Tema 40 · Lengua Castellana y Literatura
El ensayo. El periodismo y su irrupción en la literatura
Epígrafe oficial: El ensayo.El periodismo y su irrupción en la literatura.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. Los géneros de frontera: literatura, pensamiento e información
- 3. El ensayo
- 4. El periodismo y sus géneros
- 5. El periodismo y su irrupción en la literatura
- 6. Implicaciones didácticas
- 7. Conclusiones
- 8. Esquema
- 9. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
Estudiados los tres géneros de la ficción —narrativa, lírica y teatro (temas 37 a 39)—, el temario cierra el bloque de los géneros con dos formas que se sitúan en la frontera de lo literario: el ensayo y el periodismo. Ambos comparten un rasgo que los diferencia de los géneros de ficción: no crean un mundo imaginario, sino que hablan del mundo real —de las ideas, en el ensayo; de la actualidad, en el periodismo— en nombre propio, sin fingir. Por eso su estatuto literario es discutido (tema 36): unos los consideran plenamente literatura por su elaboración estética del lenguaje; otros los sitúan en los confines del campo literario, como géneros de no ficción o de literatura de ideas. Esta condición fronteriza no es un defecto, sino lo que los hace especialmente interesantes: en ellos se ve con claridad cómo la literariedad no depende del tema, sino del trabajo del lenguaje (tema 33). Son, además, los géneros que más directamente conectan la literatura con la vida intelectual y cívica: quien escribe un ensayo interviene en el debate de las ideas, y quien escribe una crónica da testimonio de su tiempo, de modo que ambos géneros mantienen a la literatura enraizada en el mundo y comprometida con él.
El enunciado une, además, ambos géneros con una perspectiva histórica reveladora: «el periodismo y su irrupción en la literatura». La relación entre periodismo y literatura ha sido, en efecto, intensísima y de doble sentido: la prensa nació como un cauce para la literatura (muchas grandes novelas se publicaron por entregas en periódicos), el periodismo ha sido la escuela y el sustento de innumerables escritores, y en el siglo XX géneros híbridos como el Nuevo Periodismo o la novela de no ficción han disuelto casi por completo la frontera entre informar y narrar literariamente. El opositor debe manejar, por tanto, la caracterización del ensayo como género, el sistema de los géneros periodísticos, y —muy señaladamente— la rica historia de las relaciones entre periodismo y literatura.
El desarrollo situará ambos géneros en la frontera de lo literario; caracterizará el ensayo (su nacimiento con Montaigne, sus rasgos, sus modalidades y la gran tradición española); expondrá el periodismo y sus géneros; analizará la irrupción del periodismo en la literatura; y cerrará con la didáctica de estos géneros, especialmente rica por su conexión con la actualidad y el pensamiento crítico.
1. Relación con el currículo
El currículo LOMLOE —Ley Orgánica 2/2006 (LOE) en la redacción de la LOMLOE, Real Decreto 217/2022 (ESO) y Real Decreto 243/2022 (Bachillerato), con los decretos autonómicos— concede a estos géneros un lugar destacado, en el cruce de la educación literaria (tema 35), la producción de textos y la alfabetización mediática.
- El ensayo y los textos de opinión son géneros centrales de la producción escrita en Bachillerato: la disertación y el ensayo argumentado (tema 30) son objeto de enseñanza y de evaluación, y las pruebas de acceso los exigen.
- El periodismo conecta con la competencia específica de alfabetización informacional y mediática: comprender los géneros periodísticos, distinguir la información de la opinión, valorar la fiabilidad de las fuentes y detectar la manipulación y la desinformación (tema 5) son saberes básicos irrenunciables en la sociedad actual.
- Ambos géneros alimentan la competencia ciudadana y el pensamiento crítico, y la ética de la comunicación que la LOMLOE subraya (el rigor, la honestidad, el respeto en el debate público).
El tema fundamenta, así, tanto la enseñanza de la escritura argumentativa y ensayística como la educación en el consumo crítico de los medios, dos objetivos de primer orden del currículo y dos competencias de creciente importancia en una sociedad saturada de información y de opinión.
2. Los géneros de frontera: literatura, pensamiento e información
El ensayo y el periodismo son géneros didáctico-ensayísticos o de no ficción, y su relación con la literatura plantea el problema teórico de los límites de lo literario (temas 33 y 36). La tríada clásica de los géneros (narrativa, lírica, dramática) se construyó sobre la ficción —la imitación (mímesis) de acciones imaginarias—, y estos géneros no fingen un mundo: el ensayista reflexiona en su propio nombre sobre ideas reales, y el periodista informa de hechos reales. Por eso su estatuto es discutido: ¿son literatura o son otra cosa (filosofía, información) escrita con cierto arte?
La respuesta más equilibrada distingue el propósito del tratamiento. Un texto puede tener un propósito no literario (exponer una idea, informar de un hecho) y, sin embargo, alcanzar un tratamiento literario del lenguaje (una elaboración estética de la expresión, un estilo personal, una densidad de imágenes y de pensamiento) que lo eleva a la categoría de literatura. Así, hay ensayos y crónicas periodísticas que son indudablemente literatura (los ensayos de Montaigne o de Ortega, las crónicas de Larra o de García Márquez) y otros que son solo pensamiento o información funcional. La literariedad (tema 33), una vez más, no reside en el tema ni en la ficcionalidad, sino en el trabajo del lenguaje. Estos géneros de frontera son, por ello, el mejor ejemplo del carácter gradual y funcional de lo literario: no hay una línea nítida, sino una zona de transición en la que el mismo tipo de texto puede ser más o menos literario según cómo esté escrito.
Conviene añadir que la propia noción de literatura ha sido históricamente más amplia que la actual, y que esa amplitud da razón a la inclusión de estos géneros. Durante siglos, bajo el rótulo de «letras» o «humanidades» se comprendían la historia, la filosofía, la oratoria y la prosa de ideas junto a la poesía y la ficción; la reducción de «literatura» a la creación imaginativa (ficción y poesía) es relativamente reciente (siglos XVIII-XIX) y no ha llegado a expulsar del todo a la prosa de pensamiento del territorio literario. Por eso los grandes ensayos y las grandes crónicas figuran, con pleno derecho, en las historias de la literatura, y su lectura forma parte de la educación literaria. El ensayo y el periodismo literario recuerdan, así, que la literatura no es solo el arte de inventar mundos, sino también el de pensar y contar el mundo real con belleza y con verdad, una vocación tan antigua y tan noble como la de la ficción.
3. El ensayo
3.1. Concepto, nacimiento y rasgos
El ensayo es un texto en prosa que expone una reflexión personal sobre cualquier tema, de manera subjetiva, asistemática y con voluntad de estilo, sin la pretensión de agotarlo ni de demostrarlo con el rigor del tratado científico. Es, por definición, un género abierto y libre. Su nacimiento tiene fecha y autor: Michel de Montaigne, cuyos Essais (1580) fundan el género y le dan nombre: la palabra essai significa «prueba», «intento», «tentativa», y expresa a la perfección su naturaleza: el ensayo no es una demostración cerrada, sino un intento de pensar, un tanteo del pensamiento que se va haciendo al escribir (la escritura epistémica del tema 32). Montaigne se toma a sí mismo como objeto («yo soy la materia de mi libro») y escribe con una libertad, una digresión y una hondura que serán la marca del género. En Inglaterra, Francis Bacon dará al ensayo un tono más sentencioso.
Los rasgos caracterizadores del ensayo son: la subjetividad (el ensayista habla en primera persona, expresa sus opiniones y su visión personal, sin ocultarse tras una falsa objetividad); la asistematicidad (no sigue el método exhaustivo del tratado; procede por asociación, digresión y sugerencia, y no pretende agotar el tema); la libertad temática (puede versar sobre cualquier asunto: filosófico, político, literario, científico, cotidiano); la voluntad de estilo (el ensayo cuida la expresión, busca la belleza y la eficacia del lenguaje, y en eso reside su dimensión literaria); la brevedad relativa y el tono dialógico (se dirige a un lector culto, con el que conversa, y a menudo lo interpela); y la finalidad persuasiva y sugeridora más que demostrativa (no cierra el tema, lo abre, invita a pensar). El ensayo combina, así, la exposición (tema 28) y la argumentación (tema 30) con un tratamiento estético y una fuerte impronta personal.
3.2. Modalidades y fronteras del ensayo
El ensayo es un género proteico de límites imprecisos, que se solapa con muchas otras formas de la prosa de ideas. Suele distinguirse el ensayo de tono más formal o expositivo (próximo al artículo académico o de divulgación, con mayor aparato) del ensayo de tono más literario o personal (más libre, digresivo y estilístico, próximo a la creación). En sus fronteras se sitúan géneros afines de la prosa didáctica y de ideas: el artículo (periodístico o de opinión), la epístola (la carta literaria), el aforismo y la máxima (la sentencia breve y aguda: Gracián, La Rochefoucauld), las memorias, la autobiografía y el diario (la escritura del yo), la crónica y el libro de viajes. Todos comparten con el ensayo la reflexión en prosa desde una subjetividad, y todos se mueven en la misma zona fronteriza entre la literatura, el pensamiento y el testimonio.
Conviene también deslindar el ensayo del tratado científico o filosófico: mientras el tratado aspira a la exhaustividad, la objetividad y la demostración sistemática, el ensayo es parcial, subjetivo y asistemático; el tratado busca probar, el ensayo busca sugerir y persuadir. Esta diferencia no es de valor (hay ensayos más profundos que muchos tratados), sino de talante: el ensayo es el género del pensamiento libre, provisional y en movimiento, que renuncia a la pretensión de verdad definitiva y por eso resulta tan afín al espíritu moderno.
Dentro de la constelación de la prosa de ideas, merecen mención especial las formas breves, que llevan al extremo la condensación del pensamiento. El aforismo y la máxima (la sentencia breve, aguda y memorable que encierra una verdad o una paradoja) tienen una tradición ilustre: los Pensamientos de Pascal, las Máximas de La Rochefoucauld, y en España el Oráculo manual de Baltasar Gracián (con su prosa conceptista densísima) o las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna (metáfora + humor, en una sola línea). El aforismo demuestra que la hondura no exige extensión: en una frase perfecta puede caber una intuición que un tratado no agotaría. Estas formas breves, por su concentración casi poética, son además un puente excelente entre la prosa de ideas y la creación literaria, y resultan muy productivas en el aula por su carácter lúdico y su exigencia de precisión: escribir una greguería o un aforismo obliga a pensar y a pulir la expresión con el rigor de un verso.
3.3. La tradición ensayística española
La lengua española posee una tradición ensayística de primer orden. En el siglo XVIII, el padre Benito Jerónimo Feijoo (Teatro crítico universal, Cartas eruditas) es el gran ensayista de la Ilustración, empeñado en combatir supersticiones y errores con espíritu crítico y afán divulgador. Pero la edad de oro del ensayo español llega con la crisis de fin de siglo: la Generación del 98 y sus contemporáneos hacen del ensayo su género predilecto para pensar el «problema de España» y las grandes cuestiones existenciales. Miguel de Unamuno (En torno al casticismo, Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del cristianismo) lleva al ensayo su pensamiento apasionado, contradictorio y agónico. Azorín aporta un ensayo de prosa impresionista y morosa. Ramiro de Maeztu y Ángel Ganivet completan el grupo.
La cumbre es José Ortega y Gasset, el mayor ensayista español del siglo XX, que hizo del ensayo su forma de filosofar (definió el género como «la ciencia, menos la prueba explícita»): sus obras (Meditaciones del Quijote, La rebelión de las masas, La deshumanización del arte, España invertebrada) unen la hondura del pensamiento a una prosa espléndida, llena de metáforas e imágenes memorables (su famosa fórmula «yo soy yo y mi circunstancia»), y son un modelo de ensayo literario y filosófico a la vez. Junto a él, Eugenio d'Ors (con sus glosas), Manuel Azaña, Gregorio Marañón, y después María Zambrano (que teorizó la «razón poética»), Julián Marías o, ya en la literatura hispanoamericana, Alfonso Reyes y Octavio Paz (El laberinto de la soledad). Esta tradición sitúa al ensayo en el centro de la mejor prosa española y demuestra su plena categoría literaria.
Conviene reparar en por qué el ensayo ha tenido tanta fortuna en las letras hispánicas de los siglos XIX y XX. En una tradición donde la filosofía académica sistemática fue relativamente débil, el ensayo se convirtió en el cauce natural del pensamiento: los grandes pensadores españoles (Unamuno, Ortega, Zambrano) no escribieron sumas ni tratados a la manera alemana, sino ensayos, y filosofaron en literatura, uniendo indisolublemente idea y estilo. El ensayo fue también el género idóneo para el debate público y la reflexión sobre la identidad colectiva (el «problema de España» del 98 y del 14, el americanismo de Reyes o Paz), y para la divulgación del conocimiento a un público amplio. Esta centralidad explica que buena parte de las ideas que han configurado la cultura hispánica moderna se hayan expresado en forma de ensayo, y que el género siga vivo hoy en la prensa y en el libro, donde escritores y pensadores continúan «ensayando» ideas sobre el mundo contemporáneo. El opositor debe valorar, pues, el ensayo no como un género menor, sino como uno de los vehículos mayores de la inteligencia y la prosa españolas.
4. El periodismo y sus géneros
El periodismo es la actividad de captar, elaborar y difundir información de actualidad a través de los medios de comunicación (tema 5). Sus textos se organizan en géneros periodísticos, tradicionalmente clasificados en tres grandes grupos según su finalidad. Los géneros informativos tienen como fin informar con objetividad de los hechos, separando la información de la opinión: la noticia (el relato objetivo de un hecho actual, con su estructura de pirámide invertida —de lo más a lo menos importante— y su respuesta a las seis preguntas: qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué) y el reportaje (desarrollo más amplio y documentado de un tema, con mayor libertad expositiva). Los géneros de opinión tienen como fin valorar e influir, y admiten la subjetividad declarada: el editorial (la opinión institucional del medio, sin firma), el artículo de opinión y la columna (la opinión personal del autor, firmada) y la crítica (la valoración de una obra cultural). Y los géneros interpretativos o mixtos combinan información y valoración: la crónica (relato de un hecho con la interpretación y el estilo personal del cronista, a menudo un testigo) y la entrevista (tema 29).
Hay que añadir que estas clasificaciones, forjadas para la prensa escrita tradicional, se han visto transformadas por los medios audiovisuales y sobre todo por el periodismo digital: los géneros se hibridan y aparecen formatos nuevos (el blog, el pódcast, el vídeo-reportaje, el hilo en redes, el newsletter, el periodismo de datos), con una comunicación más interactiva (los comentarios, la participación del lector), más multimodal (texto, imagen, sonido y vídeo integrados: tema 4) e hipertextual. Estos cambios plantean retos nuevos —la inmediatez frente al rigor, la viralidad frente a la verdad, la confusión entre información, opinión y publicidad— que hacen aún más necesaria la formación crítica. La estructura de los géneros, sin embargo, pervive bajo los nuevos formatos: sigue habiendo relatos objetivos de hechos, valoraciones y crónicas, aunque se vistan de pódcast o de hilo; comprender esa continuidad ayuda al alumnado a orientarse en el nuevo ecosistema mediático.
El lenguaje periodístico aspira, en los géneros informativos, a la claridad, la concisión y la corrección (el ideal de una prosa transparente al servicio del hecho), aunque la investigación crítica del discurso (tema 5) ha mostrado que la objetividad total es imposible: la selección de los hechos, el orden, el léxico y el enfoque introducen siempre una interpretación. De ahí la importancia de la lectura crítica de la prensa, que distinga los hechos de las opiniones y detecte los sesgos, competencia hoy imprescindible frente a la desinformación, las fake news y la posverdad. Precisamente en varios de estos géneros —la crónica, la columna, el reportaje— el periodismo roza y alcanza la literatura, como veremos.
Un apunte histórico ayuda a situar el fenómeno. El periodismo moderno nace ligado al desarrollo de la imprenta, de la opinión pública y de las libertades (la libertad de prensa es una conquista ilustrada y liberal), y crece de manera espectacular en el siglo XIX con la prensa de masas. En España, el periodismo ha estado desde el principio entrelazado con la política y con la literatura: casi todos los grandes escritores de los siglos XIX y XX fueron también periodistas (de Larra a Galdós, de los hombres del 98 a los del 27, hasta Cela, Umbral o los cronistas actuales), y el artículo y la columna han sido un género literario tan cultivado y prestigioso como la novela o la poesía. Esta compenetración explica la extraordinaria calidad de la tradición del periodismo literario español, y hace que la frontera entre «escritor» y «periodista» haya sido en nuestras letras especialmente porosa: muchos autores han vivido a caballo entre la redacción y el libro, y han vertido en sus columnas y crónicas lo mejor de su arte.
5. El periodismo y su irrupción en la literatura
La relación entre periodismo y literatura ha sido, históricamente, de intercambio permanente. La prensa, desde su auge en el siglo XIX, fue un cauce fundamental para la literatura: muchas de las grandes novelas realistas se publicaron por entregas (el folletín) en los periódicos (Dickens, Galdós), lo que influyó en su estructura (los finales de suspense de cada entrega); el periódico fue, además, el sustento económico y la escuela de estilo de incontables escritores, que ejercieron el periodismo a la vez que la literatura. Nace así el artículo literario, cuya cima temprana en España es Mariano José de Larra («Fígaro»), cuyos artículos de costumbres y de crítica política del Romanticismo son piezas literarias de primer orden, mordaces, brillantes y comprometidas.
El Modernismo hizo de la crónica periodística un género artístico (Rubén Darío, José Martí, con su prosa deslumbrante). Pero la gran irrupción del periodismo en la literatura —y de la literatura en el periodismo— se produce en el siglo XX con dos fenómenos mayores. El Nuevo Periodismo norteamericano de los años sesenta (Tom Wolfe, Gay Talese, Truman Capote, Norman Mailer, y en el ámbito hispánico Rodolfo Walsh o García Márquez) aplicó al reportaje las técnicas de la novela (la escena, el diálogo, el punto de vista, la construcción de personajes) para contar hechos reales con la fuerza narrativa de la ficción. Y la novela de no ficción (la non-fiction novel): A sangre fría de Truman Capote (1966), que narra un crimen real con las técnicas de la novela, es su obra emblemática; en español, Relato de un náufrago y Noticia de un secuestro de Gabriel García Márquez (periodista antes que novelista) o la Operación Masacre de Walsh. Estos géneros híbridos han disuelto la frontera entre informar y narrar literariamente, y confirman que el periodismo no solo ha nutrido a la literatura, sino que él mismo puede ser, en sus cimas, literatura de pleno derecho. La influencia es recíproca: la literatura ha tomado del periodismo la atención a la realidad y la eficacia comunicativa, y el periodismo ha tomado de la literatura las técnicas narrativas y la voluntad de estilo.
Esta corriente del periodismo literario ha dado en español obras y autores de altísimo valor que conviene conocer. Manuel Chaves Nogales, con sus reportajes y crónicas de la primera mitad del siglo XX (A sangre y fuego), es hoy reivindicado como un maestro de la crónica objetiva y humanísima; Josep Pla convirtió la crónica y el dietario en alta literatura; y en las últimas décadas, la crónica latinoamericana ha vivido una edad de oro (Martín Caparrós, Leila Guerriero, Juan Villoro), heredera del Nuevo Periodismo, que ha llevado el reportaje literario a las cimas del género. El auge actual de la no ficción —el reportaje largo, la crónica de viajes, la autoficción, el ensayo narrativo— confirma que la frontera entre contar la realidad y crear literatura sigue siendo uno de los territorios más fértiles de la escritura contemporánea. Para el docente, este caudal ofrece textos de gran calidad y de tema actual y cercano, idóneos para el aula, que demuestran a los alumnos que la literatura no es solo cosa del pasado ni de la ficción, sino una manera viva de mirar y contar el mundo que les rodea.
6. Implicaciones didácticas
El ensayo y el periodismo tienen un rendimiento didáctico extraordinario, porque conectan la clase de Lengua con el pensamiento, la actualidad y la ciudadanía. El ensayo escolar —en su versión de la disertación o el texto argumentativo de opinión (tema 30)— es uno de los géneros de escritura más formativos: enseñar a los alumnos a pensar por escrito sobre un tema, a construir y defender una tesis con un estilo propio, a dialogar con las ideas ajenas, es cultivar a la vez la competencia escrita (tema 32) y el pensamiento crítico y autónomo. La lectura de grandes ensayistas (Montaigne, Ortega, y ensayistas actuales accesibles) muestra que las ideas pueden expresarse con belleza y personalidad.
El periodismo en el aula es, si cabe, aún más necesario en la sociedad actual. La prensa en la escuela —leer, analizar y comparar noticias, distinguir la información de la opinión, identificar los géneros, contrastar cómo distintos medios cuentan un mismo hecho— es la base de la alfabetización mediática (tema 5), competencia imprescindible frente a la desinformación, las fake news, los bulos y la posverdad: enseñar a leer críticamente la prensa (y las redes) es formar ciudadanos que no se dejen manipular. La producción es igualmente fecunda: escribir noticias, reportajes, crónicas, entrevistas, artículos de opinión, y sobre todo elaborar un periódico o una revista escolar (hoy fácilmente digital, con blog, pódcast o vídeo), es un proyecto que integra la lectura, la escritura, la investigación, el trabajo en equipo y la conexión con la realidad del centro y del entorno. El periódico o la revista escolar merece destacarse como proyecto estrella: elaborarlo obliga a los alumnos a asumir todos los roles de una redacción (buscar y contrastar la información, escribir en los distintos géneros, titular, editar, maquetar, difundir), les da un propósito y un público reales (el centro, las familias, el barrio), integra la lectura, la escritura, la oralidad y la competencia digital, y forma en la ética periodística (el rigor, la verificación, el respeto, la responsabilidad de lo que se publica); en su versión digital (blog, pódcast, canal de vídeo) conecta además con los formatos que el alumnado consume y produce a diario. El estudio de la irrupción del periodismo en la literatura permite, además, leer crónicas y reportajes literarios (Larra, García Márquez, Chaves Nogales, la mejor crónica actual) que demuestran que informar y crear belleza no se oponen. En conjunto, estos géneros llevan la clase de Lengua al corazón de la vida pública y del pensamiento, y son una escuela de ciudadanía crítica.
Conviene detenerse en la urgencia de la educación mediática en el contexto actual, porque es uno de los grandes retos de la escuela del siglo XXI. En un ecosistema informativo dominado por las redes sociales, donde cualquiera publica sin filtro y donde los bulos y la desinformación circulan más rápido que la verdad, la capacidad de evaluar la fiabilidad de una información se ha vuelto una competencia de supervivencia democrática. La clase de Lengua, al enseñar los géneros periodísticos y su lectura crítica, aporta herramientas concretas: distinguir un hecho comprobable de una opinión o de una valoración; identificar la fuente y valorar su credibilidad; reconocer los indicios de un bulo (titulares sensacionalistas, falta de fuentes, apelación a la emoción, urgencia por compartir); contrastar una misma noticia en varios medios y advertir los distintos enfoques e intereses; y comprender cómo funcionan la propaganda, la publicidad encubierta y las cámaras de eco de los algoritmos. Enseñar a un adolescente a leer críticamente su feed —a preguntarse quién dice esto, con qué pruebas y con qué interés— es formarlo como ciudadano libre y protegerlo de la manipulación, y es hoy una de las tareas más importantes y más nuevas del profesor de Lengua, que conecta directamente con la ética de la comunicación del currículo (temas 5 y 30).
7. Conclusiones
El tema 40 ha cerrado el bloque de los géneros con las dos grandes formas de la no ficción literaria, situadas en la frontera de lo literario (temas 33 y 36): el ensayo y el periodismo, que hablan del mundo real —las ideas y la actualidad— y cuya literariedad depende no del tema, sino del trabajo del lenguaje. El ensayo, fundado por Montaigne (el essai como «intento» de pensar), es la reflexión personal, subjetiva, asistemática y con voluntad de estilo sobre cualquier tema, entre la exposición y la argumentación; España posee una tradición ensayística de primer orden, de Feijoo al 98 (Unamuno) y a Ortega y Gasset, el mayor ensayista español, con proyección en Zambrano, Paz y la prosa de ideas hispánica; el ensayo ha sido en nuestras letras el gran cauce del pensamiento, unido siempre a la voluntad de estilo, y las formas breves (el aforismo, la greguería) llevan al extremo esa condensación de idea y expresión.
El periodismo organiza sus textos en géneros informativos (noticia, reportaje), de opinión (editorial, columna) e interpretativos (crónica, entrevista), y su relación con la literatura ha sido de intercambio permanente: de la novela por entregas y el artículo literario de Larra a la crónica modernista y, en el siglo XX, al Nuevo Periodismo y la novela de no ficción (Capote, García Márquez), que disolvieron la frontera entre informar y narrar. Para el docente, estos géneros son un tesoro: el ensayo escolar forma el pensamiento crítico y la escritura personal, y el periodismo en el aula es la base de la alfabetización mediática frente a la desinformación, escuela de ciudadanía. Cerrado el estudio de los géneros literarios (temas 36 a 40), el temario emprende ya el recorrido por la historia de la literatura, desde sus fuentes y orígenes (tema 41) hasta la actualidad. Con este tema se completa, pues, la reflexión teórica y genérica sobre la literatura, que ha dotado al opositor de un aparato conceptual —qué es lo literario, cómo se analiza, cómo se enseña, cómo se clasifica y qué grandes formas adopta— con el que abordar, ya con solidez, el estudio histórico de las obras y los autores que constituyen el patrimonio literario, tarea a la que se dedican los temas siguientes.
8. Esquema
TEMA 40 · EL ENSAYO · PERIODISMO Y LITERATURA
│
├─ GÉNEROS DE FRONTERA (no ficción / literatura de ideas): NO crean
│ un mundo imaginario, hablan del MUNDO REAL en nombre propio →
│ estatuto literario DISCUTIDO (T33/T36). Clave: la literariedad no
│ depende del tema ni de la ficción, sino del TRABAJO DEL LENGUAJE
│ (propósito vs tratamiento; lo literario es GRADUAL)
│
├─ EL ENSAYO
│ ├─ Concepto: reflexión PERSONAL en prosa sobre cualquier tema,
│ │ SUBJETIVA, ASISTEMÁTICA, con voluntad de ESTILO; no agota ni
│ │ demuestra. MONTAIGNE (Essais 1580: «essai» = intento/prueba;
│ │ «yo soy la materia de mi libro»); Bacon
│ ├─ Rasgos: subjetividad (1.ª pers.), asistematicidad (digresión),
│ │ libertad temática, VOLUNTAD DE ESTILO, tono dialógico, sugiere
│ │ más que demuestra (exposición T28 + argumentación T30 + estética)
│ ├─ Fronteras: artículo, epístola, AFORISMO/máxima, memorias/diario,
│ │ crónica, libro de viajes. vs TRATADO (exhaustivo, objetivo,
│ │ demuestra); el ensayo SUGIERE (pensamiento libre)
│ └─ TRADICIÓN ESPAÑOLA: FEIJOO (Ilustración) → 98 (UNAMUNO, Azorín,
│ Maeztu) → ORTEGA Y GASSET (cumbre: «la ciencia menos la prueba»;
│ Rebelión de las masas) · Zambrano, Paz, Reyes
│
├─ EL PERIODISMO · géneros (T5)
│ ├─ INFORMATIVOS (informar): NOTICIA (pirámide invertida, 6 W) ·
│ │ reportaje
│ ├─ OPINIÓN (valorar): EDITORIAL (institucional) · artículo/COLUMNA
│ │ (firmada) · crítica
│ └─ INTERPRETATIVOS/mixtos: CRÓNICA (hecho + interpretación + estilo)
│ · entrevista (T29). Lenguaje: claridad-concisión, pero objetividad
│ total imposible → LECTURA CRÍTICA (fake news, posverdad)
│
├─ IRRUPCIÓN PERIODISMO ↔ LITERATURA (recíproca)
│ ├─ Prensa = cauce (novela por ENTREGAS/folletín) y escuela de estilo
│ ├─ ARTÍCULO LITERARIO: LARRA (Fígaro, costumbres/crítica) · CRÓNICA
│ │ modernista (Darío, Martí)
│ └─ s. XX: NUEVO PERIODISMO (Wolfe, Talese: técnicas de novela al
│ reportaje) + NOVELA DE NO FICCIÓN (CAPOTE A sangre fría; GARCÍA
│ MÁRQUEZ Relato de un náufrago) → frontera DISUELTA
│
└─ DIDÁCTICA: ENSAYO escolar/disertación (T30/T32) = pensar por escrito,
tesis + estilo propio, pensamiento crítico. PERIODISMO en el aula =
prensa en la escuela (info vs opinión, comparar medios) +
ALFABETIZACIÓN MEDIÁTICA frente a desinformación (T5) + producir
periódico/revista escolar. Escuela de CIUDADANÍA crítica → tema 41
(historia de la literatura: fuentes y orígenes)
9. Bibliografía y webgrafía
- MONTAIGNE, M. de: Ensayos. Cátedra / Acantilado.
- ORTEGA Y GASSET, J.: Meditaciones del Quijote / La rebelión de las masas. Cátedra / Alianza.
- GÓMEZ-MARTÍNEZ, J. L.: Teoría del ensayo. UNAM.
- ARENAS CRUZ, M. E.: Hacia una teoría general del ensayo. Universidad de Castilla-La Mancha.
- MARTÍN VIVALDI, G.: Géneros periodísticos. Paraninfo.
- GRIJELMO, Á.: El estilo del periodista. Taurus.
- CHILLÓN, A.: Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas. Universitat Autònoma de Barcelona.
- WOLFE, T.: El Nuevo Periodismo. Anagrama.
- CAPOTE, T.: A sangre fría. Anagrama.
- Real Decreto 217/2022 y Real Decreto 243/2022 (currículos de ESO y Bachillerato), y decreto autonómico correspondiente. BOE.
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