Tema 36 · Lengua Castellana y Literatura
El género literario. Teoría de los géneros
Epígrafe oficial: El genero literario. Teoría de los géneros.
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. El concepto de género literario
- 3. Historia de la teoría de los géneros
- 4. Los géneros hoy: la tríada y el sistema literario
- 5. Implicaciones didácticas
- 6. Conclusiones
- 7. Esquema
- 8. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
Fundamentada la teoría y la didáctica de la literatura (temas 33 a 35), el temario abre el bloque dedicado a las grandes formas de la creación literaria con la pregunta que las ordena a todas: ¿qué es un género literario? Cuando decimos que un texto es una novela, un soneto o una tragedia estamos aplicando una categoría —el género— que agrupa obras por sus semejanzas y que nos orienta a la hora de leerlas: no esperamos lo mismo de una elegía que de una comedia. Los géneros son, así, uno de los conceptos más útiles y a la vez más discutidos de la teoría literaria: útiles porque ordenan la inmensa variedad de las obras y guían tanto la escritura como la lectura; discutidos porque toda obra valiosa desborda en algo su género, y porque los géneros cambian con la historia, nacen, se transforman y mueren.
El tema tiene una doble función en el temario. Por un lado, cierra la reflexión teórica sobre la literatura (qué es, cómo se analiza, cómo se enseña, y ahora cómo se clasifica). Por otro, abre el estudio pormenorizado de los tres grandes géneros —los géneros narrativos (tema 37), la lírica (tema 38) y el teatro (tema 39)— y del ensayo (tema 40), que se desarrollarán a continuación. Comprender la teoría de los géneros —su historia, sus criterios, sus debates— es imprescindible para no manejar las etiquetas de forma ingenua y para entender por qué la literatura se organiza como se organiza. El opositor debe conocer, sobre todo, el recorrido histórico de la cuestión, de Platón y Aristóteles a Bajtín y Genette, porque en él se condensan las grandes concepciones de la literatura.
El desarrollo delimitará el concepto de género y sus funciones; recorrerá la historia de su teoría desde la Antigüedad hasta el siglo XX; presentará la tríada clásica y la idea del sistema literario como realidad histórica y dinámica; y cerrará con la didáctica de los géneros, entendidos como convenciones que enseñar para leer y escribir mejor, umbral del estudio de los géneros narrativos (tema 37).
1. Relación con el currículo
El currículo LOMLOE —Ley Orgánica 2/2006 (LOE) en la redacción de la LOMLOE, Real Decreto 217/2022 (ESO) y Real Decreto 243/2022 (Bachillerato), con los decretos autonómicos— incorpora el conocimiento de los géneros literarios y sus convenciones como parte de la competencia específica de educación literaria: reconocer el género de una obra es una de las claves para comprenderla e interpretarla (tema 35).
- Entre los saberes básicos, la educación literaria incluye el reconocimiento de las convenciones de los géneros y subgéneros literarios (la narración, la poesía, el teatro) y de sus elementos, como instrumento para la lectura guiada y autónoma de un corpus de obras.
- El trabajo por géneros vertebra buena parte de la enseñanza de la literatura y de la escritura (tema 32): escribir un cuento, un poema o una escena teatral exige conocer las convenciones del género correspondiente.
- La perspectiva de este tema —el carácter histórico y convencional de los géneros— educa además una mirada crítica: los géneros no son categorías naturales y eternas, sino acuerdos culturales que cambian, lo que conecta con la conciencia cultural del Perfil de salida.
El conocimiento de la teoría de los géneros da, pues, fundamento al modo en que el currículo organiza la educación literaria y prepara el estudio detallado de cada género en los temas siguientes.
2. El concepto de género literario
Un género literario es una clase o categoría de obras que comparten una serie de rasgos comunes (temáticos, formales, enunciativos, pragmáticos) y que la tradición reconoce y nombra: la tragedia, la novela, la oda, el cuento. Pero reducir el género a una mera clasificación —como quien ordena plantas o minerales— sería empobrecerlo, porque el género literario no es solo un cajón donde meter obras a posteriori, sino algo que actúa en la producción y la recepción de la literatura. Conviene, por eso, distinguir varias dimensiones del concepto.
El género es, primero, una norma o convención: un conjunto de reglas y modelos que el autor asume, sigue o transgrede al escribir. Nadie escribe «en general»: se escribe siempre un género, con sus expectativas. Es, en segundo lugar, una institución literaria (Wellek y Warren): una realidad histórica y social, como un club al que las obras pertenecen, con su tradición y su prestigio (tema 33). Y es, en tercer lugar y sobre todo, un horizonte de expectativas (Jauss: tema 34): el conocimiento del género con que el lector se acerca a una obra activa un marco de expectativas que la obra confirma, matiza o defrauda, y que resulta imprescindible para interpretarla. Saber que leemos una fábula nos dispone a buscar una moraleja; saber que leemos una parodia nos hace leer en clave irónica. El género funciona, así, como un pacto tácito entre el autor y el lector, un contrato de lectura que orienta la comunicación literaria.
De ahí que el género cumpla una doble función: una función clasificatoria (ordenar y describir el conjunto de la literatura, indispensable para la historia y la teoría literarias) y una función hermenéutica (guiar la interpretación de cada obra concreta). Los criterios tradicionales para definir y distinguir los géneros son varios y a menudo se combinan: la actitud del hablante o modo de enunciación (¿habla el autor en su nombre?, ¿hace hablar a personajes?), el contenido o tema, la forma (verso o prosa, extensión, estructura), la finalidad o función pragmática y el tono. La combinación de estos criterios explica tanto la solidez como la fluidez de las fronteras genéricas: los géneros son reconocibles, pero sus límites son porosos, y las obras más originales suelen nacer precisamente en esos límites.
Conviene, además, introducir la noción de subgénero y la jerarquía de las categorías. Dentro de cada género mayor se distinguen subgéneros más específicos, definidos por rasgos temáticos o formales: dentro de la narrativa, la novela histórica, policíaca, de aventuras o de ciencia ficción; dentro de la lírica, la oda, la elegía, la égloga o el soneto; dentro del teatro, la tragedia, la comedia, el drama, el auto sacramental o el entremés. Los subgéneros son aún más históricos y variables que los géneros mayores: nacen y caducan con las modas y las épocas (la novela pastoril o de caballerías tuvo su tiempo y se extinguió). Junto a los tres géneros canónicos existen, además, géneros fronterizos y menores difíciles de encajar: la literatura didáctica (la fábula, el aforismo, la epístola), el ensayo (tema 40) y las formas de la oratoria, que rozan lo no literario, así como los géneros mixtos que combinan rasgos de varios. Esta arquitectura de géneros, subgéneros y formas fronterizas confirma que la clasificación literaria es un edificio complejo y en obras, no una tabla cerrada.
3. Historia de la teoría de los géneros
3.1. La fundación clásica: Platón y Aristóteles
La teoría de los géneros nace en Grecia. Platón, en el libro III de La República, distinguió las obras según el modo de enunciación o de imitación: el modo mimético puro (el poeta desaparece y solo hablan los personajes: la tragedia y la comedia), el modo diegético o narrativo puro (habla solo el poeta: el ditirambo, que la tradición asimilará a lo lírico) y el modo mixto (alternan la voz del poeta y la de los personajes: la epopeya). Esta clasificación por la voz tendrá enorme fortuna y reaparecerá, renovada, en la narratología moderna.
Aristóteles, en la Poética —el texto fundacional de la teoría literaria occidental—, sistematizó la clasificación atendiendo a tres criterios de la mímesis o imitación: el objeto imitado (hombres mejores, peores o iguales a nosotros: de ahí la tragedia frente a la comedia), el medio (el ritmo, el lenguaje, la melodía) y el modo (narrando o representando). Aristóteles se ocupó sobre todo de la épica y de la tragedia (a la que dedicó su análisis más célebre: la fábula o mythos como alma de la tragedia, la catarsis, las unidades), trató la comedia (en un libro perdido) y apenas la lírica, que no encajaba bien en su esquema mimético. De él procede el prestigio de una teoría de los géneros basada en la imitación y la primera gran jerarquía (la épica y la tragedia como géneros mayores). Su autoridad se prolongará, a través de Horacio y de los preceptistas, durante dos milenios.
3.2. La preceptiva clásica y neoclásica
La tradición clasicista, de la Roma de Horacio (Epístola a los Pisones o Arte poética) al Neoclasicismo del siglo XVIII (Boileau en Francia, Luzán en España con su Poética), convirtió los géneros en un sistema de reglas normativas. Sus rasgos: la pureza de los géneros (cada género debe mantenerse separado de los demás, sin mezclar lo trágico y lo cómico), el decoro (la adecuación del estilo, el tema y los personajes al género: el estilo elevado para la tragedia y la épica, el humilde para la comedia y la fábula), una estricta jerarquía (la epopeya y la tragedia en la cumbre; la lírica menor, la comedia y la sátira más abajo) y las famosas reglas (las tres unidades dramáticas de acción, tiempo y lugar, deducidas de Aristóteles por sus comentaristas italianos y franceses). Esta poética normativa, que aspiraba a fijar las leyes eternas del buen escribir, chocó siempre con la práctica creadora —el teatro español del Siglo de Oro, con Lope de Vega, rompió abiertamente las unidades y mezcló lo trágico y lo cómico, como Lope teorizó en su Arte nuevo de hacer comedias— y entrará en crisis con el Romanticismo.
3.3. El giro romántico y la crisis de las reglas
El Romanticismo revolucionó la teoría de los géneros en dos direcciones. Por un lado, rompió las reglas normativas: reivindicó la libertad del genio creador frente a la preceptiva, mezcló los géneros (el drama romántico funde lo trágico y lo cómico, lo sublime y lo grotesco, como proclama Victor Hugo en el prefacio de Cromwell) y rehabilitó formas antes menores. Por otro, propuso una nueva concepción esencialista de la tríada: la lírica, la épica y la dramática dejaron de ser convenciones históricas para verse como formas naturales o actitudes fundamentales del espíritu ante el mundo. Goethe habló de las tres «formas naturales» de la poesía. Y Hegel, en su Estética, ofreció la formulación filosófica más influyente: la lírica expresa la subjetividad (el mundo interior del yo), la épica presenta la objetividad (el mundo exterior, los hechos, la totalidad), y la dramática es la síntesis de ambas (la subjetividad de los personajes en conflicto objetivo, la acción). Esta tríada —lírica, épica (o narrativa) y dramática— se impuso como el esquema canónico de los géneros y sigue siendo la base de su clasificación escolar.
3.4. Del rechazo de Croce a las teorías del siglo XX
El siglo XX cuestionó y renovó la teoría. En un extremo, el idealista Benedetto Croce negó la realidad de los géneros: para él, cada obra de arte es una intuición única e irrepetible, y los géneros son meras abstracciones intelectuales, cómodas para la clasificación pero sin valor estético; juzgar una obra por su género sería un error. Su crítica, exagerada, tuvo el mérito de recordar que el género nunca agota la individualidad de la obra.
Frente a ese nominalismo, el Formalismo ruso y el estructuralismo devolvieron el rigor al concepto. Tzvetan Todorov definió los géneros como la codificación de propiedades discursivas y distinguió los géneros históricos (los que existieron de hecho: la novela pastoril, el soneto) de los teóricos (los que la teoría deduce de un análisis de las posibilidades del discurso); estudió, además, géneros concretos como lo fantástico (definido por la vacilación del lector entre lo natural y lo sobrenatural). Los formalistas (Tinianov) subrayaron el carácter dinámico del sistema, con su noción de dominante y de evolución (véase el punto 4).
Mijaíl Bajtín aportó dos ideas capitales. La de los géneros discursivos (enunciados relativamente estables ligados a las esferas de la actividad humana: tema 23), que enmarca los géneros literarios en el conjunto de los usos verbales. Y su teoría de la novela como género singular: un género en formación, joven, flexible y dialógico (polifónico, plurilingüe), que absorbe y parodia a los demás y que representa la modernidad frente a la clausura de la épica. Por su parte, Gérard Genette (tema 34) reordenó toda la cuestión con su noción de architextualidad (la relación de un texto con las categorías generales a las que pertenece) e integró los géneros en una teoría de la transtextualidad (las relaciones entre textos: el palimpsesto, la hipertextualidad de la parodia y la imitación); mostró, además, la confusión histórica que llevó a atribuir falsamente a Aristóteles la tríada romántica. La teoría contemporánea, en fin, entiende los géneros como categorías históricas, convencionales y dinámicas, ni leyes eternas ni ficciones prescindibles: instrumentos reales pero mudables de la comunicación literaria.
Otras contribuciones completan el panorama del siglo XX. Northrop Frye (tema 34), en su Anatomía de la crítica, propuso una teoría arquetípica de los géneros ligada a los mythoi o mitos estacionales (la comedia, el romance, la tragedia y la sátira) y a los modos de ficción, un sistema ambicioso que intentaba abarcar toda la literatura. Wellek y Warren fijaron la útil noción del género como institución —comparable a la iglesia o la universidad: uno puede vivir en ella, crearla o rebelarse contra ella—, subrayando su realidad social sin negarle historicidad. Y el comparatista Claudio Guillén, en el ámbito hispánico, estudió los géneros como modelos con los que el escritor dialoga, entre la tradición y la innovación, y distinguió con finura las constantes supragenéricas de las realizaciones históricas. De todo ello resulta una teoría equilibrada: el género es real y operativo (guía la escritura y la lectura), pero no es una esencia fija, sino un modelo vivo que cada obra actualiza y a la vez modifica, de modo que la relación entre la obra individual y su género es siempre dinámica y creadora, no de mera subordinación.
4. Los géneros hoy: la tríada y el sistema literario
La clasificación vigente, heredera de la tríada romántica, distingue tres géneros mayores: la narrativa o épica (obras que cuentan una historia protagonizada por personajes, a cargo de un narrador: la epopeya, el romance, la novela, el cuento: tema 37), la lírica (obras que expresan un mundo interior, subjetivo, generalmente en verso, con predominio de la función emotiva y poética: la oda, la elegía, el soneto: tema 38) y la dramática o teatro (obras concebidas para ser representadas, en las que la acción se construye mediante el diálogo de los personajes sin mediación de un narrador: la tragedia, la comedia, el drama: tema 39). A ellos suele añadirse, como cuarto género o como conjunto de géneros didáctico-ensayísticos, la literatura de ideas (el ensayo, la epístola, la fábula, la oratoria: tema 40), de fronteras discutidas con lo no literario. Cada género mayor se ramifica en numerosos subgéneros, históricos y variables.
La existencia de este cuarto género es objeto de debate. La tríada clásica se construyó sobre la ficción (imitación de acciones), y la literatura de ideas —que argumenta o expone en nombre propio, sin fingir un mundo— encaja mal en ese molde: por eso algunos la excluyen de la literatura propiamente dicha y otros la admiten como un género de pleno derecho, atendiendo a su elaboración estética del lenguaje (el ensayo de Montaigne, de Ortega o de Unamuno es indudablemente literatura). El caso ilustra bien la historicidad del concepto de literatura (tema 33): la frontera entre lo literario y lo no literario se desplaza, y géneros hoy plenamente literarios (como la novela o el propio ensayo) tardaron en ser reconocidos como tales. Antes que forzar una respuesta cerrada, conviene que el docente muestre esta zona de frontera como un rasgo interesante del sistema de géneros, y no como un problema que resolver con una etiqueta.
Importa subrayar, más allá de la clasificación, que los géneros forman un sistema histórico y dinámico, no un catálogo fijo. Los géneros nacen (la novela moderna con el Quijote), evolucionan, se combinan (la novela lírica, el teatro épico de Brecht, la novela-ensayo) y a veces mueren o se marginan (la epopeya culta, la égloga). El formalista Iuri Tinianov explicó esta dinámica con el concepto de dominante: en cada época un género (o un rasgo) ocupa el centro del sistema y relega a otros a la periferia, y la evolución literaria consiste en el desplazamiento de esas jerarquías (lo que fue central se vuelve marginal y viceversa). Así, la novela, género menospreciado por la preceptiva clásica, pasó a ser el género dominante de la modernidad. Los géneros, además, se relacionan con los medios: la imprenta consagró la novela; los medios audiovisuales y digitales han creado o transformado géneros (el guion, la serie, los géneros transmedia, la microficción de las redes: tema 5). Entender el sistema literario como algo vivo evita la ilusión de una clasificación eterna y permite comprender la literatura como una tradición en permanente reinvención.
5. Implicaciones didácticas
La enseñanza de los géneros literarios ha de huir de dos peligros opuestos. El primero es el clasificatorio-taxonómico: convertir la clase en un ejercicio de encasillar obras y memorizar definiciones y listas de subgéneros, como si lo importante fuera pegar la etiqueta correcta. El segundo, contrario, es ignorar los géneros en nombre de una lectura ingenua, privando al alumnado de las claves que necesita para comprender. El equilibrio lo da la perspectiva de la educación literaria (tema 35): los géneros se enseñan porque son convenciones que orientan la lectura, parte de la competencia literaria (reconocer el género es activar el horizonte de expectativas que permite interpretar). Conocer el género no es un fin, sino una herramienta para leer mejor.
En la práctica, esto se traduce en enseñar los géneros a través de la lectura de obras representativas (inductivamente: descubrir las convenciones del cuento leyendo cuentos, no memorizando su definición) y de la escritura por géneros (tema 32: escribir un microrrelato, un soneto, una escena teatral, hace comprender sus reglas desde dentro). Es muy formativo trabajar con la transgresión y la mezcla de géneros (la parodia, la hibridación), que muestran su carácter convencional y su vitalidad, y con los géneros populares y actuales (la novela negra, la ciencia ficción, el cómic, la canción, los géneros digitales), que conectan con los intereses del alumnado y amplían su intertexto (tema 35). La clave es presentar los géneros no como jaulas rígidas, sino como modelos flexibles con los que dialogan los escritores y con los que el lector se orienta: un saber vivo al servicio de la comprensión y del placer, y no una nomenclatura muerta.
Una vía especialmente fecunda es partir de los géneros que el alumnado ya practica fuera del aula —las letras de canciones (lírica en estado puro), las series y videojuegos con sus arquetipos narrativos, los memes y la microficción de las redes— para tender un puente hacia los géneros literarios canónicos, mostrando que las convenciones que rigen un thriller televisivo o una canción de amor son herederas de tradiciones milenarias (la intriga, la elegía). Así el estudio de los géneros deja de ser una arqueología ajena y se convierte en una llave para entender también el universo cultural contemporáneo, en coherencia con la ampliación del intertexto lector (tema 35) y con la alfabetización mediática (tema 5). Reconocer un género es, al fin, una competencia que sirve dentro y fuera de la literatura.
6. Conclusiones
El tema 36 ha estudiado el concepto y la teoría de los géneros literarios, bisagra entre la teoría general de la literatura y el estudio de sus grandes formas. El género es una clase de obras, pero sobre todo una norma, una institución y un horizonte de expectativas (Jauss) que funciona como pacto de lectura, con una doble función clasificatoria y hermenéutica. Su historia recorre la fundación clásica (Platón, por los modos de enunciación; Aristóteles, por el objeto, el medio y el modo de la mímesis), la preceptiva normativa (Horacio, el Neoclasicismo: pureza, decoro, jerarquía, reglas), el giro romántico (la ruptura de las reglas y la tríada natural lírica-épica-dramática de Goethe y Hegel: subjetividad, objetividad, síntesis) y las teorías del siglo XX: la negación de Croce, la codificación de Todorov, los géneros discursivos y la novela dialógica de Bajtín, y la architextualidad de Genette.
De ese recorrido resulta una concepción de los géneros como categorías históricas, convencionales y dinámicas: la tríada mayor (narrativa, lírica, dramática) más los géneros didáctico-ensayísticos, articulados en un sistema vivo donde los géneros nacen, evolucionan y se desplazan (la dominante de Tinianov). Para el docente, la lección es que los géneros se enseñan como convenciones que orientan la lectura y la escritura, parte de la competencia literaria, y no como un catálogo que memorizar. Con estos fundamentos, el temario puede abordar ya, uno a uno, los grandes géneros, comenzando por los géneros narrativos (tema 37), la forma de contar historias que, desde la epopeya hasta la novela contemporánea, ha acompañado a la humanidad.
7. Esquema
TEMA 36 · EL GÉNERO LITERARIO. TEORÍA DE LOS GÉNEROS
│
├─ CONCEPTO: clase de obras con rasgos comunes, PERO también:
│ ├─ NORMA/convención (se escribe siempre UN género)
│ ├─ INSTITUCIÓN (Wellek-Warren)
│ └─ HORIZONTE DE EXPECTATIVAS (Jauss, T34) = PACTO de lectura
│ Doble función: CLASIFICATORIA + HERMENÉUTICA (orienta la lectura)
│ Criterios: actitud/enunciación · contenido · forma · finalidad · tono
│ → fronteras porosas: las obras originales nacen en los límites
│
├─ HISTORIA
│ ├─ CLÁSICA: PLATÓN (modos de enunciación: mimético/diegético/
│ │ mixto); ARISTÓTELES (Poética: mímesis por OBJETO, MEDIO, MODO;
│ │ épica y tragedia; apenas la lírica; catarsis, mythos)
│ ├─ PRECEPTIVA (Horacio, Neoclasicismo/Luzán): PUREZA de géneros,
│ │ DECORO, JERARQUÍA, reglas (3 unidades) → Lope las rompe (Arte
│ │ nuevo)
│ ├─ ROMANTICISMO: rompe reglas + MEZCLA (Hugo, Cromwell); tríada
│ │ NATURAL: GOETHE (formas naturales); HEGEL (LÍRICA=subjetiva /
│ │ ÉPICA=objetiva / DRAMÁTICA=síntesis)
│ └─ SIGLO XX: CROCE niega los géneros (obra única); TODOROV
│ (codificación de propiedades; históricos vs teóricos; lo
│ fantástico); BAJTÍN (géneros discursivos T23; NOVELA dialógica
│ en formación); GENETTE (ARCHITEXTUALIDAD, transtextualidad,
│ palimpsesto); Tinianov (dominante)
│
├─ HOY: TRÍADA mayor → NARRATIVA/épica (cuenta, narrador: T37) ·
│ LÍRICA (expresa, subjetiva, verso: T38) · DRAMÁTICA (se representa,
│ diálogo sin narrador: T39) + DIDÁCTICO-ENSAYÍSTICOS (ensayo: T40);
│ subgéneros. SISTEMA histórico y DINÁMICO: los géneros nacen
│ (novela = Quijote), evolucionan, se combinan, mueren; DOMINANTE
│ (Tinianov) desplaza jerarquías; géneros y MEDIOS (guion, transmedia)
│
└─ DIDÁCTICA: ni taxonomía (encasillar/memorizar) ni ignorarlos.
Géneros = convenciones que ORIENTAN la lectura (competencia
literaria, horizonte de expectativas T35). Enseñar INDUCTIVAMENTE
(leyendo) + escribir por géneros (T32) + transgresión/mezcla +
géneros populares y actuales → modelos flexibles, no jaulas → T37
8. Bibliografía y webgrafía
- ARISTÓTELES: Poética. Gredos.
- GARRIDO GALLARDO, M. Á. (ed.): Teoría de los géneros literarios. Arco Libros.
- GENETTE, G. y otros: Teoría de los géneros literarios. Arco Libros.
- TODOROV, T.: Los géneros del discurso. Monte Ávila / Waldhuter.
- BAJTÍN, M.: Teoría y estética de la novela / Estética de la creación verbal. Taurus / Siglo XXI.
- WELLEK, R. y WARREN, A.: Teoría literaria. Gredos.
- GUILLÉN, C.: Entre lo uno y lo diverso. Introducción a la literatura comparada. Crítica.
- SPANG, K.: Géneros literarios. Síntesis.
- VEGA, M. J. y otros: Poéticas de la Antigüedad / preceptiva. (manuales de teoría literaria).
- Real Decreto 217/2022 y Real Decreto 243/2022 (currículos de ESO y Bachillerato), y decreto autonómico correspondiente. BOE.
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