Tema 34 · Policía Nacional (Escala Básica)
Drogodependencias
Epígrafe oficial: Drogodependencias. Conceptos de droga, consumidor, métodos de administración, adicción, dependencia, tolerancia, politoxicomanías. Clasificación de las drogas. Últimas tendencias en el consumo de drogas en nuestra sociedad.
Tema desarrollado a nivel élite para preparar el examen de conocimientos de la Escala Básica (100 preguntas, 50 minutos). La información es orientativa y está verificada a fecha de actualización: el contenido evaluable lo fija el temario del anexo I de tu convocatoria. Es un tema del bloque de materias sociales, con proyección directa sobre la seguridad; los datos de consumo proceden de las encuestas oficiales del Plan Nacional sobre Drogas (EDADES y ESTUDES) y los conceptos, de la OMS, sin cifras inventadas.
Índice
- 0. Introducción
- 1. Conceptos básicos
- 2. Métodos o vías de administración
- 3. Clasificación de las drogas
- 4. Drogas depresoras
- 5. Drogas estimulantes
- 6. Drogas perturbadoras o alucinógenas
- 7. Últimas tendencias en el consumo
- 8. Factores de la drogodependencia y prevención
- 9. Marco jurídico y respuesta institucional
- 10. Ideas fuerza para el test
0. Introducción
Las drogodependencias constituyen uno de los grandes problemas sociales y de salud pública de nuestro tiempo, y tienen una proyección directa sobre la seguridad ciudadana y sobre el trabajo policial: el tráfico de drogas es una de las principales actividades de la delincuencia organizada, y buena parte de la delincuencia común está relacionada con el consumo. Este tema, del bloque de materias sociales, exige dominar sobre todo la terminología (droga, dependencia, tolerancia, abstinencia, politoxicomanía) y la clasificación de las sustancias, que son la base de las preguntas de test. Junto a su coste sanitario —en enfermedades, sobredosis y años de vida perdidos—, las adicciones generan un enorme coste social (desestructuración familiar, exclusión, fracaso escolar y laboral) y de seguridad (delincuencia asociada al consumo y a la financiación de las adicciones, y toda la criminalidad organizada que vive del narcotráfico), lo que justifica su tratamiento como problema de Estado.
El consumo de sustancias que alteran la mente ha acompañado a la humanidad desde la Antigüedad (el vino, el opio, la coca, los hongos), pero es en la sociedad contemporánea donde se ha convertido en un problema de primera magnitud, por la difusión masiva de las sustancias, la aparición de drogas cada vez más potentes y sintéticas, y su vinculación con el ocio y con la delincuencia organizada. La drogodependencia se aborda hoy como una enfermedad —así la considera la Organización Mundial de la Salud (OMS)— y como un problema biopsicosocial, en el que intervienen la sustancia, la persona y su entorno; en consecuencia, la respuesta no puede ser solo policial y penal, sino también sanitaria, educativa y social. El futuro policía debe conocer bien esta materia tanto para su labor de prevención y persecución del tráfico como para comprender un fenómeno que afecta a la salud, a la convivencia y a la seguridad, y para tratar a las personas con problemas de adicción como lo que ante todo son: enfermos que necesitan ayuda.
1. Conceptos básicos
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), droga es toda sustancia que, introducida en el organismo vivo, es capaz de alterar o modificar una o varias de sus funciones psíquicas o físicas, y que puede llegar a generar dependencia. Esta definición amplia abarca no solo las sustancias ilegales, sino también las drogas legales o institucionalizadas (como el alcohol y el tabaco) y los fármacos psicoactivos de uso médico. Los términos clave que hay que dominar son:
- Consumidor: la persona que consume drogas. Suele distinguirse el consumidor experimental (prueba la sustancia), ocasional (consumo esporádico), habitual (consumo regular) y dependiente (consumo compulsivo).
- Adicción o drogodependencia: estado de necesidad compulsiva de consumir una droga, con pérdida de control sobre su uso pese a las consecuencias negativas. Es un proceso que altera el sistema de recompensa del cerebro.
- Dependencia: la relación de necesidad que se establece con la sustancia. Se distinguen dos clases: la dependencia física (el organismo se ha adaptado a la presencia de la droga y la necesita para funcionar con normalidad, de modo que su falta produce el síndrome de abstinencia) y la dependencia psíquica o psicológica (el deseo o compulsión —craving— de consumir para obtener placer o evitar el malestar, sin base orgánica).
- Tolerancia: el fenómeno por el cual el organismo se habitúa a la droga, de manera que es preciso aumentar progresivamente la dosis para obtener los mismos efectos que al principio.
- Síndrome de abstinencia (popularmente, el «mono»): el conjunto de síntomas físicos y psíquicos que aparecen cuando una persona con dependencia interrumpe o reduce bruscamente el consumo. Su intensidad depende de la sustancia (muy severo en la heroína y en el alcohol).
- Sobredosis: la intoxicación aguda por una cantidad de droga superior a la que el organismo tolera, que puede provocar la muerte.
- Politoxicomanía o policonsumo: el consumo simultáneo o alterno de varias drogas, patrón hoy muy frecuente (por ejemplo, alcohol combinado con cocaína).
- Uso, abuso y dependencia: el uso es el consumo que no produce consecuencias negativas apreciables; el abuso es el consumo que, por su cantidad, frecuencia o situación, provoca daños; y la dependencia es el grado más avanzado, en el que se pierde el control. No todo consumo lleva necesariamente a la dependencia, pero el abuso continuado la favorece.
- Dependencia cruzada: la capacidad de una droga para suprimir el síndrome de abstinencia de otra de su mismo grupo (por ejemplo, la metadona respecto de la heroína), lo que se aprovecha en algunos tratamientos.
Conviene precisar la relación entre varios términos afines. La droga es el concepto sanitario amplio de la OMS; el fármaco o medicamento es la sustancia con finalidad terapéutica (aunque muchos fármacos son también drogas y pueden generar dependencia si se abusa de ellos); el tóxico es la sustancia que produce efectos nocivos. En el lenguaje jurídico se emplean, además, los términos «estupefacientes» (opiáceos, cocaína, cannabis y otras sustancias sometidas a la Convención de 1961) y «sustancias psicotrópicas» (alucinógenos, estimulantes de síntesis, sedantes, sometidos al Convenio de 1971), que son las categorías que utilizan los convenios internacionales y la legislación penal para delimitar las conductas de tráfico.
Conviene subrayar la diferencia entre la dependencia física y la psíquica, porque no siempre van unidas: hay drogas que generan una fuerte dependencia psíquica con escasa dependencia física (como la cocaína o el cannabis), y otras que producen ambas de forma muy intensa (como la heroína o el alcohol). La dependencia psíquica suele ser, además, la más difícil de superar y la principal responsable de las recaídas. La superación de una adicción es un proceso largo que comprende la desintoxicación (superación de la dependencia física, con tratamiento del síndrome de abstinencia) y la deshabituación y reinserción (superación de la dependencia psíquica y reincorporación a la vida normal).
Dato de examen: según la OMS, droga es toda sustancia que altera una o varias funciones psíquicas o físicas y puede generar dependencia (incluye alcohol y tabaco). No confundas tolerancia (hay que subir la dosis para el mismo efecto) con dependencia (necesidad), ni dependencia física (su falta da el síndrome de abstinencia) con psíquica (deseo compulsivo o craving). Politoxicomanía = policonsumo de varias drogas.
2. Métodos o vías de administración
Las drogas se introducen en el organismo por distintas vías de administración, que influyen en la rapidez e intensidad de sus efectos y en los riesgos asociados:
- Vía oral o digestiva: la sustancia se ingiere o se bebe (el alcohol, las pastillas, los hongos). Es la de absorción más lenta.
- Vía pulmonar o respiratoria (fumada o inhalada): la droga se introduce con el humo o los vapores a través de los pulmones (el tabaco, el cannabis, el crack). La absorción es muy rápida, porque el pulmón tiene una enorme superficie de intercambio.
- Vía nasal o esnifada (intranasal): la droga en polvo se aspira por la nariz y se absorbe por las mucosas (la cocaína, algunas anfetaminas).
- Vía intravenosa o parenteral (inyectada): la droga se inyecta directamente en el torrente sanguíneo (la heroína). Es la de efecto más rápido e intenso, pero también la de mayor riesgo (sobredosis y transmisión de enfermedades como el VIH o la hepatitis por compartir jeringuillas). Existen también las variantes subcutánea e intramuscular.
La vía de administración no es un detalle menor: cuanto más rápido llega la droga al cerebro, más intenso es su efecto y mayor su potencial adictivo. Por eso la misma sustancia puede ser mucho más peligrosa según cómo se consuma (así, la cocaína esnifada frente al crack fumado, o los opiáceos por vía oral frente a la heroína inyectada). Los efectos dependen, además, de la dosis, de la pureza de la sustancia (las drogas ilegales suelen estar «cortadas» o adulteradas con otros productos, lo que añade riesgos imprevisibles), de la frecuencia del consumo, del contexto en que se consume y de las características del consumidor (peso, tolerancia, estado de salud, edad).
Dato de examen: ordena las vías por rapidez. La más lenta es la oral; la más rápida, intensa y de mayor riesgo es la intravenosa (inyectada). Regla de oro: a mayor velocidad de llegada al cerebro, mayor potencial adictivo.
3. Clasificación de las drogas
Existen muchas clasificaciones de las drogas (según su origen, su situación legal o su peligrosidad), pero la más importante para el examen es la que atiende a sus efectos sobre el sistema nervioso central (SNC). Con arreglo a este criterio, las drogas se dividen en tres grandes grupos:
- Depresoras: deprimen o enlentecen el funcionamiento del sistema nervioso central (alcohol, opiáceos, hipnóticos y sedantes, inhalantes).
- Estimulantes: activan o aceleran el funcionamiento del sistema nervioso central (cocaína, anfetaminas, nicotina, cafeína).
- Perturbadoras, alucinógenas o psicodélicas: alteran o distorsionan la percepción y la conciencia (cannabis, LSD, alucinógenos, drogas de síntesis).
Junto a esta clasificación, es habitual distinguir las drogas legales o institucionalizadas (alcohol y tabaco, cuyo consumo está permitido con restricciones) de las ilegales; y las drogas «duras» (de alta capacidad adictiva y gran daño, como la heroína o la cocaína) de las «blandas» (de menor capacidad adictiva, categoría hoy discutida y engañosa). Conviene subrayar una idea que suele preguntarse: las drogas legales, precisamente por su amplísima difusión, son las que causan mayor daño global a la salud pública, muy por encima de las ilegales.
Atendiendo a su origen, las drogas pueden ser naturales (obtenidas directamente de una planta, como el opio, la hoja de coca, el cannabis o los hongos), semisintéticas (resultado de modificar químicamente un producto natural, como la heroína, que deriva de la morfina) o sintéticas (elaboradas íntegramente en el laboratorio, como las anfetaminas, el LSD o el éxtasis). Esta distinción es útil porque las drogas sintéticas y las nuevas sustancias psicoactivas se multiplican con rapidez y plantean retos específicos de control. En cualquier caso, ninguna clasificación debe hacer olvidar que toda droga entraña riesgos y que la peligrosidad depende no solo de la sustancia, sino también de la dosis, la vía, la frecuencia y las circunstancias personales del consumidor.
La distinción entre drogas «duras» y «blandas» ha sido muy criticada por su imprecisión y por el mensaje engañoso que transmite: sugiere que existen drogas «inofensivas», cuando la realidad es que todas comportan riesgos y que un patrón de consumo intenso de una droga considerada «blanda» puede ser más dañino que un consumo esporádico de otra «dura». Por ello, la OMS y los expertos prefieren atender al potencial adictivo y al daño real de cada sustancia en cada patrón de consumo, más que a etiquetas rígidas. Otra distinción de interés es la que separa las sustancias psicoactivas (que actúan sobre el sistema nervioso central y alteran la mente) de otras que no lo son; el temario y el examen se refieren, lógicamente, a las psicoactivas.
Dato de examen: la clasificación estrella es por sus efectos en el SNC: depresoras (lo enlentecen: alcohol, opiáceos, sedantes), estimulantes (lo aceleran: cocaína, anfetaminas, nicotina, cafeína) y perturbadoras/alucinógenas (lo distorsionan: cannabis, LSD, drogas de síntesis). Por su origen: naturales, semisintéticas y sintéticas (la heroína es semisintética; deriva de la morfina).
4. Drogas depresoras
Las depresoras reducen la actividad del sistema nervioso central, produciendo sedación, relajación, somnolencia y, en dosis altas, depresión respiratoria y coma. Las principales son:
- El alcohol (etanol): la droga legal más consumida. Aunque en pequeñas dosis produce desinhibición y euforia (por lo que se percibe erróneamente como estimulante), es una sustancia depresora. Genera fuerte dependencia (el alcoholismo) y numerosos problemas de salud, sociales y de seguridad vial.
- Los opiáceos, derivados del opio (de la adormidera): la morfina, la codeína y, sobre todo, la heroína, opiáceo semisintético de altísima capacidad adictiva. La metadona es un opioide sintético empleado en los tratamientos de deshabituación.
- Los hipnóticos y sedantes: los barbitúricos y, sobre todo, las benzodiacepinas (ansiolíticos y tranquilizantes), fármacos legales de uso médico que pueden generar dependencia y de los que se abusa con frecuencia.
- Los inhalantes o disolventes volátiles (pegamentos, colas, gases), cuyo consumo es especialmente dañino, sobre todo entre los más jóvenes.
El grupo de los opiáceos merece especial atención por su gravedad. La heroína genera con rapidez una intensa dependencia física y psíquica, y su síndrome de abstinencia es muy severo; su consumo por vía intravenosa causó en España, durante los años ochenta, una auténtica crisis social y sanitaria, con miles de muertes por sobredosis y una fuerte expansión del VIH/sida por el uso compartido de jeringuillas. Frente a ello se desarrollaron los programas de reducción de daños (intercambio de jeringuillas, dispensación de metadona), que lograron reducir de forma notable la mortalidad y el contagio. Un fenómeno emergente que preocupa en el ámbito internacional es la irrupción de los opioides sintéticos muy potentes (como el fentanilo), causa de graves crisis de sobredosis en otros países.
Respecto del alcohol, conviene recordar sus efectos por fases según la concentración en sangre (desinhibición y euforia, descoordinación, embriaguez y, en dosis extremas, coma etílico), su papel en los accidentes de tráfico y en la violencia (incluida la de género), y la gravedad del alcoholismo crónico, que daña el hígado (cirrosis), el sistema nervioso y numerosos órganos, y provoca deterioro personal, familiar y laboral. Por su enorme difusión y aceptación social, el alcohol es una de las drogas que más daño causa a la salud pública.
Las benzodiacepinas merecen una mención específica: son los psicofármacos más recetados (para la ansiedad y el insomnio), pero su uso prolongado o sin control médico genera dependencia y tolerancia, y su combinación con el alcohol u otros depresores es peligrosa porque suma sus efectos (depresión respiratoria). Los inhalantes (colas, disolventes, gases), por su parte, son sustancias muy accesibles y baratas cuyo consumo, más frecuente en menores y en entornos de exclusión, causa daños neurológicos graves y muerte súbita. En todas las depresoras, el gran riesgo agudo es la depresión del sistema nervioso central hasta el coma y la parada respiratoria, especialmente cuando se mezclan varias entre sí.
Dato de examen: las depresoras enlentecen el SNC: recuerda que el alcohol y los opiáceos (opio, morfina, codeína, heroína) son depresores, igual que las benzodiacepinas y los inhalantes. La heroína es un opiáceo semisintético; la metadona es un opioide sintético usado en la deshabituación (ejemplo de dependencia cruzada).
5. Drogas estimulantes
Las estimulantes aceleran la actividad del sistema nervioso central, produciendo euforia, aumento de la energía y de la actividad, y disminución del sueño y del apetito. Las principales son:
- La cocaína: estimulante potente derivado de la hoja de coca, consumido habitualmente esnifado en polvo (clorhidrato de cocaína). Su forma fumable, el crack (o «base»), es aún más adictiva y de efecto más inmediato y devastador. Genera una intensa dependencia psíquica.
- Las anfetaminas y metanfetaminas: estimulantes sintéticos («speed», «cristal») que aumentan la actividad y retrasan la fatiga; su consumo prolongado puede provocar cuadros psicóticos.
- La nicotina: el principio activo del tabaco, droga legal con gran capacidad adictiva y causa de graves enfermedades.
- La cafeína: estimulante suave presente en el café, el té y otras bebidas, socialmente aceptado.
Un caso particular es el éxtasis (MDMA) y otras drogas de síntesis o «de diseño», que suelen tener un efecto a la vez estimulante y perturbador (alucinógeno), muy asociadas al ocio nocturno; se fabrican en laboratorios clandestinos, su composición y pureza son muy variables y pueden provocar golpes de calor, deshidratación y crisis graves, sobre todo combinadas con el esfuerzo físico y el ambiente de las fiestas. La cocaína se ha convertido en una de las drogas ilegales más consumidas y de mayor impacto social. Produce euforia, hiperactividad y sensación de poder, seguidas de una fase de «bajón» (depresión, irritabilidad) que impulsa a volver a consumir, lo que explica su gran capacidad adictiva. Sus riesgos incluyen problemas cardiovasculares graves (infartos, arritmias), trastornos psíquicos (paranoia, crisis de ansiedad) y su frecuente combinación con el alcohol, que forma en el organismo una sustancia (el cocaetileno) que multiplica su toxicidad. Las anfetaminas y metanfetaminas comparten muchos de estos efectos. El tabaco, por su parte, es la droga legal responsable de más muertes evitables, por las enfermedades cardiovasculares y respiratorias y por los distintos tipos de cáncer que provoca, además de perjudicar a los fumadores pasivos.
Dato de examen: ojo con dos «trampas» clásicas. El alcohol es depresor (aunque desinhiba en dosis bajas), no estimulante. La cocaína y la nicotina son estimulantes; la heroína es depresora (opiáceo); el cannabis es perturbador. El crack es cocaína fumable.
6. Drogas perturbadoras o alucinógenas
Las perturbadoras alteran la percepción, el estado de ánimo y los procesos mentales, pudiendo provocar alucinaciones y distorsiones de la realidad. Las principales son:
- El cannabis y sus derivados (la marihuana, que son las hojas y flores secas, y el hachís, la resina prensada), cuyo principio activo es el THC (tetrahidrocannabinol). Es la droga ilegal más consumida, habitualmente fumada; produce relajación, euforia leve y alteración de la percepción, y su consumo continuado tiene efectos sobre la memoria y la motivación.
- El LSD (dietilamida del ácido lisérgico): un potente alucinógeno sintético, activo en dosis mínimas.
- Otros alucinógenos naturales, como la mescalina (del peyote) o la psilocibina (de ciertos hongos, las «setas»).
- Las ya citadas drogas de síntesis (éxtasis o MDMA, ketamina), de efectos mixtos.
Entre las sustancias de este grupo o de efectos mixtos, la ketamina es un anestésico con efectos disociativos y alucinógenos que se ha extendido en el consumo recreativo, y el GHB («éxtasis líquido») es un depresor de efectos impredecibles y peligrosos, asociado también al ocio nocturno y, en ocasiones, a la llamada «sumisión química». Un fenómeno propio de los alucinógenos son los «flashbacks» o reviviscencias: la reaparición espontánea, tiempo después del consumo, de sensaciones o alteraciones perceptivas similares a las experimentadas bajo los efectos de la droga, sin haberla vuelto a tomar.
El cannabis merece una consideración detenida por ser, con diferencia, la droga ilegal más consumida, especialmente entre los jóvenes, y por la difundida —y errónea— percepción de que es inofensivo. Aunque su capacidad de dependencia física es menor que la de otras drogas, su consumo, sobre todo si es precoz e intenso, se asocia a alteraciones de la memoria, la atención y la motivación, a un peor rendimiento escolar y, en personas predispuestas, a un mayor riesgo de trastornos psíquicos (incluidos cuadros psicóticos). Además, actúa con frecuencia como puerta de entrada hacia otras sustancias, y su consumo fumado, habitualmente mezclado con tabaco, añade los riesgos propios de este. La aparición de variedades con concentraciones de THC cada vez más altas ha aumentado su potencial dañino, desmintiendo la idea de que se trata de una droga «blanda» sin consecuencias.
Dato de examen: el cannabis es la droga ilegal más consumida y su principio activo es el THC (tetrahidrocannabinol); la marihuana son las hojas y flores y el hachís la resina. El LSD es un alucinógeno sintético; la mescalina (peyote) y la psilocibina (hongos), naturales. El éxtasis (MDMA) tiene efecto mixto (estimulante y alucinógeno). Los «flashbacks» son reviviscencias propias de los alucinógenos.
7. Últimas tendencias en el consumo
El consumo de drogas evoluciona constantemente. Entre las tendencias actuales más significativas cabe destacar:
- El policonsumo o consumo simultáneo de varias sustancias (muy frecuentemente alcohol combinado con cocaína u otras drogas), asociado al ocio y de riesgo especialmente elevado.
- La aparición constante de nuevas sustancias psicoactivas (NSP) o «drogas emergentes», creadas para eludir la legislación, cuya composición y efectos son a menudo desconocidos y muy peligrosos.
- El consumo asociado al ocio nocturno y al fin de semana, especialmente entre jóvenes, con prácticas como el «botellón» (consumo masivo de alcohol en la vía pública) o el «binge drinking» o consumo intensivo (grandes cantidades de alcohol en poco tiempo, buscando la embriaguez).
- El «chemsex»: el consumo de determinadas drogas asociado a las relaciones sexuales.
- Las adicciones sin sustancia o comportamentales (la ludopatía o adicción al juego, la adicción a las nuevas tecnologías, a los videojuegos o a las apuestas en línea), que, aunque no son drogas en sentido estricto, comparten muchos rasgos con las drogodependencias y se han incorporado a las estrategias oficiales.
- El descenso relativo de la heroína respecto de los años ochenta y noventa, y el mantenimiento del cannabis y la cocaína como las drogas ilegales más extendidas.
- La difusión de los cigarrillos electrónicos y el vapeo, cuyos efectos a largo plazo están aún en estudio y que preocupan por su penetración entre los más jóvenes.
Los datos oficiales proceden de las dos grandes encuestas del Plan Nacional sobre Drogas: EDADES (población general de 15 a 64 años) y ESTUDES (estudiantes de Enseñanzas Secundarias de 14 a 18 años), ambas de periodicidad bienal. Un resultado constante es que las sustancias más consumidas en España son, con gran diferencia, las legales —el alcohol y el tabaco—, seguidas del cannabis y, a distancia, de la cocaína. Según la encuesta ESTUDES de 2025 entre estudiantes de 14 a 18 años, el alcohol seguía siendo la sustancia más consumida (en torno al 74 % lo había probado alguna vez), pero se registró un descenso generalizado del consumo: el tabaco marcó mínimos históricos (alrededor del 27 % lo había probado) y el cannabis, la droga ilegal más consumida, bajó también (en torno al 21 % lo había probado alguna vez), mientras la cocaína se mantenía en cifras muy bajas (alrededor del 1,6 %). Preocupa especialmente el consumo entre los menores y jóvenes, la temprana edad de inicio y la baja percepción del riesgo de algunas sustancias, factores todos ellos sobre los que incide la prevención.
Dato de examen: las encuestas oficiales son EDADES (población general, 15-64 años) y ESTUDES (estudiantes de 14-18 años), del Plan Nacional sobre Drogas. Las sustancias más consumidas en España son las legales (alcohol y tabaco), seguidas del cannabis. Tendencias: policonsumo, NSP, botellón y «binge drinking», chemsex, vapeo y adicciones sin sustancia (ludopatía, apuestas en línea).
8. Factores de la drogodependencia y prevención
¿Por qué unas personas desarrollan una adicción y otras no? La drogodependencia es un fenómeno multicausal en el que interactúan tres tipos de factores, el llamado modelo biopsicosocial:
- Los relativos a la sustancia: su capacidad adictiva, la dosis, la vía de administración, la pureza y la disponibilidad.
- Los relativos a la persona: rasgos de personalidad (impulsividad, búsqueda de sensaciones), la edad de inicio (a menor edad, mayor riesgo), los problemas psicológicos y los factores biológicos y genéticos.
- Los relativos al entorno: la familia, el grupo de iguales (la presión del grupo), la publicidad, el fácil acceso a la sustancia y el contexto de ocio.
Se habla, así, de factores de riesgo (que aumentan la probabilidad de consumo, como el inicio precoz, el consumo en el entorno familiar o de amigos, o el fracaso escolar) y de factores de protección (que la disminuyen, como una buena autoestima, el apoyo familiar, las habilidades sociales y las alternativas de ocio saludable). La prevención de las drogodependencias se clasifica, como la del delito, en tres niveles:
- La prevención primaria, dirigida a la población general antes de que se produzca el consumo (educación para la salud, información veraz en las escuelas, fomento de factores de protección).
- La prevención secundaria, orientada a los grupos de riesgo o a quienes ya han iniciado un consumo, para evitar que se consolide (detección precoz).
- La prevención terciaria, centrada en las personas ya dependientes, para reducir los daños y lograr su rehabilitación y reinserción.
La prevención más eficaz es la que actúa de forma temprana sobre los jóvenes, retrasando la edad de inicio y reforzando los factores de protección; la familia y la escuela desempeñan en ella un papel insustituible. La instauración de una adicción suele seguir un proceso que va desde un contacto o consumo experimental —con frecuencia en el grupo de amigos y por curiosidad—, a un consumo ocasional o social, después habitual y finalmente compulsivo o dependiente, en el que la vida de la persona gira en torno a la sustancia. No todas las personas recorren todas las etapas —muchas se quedan en fases iniciales o abandonan—, pero el riesgo aumenta cuanto más precoz e intenso es el consumo. Por eso la información veraz sobre los riesgos, el fortalecimiento de la autoestima y de las habilidades para decir «no», y la existencia de alternativas de ocio saludables son herramientas preventivas de primer orden, en las que la Policía también colabora a través de sus programas de prevención en el ámbito escolar.
Es útil, por último, conocer algunos indicios o señales de alarma que pueden apuntar a un consumo problemático, sobre todo en jóvenes: cambios bruscos de conducta y de estado de ánimo, aislamiento, abandono de aficiones y del rendimiento escolar o laboral, nuevas amistades ocultas, problemas económicos inexplicados o alteraciones físicas (ojos enrojecidos, adelgazamiento, descuido personal). Ninguna de estas señales es concluyente por sí sola, pero su acumulación aconseja buscar ayuda especializada. La detección temprana por parte de la familia, la escuela y los servicios sanitarios y sociales es decisiva, porque cuanto antes se interviene, mejor es el pronóstico.
Dato de examen: la drogodependencia es multicausal (modelo biopsicosocial: sustancia + persona + entorno), con factores de riesgo y factores de protección. La prevención, igual que en criminología, tiene tres niveles: primaria (población general, antes del consumo), secundaria (grupos de riesgo o consumo incipiente) y terciaria (rehabilitación y reinserción de los ya dependientes).
9. Marco jurídico y respuesta institucional
La respuesta al problema de las drogas se articula en varios niveles. En el plano internacional, España es parte de los tres grandes convenios de las Naciones Unidas, que conviene memorizar con sus fechas: la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961, el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971 y la Convención contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas de 1988 (Convención de Viena), esta última centrada en combatir el narcotráfico y el blanqueo.
En el plano nacional, la política española se coordina a través del Plan Nacional sobre Drogas, gestionado por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (dependiente del Ministerio de Sanidad), que impulsa las estrategias de prevención, asistencia y reinserción y elabora la Estrategia Nacional sobre Adicciones —que incluye ya no solo las adicciones con sustancia, sino también las adicciones comportamentales (como la ludopatía y las apuestas en línea)—. La ejecución de las políticas de asistencia y reinserción corresponde en gran medida a las comunidades autónomas y a las corporaciones locales, junto con numerosas entidades sociales y organizaciones no gubernamentales que trabajan con las personas adictas. El Plan Nacional sobre Drogas nació en 1985, precisamente como respuesta a la grave crisis de la heroína, y desde entonces ha ido evolucionando desde un enfoque centrado en la abstinencia hacia un modelo integral que incorpora la reducción de daños y, más recientemente, las adicciones sin sustancia. El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) recopila y publica la información epidemiológica (entre otras, las encuestas EDADES y ESTUDES).
Desde el punto de vista penal, el tráfico de drogas se persigue como delito contra la salud pública en los artículos 368 y siguientes del Código Penal. El artículo 368 castiga el cultivo, la elaboración, el tráfico o la promoción del consumo ilegal, y distingue, a efectos de pena, entre las sustancias que causan grave daño a la salud (como la heroína o la cocaína) y las que no lo causan (como el cannabis), con penas mayores para las primeras. Se prevén, además, agravaciones (pertenencia a una organización, cantidad de notoria importancia, difusión entre menores o en centros docentes, uso de la condición de autoridad) y atenuaciones para el adicto que colabora o se somete a tratamiento. Es importante distinguir el tráfico (delito) del autoconsumo: el consumo y la tenencia para el propio consumo en un ámbito privado no son delito, pero el consumo o la tenencia ilícita de drogas en lugares, vías, establecimientos o transportes públicos constituyen una infracción grave sancionada por la Ley Orgánica 4/2015, de protección de la seguridad ciudadana (que también sanciona el cultivo ilícito visible al público).
En la lucha policial contra el narcotráfico participan unidades especializadas de la Policía Nacional —como la UDYCO (Unidad de Drogas y Crimen Organizado), integrada en la Comisaría General de Policía Judicial— y de la Guardia Civil, en estrecha cooperación internacional a través de organismos como EUROPOL, INTERPOL y las agencias antidroga. El narcotráfico es una actividad transnacional y una de las principales fuentes de financiación de la delincuencia organizada, muy vinculada al blanqueo de capitales; por eso su persecución exige seguir «la ruta del dinero» y desarticular las estructuras económicas de las organizaciones, no solo aprehender la droga. España, por su posición geográfica, es una importante puerta de entrada de la cocaína procedente de Sudamérica y del hachís del norte de África.
La actuación no es solo represiva: la respuesta integral combina tres estrategias complementarias que hay que retener: la reducción de la oferta (persecución del tráfico), la reducción de la demanda (prevención, educación y tratamiento) y la reducción de daños (minimizar las consecuencias sanitarias y sociales para quienes consumen). El policía debe saber identificar los indicios del consumo y del tráfico y actuar siempre con respeto a los derechos de las personas, incluidas las que padecen una adicción, que son ante todo enfermos que necesitan tratamiento.
Dato de examen: convenios ONU: 1961 (estupefacientes), 1971 (sustancias psicotrópicas) y 1988 (tráfico ilícito). El Plan Nacional sobre Drogas depende del Ministerio de Sanidad. El tráfico es delito (art. 368 CP, que distingue si la sustancia causa o no grave daño); el autoconsumo privado no es delito, pero el consumo o tenencia en lugares públicos es infracción grave de la LO 4/2015. Unidad policial: UDYCO. Estrategia: reducción de oferta, demanda y daños. El adicto no es tratado por la ley como el traficante: es, ante todo, un enfermo que necesita tratamiento, y el autoconsumo privado queda al margen del Derecho penal.
10. Ideas fuerza para el test
- Droga (OMS): toda sustancia que, introducida en el organismo, altera una o varias funciones psíquicas o físicas y puede generar dependencia. Incluye las legales (alcohol, tabaco).
- Dependencia física (el organismo la necesita; su falta produce el síndrome de abstinencia) frente a dependencia psíquica (deseo compulsivo o craving). Tolerancia: hay que aumentar la dosis para el mismo efecto. Politoxicomanía o policonsumo: consumo de varias drogas. Dependencia cruzada: una droga suprime la abstinencia de otra (metadona-heroína).
- Vías de administración: oral (la más lenta), pulmonar/fumada, nasal/esnifada e intravenosa/inyectada (la más rápida e intensa y la de mayor riesgo por sobredosis y contagios). A mayor rapidez de llegada al cerebro, mayor potencial adictivo.
- Clasificación por efectos en el SNC: depresoras (alcohol, opiáceos —heroína—, sedantes/benzodiacepinas, inhalantes), estimulantes (cocaína, anfetaminas, nicotina, cafeína) y perturbadoras/alucinógenas (cannabis, LSD, drogas de síntesis). Por origen: naturales, semisintéticas y sintéticas.
- El alcohol es una droga depresora (aunque en dosis bajas desinhiba); el cannabis es la droga ilegal más consumida (principio activo THC); la heroína es un opiáceo depresor; la cocaína es un estimulante (su forma fumable es el crack).
- Tendencias: policonsumo, nuevas sustancias psicoactivas (NSP), botellón y «binge drinking», chemsex, vapeo y adicciones sin sustancia (ludopatía). Encuestas EDADES (15-64) y ESTUDES (14-18); en 2025 hubo descenso generalizado del consumo escolar. Las más consumidas siguen siendo las legales (alcohol y tabaco), seguidas del cannabis.
- Factores de la adicción (sustancia + persona + entorno; modelo biopsicosocial), factores de riesgo y de protección, y prevención primaria (población general), secundaria (grupos de riesgo) y terciaria (rehabilitación).
- Marco: convenios ONU (1961 estupefacientes, 1971 psicótropos, 1988 tráfico ilícito); Plan Nacional sobre Drogas (Ministerio de Sanidad; encuestas EDADES y ESTUDES); tráfico = delito contra la salud pública (art. 368 CP, distingue sustancias que causan grave daño o no); el consumo/tenencia en lugares públicos es infracción grave de la LO 4/2015 (el autoconsumo privado no es delito). Unidad policial: UDYCO. Estrategia: reducción de oferta, demanda y daños.
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