Tema 42 · Lengua Castellana y Literatura
La épica medieval. Los cantares de gesta. «El Cantar de Mio Cid»
Epígrafe oficial: La épica medieval. Los cantares de gesta. "El Cantar de Mio Cid".
Tema desarrollado siguiendo la estructura habitual de la oposición. La información es orientativa: verifica siempre el temario oficial, la normativa y el currículo vigentes en tu convocatoria y tu comunidad autónoma.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Relación con el currículo
- 2. La épica como género
- 3. La épica románica medieval
- 4. Los cantares de gesta castellanos
- 5. El Cantar de Mio Cid
- 5.1. El manuscrito y el enigma del colofón
- 5.2. Fecha y autoría: el estado de la cuestión
- 5.3. Argumento y estructura tripartita
- 5.4. El tema: la honra y la doble trama
- 5.5. Los personajes
- 5.6. Métrica y versificación
- 5.7. Estilo: la épica formularia en castellano
- 5.8. Historia y ficción: el llamado realismo del Cantar
- 6. La pervivencia de la materia épica
- 7. Tratamiento didáctico
- 8. Conclusiones
- 9. Esquema
- 10. Bibliografía y webgrafía
0. Introducción
La literatura española empieza, en los manuales, con un poema del que se conserva un solo manuscrito, al que le faltan tres hojas —incluida la primera—, cuya fecha de composición se discute desde hace más de un siglo, cuyo autor no sabemos quién fue y del que ni siquiera es seguro que la palabra Cantar del título sea suya. Conviene empezar por ahí, porque describe con exactitud la situación del género: de la épica castellana sabemos mucho menos de lo que los manuales dan por sabido, y buena parte de lo que se enseña como hecho es, en rigor, una hipótesis —brillante, influyente y discutida— de Ramón Menéndez Pidal.
Esa fragilidad documental no es un detalle erudito: es el corazón del tema. De la épica románica francesa se conservan más de un centenar de chansons de geste; de la castellana, tres textos, y uno de ellos es un fragmento de cien versos hallado por casualidad en 1916. Explicar cómo pudo existir una tradición épica vigorosa que ha dejado tan poco rastro escrito —y con qué métodos se ha reconstruido lo perdido— es lo que distingue una exposición de nivel de un resumen de argumento.
El Cantar de Mio Cid merece, además, un tratamiento que vaya más allá del elogio patriótico heredado del siglo XIX. Es un poema extraordinario por razones técnicas que se pueden mostrar: por su arquitectura, que traza una doble curva de caída y ascenso; por su manejo del tiempo y del espacio; por la sobriedad de su lenguaje formulario; por la manera en que sustituye lo maravilloso por lo jurídico —el gran duelo final no se libra con espadas, sino en una corte de justicia—; y por su protagonista, un héroe que no es un semidiós sino un hombre que gana dinero, negocia, hace las cuentas y llora.
El tema se organiza así: primero el género —qué es la épica, cómo se componía oralmente y para qué servía (epígrafe 2)—; después la épica románica y el debate sobre su origen, que es el gran problema teórico de esta materia (epígrafe 3); luego el corpus castellano, lo conservado y lo reconstruido (epígrafe 4); a continuación el Cantar de Mio Cid en detalle (epígrafe 5), que es el núcleo; y por último su pervivencia, que enlaza con el romancero (epígrafe 6), y el tratamiento didáctico. Enlaza con las convenciones de la lírica y la métrica (tema 38), con los géneros narrativos (tema 37) y, muy directamente, con las fuentes de la literatura occidental (tema 41), donde queda establecida la teoría de la composición oral que aquí se aplica.
1. Relación con el currículo
Como en el tema anterior, conviene abrir con una comprobación hecha sobre el texto del decreto y no de memoria, porque el resultado sorprende y demuestra lectura real:
- «épica», «epopeya», «cantar de gesta», «juglar» y «Mio Cid» tienen cero apariciones en el Real Decreto 217/2022 (ESO). La palabra medieval aparece tres veces, y las tres en Geografía e Historia.
- En el Real Decreto 243/2022 (Bachillerato) la raíz épic- aparece una sola vez, y no se refiere a este género: es el «teatro épico» de Brecht, en los saberes de Literatura Dramática.
De nuevo, la conclusión no es que el tema esté fuera del currículo, sino que el currículo LOMLOE no prescribe autores ni obras en Lengua Castellana y Literatura: prescribe un modo de trabajar con ellos. Lo que sí dice, literalmente, es lo siguiente:
- El Real Decreto 243/2022, en los saberes básicos de Lengua Castellana y Literatura I, ordena la «Lectura guiada. Lectura de clásicos de la literatura española desde la Edad Media hasta el Romanticismo, inscritos en itinerarios temáticos o de género». Es la única delimitación cronológica explícita del decreto, y es donde este tema tiene su lugar natural: el Cantar es el primer clásico de esa serie.
- Los criterios de esa competencia piden «establecer vínculos argumentados entre los clásicos de la literatura española objeto de lectura guiada y otros textos y manifestaciones artísticas clásicas o contemporáneas, en función de temas, tópicos, estructuras, lenguaje, recursos expresivos y valores éticos y estéticos».
- En la ESO, el decreto habla de inscribir las obras «en itinerarios temáticos o de género integrados por textos literarios y no literarios de diferentes épocas y contextos, cuya lectura comparada atienda a la evolución de los temas, tópicos y formas estéticas», y de «la relación y comparación de los textos leídos con otros textos, con otras manifestaciones artísticas y culturales y con las nuevas formas de ficción».
Esa última expresión —las nuevas formas de ficción— es la puerta didáctica más útil que ofrece el decreto para este tema, y conviene señalarla: la épica es hoy el género de mayor vigencia popular, aunque haya cambiado de soporte. El relato de un héroe que sufre un destierro injusto, reúne una mesnada leal, acumula victorias y regresa a reclamar justicia ante una corte es, literalmente, la estructura de buena parte del cine y la narrativa seriada contemporáneos. Trabajar el Cantar desde ahí no es una concesión: es lo que el decreto pide.
Hay además una conexión menos evidente y muy rentable ante un tribunal: los saberes de oralidad ocupan un lugar central en la materia —«oral» aparece 57 veces en Lengua Castellana y Literatura del decreto de la ESO—, y este tema es el que permite mostrar que la literatura nació oral, que la escritura llegó después y que muchas de sus convenciones se explican por las condiciones de la ejecución en vivo. Conecta así con la comprensión y expresión de textos orales (tema 31) y con la educación literaria (tema 35).
2. La épica como género
2.1. Epopeya, cantar de gesta, épica: delimitación de términos
La confusión terminológica es frecuente y un tribunal la detecta. Conviene fijar los términos:
- Épica es el término más amplio: designa el género —o, en la tríada clásica, el modo— de la narración en verso de acciones heroicas de interés colectivo, con presencia de un narrador (tema 36). Comprende tanto la epopeya antigua como el cantar medieval y la epopeya culta renacentista.
- Epopeya se reserva habitualmente para las grandes obras de la Antigüedad —Ilíada, Odisea, Eneida, Gilgamesh, Mahabharata— y para sus imitaciones cultas posteriores (Os Lusíadas, La Araucana, Jerusalén liberada).
- Cantar de gesta es el término específico de la épica románica medieval: del latín gesta, «hazañas, hechos realizados». En francés, chanson de geste. Designa un poema narrativo destinado a ser cantado o recitado en público por un juglar.
- Mester de juglaría es el nombre tradicional del oficio: la literatura difundida oralmente por los juglares, profesionales del espectáculo ambulante. Se opone al mester de clerecía, la escuela culta y escrita del siglo XIII (tema 43). Conviene matizar el binomio, porque la crítica moderna lo ha relativizado: no son dos compartimentos estancos, hay juglares cultos y clérigos que escriben para ser cantados, y el propio Cantar de Mio Cid muestra un conocimiento del derecho que no es de juglar ignorante.
Los rasgos comunes del género, a partir de la caracterización establecida en el estudio de la épica homérica y aplicable a la románica, son: protagonista de estatura ejemplar cuyo destino compromete a una comunidad; acción de interés colectivo, a menudo bélica; extensión amplia y estructura episódica; verso; narrador que se dirige a un auditorio; y un estilo marcado por la repetición —epítetos, fórmulas, escenas típicas—, que no es pobreza sino técnica, como se ve enseguida.
2.2. La composición oral formularia
El hallazgo teórico más importante para entender la épica medieval no se hizo estudiando la Edad Media, sino en el trabajo de campo con cantores analfabetos de los Balcanes. Milman Parry y Albert Lord demostraron en los años treinta y cuarenta —Lord expuso los resultados en The Singer of Tales (1960)— que el poeta oral no memoriza un texto fijo ni improvisa desde cero: compone mientras ejecuta, ensamblando unidades prefabricadas de tres tamaños:
- La fórmula: un grupo de palabras que ocupa una posición métrica fija y expresa una idea esencial. En Homero, «Aquiles el de los pies ligeros»; en el Cantar, «el que en buen ora çinxo espada» o «el que en buen ora nasco». El epíteto no adorna: rellena el hemistiquio y le da al cantor un segundo para pensar el verso siguiente.
- El sistema formulario: familias de fórmulas intercambiables según la medida que haga falta. Por eso un mismo personaje tiene varios epítetos de distinta longitud.
- La escena típica o tema: secuencias narrativas estandarizadas —la asamblea, el armamento del héroe, el envío de mensajeros, el combate singular, el reparto del botín— que el cantor despliega o abrevia según convenga.
Las consecuencias para el análisis de un texto épico son directas y conviene explicitarlas, porque son lo que convierte una descripción en una explicación:
- La repetición deja de ser un defecto. Un comentario que reproche al Cantar su vocabulario limitado o sus versos repetidos está aplicando un criterio de literatura escrita a un texto que no lo es.
- La noción de «texto original» se debilita. En una tradición oral no hay una versión auténtica de la que las demás sean copias degradadas: cada ejecución es la obra. Lo formuló Menéndez Pidal para el romancero con una frase que se ha hecho canónica —la obra tradicional vive en variantes—, y vale igual para la gesta.
- La autoría se difumina: no anónima por pérdida del nombre, sino colectiva por naturaleza, porque cada transmisor reelabora. Este es un punto que los tribunales piden argumentar y que no basta con despachar diciendo «anónimo».
- El público está dentro del texto: las apelaciones al auditorio, las llamadas a la atención y las pausas son marcas de la ejecución en vivo, no torpezas.
Una cautela necesaria: aplicar el modelo de Parry y Lord a los textos románicos conservados exige prudencia, porque lo que tenemos son textos escritos, y la presencia de fórmulas no demuestra por sí sola composición oral —un poeta culto puede imitar el estilo formulario para sonar épico—. Ese es, precisamente, uno de los frentes del debate del epígrafe 3.3.
2.3. Para qué servía un cantar de gesta
Reducir la gesta a entretenimiento es perder de vista lo que explica su forma. Un cantar cumplía a la vez varias funciones, y suele ser útil enumerarlas:
- Informativa e histórica. Antes de la historiografía en romance, la gesta era la historia. Su prestigio como fuente es tan alto que los cronistas del siglo XIII la incorporan a sus obras: Alfonso X prosifica cantares dentro de la Estoria de España porque los considera testimonio (tema 44). El público asistía a un cantar como quien asiste a un relato de lo que de verdad pasó.
- Propagandística y política. Los cantares defienden intereses concretos: los de un linaje, un monasterio, una ciudad, un reino. El Cantar de Mio Cid exalta a la infanzonía —la baja nobleza que se hace a sí misma con el esfuerzo— frente a la alta nobleza de sangre, encarnada en los infantes de Carrión, y ese conflicto social es la clave de su sentido.
- Jurídica y ejemplar. Los cantares fijan un modelo de conducta —la lealtad al señor, el cumplimiento de la palabra, la mesura— y a menudo dramatizan procedimientos legales. El Cantar es un caso extremo: su desenlace es un proceso judicial con demanda, alegaciones y riepto.
- Identitaria. Ofrece a una comunidad un pasado común y unos héroes. Es la función que el siglo XIX aprovechó al convertir la épica medieval en materia prima de los nacionalismos, con las distorsiones consiguientes.
- Económica. El juglar vivía de esto, y el manuscrito lo documenta: tras el final del poema, una mano añadió unas líneas pidiendo el pago —«E el romanz es leído, datnos del vino; si non tenedes dineros, echad allá unos peños…»—. Conviene precisar que ese añadido no forma parte del poema: es una coletilla posterior del códice del siglo XIV. Y precisamente por eso vale más como testimonio, porque prueba que en esa fecha el texto seguía leyéndose en voz alta ante público y que quien lo recitaba cobraba por ello. Muestra las condiciones materiales de la difusión literaria antes de la imprenta.
3. La épica románica medieval
3.1. El panorama europeo
La épica románica medieval florece entre los siglos XI y XIV, y su reparto por lenguas es muy desigual, dato que conviene manejar porque es la base de todo el debate posterior:
- Francia conserva más de un centenar de chansons de geste, agrupadas por la propia tradición medieval en tres ciclos: el geste du roi (en torno a Carlomagno, con la Chanson de Roland a la cabeza), el geste de Garin de Monglane o ciclo de Guillermo de Orange, y el geste de Doon de Mayence o ciclo de los vasallos rebeldes.
- Alemania aporta el Cantar de los Nibelungos (h. 1200), de materia germánica antigua y estructura muy distinta, con su segunda parte dominada por la venganza de Krimilda.
- Inglaterra tiene, antes y en lengua germánica, el Beowulf, que no es románico pero comparte técnica formularia.
- Castilla conserva tres textos. Solo tres. La desproporción con Francia es el hecho de partida de toda la discusión.
Los rasgos comunes de la épica románica son la materia guerrera y feudal, el marco cristiano frente a un enemigo pagano o musulmán, el vínculo señor-vasallo como eje moral, la organización en tiradas o series monorrimas de extensión variable —no en estrofas fijas— y la destinación al canto público.
3.2. La Chanson de Roland frente al Cantar de Mio Cid
La comparación es un clásico de la oposición y rinde mucho, porque las dos obras iluminan sus diferencias por contraste. Conviene organizarla por criterios:
- Distancia entre el hecho y el poema. La Chanson de Roland —cuya versión más conocida es la del manuscrito de Oxford, en la Biblioteca Bodleiana: 4.002 versos decasílabos repartidos en 291 laisses o tiradas asonantadas— canta la derrota de la retaguardia de Carlomagno en Roncesvalles en el año 778: más de tres siglos de distancia. Conviene aquí la misma cautela que se exigirá con el Cantar: la composición se sitúa en torno a 1100, pero el códice que la transmite está copiado en anglonormando de hacia 1170. Fecha del poema y fecha del manuscrito nunca son lo mismo. El Cantar de Mio Cid canta a un personaje muerto en 1099 y se compone, según la datación hoy mayoritaria, alrededor de un siglo después. Esa proximidad explica buena parte de lo que sigue.
- Fidelidad histórica. La Chanson ha transformado el hecho hasta lo irreconocible: la escaramuza en que montañeses vascos destrozaron la retaguardia franca se convierte en una batalla campal contra un ejército sarraceno de cifras fabulosas, y la traición de Ganelón es invención. El Cantar conserva una geografía real y comprobable, nombres de lugares menores y personajes documentados, hasta el punto de que puede seguirse el itinerario del destierro sobre un mapa.
- Lo maravilloso. La Chanson está llena de prodigios: el sol se detiene, los ángeles bajan por el alma de Roldán, la espada Durandarte no se rompe. En el Cantar, lo sobrenatural se reduce prácticamente a un episodio —el sueño en que el arcángel Gabriel se aparece al Cid al salir de Castilla— y a los agüeros de la corneja. Es la diferencia que la crítica ha llamado tradicionalmente el realismo del poema castellano, con el matiz que se hará más abajo.
- El héroe. Roldán es un héroe de desmesura: su negativa orgullosa a tocar el olifante para pedir ayuda causa la matanza, y muere en el campo. El Cid es un héroe de mesura: calcula, negocia, espera el momento, obedece al rey que lo ha desterrado y gana. Uno muere gloriosamente; el otro sobrevive, prospera y casa a sus hijas con reyes.
- El conflicto. En la Chanson es religioso y feudal —cristianos contra paganos, la traición de Ganelón—. En el Cantar es social y jurídico: un infanzón contra la alta nobleza, y la reparación se obtiene en un tribunal.
- El dinero. Rasgo distintivo y muy comentable: el Cantar está lleno de cifras. Marcos de plata, el arca de arena empeñada a los prestamistas Raquel y Vidas, el reparto del botín, el quinto del Cid, la cuantía de la dote. La épica francesa apenas repara en eso. El Cantar es un poema de un mundo de frontera, donde el mérito se mide también en bienes.
Advertencia frente a un lugar común: decir que el Cantar es «más realista» que la Chanson es correcto si se explica en qué —geografía verificable, ausencia de lo maravilloso, atención a lo económico y a lo jurídico—, pero no debe entenderse como fidelidad histórica. El poema altera la historia cuando le conviene: el Cid histórico sirvió a reyes musulmanes de Zaragoza durante años, algo que el poema silencia; las hijas se llamaban Cristina y María, no Elvira y Sol; y la afrenta de Corpes y el proceso final no están documentados fuera del poema.
3.3. El debate sobre el origen: tradicionalismo, individualismo y estado actual
Este es el gran problema teórico del tema, y una exposición que lo trate con soltura se distingue de inmediato. La pregunta es doble: ¿de dónde nace la épica románica y qué relación hay entre los textos conservados y lo que se cantó?
La tesis individualista: Joseph Bédier. En Les légendes épiques (1908-1913), el medievalista francés sostuvo que la épica no viene de una tradición oral inmemorial, sino que los poemas conservados son prácticamente todo lo que existió, y que nacieron en los siglos XI y XII de la colaboración entre monjes y juglares a lo largo de las rutas de peregrinación: los santuarios tenían reliquias y leyendas que interesaba difundir, y los juglares las convirtieron en poemas para el público de peregrinos. Cada poema sería obra de un solo hombre, culto y con un propósito. Su lema —en el principio fue el poeta— resume la postura.
La tesis tradicionalista: Ramón Menéndez Pidal. Frente a Bédier, Pidal defendió que la épica nace al calor de los hechos, en cantos noticieros próximos al acontecimiento, y que vive después en una larga transmisión oral en la que se transforma y se refunde. Lo conservado sería, por tanto, la punta de un iceberg: un resto mínimo de una producción enorme y perdida. Sus formulaciones más citadas —la obra tradicional vive en variantes, y el estado latente de una tradición que puede desaparecer de la superficie y reaparecer siglos después— sostienen todo el edificio. De ahí su empeño en reconstruir lo perdido a partir de las crónicas, del que se habla en 4.2.
El neotradicionalismo es el desarrollo posterior de la línea de Pidal, reforzado en los años sesenta por un aliado inesperado: los estudios de Parry y Lord sobre la composición oral, que daban base empírica a la idea de una épica compuesta en la ejecución y viva en variantes. Diego Catalán continuó y renovó la escuela.
La reacción neoindividualista. Desde los años setenta y ochenta, un grupo de hispanistas —sobre todo británicos: Colin Smith, y en parte Alan Deyermond— volvió a la línea de Bédier con argumentos nuevos: el Cantar muestra un conocimiento preciso del derecho de su tiempo y huellas de lectura de modelos latinos y franceses que no se esperan de un juglar iletrado; su arquitectura es demasiado trabada para una obra de acarreo oral; y las supuestas fórmulas podrían ser imitación culta del registro épico. Smith llegó a proponer, en The Making of the Poema de Mio Cid (1983), que el Per Abbat del colofón fuese el autor y no el copista.
Dónde está hoy la cuestión. La posición mayoritaria actual es intermedia y no dogmática, y así conviene exponerla: se acepta que existió una tradición épica oral castellana —lo prueban las huellas en las crónicas y las referencias externas— pero se reconoce que el texto que conservamos es obra de un autor único, culto y con formación jurídica, que trabaja sobre materia tradicional y la organiza con una intención propia. Es decir: materia tradicional, factura individual. La edición crítica de referencia en español, la de Alberto Montaner, se mueve en ese terreno, y sitúa la composición en torno a 1200.
Formulación segura para el examen: el debate no se «resuelve» a favor de nadie. Se expone como Bédier (individualismo, el poema como creación culta reciente) frente a Menéndez Pidal (tradicionalismo, el poema como sedimento de una larga transmisión oral), se añade el refuerzo que Parry y Lord dieron al neotradicionalismo y la réplica neoindividualista de Colin Smith, y se concluye con la síntesis vigente: materia tradicional elaborada por un autor único y culto hacia 1200. Lo que un tribunal valora no es la respuesta, sino saber que hay pregunta.
4. Los cantares de gesta castellanos
4.1. Lo conservado: tres testimonios y nada más
De toda la épica castellana han llegado hasta nosotros tres testimonios, y conviene poder describirlos con precisión porque es el dato que sostiene todo lo demás:
- El Cantar de Mio Cid, el único conservado prácticamente completo, con 3.735 versos. Se estudia en el epígrafe 5.
- El Cantar de Roncesvalles, un fragmento de cien versos anisosilábicos escrito en letra gótica sobre un bifolio de pergamino de cuatro páginas. Fue hallado en 1916 en el Archivo Real y General de Navarra —en el fondo de la Cámara de Comptos— por el capuchino Fernando de Mendoza, reutilizado como material de encuadernación, que es el modo habitual en que sobreviven estos restos. El códice del que procede se sitúa a comienzos del siglo XIV, probablemente navarro. Lo conservado narra lo inmediatamente posterior a la batalla: el llanto de Carlomagno ante el cadáver de Roldán. Menéndez Pidal calculó que el poema completo rondaría los 5.500 versos, cifra que da idea de cuánto se ha perdido. Su interés es doble: prueba que la materia carolingia se cantó también en romance peninsular, y muestra un tratamiento distinto del francés.
- Las Mocedades de Rodrigo, cantar tardío y anónimo redactado hacia 1360 —entre 1350 y 1360—, del que se conservan 1.164 versos precedidos de un fragmento inicial en prosa, en un códice único de hacia 1400 que se guarda en la Biblioteca Nacional de Francia. Se atribuye a un clérigo de la diócesis de Palencia y refunde una perdida Gesta de las mocedades de Rodrigo recogida ya en crónicas de finales del XIII y del XIV. Presenta a un Rodrigo joven, soberbio y rebelde, muy distinto del héroe mesurado del Cantar: mata al conde Lozano, desprecia al rey y llega a desafiar al papa y al emperador. Es la degradación tardía del género, y —dato de gran rendimiento— es esta versión juvenil y altiva, no la del Cantar, la que pasa al romancero y de ahí a Las mocedades del Cid de Guillén de Castro y al Cid de Corneille.
Precisión frecuente en los exámenes: el Poema de Fernán González (h. 1250) no es un cantar de gesta. Está escrito en cuaderna vía y pertenece al mester de clerecía (tema 43); es la refundición culta, hecha probablemente por un monje de San Pedro de Arlanza, de un cantar de gesta anterior hoy perdido. Confundirlo es un error que se penaliza.
4.2. Lo perdido: la prosificación cronística como cantera
Si solo se conservan tres textos, ¿cómo sabemos que hubo más? Por un procedimiento filológico que conviene explicar, porque es uno de los logros metodológicos de la escuela de Pidal.
Los cronistas de los siglos XIII y XIV —en particular los talleres de Alfonso X, con la Estoria de España, y sus continuaciones y refundiciones, como la Crónica de Veinte Reyes— consideraban los cantares fuentes históricas legítimas y los prosificaban: los pasaban a prosa para incorporarlos a la narración histórica. Al hacerlo, con frecuencia no borraban del todo la huella del verso: quedaban restos de asonancia, giros formularios, epítetos épicos y hasta hemistiquios enteros embutidos en la prosa. Menéndez Pidal y su escuela desarrollaron la técnica de rastrear esas costuras y reconstruir los versos, y con ella devolvieron a la historia literaria un puñado de cantares perdidos.
Es un método fértil y también discutible, y conviene decirlo: reconstruir un verso a partir de una prosa que lo deshizo obliga a decisiones que dependen de la hipótesis previa, y el entusiasmo neotradicionalista rastreó a veces gestas donde solo había prosa con ritmo. La prudencia actual acepta que hubo prosificaciones —es indiscutible en varios pasajes— pero maneja las reconstrucciones como lo que son: hipótesis, no textos.
4.3. Los ciclos épicos castellanos
Con lo conservado y lo reconstruido, la épica castellana se ordena en tres grandes núcleos temáticos:
- Ciclo de los condes de Castilla, que canta la independencia del condado frente al reino de León: el Cantar de Fernán González (perdido, conocido por su refundición en cuaderna vía) y la Leyenda de los siete infantes de Lara, reconstruida por Pidal a partir de las crónicas. Esta última es la más impresionante literariamente: una historia de agravio, traición y venganza sangrienta que Lope de Vega llevó al teatro y que ha fascinado a la crítica por su parentesco con la épica germánica.
- Ciclo carolingio, de materia francesa adaptada: el Cantar de Roncesvalles y la leyenda de Bernardo del Carpio, héroe creado —con toda probabilidad— para oponer a Roldán un vencedor español; su función ideológica es transparente.
- Ciclo del Cid, el más rico: el Cantar de Sancho II o del cerco de Zamora (perdido, reconstruido de las crónicas), donde aparece el episodio de doña Urraca y la jura de Santa Gadea; el Cantar de Mio Cid; y las Mocedades de Rodrigo. A ellos se añade, en latín y de otra naturaleza, el Carmen Campidoctoris, poema culto contemporáneo del héroe.
Dato con rendimiento directo en examen: el enfrentamiento entre doña Urraca y Rodrigo —que Extremadura propuso en 2021 a través de un romance— procede del ciclo del cerco de Zamora, no del Cantar de Mio Cid. Un texto que enfrente a la infanta de Zamora con el Cid y aluda a la niñez compartida, al padrinazgo del rey y a las espuelas que ella le calzó pertenece a esa materia épica desgajada en romances, y así hay que situarlo (tema 45).
5. El Cantar de Mio Cid
5.1. El manuscrito y el enigma del colofón
El poema se conserva en un códice único, hoy en la Biblioteca Nacional de España. Consta de 74 folios de pergamino y le faltan tres hojas: la primera —de ahí que el poema empiece abruptamente, con el Cid llorando ante sus palacios vacíos— y dos interiores, tras los versos 2337 y 3507. Los editores han suplido los huecos con las prosificaciones de las crónicas, lo que muestra hasta qué punto el método del epígrafe 4.2 no es un adorno teórico. El texto suma 3.735 versos. Los análisis paleográficos sitúan la copia conservada en el siglo XIV, hacia 1320-1330.
Al final, el copista dejó unas líneas que han generado más bibliografía que ningún otro pasaje (vv. 3731-3732):
«Quien escrivió este libro, de Dios paraíso, amen. / Per Abbat le escrivió en el mes de mayo, en era de mill e CC XLV años.»
Interpretarlo exige dos operaciones. La primera es la conversión de la era hispánica —el cómputo usado en la Península hasta la baja Edad Media, que se adelanta 38 años a la era cristiana—: 1245 − 38 = 1207. La segunda es decidir qué significa escrivió, verbo que en la lengua medieval sirve tanto para «copió» como para «compuso»: de ahí que Colin Smith pudiera proponer a Per Abbat como autor, frente a la lectura habitual, que lo tiene por copista de un texto anterior.
Y hay un tercer problema, célebre. Menéndez Pidal observó un espacio anómalo entre las cifras y sostuvo que allí había habido una tercera C raspada: la fecha sería entonces era 1345, es decir, 1307, lo que cuadraría con la letra del códice. Argumentó que los reactivos químicos aplicados al pergamino no mostraban tinta en el raspado, pero mantuvo la hipótesis. La investigación moderna la ha descartado: el análisis del manuscrito con técnicas de imagen —infrarrojos y tratamiento digital, incorporados a la edición de Alberto Montaner— no encuentra rastro alguno de tinta en ese espacio, y la explicación más probable es prosaica: el copista dejó un hueco algo mayor por precaución, como hace en otros lugares del poema, o esquivó una imperfección del pergamino.
Conviene tener las tres fechas separadas y no confundirlas, porque es un error muy común: 1099, muerte del Cid histórico; 1207, fecha del colofón, que corresponde al antígrafo del que copia nuestro códice; y siglo XIV (h. 1320-1330), fecha del manuscrito que efectivamente tenemos. La fecha de composición del poema es otra cosa y se discute: hoy se sitúa mayoritariamente en torno a 1200.
5.2. Fecha y autoría: el estado de la cuestión
Las tres posiciones que hay que saber exponer, con sus argumentos:
- Menéndez Pidal: hacia 1140 y dos juglares. Fechó la composición apenas cuarenta años después de la muerte del héroe y postuló dos autores sucesivos: un primer juglar de San Esteban de Gormaz, próximo a los hechos y muy exacto en la geografía y en los nombres, y un refundidor posterior de Medinaceli, responsable de la parte final y más dado a la invención. Sus pruebas eran la precisión de la toponimia menor en unas zonas y su vaguedad en otras, y ciertos arcaísmos lingüísticos.
- Colin Smith: 1207 y un autor culto. Tomó el colofón al pie de la letra e identificó a Per Abbat como autor, un letrado con formación jurídica y conocimiento de modelos latinos y franceses que habría creado el poema casi de la nada. Su argumento más fuerte es el tecnicismo jurídico del texto, que no se explica por tradición oral.
- La síntesis actual: en torno a 1200, autor único y culto sobre materia tradicional. Es la posición dominante y la que conviene defender: el poema recoge una materia cidiana ya viva en la tradición —lo prueban las referencias externas y las huellas cronísticas— pero el texto conservado es obra de un solo autor, letrado, familiarizado con el derecho de su tiempo y probablemente vinculado a la zona de Burgos y del valle del Jalón. Per Abbat sería el copista de ese texto.
Nótese que la discusión no es de erudición ociosa: de la fecha depende el sentido. Si el poema es de 1140, es un canto casi contemporáneo de exaltación de un héroe reciente; si es de 1200, es una obra de reflexión sobre el poder, la nobleza y la justicia en un momento en que la monarquía castellana está fijando su derecho, y la insistencia en el procedimiento legal del desenlace deja de ser un rasgo curioso para convertirse en la clave de la obra.
5.3. Argumento y estructura tripartita
La división en tres cantares es editorial y moderna —la estableció Menéndez Pidal—: el manuscrito no la marca. Conviene decirlo, porque es exactamente la clase de precisión que un tribunal valora. Dicho eso, la división responde a la articulación real del poema:
- Cantar del destierro (vv. 1-1084). El Cid, acusado ante Alfonso VI, sale desterrado de Castilla. Deja a su mujer y a sus hijas en el monasterio de Cardeña, obtiene dinero mediante el ardid de las arcas de arena empeñadas a los prestamistas Raquel y Vidas, reúne una mesnada y emprende una campaña de conquistas hacia el este, enviando presentes al rey que lo ha desterrado.
- Cantar de las bodas (vv. 1085-2277). Culmina con la conquista de Valencia, la mayor de sus hazañas. El Cid recupera el favor real, se reúne con doña Jimena y sus hijas en la ciudad conquistada y el rey concierta el matrimonio de Elvira y Sol con los infantes de Carrión, de la más alta nobleza. Es el punto más alto y, a la vez, la trampa: el ascenso trae consigo el peligro.
- Cantar de la afrenta de Corpes (vv. 2278-3730). Los infantes se revelan cobardes —el episodio del león suelto, el miedo en la batalla— y, humillados por las burlas de los hombres del Cid, se vengan en sus mujeres: las azotan y las abandonan malheridas en el robledo de Corpes. El Cid no responde con violencia: pide justicia al rey. Las cortes de Toledo le devuelven bienes y honra, sus hombres vencen a los de Carrión en el riepto, y el poema cierra con las nuevas bodas de Elvira y Sol con los infantes de Navarra y Aragón.
La arquitectura resultante es de una simetría notable, y describirla es lo que convierte un resumen en un análisis: el poema traza dos curvas de caída y ascenso. La primera es de honra pública —destierro, campaña, perdón real— y la segunda de honra privada o familiar —bodas desiguales, afrenta, reparación judicial y bodas mejores—. Y el final está por encima del principio: el Cid no recupera su posición, la supera, porque sus descendientes emparentan con las casas reales de España. El último verso del poema lo dice expresamente: hoy los reyes de España son de su linaje.
5.4. El tema: la honra y la doble trama
Reducir el tema a «las hazañas del Cid» es la respuesta que un tribunal no espera. El tema es la pérdida y recuperación de la honra, entendida en el doble sentido que la sociedad medieval le daba: la honra como posición social objetiva —el favor del rey, los bienes, el linaje— y como estimación que los demás deben. Sobre ese eje se organizan varios motivos:
- La injusticia del poder y el vasallaje leal. El destierro es injusto y el poema lo sabe, pero el Cid no se rebela: sigue enviando al rey el quinto de sus ganancias y lo llama señor. El verso más citado del poema formula la tensión sin resolverla: «¡Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señor!». Es una crítica al rey en boca de los castellanos de Burgos, no del héroe, y esa mediación es una finura política del texto.
- El conflicto social. El Cid es infanzón: nobleza baja. Los infantes de Carrión son de natura, alta nobleza de sangre. El poema defiende con toda claridad que vale más el mérito que el linaje, y humilla a los segundos hasta lo grotesco. Es la lectura que hoy se considera central, y conecta con la función propagandística del género.
- El dinero y la promoción. El Cid asciende conquistando y repartiendo. El botín se cuenta, se reparte con justicia y se envía al rey; la generosidad con los suyos es la virtud que le gana la mesnada. La economía no es un fondo: es el mecanismo del ascenso.
- La familia. A diferencia de casi toda la épica europea, aquí la esposa y las hijas son protagonistas del conflicto y su suerte es la trama principal de la segunda mitad. El Cid es un héroe padre y marido, y el poema se detiene en la ternura doméstica —la despedida de Cardeña, la comparación de la separación con la uña que se arranca de la carne— con una intensidad insólita en el género.
- El derecho. El desenlace no es una batalla, sino un proceso: el Cid demanda ante las cortes de Toledo, reclama primero los bienes —las espadas Colada y Tizón, el ajuar—, después la deshonra, y solo entonces se llega al riepto, el duelo judicial regulado. La minuciosidad procesal del pasaje es uno de los argumentos más sólidos a favor de un autor con formación jurídica.
5.5. Los personajes
- Rodrigo Díaz, el Cid. Héroe mesurado: valiente pero calculador, leal a un rey que lo maltrata, prudente en la palabra, generoso con los suyos, tierno con su familia, implacable en el procedimiento. Sus epítetos lo definen —el que en buen ora nasco, el que en buen ora çinxo espada, el Campeador, el de la barba vellida—, y su barba es el símbolo material de su honra: la mesa, la acaricia al hablar, jura por ella y la protege de la mano ajena.
- Doña Jimena y sus hijas Elvira y Sol. La esposa encarna la dignidad en la adversidad; las hijas, tras la afrenta, no son solo víctimas: su reparación es el objeto del proceso y el motor del desenlace.
- Álvar Fáñez Minaya, el brazo derecho y embajador ante el rey; Martín Antolínez, el burgalés «cumplido», que negocia con los prestamistas; Pero Bermúdez, el sobrino tartamudo cuya intervención en las cortes es una de las escenas más vivas; el obispo don Jerónimo, clérigo guerrero.
- Alfonso VI, personaje complejo: injusto al principio, se corrige a lo largo del poema hasta convertirse en garante de la justicia. El poema critica sus actos sin cuestionar su autoridad, equilibrio muy calculado.
- Los infantes de Carrión, Diego y Fernando, y su hermano Asur González: los antagonistas, caracterizados por la cobardía —el león, la batalla— y la codicia. El conde García Ordóñez es el enemigo cortesano.
- Raquel y Vidas, los prestamistas burgaleses engañados con las arcas de arena. El episodio, cómico en el poema, plantea hoy una cuestión que conviene abordar en el aula con honestidad: el pacto queda sin cumplir y el texto no lo reprueba.
5.6. Métrica y versificación
Es el apartado que más se pregunta en la prueba práctica y donde más se penaliza la imprecisión. Los rasgos, uno a uno:
- Verso largo y anisosilábico. Los versos oscilan aproximadamente entre 9 y 20 sílabas, con predominio claro de los de 14 a 16. No hay isosilabismo: el cómputo no es regular, y ese es un rasgo del género, no una deficiencia. Menéndez Pidal lo interpretó como propio del arte juglaresco; otros han intentado ver un patrón acentual.
- Cesura y hemistiquios. Cada verso se divide en dos hemistiquios por una cesura central marcada. Los hemistiquios más frecuentes son de siete y ocho sílabas. La unidad rítmica real del poema es el hemistiquio, y por eso funciona como molde de la fórmula.
- Tiradas o series monorrimas. El poema no se organiza en estrofas, sino en tiradas —también llamadas series o laisses— de extensión variable, todas con la misma rima. El cambio de tirada suele coincidir con un cambio de escena, de tema o de tono: la métrica articula la narración.
- Rima asonante. Solo coinciden las vocales a partir de la última tónica. Sobre esta rima laxa se construyen tiradas largas sin dificultad, lo que es coherente con una composición destinada al canto.
- La -e paragógica o «e épica»: la adición de una -e final a palabras agudas para acomodarlas a la asonancia (señore, Campeadore, nasçióne). Es una marca inconfundible del registro épico y un detalle que conviene citar.
Y el dato que enlaza este tema con el siguiente bloque: del verso épico largo con cesura nace el romance. Al desgajarse los pasajes más recordados de los cantares, cada hemistiquio se independiza como verso, de modo que el octosílabo del romance es, en origen, un hemistiquio épico, y su rima asonante en los pares es la vieja asonancia de la tirada. El romance no es una forma nueva: es la gesta rota en pedazos (tema 45).
5.7. Estilo: la épica formularia en castellano
El estilo del Cantar es el mejor ejemplo peninsular de lo expuesto en 2.2, y sus procedimientos deben citarse siempre con ejemplo y función, no enumerados:
- Epítetos épicos: fórmulas fijas de identificación —el que en buen ora nasco, el de la barba vellida, Valencia la clara, Minaya Álvar Fáñez—. Función doble: rellenan el hemistiquio y caracterizan al personaje sin narrar.
- Apelaciones al auditorio: «veriedes», «oiredes», «si vieseis…», llamadas a imaginar la escena. Son la huella de la ejecución en vivo y la prueba textual de que el poema se cantaba ante público.
- Pleonasmos y expresiones de afectividad: «llorar de los ojos», «hablar de la boca». No son redundancias torpes: intensifican y llenan el hemistiquio.
- Bimembración y paralelismo, favorecidos por la estructura del verso en dos mitades.
- Alternancia de tiempos verbales, muy llamativa: presente, imperfecto, perfecto y futuro se suceden a veces en un mismo pasaje. La explicación más aceptada combina la necesidad métrica con un efecto de actualización dramática —el presente acerca la escena al oyente— y la comodidad de la asonancia.
- Discurso directo abundante y sin verbos de habla que lo introduzcan, lo que da al poema un aire escénico y anticipa la teatralidad del romance.
- Léxico concreto y sobrio, con abundante terminología militar, feudal y jurídica, y sin ornamento culto. La contención es una elección de estilo, no una limitación.
5.8. Historia y ficción: el llamado realismo del Cantar
El tópico crítico del «realismo» del Cantar viene del siglo XIX y de Menéndez Pidal, y hay que manejarlo con matices, porque un tribunal agradece la precisión.
Lo que sostiene el tópico: la geografía es real y verificable —el itinerario del destierro puede seguirse sobre el mapa, con topónimos menores exactos—; muchos personajes están documentados; lo maravilloso es mínimo; el detalle material —dinero, armas, comida, procedimientos— es constante; y el héroe es un hombre que llora, negocia y calcula.
Lo que lo desmiente: el poema silencia los años del Cid histórico al servicio de los reyes musulmanes de Zaragoza; cambia el nombre de las hijas, que se llamaron Cristina y María; y, sobre todo, la segunda mitad del argumento es invención: ni las bodas con los infantes de Carrión, ni la afrenta de Corpes, ni el proceso de Toledo están documentados fuera de la tradición literaria. La conquista de Valencia, en cambio, es histórica.
La formulación correcta es, pues, que el Cantar practica un realismo de superficie al servicio de una ficción de fondo: usa la verosimilitud y el detalle comprobable como recurso de autoridad, para que el auditorio acepte como verdadero un relato que en su parte decisiva es invención al servicio de una tesis social. Dicho de otro modo: el realismo del Cantar no es un rasgo documental, es una estrategia retórica, y verlo así es lo que separa el comentario de nivel de la repetición del manual.
6. La pervivencia de la materia épica
6.1. Del cantar al romance
La épica castellana no muere: cambia de forma. A partir del siglo XIV, el público deja de escuchar poemas de miles de versos y prefiere fragmentos breves; los pasajes más dramáticos y memorables de las gestas —una despedida, un desafío, una muerte— se desgajan del conjunto y empiezan a circular por su cuenta. Ese desgajamiento produce el romance, y explica sus rasgos formales, que quedan así justificados y no como una simple lista de características:
- El octosílabo procede de la partición del verso épico largo por su cesura: cada hemistiquio se vuelve verso.
- La rima asonante en los pares, con los impares sueltos, es la vieja asonancia de la tirada, que ahora solo se percibe cada dos versos.
- La serie abierta sin división estrófica es la tirada heredada: el romance no es una estrofa.
- El comienzo abrupto —in medias res— y el final truncado, sin desenlace, se explican por el origen: son el corte de un fragmento arrancado de un relato mayor que el público ya conocía. Es lo que se ha llamado el fragmentarismo del romance, y de defecto pasa a ser su mayor virtud estética.
- Las fórmulas de apertura y la geminación del vocativo —«Afuera, afuera, Rodrigo»—, el diálogo sin verbos de habla y la mezcla de tiempos verbales vienen directamente del arte juglaresco descrito en 5.7.
El ciclo cidiano del romancero es de los más nutridos, y se alimenta de las tres ramas: el cerco de Zamora y doña Urraca, la jura de Santa Gadea, las mocedades y la muerte del conde Lozano, y episodios del propio Cantar. Es importante subrayar que el Cid que el romancero popularizó —y con él el teatro y la cultura posterior— es sobre todo el joven altivo de las Mocedades, no el maduro y mesurado del Cantar. El desarrollo del género corresponde al tema 45.
6.2. La crónica y el teatro áureo
La segunda vía de pervivencia es la historiográfica: las crónicas alfonsíes y sus continuaciones incorporan la materia épica y la convierten en historia oficial, de donde pasa a la Crónica particular del Cid, impresa ya en el siglo XVI, y, por esa vía, a toda la literatura posterior. Es una pervivencia con consecuencias: durante siglos, lo que el poema contaba se leyó como lo que había ocurrido.
La tercera es la dramática. En el Siglo de Oro, la materia cidiana llega al teatro con Guillén de Castro, cuyas Mocedades del Cid dramatizan el conflicto entre el amor a Jimena y el deber de vengar al padre. De ahí lo toma Pierre Corneille para Le Cid (1637), obra que desata en Francia una de las polémicas literarias más importantes del siglo —la querelle du Cid— precisamente sobre el cumplimiento de las reglas clasicistas, esas «tres unidades» cuya genealogía se estudia en el tema 41. También Lope de Vega llevó al teatro la materia épica castellana, en particular la de los siete infantes de Lara.
6.3. Del Romanticismo a hoy
El Romanticismo redescubre la Edad Media y con ella la épica, que encaja con su gusto por lo nacional, lo popular y lo primitivo: es entonces cuando el Cantar se convierte en «poema nacional», con todo lo que eso implica de lectura ideológica. El Duque de Rivas y Zorrilla cultivan la leyenda; Hartzenbusch y otros la llevan al teatro.
En el siglo XX, el Cantar es objeto de la gran empresa filológica de Menéndez Pidal, cuya edición y estudio —Cantar de Mio Cid: texto, gramática y vocabulario— fija el texto y funda el hispanismo medieval moderno. Los poetas lo releen: Antonio Machado en Campos de Castilla mira ese pasado con una mezcla de admiración y crítica que no tiene nada de exaltación patriótica, y Manuel Machado lo evoca en «Castilla», poema escolar por excelencia, construido sobre el episodio de la niña de Burgos.
El uso ideológico del héroe durante el franquismo —el Cid como emblema de la Reconquista y del caudillaje— merece mencionarse expresamente, porque explica la desconfianza posterior hacia el texto y porque su discusión en el aula es una excelente ocasión para trabajar el pensamiento crítico: cómo un mismo texto sirve a lecturas opuestas y por qué conviene distinguir la obra de sus apropiaciones.
Hoy la materia sigue viva en la novela histórica, en el cómic, en el cine —desde el El Cid de Anthony Mann (1961) hasta producciones recientes de plataformas—, y en la reescritura crítica que devuelve la voz a los personajes secundarios y, sobre todo, a las mujeres. Ese es el material con el que el tema se lleva al aula.
7. Tratamiento didáctico
El Cantar de Mio Cid arrastra una mala fama escolar merecida: durante décadas se ha enseñado como una lista de características —anisosilabismo, epítetos épicos, tres cantares— sobre un texto en castellano medieval que el alumnado no entiende. El resultado previsible es el rechazo. Estas son las decisiones que lo evitan:
- Antología, no obra completa, y edición adecuada. Tres mil setecientos versos en lengua medieval no se leen en 3.º de ESO. Se seleccionan seis u ocho pasajes de fuerte carga dramática —la salida de Vivar y la niña de Burgos, las arcas de arena, la despedida de Cardeña, el episodio del león, la afrenta de Corpes, las cortes de Toledo— y se trabajan en versión modernizada, reservando el original para cotejos puntuales. Enfrentar el texto medieval sin mediación es una decisión que garantiza el fracaso.
- El original, como taller de historia de la lengua. Cotejar diez versos en su grafía medieval con su versión actual es una actividad excelente y con objetivo propio: se ven la f- inicial (fablar, fijas), las grafías de las sibilantes, la posición de los pronombres, el léxico perdido. Conecta con la formación y evolución del castellano (tema 7) y convierte la dificultad en contenido.
- Entrar por la oralidad, no por la métrica. El punto de partida más eficaz es la ejecución: escuchar una recitación, probar en clase a decir un pasaje con la cesura marcada, comprobar que el epíteto da tiempo a pensar. El alumnado descubre por qué el texto es como es antes de que se lo nombren. Enlaza con la comprensión y expresión de textos orales (tema 31).
- El itinerario del héroe como eje intertextual. Es la aplicación directa de lo que el decreto pide: comparar el destierro, la mesnada, el regreso y la reparación con las «nuevas formas de ficción» que el alumnado ya conoce. No para banalizar, sino para lo contrario: para que vea que el molde sigue funcionando y que el Cantar se lo enseña en estado puro.
- Trabajar el conflicto, que es lo que engancha. El eje que mejor funciona no es «las hazañas», sino la injusticia: un hombre desterrado sin culpa que decide no rebelarse, dos hijas maltratadas por sus maridos, un padre que en vez de matarlos va a juicio. Planteado así, el poema es un caso de justicia, honor y violencia machista sobre el que un grupo de 3.º de ESO tiene mucho que decir.
- La afrenta de Corpes, con cuidado y sin esquivarla. Es un episodio de violencia extrema contra dos mujeres. Ni se omite ni se despacha como «costumbres de la época»: se lee, se contextualiza en el derecho medieval —por qué el agravio se dirige al padre y no a ellas— y se contrasta con el marco actual. Es una de las mejores ocasiones que da el temario para la perspectiva de género que el decreto prescribe expresamente entre los saberes de educación literaria.
- Producción: reescribir y dramatizar. Convertir un pasaje en escena teatral o en guion audiovisual, redactar la crónica periodística del juicio de Toledo, o dar voz a Elvira y Sol —cuyo silencio en el poema es elocuente— son tareas que cubren la creación con intención literaria y obligan a una lectura fina del original.
- Atención a la diversidad. El relato admite acceso por múltiples vías —audio, cómic, versión ilustrada, fragmento breve— sin renunciar al objetivo común, conforme al Diseño Universal para el Aprendizaje. Y la evaluación debe medir la interpretación de un texto, no la memorización de la ficha del poema.
Una advertencia sobre lo que no conviene hacer: pedir el análisis métrico exhaustivo del poema como actividad central. El anisosilabismo hace que el recuento sea discutible incluso entre editores, de modo que la tarea produce frustración y falsa precisión. Basta con que el alumnado identifique el verso largo partido en dos por la cesura y la asonancia sostenida en tiradas, y que entienda que de ahí sale el romance.
8. Conclusiones
La épica medieval castellana es un caso extremo de desproporción entre lo que sabemos que existió y lo que conservamos: tres testimonios, uno de ellos un fragmento de cien versos hallado por azar en 1916, frente a más de un centenar de chansons de geste francesas. Esa escasez ha convertido el estudio del género en una empresa reconstructiva, con el método de la prosificación cronística como herramienta principal y con un debate teórico de fondo —tradicionalismo frente a individualismo— que no se ha cerrado y que hoy se resuelve en una síntesis prudente: materia tradicional, factura de un autor culto.
El Cantar de Mio Cid es un poema mayor por razones que se pueden demostrar sobre el texto. Por su arquitectura, que traza dos curvas paralelas de caída y ascenso y termina por encima de donde empezó. Por su técnica formularia, que no es pobreza sino la solución de un arte compuesto para el oído. Por sustituir el prodigio por el procedimiento: el desenlace de la gesta más famosa de nuestra literatura es un pleito. Y por su tesis, que no es patriótica sino social: que el mérito vale más que la sangre, defendida humillando a la alta nobleza y ensalzando a un infanzón que se hace a sí mismo.
Para la enseñanza, el tema tiene dos rendimientos que conviene separar. El primero es lingüístico e histórico: el Cantar es la puerta natural a la historia del castellano y a la comprensión de que la literatura nació oral y que muchas de sus convenciones son huellas de la voz. El segundo es ético y crítico: bien planteado —la injusticia del destierro, la violencia de Corpes, la reparación por la vía del derecho, el uso ideológico del héroe— el poema deja de ser una reliquia y se convierte en un texto sobre el que un adolescente tiene algo que decir. Ese, y no la ficha memorizada, es el objetivo.
Queda, por último, la conexión que da sentido al bloque siguiente. La épica no se extingue: se rompe en pedazos y sobrevive en el romancero, donde el hemistiquio se hace verso y el fragmento se hace forma. Ese es el hilo que lleva del tema 42 al tema 45, y explicarlo bien es la mejor manera de cerrar la exposición.
9. Esquema
TEMA 42 · LA ÉPICA MEDIEVAL · LOS CANTARES DE GESTA
«EL CANTAR DE MIO CID»
│
├─ EL GÉNERO
│ ├─ Términos: ÉPICA (el género) > EPOPEYA (Antigüedad y culta
│ │ posterior) · CANTAR DE GESTA (lat. gesta = hazañas; fr.
│ │ chanson de geste) = épica románica medieval, para CANTAR
│ │ en público · MESTER DE JUGLARÍA vs de CLERECÍA (T43); ojo:
│ │ el binomio está hoy relativizado
│ ├─ COMPOSICIÓN ORAL FORMULARIA (PARRY-LORD, The Singer of Tales
│ │ 1960 — ver T41): el cantor NO memoriza ni improvisa: COMPONE
│ │ AL EJECUTAR con 3 piezas → FÓRMULA (rellena el hemistiquio y
│ │ da tiempo a pensar) · SISTEMA formulario · ESCENA TÍPICA
│ │ ⇒ la repetición NO es defecto · no hay «original» (Pidal:
│ │ la obra tradicional VIVE EN VARIANTES) · autoría COLECTIVA
│ │ por naturaleza, no anónima por pérdida · el público está
│ │ DENTRO del texto
│ │ ⚠ cautela: tenemos textos ESCRITOS; la fórmula puede ser
│ │ IMITACIÓN culta del registro épico (→ debate 3.3)
│ └─ FUNCIONES: histórica (era LA historia; por eso las crónicas
│ la prosifican) · PROPAGANDÍSTICA (infanzonía vs alta
│ nobleza) · jurídica y ejemplar · identitaria · ECONÓMICA
│ (el juglar vivía de esto: «datnos del vino», coletilla AÑADIDA
│ en el códice del s. XIV, NO del poema → prueba que en esa
│ fecha aún se leía en voz alta y se cobraba por ello)
│
├─ LA ÉPICA ROMÁNICA
│ ├─ Francia: +100 chansons en 3 ciclos (du roi / Guillermo de
│ │ Orange / vasallos rebeldes) · Alemania: NIBELUNGOS (h. 1200)
│ │ · Castilla: TRES TEXTOS. La desproporción es el punto de
│ │ partida de todo el debate
│ ├─ ROLAND vs CID (comparación de examen)
│ │ · distancia: Roland canta el 778 desde h. 1100 (3 siglos);
│ │ el Cid muere en 1099 y el poema es de h. 1200 (1 siglo)
│ │ · historia: Roland deforma (vascos → 400.000 sarracenos);
│ │ el Cid conserva GEOGRAFÍA REAL y comprobable
│ │ · maravilloso: Roland lleno (sol detenido, ángeles); el Cid
│ │ casi nada (el sueño del arcángel GABRIEL, los agüeros)
│ │ · héroe: Roldán = DESMESURA, no toca el olifante, MUERE;
│ │ el Cid = MESURA, calcula, obedece, GANA y prospera
│ │ · conflicto: religioso-feudal vs SOCIAL Y JURÍDICO
│ │ · DINERO: el Cid está lleno de cifras; Roland, no
│ └─ 🚨 DEBATE DEL ORIGEN (el gran problema teórico)
│ · BÉDIER, Les légendes épiques (1908-13) = INDIVIDUALISMO:
│ lo conservado es casi todo lo que hubo; monjes + juglares
│ en las RUTAS DE PEREGRINACIÓN; cada poema, de un hombre
│ · MENÉNDEZ PIDAL = TRADICIONALISMO: cantos noticieros al
│ calor de los hechos + larga transmisión oral; lo
│ conservado es la PUNTA DEL ICEBERG; «estado latente»
│ · NEOTRADICIONALISMO (Diego Catalán) reforzado en los 60 por
│ PARRY-LORD
│ · NEOINDIVIDUALISMO: COLIN SMITH (1983), Deyermond — el
│ tecnicismo JURÍDICO y la arquitectura no son de juglar
│ · HOY: SÍNTESIS — materia tradicional + AUTOR ÚNICO CULTO,
│ h. 1200 (ed. de Alberto MONTANER)
│
├─ EL CORPUS CASTELLANO
│ ├─ CONSERVADO (solo 3):
│ │ 1. CANTAR DE MIO CID · 3.735 versos
│ │ 2. RONCESVALLES · 100 versos anisosilábicos en un bifolio;
│ │ hallado en 1916 en el Archivo de Navarra (Cámara de
│ │ Comptos) por el capuchino Fernando de Mendoza; códice de
│ │ comienzos del s. XIV; LLANTO DE CARLOMAGNO por Roldán;
│ │ Pidal calculó ~5.500 versos originales
│ │ 3. MOCEDADES DE RODRIGO · h. 1360, 1.164 versos + prosa
│ │ inicial; códice único h. 1400 en la BN de Francia;
│ │ clérigo de Palencia. Rodrigo JOVEN, SOBERBIO y rebelde
│ │ ⇒ ES ESTE, no el del Cantar, el que pasa al ROMANCERO,
│ │ a Guillén de Castro y a Corneille
│ │ 🚨 el POEMA DE FERNÁN GONZÁLEZ NO es gesta: es CUADERNA VÍA,
│ │ mester de clerecía (T43), refundición culta de un cantar
│ ├─ PERDIDO → PROSIFICACIÓN CRONÍSTICA: las crónicas (Estoria de
│ │ España, Crónica de Veinte Reyes) pasaban los cantares a
│ │ prosa y dejaban COSTURAS (asonancias, fórmulas, hemistiquios)
│ │ ⇒ Pidal reconstruye. Método fértil pero DISCUTIBLE: las
│ │ reconstrucciones son HIPÓTESIS, no textos
│ └─ CICLOS: condes de Castilla (Fernán González, SIETE INFANTES
│ DE LARA) · carolingio (Roncesvalles, BERNARDO DEL CARPIO,
│ inventado para oponer a Roldán un vencedor español) ·
│ CIDIANO (Cantar de SANCHO II / cerco de Zamora — de aquí
│ DOÑA URRACA y la jura de Santa Gadea —, Cantar de Mio Cid,
│ Mocedades) + Carmen Campidoctoris (latín, culto)
│
├─ ⭐ EL CANTAR DE MIO CID
│ ├─ MANUSCRITO: códice ÚNICO, Biblioteca Nacional de España ·
│ │ 74 folios de pergamino · FALTAN 3 HOJAS: la primera (por eso
│ │ empieza abruptamente) y dos tras los vv. 2337 y 3507 ·
│ │ 3.735 versos · la copia es del s. XIV (h. 1320-30)
│ ├─ COLOFÓN (vv. 3731-32): «Per Abbat le escrivió en el mes de
│ │ mayo, en era de mill e CC XLV años» → ERA HISPÁNICA − 38 =
│ │ 1207 · «escrivió» = copió O compuso (de ahí Colin Smith)
│ │ 🚨 la C RASPADA: Pidal sostuvo que faltaba una tercera C
│ │ (era 1345 = 1307); el análisis con INFRARROJOS de la edición
│ │ de Montaner NO encuentra rastro de tinta: el copista dejó
│ │ más hueco por precaución. HIPÓTESIS DESCARTADA
│ │ ⚠ NO CONFUNDIR: 1099 muerte del Cid · 1207 colofón ·
│ │ s. XIV el códice · h. 1200 la composición
│ ├─ FECHA Y AUTORÍA: Pidal h. 1140 y DOS JUGLARES (San Esteban de
│ │ Gormaz + Medinaceli) · Colin Smith 1207, PER ABBAT AUTOR ·
│ │ HOY h. 1200, autor único culto con formación JURÍDICA
│ │ ⇒ de la fecha DEPENDE EL SENTIDO
│ ├─ ESTRUCTURA (la división en 3 es EDITORIAL, de Pidal; el
│ │ manuscrito no la marca)
│ │ 1. DESTIERRO (1-1084): salida, Cardeña, arcas de arena
│ │ (Raquel y Vidas), campaña, presentes al rey
│ │ 2. BODAS (1085-2277): conquista de VALENCIA, perdón real,
│ │ bodas con los INFANTES DE CARRIÓN
│ │ 3. AFRENTA DE CORPES (2278-3730): el león, la cobardía, los
│ │ azotes en el robledo, CORTES DE TOLEDO, riepto, bodas con
│ │ los infantes de NAVARRA Y ARAGÓN
│ │ ⇒ DOS curvas caída-ascenso: honra PÚBLICA + honra PRIVADA.
│ │ Y el final está POR ENCIMA del principio (los reyes de
│ │ España serán de su linaje)
│ ├─ TEMA: pérdida y recuperación de la HONRA (posición objetiva +
│ │ estimación) · vasallaje leal a un rey injusto: «¡Dios, qué
│ │ buen vassallo, si oviesse buen señor!» (lo dicen los
│ │ burgaleses, NO el héroe) · CONFLICTO SOCIAL infanzón vs
│ │ nobleza de sangre: vale más el MÉRITO que el linaje ·
│ │ dinero y promoción · FAMILIA protagonista (raro en la épica)
│ │ · DERECHO: el desenlace es un PLEITO, no una batalla
│ ├─ PERSONAJES: Cid MESURADO (epítetos «el que en buen ora
│ │ nasco», «el de la barba vellida»; la BARBA = su honra) ·
│ │ Jimena, Elvira y Sol · Álvar Fáñez, Martín Antolínez, Pero
│ │ Bermúdez, obispo don Jerónimo · ALFONSO VI (injusto → se
│ │ corrige: se critican sus actos, no su autoridad) · infantes
│ │ de Carrión y García Ordóñez · Raquel y Vidas
│ ├─ MÉTRICA: verso LARGO ANISOSILÁBICO (9-20 sílabas, predominan
│ │ 14-16) · CESURA que lo parte en dos HEMISTIQUIOS (7-8 síl.)
│ │ · TIRADAS o series MONORRIMAS de extensión VARIABLE (no
│ │ estrofas); el cambio de tirada marca cambio de escena ·
│ │ RIMA ASONANTE · -e PARAGÓGICA o «e épica» (señore,
│ │ Campeadore)
│ │ ⭐ DE AQUÍ SALE EL ROMANCE: el hemistiquio se hace
│ │ OCTOSÍLABO y la asonancia de la tirada, rima en los PARES
│ ├─ ESTILO: epítetos épicos · APELACIONES al auditorio
│ │ («veriedes», «oiredes») = prueba de la ejecución en vivo ·
│ │ pleonasmos afectivos («llorar de los ojos») · bimembración ·
│ │ ALTERNANCIA DE TIEMPOS (métrica + actualización dramática) ·
│ │ discurso directo sin verbo de habla · léxico militar, feudal
│ │ y JURÍDICO, sin ornamento
│ └─ 🚨 EL «REALISMO»: a favor = geografía verificable, personajes
│ documentados, casi nada de maravilloso, detalle material.
│ EN CONTRA = silencia los años del Cid al servicio de
│ Zaragoza; las hijas se llamaban CRISTINA y MARÍA; y las
│ bodas, Corpes y el proceso SON INVENCIÓN (Valencia sí es
│ histórica) ⇒ realismo de SUPERFICIE al servicio de una
│ ficción de fondo: es una ESTRATEGIA RETÓRICA de autoridad
│
├─ PERVIVENCIA: → ROMANCE (T45: octosílabo = hemistiquio; asonancia
│ en pares; serie abierta; comienzo abrupto y final truncado =
│ fragmentarismo) · → CRÓNICAS y Crónica particular del Cid (s. XVI)
│ · → TEATRO: GUILLÉN DE CASTRO, Las mocedades del Cid → CORNEILLE
│ Le Cid (1637) y la querelle du Cid (las «reglas», T41); Lope y
│ los infantes de Lara · → ROMANTICISMO lo hace «poema nacional»
│ (Duque de Rivas, Zorrilla) · → PIDAL funda el hispanismo
│ medieval · Machado · uso IDEOLÓGICO en el franquismo (discutirlo
│ es pensamiento crítico) · cine, cómic y reescrituras actuales
│
├─ CURRÍCULO (verificado en el XML del BOE)
│ ├─ 🚨 «épica», «epopeya», «cantar de gesta», «juglar», «mio Cid»
│ │ = CERO apariciones en el RD 217/2022. «medieval», 3 veces y
│ │ las 3 en Geografía e Historia
│ ├─ 🚨 en el RD 243/2022 la raíz «épic-» sale UNA vez y es el
│ │ «TEATRO ÉPICO» de Brecht, en Literatura Dramática
│ ├─ Lo que SÍ dice (Bach. LCL I): «Lectura de CLÁSICOS DE LA
│ │ LITERATURA ESPAÑOLA DESDE LA EDAD MEDIA HASTA EL
│ │ ROMANTICISMO, inscritos en itinerarios temáticos o de género»
│ └─ ESO: comparar con «las NUEVAS FORMAS DE FICCIÓN» ← la mejor
│ puerta didáctica · «oral» sale 57 veces en LCL
│
└─ DIDÁCTICA: ANTOLOGÍA de 6-8 pasajes en versión MODERNIZADA (no
la obra entera en lengua medieval) · el original, como TALLER de
historia de la lengua (f- inicial, sibilantes) T7 · entrar por
la ORALIDAD (recitar con la cesura) antes que por la métrica ·
el ITINERARIO DEL HÉROE como eje intertextual · el gancho es la
INJUSTICIA, no las hazañas · CORPES: ni se omite ni se excusa,
se lee con perspectiva de género · producir: dramatizar, dar voz
a Elvira y Sol · DUA · ⚠ NO pedir análisis métrico exhaustivo:
el anisosilabismo lo hace discutible hasta entre editores
10. Bibliografía y webgrafía
- MONTANER FRUTOS, A. (ed.): Cantar de mio Cid. Crítica / Real Academia Española (Biblioteca Clásica). Edición de referencia, con estudio del manuscrito y del colofón.
- MENÉNDEZ PIDAL, R.: Cantar de Mio Cid. Texto, gramática y vocabulario. Espasa-Calpe.
- MENÉNDEZ PIDAL, R.: La épica medieval española. Desde sus orígenes hasta su disolución en el romancero. Espasa-Calpe.
- MENÉNDEZ PIDAL, R.: Poesía juglaresca y juglares. Espasa-Calpe.
- SMITH, C.: La creación del «Poema de mio Cid». Crítica.
- DEYERMOND, A.: Historia de la literatura española. 1. La Edad Media. Ariel.
- DEYERMOND, A.: El «Cantar de mio Cid» y la épica medieval española. Sirmio.
- CATALÁN, D.: La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación. Fundación Ramón Menéndez Pidal.
- LORD, A. B.: El cantor de cuentos (The Singer of Tales). Publicaciones de la Universitat de València.
- BÉDIER, J.: Les légendes épiques. Champion.
- ALVAR, C. y ALVAR, M. (eds.): Épica medieval española. Cátedra.
- FUNES, L. (ed.): Mocedades de Rodrigo. Tamesis.
- Real Decreto 217/2022 y Real Decreto 243/2022 (currículos de ESO y Bachillerato), y decreto autonómico correspondiente. BOE.
- Biblioteca Nacional de España: reproducción digital del manuscrito del Cantar de mio Cid.
- Archivo Real y General de Navarra: el Cantar de Roncesvalles (con reproducción del bifolio).
- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: portal del Cantar de mio Cid y de la épica medieval.
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