Tema 19 · TCAE · Marco común
Cuidados al paciente terminal y cuidados post-mortem
Epígrafe: La atención al paciente terminal y sus cuidados paliativos básicos. El proceso de morir, el duelo y el apoyo a la familia. Cuidados post-mortem: amortajamiento, retirada de dispositivos, identificación del cadáver, traslado al mortuorio y actuación con las pertenencias. Trato respetuoso y aspectos legales de la manipulación del cadáver.
Acompañar a una persona en el final de su vida es una de las tareas más humanas, delicadas y a la vez más exigentes del trabajo sanitario. Cuando ya no es posible curar, todavía queda mucho por hacer: cuidar, aliviar y acompañar. El Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE) ocupa aquí un lugar cercano y constante, tanto en la atención al paciente terminal —confort, higiene, alivio de síntomas, presencia— como en el apoyo a una familia que sufre, y en los cuidados post-mortem que se realizan tras el fallecimiento con el máximo respeto por la dignidad de la persona. Este tema aborda los cuidados paliativos básicos, el proceso de morir y el duelo, el papel del auxiliar en el acompañamiento, y la técnica y los aspectos legales de los cuidados después de la muerte (amortajamiento, retirada de dispositivos, identificación y traslado del cadáver y manejo de las pertenencias).
Índice
- 1. El paciente terminal y los cuidados paliativos
- 2. Cuidados básicos al paciente terminal
- 3. El proceso de morir
- 4. El duelo y el apoyo a la familia
- 5. Los signos de la muerte
- 6. Los cuidados post-mortem: el amortajamiento
- 7. Identificación, traslado y pertenencias
- 8. Aspectos legales y éticos
- 9. Esquema resumen
- 10. Ideas fuerza para el test
1. El paciente terminal y los cuidados paliativos
Se considera paciente terminal a aquel que padece una enfermedad avanzada, progresiva e incurable, sin posibilidades razonables de respuesta al tratamiento específico, con numerosos síntomas y un pronóstico de vida limitado (habitualmente inferior a seis meses). En esta situación, el objetivo del cuidado ya no es curar, sino aliviar el sufrimiento y procurar la mayor calidad de vida posible: es el terreno de los cuidados paliativos.
Los cuidados paliativos son la atención integral —física, psicológica, social y espiritual— de la persona con una enfermedad avanzada y de su familia. Sus principios básicos son:
- Atender al paciente de forma integral y personalizada, considerando a la familia como parte de la unidad a tratar.
- Priorizar el control de los síntomas (dolor, disnea, náuseas, ansiedad) y el confort por encima de las pruebas y los tratamientos que ya no aportan beneficio.
- Respetar la autonomía y la dignidad del paciente, su derecho a la información y a decidir, y sus valores y creencias.
- Ni acelerar ni posponer artificialmente la muerte: los cuidados paliativos no son eutanasia ni encarnizamiento terapéutico, sino un cuidado que acepta la muerte como un proceso natural.
- Ofrecer un sistema de apoyo para que el paciente viva tan activamente como sea posible y para ayudar a la familia durante la enfermedad y el duelo.
El encarnizamiento u obstinación terapéutica (prolongar la vida con medios desproporcionados que solo alargan el sufrimiento) se considera una mala práctica; frente a él, la limitación del esfuerzo terapéutico —adecuar los tratamientos a la situación real— y la sedación paliativa (disminuir la conciencia para aliviar un síntoma refractario) son decisiones clínicas del médico, ajenas a la competencia del auxiliar, pero que el TCAE debe conocer para entender el sentido de los cuidados.
La filosofía de los cuidados paliativos modernos tiene su origen en el trabajo de Cicely Saunders, que impulsó el movimiento hospice y la idea del «dolor total»: el sufrimiento del enfermo al final de la vida no es solo físico, sino también psicológico, social y espiritual, y por eso el cuidado debe abarcar todas esas dimensiones. La Organización Mundial de la Salud reconoce los cuidados paliativos como un derecho y un componente esencial de la atención sanitaria. Estos cuidados pueden prestarse en distintos niveles y ámbitos: en el domicilio del paciente (que suele ser el lugar donde muchas personas desean pasar sus últimos días), en las unidades de cuidados paliativos específicas, en las plantas de hospitalización convencionales o en los centros sociosanitarios y residencias. En todos ellos el paciente tiene derecho a recibir cuidados de calidad, a que se respete su voluntad —incluidas las instrucciones previas o testamento vital, en las que la persona deja constancia de sus deseos para cuando no pueda expresarlos— y a no sufrir de forma evitable. El TCAE, como parte del equipo, contribuye a hacer realidad ese derecho con sus cuidados cotidianos.
2. Cuidados básicos al paciente terminal
Aunque el control de síntomas con medicación corresponde al médico y a enfermería, el TCAE presta cuidados básicos esenciales que determinan en gran medida el confort del paciente en sus últimos días:
- Higiene y confort: mantener la piel, la boca y la ropa de cama limpias y secas; cuidar especialmente la higiene de la boca (que tiende a secarse), humedeciendo los labios y la mucosa. La higiene se realiza con suavidad y respeto.
- Cambios posturales y prevención de úlceras: buscando siempre la postura más cómoda para el paciente; en la fase final, el confort prima sobre la rigidez de los protocolos.
- Alimentación e hidratación: se ofrecen según la tolerancia y los deseos del paciente, sin forzar; en la agonía, la falta de apetito es normal y no se debe obligar a comer.
- Alivio de síntomas no farmacológico: cuidar el ambiente (silencio, luz tenue, temperatura agradable), la posición para aliviar la disnea (incorporado), y aportar compañía y calma.
- Comunicación y presencia: hablar con suavidad, respetar los silencios, escuchar; se cree que el oído es uno de los últimos sentidos que se pierden, por lo que hay que cuidar lo que se dice delante del paciente aunque parezca inconsciente.
El auxiliar es, muchas veces, quien más tiempo pasa junto al paciente que muere: su presencia serena, su tacto y su respeto son en sí mismos un cuidado. Observa y comunica al equipo los cambios (dolor, agitación, dificultad respiratoria) para que puedan aliviarse.
Merece una mención especial el cuidado de la boca, que en el paciente terminal cobra una importancia enorme: la sequedad de la mucosa (por la deshidratación, la respiración por la boca o la medicación) es una fuente frecuente de malestar. El TCAE mantiene la boca limpia y húmeda con gasas humedecidas o productos específicos, aplica vaselina o bálsamo en los labios para que no se agrieten y retira las secreciones con suavidad. Del mismo modo, el cuidado de los ojos (que pueden quedar entreabiertos y secarse) y de la piel forma parte del confort. En la fase de agonía, muchos de los cuidados «de rutina» se flexibilizan en favor del descanso: no tiene sentido despertar al paciente para pesarlo o para una higiene completa si eso le causa molestia; se prioriza siempre no molestar innecesariamente y aliviar. Todo se hace, además, comunicándose con el paciente —aunque no responda— y anticipándole lo que se le va a hacer, porque el trato respetuoso no depende del nivel de conciencia. Estos cuidados, sencillos pero constantes, son los que marcan la diferencia entre una muerte serena y una muerte incómoda.
3. El proceso de morir
La forma de afrontar la propia muerte varía según la persona, su edad, su cultura y sus creencias. Un referente clásico son las cinco fases o etapas emocionales descritas por Elisabeth Kübler-Ross ante la proximidad de la muerte (o ante una pérdida grave), que no siempre se dan todas ni en orden:
- Negación: «no puede ser, seguro que hay un error». Es un mecanismo de defensa inicial.
- Ira: rabia y protesta («¿por qué a mí?»), que a veces se dirige contra el personal o la familia.
- Negociación o pacto: se intenta «negociar» más tiempo a cambio de algo.
- Depresión: tristeza profunda ante la conciencia de la pérdida.
- Aceptación: se asume la realidad con más serenidad.
Conocer estas fases ayuda al auxiliar a entender y no juzgar las reacciones del paciente y de la familia (por ejemplo, no tomarse como algo personal la ira), y a acompañar con paciencia. Es importante subrayar que estas etapas son un modelo orientativo, no una escalera obligatoria: cada persona vive su proceso a su manera, puede saltarse fases, volver atrás o quedarse en una de ellas, y todas las reacciones son legítimas. Lo esencial no es «clasificar» al paciente en una fase, sino acompañarle allí donde esté, con respeto y sin prisa por que «acepte».
La agonía es la fase final que precede a la muerte, y presenta signos característicos que el auxiliar debe reconocer y comunicar: deterioro del nivel de conciencia (somnolencia, desconexión del entorno), cambios en la respiración (irregular, con pausas, a veces ruidosa por la acumulación de secreciones que la persona ya no puede expulsar —los llamados «estertores» o «respiración estertorosa», que suelen impresionar a la familia y conviene explicarles que no significan sufrimiento), frialdad y cambio de color de la piel (palidez, cianosis, coloración moteada de las extremidades por el enlentecimiento de la circulación), disminución de la diuresis y, a veces, agitación o inquietud. Ante estos signos, los cuidados se centran por completo en el confort y la dignidad: aliviar, no molestar, humedecer la boca, cuidar la postura, mantener un ambiente tranquilo y facilitar la presencia de los seres queridos.
4. El duelo y el apoyo a la familia
El duelo es la respuesta natural (emocional, física y social) ante la pérdida de un ser querido. Es un proceso normal que necesita tiempo y que atraviesa fases parecidas a las del paciente (negación, rabia, tristeza, aceptación). El acompañamiento a la familia es una parte esencial del trabajo, porque en cuidados paliativos la familia también es objeto de cuidado.
El TCAE colabora en el apoyo a la familia:
- Facilitando la presencia y el acompañamiento al paciente (flexibilizando visitas y horarios en la medida de lo posible) y ofreciendo un espacio de intimidad.
- Mostrando disponibilidad, escucha y empatía, sin frases hechas ni falsas promesas; a veces el mejor apoyo es la presencia silenciosa.
- Atendiendo las necesidades prácticas (una silla, agua, información de dónde dirigirse) y cuidando la comunicación: derivar a enfermería o al médico las preguntas clínicas, sin dar información que no le corresponde.
- Respetando las creencias religiosas y culturales y los ritos de despedida de cada familia.
El duelo no es una enfermedad, sino un proceso de adaptación a la pérdida que la mayoría de las personas resuelven por sí mismas con el tiempo y el apoyo de su entorno. Se distinguen distintos tipos: el duelo anticipado, que comienza antes del fallecimiento cuando la familia sabe que la muerte es inevitable (y que puede ayudar a prepararse); el duelo normal, con su cortejo de tristeza, insomnio, falta de apetito o añoranza; y el duelo patológico o complicado, cuando la respuesta es excesivamente intensa o prolongada y bloquea la vida de la persona. Su manejo corresponde a profesionales especializados, pero el auxiliar puede detectar señales de alarma (aislamiento extremo, incapacidad de aceptar la pérdida mucho tiempo después) y comunicarlas. En el trato con la familia conviene evitar frases hechas que, aunque bienintencionadas, pueden herir («era lo mejor», «hay que ser fuerte», «el tiempo lo cura todo»); casi siempre es más valioso el silencio acompañante, un gesto de cercanía o simplemente estar. El personal sanitario también se ve afectado por la muerte repetida de pacientes: cuidar el propio desgaste emocional (el llamado «síndrome de desgaste» o burnout) y compartir estas vivencias con el equipo forma parte de un trabajo sano y sostenible.
5. Los signos de la muerte
La muerte es el cese definitivo e irreversible de las funciones vitales. Su certificación es un acto médico: es el médico quien confirma y certifica el fallecimiento; el TCAE nunca lo hace. Los signos que indican la muerte son:
- Ausencia de respiración y de latido cardíaco y de pulso.
- Ausencia de reflejos y de respuesta a estímulos; pupilas fijas y dilatadas (midriasis) que no responden a la luz.
- Relajación de esfínteres.
Tras la muerte aparecen los signos cadavéricos o fenómenos post-mortem, que se desarrollan progresivamente y que conviene conocer porque condicionan los cuidados:
- Enfriamiento cadavérico (algor mortis): el cuerpo pierde temperatura de forma gradual.
- Livideces (livor mortis): manchas violáceas por acumulación de la sangre en las zonas más bajas del cuerpo.
- Rigidez cadavérica (rigor mortis): endurecimiento progresivo de los músculos que aparece a las pocas horas. Por eso el amortajamiento debe hacerse pronto, antes de que se instaure la rigidez, mientras el cuerpo aún es manejable.
Conviene mencionar el concepto de muerte encefálica (o cerebral): el cese irreversible de todas las funciones del cerebro, incluido el tronco cerebral. Legalmente equivale a la muerte de la persona, aunque el corazón pueda seguir latiendo un tiempo con soporte mecánico. Su diagnóstico es un acto médico riguroso, con criterios muy estrictos, y tiene gran relevancia porque la muerte encefálica es la situación en la que puede plantearse la donación de órganos. El auxiliar no interviene en este diagnóstico, pero debe conocer la existencia del concepto y colaborar, si se da el caso, con los cuidados que el equipo indique.
6. Los cuidados post-mortem: el amortajamiento
Los cuidados post-mortem son las atenciones que se prestan al cuerpo tras el fallecimiento (una vez el médico ha certificado la muerte), con el objetivo de dejarlo limpio, digno y presentable para la despedida de la familia y para el traslado. La técnica central es el amortajamiento (preparación del cadáver), en el que el TCAE colabora o realiza, y que debe hacerse con el máximo respeto, preservando la intimidad y tratando el cuerpo con la misma dignidad que a una persona viva.
Pasos generales del amortajamiento (que se realiza con guantes y, si el paciente estaba en aislamiento, con las precauciones correspondientes, pues algunos gérmenes siguen siendo transmisibles):
- Preservar la intimidad (biombo, retirar a otros pacientes o cerrar la zona) y actuar con discreción.
- Retirar los dispositivos: sondas, catéteres, vías, drenajes, apósitos (salvo indicación en contra, por ejemplo en algunos casos que requieran autopsia judicial, en los que no se retira nada y se avisa).
- Realizar la higiene del cuerpo (limpieza, taponamiento de los orificios si procede para evitar la salida de fluidos).
- Colocar el cuerpo en decúbito supino, alineado, con los brazos extendidos a lo largo del cuerpo o cruzados sobre el abdomen, cerrar los ojos y la boca (sujetando la mandíbula si es necesario) y retirar prótesis o joyas según protocolo.
- Colocar el sudario o mortaja (o la vestimenta según el protocolo del centro y los deseos de la familia).
- Colocar la identificación del cadáver.
Como la rigidez cadavérica se instaura en las horas siguientes, el amortajamiento se hace lo antes posible, cuando el cuerpo todavía es manejable, para poder alinearlo y cerrar los ojos y la boca con facilidad.
Durante todo el procedimiento, la actitud del profesional es tan importante como la técnica. El cuerpo se manipula con delicadeza y en silencio, evitando comentarios inapropiados, gestos bruscos o cualquier trato que resultaría irrespetuoso; se cuida que no queden a la vista de otros pacientes o familiares imágenes que puedan impresionar. Se retiran las sábanas sucias y se coloca ropa limpia o el sudario, se peina y se adecenta el cuerpo para que la familia pueda despedirse en las mejores condiciones. Si la familia desea ver al fallecido antes del traslado, se les facilita un momento de intimidad, y se respetan los ritos religiosos o culturales (por ejemplo, la orientación del cuerpo, la presencia de un ministro religioso o determinadas prácticas de aseo propias de cada creencia), que en algunas confesiones son muy precisos. El TCAE debe conocer que existen estas diferencias y actuar con la máxima sensibilidad, consultando cuando no esté seguro. En caso de enfermedad transmisible, se mantienen las precauciones de aislamiento durante el amortajamiento y se señaliza el cuerpo según el protocolo, porque el riesgo de contagio no desaparece con la muerte.
7. Identificación, traslado y pertenencias
La identificación del cadáver es un paso fundamental y de gran responsabilidad, para evitar cualquier confusión. Suele colocarse una etiqueta o tarjeta identificativa con los datos del fallecido (nombre, número de historia, fecha y hora) en un lugar visible del cuerpo o del sudario (a menudo se colocan dos: una en el cuerpo y otra en el sudario). La identificación acompaña al cadáver en todo momento.
El traslado al mortuorio (o tanatorio del hospital) se realiza con discreción y respeto, evitando coincidir con visitas o con otros pacientes, en una camilla adecuada y cubierto. El TCAE colabora en el traslado junto con el celador. En el mortuorio se conserva el cuerpo en condiciones adecuadas (refrigeración) hasta su entrega.
Las pertenencias del fallecido (ropa, objetos personales, joyas, dinero, prótesis, documentación) se recogen, se inventarían con cuidado y se entregan a la familia siguiendo el protocolo del centro, a ser posible con un registro firmado. Las joyas y los objetos de valor merecen especial cuidado para evitar pérdidas o reclamaciones; nunca se quedan sin control. Todo se hace con tacto, comprendiendo el valor sentimental que estos objetos tienen para la familia en ese momento.
La gestión de las pertenencias es un punto en el que confluyen lo emocional y lo legal, y por eso debe hacerse con especial rigor. Un objeto extraviado en un momento así puede generar un dolor añadido a la familia y una reclamación al centro. Por eso conviene documentar por escrito lo que se recoge, guardar los objetos de valor en lugar seguro hasta su entrega, y hacer la entrega a la persona autorizada dejando constancia. Cuando la familia no está presente en el momento del fallecimiento, las pertenencias se custodian debidamente hasta que puedan entregarse. En todo este proceso, el celador y el auxiliar suelen colaborar estrechamente, y la comunicación con la familia debe ser siempre respetuosa y clara. Como en todo el tema, el criterio que guía la actuación es sencillo de enunciar y exigente de cumplir: tratar a la persona fallecida y a sus allegados como nos gustaría que trataran a los nuestros. Esa combinación de rigor técnico y calidez humana es la mejor definición del buen hacer del auxiliar de enfermería en estos momentos.
8. Aspectos legales y éticos
La manipulación del cadáver tiene una dimensión legal que el auxiliar debe respetar:
- La certificación de la muerte es competencia exclusiva del médico (el certificado de defunción). Ningún cuidado post-mortem se inicia antes de esa confirmación.
- Existe un tiempo mínimo legal antes de la inhumación o incineración (en general, la ley exige que transcurra un mínimo de 24 horas desde el fallecimiento antes del entierro o la incineración, salvo excepciones).
- Ante una muerte violenta, sospechosa o de causa desconocida, se trata de un caso judicial: no se manipula ni se amortaja el cuerpo, no se retiran los dispositivos y se avisa, porque el cadáver queda a disposición judicial para la autopsia. Confundir esto puede tener consecuencias legales graves.
- La donación de órganos y tejidos y la autopsia clínica tienen sus propios requisitos y consentimientos, que gestionan el médico y los servicios correspondientes.
- Rige siempre el deber de confidencialidad y respeto: la dignidad de la persona no termina con la muerte, y el secreto profesional se mantiene también respecto al fallecido y su familia.
Conviene distinguir con claridad varios conceptos que a menudo se confunden y que la sociedad debate. Los cuidados paliativos buscan aliviar sin adelantar la muerte. La sedación paliativa reduce la conciencia para aliviar un sufrimiento que no se puede controlar de otro modo, con el consentimiento del paciente o su familia, y su fin no es provocar la muerte sino aliviar. La eutanasia es la actuación que produce la muerte de forma deliberada a petición expresa del paciente que sufre una enfermedad grave e incurable; en España está regulada por una ley específica y se realiza con garantías y controles estrictos, siendo siempre una decisión del ámbito médico y del propio paciente, nunca del auxiliar. El encarnizamiento terapéutico, por el contrario, es el exceso de tratamiento inútil, que se considera una mala práctica. El TCAE no participa en estas decisiones —que corresponden al médico y al paciente—, pero conocer las diferencias le ayuda a comprender el sentido de los cuidados y a situarse con respeto ante las decisiones de otros.
Desde el punto de vista ético, el hilo conductor de todo el tema es el respeto a la dignidad de la persona hasta el final y después de la muerte, el trato humano a la familia y la actuación discreta y compasiva. El TCAE, por su cercanía, es una figura clave para que el final de la vida y la despedida se vivan con el mayor respeto y humanidad posibles. Un cuidado excelente al final de la vida no exige medios extraordinarios, sino presencia, competencia y humanidad: aliviar el dolor, mantener el confort, respetar la voluntad de la persona, acompañar a la familia y tratar el cuerpo con la misma dignidad después de la muerte que en vida. En ese cometido, discreto y a menudo invisible, el auxiliar de enfermería presta uno de los servicios más valiosos de toda la profesión.
9. Esquema resumen
PACIENTE TERMINAL Y CUIDADOS POST-MORTEM
│
├─ PACIENTE TERMINAL = enfermedad avanzada, incurable, pronóstico limitado (<6 meses)
│ · CUIDADOS PALIATIVOS = atención integral (física/psíquica/social/espiritual)
│ · Objetivo: aliviar y confortar, NO curar · familia = unidad a tratar
│ · NO acelerar NI posponer la muerte (no eutanasia, no encarnizamiento)
│
├─ CUIDADOS BÁSICOS (TCAE): higiene (boca), confort, postura cómoda, no forzar comida
│ · El OÍDO es de los últimos sentidos → cuidar lo que se dice delante
│
├─ PROCESO DE MORIR — fases de KÜBLER-ROSS
│ Negación → Ira → Negociación → Depresión → Aceptación (no siempre todas ni en orden)
│ · Agonía = fase final: conciencia baja, estertores, frialdad → CONFORT y dignidad
│
├─ DUELO = respuesta a la pérdida (familia también se cuida)
│ · Apoyo: presencia, escucha, empatía, intimidad, respeto a creencias
│ · Duelo patológico = intenso/prolongado → especialistas
│
├─ MUERTE (la certifica el MÉDICO) — signos: sin respiración/latido/reflejos, midriasis
│ · Signos cadavéricos: enfriamiento · livideces · RIGIDEZ (rigor mortis) → amortajar PRONTO
│
├─ AMORTAJAMIENTO (con guantes, respeto, intimidad)
│ · Retirar dispositivos (salvo caso JUDICIAL: no tocar nada)
│ · Higiene, decúbito supino alineado, cerrar ojos y boca, sudario, IDENTIFICAR
│
├─ IDENTIFICACIÓN + TRASLADO al mortuorio (con celador, discreción) + PERTENENCIAS
│ · Etiqueta con datos (a menudo doble) · inventariar y entregar a la familia (joyas: cuidado)
│
└─ LEGAL: médico certifica · mínimo 24 h antes de inhumar/incinerar
· muerte violenta/sospechosa = JUDICIAL (no manipular) · confidencialidad y dignidad
10. Ideas fuerza para el test
- El paciente terminal tiene una enfermedad avanzada, incurable y con pronóstico de vida limitado; el objetivo es aliviar y confortar, no curar.
- Los cuidados paliativos son una atención integral (física, psíquica, social y espiritual) del paciente y su familia; ni aceleran ni posponen la muerte.
- Se distingue de la obstinación/encarnizamiento terapéutico (prolongar con medios desproporcionados) y de la eutanasia.
- En los cuidados básicos, la higiene de la boca y el confort son prioritarios; no se fuerza a comer en la fase final.
- El oído es uno de los últimos sentidos que se pierden: hay que cuidar lo que se dice delante del paciente y seguir hablándole con suavidad aunque parezca inconsciente o no responda.
- Fases de Kübler-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación (no siempre todas ni en ese orden).
- La agonía es la fase final; los cuidados se centran en el confort y la dignidad.
- El duelo es una respuesta normal a la pérdida; la familia también es objeto de cuidado. El mejor apoyo suele ser la presencia y la escucha.
- La muerte la certifica el médico; el TCAE nunca la confirma. Signos: ausencia de respiración, latido y reflejos, y midriasis (pupilas fijas y dilatadas).
- Signos cadavéricos: enfriamiento, livideces y rigidez (rigor mortis). Por la rigidez, el amortajamiento se hace pronto.
- El amortajamiento se realiza con guantes y respeto: retirar dispositivos, higiene, decúbito supino alineado, cerrar ojos y boca, sudario e identificación.
- Ante una muerte violenta, sospechosa o de causa desconocida (caso judicial), NO se manipula ni se amortaja el cuerpo ni se retiran los dispositivos: se avisa.
- El cadáver se identifica (a menudo con doble etiqueta) y se traslada al mortuorio con discreción, en colaboración con el celador.
- Las pertenencias se inventarían y se entregan a la familia con registro; las joyas y objetos de valor requieren especial cuidado.
- Legalmente suele exigirse un mínimo de 24 horas antes de la inhumación o incineración; rige el respeto a la dignidad y la confidencialidad también tras la muerte.
- La muerte encefálica (cese irreversible de todas las funciones del cerebro, incluido el tronco cerebral) equivale legalmente a la muerte, aunque el corazón lata con soporte, y es la situación en la que puede plantearse la donación de órganos.
- Los cuidados paliativos nacen del concepto de «dolor total» (Cicely Saunders): el sufrimiento es físico, psicológico, social y espiritual; se atiende al paciente y a la familia, y se respetan las instrucciones previas o testamento vital de la persona.
- Con el cuerpo de un paciente con enfermedad transmisible se mantienen las precauciones de aislamiento durante el amortajamiento: el riesgo de contagio no desaparece con la muerte.
- Con la familia se evitan las frases hechas («era lo mejor», «hay que ser fuerte»): suele ser más valioso el silencio acompañante, la escucha y la presencia; se derivan a enfermería o al médico las preguntas clínicas.
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