Tema 14 · Formación y Orientación Laboral
Exigencias de adaptación al medio laboral. Formación continua y flexibilidad
Epígrafe oficial: Exigencias de adaptación al medio laboral y al puesto de trabajo. Capacidades generales y formación continua. Nuevas concepciones empresariales desde la perspectiva de la flexibilidad y la participación.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. Las exigencias de adaptación al medio laboral y al puesto
- 3. Capacidades generales y formación continua
- 4. Nuevas concepciones empresariales: flexibilidad y participación
- 5. Conclusiones
- 6. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
La inserción no termina con el primer empleo: el trabajador debe adaptarse a un puesto y a una organización que, además, cambian sin cesar. La transformación del mercado de trabajo exige hoy una capacidad de adaptación permanente: el empleo estable "para toda la vida" deja paso a trayectorias cambiantes en las que la formación a lo largo de la vida es la clave de la empleabilidad. Algunos autores caracterizan este entorno con el acrónimo VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo).
Este tema mira el trabajo desde dentro de la empresa: qué exige adaptarse al medio laboral, qué es la empleabilidad, qué capacidades generales la facilitan, cómo la formación continua la sostiene y cómo las nuevas concepciones empresariales —flexibilidad y participación— reorganizan el trabajo. Es un contenido de carácter psicosociológico y organizativo que prepara los temas siguientes sobre grupos, liderazgo y motivación.
1. Relación con el currículo
La adaptación al medio laboral, las competencias profesionales y la formación continua son contenidos del módulo de FOL (bloque de relación laboral e inserción) y un objetivo de la Formación Profesional (artículo 40 LOE), que busca capacitar para «adaptarse a las modificaciones laborales que pueden producirse a lo largo de la vida». La Ley Orgánica 3/2022 de FP refuerza esta idea con un sistema de formación acumulable y permanente.
- La FP se organiza por resultados de aprendizaje y competencias profesionales, personales y sociales, que son justamente las que demanda la adaptación al puesto.
- El Estatuto de los Trabajadores (artículo 23) reconoce el derecho a la promoción y formación profesional en el trabajo (permisos, adaptación de jornada, formación para la adaptación a las modificaciones del puesto).
- Conecta con la orientación para la empleabilidad, la transición a la vida activa y la evaluación del potencial profesional.
El reto didáctico es que el alumnado interiorice una actitud de aprendizaje permanente y de flexibilidad, sin renunciar a sus derechos, trabajando las competencias transversales de forma transversal en todos los módulos. Se citará la normativa autonómica de formación para el empleo.
Metodológicamente, este contenido —de carácter psicosociológico— se trabaja mejor con debate y reflexión que con memorización: analizar cómo ha cambiado una profesión del propio sector, identificar las competencias transversales que exige un puesto o reflexionar sobre la propia empleabilidad. La evaluación valorará la comprensión de estos procesos y la actitud de aprendizaje permanente. La atención a la diversidad reconoce que la capacidad de adaptación depende también del punto de partida de cada persona. El tema es transversal a la competencia personal, social y de aprender a aprender y a la iniciativa emprendedora.
2. Las exigencias de adaptación al medio laboral y al puesto
2.1. Un mundo del trabajo en cambio
El trabajo vive una transformación acelerada, descrita como cuarta revolución industrial o Industria 4.0, impulsada por la globalización, el cambio tecnológico (digitalización, automatización, robótica, inteligencia artificial, big data), la transición ecológica y nuevos valores sociales (conciliación, sentido del trabajo). Sus consecuencias para el trabajador: ocupaciones que desaparecen y otras que emergen, contenidos de los puestos que se renuevan continuamente, riesgo de obsolescencia de las competencias, mayor movilidad y carreras menos lineales. La adaptabilidad y el aprendizaje continuo dejan de ser una opción para convertirse en una exigencia estructural.
Este entorno cambiante se sintetiza en acrónimos que conviene conocer. El clásico VUCA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) ha dado paso, para algunos autores, al más reciente BANI (frágil, ansioso, no lineal e incomprensible), que subraya la fragilidad y la incertidumbre extremas del mundo actual. Detrás de estas etiquetas hay megatendencias reales: la globalización, la revolución digital (inteligencia artificial, automatización), la transición ecológica, los cambios demográficos y la aparición de nuevas formas de trabajo como la economía de plataformas (gig economy) y el teletrabajo. La consecuencia común es que la vida media de las competencias se acorta: lo que se aprende hoy puede quedar obsoleto en pocos años. De ahí que la adaptación ya no sea un episodio puntual, sino una condición permanente de la vida laboral.
Frente a estas transformaciones es natural que aparezca cierta resistencia al cambio, tanto en las personas como en las organizaciones: el miedo a lo desconocido, la comodidad de la rutina o la falta de información generan rechazo. Autores como Kurt Lewin describieron el cambio como un proceso de tres fases —descongelar (cuestionar la situación actual), cambiar (adoptar nuevas formas de hacer) y recongelar (consolidar lo aprendido)—, que exige acompañamiento, comunicación y formación. Gestionar bien el cambio, en lugar de imponerlo, reduce la resistencia y aprovecha el talento de las personas. Para el trabajador, desarrollar una actitud abierta y proactiva ante el cambio es hoy una de las competencias más valoradas.
2.2. La empleabilidad
La empleabilidad es la capacidad de una persona de acceder a un empleo, mantenerlo y adaptarse a los cambios a lo largo de su vida laboral. No depende solo del mercado, sino de tres tipos de factores interrelacionados:
- Las competencias de la persona (técnicas y transversales) y su nivel de cualificación.
- Las actitudes y la disposición (motivación, flexibilidad, iniciativa, movilidad, búsqueda activa).
- El contexto (la situación del mercado, las redes de contacto, la conciliación, los apoyos).
Mejorar la empleabilidad exige hoy procesos de recualificación (reskilling: aprender competencias para un puesto distinto) y de perfeccionamiento (upskilling: actualizar y ampliar las del propio puesto). La orientación profesional tiene como fin último reforzar la empleabilidad y la autonomía de la persona para gestionar su carrera.
La psicología vocacional ha desarrollado el concepto de adaptabilidad de la carrera (career adaptability) de Savickas, que la descompone en cuatro dimensiones o «cuatro ces»: la preocupación por el futuro (planificar), el control sobre la propia carrera (responsabilizarse), la curiosidad por explorar opciones y la confianza para afrontar los retos. Estas dimensiones son entrenables y constituyen el núcleo psicológico de la empleabilidad. Conviene, además, distinguir la empleabilidad objetiva (las competencias y credenciales reales de la persona) de la percibida (la confianza que tiene en encontrar empleo), pues ambas influyen en la búsqueda y en la adaptación. La orientación trabaja las dos: dota de competencias reales y refuerza la confianza y la actitud proactiva, sin las cuales aquellas no se ponen en juego.
2.3. La adaptación al puesto y al medio laboral
Adaptarse a un trabajo concreto tiene varias dimensiones:
- Adaptación técnica o al puesto: dominar las tareas, los procedimientos, las herramientas y la tecnología; cada vez más se valora la polivalencia y la actualización constante frente a la especialización rígida.
- Adaptación social y a la organización: integrarse en el equipo, asumir la cultura, los valores y las normas de la empresa, comunicarse y cooperar (proceso de socialización laboral).
- Adaptación a las condiciones de trabajo: horarios, ritmos y exigencias físicas y psíquicas, cuyo desajuste genera riesgos (estrés, fatiga, tecnoestrés), en conexión con la prevención de riesgos laborales y la ergonomía.
La organización facilita la adaptación mediante los planes de acogida (onboarding), la formación en el puesto, el mentoring o tutorización y un buen clima; el trabajador, mediante una actitud abierta, proactiva y de aprendizaje. Una buena adaptación favorece la satisfacción, el rendimiento, la seguridad y la permanencia, y reduce la rotación.
La socialización laboral —el proceso por el que la persona se integra en la organización y asume su cultura— suele describirse en fases: una fase anticipatoria (las expectativas previas a incorporarse), una fase de encuentro (el choque con la realidad al llegar, que un buen plan de acogida amortigua) y una fase de adaptación y metamorfosis (la integración plena). En este proceso es clave el contrato psicológico: el conjunto de expectativas mutuas, no escritas, entre trabajador y empresa (sobre el trato, el reconocimiento, el desarrollo). Su cumplimiento genera compromiso y satisfacción; su ruptura, desmotivación y abandono. Comprender estas dinámicas ayuda al alumnado a afrontar su incorporación al trabajo con realismo y a gestionar mejor la inevitable distancia entre lo que esperaba y lo que encuentra.
La cultura organizacional merece atención propia. Según Edgar Schein, opera en tres niveles: los artefactos visibles (el espacio, el lenguaje, los rituales), los valores declarados (lo que la organización dice que le importa) y los supuestos básicos inconscientes (las creencias profundas que de verdad guían el comportamiento). Adaptarse a una empresa implica «leer» y comprender esa cultura, muchas veces implícita. Un desajuste grave entre los valores de la persona y los de la organización genera malestar y suele acabar en abandono. Por eso, tanto al buscar empleo como al incorporarse, conviene atender no solo al puesto y al salario, sino también a la cultura de la empresa, factor decisivo de la satisfacción y la permanencia.
3. Capacidades generales y formación continua
3.1. Las capacidades generales o competencias transversales
Conviene distinguir cualificación (conjunto de competencias reconocido oficialmente), competencia (capacidad de movilizar conocimientos, destrezas y actitudes para resolver situaciones) y capacidad (aptitud para una tarea). Más allá de los conocimientos técnicos de cada oficio, las empresas valoran cada vez más las capacidades generales o competencias transversales («habilidades blandas» o soft skills), aplicables a cualquier puesto y decisivas para adaptarse al cambio:
- Competencias instrumentales: comunicación oral y escrita, competencia digital, idiomas, razonamiento matemático y resolución de problemas.
- Competencias interpersonales: trabajo en equipo, empatía, gestión de conflictos, inteligencia emocional y ciudadanía.
- Competencias sistémicas y personales: iniciativa y espíritu emprendedor, autonomía, organización, responsabilidad, creatividad, flexibilidad y, transversal a todas, aprender a aprender.
La Recomendación europea de 2018 sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente define ocho competencias clave (lingüística; plurilingüe; matemática, científica y tecnológica; digital; personal, social y de aprender a aprender; ciudadana; emprendedora; y de conciencia y expresión cultural). Marcos específicos como DigComp (competencia digital) y EntreComp (emprendimiento) las concretan. La orientación debe ayudar a desarrollarlas y a hacerlas visibles (portafolio, Europass).
La distinción entre competencias «duras» (hard skills) —los conocimientos técnicos específicos de un oficio— y «blandas» (soft skills) —las transversales, relacionales y personales— se ha vuelto central. Diversos estudios, como los del Foro Económico Mundial, coinciden en que las competencias más demandadas para el futuro son, precisamente, las blandas y difícilmente automatizables: el pensamiento analítico y crítico, la creatividad, la resiliencia y flexibilidad, el aprendizaje activo, el liderazgo y la inteligencia emocional. La razón es clara: las tareas rutinarias las asume la máquina, de modo que el valor humano se desplaza hacia lo que la máquina no puede hacer. Para la Formación Profesional esto supone un reto: junto a la excelente formación técnica de sus títulos, debe cultivar de forma explícita estas competencias transversales, que a menudo marcan la diferencia en la inserción y la promoción.
Entre todas ellas, aprender a aprender ocupa un lugar central: es la metacompetencia que permite adquirir todas las demás y adaptarse a lo que aún no existe. Incluye conocer el propio estilo de aprendizaje, saber planificar y autorregular el estudio, buscar y seleccionar información y perseverar. En un mundo donde los conocimientos concretos caducan pronto, la verdadera competencia duradera es la capacidad de seguir aprendiendo; por eso su desarrollo es una prioridad del sistema educativo y una de las mejores herencias que la FP puede dejar a su alumnado.
3.2. La formación continua y el aprendizaje a lo largo de la vida
El aprendizaje a lo largo de la vida (lifelong learning) es el principio que sostiene la empleabilidad en un entorno cambiante. La formación continua —la que recibe la persona ya incorporada al trabajo— permite actualizarse, reciclarse y promocionar. La Ley Orgánica 3/2022 de FP ha creado un sistema único de formación profesional, acumulable y flexible, organizado en grados ascendentes (de acreditaciones y certificados parciales —grados A, B, C— a los ciclos formativos —grados D— y los cursos de especialización —grado E—), con microformaciones y un procedimiento permanente de acreditación de competencias adquiridas por la experiencia. La formación para el empleo se articula a través de:
- La formación programada por las empresas para sus trabajadores, financiada mediante bonificaciones en las cotizaciones y gestionada por FUNDAE (Fundación Estatal para la Formación en el Empleo).
- La oferta formativa para personas ocupadas y desempleadas de los servicios públicos de empleo, vinculada al Catálogo Nacional de las Cualificaciones Profesionales.
- El derecho del trabajador a la formación (artículo 23 del Estatuto de los Trabajadores): permisos para exámenes, preferencia de turno, adaptación de jornada y un permiso retribuido de formación vinculada al puesto, reforzado por la negociación colectiva.
La formación continua produce un triple beneficio: para la persona (empleabilidad, promoción, salario), para la empresa (productividad, calidad, innovación, retención del talento) y para el conjunto del sistema productivo (competitividad).
La formación continua adopta hoy formatos muy diversos, más allá de los cursos tradicionales. Han cobrado fuerza las microcredenciales (certificaciones de aprendizajes cortos y específicos, impulsadas por la Unión Europea), los MOOC (cursos masivos en línea) y las plataformas de autoformación. Conviene, además, recordar que gran parte del aprendizaje en el trabajo es informal: el conocido modelo 70-20-10 estima que en torno al 70 % de lo que se aprende procede de la propia experiencia y la práctica, el 20 % de la interacción con otros (compañeros, mentores) y solo el 10 % de la formación formal. Esto no resta valor a la formación reglada, pero subraya la importancia de una actitud de aprendizaje permanente en el día a día. El profesorado de FOL debe transmitir que formarse no termina con el título, sino que es una tarea continua a lo largo de toda la vida laboral.
Merece subrayarse el papel de FUNDAE y del «crédito de formación»: cada empresa dispone anualmente de un crédito —proporcional a lo cotizado por formación profesional— que puede aplicar a bonificar la formación de sus trabajadores. Es un derecho infrautilizado, sobre todo por las pequeñas empresas, que el profesorado de FOL debe conocer para orientar. Junto a él, el derecho individual a la formación del Estatuto de los Trabajadores (permisos, adaptación de jornada) y las previsiones de los convenios colectivos hacen de la formación continua no un favor, sino un derecho del trabajador que conviene saber ejercer.
Todo este esfuerzo formativo debe apoyarse en una buena orientación a lo largo de la vida: no basta con ofrecer formación, hay que ayudar a cada persona a identificar qué necesita aprender y por dónde seguir. Los servicios públicos de empleo, los centros de FP y los propios departamentos de orientación cumplen aquí un papel esencial, guiando itinerarios de recualificación. En este marco cobran valor herramientas como el balance de competencias (hacer explícito lo que la persona sabe hacer, también lo aprendido informalmente) y la acreditación de competencias profesionales adquiridas por la experiencia, que permite obtener certificados oficiales sin repetir formación ya poseída. Un alumnado que sabe reconocer y acreditar lo que aprende gana autonomía para dirigir su propia carrera, y orientar para ello es una prolongación natural de la labor del profesorado de FOL más allá del aula.
4. Nuevas concepciones empresariales: flexibilidad y participación
4.1. De Taylor a las relaciones humanas: evolución de los modelos
La forma de organizar el trabajo ha evolucionado a lo largo del siglo XX:
- Organización científica del trabajo (Taylor, taylorismo): máxima división y especialización de tareas, separación entre quien piensa y quien ejecuta, estudio de tiempos y movimientos, incentivos económicos. Fayol añade los principios de administración y Ford la cadena de montaje (fordismo) y la producción en masa. Resultado: gran productividad pero trabajo alienante y monótono.
- Escuela de las relaciones humanas (Mayo, experimentos de Hawthorne): descubre que la productividad depende también de factores psicosociales (atención, reconocimiento, grupo informal, motivación), no solo de las condiciones físicas y el salario. Abre el camino al estudio de la motivación y el liderazgo.
- Modelos contemporáneos: el toyotismo y la producción ajustada (lean), la gestión de la calidad total (Deming, Ishikawa: mejora continua o kaizen, círculos de calidad) y los enfoques sociotécnicos, que integran lo técnico y lo humano y dan paso a la flexibilidad y la participación.
Conviene completar esta evolución con otras aportaciones clásicas. Max Weber describió la organización burocrática —basada en normas, jerarquía, división de funciones y méritos— como el modelo racional de administración, eficaz pero rígido y despersonalizado. Ya en la corriente humanista, McGregor formuló las teorías X e Y: la teoría X parte de que las personas son perezosas y necesitan control y coacción; la teoría Y, de que buscan la responsabilidad y se implican si el trabajo tiene sentido; cada supuesto conduce a un estilo de dirección opuesto. Ouchi añadió la teoría Z, inspirada en el modelo japonés, que combina el empleo estable, la participación y la implicación colectiva. Todas estas aportaciones, que se profundizan en los temas de motivación y liderazgo, comparten una conclusión: la productividad y la calidad no dependen solo de la técnica y el control, sino de cómo se trata y se implica a las personas.
4.2. La flexibilidad
La flexibilidad es la capacidad de la empresa de adaptarse rápidamente a los cambios del mercado. Suele distinguirse:
- Flexibilidad externa: ajustar la plantilla y los costes (contratación temporal, subcontratación, externalización u outsourcing); su abuso genera precariedad y dualidad del mercado.
- Flexibilidad interna: adaptar la organización del trabajo sin destruir empleo (movilidad funcional y geográfica, flexibilidad de jornada y horario, distribución irregular, polivalencia, teletrabajo). La negociación colectiva busca una flexibilidad negociada.
- Flexiseguridad (modelo de inspiración danesa, el "triángulo de oro"): combina flexibilidad para la empresa, seguridad en el empleo y los ingresos para el trabajador y políticas activas de formación y reinserción.
Estas tendencias dan lugar a nuevas formas organizativas: estructuras planas, trabajo por proyectos y equipos, organización en red y mejora continua.
El modelo de flexiseguridad merece un desarrollo, pues es la respuesta europea al dilema entre flexibilidad y protección. Nacido en Dinamarca, su «triángulo de oro» combina tres elementos: una elevada flexibilidad en la contratación y el despido, una generosa protección por desempleo que da seguridad de ingresos a quien pierde el empleo y unas potentes políticas activas de formación y reinserción que devuelven rápidamente al trabajo. La idea de fondo es desplazar la seguridad del puesto (mantener siempre el mismo empleo) a la seguridad en el empleo y en la empleabilidad (garantizar que, si se pierde un trabajo, se encuentra otro con apoyo). Es un modelo admirado pero difícil de trasplantar, pues exige un fuerte gasto público y un consenso social que no todos los países tienen. Su estudio ayuda a valorar críticamente la flexibilidad sin protección, que solo genera precariedad.
Entre las manifestaciones actuales de la flexibilidad interna destaca el trabajo a distancia o teletrabajo, generalizado tras la pandemia y regulado por la Ley 10/2021: aporta flexibilidad y conciliación, pero plantea retos de derecho a la desconexión, control y aislamiento. Otras fórmulas son la distribución irregular de la jornada, las bolsas de horas, la semana comprimida o los horarios flexibles. Bien negociadas, estas medidas benefician a ambas partes; impuestas unilateralmente, pueden deteriorar las condiciones de trabajo. De nuevo, la clave es la flexibilidad negociada a través de la representación de los trabajadores.
En definitiva, la flexibilidad es un instrumento ambivalente: puede mejorar a la vez la competitividad de la empresa y la conciliación de las personas o, mal gestionada, precarizar el empleo y trasladar toda la incertidumbre al trabajador. Su valoración depende de que sea negociada, equilibrada y acompañada de seguridad, en la línea de la flexiseguridad; esa es la mirada crítica y constructiva que la orientación debe transmitir.
4.3. La participación
Frente a la organización jerárquica y autoritaria, las nuevas concepciones promueven la participación del trabajador como fuente de motivación, calidad, compromiso e innovación. Cabe distinguir varios grados:
- Participación en la organización del trabajo: enriquecimiento y ampliación de tareas, equipos autónomos o semiautónomos, círculos de calidad, sistemas de sugerencias.
- Participación en la gestión y en los resultados: información y consulta, retribución variable, reparto de beneficios, participación en el capital.
- Participación representativa o institucional: la que ejercen los trabajadores a través de sus representantes (delegados de personal y comité de empresa), garantizada por el Estatuto de los Trabajadores (artículo 4) y desarrollada en su título II.
Todos estos enfoques se apoyan en una concepción del trabajador como persona y no como mero recurso, idea que desarrollan los temas de grupos y liderazgo.
La participación conecta con conceptos actuales de la gestión de personas. El compromiso o engagement —la implicación emocional y la energía que la persona pone en su trabajo— se ha revelado como un factor decisivo del rendimiento y de la retención del talento, y se nutre precisamente de la autonomía, el reconocimiento y la participación. De ahí que muchas empresas cuiden hoy el «salario emocional» (todo aquello no monetario que hace atractivo un empleo: buen clima, desarrollo, conciliación, sentido) y la conciliación de la vida laboral y personal como parte de su propuesta de valor. En el extremo participativo se sitúa la cogestión (la presencia de representantes de los trabajadores en los órganos de dirección, propia de países como Alemania). Todas estas tendencias reflejan un cambio de fondo: entender que implicar a las personas no es solo más justo, sino también más eficaz, en un trabajo que depende cada vez más del conocimiento y el compromiso.
5. Conclusiones
En un mundo del trabajo en cambio constante (VUCA, Industria 4.0), la adaptación al medio laboral y al puesto —técnica, social y a las condiciones de trabajo— es una exigencia central de la empleabilidad, que depende de las competencias, las actitudes y el contexto, y se renueva mediante el reskilling y el upskilling. La sostienen las capacidades generales o competencias transversales (las ocho competencias clave europeas) y, sobre todo, la formación continua como expresión del aprendizaje a lo largo de la vida (LO 3/2022, FUNDAE, artículo 23 ET).
Las nuevas concepciones empresariales, herederas de la superación del taylorismo por las relaciones humanas, reorganizan el trabajo desde la flexibilidad (preferiblemente interna y negociada, con flexiseguridad) y la participación. Para el profesorado de FOL, este tema fundamenta una orientación que prepara a personas adaptables, formadas a lo largo de la vida y conscientes de sus derechos.
En clave didáctica, este tema aporta al alumnado una mentalidad más que un contenido: la conciencia de que su título es un excelente punto de partida, pero no un punto de llegada, y de que su mejor seguro frente a un mundo laboral incierto es la capacidad de aprender, adaptarse y colaborar a lo largo de toda la vida. Formar profesionales flexibles y con vocación de aprendizaje permanente, pero también conscientes de sus derechos frente a una flexibilidad mal entendida, es una de las aportaciones más valiosas y actuales del módulo de FOL.
6. Bibliografía y webgrafía
- Ley Orgánica 2/2006, de Educación (artículo 40: objetivos de la FP). Real Decreto Legislativo 2/2015, texto refundido del Estatuto de los Trabajadores (artículos 4 y 23: derechos, promoción y formación). Ley Orgánica 3/2022, de ordenación e integración de la Formación Profesional.
- Recomendación (UE) 2018/C 189/01 del Consejo, sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente. Marcos DigComp y EntreComp.
- F. W. Taylor, Principios de la administración científica; H. Fayol; E. Mayo (experimentos de Hawthorne); W. E. Deming y K. Ishikawa (calidad total). Modelo de flexiseguridad.
- Normativa de formación profesional para el empleo y de FUNDAE.
- Webgrafía: Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (fundae.es), Servicio Público de Empleo Estatal (sepe.es), TodoFP (todofp.es), CEDEFOP y Europass (europa.eu); Boletín Oficial del Estado (boe.es).
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Material de repaso 📐
Repasa el tema con el esquema de llaves y las flashcards de recuerdo activo.
Ver esquema de llaves
- 2Adaptación al medio laboral
- Mundo del trabajo en cambio (globalización, tecnología, transición ecológica)
- Dimensiones { técnica/al puesto (polivalencia) · social y a la cultura · a las condiciones de trabajo }
- Apoyos: plan de acogida, formación en el puesto; actitud proactiva
- 3Capacidades y formación continua
- Competencias transversales: digitales, comunicación, equipo, iniciativa, aprender a aprender
- Aprendizaje a lo largo de la vida (lifelong learning)
- Formación continua: empresas (FUNDAE), oferta SPE; derecho (art. 23 ET)
- 4Flexibilidad y participación
- De Taylor/Ford a relaciones humanas (Mayo) y calidad total
- Flexibilidad { externa (plantilla → precariedad) · interna (negociada, flexiseguridad) }
- Participación: en la organización, en gestión/resultados y representativa
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