Tema 30 · Lengua Castellana y Literatura
El texto argumentativo. Estructuras y técnicas
Epígrafe oficial: El texto argumentativo. Estructuras y técnicas.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. El texto argumentativo: concepto y coordenadas
- 3. La herencia de la retórica clásica
- 4. La estructura argumentativa: Adam, Toulmin y Perelman
- 5. Las técnicas: tipos de argumentos y falacias
- 6. Los procedimientos lingüísticos
- 7. Los géneros argumentativos
- 8. Implicaciones didácticas: argumentar y pensar críticamente
- 9. Conclusiones
- 10. Esquema
- 11. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
Con el texto argumentativo se cierra el bloque de las tipologías textuales del temario. Tras narrar cómo cambian las cosas (tema 26), describir cómo son (tema 27), exponer para hacer comprender (tema 28) y dialogar (tema 29), llegamos al discurso de la persuasión: argumentar es defender una tesis con razones para influir en las ideas o en la conducta del receptor. Si exponer es hacer saber, argumentar es hacer creer o hacer hacer: al enunciado se le añade una intención apelativa (tema 1) que lo orienta hacia la adhesión del otro.
Es, además, la tipología de mayor tradición y de mayor urgencia cívica. De mayor tradición porque nace con la cultura occidental misma: la retórica griega —el arte de persuadir— fue la primera reflexión sistemática sobre el discurso, y sus categorías, veinticinco siglos después, siguen vivas. Y de mayor urgencia porque vivimos en una civilización saturada de argumentación interesada: la publicidad, la propaganda política, el activismo, el debate mediático y las redes sociales bombardean al ciudadano con mensajes que buscan su adhesión, no pocas veces mediante la manipulación, la posverdad, la desinformación y los discursos de odio. Formar personas capaces de argumentar bien (defender sus posiciones con razones) y de evaluar críticamente los argumentos ajenos (detectar falacias y manipulaciones) es hoy, más que nunca, una tarea educativa de primer orden y una condición de la ciudadanía democrática.
El desarrollo caracterizará el texto argumentativo y sus coordenadas (lógica, dialéctica, retórica); recuperará la herencia clásica (Aristóteles: ethos, pathos y logos); expondrá su estructura y los modelos que la han formalizado (Adam, Toulmin, Perelman); catalogará sus técnicas —tipos de argumentos y falacias— y sus procedimientos lingüísticos; recorrerá sus géneros; y cerrará con la didáctica de la argumentación como pensamiento crítico, puente natural hacia el estudio de la comunicación oral y escrita (temas 31 y 32).
1. Relación con el currículo
El texto argumentativo es uno de los ejes del currículo LOMLOE de Lengua Castellana y Literatura, ordenado por la Ley Orgánica 2/2006 (LOE) en la redacción de la LOMLOE y desarrollado por el Real Decreto 217/2022 (ESO) y el Real Decreto 243/2022 (Bachillerato), con los decretos autonómicos correspondientes. Su presencia crece con los cursos: si en la ESO se inicia el comentario crítico y la producción de textos de opinión, en Bachillerato la argumentación se vuelve central (la disertación, el ensayo, el comentario argumentado, el discurso), y las pruebas de acceso a la universidad evalúan de manera directa la capacidad de argumentar por escrito.
- En las competencias específicas, la producción de textos orales, escritos y multimodales incluye expresamente los de intención argumentativa, con adecuación, coherencia y cohesión (temas 23 a 25); y la alfabetización mediática e informacional exige valorar la fiabilidad de las fuentes y detectar la manipulación y los sesgos (tema 5).
- En los saberes básicos, el bloque de Comunicación recoge el debate, la argumentación oral y escrita, la distinción entre hechos y opiniones y el reconocimiento de falacias y estrategias de persuasión; la ética de la comunicación impregna todo el bloque.
- El tema alimenta de forma privilegiada el pensamiento crítico y varias competencias clave del Perfil de salida: la competencia ciudadana (deliberación democrática), la competencia personal y social (asertividad, respeto al discrepante) y la propia CCL.
Metodológicamente, la argumentación es el contenido estrella de las situaciones de aprendizaje más potentes: el debate reglado, el proyecto con toma de postura, el análisis crítico de la publicidad y la propaganda, o el ensayo como producto final. Enlaza, así, con la dimensión deliberativa del texto dialógico (tema 29) y con la educación literaria (el ensayo como género).
2. El texto argumentativo: concepto y coordenadas
El texto argumentativo es aquel cuya finalidad dominante es defender una tesis (una opinión, una postura, una hipótesis) mediante argumentos (razones, pruebas) con el propósito de convencer (por la vía de la razón) o persuadir (movilizando también las emociones y la voluntad) a un receptor. Se distingue del expositivo (tema 28) en la intención: la exposición informa con voluntad de objetividad; la argumentación toma partido y busca la adhesión. En la práctica ambos se entrelazan —toda buena argumentación expone datos, y toda exposición selecciona y, por tanto, orienta—, de modo que se habla de un continuo expositivo-argumentativo; la diferencia está en el propósito y en la presencia de una tesis que se defiende.
Argumentar se sitúa en el cruce de tres tradiciones que conviene deslindar. La lógica estudia la validez formal de las inferencias (si de unas premisas se sigue necesariamente una conclusión): su modelo es la demostración, propia de las matemáticas, donde las conclusiones son forzosas. La dialéctica (de Aristóteles a la moderna teoría de la argumentación) estudia el razonamiento sobre lo probable en el marco del diálogo y la controversia reglada: argumentar es defender una tesis ante un oponente conforme a reglas (la pragmadialéctica de van Eemeren y Grootendorst formaliza hoy esa discusión crítica). Y la retórica estudia el arte de persuadir a un auditorio mediante todos los medios disponibles, incluidos los afectivos. La argumentación cotidiana y textual no opera con la necesidad de la lógica, sino con lo verosímil y lo razonable: sus argumentos no obligan, sino que inclinan; de ahí que quepa siempre la refutación y que el receptor conserve su libertad. Esta es la diferencia esencial entre convencer con razones y demostrar, y explica por qué la argumentación es el reino de lo opinable, no de lo cierto.
Conviene precisar el matiz entre convencer y persuadir, que la tradición retórica deslindó. Convencer se dirige al entendimiento: se logra por la fuerza de las razones, y quien resulta convencido reconoce intelectualmente que el otro tiene razón. Persuadir se dirige, además, a la voluntad y a la afectividad: mueve a la acción, empuja a decidir. Se puede estar convencido sin persuadirse (sé que debería dejar de fumar, pero no lo hago) y persuadirse sin convencerse (compro por un impulso emocional lo que la razón desaconseja). La buena argumentación aspira a las dos cosas: da razones (logos) pero también genera confianza (ethos) y remueve emociones (pathos). Un texto que solo convence puede dejar frío; uno que solo persuade sin razones es demagogia. El equilibrio entre ambos —y su honestidad— es la clave ética del género.
3. La herencia de la retórica clásica
La reflexión sobre la argumentación nace como retórica en la Grecia del siglo V a. C., ligada a la democracia (en la asamblea y en los tribunales, el ciudadano debía saber hablar en público) y a los sofistas (Gorgias, Protágoras), sus primeros maestros. Aristóteles le dio estatuto teórico en su Retórica, definiéndola como la facultad de ver en cada caso los medios de persuasión disponibles. De esa tradición —Aristóteles, y luego Cicerón y Quintiliano en Roma— proceden categorías todavía operativas.
Los tres géneros oratorios, según el tiempo y el auditorio: el deliberativo (político: sobre el futuro, aconseja o disuade en la asamblea: lo útil o dañino), el judicial (forense: sobre el pasado, acusa o defiende ante el tribunal: lo justo o injusto) y el epidíctico o demostrativo (sobre el presente, alaba o censura: lo bello o vergonzoso: el elogio, el panegírico). Su vigencia es evidente: el mitin es deliberativo; el juicio, judicial; el discurso de homenaje, epidíctico.
Los tres medios de persuasión o pruebas, la aportación más citada: el ethos (la credibilidad y autoridad moral que el orador proyecta de sí: se persuade porque se confía en quien habla), el pathos (las emociones que se despiertan en el auditorio: miedo, indignación, compasión, esperanza) y el logos (los argumentos y razones del propio discurso). Toda persuasión eficaz combina los tres, y su análisis es un instrumento didáctico excelente para desmontar un anuncio o un discurso político. Y las cinco operaciones retóricas, que ordenan la elaboración del discurso: inventio (hallar las ideas y argumentos), dispositio (ordenarlos), elocutio (expresarlos con las palabras y figuras adecuadas), memoria (retenerlos) y actio o pronuntiatio (pronunciarlos con voz y gesto: lo no verbal del tema 4). La dispositio fijó las partes del discurso —exordio, narración (exposición de los hechos), argumentación (con la confirmatio de las pruebas propias y la refutatio de las contrarias) y peroración o epílogo— que son, con otros nombres, la estructura del texto argumentativo actual.
4. La estructura argumentativa: Adam, Toulmin y Perelman
4.1. Las partes del texto argumentativo
El texto argumentativo se organiza, en su forma canónica, en tres grandes bloques. La introducción presenta el tema y, según el orden elegido, puede enunciar ya la tesis: la idea que se defiende, el núcleo de todo el texto. El cuerpo argumentativo o desarrollo despliega los argumentos a favor (la confirmatio), y —rasgo distintivo de la buena argumentación— los contraargumentos o argumentos del adversario, que se anticipan para refutarlos (la refutatio) o para admitirlos parcialmente mediante la concesión (conceder algo al contrario para reforzar la propia posición: «es cierto que…, pero…»). La conclusión recapitula, reafirma la tesis y, a menudo, cierra con una apelación a la acción o una máxima memorable.
Sobre esta base operan dos órdenes, como en la exposición (tema 28): el deductivo o analizante (la tesis primero, los argumentos después: claro y directo, propio del artículo de opinión y del examen) y el inductivo o sintetizante (los argumentos primero, la tesis al final como conclusión: más persuasivo cuando se prevé resistencia, pues conduce al receptor hasta hacerle «descubrir» la conclusión). El orden de los argumentos tiene su propia retórica: la tradición aconseja abrir y cerrar con los más fuertes (efectos de primacía y de recencia) y situar en medio los más débiles: el llamado orden nestoriano u homérico.
4.2. El modelo de Toulmin y la secuencia de Adam
La teoría contemporánea ha formalizado la estructura interna del argumento. El modelo más influyente es el de Stephen Toulmin (Los usos de la argumentación, 1958), que analiza cualquier argumento en seis elementos: el dato (los hechos o pruebas de partida), la tesis o conclusión (claim: lo que se quiere sostener), la garantía (warrant: la ley de paso o principio que autoriza a pasar del dato a la conclusión), el respaldo (backing: el fundamento que sostiene la garantía: leyes, datos científicos, valores compartidos), el modalizador (qualifier: el grado de certeza: «probablemente», «sin duda») y la reserva o refutación (rebuttal: las condiciones bajo las que el argumento no valdría, las excepciones). El modelo de Toulmin es un instrumento didáctico de primer orden: obliga a hacer explícita la garantía, que en la argumentación cotidiana suele quedar tácita y es justamente donde anidan muchas falacias.
Por su parte, Jean-Michel Adam (tema 23) describe la secuencia argumentativa como el paso de unos datos o premisas a una conclusión (tesis) a través de una ley de paso o inferencia, con posibilidad de restricción (la salvedad que matiza) y de una tesis anterior a la que el texto se opone. Coincide con Toulmin en lo esencial: argumentar es garantizar el salto del dato a la tesis. La lingüística de la argumentación añade que ese salto rara vez es lógicamente necesario: se apoya en tópicos o lugares comunes (principios generales compartidos por la comunidad: «lo natural es bueno», «lo que ahorra tiempo conviene») que actúan como garantías culturales.
4.3. La nueva retórica de Perelman: auditorio y adhesión
La otra gran renovación es la nueva retórica de Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca (Tratado de la argumentación, 1958), que rehabilitó la retórica como lógica de lo preferible. Su tesis central: la argumentación no busca la verdad demostrada, sino la adhesión de un auditorio, y toda argumentación se construye en función de ese auditorio (hay que partir de lo que el auditorio ya admite y adaptarse a él). Perelman distingue el auditorio particular (un grupo concreto, con sus valores) del auditorio universal (la humanidad razonable como ideal regulador): argumentar ante el auditorio universal, con razones válidas para cualquiera, es el ideal de la argumentación racional y honesta.
Perelman ofrece además una vasta tipología de técnicas argumentativas: los argumentos cuasilógicos (que imitan la forma de la lógica o la matemática: la contradicción, la identidad, la transitividad), los basados en la estructura de lo real (que se apoyan en vínculos reconocidos: causa-efecto, medio-fin, autoridad, la persona y sus actos) y los que fundan la estructura de lo real (que establecen vínculos nuevos: el ejemplo, la ilustración, el modelo y, sobre todo, la analogía y la metáfora). El aparato de Perelman, junto al de Toulmin, constituye la caja de herramientas del análisis argumentativo contemporáneo.
5. Las técnicas: tipos de argumentos y falacias
Los tipos de argumentos más frecuentes, que el alumnado debe reconocer y manejar, pueden clasificarse así:
- Argumentos racionales o lógicos: la relación causa-consecuencia (tema 22), la deducción (de lo general a lo particular) y la inducción (de casos particulares a una ley general), el argumento por generalización.
- Argumento de autoridad (ipse dixit): lo sostiene un experto, una institución o una fuente prestigiosa; válido si la autoridad es pertinente y fiable.
- Argumento por ejemplificación (casos concretos que ilustran) y por analogía (lo que vale para un caso vale para otro semejante), poderosos pero frágiles (toda analogía cojea, como vimos en el tema 28).
- Argumentos afectivos o emotivos (apelan al pathos: a la compasión, al miedo, al orgullo) y argumentos basados en valores (la justicia, la libertad, la tradición, el progreso): decisivos en la persuasión real.
- Argumentos pragmáticos (por las consecuencias útiles o perjudiciales), de la mayoría (lo que muchos aceptan) o de cantidad y calidad (Perelman).
El reverso son las falacias: argumentos que parecen válidos pero no lo son, sea por error (paralogismo) o por voluntad de engañar (sofisma). Su reconocimiento es contenido curricular explícito y núcleo del pensamiento crítico. Las principales: el ad hominem (atacar a la persona en lugar de a su argumento), el ad populum (apelar a que «todo el mundo lo piensa»), el ad baculum (recurrir a la amenaza o la fuerza), el ad verecundiam (autoridad mal empleada o irrelevante), la falsa causa (post hoc: tomar por causa lo que solo es anterior), la generalización precipitada (concluir de pocos casos), el hombre de paja (deformar la tesis del contrario para refutarla más fácil), el falso dilema (presentar solo dos opciones extremas como si no hubiera más), la pendiente resbaladiza (encadenar consecuencias catastróficas sin justificar los eslabones) y la petición de principio (dar por probado lo que se debía demostrar). Enseñar a detectarlas es vacunar contra la manipulación publicitaria, política y de las redes (posverdad y desinformación: tema 5).
Importa una advertencia matizada: la frontera entre argumento legítimo y falacia no siempre es nítida y depende a menudo del contexto. El argumento de autoridad no es falaz si la autoridad es pertinente (un climatólogo sobre el clima) y sí lo es si es irrelevante (un actor famoso vendiendo un medicamento). Apelar a las emociones no es en sí una falacia —el pathos es una prueba legítima—, pero lo es cuando sustituye a las razones en lugar de acompañarlas. Y la pendiente resbaladiza es falaz solo si los eslabones causales no se justifican, pero puede ser un argumento válido si esos vínculos se demuestran. Por eso el análisis crítico no consiste en cazar etiquetas, sino en preguntar en cada caso si el salto del dato a la conclusión está o no garantizado (Toulmin). Esta prudencia evita el celo del que ve falacias por todas partes y descalifica cualquier argumento como manipulación: enseñar a argumentar incluye enseñar a reconocer los argumentos buenos, no solo a desenmascarar los malos.
6. Los procedimientos lingüísticos
El texto argumentativo posee recursos lingüísticos característicos, la mayoría ya estudiados por piezas en el temario, que ahora se ensamblan al servicio de la persuasión:
- La modalización (tema 20): la huella del emisor en el enunciado. Subjetivemas (adjetivos y sustantivos valorativos, verbos de opinión: «creo», «sostengo», «es evidente que»), modalizadores de certeza y de duda (tema 21), verbos y adverbios de modalidad deóntica (deber, es necesario) y una enunciación marcadamente subjetiva, opuesta a la impersonalidad expositiva.
- La deixis personal: el yo que asume la tesis, el nosotros inclusivo que integra al auditorio en la propia posición («todos sabemos que…», «no podemos permitir…») y el tú/vosotros apelativo que interpela al receptor. Es la marca de la función conativa (tema 1).
- Los conectores argumentativos (tema 25): en densidad máxima, articulan el razonamiento. Causales y consecutivos (porque, por tanto, así pues: tema 22), contraargumentativos (sin embargo, no obstante, ahora bien: el conector de la refutación y la concesión: tema 21), concesivos (aunque, si bien) y ordenadores (en primer lugar, por último).
- Los recursos retóricos de la elocutio: la interrogación retórica (que no busca respuesta sino adhesión), la ironía y el sarcasmo, la hipérbole, la antítesis, la metáfora persuasiva, la enumeración y la repetición (anáfora, paralelismo), la concesión retórica, la reticencia y la pregunta-respuesta (sujeción). Son las armas de la elocuencia.
- La polifonía argumentativa: la introducción de la voz del adversario (citada para ser refutada) crea un texto de varias voces. La teoría de la argumentación en la lengua de Ducrot y Anscombre sostiene que la propia lengua está cargada de orientación argumentativa: hay operadores (incluso, apenas, casi, un poco) y escalas que orientan hacia una conclusión antes de todo cálculo lógico («hace un poco de frío» y «hace algo de frío» orientan a conclusiones opuestas). Argumentar no es solo aducir razones: es también explotar el potencial argumentativo inscrito en las palabras.
7. Los géneros argumentativos
La argumentación se realiza en un amplio abanico de géneros, orales y escritos, formales y cotidianos (tema 23):
- Orales: el debate y la mesa redonda (heredan la estructura dialogal del tema 29), el discurso político y el mitin, la arenga, el alegato judicial, el sermón y la conferencia de tesis; y, en formato moderno, la charla persuasiva tipo TED.
- Escritos periodísticos (tema 5): el artículo de opinión, el editorial (la voz institucional del medio), la columna, la crítica (literaria, cinematográfica) y la carta al director: los géneros de opinión frente a los informativos.
- Ensayísticos y académicos: el ensayo (género literario-argumentativo por excelencia, de Montaigne a los ensayistas españoles: Unamuno, Ortega, Azorín) y la disertación o el trabajo argumentado escolar.
- Publicitarios y propagandísticos: el anuncio (que argumenta para vender), la campaña institucional, el panfleto y la propaganda política, terreno privilegiado del análisis crítico (ethos-pathos-logos y falacias en acción).
- Jurídico-administrativos y cotidianos: la reclamación, la instancia (el SOLICITA argumentado), la sentencia (que motiva su fallo) y la argumentación de la vida diaria (convencer a un amigo, negociar). En lo digital: el comentario, el hilo, la reseña y la deliberación —y su patología: el troleo y la desinformación—.
8. Implicaciones didácticas: argumentar y pensar críticamente
La didáctica de la argumentación tiene una doble cara inseparable: enseñar a producir argumentación (saber defender una tesis) y enseñar a recibirla críticamente (saber evaluar la ajena). Ambas son formas del pensamiento crítico, una de las grandes finalidades del sistema educativo.
En la producción: enseñar a construir una tesis clara y a sostenerla con argumentos jerarquizados; a anticipar y refutar objeciones (la argumentación madura no ignora al adversario, lo integra); a usar los conectores y la modalización adecuados; y a adaptarse al auditorio (Perelman). Los formatos idóneos son el debate reglado (con posturas asignadas —incluso la contraria a la propia, ejercicio de descentramiento—, roles, tiempos y rúbrica), la disertación y el ensayo, la carta al director real y el proyecto con toma de postura. En la recepción: distinguir hechos de opiniones, identificar la tesis y los argumentos de un texto, analizar la publicidad y el discurso político con las herramientas clásicas (ethos-pathos-logos) y modernas (Toulmin), y sobre todo detectar falacias y estrategias de manipulación: la alfabetización mediática frente a la posverdad, las fake news y los discursos de odio (tema 5) encuentra aquí su base lingüística.
La evaluación se apoya en rúbricas que valoren la claridad de la tesis, la calidad y pertinencia de los argumentos, el tratamiento de los contraargumentos, la cohesión y la corrección, y —en lo oral— la escucha y el respeto al discrepante. Por encima de las técnicas, hay un fondo ético y cívico que debe presidir el tema: enseñar a argumentar es enseñar a convivir en el desacuerdo, a sustituir la imposición y la descalificación por las razones, y a cambiar de opinión ante un argumento mejor. Es, en el sentido más hondo, educación para la democracia: una república se sostiene sobre ciudadanos que deliberan. La materia de Lengua, al enseñar a argumentar, forma no solo hablantes competentes, sino ciudadanos libres.
9. Conclusiones
El tema 30 ha cerrado el bloque de las tipologías textuales con el discurso de la persuasión. Argumentar es defender una tesis con razones para lograr la adhesión del receptor; opera no con la necesidad de la lógica, sino con lo razonable y lo probable, en el cruce de lógica, dialéctica y retórica. La herencia clásica —los géneros oratorios, la tríada ethos-pathos-logos, las operaciones y las partes del discurso de Aristóteles y Quintiliano— sigue siendo el andamiaje básico, renovado por la teoría contemporánea: la secuencia de Adam, el modelo de Toulmin (dato, garantía, respaldo, tesis, modalizador, reserva) y la nueva retórica de Perelman (la adhesión de un auditorio, la tipología de argumentos).
Su estructura —tesis, argumentos, contraargumentos y refutación, conclusión— y sus técnicas —los tipos de argumentos y su reverso, las falacias— se realizan con procedimientos lingüísticos propios: modalización, deixis apelativa, conectores contraargumentativos, recursos retóricos y la orientación argumentativa inscrita en la lengua misma (Ducrot y Anscombre). Y sus géneros, del ensayo al anuncio y del debate a la reclamación, cubren la vida pública entera.
Para el docente, la enseñanza de la argumentación es doblemente decisiva: forma la capacidad de expresar y defender las propias ideas y, sobre todo, la de evaluar críticamente las ajenas, escudo contra la manipulación en la era de la posverdad. Cerrado el estudio de los tipos de texto, el temario se dispone a abordar de lleno las dos grandes modalidades de la lengua en su uso —la comunicación oral (tema 31) y la comunicación escrita (tema 32)—, con sus destrezas y su didáctica, donde todo lo aprendido sobre textos y discursos se pondrá al servicio de la competencia comunicativa del alumnado.
10. Esquema
TEMA 30 · EL TEXTO ARGUMENTATIVO
│
├─ CONCEPTO: defender una TESIS con ARGUMENTOS para CONVENCER/
│ PERSUADIR → ADHESIÓN. vs exposición (informar, T28): aquí se
│ toma partido. Continuo expositivo-argumentativo
│ └─ Coordenadas: LÓGICA (demostrar, necesario) / DIALÉCTICA
│ (lo probable en diálogo; pragmadialéctica) / RETÓRICA
│ (persuadir un auditorio). Reino de lo VEROSÍMIL, no lo cierto
│
├─ RETÓRICA CLÁSICA (Aristóteles, Cicerón, Quintiliano)
│ ├─ Géneros: DELIBERATIVO (futuro, asamblea) · JUDICIAL (pasado,
│ │ tribunal) · EPIDÍCTICO (presente, elogio/censura)
│ ├─ Pruebas: ETHOS (credibilidad) · PATHOS (emociones) · LOGOS
│ │ (razones)
│ └─ Operaciones: inventio, dispositio, elocutio, memoria, actio
│ → partes: exordio, narratio, argumentatio (confirmatio +
│ refutatio), peroratio
│
├─ ESTRUCTURA + MODELOS
│ ├─ Partes: introducción/TESIS · cuerpo (argumentos +
│ │ CONTRAARGUMENTOS: refutación/CONCESIÓN «es cierto…, pero») ·
│ │ conclusión. Orden deductivo/inductivo; orden nestoriano
│ ├─ TOULMIN (1958): dato → tesis (claim), vía GARANTÍA (warrant)
│ │ + respaldo (backing), modalizador (qualifier), reserva (rebuttal)
│ ├─ ADAM: datos → conclusión por ley de paso; restricción; tópicos
│ └─ PERELMAN (nueva retórica): ADHESIÓN de un AUDITORIO (particular/
│ universal); técnicas (cuasilógicas / estructura de lo real /
│ que la fundan: ejemplo, analogía)
│
├─ TÉCNICAS: argumentos racionales (causa-efecto T22, deducción/
│ inducción), AUTORIDAD, ejemplo, ANALOGÍA, afectivos, de valores,
│ pragmáticos, de la mayoría
│ └─ FALACIAS: ad hominem, ad populum, ad baculum, falsa causa
│ (post hoc), generalización precipitada, HOMBRE DE PAJA,
│ FALSO DILEMA, pendiente resbaladiza, petición de principio
│
├─ LENGUA: MODALIZACIÓN (subjetivemas, verbos de opinión, T20-21) ·
│ deixis apelativa (yo/nosotros inclusivo/tú) · CONECTORES
│ contraargumentativos (sin embargo, ahora bien; T25/T21) · recursos
│ retóricos (interrogación retórica, ironía, antítesis, metáfora) ·
│ POLIFONÍA + argumentación en la lengua (Ducrot-Anscombre:
│ operadores y escalas)
│
├─ GÉNEROS: orales (debate T29, discurso político, alegato, sermón) ·
│ opinión periodística (artículo, EDITORIAL, columna, crítica, carta
│ al director; T5) · ENSAYO/disertación · publicidad y propaganda ·
│ reclamación/instancia/sentencia · digital (comentario, hilo)
│
└─ DIDÁCTICA: producir (tesis + refutar objeciones + adaptar al
auditorio: debate reglado, ensayo) Y recibir críticamente
(hechos vs opiniones, detectar FALACIAS: alfabetización mediática
frente a posverdad T5). Fondo ÉTICO-CÍVICO: argumentar = convivir
en el desacuerdo = educación DEMOCRÁTICA → temas 31 (oral) y 32 (escrita)
11. Bibliografía y webgrafía
- ARISTÓTELES: Retórica. Gredos.
- PERELMAN, Ch. y OLBRECHTS-TYTECA, L.: Tratado de la argumentación. La nueva retórica. Gredos.
- TOULMIN, S.: Los usos de la argumentación. Península.
- ADAM, J.-M.: Les textes: types et prototypes. Nathan.
- WESTON, A.: Las claves de la argumentación. Ariel.
- VAN EEMEREN, F. y GROOTENDORST, R.: Argumentación, comunicación y falacias. Una perspectiva pragmadialéctica. Universidad Católica de Chile.
- ANSCOMBRE, J.-C. y DUCROT, O.: La argumentación en la lengua. Gredos.
- PLANTIN, Ch.: La argumentación. Ariel.
- LO CASCIO, V.: Gramática de la argumentación. Alianza.
- MARAFIOTI, R.: Los patrones de la argumentación. Biblos.
- CALSAMIGLIA, H. y TUSÓN, A.: Las cosas del decir. Ariel.
- Real Decreto 217/2022 y Real Decreto 243/2022 (currículos de ESO y Bachillerato), y decreto autonómico correspondiente. BOE.
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