Tema 68 · Policía Nacional (Escala Ejecutiva)
Los cambios sociales. Globalización
Epígrafe oficial: Los cambios sociales: teorías y procesos. Tecnología y cambio social. Promoción y resistencia al cambio. Globalización, antiglobalización y los nuevos movimientos sociales.
Tema desarrollado para preparar el primer ejercicio de conocimientos de la Escala Ejecutiva (Inspector/a) de la Policía Nacional. La información es orientativa y está verificada a la fecha de actualización; el contenido evaluable lo fija el temario del anexo II de tu convocatoria (Resolución de 31 de julio de 2025, BOE-A-2025-16611). Es un tema con presencia acreditada en convocatorias oficiales: las características de los nuevos movimientos globales según Calle y la ciudad y el organismo contra el que se dirigió la protesta que abre el ciclo antiglobalización han caído literalmente.
Índice
- 1. El cambio social: concepto y caracteres
- 2. Las teorías del cambio social
- 3. Los grandes procesos de cambio
- 4. Tecnología y cambio social
- 5. Promoción y resistencia al cambio
- 6. La globalización
- 7. La antiglobalización
- 8. Los nuevos movimientos sociales
- 9. Aplicación al trabajo policial
- Ideas fuerza
1. El cambio social: concepto y caracteres
1.1. Qué es y qué no es cambio social
Se entiende por cambio social toda alteración apreciable de la estructura social —de las instituciones, de las normas, de los valores, de los roles y de las pautas de interacción— que se produce en un tiempo determinado, afecta a un número significativo de miembros de la sociedad y deja consecuencias duraderas. Esa es la definición operativa que se maneja: no basta con que algo ocurra, hace falta que lo que cambie sea la propia armazón de la vida colectiva.
De ahí se deducen sus caracteres. El cambio social es un fenómeno colectivo, no individual: la conversión religiosa de una persona no es cambio social, la secularización de un país sí lo es. Es estructural, porque afecta a la organización y no solo a los contenidos. Es identificable en el tiempo, con un antes y un después reconocibles. Es continuo y en cierto sentido inevitable: no hay sociedades inmóviles, solo sociedades que cambian a distinta velocidad. Y es plural en sus efectos, porque produce ganadores y perdedores, lo que explica que casi nunca sea pacífico.
Conviene deslindarlo de tres nociones vecinas con las que se confunde:
- Cambio cultural: afecta al conjunto de conocimientos, creencias, técnicas y símbolos compartidos. Es un concepto más amplio en un sentido y más estrecho en otro; suele ir de la mano del cambio social, pero puede haber cambio cultural sin alteración de la estructura (una moda estética) y cambio estructural sin cambio de valores inmediato.
- Movilidad social: es el desplazamiento de individuos o grupos entre posiciones de la estructura. Si el que asciende ocupa un lugar que ya existía, la estructura no ha cambiado: ha cambiado quién la ocupa.
- Progreso: es un juicio de valor. El cambio social se describe, el progreso se valora. Confundirlos es el defecto clásico del evolucionismo decimonónico.
La sociología añade dos distinciones más que se preguntan con facilidad: el cambio puede ser endógeno —nace de tensiones internas del propio sistema— o exógeno, cuando procede del contacto con otras sociedades, de la difusión cultural o de la conquista; y puede ser espontáneo o planificado, según se produzca sin intención dirigida o como resultado de una acción deliberada de un agente que se propone alcanzarlo.
1.2. Niveles, ritmos y dirección
Por su alcance se distinguen tres niveles: el micro, que afecta a las relaciones interpersonales y a los grupos pequeños; el meso, propio de organizaciones e instituciones concretas; y el macro, que alcanza a sociedades enteras o al sistema internacional. Por su ritmo, el cambio es gradual o evolutivo cuando se acumula sin ruptura, y brusco o revolucionario cuando en un lapso corto se transforman las instituciones básicas. Por su profundidad se separa el cambio coyuntural del estructural. Y por su dirección, se habla de teorías lineales —el cambio tiene un sentido y una meta—, cíclicas —se repite en fases— y de equilibrio, en las que el sistema tiende a recuperar su estabilidad tras cada perturbación.
Un rasgo empírico bien documentado es la aceleración: el intervalo entre transformaciones sucesivas se acorta. Alvin Toffler acuñó en 1970 la expresión shock del futuro para designar el desconcierto que produce en las personas y en las instituciones un cambio más rápido que su capacidad de adaptación. Ese desajuste, y no el cambio en sí, es lo que genera el malestar.
1.3. Los factores del cambio
No existe una causa única. La sociología maneja un catálogo de factores que actúan combinados:
- Demográficos: el volumen, la estructura por edades y los movimientos migratorios. El envejecimiento de una población transforma el sistema de pensiones, el sanitario y el mercado de trabajo sin que nadie lo haya decidido.
- Tecnológicos: la aparición y difusión de nuevas técnicas, desde el arado hasta la inteligencia artificial.
- Económicos: los modos de producción, la división del trabajo, los ciclos de crecimiento y de crisis.
- Ideológicos y culturales: las creencias, las religiones y las ideologías, que legitiman o deslegitiman el orden existente.
- Políticos y jurídicos: la acción del Estado, las reformas legales y las revoluciones.
- Del entorno físico: las catástrofes, las epidemias, el clima y la disponibilidad de recursos.
- El conflicto: la tensión entre grupos con intereses opuestos, motor central para toda una tradición teórica.
- La difusión y el contacto entre culturas, incluido el que sigue a la conquista o a la colonización.
- La acción colectiva y el liderazgo: los movimientos sociales y las minorías innovadoras, que convierten un malestar difuso en una demanda articulada.
2. Las teorías del cambio social
2.1. El evolucionismo y el neoevolucionismo
Las teorías evolucionistas del siglo XIX conciben el cambio como un proceso unilineal, acumulativo y necesario, que recorre etapas fijas hacia formas cada vez más complejas y, se daba por supuesto, mejores. Sus formulaciones canónicas son estas:
| Autor | Formulación |
|---|---|
| Auguste Comte | Ley de los tres estados: la humanidad atraviesa el estado teológico, el metafísico y el positivo o científico, que es el estadio final. |
| Herbert Spencer | Analogía organicista: la evolución va de lo homogéneo y simple a lo heterogéneo y complejo, con creciente diferenciación e integración. Distingue la sociedad militar, basada en la coacción, de la industrial, basada en la cooperación voluntaria. |
| Lewis H. Morgan | Tres estadios: salvajismo, barbarie y civilización. |
| Ferdinand Tönnies | Tránsito de la comunidad (Gemeinschaft), fundada en vínculos afectivos y tradicionales, a la asociación o sociedad (Gesellschaft), fundada en el contrato y el interés. |
| Émile Durkheim | De la solidaridad mecánica —propia de sociedades poco diferenciadas, con fuerte conciencia colectiva y derecho represivo— a la solidaridad orgánica, producto de la división del trabajo social, con interdependencia funcional y derecho restitutivo. La transición mal absorbida produce anomia. |
El evolucionismo clásico fue criticado por etnocéntrico —tomaba la Europa industrial como meta de la historia—, por determinista y por su débil base empírica. La respuesta fue el neoevolucionismo del siglo XX, que sustituye la línea única por una evolución multilineal: Julian Steward defiende que cada sociedad se adapta a su entorno por caminos distintos; Leslie White propone medir el grado de evolución por la energía capturada per cápita; y Gerhard Lenski ordena las sociedades según su tecnología —cazadoras-recolectoras, hortícolas, agrarias, industriales y postindustriales— sin sostener que ese recorrido sea obligatorio ni moralmente superior.
2.2. Las teorías cíclicas
Las teorías cíclicas niegan que el cambio tenga una dirección acumulativa: las sociedades y las civilizaciones nacen, crecen, declinan y desaparecen, y el proceso se repite. Sus nombres de examen son estos:
- Ibn Jaldún, en el siglo XIV, describió un ciclo de tres o cuatro generaciones en el que la cohesión de grupo o asabiyya permite conquistar el poder, se relaja con el lujo urbano y acaba en la decadencia y en la sustitución por otro grupo cohesionado.
- Giambattista Vico formuló los corsi e ricorsi: la historia recorre una edad de los dioses, otra de los héroes y otra de los hombres, y vuelve a empezar.
- Oswald Spengler, en La decadencia de Occidente (1918-1922), trata las culturas como organismos con un ciclo vital cerrado; cuando una cultura se agota y se vuelve mera técnica y masa, se convierte en civilización, que es su fase terminal.
- Arnold J. Toynbee, en su Estudio de la Historia, explica el ciclo mediante el esquema de reto y respuesta: una civilización crece mientras una minoría creadora da respuestas adecuadas a los desafíos del medio; entra en desintegración cuando esa minoría deja de crear y se convierte en minoría dominante que solo se sostiene por la fuerza, provocando la secesión de un proletariado interno y externo.
- Pitirim Sorokin sostiene que las sociedades fluctúan entre tres sistemas culturales: el ideacional, que sitúa la realidad verdadera en lo suprasensible; el sensitivo o sensorial, que solo admite lo que perciben los sentidos; y el idealista, síntesis intermedia y equilibrada de ambos. El agotamiento de cada uno provoca el paso al siguiente.
- Vilfredo Pareto explica el cambio político por la circulación de las élites: toda sociedad está gobernada por una minoría, y el poder alterna entre los zorros, hábiles en la astucia, la negociación y la innovación, y los leones, partidarios de la fuerza y de la estabilidad. Cuando una élite deja de renovarse, otra la sustituye. La historia, en su célebre expresión, es un cementerio de aristocracias.
2.3. Funcionalismo, equilibrio y retraso cultural
El funcionalismo concibe la sociedad como un sistema de partes interdependientes que tiende al equilibrio. Su problema clásico fue precisamente explicar el cambio, porque un modelo construido sobre la estabilidad tiende a presentarlo como disfunción. Talcott Parsons lo resolvió con dos ideas: el equilibrio móvil, según el cual el sistema absorbe las perturbaciones y se reestabiliza en un punto distinto, y la diferenciación estructural, por la que una institución que cumplía varias funciones se desdobla en instituciones especializadas —la familia preindustrial producía, educaba y cuidaba; la industrial cede esas funciones a la empresa, a la escuela y al sistema sanitario—. Todo sistema, sostuvo, debe resolver cuatro imperativos funcionales, conocidos por las siglas AGIL: adaptación al entorno, consecución de metas, integración de sus partes y latencia o mantenimiento de las pautas y gestión de las tensiones.
La aportación más preguntada de esta familia es la de William F. Ogburn, que en Social Change (1922) formuló el retraso cultural (cultural lag): la cultura material —la tecnología, los objetos— cambia con mayor rapidez que la cultura inmaterial o adaptativa —las normas, los valores, las instituciones, el derecho—, y ese desfase es fuente de desajustes y de problemas sociales. Es la explicación de por qué la regulación jurídica de la inteligencia artificial, de las plataformas digitales o de la prueba electrónica llega siempre después del hecho tecnológico. Ogburn describió además el cambio cultural mediante tres mecanismos: la invención, el descubrimiento y la difusión.
Robert K. Merton, dentro del mismo marco, aportó la distinción entre funciones manifiestas —las buscadas y reconocidas— y funciones latentes —las no intencionadas—, y el concepto de disfunción. Muchas reformas fracasan porque el reformador solo calculó las primeras.
2.4. Las teorías del conflicto
Para la tradición del conflicto, el cambio no es una anomalía del sistema: es su estado normal, y nace de la oposición de intereses entre grupos desigualmente situados.
Karl Marx ofrece la formulación más influyente. En su materialismo histórico, la infraestructura económica —las fuerzas productivas y las relaciones de producción— condiciona la superestructura jurídica, política e ideológica. El motor del cambio es la contradicción entre unas fuerzas productivas que se desarrollan y unas relaciones de producción que se convierten en traba, contradicción que se expresa socialmente como lucha de clases y se resuelve en la sustitución de un modo de producción por otro. De ahí la sucesión de modos de producción y la tesis de que la historia de toda sociedad hasta el presente es la historia de la lucha de clases.
Ralf Dahrendorf reformuló el planteamiento para las sociedades postcapitalistas: el conflicto ya no gira principalmente en torno a la propiedad, sino en torno a la autoridad, y se produce dentro de lo que llamó asociaciones imperativamente coordinadas, en las que siempre hay quien manda y quien obedece. El conflicto, además, se ha institucionalizado en las democracias mediante la negociación colectiva, los partidos y los tribunales, lo que lo hace menos violento pero no lo elimina.
Lewis Coser, en Las funciones del conflicto social (1956), subrayó la cara constructiva del fenómeno: el conflicto refuerza la cohesión interna del grupo, define sus fronteras, activa la creación de normas nuevas y actúa como válvula de escape de las tensiones acumuladas. Un conflicto expresado y regulado protege al sistema; el reprimido se acumula y estalla peor. Es una idea de aplicación directa a la gestión del orden público.
2.5. Weber: las ideas y el carisma
Max Weber se sitúa frente al determinismo económico sin negar el peso de la economía. En La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1904-1905) sostiene que ciertas ideas religiosas —la ascesis intramundana del calvinismo, la vocación profesional, la reinversión en lugar del gasto— fueron una de las condiciones que hicieron posible el capitalismo racional moderno. Las ideas, por tanto, también cambian el mundo.
Su segunda aportación es el proceso de racionalización: el avance del cálculo, la previsibilidad y la eficiencia como criterios dominantes, cuyo vehículo institucional es la burocracia y cuyo precio es el desencantamiento del mundo y la jaula de hierro. Y la tercera es el carisma: de sus tres tipos de dominación legítima —tradicional, carismática y legal-racional—, la carismática es la única genuinamente revolucionaria, porque rompe con lo establecido en nombre de una cualidad extraordinaria atribuida al líder. Ahora bien, el carisma es inestable, y para sobrevivir a su portador debe rutinizarse, transformándose en tradición o en organización burocrática.
2.6. Modernización, dependencia y sistema-mundo
Tras la Segunda Guerra Mundial el debate se traslada al desarrollo. La teoría de la modernización, de raíz evolucionista y funcionalista, sostiene que los países atrasados recorrerán el mismo camino que los industrializados si adoptan su tecnología, sus instituciones y sus valores. Su versión más citada es la de Walt W. Rostow, que describió cinco etapas del crecimiento económico: la sociedad tradicional, las condiciones previas al despegue, el despegue o take-off, la marcha hacia la madurez y la era del consumo de masas.
La teoría de la dependencia, formulada desde América Latina —con Raúl Prebisch y la CEPAL como precedente y André Gunder Frank como exponente radical—, responde que el subdesarrollo no es una etapa previa sino un producto del propio desarrollo ajeno: existe un centro y una periferia, y la relación entre ambos extrae excedente de la segunda. De ahí la expresión desarrollo del subdesarrollo.
Immanuel Wallerstein integró ambas perspectivas en su análisis del sistema-mundo: desde el siglo XVI existe una economía-mundo capitalista única, con una división internacional del trabajo que reparte a los Estados en centro, semiperiferia y periferia. La semiperiferia es la categoría característica de su modelo: es a la vez explotada por el centro y explotadora de la periferia, y cumple una función estabilizadora del conjunto porque impide que el sistema se polarice en dos bloques enfrentados. La unidad de análisis pertinente, insistió, no es el Estado nacional sino el sistema mundial.
2.7. La modernidad tardía
Desde los años setenta, un conjunto de diagnósticos intenta nombrar la sociedad que emerge de la industrial:
- Daniel Bell, El advenimiento de la sociedad post-industrial (1973): el sector servicios desplaza a la industria, el conocimiento teórico pasa a ser el eje de la innovación y los profesionales y técnicos ganan peso.
- Alvin Toffler, La tercera ola (1980): la humanidad ha vivido una primera ola agraria, una segunda industrial y entra en una tercera, informacional.
- Jean-François Lyotard, La condición postmoderna (1979): la incredulidad ante los metarrelatos, las grandes narraciones legitimadoras del progreso.
- Ulrich Beck, La sociedad del riesgo (1986): la sociedad industrial producía y repartía bienes; la actual produce y reparte también riesgos —nucleares, químicos, ecológicos, financieros— que son fabricados por el propio desarrollo, globales y no del todo calculables, lo que altera la política y el papel del conocimiento experto.
- Anthony Giddens: la modernidad tardía es reflexiva, porque las prácticas se revisan constantemente a la luz de la información que se genera sobre ellas; y opera por desanclaje, es decir, por el despegue de las relaciones sociales respecto de sus contextos locales.
- Zygmunt Bauman: la modernidad líquida, en la que las instituciones y los vínculos pierden solidez y duración y la incertidumbre se individualiza.
- Manuel Castells, La era de la información: la sociedad red, organizada en torno a flujos de información, con un espacio de los flujos que se superpone al espacio de los lugares.
3. Los grandes procesos de cambio
3.1. Industrialización, urbanización y transición demográfica
La industrialización es el proceso matriz de la sociedad moderna: sustituye la energía animal y humana por energía mecánica, concentra la producción en la fábrica, generaliza el trabajo asalariado y multiplica la división del trabajo. Con ella llega la urbanización, el desplazamiento masivo de población del campo a la ciudad, que transforma las formas de sociabilidad: relaciones más numerosas pero más superficiales y segmentadas, control social informal debilitado y mayor tolerancia a la diversidad, rasgos que Georg Simmel analizó en la actitud blasé del habitante de la metrópoli y que la Escuela de Chicago convirtió en programa de investigación sobre el delito y la desorganización social.
En paralelo se produce la transición demográfica, el paso de un régimen de alta natalidad y alta mortalidad a otro de baja natalidad y baja mortalidad, con una fase intermedia de fuerte crecimiento en la que la mortalidad ya ha caído y la natalidad todavía no. Su desenlace en los países desarrollados es el envejecimiento de la población y la dependencia de la inmigración para sostener la estructura de edades, con consecuencias directas sobre las políticas públicas y sobre la convivencia.
3.2. Racionalización, burocratización y secularización
Junto a los anteriores operan procesos menos visibles pero igual de decisivos. La racionalización extiende el cálculo de medios y fines a esferas antes regidas por la costumbre. La burocratización organiza la administración según reglas escritas, jerarquía, competencias delimitadas y selección por mérito. La secularización reduce la influencia de la religión en la vida pública y en la legitimación del poder, sin que ello implique necesariamente la desaparición de la creencia individual. La individualización desplaza el centro de gravedad de la vida social del grupo de pertenencia a la biografía personal, que pasa a ser una tarea que cada cual debe construir, con la libertad y la inseguridad que eso conlleva. Y la globalización, que se estudia en el apartado 6, actúa hoy como el proceso que engloba a todos los demás.
3.3. La difusión de las innovaciones
Que una innovación exista no significa que se adopte. Everett Rogers, en Diffusion of Innovations (1962), estudió cómo se propaga una novedad en un sistema social y describió una curva en forma de S en la adopción acumulada. Clasificó a los adoptantes en cinco categorías, con proporciones que conviene tener memorizadas porque se preguntan:
| Categoría | Proporción aproximada | Rasgo |
|---|---|---|
| Innovadores | 2,5 % | Aventureros, tolerantes al riesgo, conectados fuera del sistema local. |
| Adoptantes tempranos | 13,5 % | Respetados dentro del sistema; son los líderes de opinión y la clave de la difusión. |
| Mayoría temprana | 34 % | Deliberan antes de adoptar; interactúan mucho con sus iguales. |
| Mayoría tardía | 34 % | Escépticos; adoptan por presión del entorno o por necesidad económica. |
| Rezagados | 16 % | Orientados a la tradición y al pasado; recursos escasos y aislamiento relativo. |
La velocidad de adopción depende de cinco atributos percibidos de la innovación: la ventaja relativa respecto de lo que sustituye, la compatibilidad con los valores y las prácticas existentes, la complejidad —que actúa en sentido inverso: cuanto más difícil de entender, más lenta—, la experimentabilidad o posibilidad de probarla a pequeña escala y la observabilidad de sus resultados. Es un esquema de aplicación inmediata a la implantación de cualquier herramienta nueva en una organización policial.
4. Tecnología y cambio social
4.1. Determinismo tecnológico y construcción social
La relación entre técnica y sociedad se explica desde dos posiciones enfrentadas. El determinismo tecnológico sostiene que la tecnología es una variable autónoma que impone sus efectos sobre la organización social; su versión popular es la frase, atribuida a una lectura simplificada de Marx, de que el molino de viento produce la sociedad feudal y la máquina de vapor la sociedad industrial. Frente a ella, la construcción social de la tecnología replica que los artefactos no caen del cielo: se diseñan, se seleccionan y se usan dentro de relaciones sociales previas, de modo que los mismos dispositivos producen efectos distintos en contextos distintos. La posición hoy dominante es interaccionista: la tecnología abre y cierra posibilidades —lo que suele llamarse el margen de lo posible— pero es la sociedad la que decide cuáles se realizan.
Entre ambas se sitúa el concepto ya visto de retraso cultural de Ogburn, que sin ser determinista reconoce la asincronía entre el ritmo de la técnica y el de las normas.
4.2. Las revoluciones industriales y la sociedad de la información
Suelen enumerarse cuatro revoluciones industriales: la primera, con el vapor, el carbón y el textil mecanizado, desde finales del siglo XVIII; la segunda, con la electricidad, el motor de combustión, el acero, la química y la producción en cadena, desde finales del XIX; la tercera, con la electrónica, la informática y la automatización, desde mediados del XX; y la cuarta, en curso, definida por la fusión de lo digital, lo físico y lo biológico: internet de las cosas, análisis masivo de datos, robótica e inteligencia artificial.
De esa transformación nace la sociedad de la información —aquella en la que la producción, el tratamiento y la distribución de información constituyen la actividad económica central— y su formulación sociológicamente más elaborada, la sociedad red de Castells. Lo decisivo, en su análisis, no es la cantidad de información sino la estructura reticular: la red se convierte en la forma de organización dominante, sustituye a la jerarquía vertical por nodos conectados, y el poder se ejerce cada vez más en la programación de las redes y en la conmutación entre ellas. La contrapartida es que quedar fuera de la red equivale a la irrelevancia social.
Marshall McLuhan había anticipado en los años sesenta la expresión aldea global para describir un mundo en el que los medios electrónicos comprimen las distancias y devuelven a la humanidad a una forma de contacto inmediato, y había sostenido que el medio es el mensaje: la forma del soporte transforma la percepción con independencia del contenido que transmita.
4.3. La brecha digital
La difusión desigual de la tecnología genera la brecha digital, que se analiza en tres niveles sucesivos. El primero es el de acceso: quién dispone de conexión y de dispositivos, con desigualdades por renta, por territorio —la España rural frente a la urbana— y por país. El segundo es el de uso y competencias digitales: teniendo acceso, quién sabe utilizarlo de forma provechosa; aquí pesan la edad y el nivel educativo, y es el nivel donde se sitúa el problema de las personas mayores frente a la administración electrónica y la banca. El tercero es el de los resultados: quién obtiene beneficios reales —laborales, educativos, de participación— del uso que hace. La conclusión de la investigación es que la tecnología, por sí sola, no iguala: si el acceso se universaliza, la desigualdad se desplaza a las competencias y a los rendimientos.
4.4. Efectos sobre el trabajo, la intimidad y el delito
En el trabajo, la automatización destruye y crea empleo simultáneamente, pero no en los mismos sectores ni para las mismas personas: la evidencia apunta a una polarización —crecen los empleos muy cualificados y los de servicios poco cualificados y se vacía la franja intermedia de tareas rutinarias—, a la extensión del teletrabajo y a la aparición de la economía de plataformas, con formas de subordinación difíciles de encajar en las categorías laborales clásicas.
En la intimidad, la digitalización produce una capacidad de registro y vigilancia sin precedentes. La discusión sociológica ha superado la imagen del panóptico de Bentham reelaborada por Foucault —vigilancia centralizada de unos pocos sobre muchos— para describir una vigilancia distribuida, en la que los datos los aportan de forma voluntaria los propios vigilados y los recolectan actores privados. De ahí que la protección de datos se haya convertido en un derecho de primer orden y en un límite operativo cotidiano para la actuación policial.
En el delito, la tecnología produce tres efectos: crea figuras nuevas —los delitos informáticos en sentido estricto—; transforma las clásicas, dándoles alcance transnacional, automatización y escala, como sucede con la estafa, el blanqueo, la extorsión mediante programas de secuestro de datos o la distribución de material de abuso sexual infantil; y desplaza la victimización hacia delitos de bajo riesgo para el autor y difícil persecución, porque el autor puede estar en otra jurisdicción. La consecuencia policial es doble: obliga a la especialización técnica y hace de la cooperación internacional una condición de eficacia, no una opción.
5. Promoción y resistencia al cambio
5.1. Quién promueve el cambio
Los agentes de promoción del cambio son múltiples y actúan en distintos planos. El Estado lo impulsa mediante la legislación, las políticas públicas y el gasto. La ciencia y la técnica generan innovaciones que alteran las condiciones materiales. El sistema educativo transmite y a la vez transforma valores, y es el instrumento más potente de cambio a medio plazo. Los medios de comunicación y hoy las redes digitales difunden modelos y fijan la agenda de lo que se discute. Las élites y los líderes, con el carisma weberiano como caso extremo, abren cursos de acción nuevos. Los movimientos sociales convierten un malestar difuso en demanda articulada. Y las minorías activas, según mostró Serge Moscovici, pueden influir sobre la mayoría si mantienen una posición consistente, coherente en el tiempo y entre sus miembros, sin resultar rígidas: es el mecanismo por el que posiciones inicialmente marginales acaban siendo sentido común.
Es útil distinguir el cambio espontáneo del planificado. Este último supone un agente que define un objetivo, diagnostica la situación, diseña una estrategia, la ejecuta y evalúa los resultados. La planificación no garantiza el éxito: las funciones latentes de Merton y los efectos perversos —consecuencias no deseadas de acciones individualmente racionales, en el análisis de Raymond Boudon— explican por qué tantas reformas producen lo contrario de lo que buscaban.
5.2. El cambio planificado: Lewin
El modelo de referencia para el cambio en organizaciones es el de Kurt Lewin, que lo describió en tres fases: descongelación, en la que se cuestiona la situación existente y se genera la conciencia de que hay que cambiar; cambio o movimiento, en la que se ensayan y aprenden las nuevas pautas; y recongelación, en la que lo nuevo se estabiliza e incorpora a la rutina, sin lo cual la organización regresa a su estado anterior. Lewin añadió el análisis del campo de fuerzas: en toda situación conviven fuerzas impulsoras del cambio y fuerzas restrictivas que lo frenan, y el equilibrio entre ambas mantiene el estado presente. Su recomendación práctica, contraintuitiva y muy citada, es que resulta más eficaz reducir las fuerzas restrictivas que aumentar las impulsoras, porque incrementar la presión eleva simultáneamente la tensión y la resistencia.
5.3. Las resistencias y sus causas
La resistencia al cambio no es irracionalidad ni testarudez: casi siempre responde a razones identificables. Las principales son estas:
- Intereses creados: quienes ocupan posiciones ventajosas en el orden vigente tienen algo que perder. Thorstein Veblen acuñó la expresión, y a él se debe también la incapacidad entrenada: la formación que hace competente a alguien en un modo de hacer lo incapacita para ver otro.
- Inercia institucional y dependencia de trayectoria: las organizaciones tienden a reproducir sus rutinas, y las decisiones pasadas condicionan las presentes aunque hayan dejado de ser eficientes.
- Etnocentrismo y apego a la tradición: lo propio se percibe como natural y lo ajeno como amenaza. La xenofobia es su forma extrema.
- Miedo a la pérdida de estatus, de competencia profesional o de seguridad. Nadie quiere volver a ser aprendiz.
- Coste económico y esfuerzo de aprendizaje.
- Desconfianza hacia quien promueve el cambio y falta de información, que llenan el vacío con rumores.
- Incompatibilidad del cambio con los valores del grupo, que es el atributo de compatibilidad de Rogers visto por su reverso.
- Presión del grupo: la norma informal sanciona al que se desmarca, y el conformismo hace el resto.
Conviene subrayar una idea que se pregunta en negativo: la resistencia no siempre es disfuncional. Actúa como filtro frente a cambios mal diseñados, obliga a justificar la reforma y aporta información sobre efectos que el promotor no había previsto. Una organización sin ninguna resistencia interna al cambio es una organización sin criterio propio.
5.4. Cómo se vencen
La literatura sobre gestión del cambio —el catálogo clásico es el de Kotter y Schlesinger— ordena las estrategias de menor a mayor coacción: educación y comunicación, cuando la resistencia nace de la falta de información; participación de los afectados en el diseño, que es la más eficaz para generar compromiso aunque sea la más lenta; facilitación y apoyo, con formación y acompañamiento cuando el problema es la dificultad de adaptación; negociación, cuando hay un grupo con poder que pierde algo y hay que compensarlo; manipulación y cooptación, incorporando a un líder resistente a la dirección del proyecto, con el riesgo que comporta si se descubre; y coerción, explícita o implícita, rápida pero destructiva de la confianza y reservada a situaciones de urgencia. A ello se añaden dos reglas prácticas: probar a pequeña escala antes de generalizar —la experimentabilidad de Rogers— y ganarse a los líderes de opinión internos, que en toda organización son quienes deciden si una novedad se adopta o se boicotea en silencio.
6. La globalización
6.1. Concepto y dimensiones
La globalización es el proceso de intensificación de las relaciones sociales, económicas, políticas y culturales a escala mundial, que aumenta la interdependencia entre territorios lejanos hasta el punto de que lo que ocurre en un lugar está modelado por acontecimientos que suceden a miles de kilómetros, y viceversa. Esa es, en esencia, la definición de Giddens, la más citada. Sus rasgos característicos son la compresión del espacio y del tiempo, la interdependencia creciente, la conciencia del mundo como un todo —Robertson insiste en este componente subjetivo— y la pérdida de centralidad del Estado nacional como marco único de decisión.
Se analiza en varias dimensiones:
- Económica: libre circulación de capitales, mercados financieros integrados y operativos las veinticuatro horas, cadenas de producción fragmentadas entre países, deslocalización, empresas transnacionales cuyo volumen supera al de muchas economías estatales.
- Política: aparición de organizaciones e instancias supraestatales, difusión de modelos institucionales y de estándares regulatorios, y una gobernanza global incompleta que no acompaña al ritmo de la integración económica.
- Cultural: circulación mundial de bienes simbólicos, industrias culturales globales, lenguas francas, y el doble movimiento de homogeneización y de reafirmación identitaria.
- Tecnológica: internet y las telecomunicaciones como infraestructura que hace posible todo lo anterior, junto al abaratamiento del transporte y a la contenedorización.
- Demográfica y migratoria: movimientos de población, formación de diásporas y sociedades multiculturales.
- Ecológica: problemas que no admiten solución nacional, como el cambio climático o la pérdida de biodiversidad.
- Criminal: mercados ilícitos transnacionales —drogas, armas, trata de seres humanos, blanqueo, ciberdelincuencia— y terrorismo internacional, que es la dimensión que interesa de forma directa al trabajo policial.
6.2. Cronología e instituciones
Sobre cuándo empieza la globalización hay tres posiciones: quienes la remontan a la expansión europea del siglo XVI y a la formación de la economía-mundo de Wallerstein; quienes la sitúan en la primera mundialización de finales del siglo XIX, con el patrón oro, el telégrafo y las grandes migraciones; y quienes reservan el término para la fase abierta a partir de los años setenta y ochenta del siglo XX, con la liberalización financiera, la revolución informática y el final de la división del mundo en bloques. Esta última es la acepción habitual.
Los hitos institucionales que conviene tener fijados son los siguientes:
| Hito | Contenido |
|---|---|
| Bretton Woods (1944) | Nacen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, junto a un sistema de tipos de cambio fijos que se abandonaría en los años setenta. |
| GATT (1947) | Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, que rebaja progresivamente las barreras al comercio mediante rondas de negociación. |
| 1989-1991 | Caída del muro de Berlín y disolución de la Unión Soviética: el mercado se extiende a áreas antes cerradas. |
| OMC (1995) | La Organización Mundial del Comercio sustituye al GATT el 1 de enero de 1995, con sede en Ginebra, personalidad institucional propia y un mecanismo de solución de diferencias. Es el organismo contra el que se dirigirá la protesta de Seattle. |
| Internet comercial | La difusión masiva de la red desde mediados de los noventa proporciona la infraestructura de la interconexión. |
6.3. Las tres posiciones del debate
David Held y Anthony McGrew ordenaron el debate en tres posiciones que se preguntan con frecuencia:
- Hiperglobalizadores: la globalización es real, nueva y determinante; el Estado nación ha perdido su capacidad de gobierno frente al mercado global y camina hacia la irrelevancia.
- Escépticos: el fenómeno está exagerado; el grado de apertura actual no supera claramente al de finales del siglo XIX, el comercio se concentra en tres grandes bloques regionales —lo que sería más bien regionalización— y los Estados conservan un papel decisivo, empezando por el de haber promovido la propia liberalización.
- Transformacionalistas: la globalización es real pero no suprime al Estado, sino que transforma sus funciones y su soberanía, que se reconfigura y se comparte; su resultado es abierto y no está predeterminado. Es la posición hoy mayoritaria en la academia.
6.4. Homogeneización, McDonalización y glocalización
La discusión cultural gira en torno a si la globalización uniformiza. La tesis de la homogeneización sostiene que sí, y se expresa en fórmulas como la occidentalización o la americanización. Su versión sociológica más elaborada es la McDonalización de la sociedad, de George Ritzer (1993), que aplica al mundo entero el análisis weberiano de la racionalización: los principios del restaurante de comida rápida —eficacia, calculabilidad (lo cuantificable se prefiere a lo cualitativo), previsibilidad (el mismo producto en cualquier lugar) y control mediante tecnología que sustituye al criterio humano— se extienden a la sanidad, la educación, el ocio o la administración. Su precio es la irracionalidad de la racionalidad: sistemas formalmente eficientes que producen resultados deshumanizados.
Frente a esa tesis, la heterogeneización señala que la globalización también multiplica la diferencia: activa identidades locales, nacionalismos y fundamentalismos como reacción, y difunde productos culturales en todas las direcciones, no solo desde un centro. El concepto que sintetiza ambas es el de glocalización, propuesto por Roland Robertson: lo global se adapta a lo local y lo local se reformula en clave global, de modo que el producto mundial se recibe siempre reinterpretado. La expresión hibridación designa el mismo fenómeno desde el resultado.
6.5. Las críticas: desigualdad y gobernanza
El balance de la globalización es objeto de disputa. Sus defensores destacan la reducción de la pobreza extrema en amplias zonas de Asia, el abaratamiento de los bienes y la difusión del conocimiento. Sus críticos, entre ellos el premio Nobel Joseph Stiglitz en El malestar en la globalización (2002), sostienen que el proceso ha sido mal gestionado: las instituciones financieras internacionales impusieron recetas uniformes de liberalización, privatización y ajuste sin atender a las condiciones de cada país, con déficit democrático en su gobierno y asimetría en la apertura, ya que se exigió abrir mercados a los países pobres mientras se mantenían subsidios y barreras en los ricos.
Los problemas que se le imputan de forma más constante son el aumento de la desigualdad interna dentro de cada país aunque la desigualdad entre países se haya reducido; la precarización laboral y la competencia a la baja en estándares —el llamado dumping social y fiscal—; el poder de las empresas transnacionales frente a Estados con capacidad recaudatoria menguante; la volatilidad financiera, que convierte una crisis local en sistémica; el impacto ambiental; y un déficit de gobernanza, porque la economía se ha globalizado mucho más deprisa que las instituciones capaces de regularla. Ese desajuste entre la escala de los problemas y la escala de las instituciones que deben resolverlos es, en términos de Ogburn, un retraso cultural de manual.
7. La antiglobalización
Con el nombre de movimiento antiglobalización se conoce la coalición heterogénea de organizaciones y colectivos que a finales de los años noventa comenzó a impugnar la orientación neoliberal del proceso globalizador. Sus propios integrantes prefieren denominarse altermundistas —del lema otro mundo es posible— o movimiento por la justicia global, porque no se oponen a la interconexión mundial sino a una forma concreta de organizarla; se autodescriben además como un movimiento de movimientos, sin dirección única ni programa cerrado.
Su hito fundacional es la protesta de Seattle (Estados Unidos) en 1999, dirigida contra la conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio que se celebraba en la ciudad. La confluencia de sindicatos, ecologistas, organizaciones campesinas, grupos de derechos humanos y colectivos estudiantiles, y su capacidad para bloquear el desarrollo de la cumbre, convirtieron aquella movilización —la batalla de Seattle— en el punto de inflexión que dio visibilidad mundial al movimiento y abrió un ciclo de protesta en torno a las grandes cumbres internacionales.
Dato de examen: ante la pregunta por el primer acontecimiento que marca un punto de inflexión en el movimiento antiglobalización, en 1999 y en Seattle, el examen oficial da por buena la Organización Mundial del Comercio, y no el Fondo Monetario Internacional ni el Banco Mundial, que aparecen como distractores.
El ciclo continuó con las movilizaciones de Washington y Praga en 2000 y con la cumbre del G-8 en Génova en 2001, en la que la muerte de un manifestante por disparo policial marcó un antes y un después en la gestión europea del orden público en cumbres internacionales. En enero de 2001 se celebró en Porto Alegre (Brasil) el primer Foro Social Mundial, concebido como contrapunto del Foro Económico Mundial de Davos y organizado bajo el lema otro mundo es posible; el Foro pasó a ser el espacio de encuentro periódico del altermundismo. Entre sus organizaciones más conocidas figura ATTAC, creada en Francia en 1998, que reclama un impuesto sobre las transacciones financieras internacionales —la llamada tasa Tobin, propuesta en los años setenta por el economista James Tobin— como instrumento para frenar la especulación.
Los rasgos organizativos del movimiento son los que después caracterizarán a la protesta contemporánea: estructura en red sin jerarquía central, coordinación mediante internet, convocatorias transnacionales simultáneas, decisión por consenso en asambleas, diversidad ideológica interna y repertorio que combina la manifestación, la acción directa no violenta, la contracumbre y los medios de comunicación alternativos. Sus reivindicaciones giran en torno a la condonación de la deuda externa, la regulación de los flujos financieros, el comercio justo, la defensa de los servicios públicos y de los bienes comunes, los derechos laborales y la protección ambiental. El ciclo se debilitó tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, que endurecieron el tratamiento de la protesta, y sus temas reaparecieron transformados en las movilizaciones posteriores a la crisis financiera de 2008.
8. Los nuevos movimientos sociales
8.1. Qué es un movimiento social
Un movimiento social es una acción colectiva con cierta continuidad en el tiempo, dotada de identidad compartida y de una organización siquiera laxa, que persigue promover o impedir un cambio en la sociedad o en alguna de sus instituciones, y que actúa preferentemente fuera de los cauces institucionales ordinarios. Se distingue por ello del partido político —que compite por el poder institucional—, del grupo de interés —que presiona desde dentro— y de la multitud o el motín, que carecen de continuidad y de organización.
Alain Touraine exigió tres principios para poder hablar de movimiento social: el de identidad (quién es el sujeto que actúa), el de oposición (contra quién) y el de totalidad (en nombre de qué modelo de sociedad). Charles Tilly aportó dos conceptos centrales: el de repertorio de acción colectiva —el conjunto limitado de formas de protesta históricamente disponibles: la manifestación, la huelga, la petición, la ocupación, el boicot— y el de las cuatro cualidades que un movimiento debe exhibir públicamente para ser tomado en serio, resumidas en la fórmula valor, unidad, número y compromiso.
8.2. Viejos y nuevos movimientos
La distinción entre viejos y nuevos movimientos sociales se formuló en los años setenta y ochenta a partir de la constatación de que las movilizaciones que emergían en las sociedades occidentales no encajaban en el modelo del movimiento obrero:
| Rasgo | Viejos movimientos | Nuevos movimientos |
|---|---|---|
| Base social | Clase social, singularmente la obrera | Transversal; peso de las clases medias con alto nivel educativo |
| Demanda | Redistribución: salario, empleo, condiciones materiales | Reconocimiento e identidad, calidad de vida, derechos civiles |
| Organización | Jerárquica, permanente, con afiliación formal | Reticular, horizontal, participación difusa |
| Relación con el Estado | Integración institucional: sindicatos y partidos | Autonomía y desconfianza hacia la representación |
| Ámbito | Fundamentalmente nacional | Local y global a la vez |
| Ejemplos | Movimiento obrero, sindicalismo | Ecologismo, feminismo, pacifismo, movimiento LGTBI, vecinal, de consumidores |
Esta caracterización se apoya en el diagnóstico de Ronald Inglehart sobre el cambio de valores: las generaciones socializadas en condiciones de seguridad material desplazan sus prioridades desde valores materialistas —orden, seguridad, crecimiento económico— hacia valores postmaterialistas —participación, autoexpresión, calidad de vida, medio ambiente—, que son justamente los que movilizan a los nuevos movimientos. Claus Offe subrayó por su parte que estos movimientos actúan en un espacio que no es ni el mercado ni el Estado, sino la sociedad civil, y que su acción es más de autolimitación que de toma del poder.
8.3. Las teorías explicativas
Cuatro grandes enfoques compiten y hoy se consideran complementarios:
- Teorías clásicas del comportamiento colectivo y de la privación relativa: la protesta nace de la tensión y del descontento. Ted Gurr precisó que lo determinante no es la privación absoluta sino la relativa, esto es, la distancia entre lo que se espera y lo que se obtiene; James Davies lo formalizó en la curva J: las revoluciones son más probables cuando a un periodo prolongado de mejora le sigue una caída brusca que frustra expectativas ya consolidadas. Su límite es que el descontento es constante y las movilizaciones no.
- Movilización de recursos (McCarthy y Zald): lo que explica la protesta no es el agravio, sino la disponibilidad de recursos —dinero, tiempo, militantes, redes preexistentes, liderazgo, acceso a los medios— y su gestión por organizaciones. La acción colectiva se analiza como una empresa racional que ha de resolver el problema del gorrón descrito por Mancur Olson: si el resultado beneficia a todos, participen o no, cada cual tiene incentivos para dejar que otros paguen el coste; de ahí la importancia de los incentivos selectivos y de los lazos personales.
- Estructura de oportunidades políticas (Tarrow, Kitschelt, McAdam): los movimientos surgen cuando el contexto político se abre —divisiones entre las élites, aparición de aliados influyentes, mayor permisividad ante la protesta, cambios electorales o institucionales—. De ahí la noción de ciclo de protesta: fases de intensa movilización que difunden repertorios e innovaciones tácticas y a las que sigue la desmovilización, la institucionalización de una parte del movimiento y, a veces, la radicalización de otra.
- Marcos de acción colectiva (Snow y Benford): la movilización requiere una interpretación compartida de la realidad. Todo movimiento elabora un marco de diagnóstico (cuál es el problema y de quién es la culpa), uno de pronóstico (qué hay que hacer) y uno de motivación (por qué merece la pena actuar), y para crecer debe alinear su marco con el de públicos más amplios.
- Teoría de los nuevos movimientos sociales (Touraine, Melucci, Offe), de raíz europea, que desplaza el foco del cálculo de recursos a la construcción de identidad colectiva. Melucci mostró que los movimientos no existen solo cuando se manifiestan: entre episodio y episodio subsisten como redes sumergidas en la vida cotidiana, donde se elaboran significados y se sostiene la identidad.
8.4. Los movimientos globales según Calle (2003)
El estudio de los nuevos movimientos globales —los surgidos al calor del ciclo antiglobalización— se apoya en el temario oficial en la obra de Calle (2003), cuyas tesis se han preguntado de forma literal. Sus características son estas:
- La globalización es contemplada y padecida como un fenómeno conflictivo por buena parte de la aldea global. Es el punto de partida del movimiento, y por eso resulta falso presentarla en su análisis como un fenómeno positivo lleno de oportunidades.
- Los valores y la cultura se encuentran presididos por identidades abiertas y difusas, que facilitan la multidimensionalidad y la retroalimentación desde la diversidad. No hay un sujeto único ni una identidad cerrada.
- La coordinación se lleva a cabo mediante redes horizontales, que conforman estructuras débiles y porosas y permiten la autonomía de los nodos locales.
- Suponen una síntesis constructiva de rasgos esenciales de movimientos previos: recogen y combinan lo aportado por el movimiento obrero, el ecologismo, el feminismo o el pacifismo.
- Constituyen una aceleración cuantitativa de determinadas características ya apuntadas por los nuevos movimientos sociales, y no una variación de sus rasgos esenciales. Esta última afirmación es la que el examen oficial marca como falsa.
Dato de examen: las dos preguntas oficiales sobre Calle se plantean con el formato indique la opción falsa. La falsa ha sido, en un caso, que la globalización se contemple como fenómeno positivo lleno de oportunidades por buena parte de la aldea global; y en el otro, que los movimientos globales conlleven una variación de los rasgos esenciales de los nuevos movimientos sociales, cuando lo que sostiene el autor es que son una aceleración cuantitativa de ellos y una síntesis constructiva de los previos.
En el caso español, el ciclo de protesta más relevante de las últimas décadas se abre con el 15-M, iniciado el 15 de mayo de 2011 con la ocupación de plazas en numerosas ciudades. Reprodujo los rasgos de los movimientos globales —organización horizontal, asamblearismo, uso intensivo de las redes, rechazo de liderazgos visibles y de la representación— y sus efectos se prolongaron en movimientos sectoriales, en plataformas de afectados y en el sistema de partidos. Junto a él, el ecologismo y el feminismo son hoy los movimientos con mayor capacidad de convocatoria y de influencia sobre la agenda pública.
9. Aplicación al trabajo policial
Este tema no es teoría ornamental para un Inspector: describe el entorno en el que se ejerce la función policial y el modo en que esta debe adaptarse.
En primer lugar, la globalización transforma la criminalidad. Los mercados ilícitos son transnacionales, las organizaciones criminales operan en red aprovechando las diferencias entre ordenamientos, y el delito se comete cada vez más desde otra jurisdicción. La respuesta pasa por la cooperación policial y judicial internacional —Europol, Interpol, Eurojust, equipos conjuntos de investigación, instrumentos de reconocimiento mutuo en la Unión Europea— y por la especialización técnica en investigación tecnológica y análisis financiero. La materia se desarrolla en los temas correspondientes del bloque jurídico.
En segundo lugar, obliga a gestionar la protesta de los movimientos sociales. Las movilizaciones contemporáneas son horizontales y sin interlocutor único, lo que dificulta la negociación previa que es la herramienta más eficaz del mando; se convocan y se coordinan por redes digitales, con capacidad de convocatoria rápida y de difusión inmediata de cualquier incidente; y su legitimidad ante la opinión pública depende en gran medida de la percepción de la actuación policial. De ahí que el modelo europeo de gestión negociada del orden público insista en la comunicación previa con los organizadores, en la diferenciación entre quienes cometen hechos ilícitos y el resto de los participantes, en la proporcionalidad y en la graduación de la respuesta, criterios que enlazan con lo estudiado sobre comportamientos colectivos.
En tercer lugar, el cambio social alcanza a la propia organización policial. La Policía Nacional es una institución sujeta a los mismos procesos: incorporación de tecnología, cambios generacionales en su composición, mayor exigencia de rendición de cuentas y de transparencia, y sociedades más diversas a las que servir. Todo lo estudiado sobre promoción y resistencia al cambio se aplica aquí: la implantación de una herramienta nueva fracasa si el mando no explica, no forma, no prueba a pequeña escala y no gana a los líderes informales de la plantilla; y las fuerzas restrictivas —temor a la pérdida de competencia, desconfianza, sobrecarga— se reducen mejor con información y participación que con imposición.
Y en cuarto lugar, la diversidad derivada de las migraciones exige una policía capaz de operar en un contexto multicultural: prevención de la discriminación en la identificación, atención a los delitos de odio, mediación con comunidades y construcción de confianza, que es la condición para que se denuncie y para que fluya la información en la que se sostiene la prevención.
Ideas fuerza
- Cambio social: alteración de la estructura social, colectiva, situada en el tiempo y con efectos duraderos. No confundir con cambio cultural, movilidad social ni progreso.
- Evolucionismo: Comte (tres estados: teológico, metafísico y positivo), Spencer (de lo homogéneo simple a lo heterogéneo complejo; militar → industrial), Morgan (salvajismo, barbarie, civilización), Tönnies (comunidad → asociación) y Durkheim (solidaridad mecánica → orgánica).
- Cíclicas: Ibn Jaldún (asabiyya), Vico (corsi e ricorsi), Spengler (culturas como organismos), Toynbee (reto y respuesta; minoría creadora que degenera en dominante), Sorokin (ideacional, idealista y sensitivo) y Pareto (circulación de las élites: zorros y leones).
- Ogburn: retraso cultural — la cultura material cambia más deprisa que la inmaterial (normas, valores, derecho), y ese desfase genera los problemas sociales. Mecanismos: invención, descubrimiento y difusión.
- Parsons: equilibrio móvil, diferenciación estructural y esquema AGIL (adaptación, metas, integración, latencia). Merton: funciones manifiestas y latentes.
- Conflicto: Marx (contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción; lucha de clases), Dahrendorf (conflicto por la autoridad, institucionalizado) y Coser (el conflicto cohesiona y actúa de válvula de escape).
- Weber: las ideas también cambian el mundo (ética protestante); racionalización y burocracia; el carisma es la única dominación revolucionaria y tiende a rutinizarse.
- Desarrollo: Rostow (cinco etapas, con el despegue en el centro), dependencia (centro-periferia; desarrollo del subdesarrollo) y Wallerstein (sistema-mundo con semiperiferia estabilizadora).
- Rogers: adopción en curva S; innovadores 2,5 %, adoptantes tempranos 13,5 %, mayoría temprana 34 %, mayoría tardía 34 % y rezagados 16 %. Atributos: ventaja relativa, compatibilidad, complejidad, experimentabilidad y observabilidad.
- Lewin: descongelación → cambio → recongelación y campo de fuerzas; es más eficaz reducir las fuerzas restrictivas que aumentar las impulsoras.
- Resistencias: intereses creados de Veblen, inercia institucional, etnocentrismo, miedo a la pérdida, coste y desconfianza. La resistencia no siempre es disfuncional.
- Globalización: intensificación de relaciones a escala mundial (Giddens), con compresión espacio-tiempo. Hitos: Bretton Woods 1944, GATT 1947, OMC en 1995. Posiciones de Held y McGrew: hiperglobalizadores, escépticos y transformacionalistas.
- Cultura global: aldea global de McLuhan, McDonalización de Ritzer (eficacia, calculabilidad, previsibilidad y control; irracionalidad de la racionalidad) y glocalización de Robertson.
- Antiglobalización: arranca en Seattle, 1999, contra la Organización Mundial del Comercio. Foro Social Mundial de Porto Alegre, 2001 (otro mundo es posible) frente a Davos; Génova 2001; ATTAC (1998) y la tasa Tobin.
- Movimientos sociales: Touraine (identidad, oposición y totalidad), Tilly (repertorios; valor, unidad, número y compromiso). Teorías: privación relativa (Gurr, curva J de Davies), movilización de recursos (McCarthy y Zald; gorrón de Olson), oportunidades políticas (Tarrow, ciclo de protesta) y marcos (Snow y Benford: diagnóstico, pronóstico y motivación).
- Calle (2003): los movimientos globales viven la globalización como fenómeno conflictivo, tienen identidades abiertas y difusas, se coordinan en redes horizontales porosas con nodos autónomos, son síntesis constructiva de movimientos previos y una aceleración cuantitativa —no una variación de rasgos esenciales— de los nuevos movimientos sociales.
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