseo en parte del territorio, sistema de siete vocales. Su reto sociolingüístico es singular: es la lengua cooficial con mayor porcentaje histórico de hablantes, pero con transmisión intergeneracional en retroceso urbano: tema 8.
3.4. El euskera
El euskera o vasco es la excepción europea: lengua no indoeuropea, sin parentesco demostrado (las hipótesis caucásicas o beréberes no han prosperado), continuadora del aquitano prerromano: la única lengua de la Hispania prerromana que sobrevivió a la romanización. Tipológicamente es ergativa y aglutinante (el sintagma se declina con sufijos apilados; el verbo concuerda con sujeto, objeto y dativo), con orden básico SOV: alteridad estructural total respecto de sus vecinas romances, con las que sin embargo ha intercambiado préstamos milenarios (del latín: bake < pacem, errege < regem; al castellano: izquierda, pizarra, chabola, boina, aquelarre). Su documentación literaria es tardía (Linguae Vasconum Primitiae de Etxepare, 1545; Leizarraga, 1571) y su fragmentación dialectal, notable (vizcaíno, guipuzcoano, labortano, suletino...), lo que explica la creación en 1968, por la academia Euskaltzaindia (fundada en 1919), del euskera batúa («unificado»), la variedad estándar que ha hecho posible escuela (ikastolas), administración y medios. Es cooficial en el País Vasco (Estatuto de 1979) y en la zona vascófona de Navarra (Ley Foral del Vascuence, 1986), y se habla también en el País Vasco francés. Tras décadas de política lingüística, su situación es de recuperación (crecimiento entre los jóvenes por la escuela) con debilidad en el uso espontáneo: caso de estudio europeo de revitalización.
3.5. El aranés y las variedades en situación frágil
El mapa se completa con piezas menores en tamaño, no en interés. El aranés, variedad del occitano (gascón) hablada en el Valle de Arán, es cooficial en toda Cataluña desde el Estatuto de 2006: el caso insólito de una lengua oficial con unos pocos miles de hablantes. La fala del valle de Jálama (Extremadura), de filiación gallego-portuguesa, y el portugués rayano sobreviven en la frontera occidental. El caló de la comunidad gitana (lengua mixta de gramática romance y léxico romaní) ha dejado préstamos al español coloquial (chaval, molar, camelar, parné). Y las lenguas de signos española y catalana, reconocidas por la Ley 27/2007, forman parte del patrimonio plurilingüe (tema 4). El asturiano y el aragonés, herederos de los dialectos históricos, se tratan en el epígrafe siguiente; todos estos casos comparten la condición de lenguas o hablas minorizadas cuya protección encomienda la Carta Europea (epígrafe 6).
4. Los dialectos históricos: astur-leonés y navarro-aragonés
Se llaman dialectos históricos los dos romances primitivos que, a diferencia de sus hermanos, no llegaron a consolidarse como lenguas de cultura plenamente normalizadas, arrinconados por la expansión del castellano: no «dialectos del castellano» (son hermanos suyos, hijos del latín), sino romances de fortuna truncada: la precisión terminológica es obligada en el examen.
El astur-leonés (asturiano, leonés, mirandés) conserva vitalidad decreciente de norte a sur: rasgos como F- conservada (farina, fégadu), diptongación ante yod (güeyu < oculum), -LY- > y (muyer), diminutivo -ín/-ina, neutro de materia (la lleche frío) y plurales femeninos en -es en asturiano central (les cases). Cuenta con la Academia de la Llingua Asturiana (1980) y una literatura creciente (el Surdimientu); el Estatuto asturiano lo protege sin declararlo cooficial (debate político recurrente), y su rama mirandesa es oficial en Portugal desde 1999: paradoja instructiva. El navarro-aragonés sobrevive como aragonés en los valles pirenaicos oscenses (ansotano, cheso, belsetán, chistabino, ribagorzano...), con pocos miles de hablantes: rasgos como F- conservada (fillo), -LY- > ll (muller), CT > it (feito, nueit), diptongación incluso ante yod (fuella) y vacilaciones ua/ia antiguas, artículos o/a en algunas hablas. La Ley de Lenguas de Aragón (2013, reformada) le da protección tibia; su situación es de peligro serio (UNESCO). Ambos plantean al aula la pregunta fecunda: ¿qué convierte a un romance en «lengua»? Y la respuesta honesta: ejércitos, cancillerías, academias y escuelas más que rasgos internos (la boutade de Weinreich: «una lengua es un dialecto con ejército y marina»).
5. Las variedades dialectales del castellano
5.1. Variedades septentrionales
El castellano de la mitad norte (las áreas de repoblación antigua) constituye el conjunto septentrional, base histórica de la norma culta peninsular: distinción /s/-/θ/, /-s/ implosiva tensa, consonantismo final conservado. No es, sin embargo, uniforme ni «más correcto»: presenta rasgos propios que la norma no ha canonizado: el leísmo (de persona, admitido; de cosa, no), laísmo y loísmo castellanos (le dije / la dije el recado), la relajación de -d- (acabao) también aquí, el condicional por imperfecto de subjuntivo del área vasco-navarro-riojana (si tendría dinero...), la conservación de la distinción ll/y en islotes rurales (frente al yeísmo hoy general en todo el dominio hispánico), y hablas de tránsito de personalidad marcada: el montañés cántabro o las hablas extremeño-leonesas. Función didáctica del epígrafe: desactivar la ecuación norte = corrección; el laísmo vallisoletano es tan «dialectal» como la aspiración sevillana.
5.2. Variedades meridionales: andaluz, extremeño, murciano, canario
Las variedades meridionales o «hablas del mediodía», nacidas de la koiné de repoblación tardía, comparten un haz de rasgos fonéticos: aspiración o pérdida de /-s/ implosiva (con posibles compensaciones: abertura vocálica que en parte de Andalucía oriental deviene desdoblamiento vocálico con valor de plural), neutralización de -r/-l implosivas (arma/alma), yeísmo generalizado, aspiración de la vieja h- de F- latina (jarto) y de /x/ ([h]: caha), relajación de -d- intervocálica (comío). El andaluz, la variedad más estudiada y de mayor personalidad, añade su reparto de seseo/ceceo (seseo urbano prestigioso: Sevilla; ceceo de franjas costeras, estigmatizado sin razón lingüística) y la oposición de sus dos grandes áreas (occidental: -s aspirada, ustedes por vosotros con verbo en 2.ª o 3.ª; oriental: abertura vocálica); su prestigio creciente en los medios andaluces es un caso vivo de cambio de actitudes. El extremeño y el murciano son hablas de tránsito (con sustrato leonés y aragonés-catalán respectivamente: el panocho huertano como variedad tradicional murciana). El canario, sembrado tras la conquista del XV con fuerte impronta sevillana y portuguesa, es el puente hacia América: seseo total, aspiración, ustedes generalizado, léxico portugués (millo, fonil) y guanchismos (gofio, baifo): su descripción anticipa el tema 9 (español atlántico).
5.3. El castellano de las zonas bilingües y el judeoespañol
Cierra el mapa el castellano de los territorios bilingües, moldeado por el contacto (tema 8): el de Cataluña (abertura vocálica, deísmo preposicional del tipo «he ido con la Marta», calcos como hacer tarde), el de Galicia (entonación característica, gheada trasladada, uso del pretérito simple por compuesto: hoy comí), el del País Vasco (condicional por subjuntivo, orden OV ocasional, léxico euskérico), sin olvidar las variedades del español en contacto con el inglés (Gibraltar: llanito) o el árabe (Ceuta y Melilla). Mención final merece el judeoespañol (ladino, djudezmo): la lengua de los sefardíes expulsados en 1492, conservada durante siglos en el Mediterráneo oriental como un castellano preclásico fosilizado y evolucionado a su aire (f- conservada, fonemas medievales /š/, /ž/, léxico turco y hebreo), hoy en peligro terminal pero atendida por la RAE (Academia Nacional del Judeoespañol en Israel): patrimonio dialectal de excepcional valor histórico.
6. El marco jurídico del plurilingüismo
El armazón legal es materia obligada del tema. El artículo 3 de la Constitución de 1978 dispone: (1) el castellano es la lengua española oficial del Estado; todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla; (2) las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas de acuerdo con sus Estatutos; (3) la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección. Sobre esa base, los Estatutos declaran cooficiales el catalán (Cataluña, Baleares), el valenciano (Comunidad Valenciana), el gallego (Galicia), el euskera (País Vasco y zona vascófona de Navarra) y el occitano-aranés (Cataluña, 2006), y las leyes de normalización lingüística autonómicas (tema 8) desarrollan su uso en escuela, administración y medios. Se suma el compromiso internacional: la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias (Consejo de Europa, 1992; ratificada por España en 2001), que obliga a proteger también las no cooficiales (asturiano, aragonés...). La jurisprudencia constitucional (SSTC 82/1986, 337/1994, 31/2010) ha ido perfilando el modelo: doble oficialidad, derechos de opción lingüística, la lengua propia como vehicular escolar con garantías para el castellano. El docente debe manejar este marco con precisión y ecuanimidad: es Derecho vigente y, a la vez, materia sensible.
7. Implicaciones didácticas
Traducción al aula, con el bloque «Las lenguas y sus hablantes» como destino natural:
- Biografía y paisaje lingüísticos: partir de la experiencia del aula (¿qué lenguas y variedades hablamos y oímos?), elaborar el mapa lingüístico personal y del barrio (paisaje lingüístico: fotografiar rótulos y analizarlos), y de ahí al mapa de España.
- Historia como relato: la formación del mapa contada como narración (con las jarchas, las glosas y la cuña castellana como hitos); línea del tiempo cooperativa; etimologías por capas (prerromana, latina, germánica, árabe) con el diccionario académico.
- Taller dialectológico: audiciones de variedades (podcasts, cine, música) con parrilla de rasgos; los atlas lingüísticos (ALPI y regionales) como fuente; encuestas léxicas a familias (¿mendrugo o cuscurro?) al estilo de la geografía lingüística.
- Prejuicios a examen: analizar y desmontar con datos los estereotipos (el andaluz en el doblaje cómico, el «acento neutro» de los medios); la distinción hecho/valoración como músculo crítico (enlaza con el tema 5).
- Interdisciplinariedad: con Geografía e Historia (Reconquista y repoblación), con las materias de lengua cooficial donde existan (tratamiento integrado de lenguas, proyectos plurilingües) y con la literatura (tema 72: textos en catalán, gallego y vasco traducidos y en versión original).
- Atención al aula diversa: el alumnado hablante de variedades meridionales o de otras lenguas ve legitimado su repertorio; el recién llegado aporta su lengua al mapa: la diversidad como contenido, no como problema.
8. Conclusiones
El tema ha recorrido la formación de un mapa (sustratos prerromanos, latín hispánico, superestratos visigodo y árabe, romances primitivos), la evolución de sus piezas (el castellano expansivo y nivelador; el catalán, el gallego y el euskera con sus ciclos de esplendor, postración y renacimiento normalizador; los dialectos históricos de fortuna truncada) y la diversidad interna del castellano (el eje norte/sur, las hablas de contacto, el testimonio sefardí). Tres ideas lo vertebran. Primera: el mapa lingüístico es historia sedimentada: cada isoglosa cuenta una repoblación, cada arabismo una acequia. Segunda: las categorías importan: lengua, dialecto histórico y variedad dialectal no son rangos de mérito sino trayectorias históricas distintas, y confundirlas (o jerarquizarlas moralmente) es el error que el especialista no puede permitirse. Tercera: el plurilingüismo español tiene un marco jurídico preciso (art. 3 CE, Estatutos, Carta Europea) que el ciudadano —y más el docente— debe conocer.
Para el profesor de Lengua Castellana y Literatura, el tema es una oportunidad doble: enseñar la mejor filología (pocas historias tan apasionantes como la de una península que pasó del ibero al espanglish) y ejercer la mejor ciudadanía lingüística: un aula donde el andaluz no se corrige sino que se describe, donde el euskera despierta curiosidad tipológica y no pereza política, y donde cada alumno ve su repertorio en el mapa, es ya una lección de convivencia que ningún temario puede superar.
9. Esquema
LAS LENGUAS DE ESPAÑA
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├─ 1. FORMACIÓN DEL MAPA
│ ├─ PRERROMANO: ibero · celta/celtibérico · lusitano · tartesio ·
│ │ aquitano-vasco (único superviviente) · fenicios y griegos
│ │ SUSTRATO: léxico (barro, vega, páramo) · topónimos · ¿F->h-?
│ ├─ ROMANIZACIÓN (218 a.C.): LATÍN VULGAR hispánico: arcaísmo
│ │ (cansar, cueva), selecciones (comer, hablar, querer)
│ ├─ SUPERESTRATOS: visigodo (guerra, ropa; Fernando; -engo) ·
│ │ ÁRABE 711: ~4.000 arabismos (al-: acequia, alcalde, álgebra;
│ │ ojalá; -í) · MOZÁRABE y las JARCHAS (s. XI: 1.er testimonio lírico)
│ └─ ROMANCES PRIMITIVOS (O→E): gallego-portugués · astur-leonés ·
│ CASTELLANO (innovador: F->h, -CT->ch, -LY->j; CUÑA de M. Pidal) ·
│ navarro-aragonés · catalán · Glosas (¿navarro-aragonesas?) ·
│ Valpuesta · Nodicia de kesos
│
├─ 2. LAS LENGUAS HOY
│ ├─ CASTELLANO/ESPAÑOL: expansión y koiné · Alfonso X · Nebrija 1492 ·
│ │ reajuste de sibilantes (s. XVI-XVII: /θ/ vs SESEO; jota) ·
│ │ RAE 1713 → panhispanismo
│ ├─ CATALÁN/VALENCIANO: Marca Hispánica (galorrománico) · or./occ. ·
│ │ Llull, Tirant · Decadència (Nueva Planta) · Renaixença ·
│ │ FABRA/IEC 1913 · AVL 1998 (unidad de la lengua) · ~10 M
│ ├─ GALLEGO: gallego-portugués (CANTIGAS) · Séculos Escuros ·
│ │ REXURDIMENTO (Rosalía 1863) · RAG 1906 · fariña, leite, terra ·
│ │ reto: transmisión urbana
│ ├─ EUSKERA: NO indoeuropeo (aquitano) · ergativo, aglutinante, SOV ·
│ │ Etxepare 1545 · Euskaltzaindia 1919 → BATÚA 1968 · ikastolas ·
│ │ recuperación escolar
│ └─ ARANÉS (occitano; cooficial en Cataluña 2006) · fala · caló · LSE
│
├─ 3. DIALECTOS HISTÓRICOS (romances truncados, NO dialectos del castellano)
│ ├─ ASTUR-LEONÉS: farina, güeyu, muyer, -ín, neutro de materia,
│ │ plurales en -es · ALLA 1980 · mirandés OFICIAL en Portugal
│ └─ NAVARRO-ARAGONÉS → aragonés pirenaico: fillo, muller, feito,
│ fuella · peligro serio · «lengua = dialecto con ejército» (Weinreich)
│
├─ 4. VARIEDADES DEL CASTELLANO
│ ├─ SEPTENTRIONALES: distinción /s/-/θ/ · PERO leísmo/laísmo ·
│ │ condicional vasco-riojano · yeísmo ya general · norte ≠ «correcto»
│ ├─ MERIDIONALES: -s aspirada (desdoblamiento oriental) · -r/-l ·
│ │ yeísmo · ANDALUZ (seseo/ceceo; occ. ustedes / or. vocales) ·
│ │ extremeño y murciano (tránsito) · CANARIO (puente a América:
│ │ millo, gofio)
│ └─ CONTACTO: cast. de Cataluña/Galicia/País Vasco · llanito ·
│ JUDEOESPAÑOL (1492: castellano preclásico fosilizado)
│
└─ 5. MARCO JURÍDICO: art. 3 CE (castellano oficial-deber; cooficialidad
estatutaria; modalidades = patrimonio) · Estatutos y leyes de
normalización · Carta Europea 1992/2001 · SSTC 82/1986, 337/1994,
31/2010 → DIDÁCTICA: biografía lingüística, paisaje, taller
dialectológico, prejuicios a examen
10. Bibliografía y webgrafía
- Alvar, M. (dir.), Manual de dialectología hispánica. El español de España, Ariel.
- Cano Aguilar, R., El español a través de los tiempos, Arco Libros, Madrid.
- Echenique, M. T. y Sánchez Méndez, J., Las lenguas de un reino. Historia lingüística hispánica, Gredos.
- Fernández-Ordóñez, I., «Los orígenes de la dialectología hispánica y Ramón Menéndez Pidal» (y su discurso RAE La lengua de Castilla y la formación del español).
- Lapesa, R., Historia de la lengua española, Gredos, Madrid.
- Menéndez Pidal, R., Orígenes del español, Espasa-Calpe, Madrid.
- Moreno Fernández, F., La maravillosa historia del español, Espasa/Instituto Cervantes.
- Penny, R., Gramática histórica del español, Ariel, Barcelona.
- Zamora Vicente, A., Dialectología española, Gredos, Madrid.
- Constitución Española (art. 3); Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias (BOE 15/09/2001); estatutos de autonomía y leyes de normalización.
- Atlas lingüísticos: ALPI (alpi.csic.es) y atlas regionales; Instituto Cervantes, El español en el mundo (anuarios).
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