Tema 32 · Policía Nacional (Escala Básica)
Geografía humana y demografía
Epígrafe oficial: Concepto de geografía humana. La ciudad, corrientes de estudio de la misma. Población, estructura y grupos sociales. La demografía: densidad demográfica, tasas de natalidad y mortalidad, crecimiento vegetativo. La sociedad de masas. Contaminación y protección del medio ambiente.
Tema desarrollado a nivel élite para preparar el examen de conocimientos de la Escala Básica (100 preguntas, 50 minutos). La información es orientativa y está verificada a fecha de actualización: el contenido evaluable lo fija el temario del anexo I de tu convocatoria. Es un tema del bloque de materias sociales, de contenido geográfico, demográfico y sociológico; los datos y cifras que se citan proceden del INE y de fuentes oficiales, sin cifras inventadas.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Concepto de geografía humana
- 2. La ciudad y las corrientes de estudio
- 3. Población: estructura y grupos sociales
- 4. La demografía y sus fuentes
- 5. Las tasas e indicadores demográficos
- 6. La transición demográfica
- 7. La población española: envejecimiento y despoblación
- 8. La sociedad de masas
- 9. Contaminación y protección del medio ambiente
- 10. Ideas fuerza para el test
0. Introducción
Este tema del bloque de materias sociales reúne varios contenidos de geografía humana, demografía y sociología: el concepto de geografía humana, la ciudad y su estudio, la estructura de la población, las tasas demográficas, la transición demográfica, la sociedad de masas y la protección del medio ambiente. Se trata de un temario amplio y variado, en el que conviene fijar con precisión los conceptos y las definiciones, pues son la base de las preguntas de test, y manejar algunas cifras verificadas sobre la población de España y del mundo.
El eje que da unidad a todos estos contenidos es la relación entre las sociedades humanas y el espacio que habitan. Comprender cómo se distribuye y evoluciona la población, cómo se organizan las ciudades y cómo se transforma el medio ayuda a entender la sociedad en la que la Policía desarrolla su función y el territorio en el que actúa: dos claves para interpretar los fenómenos sociales, para anticipar problemas y para planificar y prestar un mejor servicio a la ciudadanía. El envejecimiento, la despoblación rural, la concentración urbana o la contaminación no son datos abstractos, sino realidades que condicionan la convivencia y la seguridad.
1. Concepto de geografía humana
La geografía es la ciencia que estudia la superficie terrestre, los paisajes y la distribución de los fenómenos sobre ella. Tradicionalmente se divide en dos grandes ramas: la geografía física, que estudia el medio natural (el relieve, el clima, las aguas, la vegetación), y la geografía humana, que estudia la relación entre las sociedades humanas y el espacio que habitan y organizan. La geografía humana analiza, por tanto, la distribución de la población, los asentamientos (el poblamiento rural y urbano), las actividades económicas y su localización, las redes de transporte y comunicación, y la transformación del territorio por la acción del ser humano.
Dentro de la geografía humana suelen distinguirse diversas ramas especializadas: la geografía de la población (o demográfica), la geografía urbana (que estudia las ciudades), la geografía rural, la geografía económica (agraria, industrial y de los servicios), la geografía política y la geopolítica. Su enfoque es interdisciplinar, pues se apoya en la demografía, la economía, la sociología y la historia. En definitiva, la geografía humana ayuda a entender cómo se organiza el espacio en función de las necesidades y actividades de las personas.
Históricamente, la disciplina se ha debatido entre dos grandes concepciones sobre la relación entre el ser humano y el medio. El determinismo geográfico, cuyo principal representante fue el geógrafo alemán Friedrich Ratzel, sostenía que el medio físico determina la forma de vida y el desarrollo de las sociedades. Frente a él, el posibilismo, defendido por el geógrafo francés Paul Vidal de la Blache, sostiene que el medio no impone, sino que ofrece un abanico de posibilidades entre las que el ser humano elige según su cultura y su técnica. Esta segunda visión, más matizada, es la que hoy predomina: el territorio condiciona, pero no determina, la acción humana. En el siglo XX surgieron enfoques posteriores, como la geografía cuantitativa (que introdujo el método estadístico y los modelos), la geografía radical o crítica (atenta a las desigualdades sociales del espacio) y la geografía de la percepción.
La geografía se sirve de herramientas propias para representar y analizar el espacio. La fundamental es el mapa, y la disciplina que se ocupa de su elaboración es la cartografía. En la actualidad, esas herramientas se han informatizado con los Sistemas de Información Geográfica (SIG o GIS), que integran y analizan grandes cantidades de datos referidos al territorio, y con la teledetección por satélite y el GPS. Estas tecnologías tienen aplicaciones directas en la seguridad: el análisis de la distribución geográfica de la delincuencia (los llamados «mapas del delito» o hot spots), la planificación de dispositivos o la gestión de emergencias muestran la utilidad práctica de la geografía para la labor policial.
2. La ciudad y las corrientes de estudio
La ciudad es un núcleo de población de gran tamaño y elevada densidad, cuyos habitantes se dedican mayoritariamente a actividades no agrarias (industria y, sobre todo, servicios), con una morfología característica y una intensa vida social. No existe un criterio único para definirla; en España, el Instituto Nacional de Estadística (INE) considera urbanos, a efectos estadísticos, los municipios de más de 10.000 habitantes (frente a los rurales, de menos de 2.000, y los intermedios o semiurbanos, entre 2.000 y 10.000). Pero la ciudad es, más que un umbral de población, un modo de vida caracterizado por la diversidad, el anonimato, la especialización y unas relaciones sociales más impersonales que las del medio rural, como estudió el sociólogo Louis Wirth («El urbanismo como modo de vida»).
El crecimiento de las ciudades a lo largo del tiempo constituye el proceso de urbanización, que se aceleró con la Revolución Industrial y con el éxodo rural. Han surgido así realidades urbanas de gran escala: el área metropolitana (una gran ciudad y los municipios de su entorno, funcionalmente integrados), la conurbación (varias ciudades próximas que crecen hasta unirse) y la megalópolis (enorme región urbanizada resultante de la unión de varias metrópolis). La urbanización es un fenómeno mundial: desde aproximadamente 2007, por primera vez en la historia, más de la mitad de la humanidad vive en ciudades, y la proporción sigue creciendo, con especial intensidad en los países en desarrollo, donde proliferan las grandes aglomeraciones y los asentamientos informales (chabolismo, favelas, slums). España es un país fuertemente urbanizado, con la mayoría de su población concentrada en ciudades y áreas metropolitanas.
El estudio de la ciudad ha dado lugar a distintas corrientes y disciplinas. El urbanismo es la disciplina que se ocupa de la ordenación y el diseño de las ciudades (su planificación física, el planeamiento). La sociología urbana estudia la vida social en las ciudades y sus problemas. Fue especialmente influyente la Escuela de Chicago (primer tercio del siglo XX), que aplicó a la ciudad el enfoque de la «ecología urbana» —el estudio de la ciudad como un ecosistema en el que los grupos compiten por el espacio— y elaboró modelos sobre la organización del espacio urbano. Entre ellos destacan:
- El modelo de zonas concéntricas de Ernest Burgess: la ciudad crece en anillos sucesivos en torno a un centro de negocios (CBD), rodeado de una zona de transición, la de la clase obrera, la residencial y la periferia.
- El modelo de sectores de Homer Hoyt: el crecimiento se organiza en sectores o cuñas a lo largo de los ejes de transporte.
- El modelo de núcleos múltiples de Chauncy Harris y Edward Ullman: la ciudad se estructura en torno a varios centros especializados, no uno solo.
Estas corrientes analizan fenómenos urbanos como la segregación espacial, los barrios, la periferia o los procesos de degradación y renovación de los centros. Las ciudades desempeñan diversas funciones (administrativa o político-militar, comercial, industrial, cultural, religiosa, turística o residencial), y rara vez una sola: las grandes urbes son multifuncionales. Se organizan, además, en una jerarquía urbana, en la que unas ejercen influencia sobre otras y sobre su entorno rural, prestándoles servicios; esta idea inspiró la teoría de los lugares centrales de Walter Christaller.
La vida urbana genera también problemas característicos que interesan a la seguridad pública: la segregación y la formación de barrios marginales o chabolismo; la especulación del suelo y la vivienda; la gentrificación (sustitución de la población tradicional de un barrio por otra de mayor poder adquisitivo tras su rehabilitación); la congestión del tráfico; la contaminación; y ciertas formas de delincuencia urbana. La ordenación del territorio y un urbanismo equilibrado tratan de prevenir o corregir estos desequilibrios.
Dato de examen: el INE considera urbanos los municipios de más de 10.000 habitantes y rurales los de menos de 2.000. El modelo de zonas concéntricas (anillos) es de Burgess; el de sectores, de Hoyt; el de núcleos múltiples, de Harris y Ullman. La Escuela de Chicago creó la «ecología urbana».
3. Población: estructura y grupos sociales
La población es el conjunto de personas que habitan un territorio determinado. Su estudio atiende no solo al número de habitantes, sino a su estructura, es decir, a cómo se distribuye según distintas variables. Las dos más importantes son el sexo y la edad:
- La estructura por sexo se expresa mediante la tasa de masculinidad (número de varones por cada cien mujeres) o razón de sexos. Suelen nacer algo más varones, pero la mayor longevidad femenina invierte la proporción en las edades avanzadas, de modo que hay más mujeres que hombres entre los mayores.
- La estructura por edad distingue tres grandes grupos: los jóvenes (0-14 años), los adultos (15-64 años) y los ancianos o mayores (65 y más años). Su proporción determina si una población es joven o envejecida.
La representación gráfica de la estructura por sexo y edad es la pirámide de población, un doble histograma que sitúa a los varones a la izquierda y a las mujeres a la derecha, por grupos de edad (habitualmente quinquenales). Según su forma se distinguen tres tipos:
- La pirámide progresiva o expansiva (forma de triángulo, con base ancha): mucha juventud y alta natalidad, propia de países en desarrollo.
- La estacionaria o estable (forma de campana): natalidad moderada y crecimiento contenido.
- La regresiva o en bulbo/urna (base estrecha y cúspide ancha): población envejecida y baja natalidad, propia de países desarrollados como España.
Desde el punto de vista económico, la población se divide en población activa (las personas en edad y disposición de trabajar, ocupadas o en paro) y población inactiva (estudiantes, jubilados, personas dedicadas a las labores del hogar, etc.). La tasa de actividad mide el peso de la población activa sobre la población en edad de trabajar, y la tasa de paro, el de los desempleados sobre la población activa; ambas se obtienen en España de la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE. La relación entre la población dependiente (jóvenes y mayores) y la población en edad de trabajar se mide con la tasa o índice de dependencia, indicador clave para valorar la sostenibilidad de un sistema de pensiones; se desglosa en dependencia juvenil y dependencia de los mayores. Junto a estas categorías, la sociedad se organiza en grupos sociales (estudiados en otro tema) y en estratos o clases, según la posición socioeconómica de sus miembros.
Conviene precisar dos conceptos que suelen confundirse en el recuento de la población. La población de derecho está formada por las personas empadronadas en un municipio (residentes), estén o no presentes en él; la población de hecho la integran las personas presentes en el momento del recuento, sean o no residentes. Los cambios en el número de habitantes se deben a los movimientos naturales (nacimientos y defunciones) y a los movimientos migratorios (llegadas y salidas).
Dato de examen: asocia cada pirámide a su forma. Progresiva o expansiva = triángulo, base ancha, población joven (países en desarrollo); estacionaria = campana; regresiva = base estrecha y cúspide ancha, población envejecida (España). Y no confundas población de derecho (empadronados, residentes) con población de hecho (presentes en el momento del recuento).
El envejecimiento de la población —el aumento del peso relativo de los mayores de 65 años— es uno de los grandes retos de las sociedades desarrolladas. Sus consecuencias son de gran calado: presiona sobre el sistema de pensiones (cada vez menos activos sostienen a más pasivos), incrementa el gasto sanitario y de dependencia, y modifica la demanda de servicios y el mercado de trabajo. Para afrontarlo se plantean respuestas como el fomento de la natalidad (políticas de apoyo a la familia y a la conciliación), la inmigración de población joven en edad de trabajar y la prolongación de la vida laboral. Estos fenómenos afectan también a la composición de la sociedad a la que sirve la Policía, cada vez con más personas mayores que requieren una atención específica (soledad no deseada, fraudes y estafas dirigidas a mayores, etc.).
4. La demografía y sus fuentes
La demografía es la ciencia que estudia las poblaciones humanas desde el punto de vista cuantitativo: su tamaño, su estructura, su distribución y su evolución. Para ello se apoya en varias fuentes básicas que conviene distinguir con cuidado, porque el examen tiende a confundirlas:
- El censo de población: recuento exhaustivo y periódico de todos los habitantes, con información detallada (edad, sexo, estado civil, formación, empleo, vivienda). Tradicionalmente se realizaba cada diez años; en la actualidad el INE elabora un censo basado en registros administrativos que permite una actualización más frecuente.
- El padrón municipal: registro continuo y actualizado de los vecinos de cada municipio, competencia de los ayuntamientos. Acredita la residencia y el domicilio, y de él se derivan derechos (asistencia sanitaria, escolarización, voto). Es una fuente muy importante para conocer la población real de cada localidad, incluida la extranjera.
- El registro civil: inscribe los hechos vitales (nacimientos, defunciones, matrimonios), de donde se obtiene el Movimiento Natural de la Población.
- Las encuestas (como la EPA) y las estimaciones intercensales, que completan el cuadro.
El organismo oficial responsable de las estadísticas demográficas en España es el Instituto Nacional de Estadística (INE), que publica el censo, las cifras de población, los indicadores demográficos básicos y las proyecciones de población. A escala internacional, trabajan la División de Población de la ONU y organismos como Eurostat. A escala mundial, la población ha crecido de forma extraordinaria: la Tierra superó los 8.000 millones de habitantes el 15 de noviembre de 2022, y las proyecciones de la ONU sitúan el máximo en torno a los 10.300 millones hacia mediados de la década de 2080 (revisión ONU WPP 2024), tras lo cual la población podría estabilizarse o descender. El ritmo de crecimiento se está desacelerando, y en 2023 India superó a China como país más poblado del mundo.
Dato de examen: no confundas las fuentes. El censo es un recuento exhaustivo y periódico; el padrón es un registro continuo y municipal (lo gestionan los ayuntamientos y acredita la residencia); el registro civil inscribe los hechos vitales (nacimientos, defunciones, matrimonios). El organismo estadístico oficial es el INE.
5. Las tasas e indicadores demográficos
La demografía maneja una serie de tasas e indicadores que hay que dominar, porque son objeto directo de pregunta:
- La densidad demográfica o de población es el número de habitantes por kilómetro cuadrado (hab/km²); mide el grado de concentración de la población. En España es de en torno a 97 hab/km², con enormes contrastes internos.
- La tasa bruta de natalidad es el número de nacimientos por cada mil habitantes en un año.
- La tasa bruta de mortalidad es el número de defunciones por cada mil habitantes en un año.
- El crecimiento vegetativo o natural es la diferencia entre los nacimientos y las defunciones (o, en tasas, entre la natalidad y la mortalidad). Es positivo si nacen más de los que mueren y negativo en caso contrario. No debe confundirse con el saldo migratorio; la suma de ambos da el crecimiento real de la población.
- La tasa de fecundidad relaciona los nacimientos con las mujeres en edad fértil (15-49 años); el índice sintético de fecundidad o número medio de hijos por mujer resume esta información: se necesitan en torno a 2,1 hijos por mujer para el simple reemplazo generacional (que una generación sustituya a la anterior sin migraciones).
- La tasa de mortalidad infantil mide las defunciones de menores de un año por cada mil nacidos vivos; es uno de los indicadores más sensibles del nivel de desarrollo de un país.
- La esperanza de vida al nacer es el número medio de años que se espera que viva una persona nacida en un momento dado; en España es de las más altas del mundo.
- La tasa de nupcialidad (matrimonios por cada mil habitantes) y la tasa de crecimiento real (que suma el crecimiento vegetativo y el saldo migratorio) completan el cuadro.
Con datos verificados del INE, la fotografía demográfica de España en los últimos años es la siguiente: el índice de fecundidad bajó a 1,10 hijos por mujer (2024), muy por debajo del reemplazo; la esperanza de vida al nacer se situó en torno a 84 años (unos 81 en los hombres y unos 86 en las mujeres), de las mayores del planeta; y los nacimientos rondaron los 318.000 anuales, en descenso sostenido. De ahí que el crecimiento vegetativo sea negativo (mueren más personas de las que nacen) y que el crecimiento real de la población dependa casi por completo del saldo migratorio positivo.
Dato de examen: distingue con claridad crecimiento vegetativo o natural (nacimientos − defunciones) del saldo migratorio (inmigrantes − emigrantes); la suma de ambos es el crecimiento real. El reemplazo generacional exige unos 2,1 hijos por mujer; España está en torno a 1,1, con crecimiento vegetativo negativo. La densidad se mide en hab/km².
6. La transición demográfica
La teoría de la transición demográfica explica el paso de un régimen demográfico antiguo (con alta natalidad y alta mortalidad, y por tanto crecimiento reducido) a un régimen moderno (con baja natalidad y baja mortalidad, y de nuevo crecimiento reducido), a través de fases intermedias en las que la población crece con fuerza. Suelen distinguirse cuatro fases:
- Fase 1 (régimen antiguo o preindustrial): natalidad y mortalidad muy altas, con fuertes oscilaciones (hambrunas, epidemias, guerras); el crecimiento es lento y la población, joven.
- Fase 2 (inicio de la transición): la mortalidad desciende bruscamente (por las mejoras en higiene, alimentación y medicina) mientras la natalidad sigue alta, lo que provoca una fuerte explosión demográfica (máximo crecimiento).
- Fase 3 (final de la transición): la natalidad empieza a descender y se acerca a la mortalidad (por la urbanización, la incorporación de la mujer al trabajo, el control de la natalidad y el cambio de valores); el crecimiento se modera.
- Fase 4 (régimen moderno): natalidad y mortalidad son bajas; el crecimiento vuelve a ser reducido e incluso negativo, con una población envejecida.
Los países desarrollados han completado la transición e incluso se habla de una «segunda transición demográfica», caracterizada por la fecundidad muy baja (por debajo del reemplazo), el retraso de la maternidad, la caída de la nupcialidad y la aparición de nuevos modelos de familia (hogares unipersonales, familias monoparentales, uniones sin matrimonio). Un antecedente clásico del pensamiento demográfico es Thomas Malthus, que a finales del siglo XVIII advirtió del riesgo de que la población, que —según él— crece de forma geométrica, superara a los recursos alimentarios, que crecen de forma aritmética; sus previsiones no se cumplieron gracias al progreso técnico, pero el debate sobre la relación entre población y recursos sigue vigente, y las corrientes «neomalthusianas» lo han retomado en clave ambiental.
La explosión demográfica del siglo XX se produjo, sobre todo, en los países en desarrollo, que atravesaron con retraso pero con gran rapidez la fase 2 de la transición: el descenso brusco de la mortalidad, gracias a la difusión de la medicina y la higiene, coincidió con una natalidad todavía muy elevada. Ello ha generado un fuerte desequilibrio demográfico mundial: mientras muchos países pobres tienen poblaciones jóvenes y en rápido crecimiento, los países ricos —como España— presentan poblaciones envejecidas y estancadas. Este contraste está en el origen de buena parte de los flujos migratorios actuales, que tienden a compensar el déficit demográfico de unos con el excedente de otros.
7. La población española: envejecimiento y despoblación
La situación demográfica de España merece un tratamiento propio por su relevancia para el examen y para la función policial. Con datos del INE, la población residente superó los 49,1 millones de habitantes a 1 de enero de 2025, tras varios años de crecimiento sostenido apoyado casi por entero en la inmigración, ya que el crecimiento vegetativo es negativo. Los rasgos estructurales de esta población son tres:
- Un intenso envejecimiento: la baja natalidad y la elevada esperanza de vida han elevado el peso de los mayores de 65 años y reducido el de los jóvenes, con una pirámide claramente regresiva. Esto tensiona las pensiones, la sanidad y los servicios de dependencia.
- Fuertes desequilibrios territoriales: una elevada concentración de la población en el litoral, los archipiélagos y Madrid, frente a un interior peninsular muy despoblado. La densidad media (en torno a 97 hab/km²) oculta contrastes extremos, desde provincias densamente pobladas hasta otras con menos de 10 hab/km².
- La llamada «España vaciada» o «España despoblada»: amplias zonas rurales del interior que han perdido población por el éxodo rural del siglo XX y que hoy sufren envejecimiento acusado, falta de servicios y riesgo de desaparición de pueblos enteros. Frente a ella se ha desarrollado una política de reto demográfico para fijar población y garantizar servicios en el medio rural.
El resultado es una paradoja: España es a la vez un país con problemas de despoblación en amplias zonas y de congestión en las grandes áreas urbanas y turísticas. Comprender este mapa demográfico es esencial para planificar cualquier servicio público —también el de seguridad—, porque las necesidades de un pueblo envejecido y disperso no son las de una gran ciudad joven y densa.
Dato de examen: España supera los 49 millones de habitantes, con crecimiento debido a la inmigración (crecimiento vegetativo negativo). Rasgos: envejecimiento, concentración en el litoral y Madrid y «España vaciada» en el interior rural. Pirámide regresiva.
8. La sociedad de masas
La sociedad de masas es el tipo de sociedad surgido con la industrialización, la urbanización y el desarrollo de los medios de comunicación, caracterizado por la existencia de grandes conjuntos de personas —las «masas»— que producen y consumen de forma estandarizada y comparten pautas culturales homogéneas. Sus rasgos son la producción y el consumo de masas, la comunicación de masas (los mass media: prensa, radio, televisión y hoy internet y las redes sociales), la cultura de masas (productos culturales dirigidos a un público amplísimo) y una cierta uniformización de gustos y comportamientos.
El concepto tiene una marcada dimensión crítica. El filósofo español José Ortega y Gasset lo abordó en su célebre obra La rebelión de las masas (1930), donde distinguió entre la «minoría selecta» y el «hombre-masa», advirtiendo del riesgo de que el individuo quedara diluido en la masa y renunciara a pensar por sí mismo. Otros autores subrayaron los peligros de la manipulación de las masas por la propaganda y los medios, la pérdida de individualidad y el anonimato. Desde la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno y Max Horkheimer acuñaron el concepto de «industria cultural» para criticar la producción en serie de una cultura estandarizada que fomenta el conformismo. El teórico de la comunicación Marshall McLuhan destacó el poder de los medios con su célebre fórmula «el medio es el mensaje» y la idea de la aldea global.
Todo ello conecta con el concepto de opinión pública: el estado de opinión predominante en una sociedad, que los medios contribuyen decisivamente a formar y que puede ser objeto de manipulación. La sociedad de masas se relaciona con fenómenos como la desindividuación en las multitudes y el poder de los medios en la formación de las actitudes colectivas. En la era digital, estos rasgos se han transformado: junto a la masificación coexisten hoy la segmentación y la personalización que permiten las nuevas tecnologías (los algoritmos ofrecen a cada usuario contenidos a medida), aunque persisten —y se agravan— los riesgos de manipulación, ahora a través de las redes sociales, las «cámaras de eco», la desinformación y las noticias falsas (fake news).
Estrechamente ligada a la sociedad de masas está la sociedad de consumo, propia de las economías desarrolladas, en la que el consumo de bienes y servicios va mucho más allá de la satisfacción de las necesidades básicas y se convierte en un valor social y en un signo de estatus. La publicidad estimula continuamente el deseo de consumir, apareciendo fenómenos como el consumismo, la obsolescencia programada de los productos y una fuerte presión sobre los recursos naturales. Frente a él se reivindica hoy un consumo responsable y sostenible, que conecta directamente con la protección del medio ambiente que se examina a continuación.
El estudio del comportamiento de las multitudes tiene, además, un antecedente clásico de interés policial: la psicología de las masas del francés Gustave Le Bon (Psicología de las masas, 1895), que describió cómo el individuo, integrado en una muchedumbre, tiende a perder su individualidad y su sentido crítico, se vuelve más sugestionable e impulsivo y puede llegar a comportamientos que no tendría a solas. Este fenómeno —hoy analizado en términos de desindividuación— es clave para comprender la dinámica de las grandes concentraciones, las manifestaciones o los altercados, y es una de las razones por las que la gestión policial del orden público exige técnicas específicas y una actuación proporcionada.
Dato de examen: retén los nombres. Ortega y Gasset, La rebelión de las masas (1930), «hombre-masa»; Adorno y Horkheimer (Escuela de Frankfurt), «industria cultural»; McLuhan, «el medio es el mensaje» y «aldea global»; Le Bon, psicología de las masas (1895).
9. Contaminación y protección del medio ambiente
La contaminación es la introducción en el medio de sustancias o formas de energía que alteran negativamente su equilibrio y resultan nocivas para los seres vivos. Se distinguen varios tipos:
- La contaminación atmosférica (gases y partículas en el aire), que genera la niebla tóxica o smog de las grandes ciudades y agrava las enfermedades respiratorias.
- La hídrica (de aguas continentales y marinas), que provoca la eutrofización de ríos y lagos y la muerte de la fauna acuática.
- La del suelo (vertidos, plaguicidas y residuos mal gestionados).
- La acústica (el ruido), muy presente en el medio urbano, que afecta a la salud (estrés, alteraciones del sueño) y está regulada por la normativa de ruido.
- La lumínica (el exceso de iluminación artificial), que altera los ecosistemas nocturnos y dificulta la observación del cielo.
A escala global, la actividad humana ha provocado graves problemas ambientales: el cambio climático por el aumento del efecto invernadero (emisión de gases como el CO₂ y el metano); el histórico deterioro de la capa de ozono; la lluvia ácida; la deforestación y la desertización; y la pérdida de biodiversidad. Frente a estos retos se ha impuesto el concepto de desarrollo sostenible, definido en el Informe Brundtland (Nuestro futuro común, 1987) como aquel que «satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas».
La conciencia ambiental se ha plasmado en grandes cumbres y acuerdos internacionales: la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992), el Protocolo de Kioto (1997) sobre reducción de gases de efecto invernadero y el Acuerdo de París (2015) para limitar el calentamiento global muy por debajo de 2 ºC. La ONU ha aprobado, además, la Agenda 2030 con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Un hito específico y muy eficaz fue el Protocolo de Montreal (1987), en la protección de la capa de ozono, y es de referencia el trabajo científico del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático). En el plano de las conductas se promueven hoy la economía circular (reducir, reutilizar y reciclar frente al modelo de «usar y tirar»), las energías renovables (solar, eólica), el ahorro energético y la reducción de la huella ecológica.
En el ordenamiento español, la protección del medio ambiente tiene rango constitucional: el artículo 45 de la Constitución reconoce el derecho de todos a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo, y ordena a los poderes públicos velar por la utilización racional de los recursos naturales, previendo sanciones penales o administrativas y la obligación de reparar el daño. En desarrollo de ese mandato, el Código Penal tipifica los delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente (art. 325 y siguientes), así como los delitos relativos a la flora, la fauna y los animales, y los incendios forestales. En la vigilancia y protección ambiental desempeña un papel destacado el SEPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil), sin perjuicio de las competencias de la Policía Nacional y de las policías autonómicas y locales.
Merece una mención el vínculo entre el espacio urbano y la seguridad, que enlaza este tema con la criminología. La sociología y la criminología han estudiado cómo las características del entorno influyen en la delincuencia: la prevención situacional y la prevención del delito mediante el diseño ambiental (CPTED) sostienen que un urbanismo cuidado (buena iluminación, visibilidad, mantenimiento de los espacios) reduce las oportunidades delictivas. Es célebre la teoría de las «ventanas rotas» de Wilson y Kelling, según la cual el deterioro y el desorden no atajados en un barrio (una ventana rota que no se repara) transmiten sensación de impunidad y favorecen la escalada del delito. De ahí que el conocimiento del territorio, de la estructura de la población y de la dinámica de las ciudades sea una herramienta valiosa para la planificación de la seguridad ciudadana y para el trabajo diario del policía, que ha de saber leer el entorno social en el que actúa.
Dato de examen: el desarrollo sostenible se define en el Informe Brundtland (1987); el Protocolo de Montreal (1987) protege la capa de ozono y el de Kioto (1997) reduce gases de efecto invernadero; el Acuerdo de París (2015) limita el calentamiento global; la Agenda 2030 fija 17 ODS. En España, el medio ambiente está en el art. 45 CE y los delitos ambientales en el art. 325 CP; vigila la naturaleza el SEPRONA de la Guardia Civil.
10. Ideas fuerza para el test
- La geografía humana estudia la relación entre las sociedades humanas y el espacio (población, ciudades, actividades económicas); se distingue de la geografía física. Debate clásico: determinismo (Ratzel) frente a posibilismo (Vidal de la Blache, hoy predominante). Herramientas: cartografía y SIG.
- La ciudad: núcleo denso de actividades no agrarias; en España el INE considera urbanos los municipios de más de 10.000 habitantes. Corrientes: urbanismo y sociología urbana; la Escuela de Chicago y la ecología urbana, con los modelos de zonas concéntricas (Burgess), sectores (Hoyt) y núcleos múltiples (Harris y Ullman). Realidades: área metropolitana, conurbación, megalópolis.
- Estructura de la población: por sexo (tasa de masculinidad) y edad (jóvenes 0-14, adultos 15-64, mayores 65+), en la pirámide de población (progresiva, estacionaria o regresiva). Población activa e inactiva; índice de dependencia. Población de derecho (empadronados) vs de hecho (presentes).
- Fuentes: censo (exhaustivo y periódico), padrón (continuo, municipal) y registro civil (hechos vitales); organismo: INE. Mundo: 8.000 millones el 15-nov-2022; pico ~10.300 millones hacia 2080; India superó a China en 2023.
- Tasas: densidad (hab/km²), natalidad y mortalidad (por mil hab). Crecimiento vegetativo o natural = natalidad − mortalidad (≠ saldo migratorio); su suma es el crecimiento real. Reemplazo generacional ≈ 2,1 hijos por mujer.
- La transición demográfica (4 fases) explica el paso de alta a baja natalidad y mortalidad; la explosión demográfica se da en la fase 2 (cae la mortalidad y sigue alta la natalidad). Malthus: población (geométrica) frente a recursos (aritmética).
- España: más de 49 millones de habitantes; fecundidad ~1,1 hijos por mujer, esperanza de vida ~84 años, crecimiento vegetativo negativo; envejecimiento, concentración litoral/Madrid y «España vaciada».
- La sociedad de masas: producción, consumo, comunicación y cultura de masas, con uniformización; Ortega y Gasset, La rebelión de las masas (1930); la «industria cultural» de Adorno y Horkheimer (Escuela de Frankfurt) y la sociedad de consumo.
- Medio ambiente: tipos de contaminación (atmosférica, hídrica, del suelo, acústica, lumínica); desarrollo sostenible (Informe Brundtland, 1987); cumbres de Río 1992, Kioto 1997 y París 2015; Agenda 2030 (17 ODS). En España, art. 45 CE y delitos del art. 325 CP; el SEPRONA de la Guardia Civil vela por la naturaleza. Vínculo urbanismo-seguridad: ventanas rotas (Wilson y Kelling) y prevención situacional.
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