Tema 54 · Policía Nacional (Escala Ejecutiva)
Corrientes del pensamiento político y social
Epígrafe oficial: Las grandes corrientes del pensamiento político y social contemporáneo: Liberalismo, Socialismo, Fascismo y Ecologismo. Nacionalismos. Sistemas de legitimación social y política: Democracia, Burocracia, Aristocracia y Dictadura. Principios éticos de la sociedad actual. Valores sociales. Xenofobia, racismo, fanatismo, dogmatismo, fundamentalismo, sectarismo y hooliganismo.
Tema desarrollado para preparar el primer ejercicio de conocimientos de la Escala Ejecutiva (Inspector/a) de la Policía Nacional. La información es orientativa y está verificada a la fecha de actualización; el contenido evaluable lo fija el temario del anexo II de tu convocatoria (Resolución de 31 de julio de 2025, BOE-A-2025-16611). Abre el bloque B (Ciencias Sociales). Es un tema conceptual de historia de las ideas políticas y de teoría del Estado: se pide precisión en los autores, las obras y los conceptos, no la cita de articulado.
Índice
- 0. Ideología y pensamiento político: conceptos previos
- 1. Las raíces clásicas: Platón y Aristóteles
- 2. Iusnaturalismo y contractualismo (Hobbes, Locke, Rousseau)
- 3. La Ilustración y la división de poderes (Montesquieu)
- 4. El liberalismo político y económico
- 5. El socialismo y el marxismo
- 6. El conservadurismo
- 7. El fascismo y los totalitarismos frente a la democracia
- 8. El ecologismo
- 9. Los nacionalismos
- 10. Las doctrinas del Estado y el art. 1.1 CE
- 11. Sistemas de legitimación social y política
- 12. Principios éticos y valores de la sociedad actual
- 13. Las patologías de la intolerancia
- 14. Corrientes contemporáneas
- Ideas fuerza
0. Ideología y pensamiento político: conceptos previos
El pensamiento político es la reflexión racional sobre el poder, el Estado, la ley, la justicia y la organización de la convivencia. A lo largo de la historia, esa reflexión ha cristalizado en ideologías: sistemas más o menos coherentes de ideas que interpretan la realidad social, proponen un modelo de sociedad deseable y ofrecen un programa de acción para alcanzarlo. Una ideología cumple, por tanto, tres funciones: describe el mundo tal como es, valora lo que debería ser y orienta la conducta política. No es lo mismo que una teoría científica (que solo describe y explica), aunque a menudo se apoya en ella.
Conviene, antes de recorrer las grandes corrientes, fijar algunas distinciones básicas del vocabulario político: izquierda y derecha (eje nacido en la Asamblea de la Revolución francesa, ligado a la mayor o menor prioridad de la igualdad frente al orden y la tradición); progresismo y conservadurismo (actitud ante el cambio social); e individualismo y colectivismo (prioridad del individuo o de la comunidad). Estas coordenadas ayudan a situar cada corriente, aunque ninguna clasificación agota la complejidad real de las ideas. El recorrido histórico que sigue muestra cómo las corrientes contemporáneas —liberalismo, socialismo, fascismo, ecologismo, nacionalismo— hunden sus raíces en la filosofía clásica y en la Ilustración.
Dato de examen: una ideología no solo describe la realidad: propone un modelo de sociedad y un programa de acción. El eje izquierda-derecha nace en la Revolución francesa por la disposición de los diputados en la Asamblea.
1. Las raíces clásicas: Platón y Aristóteles
El pensamiento político occidental nace en la Grecia clásica, en la polis (ciudad-Estado), como reflexión sobre el buen gobierno. Sus dos cumbres son Platón y Aristóteles.
Platón (siglos V-IV a. C.), en su diálogo La República (Politeia), diseña una ciudad ideal gobernada por los más sabios: los reyes-filósofos. La sociedad se divide en tres clases que corresponden a las tres partes del alma: los gobernantes (razón, virtud de la prudencia), los guardianes o guerreros (voluntad, virtud del valor) y los productores (apetito, virtud de la templanza). La justicia consiste en que cada clase cumpla su función. Platón describe además un ciclo de degeneración de las formas de gobierno: de la aristocracia ideal se pasa a la timocracia (gobierno del honor), luego a la oligarquía (de los ricos), después a la democracia (que él veía con desconfianza, como gobierno de la masa) y, finalmente, a la tiranía, la peor de todas. Su pensamiento es idealista y elitista: gobierna quien sabe.
Aristóteles (384-322 a. C.), discípulo de Platón, adopta en su Política un método más empírico: parte de la observación de constituciones reales. Define al ser humano como zoon politikon, «animal político» o social por naturaleza, que solo se realiza plenamente en la comunidad. Su aportación más citada es la clasificación de las formas de gobierno según dos criterios: cuántos gobiernan (uno, pocos o muchos) y en interés de quién gobiernan (el bien común o el interés propio). De ahí resultan tres formas puras (rectas) y sus tres corrupciones (desviadas):
- Gobierno de uno: forma pura, monarquía; forma corrupta, tiranía.
- Gobierno de pocos: forma pura, aristocracia (gobierno de los mejores); forma corrupta, oligarquía (de los ricos).
- Gobierno de muchos: forma pura, república o politeia (que Aristóteles llama simplemente «gobierno constitucional»); forma corrupta, democracia (entendida como demagogia, gobierno de la muchedumbre en su propio interés).
Aristóteles prefería una forma mixta y moderada, apoyada en una amplia clase media, como la más estable. Nótese que en la terminología clásica «democracia» tenía un sentido peyorativo, muy distinto del actual.
Dato de examen: Aristóteles (Política) clasifica los gobiernos por el número de gobernantes y por el interés perseguido. Puras: monarquía, aristocracia y república (politeia); corruptas: tiranía, oligarquía y democracia. El ser humano es zoon politikon (animal político).
2. Iusnaturalismo y contractualismo (Hobbes, Locke, Rousseau)
En la Edad Moderna (siglos XVII-XVIII), el pensamiento político se seculariza y busca el fundamento del poder no en Dios ni en la tradición, sino en la razón y en la naturaleza humana. Dos ideas dominan la época: el iusnaturalismo y el contractualismo.
El iusnaturalismo sostiene que existe un Derecho natural —un conjunto de normas y derechos anteriores y superiores al Derecho positivo (el que dictan los gobernantes)— que deriva de la naturaleza humana y es cognoscible por la razón. La ley humana injusta, contraria al Derecho natural, pierde su validez moral. Esta corriente, de raíces antiguas y medievales (los estoicos, Santo Tomás de Aquino), se racionaliza en la modernidad y desemboca en la teoría de los derechos naturales del individuo, base de los futuros derechos humanos.
El contractualismo explica el origen y la legitimidad del Estado mediante un contrato o pacto social: los individuos, que vivían en un hipotético estado de naturaleza (situación previa a la sociedad política), acuerdan someterse a un poder común para salir de él. Según cómo se imagine ese estado de naturaleza y ese pacto, resultan modelos políticos muy distintos. Tres autores son capitales:
- Thomas Hobbes (1588-1679), en Leviatán (1651), describe el estado de naturaleza como una guerra de todos contra todos (bellum omnium contra omnes), donde «el hombre es un lobo para el hombre» (homo homini lupus) y la vida es «solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta». Para escapar de ese caos, los individuos ceden todos sus derechos a un soberano absoluto (el «Leviatán»), cuyo poder es indivisible e ilimitado. Hobbes justifica así el absolutismo: el orden y la seguridad valen más que la libertad.
- John Locke (1632-1704), en sus Dos tratados sobre el gobierno civil (1689-1690), imagina un estado de naturaleza más benévolo, regido por la ley natural, en el que las personas ya poseen derechos naturales: la vida, la libertad y la propiedad. El pacto social no cede todos los derechos, sino que crea un gobierno limitado cuya única misión es protegerlos. Si el gobernante los vulnera, el pueblo conserva el derecho de resistencia. Locke es el padre del liberalismo político y su influencia es decisiva en las revoluciones inglesa y americana.
- Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), en El contrato social (1762), abre la obra con la célebre frase «el hombre nace libre, y en todas partes se encuentra encadenado». Para él, el estado de naturaleza era de inocencia y bondad («el buen salvaje»), y es la sociedad la que corrompe. El pacto legítimo es el que somete a cada individuo a la voluntad general —la voluntad del cuerpo social orientada al bien común—, de modo que al obedecer las leyes que uno mismo se ha dado, se sigue siendo libre. Rousseau es el gran teórico de la soberanía popular y de la democracia, e inspira la Revolución francesa.
Dato de examen: del mismo esquema contractualista salen conclusiones opuestas. Hobbes (Leviatán): estado de naturaleza = guerra de todos contra todos, pacto que da lugar al absolutismo. Locke (padre del liberalismo): derechos naturales (vida, libertad, propiedad) y gobierno limitado con derecho de resistencia. Rousseau (El contrato social): voluntad general y soberanía popular.
3. La Ilustración y la división de poderes (Montesquieu)
La Ilustración (siglo XVIII, «el Siglo de las Luces») es el movimiento intelectual que confía en la razón, el progreso, la tolerancia y la crítica de la superstición y del absolutismo. Su lema, según Kant, es Sapere aude: «atrévete a saber». De ella nacen las declaraciones de derechos y el constitucionalismo. En el terreno político, su aportación más influyente es la separación de poderes.
Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu (1689-1755), en Del espíritu de las leyes (1748), formula la teoría clásica de la división de poderes como garantía de la libertad. Observando el modelo inglés, distingue tres poderes que deben estar en manos distintas para que «el poder frene al poder»: el legislativo (hace las leyes), el ejecutivo (las aplica y gobierna) y el judicial (juzga los conflictos). Si se concentran en una misma persona u órgano, desaparece la libertad y surge el despotismo. Esta idea es el cimiento del Estado de Derecho moderno y se plasma en todas las constituciones, incluida la española (el poder legislativo en las Cortes, el ejecutivo en el Gobierno, el judicial en jueces y tribunales).
Dato de examen: la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) se debe a Montesquieu, en Del espíritu de las leyes (1748), como garantía de la libertad: «el poder frena al poder». Es el fundamento del Estado de Derecho.
4. El liberalismo político y económico
El liberalismo es la primera gran ideología de la Edad Contemporánea. Su valor supremo es la libertad del individuo, concebido como sujeto de derechos anteriores al Estado. Nace de la fusión del contractualismo de Locke, la división de poderes de Montesquieu y las revoluciones liberales (inglesa de 1688, americana de 1776 y francesa de 1789). Conviene distinguir dos vertientes complementarias.
El liberalismo político defiende: la limitación del poder mediante una constitución y la división de poderes; los derechos y libertades individuales (vida, propiedad, expresión, conciencia, seguridad); la igualdad ante la ley (frente a los privilegios estamentales del Antiguo Régimen); el gobierno representativo y el imperio de la ley. Su desarrollo intelectual culmina con John Stuart Mill (1806-1873), quien en Sobre la libertad (1859) formula el principio del daño: la sociedad solo puede limitar la libertad de un individuo para evitar que dañe a otros; sobre sí mismo, cada uno es soberano. Mill, utilitarista, defiende también la libertad de expresión, la tolerancia y —muy avanzado para su época— la igualdad de la mujer.
El liberalismo económico tiene su fundador en Adam Smith (1723-1790), cuya obra La riqueza de las naciones (1776) inaugura la economía política moderna. Smith sostiene que si cada individuo persigue su interés propio en un mercado libre, una «mano invisible» conduce, sin proponérselo, al bienestar general. De ahí deriva la doctrina del laissez-faire («dejar hacer»): el Estado debe abstenerse de intervenir en la economía y limitarse a sus funciones esenciales (defensa, justicia, obras públicas), es el llamado Estado mínimo o «gendarme». La combinación de liberalismo político y económico configura el Estado liberal del siglo XIX.
Dato de examen: el liberalismo tiene por eje la libertad del individuo. En lo político: Locke, Montesquieu y Stuart Mill (Sobre la libertad, principio del daño). En lo económico: Adam Smith (La riqueza de las naciones, 1776, la «mano invisible» y el laissez-faire).
5. El socialismo y el marxismo
El socialismo surge en el siglo XIX como reacción ante las condiciones de vida de la clase obrera durante la Revolución Industrial y ante las desigualdades generadas por el capitalismo liberal. Su valor central es la igualdad y la justicia social; frente al individualismo liberal, subraya la dimensión colectiva y aspira a que los medios de producción sirvan al conjunto de la sociedad. Se distinguen dos grandes momentos.
El socialismo utópico (primera mitad del siglo XIX) agrupa a pensadores que imaginaron sociedades ideales y comunidades cooperativas, pero sin una teoría del cambio social: Henri de Saint-Simon, Charles Fourier (los falansterios) y Robert Owen (cooperativas y reformas del trabajo). Marx y Engels los llamaron «utópicos» porque confiaban en la persuasión y el ejemplo, no en la lucha.
El socialismo científico o marxismo lo fundan Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895). Sus obras clave son el Manifiesto del Partido Comunista (1848), que se abre con la frase «un fantasma recorre Europa», y El Capital (Das Kapital, primer tomo en 1867). El marxismo aporta un método y varias tesis:
- El materialismo histórico: la historia se explica por las condiciones económicas (la «infraestructura» o modo de producción), que determinan la política, el derecho, la cultura (la «superestructura»).
- La lucha de clases: la historia de toda sociedad es la historia de la lucha entre clases con intereses opuestos; en el capitalismo, entre la burguesía (dueña de los medios de producción) y el proletariado (que solo posee su fuerza de trabajo).
- La teoría de la plusvalía: el capitalista se apropia del valor que el trabajador genera por encima de su salario; en esa explotación reside el origen del beneficio.
- La revolución y la dictadura del proletariado como fase de transición hacia una sociedad sin clases y sin Estado (el comunismo).
Del tronco socialista brotan, en el siglo XX, dos grandes ramas: el comunismo (vía revolucionaria, partido único y economía planificada; Lenin en Rusia, 1917) y la socialdemocracia (vía reformista, que acepta la democracia parlamentaria y el mercado, pero corregidos por el Estado del bienestar y la redistribución). La socialdemocracia es hoy una de las familias del sistema democrático.
Dato de examen: distingue socialismo utópico (Saint-Simon, Fourier, Owen) del científico o marxismo (Marx y Engels: Manifiesto Comunista, 1848; El Capital, 1867). Conceptos marxistas clave: materialismo histórico, lucha de clases, plusvalía y dictadura del proletariado. Ramas: comunismo (revolución) y socialdemocracia (reforma democrática).
6. El conservadurismo
El conservadurismo nace como reacción a la Revolución francesa y a su pretensión de reconstruir la sociedad desde cero según la razón. Su fundador intelectual es Edmund Burke (1729-1797), cuyas Reflexiones sobre la Revolución en Francia (1790) defienden el valor de la tradición, la experiencia acumulada y las instituciones heredadas frente a los proyectos abstractos de transformación radical. Para el conservadurismo, la sociedad es un organismo delicado, fruto de siglos; los cambios deben ser graduales y prudentes («reformar para conservar»), no rupturas revolucionarias. Valora el orden, la autoridad, la religión, la familia y la continuidad. No debe confundirse con el fascismo (que es revolucionario y totalitario) ni con el mero inmovilismo: el conservadurismo democrático acepta el marco constitucional y se integra hoy, junto al liberalismo y la socialdemocracia, entre las grandes familias políticas del sistema.
Dato de examen: el conservadurismo (Edmund Burke, Reflexiones sobre la Revolución en Francia, 1790) defiende la tradición y el cambio gradual y prudente frente a la ruptura revolucionaria. No equivale al fascismo, que es revolucionario y totalitario.
7. El fascismo y los totalitarismos frente a la democracia
El fascismo es una ideología totalitaria del período de entreguerras (años veinte y treinta del siglo XX) que se define por oposición tanto al liberalismo como al marxismo. Sus rasgos característicos son: la primacía absoluta del Estado y de la nación sobre el individuo (el individuo no vale sino como parte del todo); el ultranacionalismo y con frecuencia el racismo (en su versión alemana, el nazismo); el caudillismo o culto al líder infalible; el partido único; el rechazo de la democracia, del parlamentarismo y del pluralismo; la exaltación de la fuerza, la disciplina, la jerarquía y la violencia; y el uso masivo de la propaganda. Sus manifestaciones históricas fueron el fascismo italiano de Benito Mussolini (que llega al poder en 1922) y el nacionalsocialismo (nazismo) de Adolf Hitler en Alemania, que condujo al Holocausto y a la Segunda Guerra Mundial.
El concepto de totalitarismo, más amplio, designa a los regímenes que aspiran a un control total de la sociedad y de la vida de las personas, aboliendo toda esfera privada y toda oposición. La politóloga Hannah Arendt, en Los orígenes del totalitarismo (1951), señaló como ejemplos el nazismo y el estalinismo soviético: pese a proceder de ideologías opuestas, ambos comparten el partido único, la ideología oficial obligatoria, la policía política, el terror y la propaganda. Frente a ellos se sitúa la democracia, que se define precisamente por el pluralismo, la alternancia en el poder, la división de poderes, el respeto a los derechos fundamentales y el control del poder. La contraposición totalitarismo / democracia es una de las claves para entender el siglo XX y una pregunta recurrente.
Dato de examen: el fascismo es totalitario, ultranacionalista y antidemocrático; niega a la vez el liberalismo y el marxismo. El totalitarismo (Hannah Arendt) abarca nazismo y estalinismo: partido único, ideología oficial, terror y propaganda. La democracia se define por el pluralismo, la división de poderes y los derechos.
8. El ecologismo
El ecologismo es la corriente política y social —consolidada en la segunda mitad del siglo XX— que sitúa en el centro la relación entre el ser humano y la naturaleza y la defensa del medio ambiente. Su punto de partida es la conciencia de que el modelo de crecimiento industrial ilimitado agota los recursos y degrada el planeta (contaminación, cambio climático, pérdida de biodiversidad). Su concepto clave es el desarrollo sostenible, definido en el Informe Brundtland —titulado Nuestro futuro común, elaborado por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU en 1987— como aquel que «satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas».
Dentro del ecologismo se distinguen posturas de distinta radicalidad: el ambientalismo o ecologismo reformista, que busca corregir el sistema con políticas ambientales, tecnología limpia y desarrollo sostenible sin cuestionar sus bases; y la ecología profunda (deep ecology, del filósofo noruego Arne Næss), que reclama un cambio radical de valores y reconoce un valor intrínseco a la naturaleza, más allá de su utilidad para el ser humano. El ecologismo es una ideología transversal: dialoga con el liberalismo (economía verde), con el socialismo (ecosocialismo) y con planteamientos propios. Se ha traducido en partidos «verdes», en tratados internacionales (Protocolo de Kioto, Acuerdo de París) y en políticas públicas de sostenibilidad.
Dato de examen: el ecologismo gira en torno a la relación ser humano-naturaleza; su concepto central es el desarrollo sostenible, formulado en el Informe Brundtland (Nuestro futuro común, ONU, 1987). Distingue ambientalismo (reformista) de ecología profunda (radical).
9. Los nacionalismos
El nacionalismo es la ideología que erige a la nación en el sujeto político por excelencia y sostiene que cada nación tiene derecho a constituirse en un Estado propio (principio de las nacionalidades). Nació con las revoluciones liberales y con el Romanticismo del siglo XIX, y ha sido uno de los motores más poderosos de la historia contemporánea: unificó Italia y Alemania, disolvió imperios y redibujó fronteras. Suelen distinguirse dos concepciones de «nación»:
- El nacionalismo cívico (o político) concibe la nación como una comunidad de ciudadanos unidos por la voluntad de vivir juntos, por unas instituciones y unos valores compartidos, con independencia de su origen. Su formulación clásica es la del francés Ernest Renan (¿Qué es una nación?, 1882), para quien la nación es «un plebiscito cotidiano», una voluntad renovada cada día. Es un nacionalismo integrador y abierto.
- El nacionalismo étnico (o cultural) concibe la nación como una comunidad de origen: la sangre, la raza, la lengua, la religión, la cultura y la historia común. Su raíz intelectual está en el romanticismo alemán (Herder y el Volksgeist o «espíritu del pueblo»). En su versión excluyente puede derivar hacia la xenofobia y el rechazo del diferente.
Conviene también distinguir el nacionalismo integrador (que construye o cohesiona un Estado) del secesionista o disgregador (que aspira a separar un territorio). El nacionalismo es, así, un fenómeno ambivalente: puede ser fuerza de emancipación y de cohesión democrática, o fuente de conflicto, intolerancia y exclusión cuando se vuelve excluyente.
Dato de examen: distingue nacionalismo cívico (nación = comunidad de ciudadanos por voluntad; Renan: «plebiscito cotidiano») del étnico (nación = comunidad de sangre, lengua y cultura; raíz en Herder). El primero es integrador; el segundo, en su versión excluyente, deriva en xenofobia.
10. Las doctrinas del Estado y el art. 1.1 CE
Las ideologías anteriores se han traducido en distintos modelos de Estado que se suceden y se combinan históricamente:
- El Estado liberal de Derecho (siglo XIX): fruto del liberalismo, se caracteriza por la limitación del poder mediante la ley y la constitución, la división de poderes, el reconocimiento de derechos individuales y civiles, y la abstención en lo económico y social (Estado mínimo). Reconoce la igualdad formal (ante la ley), pero no corrige las desigualdades reales.
- El Estado social de Derecho (siglo XX): ante las desigualdades generadas por el capitalismo, el Estado asume un papel activo para garantizar condiciones de vida dignas y derechos económicos, sociales y culturales (educación, sanidad, pensiones, trabajo). Es el Estado del bienestar (welfare state), cuyo antecedente constitucional se sitúa en la Constitución alemana de Weimar (1919). Persigue la igualdad material o real.
- El Estado democrático de Derecho: añade la exigencia de que el poder emane del pueblo (soberanía popular), con participación política, pluralismo y elecciones libres.
La síntesis de estos tres modelos es el Estado social y democrático de Derecho, la fórmula que consagra el artículo 1.1 de la Constitución Española de 1978, que reúne además los valores superiores del ordenamiento:
«España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.» (art. 1.1 CE)
La fórmula integra tres herencias: del Estado de Derecho (imperio de la ley, división de poderes, garantía de derechos), del Estado social (compromiso con la igualdad material y los derechos sociales) y del Estado democrático (soberanía popular, art. 1.2 CE: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado»). Es una síntesis del liberalismo político, de la socialdemocracia y del principio democrático.
Dato de examen: el art. 1.1 CE define España como Estado social y democrático de Derecho y proclama como valores superiores la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Es la síntesis del Estado liberal (de Derecho), el Estado social y el Estado democrático.
11. Sistemas de legitimación social y política
La legitimidad es la creencia socialmente compartida de que el poder político se ejerce de forma justificada y merece obediencia. Es distinta de la mera legalidad (conformidad con la ley) y de la simple fuerza: un poder puede ser fuerte y legal pero no legítimo. El sociólogo alemán Max Weber (1864-1920), en Economía y sociedad, formuló la tipología clásica de la dominación legítima, con tres tipos ideales según en qué se funde la creencia en su validez:
- Dominación tradicional: se obedece porque «siempre ha sido así»; la legitimidad descende de la costumbre, la herencia y lo sagrado (el rey, el patriarca). Se corresponde con la aristocracia y las monarquías tradicionales.
- Dominación carismática: se obedece por las cualidades extraordinarias atribuidas a un líder (el héroe, el profeta, el caudillo). Es inestable y personalista; con frecuencia degenera en dictadura.
- Dominación legal-racional: se obedece a normas impersonales y a quienes las aplican dentro de su competencia. Es la propia del Estado de Derecho moderno y se apoya en la burocracia como forma racional de administración.
Sobre esa base, el temario enumera cuatro sistemas de legitimación y de organización del poder.
11.1. Democracia
La democracia (del griego demos, pueblo, y kratos, poder) es el «gobierno del pueblo»: el sistema en el que la soberanía reside en los ciudadanos, que participan en la formación de las decisiones colectivas. Se distingue la democracia directa (el pueblo decide por sí mismo, como en la Atenas clásica o en los referendos) de la democracia representativa (el pueblo elige a representantes que gobiernan en su nombre), que es la forma predominante en los Estados contemporáneos. La democracia liberal moderna combina la regla de la mayoría con el respeto a las minorías y a los derechos fundamentales, el pluralismo, las elecciones libres y periódicas, la división de poderes y el Estado de Derecho. Su legitimidad es, en términos de Weber, legal-racional, y descansa además en el consentimiento de los gobernados.
11.2. Burocracia
La burocracia es la forma de administración racional basada en una estructura jerárquica de funcionarios que actúan conforme a normas impersonales, con división del trabajo, competencias definidas, ingreso por mérito y capacidad, documentación escrita y carrera profesional. Weber la consideró la forma técnicamente más eficiente de organización y el instrumento propio de la dominación legal-racional. En sentido positivo, garantiza igualdad de trato, previsibilidad y objetividad (el ciudadano es tratado según reglas, no según favores). En sentido peyorativo, «burocracia» alude a la rigidez, la lentitud y el papeleo excesivo. La Administración pública española —incluida la Policía— es una organización burocrática en el sentido weberiano: se accede por oposición (mérito y capacidad, art. 103.3 CE) y se actúa con sometimiento pleno a la ley y al Derecho (art. 103.1 CE).
11.3. Aristocracia
La aristocracia (del griego aristos, el mejor) es, etimológicamente, el «gobierno de los mejores». En la clasificación de Aristóteles era la forma pura del gobierno de pocos, orientada al bien común, frente a su corrupción, la oligarquía. Históricamente, sin embargo, la aristocracia designó el gobierno de una nobleza hereditaria, una clase privilegiada por nacimiento y linaje, propia del Antiguo Régimen y legitimada por la dominación tradicional. Con las revoluciones liberales y la igualdad ante la ley, la aristocracia como forma de gobierno desaparece, aunque el término subsiste para referirse a las élites o «minorías selectas».
11.4. Dictadura
La dictadura tiene un origen curioso: en la República romana, el dictador era una magistratura extraordinaria y temporal (seis meses) a la que se concedían plenos poderes para afrontar una emergencia. En sentido moderno, la dictadura es el régimen de concentración del poder en una persona o grupo, sin división de poderes, sin elecciones libres y sin respeto a los derechos y libertades. Se legitima habitualmente por la vía carismática (el líder providencial) o por la fuerza. Puede adoptar formas autoritarias (que controlan el poder pero toleran ciertos espacios de vida privada) o totalitarias (que aspiran al control absoluto de la sociedad, como el fascismo o el estalinismo). La dictadura es la antítesis de la democracia.
Dato de examen: los tres tipos de dominación legítima de Weber son tradicional (aristocracia, costumbre), carismática (líder, deriva en dictadura) y legal-racional (Estado de Derecho y burocracia). Democracia = soberanía popular; burocracia = administración racional por normas y mérito; aristocracia = gobierno de los «mejores» / nobleza; dictadura = concentración del poder sin división ni elecciones.
12. Principios éticos y valores de la sociedad actual
La ética es la reflexión filosófica sobre lo que está bien y lo que está mal, sobre cómo debemos comportarnos. Los valores son las cualidades o ideales que una sociedad considera dignos de estima y que orientan la conducta (la libertad, la justicia, la solidaridad, la honestidad). La sociedad democrática contemporánea es una sociedad plural: en ella conviven concepciones morales, religiosas e ideológicas distintas. Esto plantea un reto: ¿cómo convivir sin imponer una moral única? La respuesta que ofrece la filosofía cívica actual es la ética de mínimos (el término se debe, entre otros, a la filósofa Adela Cortina): frente a las éticas de máximos (los proyectos completos de vida buena, propios de cada religión o concepción, que pertenecen a la esfera privada y son libremente elegidos), la sociedad comparte unos mínimos de justicia exigibles a todos, unos valores comunes que hacen posible la convivencia.
Esos mínimos se apoyan en un valor fundante: la dignidad de la persona, que la Constitución proclama en su artículo 10.1 como «fundamento del orden político y de la paz social». De la dignidad derivan los valores superiores del art. 1.1 CE —libertad, justicia, igualdad y pluralismo político— y principios como la tolerancia (respeto a quien piensa distinto), la solidaridad, la igualdad entre mujeres y hombres, el respeto a los derechos humanos y la paz. Para la Policía, estos valores no son una abstracción: constituyen el marco ético de su actuación, que ha de guiarse por el respeto a la dignidad y a los derechos de todas las personas, también las detenidas o investigadas.
Dato de examen: la sociedad plural convive gracias a una ética cívica de mínimos (Adela Cortina), que comparte valores de justicia comunes, dejando las éticas de máximos (proyectos de vida buena) a la esfera privada. El valor fundante es la dignidad de la persona (art. 10.1 CE).
13. Las patologías de la intolerancia
Frente a los valores de tolerancia y pluralismo, existen actitudes y fenómenos de intolerancia que niegan la dignidad y la igualdad del otro y que, en sus formas graves, están en la base de los delitos de odio. El temario enumera siete, que conviene definir con precisión porque se prestan a confusión:
- Xenofobia: odio, rechazo u hostilidad hacia los extranjeros o hacia lo extraño y foráneo, por el mero hecho de serlo.
- Racismo: doctrina o actitud que afirma la superioridad de unas razas sobre otras y discrimina a las personas por su origen racial o étnico. El racismo pretende un fundamento biológico; la xenofobia se dirige al extranjero como tal.
- Fanatismo: adhesión ciega, apasionada y excluyente a una idea, creencia o causa (religiosa, política, deportiva), que lleva a defenderla sin crítica y a rechazar con hostilidad a quien no la comparte.
- Dogmatismo: actitud de quien considera sus creencias verdades indiscutibles e incuestionables, cerrada a la duda, al debate y a la revisión racional.
- Fundamentalismo: interpretación literal y rigorista de una doctrina —típicamente religiosa— y pretensión de imponer sus normas al conjunto de la sociedad, negando el pluralismo y la separación entre religión y Estado.
- Sectarismo: intransigencia y ceguera del que pertenece a un grupo cerrado (secta, facción) y antepone acríticamente sus intereses e ideas, con hostilidad hacia los de fuera.
- Hooliganismo: comportamiento violento y vandálico asociado al deporte, especialmente al fútbol, protagonizado por grupos de seguidores radicales (hooligans, ultras) que convierten la rivalidad deportiva en agresión.
Todas estas actitudes comparten un núcleo común: la negación del otro, la incapacidad de aceptar la diferencia y el pluralismo. Su combate es a la vez una tarea educativa (fomento de la tolerancia y los valores democráticos) y, cuando se traducen en conductas delictivas, una tarea policial y penal: el Código Penal castiga los delitos de odio y discriminación (art. 510 CP) y agrava los delitos cometidos por motivos racistas, antisemitas, xenófobos u otros discriminatorios (art. 22.4 CP).
Dato de examen: no confundas los términos: xenofobia (rechazo al extranjero), racismo (superioridad de razas), fanatismo (adhesión ciega), dogmatismo (verdad indiscutible), fundamentalismo (literalismo religioso impuesto), sectarismo (grupo cerrado intransigente) y hooliganismo (violencia en el deporte). Son la base de los delitos de odio (art. 510 CP; agravante del art. 22.4 CP).
14. Corrientes contemporáneas
El debate político de las últimas décadas ha enriquecido el mapa de las ideas con nuevas corrientes que, en su mayoría, dialogan con el liberalismo, el socialismo y el conservadurismo clásicos:
- El neoliberalismo: renovación del liberalismo económico en el último tercio del siglo XX (Hayek, Friedman), que reivindica el mercado, la reducción del Estado y la desregulación.
- El Estado del bienestar y la socialdemocracia como gestión del capitalismo con fuerte redistribución y servicios públicos universales.
- El debate entre liberales y comunitaristas: frente al liberalismo, que parte del individuo y de sus derechos (John Rawls y su Teoría de la justicia, 1971), el comunitarismo subraya el peso de la comunidad, la tradición y los vínculos sociales en la identidad de la persona.
- El feminismo: corriente que reivindica la igualdad efectiva entre mujeres y hombres y critica las estructuras de discriminación por razón de sexo.
- Los populismos (de derecha y de izquierda): estilo político que apela directamente al «pueblo» frente a las «élites», con liderazgos personalistas y simplificación del debate.
- El ecologismo político y las políticas de sostenibilidad, ya examinados, que han pasado a ocupar un lugar central en la agenda global.
El panorama actual muestra que las grandes ideologías no han desaparecido, sino que se han transformado, mezclado y matizado. En una democracia madura, todas las corrientes que aceptan las reglas del juego democrático y los derechos fundamentales son legítimas y necesarias: el pluralismo político —valor superior del art. 1.1 CE— es precisamente la garantía de que ninguna de ellas pueda imponerse a las demás por la fuerza.
Dato de examen: entre las corrientes contemporáneas destacan el neoliberalismo (Hayek, Friedman), el debate liberalismo (Rawls, Teoría de la justicia, 1971) vs. comunitarismo, el feminismo y los populismos. El pluralismo político es la garantía de convivencia entre todas ellas.
Ideas fuerza
- Una ideología interpreta la realidad, propone un modelo de sociedad y un programa de acción.
- Clásicos: Platón (La República, reyes-filósofos) y Aristóteles (Política: formas puras —monarquía, aristocracia, república— y corruptas —tiranía, oligarquía, democracia—; el hombre es zoon politikon).
- Contractualismo: Hobbes (Leviatán, absolutismo), Locke (derechos naturales, gobierno limitado, padre del liberalismo) y Rousseau (El contrato social, voluntad general y soberanía popular).
- Ilustración: Montesquieu (Del espíritu de las leyes, 1748) formula la división de poderes (legislativo, ejecutivo, judicial).
- Liberalismo: eje = libertad. Político (Stuart Mill, principio del daño) y económico (Adam Smith, La riqueza de las naciones, mano invisible, laissez-faire).
- Socialismo: eje = igualdad. Utópico (Saint-Simon, Fourier, Owen) y científico o marxismo (Marx y Engels: materialismo histórico, lucha de clases, plusvalía). Ramas: comunismo y socialdemocracia.
- Conservadurismo (Burke): tradición y cambio gradual. Fascismo: totalitario, ultranacionalista, antidemocrático. Totalitarismo (Arendt): nazismo y estalinismo.
- Ecologismo: desarrollo sostenible (Informe Brundtland, 1987). Nacionalismo: cívico (Renan) vs. étnico (Herder).
- Estado social y democrático de Derecho (art. 1.1 CE): síntesis del Estado liberal, social y democrático; valores superiores = libertad, justicia, igualdad y pluralismo político.
- Legitimación (Weber): dominación tradicional (aristocracia), carismática (dictadura) y legal-racional (Estado de Derecho, burocracia). Democracia = soberanía popular.
- Valores actuales: ética cívica de mínimos sobre la dignidad (art. 10.1 CE). Intolerancia: xenofobia, racismo, fanatismo, dogmatismo, fundamentalismo, sectarismo y hooliganismo (base de los delitos de odio, art. 510 CP).
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