Tema 57 · Policía Nacional (Escala Ejecutiva)
La atención
Epígrafe oficial: La atención: concepto. Atención visual. Atención auditiva. Integración de atributos.
Tema desarrollado para preparar el primer ejercicio de conocimientos de la Escala Ejecutiva (Inspector/a) de la Policía Nacional. La información es orientativa y está verificada a la fecha de actualización; el contenido evaluable lo fija el temario del anexo II de tu convocatoria (Resolución de 31 de julio de 2025, BOE-A-2025-16611). Es un tema del bloque B (Ciencias Sociales) de psicología cognitiva: la atención es el proceso que selecciona y organiza la información, y comprender sus límites es esencial para valorar la percepción de testigos y la propia vigilancia policial.
Índice
- 1. Concepto, funciones y características de la atención
- 2. Clases de atención
- 3. Determinantes de la atención
- 4. Teorías y modelos de la atención
- 5. La atención visual
- 6. La atención auditiva
- 7. La integración de atributos
- 8. Alteraciones y aplicaciones: atención, testimonio y función policial
- Ideas fuerza
1. Concepto, funciones y características de la atención
La atención es el proceso psicológico que permite seleccionar, entre la enorme cantidad de estímulos que llegan a nuestros sentidos, aquellos que son relevantes, y concentrar en ellos la actividad mental, dirigiendo y controlando los demás procesos cognitivos (percepción, memoria, pensamiento). El psicólogo William James, en 1890, ofreció una definición clásica: la atención es «la toma de posesión por la mente, de forma clara y vívida, de uno entre varios objetos o cadenas de pensamiento que parecen posibles simultáneamente». Su rasgo esencial es que la capacidad de procesamiento humano es limitada: no podemos atender a todo a la vez, de modo que atender a algo implica necesariamente desatender el resto. James añadía que la atención supone «la focalización y concentración de la conciencia» y que «implica retirarse de unas cosas para tratar eficazmente otras», dos ideas —selección y concentración— que siguen en el núcleo de todas las definiciones posteriores.
La atención cumple varias funciones: una función selectiva (elegir la información pertinente y filtrar la irrelevante), una función de orientación (dirigir los receptores y los recursos hacia la fuente de estímulos), una función de alerta o activación (mantener un nivel adecuado de disposición para responder) y una función de control (supervisar y coordinar la ejecución de las tareas). No es un proceso aislado, sino un mecanismo que pone al servicio de un objetivo el resto de la actividad psíquica.
La atención es, en particular, la puerta de entrada de la memoria: solo se codifica y se recuerda con solidez aquello a lo que se ha prestado atención en el momento de percibirlo. Un testigo que no atendió a un detalle simplemente no lo almacenó, por más que después se esfuerce en recordarlo; y la información captada con una atención dividida o superficial genera recuerdos frágiles y fácilmente deformables. Por eso el estudio de la atención antecede lógicamente al de la memoria, con la que forma una unidad funcional decisiva para la fiabilidad del testimonio.
Entre sus características suelen señalarse: la amplitud o capacidad (número de estímulos o tareas que se pueden atender simultáneamente, que es reducido); la intensidad o tono atencional (el grado de concentración, ligado al nivel de activación o arousal); la oscilación o desplazamiento (la atención no es estable, sino que fluctúa y cambia de foco constantemente, cada pocos segundos); y el control (la capacidad de dirigirla voluntariamente hacia una meta y de resistir la distracción). Estas características explican por qué la atención se fatiga, se distrae y tiene un rendimiento variable.
La atención mantiene una estrecha relación con la conciencia y con el nivel de activación del organismo: en su base fisiológica interviene la formación reticular del tronco encefálico, que regula la vigilia y el estado de alerta. Conviene distinguir entre el procesamiento controlado —lento, consciente, esforzado y que consume atención— y el procesamiento automático —rápido, inconsciente y sin apenas coste atencional—. Muchas tareas, con la práctica, se automatizan (aprender a conducir, leer): al principio exigen toda nuestra atención y, una vez sobreaprendidas, se ejecutan casi sin ella, lo que libera recursos para otras cosas. Este paso de lo controlado a lo automático, estudiado por Schneider y Shiffrin, es clave en el entrenamiento profesional, también el policial: los procedimientos muy practicados se ejecutan con eficacia incluso bajo presión.
La eficacia de la atención guarda relación con el nivel de activación (arousal) del organismo, y esa relación no es lineal, sino de U invertida, como formuló la ley de Yerkes-Dodson (1908): tanto una activación demasiado baja (somnolencia, aburrimiento) como demasiado alta (ansiedad, pánico) deterioran el rendimiento atencional, que alcanza su óptimo en un nivel intermedio; además, cuanto más difícil es la tarea, más baja es la activación que resulta óptima. Esta ley tiene una lectura directa para la función policial: bajo un estrés extremo la atención se estrecha en exceso (la llamada «visión de túnel») y el rendimiento cae, lo que justifica el entrenamiento en control de la activación para operar en la zona óptima.
Dato de examen: la atención selecciona los estímulos relevantes y concentra en ellos la actividad mental; su capacidad es limitada (atender es desatender el resto). Definición clásica de William James (1890). Características: amplitud, intensidad/tono, oscilación y control. La relación entre activación y rendimiento sigue una U invertida (ley de Yerkes-Dodson).
2. Clases de atención
La atención se clasifica según distintos criterios. Atendiendo al mecanismo implicado, se distinguen tres modalidades fundamentales:
- Atención selectiva (o focalizada): la capacidad de centrarse en un estímulo o tarea e ignorar los demás, resistiendo la distracción. Es la que estudia el clásico «efecto cóctel».
- Atención dividida: la capacidad de atender a varias tareas o estímulos a la vez, repartiendo los recursos disponibles. Como estos son limitados, el rendimiento suele empeorar (por eso es peligroso conducir mientras se usa el móvil).
- Atención sostenida (o vigilancia): la capacidad de mantener la concentración en una tarea durante un tiempo prolongado. Con el tiempo aparece el decremento de la vigilancia por fatiga, muy relevante en tareas de control y observación.
Según el grado de control voluntario, la atención puede ser voluntaria (o endógena, controlada «de arriba abajo», dirigida activamente por los propósitos del sujeto) o involuntaria (o exógena, controlada «de abajo arriba», capturada de forma automática por un estímulo llamativo, como un ruido fuerte o un movimiento brusco). Según su orientación, se habla de atención externa (hacia el entorno) o interna (hacia los propios pensamientos), y según su amplitud, de atención focal (concentrada en un punto) o global (abierta a un campo amplio).
Estas modalidades no son compartimentos estancos, sino que colaboran continuamente. La atención dividida, por ejemplo, es viable cuando una de las tareas está automatizada (podemos caminar y hablar a la vez), pero se vuelve muy costosa cuando ambas exigen recursos controlados o compiten por la misma modalidad sensorial (leer un texto y escuchar otro distinto). La atención sostenida, por su parte, fue estudiada de forma pionera por Mackworth con tareas de vigilancia (la detección de señales infrecuentes en una pantalla, inspirada en los operadores de radar de la Segunda Guerra Mundial), demostrando que la eficacia cae de forma apreciable ya a los treinta o cuarenta minutos, lo que obliga a organizar relevos en los puestos de observación.
Dato de examen: las tres clases fundamentales son la atención selectiva (focalizar en un estímulo e ignorar el resto), la atención dividida (repartirla entre varias tareas, con caída del rendimiento) y la atención sostenida o vigilancia (mantenerla en el tiempo, con decremento por fatiga; estudiada por Mackworth). Según el control: voluntaria/endógena («de arriba abajo») frente a involuntaria/exógena («de abajo arriba»).
3. Determinantes de la atención
Qué capta nuestra atención depende de dos grandes grupos de factores. Los determinantes externos son propiedades del estímulo que atraen la atención de forma casi automática (captura exógena): la intensidad (un sonido fuerte, una luz brillante), el tamaño, el movimiento y el cambio (un objeto que se mueve o aparece de repente), la novedad (lo inesperado o raro), el contraste (lo que destaca del fondo), la repetición y la posición (lo situado en el centro del campo visual). La publicidad y la señalización de seguridad explotan sistemáticamente estos factores.
Los determinantes internos dependen del propio sujeto: sus motivaciones e intereses (atendemos a lo que nos importa), sus expectativas (vemos y oímos lo que esperamos encontrar), sus necesidades y su estado orgánico y emocional (el hambre, el cansancio, la ansiedad o el miedo modifican intensamente la atención). La interacción entre ambos tipos de factores determina, en cada momento, hacia dónde se dirige el foco atencional; de ahí que dos personas ante la misma escena puedan reparar en detalles muy distintos.
Un fenómeno ligado a los determinantes externos es la habituación: cuando un estímulo se repite sin consecuencias, deja progresivamente de captar la atención (nos «acostumbramos» al tictac de un reloj o al ruido del tráfico). Su contrapartida es la deshabituación o respuesta de orientación: un cambio o una novedad en ese estímulo monótono vuelve a atraer inmediatamente la atención. Este mecanismo tiene un claro valor adaptativo —permite ignorar lo constante e irrelevante y reaccionar ante lo nuevo, que puede señalar una oportunidad o un peligro— y es la base de por qué la vigilancia prolongada sobre escenas monótonas es tan propensa a los fallos: precisamente la señal importante que se busca (un intruso, un objeto sospechoso) es un suceso infrecuente que compite con la tendencia natural a habituarse.
Estrechamente ligada a lo anterior está la respuesta de orientación descrita por el fisiólogo ruso Sokolov: la reacción refleja del organismo (giro de la cabeza y de los ojos, aumento de la alerta, cambios fisiológicos) ante un estímulo nuevo o inesperado. Esa respuesta se habitúa si el estímulo se repite sin consecuencias y reaparece en cuanto cambia alguna de sus propiedades. Es el mecanismo con el que el sistema atencional «pregunta» sin cesar al entorno qué hay de nuevo, y explica por qué captan la atención de forma casi automática el movimiento, la novedad o el contraste.
Dato de examen: los determinantes externos (del estímulo) son la intensidad, el tamaño, el movimiento/cambio, la novedad, el contraste, la repetición y la posición. Los internos (del sujeto): motivación, intereses, expectativas y estado orgánico y emocional. La habituación es la pérdida de respuesta ante lo repetido; la respuesta de orientación (Sokolov), la reacción ante lo nuevo.
4. Teorías y modelos de la atención
El estudio científico de la atención, sobre todo desde la psicología cognitiva, ha generado dos grandes familias de modelos: los de filtro o selección y los de recursos o capacidad.
Los modelos de filtro conciben la atención como un mecanismo que selecciona qué información pasa a un procesamiento más profundo, dado que el sistema no puede procesarlo todo. El primero fue el de Donald Broadbent (1958), o teoría del filtro rígido: la información sensorial se retiene brevemente y un filtro selecciona un solo canal en función de sus características físicas (p. ej., la voz que llega por un oído), bloqueando el resto; es un modelo de selección temprana. Anne Treisman (1964) lo matizó con la teoría de la atenuación: el filtro no bloquea del todo la información no atendida, sino que la atenúa (la debilita), de modo que estímulos muy relevantes —como el propio nombre— pueden «traspasarlo». Por su parte, Deutsch y Deutsch (1963) propusieron un modelo de selección tardía: toda la información se procesaría hasta el nivel del significado, y la selección se produciría solo al final, cerca de la respuesta.
Los modelos de recursos o de capacidad limitada, cuyo máximo exponente es Daniel Kahneman (1973), abandonan la idea del filtro único y conciben la atención como un conjunto limitado de recursos o de «energía mental» que se reparte flexiblemente entre las tareas según su dificultad y las intenciones del sujeto. La cantidad de recursos disponibles depende del nivel de activación (arousal) y la ejecución de dos tareas a la vez será posible mientras no se supere la capacidad total; cuando dos tareas compiten por los mismos recursos, el rendimiento en ambas se deteriora. Este enfoque explica bien la atención dividida y el efecto del esfuerzo mental.
El histórico debate entre la selección temprana y la tardía se ha resuelto en una posición intermedia y flexible: el momento de la selección no es fijo, sino que depende de la carga de la tarea (teoría de la carga de Nilli Lavie); con tareas de mucha carga perceptiva, la selección es temprana y apenas se procesa lo irrelevante, mientras que con tareas de poca carga «sobra» capacidad y los estímulos no atendidos se procesan más. Además de estos modelos, la investigación actual concibe la atención no como un único mecanismo, sino como un conjunto de redes con base cerebral diferenciada: Michael Posner distingue una red de alerta (mantener el estado de vigilancia), una red de orientación (seleccionar y dirigir el foco hacia la información) y una red de control ejecutivo (resolver conflictos y supervisar la conducta dirigida a metas), esta última relacionada con el sistema atencional supervisor descrito por Norman y Shallice y con las funciones ejecutivas del lóbulo frontal.
Estas redes atencionales tienen soporte cerebral diferenciado y química propia: la red de alerta se asocia a la noradrenalina y al mantenimiento del estado de vigilancia; la de orientación, a estructuras parietales que desplazan el foco por el espacio; y la de control ejecutivo, a la corteza prefrontal y a la resolución de conflictos entre respuestas (lo que evalúa, por ejemplo, el test de Stroop). Que la atención pueda descomponerse en redes con anatomía distinta explica que una lesión o un estado (la fatiga, el alcohol, el estrés) afecte de manera selectiva a un componente y no a otro, y refuerza la idea de que «atender» no es una función única, sino un conjunto coordinado de mecanismos.
| Modelo | Autor(es) | Idea central |
|---|---|---|
| Filtro rígido | Broadbent (1958) | Selección temprana por características físicas; bloquea el canal no atendido. |
| Atenuación | Treisman (1964) | El filtro atenúa (no bloquea) lo no atendido; el nombre propio puede pasar. |
| Selección tardía | Deutsch y Deutsch (1963) | Todo se procesa hasta el significado; la selección es tardía, cerca de la respuesta. |
| Recursos o capacidad | Kahneman (1973) | Recursos limitados que se reparten según la dificultad y el arousal. |
| Carga perceptiva | Lavie (1995) | El momento de la selección depende de la carga de la tarea. |
Entre la selección temprana y la tardía, Norman (1968) añadió un criterio de pertinencia: además de las características físicas, la relevancia o el significado del estímulo para el sujeto decide qué información accede a la conciencia.
Dato de examen: ordena los modelos de filtro por el momento de la selección: Broadbent (temprana, filtro rígido) → Treisman (atenuación) → Deutsch y Deutsch (tardía). Frente a ellos, el modelo de recursos limitados de Kahneman. Las tres redes atencionales de Posner son: alerta, orientación y control ejecutivo.
5. La atención visual
La atención visual es la que dirigimos hacia la información que entra por la vista, el sentido dominante en el ser humano. Una metáfora muy influyente, desarrollada por Michael Posner, la describe como un foco o «reflector» (spotlight) que ilumina una zona del campo visual, realzando el procesamiento de lo que cae dentro de él; otros autores la comparan con un zoom que puede estrechar o ampliar su área a costa del detalle. Es importante distinguir la atención manifiesta (overt), que se acompaña de movimientos de los ojos hacia el objeto, de la atención encubierta (covert), que se desplaza sin mover la mirada (podemos «prestar atención por el rabillo del ojo»). Los ojos exploran las escenas mediante fijaciones (breves detenciones en las que se capta la información) y movimientos sacádicos (saltos rápidos de un punto a otro).
Un paradigma central para estudiarla es la búsqueda visual: localizar un objetivo entre distractores. Cuando el objetivo se diferencia por una única característica básica (un círculo rojo entre círculos verdes), «salta a la vista» de forma inmediata y automática (efecto pop-out): es una búsqueda paralela, cuyo tiempo apenas depende del número de distractores. En cambio, cuando el objetivo se define por una combinación de características (una letra que es a la vez roja y con una forma concreta, entre distractores que comparten una u otra), hay que examinar los elementos uno a uno: es una búsqueda serial, más lenta cuantos más distractores haya. Esta diferencia es la base de la teoría de la integración de características que se examina más adelante.
Posner ideó, para estudiar la orientación de la atención visual, el paradigma de la señalización (cueing): antes de que aparezca un objetivo se presenta una pista que indica dónde puede surgir. Si la pista es válida (señala el lugar correcto), el sujeto responde más rápido; si es inválida, más lento. Esto demuestra que la atención puede orientarse de forma encubierta hacia una localización antes incluso de mirarla, «preparando» el procesamiento. Se distinguen las pistas endógenas (una flecha central que el sujeto interpreta voluntariamente) de las exógenas (un destello en la periferia que captura la atención de forma automática). Un fenómeno asociado es la inhibición de retorno: transcurrido cierto tiempo, la atención tiende a no volver a un lugar ya explorado, lo que favorece la búsqueda de novedades en el entorno y tiene un evidente valor adaptativo para explorar una escena de manera eficiente.
La investigación distingue, además, una atención basada en el espacio (dirigida a una región del campo visual, como sugiere la metáfora del foco) de otra basada en el objeto (que selecciona un objeto completo con todas sus partes, aunque se solape con otros). En la práctica, ambas cooperan. Esta distinción y el estudio de la búsqueda visual tienen una aplicación muy concreta en seguridad: el cribado de equipajes en aeropuertos, la revisión de imágenes de videovigilancia o la localización de un rostro entre una multitud son tareas de búsqueda en las que el objetivo es infrecuente, lo que aumenta los fallos (el efecto de la baja prevalencia: cuanto menos aparece lo que se busca, más a menudo se deja de detectar). Conocer estos límites permite diseñar los puestos, los tiempos de relevo y las ayudas tecnológicas para reducir los errores.
Que la atención visual tiene un sustrato cerebral concreto lo demuestran ciertas lesiones. En la heminegligencia o negligencia espacial —habitual tras una lesión en el lóbulo parietal, sobre todo del hemisferio derecho— el paciente ignora por completo la mitad del espacio contraria a la lesión: no come la comida de la mitad izquierda del plato, no dibuja la mitad izquierda de una figura ni se asea ese lado del cuerpo, pese a que su vista está intacta. No es un problema de los ojos, sino de la atención: el cerebro ha dejado de «dirigir el foco» hacia esa parte del mundo. Casos como este confirman que atender no es simplemente mirar, y que la atención es una función cerebral que puede disociarse de la mera capacidad sensorial.
Dato de examen: la metáfora del foco (o spotlight) y del zoom de la atención visual es de Posner. Distingue la atención manifiesta (overt, con movimiento ocular) de la encubierta (covert, sin mover la mirada). En la búsqueda visual, la de una sola característica es paralela (efecto pop-out) y la de una conjunción, serial (más lenta). La heminegligencia (lesión parietal, sobre todo derecha) hace ignorar la mitad izquierda del espacio.
6. La atención auditiva
La atención auditiva es la que seleccionamos entre los sonidos que llegan al oído. Su fenómeno más célebre es el efecto cóctel (o «efecto de la fiesta de cóctel»), descrito por Colin Cherry (1953): en una reunión ruidosa, con muchas conversaciones simultáneas, somos capaces de seguir una sola voz e ignorar las demás, sirviéndonos de pistas como la localización de la fuente, el tono o el timbre; pero, al mismo tiempo, si en otra conversación alguien pronuncia nuestro nombre o algo muy significativo, lo detectamos, lo que demuestra que la información no atendida se procesa al menos en parte.
De aquí surge la figura del testigo de oídas o testigo auditivo (earwitness): la persona que identifica a alguien por su voz. La identificación de voces es bastante menos fiable que la visual y se degrada con el tiempo, con el disfraz de la voz, con el acento o con la mala calidad de la grabación. Por eso, cuando la prueba depende del reconocimiento de una voz, deben extremarse las cautelas y emplearse «ruedas de voces» con garantías análogas a las de los reconocimientos visuales, evitando toda sugestión. La atención auditiva selectiva explica también por qué un testigo pudo seguir y retener una conversación concreta en un ambiente ruidoso, pero no otras que sonaban a la vez.
La técnica experimental clásica es la escucha dicótica: se presentan por auriculares dos mensajes distintos, uno a cada oído, y se pide al sujeto que repita en voz alta (técnica del shadowing o «sombreado») el que entra por un oído. Los sujetos siguen bien el mensaje atendido, pero apenas recuerdan el contenido del no atendido: no saben de qué trataba ni en qué idioma estaba, aunque sí perciben sus rasgos físicos (si era voz de hombre o de mujer, un pitido). Estos experimentos, en los que se basaron Broadbent y Treisman, demostraron la existencia de una selección auditiva y alimentaron el debate sobre si es temprana o tardía.
La atención auditiva tiene, además, una gran importancia práctica para el trabajo policial y pericial. La capacidad de localizar la fuente de un sonido, de reconocer una voz o de entender el habla se deteriora notablemente con el ruido de fondo (efecto de enmascaramiento), la distancia o el estado emocional del oyente, lo que debe tenerse en cuenta al valorar declaraciones sobre lo que alguien afirma haber oído (una amenaza, un disparo, una conversación). El propio fenómeno del efecto cóctel muestra que, aunque creamos haber ignorado por completo una conversación ajena, cierta información de ella puede haber sido procesada e influir, sin que seamos conscientes, en lo que después recordamos.
Dato de examen: el efecto cóctel (seguir una voz entre muchas, pero detectar el propio nombre) lo describió Colin Cherry (1953). La técnica experimental es la escucha dicótica con sombreado (shadowing): del mensaje no atendido solo se retienen los rasgos físicos (voz de hombre o de mujer), no su contenido ni su idioma. En estos experimentos se basaron Broadbent y Treisman.
7. La integración de atributos
La percepción de un objeto exige combinar sus distintas características o atributos (color, forma, tamaño, orientación, movimiento), que el cerebro procesa en un primer momento por vías separadas. ¿Cómo se «pegan» esas características para dar lugar a la percepción de un objeto unitario? La respuesta más influyente es la Teoría de la Integración de Características (Feature Integration Theory), formulada por Anne Treisman y Garry Gelade en 1980, que atribuye a la atención un papel decisivo en esa integración.
La teoría propone dos etapas. En una primera etapa preatencional, automática y en paralelo (sin necesidad de atención), el sistema registra por separado las características básicas del campo visual: los colores en un «mapa», las orientaciones en otro, etc. Esta etapa explica el pop-out de la búsqueda de una sola característica. En una segunda etapa atencional, focalizada y serial, la atención actúa como un «pegamento» que, dirigida a una localización concreta, combina las distintas características presentes allí para formar la representación de un objeto completo. La integración correcta de los atributos requiere atención.
La prueba más elegante de esta teoría son las conjunciones ilusorias: cuando la atención está sobrecargada, distraída o el tiempo es muy breve, las características pueden combinarse mal y el sujeto «ve», por ejemplo, una T roja y una X azul donde en realidad había una T azul y una X roja. Es decir, sin atención, las características flotan libres y se recombinan por error. Este fenómeno demuestra que la unión de los atributos en objetos no es automática, sino un producto de la atención, y tiene una lectura directa para el testimonio: en condiciones de estrés o brevedad, un testigo puede recordar un rasgo (un color, una prenda) pero atribuirlo a la persona equivocada.
El problema que resuelve la teoría de Treisman se conoce en neurociencia como el problema de la vinculación (binding problem): dado que las distintas propiedades de un objeto (su color, su forma, su movimiento) se procesan en áreas cerebrales diferentes, el sistema necesita algún mecanismo que las una en una percepción coherente y las asigne al objeto correcto. La atención, dirigida a una localización espacial, es ese mecanismo integrador. Cuando funciona bien, percibimos un mundo de objetos estables y bien definidos; cuando se sobrecarga o se dispersa, aparecen los errores de combinación. Por eso la percepción no es una simple «fotografía» del entorno, sino una construcción activa en la que la atención decide qué se integra y cómo.
Dato de examen: la Teoría de la Integración de Características es de Treisman y Gelade (1980): una etapa preatencional (paralela, registra las características sueltas) y una etapa atencional (serial, la atención «pega» las características en un objeto). Sin atención se producen conjunciones ilusorias (rasgos mal combinados). Es la solución al problema de la vinculación (binding problem).
8. Alteraciones y aplicaciones: atención, testimonio y función policial
8.1. La psicopatología de la atención
La psicopatología describe varias alteraciones de la atención (o prosexias, del griego prosexis, atención) que conviene distinguir con precisión porque se prestan a confusión terminológica:
- Aprosexia: abolición total de la capacidad de atender. Es la forma más grave; aparece en estados de gran deterioro o de conciencia muy alterada.
- Hipoprosexia: disminución de la capacidad atencional (menor concentración y mayor facilidad para distraerse). Es muy frecuente en la fatiga, la ansiedad y la depresión.
- Hiperprosexia: aumento transitorio y excesivo de la atención, focalizada de forma anómala en unos pocos contenidos (por ejemplo, en la hipervigilancia o en algunas ideas obsesivas).
- Paraprosexia: dirección anómala de la atención, orientada hacia lo que no corresponde.
- Pseudoaprosexia: aparente falta de atención en la que, en realidad, esta se conserva (el sujeto simula no atender).
- Distraibilidad (o hipermetamorfosis de la atención): cambios continuos e involuntarios del foco de un estímulo a otro, sin poder mantenerlo; el sujeto es «arrastrado» por cualquier estímulo irrelevante. Es característica de los estados maníacos y del déficit de atención.
En el plano de los trastornos, el más conocido es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que combina dificultades de atención sostenida, impulsividad e hiperactividad. Junto a él, la fatiga atencional (caída del rendimiento en tareas de vigilancia prolongada) y la simple distracción son alteraciones transitorias que afectan a cualquier persona y resultan especialmente relevantes en las tareas de observación y control.
Dato de examen: no confundas las prosexias: aprosexia (ausencia total), hipoprosexia (disminución), hiperprosexia (aumento anómalo), paraprosexia (dirección anómala), pseudoaprosexia (aparente, pero conservada) y distraibilidad (saltos continuos del foco, propia de la manía y del TDAH).
Los límites de la atención dan lugar a fenómenos de gran interés práctico. La ceguera por falta de atención (inattentional blindness) es la incapacidad de percibir un objeto plenamente visible cuando la atención está ocupada en otra tarea; el experimento más famoso es el del «gorila invisible» de Simons y Chabris (1999), en el que muchos observadores, concentrados en contar pases de balón, no advierten a una persona disfrazada de gorila que cruza la escena. La ceguera al cambio (change blindness) es la dificultad para detectar cambios importantes en una escena cuando se producen durante una interrupción visual. Ambas demuestran que no percibimos todo lo que está ante nosotros, sino solo aquello a lo que atendemos.
Entre las alteraciones de la atención se cuentan la distracción, la fatiga atencional (caída del rendimiento en tareas de vigilancia prolongada), la apatía o falta de tono atencional, y trastornos clínicos como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). El estrés y la ansiedad estrechan el foco atencional (fenómeno de la «visión de túnel»), lo que en un suceso violento puede hacer que la víctima recuerde con detalle el arma (weapon focus) pero no el rostro del agresor.
Estos fenómenos delimitan de forma realista lo que un testigo pudo llegar a percibir. Un observador solo codifica aquello a lo que atendió: si su atención estaba capturada por el arma, por el peligro o por otra tarea, amplias porciones de la escena —incluidos datos que luego se le pedirán— sencillamente nunca entraron en su sistema cognitivo. Por eso, en la toma de declaración, la ausencia de un detalle no equivale a que el hecho no ocurriera, sino que puede reflejar que el testigo no lo atendió: interpretarlo con este criterio es una exigencia de rigor profesional.
Para la función policial, todo ello tiene aplicaciones directas. Explica los límites del testimonio (un testigo honesto puede no haber percibido, o haber integrado mal, información aparentemente evidente) y aconseja recoger las declaraciones con técnicas que no induzcan a rellenar los huecos. Fundamenta el diseño de las tareas de vigilancia y control (fronteras, videovigilancia, escáneres), donde el decremento de la atención sostenida obliga a establecer relevos, pausas y ayudas tecnológicas. Y orienta la conducción policial y la gestión de intervenciones, en las que la atención dividida y la sobrecarga pueden comprometer la seguridad. En una intervención de riesgo, el agente debe vigilar a varias personas, comunicarse por radio, manejar el vehículo o el arma y valorar el entorno a la vez; cuando esas demandas superan la capacidad atencional disponible aparecen errores por sobrecarga, lo que justifica el entrenamiento intensivo hasta automatizar los procedimientos y liberar atención para lo imprevisto. Conocer cómo funciona y dónde falla la atención es, por tanto, una herramienta profesional de primer orden.
De estos límites se derivan pautas de entrenamiento. Como la atención es un recurso limitado, la clave para operar bajo presión es automatizar mediante la práctica intensiva los procedimientos básicos (manejo del arma, comunicaciones, conducción), de modo que consuman poca atención y quede capacidad libre para lo imprevisto. La evidencia sobre la atención dividida es contundente en un terreno cotidiano y peligroso: conducir mientras se manipula el teléfono deteriora gravemente el rendimiento, hasta el punto de que hablar por el móvil al volante multiplica el riesgo de accidente aunque se use el manos libres, porque lo que se satura no son las manos, sino la atención. Para el agente, comprender que la sobrecarga atencional es una causa objetiva de error —y no una simple falta de voluntad— resulta esencial para diseñar protocolos, repartir tareas dentro de un equipo y preservar la seguridad propia y la ajena.
Por su importancia, la atención se evalúa mediante numerosas pruebas psicológicas, muchas de ellas presentes en los ejercicios psicotécnicos de las oposiciones a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Entre las más habituales figuran las tareas de cancelación (localizar y marcar un símbolo o letra objetivo entre muchos distractores en un tiempo limitado, como el test d2), las pruebas de atención sostenida o de ejecución continua, el test de Stroop (que mide la capacidad de inhibir una respuesta automática —leer la palabra— para dar otra controlada —nombrar el color de la tinta—) y las pruebas de rastreo y flexibilidad como el Trail Making Test. Estas pruebas valoran la rapidez, la precisión y la resistencia a la fatiga y a la distracción, cualidades directamente ligadas al desempeño de tareas de seguridad que exigen concentración prolongada y detección de detalles.
En conjunto, el estudio de la atención enseña una lección de humildad epistemológica de gran valor para el investigador policial: la percepción es limitada y selectiva, y aquello que un observador —testigo, víctima o el propio agente— cree haber visto u oído está siempre filtrado por a qué prestaba atención, por sus expectativas y por su estado emocional. Ni la falta de un dato en un testimonio prueba que el hecho no ocurriera, ni la firmeza con que se afirma un recuerdo garantiza su exactitud. Integrar este conocimiento en la práctica —al tomar declaraciones, al diseñar reconocimientos, al valorar la prueba— es una manifestación más del rigor profesional y del respeto a las garantías que exige el Estado de Derecho.
Ideas fuerza
- Atención = proceso que selecciona los estímulos relevantes y concentra en ellos la actividad mental; capacidad limitada (atender a algo es desatender el resto). Definición clásica de William James (1890).
- Características: amplitud/capacidad, intensidad/tono (ligado al arousal), oscilación/desplazamiento y control. Funciones: selección, orientación, alerta y control.
- Clases: selectiva (focalizar e ignorar), dividida (varias tareas, empeora el rendimiento) y sostenida/vigilancia (con decremento por fatiga). Voluntaria/endógena vs involuntaria/exógena.
- Determinantes: externos (intensidad, tamaño, movimiento, novedad, contraste, repetición) e internos (motivación, intereses, expectativas, estado orgánico y emocional).
- Modelos de filtro: Broadbent (filtro rígido, selección temprana por rasgos físicos); Treisman (atenuación: lo no atendido se debilita, no se bloquea; el nombre propio pasa); Deutsch y Deutsch (selección tardía, tras procesar el significado).
- Modelo de recursos: Kahneman (capacidad limitada de «energía mental» que se reparte según la dificultad y el arousal; explica la atención dividida y el esfuerzo).
- Atención visual: metáfora del foco/zoom (Posner); overt (con movimiento ocular) vs covert (encubierta); fijaciones y sacádicos. Búsqueda: de una característica = paralela (pop-out); de conjunción = serial (lenta).
- Atención auditiva: efecto cóctel (Cherry, 1953): seguir una voz entre muchas, pero detectar el propio nombre; escucha dicótica con shadowing (del no atendido solo se retienen rasgos físicos).
- Integración de atributos: Teoría de la Integración de Características de Treisman (1980): etapa preatencional (paralela, registra características sueltas) + etapa atencional (serial, la atención «pega» las características en objetos). Sin atención → conjunciones ilusorias (rasgos mal combinados).
- Aplicaciones: ceguera por inatención (gorila de Simons y Chabris) y ceguera al cambio; weapon focus y visión de túnel por estrés → límites del testimonio; diseño de tareas de vigilancia y conducción.
- Activación y rendimiento: relación en U invertida (ley de Yerkes-Dodson, 1908); el estrés extremo estrecha el foco («visión de túnel»).
- Psicopatología (prosexias): aprosexia (ausencia total), hipoprosexia (disminución), hiperprosexia (aumento anómalo) y distraibilidad (saltos continuos del foco).
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